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THE LIBRARY OF THE 

UNIVERSITY OF 

NORTH CAROLINA 




ENDOWED BY THE 

DIALECTIC AND PHILANTHROPIC 

SOCIETIES 



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This book is due at the WALTER R. DAVIS LIBRARY on 
the last date stamped under "Date Due." If not on hold it 
may be renewed by bringing it to the library. 


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PRIMERA EDICIÓN. 




M AR AC AIBO. 




IMPRENTA AL VAPOR DE "LOS ECOS DEL ZÜLIA" 
• "CALLE DE URDÁNETA NÚMEROS 18 Y 20. 



1M2. 



PRESIDENTE DEL ESTADO FALCON-ZULIA. 

HAGO SABER : que la señora Emigdia Serrano de Yépes, viuda y vecina de 
Maracaibo, se ha presentado ante mí, redamando el derecho exclusivo para publicar y 
vender una obra de su propiedad, cuyo título ha depositado y es como sigue : "Poiisí as 
BE José Ramojt Yípes", y que habiendo prestado eljuramsnto requsrido, la pongo por 
la presente en posesión del privilegio que le concede la ley, pudiendo ella sola publicar, 
vender y distribuir dicha obra por el tiempo que le permite el artículo 1". de la cita- 
da ley. 

Dado : firmado de mi mam, sellado y refrendado por el Secretario del D3spacho 
en Coro, á 30 de Junio de 1882-19° y 24\ 

JVlcoéaá tJ¿, Sel. 

El Secretario. 

VEBm TORRES. 

Refrendado. 

TORRES. 



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Digitized by the Internet Archive 

in 2012 with funding from 

University of North Carolina at Chapel Hill 



http://archive.org/details/poesasOOyepe 

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a/ Jo/ ,nwmoíia/ /tm' 4&noi/ ^a^zon/ Mmeó/^ 444/ Aame^ 



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galería de escritores 

HISPAFO-AMEEICAITOS. 
He aquí lo que el Sr. Torres Caicedo dice del Sr. Gral, Yépes como poeta. 

II. 

DON JOSÉ EAION TEPES. 

^J^omo poeta, Yépes ha lanzado al viento sobre el azulado lomo de los mares ó en 
Miffllas inmensas soledades del desierto, docenas de cantares, dulces como la voz del rui- 
í^aseflor, tristes como las noches do luna en medio del océano, tiernos y dulces como el acen- 
to de la mujer que se ama. Pero si el poeta maracaibero ha expresado en cadenciosos versos 
los más íntimos sentimientos del corazón y las más bellas aspiraciones del alma, también para 
ensalzar las glorias de la patria, cantar la libertad ó anatematizar la tiranía, ha hallado acentos 
terribles como el fragor del huracán desencadenado en mitad de los mares, como el estruendo 
do la catarata que se despeña espumosa, como la voz imponente de las florestas americanas. 

Pero si de la lira de Yépes brotan cantos diariamente, al ver la fidelidad con que le acom- 
paña su demonio familiar, al notar la espontaneidad de su inspiración, hai motivos para ser 
exigentes con él y acusarlo, por no haber acometido una obra de largo aliento. M. de Chateau- 
briand preguntaba un dia á su amigo Fontanes : " Con el talento que tenéis, ¿ por qué no 
emprendéis un gran poema ? seguro estoi de que seria admirable. Fontanes le repuso : — 
" Habláis con desembarazo ; no es dado á todo el mundo ser un poeta sin fuego ni hogar ; 
y vos mismo no habríais hecho nada, si siempre hubierais tenido cincuenta mil libras 
de renta." 

El espiritual y simpático M. Julio Janin, que ha poco recordaba esta anécdota, abunda 
en el sentir de Fontanes, y dice : — " Si el amor de la gloria es un estimulante ; no es menos 
cierto que hai otro aguijón mayor: la necesidad de trabajar." 

Perdónennos tan ilustres literatos ; pero no creemos que esa aserción pase de una simple 
paradoja. La necesidad no estimuló á Goethe, ni á Byron, ni á Moore, ni á Macaulay, ni á 
Martines de la Rosa, ni estimula á Buhver, ni á Dickens, ni á Disraeli, ni á Víctor Hugo, ni á 
Guizot, ni á Thicrs, ni á Geroimias. 

Algunos, para confirmar la tesis de Fontanes, dicen : " Si no hubieran sido pobres Cer- 
vantes, Camoens, Milton, etc., no habrían tenido estímulo alguno para dejar obras tan inmor- 
tales." ¿Y cuánto, respondemos nosotros, cuánto dinero recibió Milton por su Paraíso 
perdido ? Los chelines suficientes para vivir una semana. ¿ El divino Lope habría hecho solo 
obras maestras si no se hubiera visto obligado á escribir para tener el pan cotidiano, y repetir: 

" Pues que lo paga el vulgo, ello es ju?to 
Hablarle^en necio para darle gusto," 

En este asunto sucede lo que antes acontecía con la Inglaterra, bajo e! régimen protector. 
Los partidarios de este sistema alegaban ; 



Vin BIOGRAFÍA. 



" La Inglaterra vive bajo el régimen protector, progresa : luego el régimen protector es 
excelente. Los partidarios del comercio libre, replicaban : " La Inglaterra progresa bajo el 
régimen protector: luego si gozara de las ventajas del libre cambio, progresarla rnucho más." 
— Peel se convirtió al fin á las ideas de Huskinson y de Cobden, y la Inglaterra avanza asom- 
brosamente en la vida de la prosperidad y de la riqueza generales. 

Así también se puede decir : si tal literato, poeta ó historiador, produce tan excelentes 
obras siendo pobre, ¿ cuántas obras admirables no daría á luz si gozase del solaz que proporcio- 
na una modesta fortuna ? 

Y si fuera cierto, el aguijón de la gloria y el estimulante de la necesidad impulsarían á 
Yépes á hacer lo que aun no sabemos que haya hecho ; pues á fe que por desgracia suya y 
para tristeza nuestra, lejos está de gozar de las cincuenta mil libras de renta de que ha- 
blaba Fontanes. 

Lo que cautiva más en las poesías de Yépes, al par de su dulce versificación, es el senti- 
miento estético, el amor innato que tiene por todo lo bello, de tal manera que, como Winkel- 
mann, podría esclamar: 

"Cada vez que veo algo bello, tomo una actitud noble para contemplar con dignidad 
á la belleza." 

Entre las poesías que poseemos de Yépes, nos seducen, por la galanura y lo rico de ta 
expresión, ''El rayo azul ;" por su ternura y la nobleza de los sentimientos " Z« Plegaria, 
con motivo del nacimiento de mi hijo ;" por su fuego y robusta entonación, las odas ''Mi 
fe republicana'' y " A la libertad;" por sus sentimientos religiosos y sus aspiraciones á un 
porvenir de bendición y paz, " Mí fe de niño " y " Cántico á la Virgen." Tenemos motivos 
particulares para no olvidar la sentida poesía de Yépes á la memoria de la señorita Genoveva 
Eiilalia Agustina Charmy, tipo de gracia y de virtudes. 

Habiendo Yépes vivido en medio de esa inmensidad que se llama el mar, en donde 
más y más contempla el hombre su miseria y admira el poder de Dios,- la mayor parte de sus 
poesías son, no plañideras y afectadas, sino melancólicas y de una filosófica tristeza: el 
poeta solloza; pero espera. En medio de las tranquilas ondas ó de los tumbos impetuosos 
de las aguas, Yépes ha oido las voces del silencio como M. de Laprade, sobre todo, cuando 
llevaba en el corazón lo que Lucrecio llama hxc vulnera x'itm, y que el eminente literato francés 
M. Caro, ha traducido " Las heridas de la vida." 

Hoi mal haria de cantar apesarado el poeta de Maracaibo, cuando tiene para consolarlo, 
para hechizarle la viJ;i, u:n adorable compañera, y que no puede por ningún motivo, repetir 
los versos de M, Ratisbonne : 

"Moncoeur bat dans la soiitude 
le fil est long, la tache est rude, 
belle étoiie, ¡ah! je voudrais bien- 
un cceur, un cceur auprés du mien." 

El poeta marino debe olvidar las reminiscencias de las tristes noches de combate con, los 
elementos, al verse al lado de la esposa amada y de los bellos hijos. Cierto es que hoi, aíi n 

los que pudieran llamarse felices, esclamarán con de Mussat: - 

" Malgré moi, 1' infini me tourmente." 

Y esto como dice mui bien M. de Ratisbonne, explica el sufrimiento universal de nu es. 
tro siglo. 

Pero el autor del "Cántico á la Virgen" debe esclamar con M. Lafenestre : 

",Une promesse parle au fond de la souffrance, 
L'infini le tourmente et l'infini l'attend." 

i . • ^ 



PROLOGO 




ACB algimos' años que el distinguido poeta José Ramón 
Yépes, gloria de nuestra naciente literatura, me dispensó 
en Caracas la honra de pedirme un prólogo para sus bellas 
'poesías, que pensaba publicar entonces, como si necesitaran 
semejante arreo para ser admiradas y suponiéndome, acaso 
por im esceso de generosidad, con la aptitud y caudal de co- 
nocimientos que requiere el desempeño de tan ardua tarea. Accedí 
gustosamente á lo que solo tuve por ima delicada galantería de su 
])arte ; mas á poco de esto nos vimos uno de otro separados por el 
recio torbellino de la política. El, poeta de corazón, tomó sus dio- 
ses lares y cargado con el precioso tesoro de su familia, huyó de 
(Jaiácas. como dicen que huyó Eneas de la incendiada Troya, y vino á pe- 
dir al claro cielo del Zulia y á las serenas ondas de este lago la dulce tran- 
quilidad del espíritu. Los que hemos viajado por las regiones de la vida 
piíblica sabemos á nuestra costa que no basta el deseo de servir á la patria, 
ni la suficiencia ni el mérito para ocupar uno el puesto que le corresponde, . 
y que las más nobles cualidades no son las mejores armas para habérselas 
con el favoritismo, la intriga y la coalición de los intereses de partido. Esto 
fué lo que comprendió bien nuestro poeta y amigo cuando se determinó á 
dejar la gloriosa cuna de Bolívar y volverse á los patrios hogares. ])íle mi 
despedida, no sin repetir mentalmente aquellos dulces votos de Horacio ' 
por el feliz viage de Virgilio, y permanecí en Caracas, muy ageno de pen- 
sar que también yo habia de venir á Maracaibo á satisfacer mi solemne 
promesa de escribir este prólogo. ¡Tales son las combinaciones déla 
suerte ! 



'^i^or fortuna para mí, la merecida celebridad de que disftuta el poeta 
[convierte en honra y grato solaz el encargo de presentar sus obras al 
-público. Las poesías de Yépes no han menester encomios de mi plu- 
ma ; el país entero las conoce y son recitadas de memoria por los hombres 
de letras y las personas de buen gusto. El tono de melancolía dominante 
en ellas, que es el verdadero, si no el único tono poético ; la suavidad y ri- 
'■queza déla rima; el lenguaje por lo general puro y correcto ; la versifica-. 



PROLOGO. 



cien fácil, cadenciosa j espontánea, son cualidades de alto precio que real- 
zan estas hermosas producciones y les dan puesto eminente en el Parnaso de 
Sur América. 

t " . " . 

^^épesno arranca de su lira gritos de desesperación como Byron, ni se 

. Jj ípreeia de filósofo como Campoamor ; no agita su alma el estro vigo- 
(^roso de Nicasio Gallego, ni se remonta osadamente al idealismo de 
Sclielly, ó las concepciones fantásticas de Edgai'd Poc. La célica Musa 
que le inspira solo se agrada eu los cuadros apacibles de la naturíileza ó de 
la vida, en la pintura de los blandos afectos, en la expresión de los sentimien- 
tos íntimos. También la fantasía del bardo, empapada eu los vivos coloi'es 
que embellecen los paisajes y los cielos de su patria, se deleita en la con- 
templación del flotante y rico lienzo de luz que "'el astro del Inca" tiende 
sobre "la ciudad de las ppJnias" y las dilatadas llanuras del Lago, y en dul- 
ces y armoniosos versos canta esa espléndida manifestación de la belleza 
iirfinita. líe allí los dominios del poeta; lie allí el manantial de sus inspira- 
ciones y sn verdadera índole. No es el impetuoso torrente que devasta los 
campos; no es el cóndor de atrevido vuelo que se pierde de vista en las nu- 
bes, ni mucho menos la inmensidad del océano ni la ,devoradora llama del 
incendio. Nada que impresione hondamente, nada que fatigiie el ánimo, 
nada que turbe por su violencia la armonía de la creación puede ofrecer 
ima imagen viviente de su ingenio. Pero allí la tenéis en el claro y sonoro 
arroyueío (jue se desliza serpenteando entre juncos y flores, ufano de, re- 
tríiíar en sns cristales los columpiados árboles de sus orillas, el profundo 
azul del firmamento, la píirpui'a del celaje vespei'tino, los trémulos y ar- 
jentados rayos de la luna. Allí la tenéis en el sollozo de la onda que espi- 
ra blandamente sobre las márgenes del lago, en la atraedora belleza de! 
arco iris y en los melodiosos gorjeos conque saluda el pajarillo la apari- 
ción de ]a aurora. 

í 
■íl¡|Soeta religioso, sus ]ilegarias y cánticos deri-aman dulce bálsíimo en to- 

^'ijdo corazón cristiano. Sus "Nieblas," de ima ternura esquisita,^ deiica- 
H das y vagarosas, llevan siempre en su seno alguna lágrima. El llora 
los niños que mueren y consuela la aflicción de las madres. Toma ios ¡nás 
lijeros y suaves tintes para describrir la golondrina : 

Siempre haciendo en raudo giro 

Loco alarde, 
Avecilla, yo te miro 
Como bajas, como subes 
Ya en el viento, ya en las nubes 

De la tarde. 

t 

'^pecido en su barquilla sobre las ondas del Lago, se deja llevar dulce- 

' i límente en alas de la brisa, embelesado en los irresistibles encantos 

^.*-vde la muelle y hermosa Maracaibo á la vaga claridad de la luna ; 

' y al son de sus dulces rimas aparece dibujada la ciudad querida con sus 

pintorescos miradores y azoteas y su verde diadema de palmas y sus grupos i 



PROLOGO. XI 



íle ledas ninfas qiic entonan plácidas canciones, niiénti'as él en su o-rato 
arrobnniiento siíjue surcando las a,£;;iias de niaiisa corriente. 

Poeta, llorando triste, 
Marino, cantando alegre. 

'anibien sorpi'endereis en su lira dulces quejas de amor, como en ••Le- 
jos de tí." "Ausencia" y otras composiciones en que bajo el velo iiu- 
ií^r|)enetríible del misterio y ([uizá disfrazado con el nonil»^e de (Jlemen- 
cia, apai'ece el ser hermoso y angelical (pie cautiva el coi'azon del ])oeta 
y á (piien van, como nube de fragante incienso, las más blandas notas do 
su laúd y mi mundo de recuerdos y con-fidencias y Ion" suspiros más a])a- 
sionados de su aluui. 



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jero enti'e tantas y tan deleitables i)roducciones de Téjies ^;cuál 
J'jiuedo citar que no sea armoniosa, fácil y lijera oque no despida 
•f-pdesteüos vivísimos de su fecundo ingenio ? No examinéis como bo- 
tám' eos estas delicadas flores ; ellas no abren sus cálices ni exhalan sus aro- 
mas, sino a! contacto de las almas de esquisita sensibilidad y caj)aces de 
comprender y sentii' lo bello. Dejad que el ])octa os guíe en las iniiltiples 
manifestaciones de su genio y él os franqueará todos sus tesoros. Él os can- 
tará su fe de niño en estrofas tan adnnral)les é impregnadas de sentimien- 
to religioso, como esta : 

A solas con mi fe voi peregrino 
Entre las sombras del saber humano, 
Buscando el dulce suspirado puerto, 
En calma sí, pero con rumbo cierto. 

f^l OS hará gozar en su " líimno epitalámico " la embriagadora dicha 
'M^c[ue ])rometen los celestiaies hechizos de muí virgen desposada. El os 
encantará lindas baladas, como aquella que comienza 

Bajo la sombra del ciclo 
Que vacila con el alba, 

donde en versos ñuidos gustaréis la sencillez encantadora de las tra- 
diciones populares. Dejad (pie os guíe y escucharéis de sus labios ins- 
pirados la histoiáa de una pasión violenta en su romance " Indiana," y 
os pintará "Los Cielos de la tarde," y los misterios de "La Media noche," 
y os contará las "Memorias de un ángel" y de encanto en encanto, que- 
daréis indeciso en elejir las más bellas poesías entre las muchas q\te con- 
tiene este inapreciable volumen. 



esoro de inmortales pajinas, ve á buscaí' en el torbelhno de las ciuda- 



.yresoro cíe inmortales pa^jinas, ve a buscaí' en el torbellino de las ciu 
lyi ides y en el retiro de los campos los corazones que te c(»mprendau 



XII PRÓLOGO. 



ristoso ramillete de galanas flores, ve á la CvStancia de las bellas ct de- 
fleitarlas con el mundo de atractivos que llevas en tu seno. 



I nía de suspiros y lágrimas, ve á enternecer las almas generosas, ve á 
[consolar el aflijido corazón de las madres. 



A 



foiiumento dv triunfo, lleva el nombre del poeta á las mas remotas 
edades junto con el de su patria, guarda sus laureles, proclama su glo- 
ria, esta gloria pura y verdadera, que no descansa en el ultraje de la 
dignidad humana, ni en el aparato y el abuso de la fiíerza, ni en la viola- 
ción del derecho, sino en la superioridad intelectual y moral empleada en 
servicio de la civihzacion para el mejoramiento y solaz y consuelo de lo& 
indÍAÍduos de nuestra desdichada especie. 

Maracaibo, Marzo 5 de 1881. 




PROLOGO 




ACE algunos años que el distinguido poeta José Ramo» 
Yépes, gloria de nuestra naciente literatura, me dispensó 
en Caracas la honra de pedirme un prólogo para sus bellas 
'poesías, que pensaba publicar entonces, como si necesitaran 
de semejante arreo para ser admiradas y suponiéndome, acaso 
por un esceso de generosidad, con la aptitud y caudal de co- 
'nocimientos que requiere el desempeño de tan ardua tarea. Accedí 
gustosamente á lo que solo tuve por una delicada galantería de su 
parte ; mas á poco de esto nos vimos uno de otro separados por el 
recio torbellino de la política. El, poeta de corazón, tomó sus dio- 
ses lares y cargado con el precioso tesoro de su familia, huyó de 
(Jarácas, como dicen que huyó Eneas de la incendiada Troya, y vino á pe- 
dir al claro cielo del Zulia y á las serenas ondas de este lago la dulce tran- 
quilidad del espíritu. Los que hemos viajado por las regiones de la vida 
pxiblica sabemos á nuestra costa que no basta el deseo de servir á la patria, 
ni la suficiencia ni el mérito para ocupar imo el puesto que le corresponde, 
y que las más nobles cualidades no son las mejores armas para habérselas 
con el favoritismo, la intriga y la coalición de los intereses de partido. Esto 
fué lo que comprendió bien nuestro poeta y amigo cuando se determinó á . 
dejar la gloriosa cuna de Bolívar y volverse á los patrios hogares. Díle mi 
despedida, no sin repetir mentalmente aquellos dulces votos de Horacio 
por el feliz viage de Virgilio, y permanecí en Caracas, muy ageno de pen- 
sar que también yo habia de venir á Maracaibo á satisfacer mi solemne 
promesa de escribir este prólogo. ¡ Tales son las combinaciones de la 
suerte ! 



ror fortuna para mí, la merecida celebridad de que disfi'uta el poeta 
[convierte en honra y grato solaz el encargo de presentar sus obras al 
ll^público. Las poesías de Yépes no han menester encomios de mi plu- 
ma ; el país entero las conoce y son recitadas de memoria por los hombres 
de letras y las personas de buen gusto. El tono de melancolía dominante 
en ellas, que es el verdaderoj si no el único tono poético ; la suavidad y ri- 
queza de la rima ; el lenguaje por lo general puro y correcto ; la versifica- 



X PROLOGO. 



cion fácil, cadenciosa y espontánea, son cualidades de alto precio que real- 
zan estas hermosas producciones y les dan puesto eminente en el Parnaso de 
Sur América. 



tí 



l^épesno arranca de su lira gritos de desesperación como Byron, ni se 
jprecia de filosofo como Campoamor; no agita su alma el esti'o vigo- 
Q^roso de Nicasio Gallego, ni se remonta osadamente al idealismo de 
Scheliy, olas concepciones fantásticas de Edgard Poe. La célica Musa 
c[ue le inspira solo se agrada en los cuadros apacibles de la naturaleza ó de 
la vida, en la pintura de los blandos afectos, en la expresión de los S'entimic]!- 
tos íntimos. También la fantasía del bardo, empapada en los vivos colores 
que embellecen los paisajes y los cielos de su patria; se deleita en la con- 
templación del flotante y rico lienzo de luz que "el astro del Inca" tiende 
sobre ''la ciudad do las palmas" y las dilatadas llanuras del Lago, y en dul- 
ces y armoniosos versos canta esa espléndida manifestación de la belleza 
infinita. He ahí los dominios del poeta ; he ahí el manantial de sus inspira- 
ciones y su verdadera índole. No es el impetuoso torrente que devasta los 
campos ; no es el cosidor de atrevido vuelo que se pierde de vista en las m:i- 
bes, ni mucho menos la inmensidad del océano ni la devoradora llama del 
incendio. Nada que impresione hondamente, nada (jue fatigue el ánimo, 
nada que tui^be por su violencia la armonía de la creación puede ofi^ecer 
una imagen viviente de su ingenio. Pero allí la tenéis en el claro y sonoro 
arroyuelo <jue se desliza serpenteando entre juncos y flores, ufano de re- 
tratar en sus cristales los columpiados árboles, de sus oi'illas, el profundo 
azul del firmamento, la púrpura del celaje vespertino, los trémulos y ar- 
jentados rayos de la luna. Allí la tenéis en el sollozo de la onda (jue espi- 
ra blandamente sobi'e las márgenes del lago, en la atraedora belleza de't 
arco iris y en los melodiosos gorjeos conque saluda el pajarillo la apari- 
ción de la aurora. 

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fllSoeta religioso, sus plegarias 3'^ cánticos derraman dulce bálsamo en to- 

Í!,|do corazón cristiano. Sus "Nieblas," de ima ternura esquisita.^ delica- 
K das y vagarosas, llevan siempre en su seno alguna lágrima. El llora 
los niños que mueren y consuela la aflicción de las madres. Toma los !uás- 
lijeros y suaves tintes j^ara describrir la golondrina ; 

Siempre haciendo en raudo giro 

Loco alarde, 
Avecilla, yo te miro 
Como bajas, como subes 
Ya en el viento, ya en las nubes 

De la tarde. 

•ílljljjiecido en subarcpülla sobre las ondas del Lago, se deja llevar dulce- 
'|(ljl¡¥mente en alas de la brisa, embelesado en los irresistibles encantos 



<^*l.de la muelle y hermosa Maracaibo á la vaga claridad de la luna ; 
y al son de sus dulces rimas aparece dibujada la ciudad querida con sus 
pintorescos miradores y azoteas y su verde diadema de palmas y sus grupos 



PROLOGO. XI 



de ledas niiifan que entouaii plácidas canciones, mientras él en su grato 
arrobamiento sigue sui'cando las aguas de mansa corriente. 

Poeta, llorando triste, 
Marino, cantando alegre. 

fanihien sorprenderéis en su lira dulces (piejas de amor-, como en •■Le- 
jos de tí," " Ausencia " y otras composiciones en ([ue bajo el velo im- 
(^peuetrable del misterio y quizá disfrazado con el nombre de Clemen- 
cia, aparece el ser hermoso y angelical que cautiva el corazón del ])oeta 
y á quien van, como nube de fragante ijicienso, las más blandas notas de 
su laúd y un mundo de recuerdos y confidencias y los suspiros más apa- 
si(»nadoiJ de su alma. 

jero entre tantas y tan deleitables produccioiícs de Yépes ¿cuál 
^í;!.|pue(l<) citar que no sea armoniosa, fácil y lijera ó (]ue no despida 
/] destellos vivísimos de su fecundo ingenio ? No examinéis como bo- 
tiínícos estas delicadas flores; ellas no aí)reu sus cáliqes ni, exhalan sus aro- 
mas, sino al contacto de las almas de esquisita sensibilidad y capaces de 
conqH'ender y sentii- lo bello. Dejnd que el poeta os guíe en las múltiples 
manifestaciones de su genio y él os fraíiqueai'á todos sus tesoros. El os can- 
tará sil fe de niño en esti'ofas tan admirables é inqu'egnadas de sentimien- 
to religioso, como esta: 

A solas con mi fe voi peregrino 
Entre las sombras del saber humano. 
Buscando el dulce suspirado puerto, 
En calma sí, pero con rumbo cierto. 

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1^1 os hará gozar en su " Himno epitalániico " la embriagadora dicha 
'll^que prometen los celestiales hechizos de una virgen desposada. El os 
(5.: cantará lindas baladas, como aquella que comienza 

Bajo la sombra del cielo 
Que vacila con el alba, 

donde en versos Huidos gustaréis la sencillez encantadora de las tra- 
diciones populares. Dejad que os guíe y escucharéis de sus labios ins- 
pirados la liistoria de una pasión violenta en su romance " Indiana," y 
os pintará ''Los Cielos de la tarde," y los misterios de " La Media noche," 
y os contará las '^ Memorias de un ángel" y de encanto en encanto, que- 
daréis indeciso en elejir las más bellas poesías entre las muchas que con- 
tiene este inapreciable volumen. 



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esoro de inmortales pajinas, ve á buscar en el torbellino de las ciuda- 



•/í esoro ue inmortales pajmas, ve a buscar en ei torbeiimo cíe las ciu 
n ides y en el retiro de los campos los corazones que te comprendan 



XII PROLOGO. 



ristoso ramillete de galanas flores, ve á la estancia de las bellas á de- 
jleitarlas con el mundo de atractivos que llevas en tu seno. 

trna de suspiros y lágrimas, ve á enternecer las almas generosas ve á 
[consolar el aflijido corazón de las madres. 



<j|Í|Onumento de triunfo, lleva el nombre del poeta á las mas remotas 
j|¥edades junto con el do su patria, guarda sus laureles, proclama su glo- 
^-iria, esta gloria pura j verdadera, que no descansa en el ultraje de la 
dignidad humana, ni en el aparato y el abuso de la fiíerza, ni en la viola- 
ción del derecho, sino en la superioridad intelectual y moral empleada en 
servicio de la civilización para el mejoramiento y solaz y consuelo de los 
individuos de nuestra desdichada especie. 

Maracaibo, Marzo 5 de 18SL 





DIOS Y £L HOMBRE. 



VO quiero dar mi jjenáaiiiiento al mundo 
Ya que de Dios me viene el pensamiento ; 
Si es un estéril grito 
Oue se apaga en las alas jemebuiido 
í_)el huracán \-iolento. 
Nada me importa, no, cumplo el bendito 
Destino que me impele 
A que cantando entusiasmado vuele. 

¡Estéril! ;\'por qué? Nunca perece 
Bajo el amparo de la fe divina 
T.a palabra del hombre ; 
Se nutre, se calienta, nace y crece, 

Y á su tiempo ilumina 

Una nueva verdad, un nuev<") nombre 

Pospuesto á la arrogancia 

Que ostentan Jamentira y la ignorancia. 

Cumplo el destino sí, que s¡em])re alcanza 
I'.l hombre de la tierra peregrino 
Su trabajo }'• su gloria: 
l'oresü en mi magnífica esperanza 
Cumplo con mi destino 

Y voto al porvenir ¡ ay ! mi memoria ; 
Si ella -olvidada fuere. 

¿Qué mucho cuand(j el iiombre también, muere 

.Solo tú. Dios Excelso; te presentas 
.Siempre imperecedero y soberano 

Y donde quiera el mismo : 

'J\i t|ue desencadenas las tormentas 
Y" sabes el arcano 

Que encierra airado el espantoso abismo : 
Tú sí eres grande sólo 
De oriente al septentrión, de polo á polo. 
Sombras de los cantores que evocaron 
Del Invisible el inmortal aliento. 
Profetas misteriosos, 
A cuya voz terrífica temblaron 
En su marmóreo asiento 
Eos Reyes de la tierra poderosos, 
fíenlos de las sombrías 
Lúgubres y sangrientas profecías ; 



Venid, como el arcángel del oscuro 

Postrero sol (|uc en el espacio asoma. 

Como el ardiente fuego 

Que en otro tiempo consiuniera impuro 
; Al hijo de Sodoma 
' Iracundo y maldito y loco v cie<'o. 
1 Venid, sombras, en tanto 
1 Ako hasta Dios mi desacorde canto. 
. Mirad, sobre el abismo se pasea 
K'ubierto de tinieblas e! fecundo 
I Espíritu increado. 
i Dijo para su gloria "la luz sea," 
' Y fué la luz del mundo, 
¡Y el caos de iinpro\iso iluminado, 

.Sin tiempo ni medida, 

Bebió el soplo primero de la vida. 
Y aquella fué magnífica y serena 

I, a primera \isi<jn de luz )• gloria 

Del Invisible y santo; 

Y desde entonces con fragor resuena 
Su nombre y su memoria. 

Ya se cubra terrífico de espanto 
El piélago marino, 
Ya tienda el sol su velo purpurino. 
Bendito Adán! El Poderoso cjuiso 
Del barro impuro de la tierra madre 
Formar su semejanza ; 

Y tú fuistes, en medio al Paraíso. 
Esa in^ájen del Padre. 
.Símbolo del amor y la esjieranza. 
Adán, mil parabienes, 

Te faltaba una esposa, ya la tienes. 

Vino luego la culpa, y al olvido 
Del precepto de Dios, que Adán quebranta, 
La tierra se convierte 
En gleba ingrata, el mar estremecido 
.Su ronca voz le\'anta. 

Y mientras vibra el ángel de la muerte 
Su espada vengadora 

' Lluvia de fuego su mansión devora. 



POESÍAS RELIGIOSAS. 



Pero, ¿ cuál voz tristísima murmura 
Faz'á faz con tu gloria y tu grandeza? 
¿Por qué, siniestro vaga 
El tempestuoso viento en la llanura? 
Temblad, naturaleza! 

Maldición ! maldición ! El sol se apaga. . . . 
Por qué los cielos gimen ? 
Ah ! ¿ no veis esa sangre ? Es la del crimen. 

El primer homicidio al mundo llena 
De pavorosa sombra, y mientra abarca 
Cain el asesino 

Con su mirada la terrible escena, 
Dios la frente le marca, 

Y al seguir miserando su camino 
A la tierra se encorva 

Como ocultando su mirada torva. 

No fué para aquel crimen su castigo 
Terrible como él. — Señor, el hombre 
Extraviado y perverso 
■ A su hermano trató como á enemigo, 
Befó tu santo nombre, 
Siguió más criminal. El Universo 
Tu cólera temía ; 
Mas siempre el hombre en su maldad seguía. 

Rompiéronse las fuentes contenidas 
Del grande abismo, abriéronse en el ciclo 
Las roncas cataratas, 

Y fué el diluvio. . . .¿Adonde, corrompidas 
Razas, en vuestro duelo 

Encontrareis amparo? ¿Quién, ingratas, 

A tantos beneficios, 

Os librará de tan nefandos vicios? 

Sobre la oleada inmensa, que tronando 
Colina y valladar y monte ahoga. 
El vacío infinito 

Surje doquier. . . .y allá sobrenadando 
En el tremente abismo, boga, boga, 
Bajo el amparo del Señor bendito, 
El arca do se encierra 
La futura semilla de la tierra. 

Niel mismo querubín que en alta esfera 
Canta el himno inmortal, temblando alcanza 
Si es eterna la sombra ; 
El justo solo sin temor espera. . . . 
No en vano aguardará : prenda de alianza 
Entre el hombre y su Dios brilla, y alfombra 
La atmósfera indecisa 
Faja de luz y celestial sonrisa. 

El iris está allí marcando inmenso 
En una zona de esplendentes rayos 
Los confines del orbe ; 
Quiebra en mil prismas el celaje denso 
Tras la neblina azul, y entre sus gayos 
Reflejos de cristal pasa y se absorbe 
En gotas de oro y plata 
Del agua la mugiente catarata. 

¡ Hosamna al Dios que premia y que castiga 
Si hubo perversos, de la tierra fueron 
Raidos con espanto .... 
Allí empezó de nuevo su fatiga 



- La pobre humanidad : allí quisieron 
Los pertinaces hombres entretanto, 
A Dios teniendo en poco. 
Gravar la cifra de su orgullo loco. 

¿Cuánto habrá de durar del ser humano 
Esa gigante mole que alza al cielo ? 
Tú te enciendes en ira 
¡ Oh, infinito Señor! y cual en vano 
Polvo que brota el suelo 
Se derrumba el coloso, mientras gira 
Tu vengador querube 
De Sennaar bajo la negra nube. 

No es el orgullo ya de que blasona 
El hombre miserable. — Ahora levanta 
De nuevo su cabeza 

Y con nardos y lirios se corona ; 
En su abominación se goza y canta 
Cantares de torpeza. 

Registrad la llanura. . . . 

Allí está la Pentápolis impura. 

Allí se encuentra Bara, el de Sodoma 
Nefando Rey, y Bersa con su hermana 
Gomorra la sombría. . . . 
Allí está Semeber que rige y doma 
Tras la molicie á Seboim, y Adama 
Sierva de Sennaáb, también la impía 
Segor.allí se muestra 
Que hubo perdón en su maldad siniestra. ■■ , 

Del valle de las selvas, como el grumo 
De sangre en las arenas del desierto. 
Pasó tanto cinismo ; • 

Y el'rayo atronador, la llama, el humo 
Del fuego sulfuroso, trocó en yerto 
Cadáver la Pentápolis. . . . Hoj' mismo 
En tierras tan espúreas 

Se ve un mar de betún y aguas sulfúreas. 

Asia, tierra feliz, adonde quiso 
Dios al hombre llenar de bendiciones 

Y profundos misterios, 

¿Qué fué de tus risueño Paraíso? 

¿ Qué fué de tus monarcas y naciones ? 

Por aquellos vastísimos imperios 

De ruinas solitarias 

Abrevan hoy las fieras sanguinarias. 

Y ejércitos potentes y ciudades 

Y palacios y votivas ofrendas 

Y altos conquistadores. 

Todo despareció. . . .Cien soledades 

Y algún aduar de miserables tiendas. 
Que el Simoun combate, los horrores ' 
Publican sin ejemplo. 

De esa tierra .sin Dios, altar, ni templo. 

Qué tiempos ! y qué pueblos ! — ¡ Qué monarcas 
Los que abortaba entonces la fecunda 
Energía del hombre ! 
Nemrod, hijo de Cus, en dos comarcas 
Dilatadas impera. — Nemrod funda, 
Al eco pavoroso de su nombre, 
Más allá del martirio, • ' 

\ El babilonio imperio y el asirio. 



POESÍAS RELIGIOSAS. 



Luego aparece Niño, triunfa, y donde 
Debiera encontrar vida, cae y muere. 
Y Semíramis pasa 
Criminal y oiDulenta. — ¿ Quién responde 



Del babilonio ahora? ¿Quién refiere 
La grandeza de Asirla ? Como brasa 
En carbón convertida 
Así fuC- tanta gloria y tanta vida. 



CÁNTICO A lA VJRGEN. 



¿ Sabes ¡ oh Madre ! que en la noche umbría, ^ 
Cuando en silencio se adormece el hombre, 
Trémulo el labio de esperanza pia 
Canta tu nombre? 

¿Quién presta tonos á mi pobre lira 
Mientras su voz el temporal levanta? 
¿Quién estos himnos de piedad me inspira? 
¿ Quién, Madre Santa ? 

Dulces memorias los destinos mios. 
Guardan, dichosos de poder tenerlas. 
Como se ocultan en los patrios rios 
Conchas y perlas. 

Son ellas, Madre, por mi mal, perdida 
Luz de otro tiempo de pasadas glorias. 

Son el canto de mi estéril vida 

Son tus memorias. 

En mí tu culto se guarece y brilla 
Cual brilla el rayo de la blanca luna 
Alta la noche, en la silente orilla 
Do fué mi cuna. 

Bien misterioso que mi pobre gente 
Me dio por gaje de inmortal cariño, 
Aura que orea mi abrasada frente 
Desde mui niño. 

Madre, así entanto si se ven pavesas 
Dentro del alma cuando triste lloro. 



Nubes lijeras de pesar son esas 

Siempre te adoro. 

Siempre á tí. Madre, mi destino sólo 
Busca temblando con amor profundo, 
Como la aguja se dirije al polo 
Norte del mundo. 

Búcaro negro con claveles rojos 
Puse en mis duelos, á tus pies benditos ; 
Llenos del llanto de mis turbios ojos 
Yacen marchitos. 

¿ Sabes que viendo como al fin imperan 
Crueles dolores y desdichas tantas. 
Mucho me asusta que mis flores mueran 
Bajo tus plantas? 

Iris risueño de las pardas nubes, 
Voz y esperanza del humano duelo, 
Santa paloma que cantando subes. 
Subes al cielo. 

Sea tu canto la oración que en calma 
Brota en raudales de mi mente mustia, 
Sea tu canto la oración de mi alma 
Llena de angustia. 

Pues bien comprendo que en. amor sublime, 
Cifra y misterio de tu dulce nombre, 
Mientras el mundo se querella y gime, 
Salvas al hombre. 

Caracas, Marzo i6 de 1865. 



EL FESTÍN DE BALTAZAR. 



En su calor les pondré sus be- 
bidas, y los embriagaré, para 
que se adormezcan, y duerman 
un sueño sempiterno, y no se 
levanteu, djcc el Señor. 

Jeremías, cap". LII, vera". 39. 



EN medio del pavor de noche oscura 

Y cuando el pueblo de Jacob lloraba, 
La infanda Babilonia levantaba 

Su voz en honda bacanal impura : 
La embriaguez, el deleite, la locura 

Y la que mas el cielo abominaba. 



Atroz y degradante idolatría, 
Allí se viera en confusión impía. 

II. 

Babilonia la reina, la Señora 
Del pueblo triste de la raza hebrea, 
La expléndida ciudad de la Caldea 
Que tantas maravillas atesora ; 
La que al silencio de nocturna hora 
Cercada de enemigos se recrea, 
Cual meretriz que en su impudencia 
La cólera de Dios muda provoca. 



cea 



POESÍAS RELIGIOSAS. 



IJI. 

Babilonia que escucha el alarido 
Del Medo altivo que su ruina canta, 
Voz de canción también allí levanta, 
■En vez de murmurar voz de gemido ; 

Y en torpe fiesta }' pertinaz olvido 
De su grandeza, en ignominia tanta, 
Se entrega en brazos del placer terreno, 
l'.l, pecho frágil de lujuria lleno. 

Liba embriagada la imperial nobleza, 
En copas embutidas de zafiro, 
Los dulces vinos de Damasco )■ Tiro, 
Que incitan al placer y á la pureza. 
La concubina luego se adereza, 

Y con extraño y voluptuoso giro, 
Hace patente el seno levantado 
De nardos y azucenas perfumado. 

V- 

Allí sus bellos dioses de oro y plata 

Y cobre y piedra y palo relucían : 

Y á Bel allí los reprobos pedían 
Fausta les fuese su fortuna ingrata. 
Sentados en cojines de escarlata 

Y alfomtras de Dcdan, allí tañían 
Las cítaras, las arpas }• el salterio 
Con cpic lloró Judá su cautiverio. 

A I. 

.Allí de cobre de Tubal luciente 
Columna ejipcia con misterio estaba. 
Donde ;l deshoras, infernal, silvaba 
Espantosa y simbólica serpiente. 
Allí de hinojos la maldita gente 
Al inmundo reptil culto prestaba, 
CrcN'endo en adivinos )' agoreros, 
['encantadores, magos y hechiceros. 

Vil. 

Y allí su Rey también, so la techumbre 
Del marmóreo palacio giganteo, 
.■\hoga, con indómito deseo, 

De su conciencia la espirante lumbre. 
Allí aplaude la noble muchedumbre 
La vil licencia del monarca reo ; 

Y al ronco estruendo del festín impuro 
El pavimicnto cruje, tieijibla el muro. 

YIII. 

Y fué entonces que el Rey, de vino lleno 

Y loando á sus dioses fementidos, 
Hizo traer los vasos benclecido.s 

■En el santuario del Señor. . . .-Sin freno 
El concurso le aplaude, libre, ajeno 
Del culto de Israel. . . .Y maldecidos 
l^'ueron al punto por la vez postrera 
El Rey, el noble, el viejo y la ramera. 

ÍX. 

Que el Rey y su nobleza y sus mujeres. 
Sus concubinas y su corte toda 
Añadiera, sacrilega y beoda, 
Un placer de irrisión á sus placeres. 



¡ Infeliz Babilonia! Si pvidieres, 
Danza tranquila, al celebrar tu boda. 
Antes que corra fiero en su venganza 
El atribulador á la matanza. 



Selló la iniquidad la escena impía 

Y la abominación colmada estaba ; 

Y más el ruido del festín se alzalja 
En el silencio de la noche umbría. 
Al son de su satánica alegría 

íial tazar, el primero, allí loaba 

A sus dioses, manchando, sin ejemplo. 

Los sacros \'asos del judaico templo. 

Mas de improviso ; quién tantos excesos 
Turbó ;i despecho del monarca fuerte.' 
; Por qué palideció como la muerte, 

Y crujieron las fibras de sus huesos? 

¿ Por qué se helaron los ardientes besos.' 

Y ¿ por cjué la algazara se convierte 
En tal silencio, que de alguna tea 
J-^1 ruido puede oírse si chispea? 

XII. 

.Suelto el augusto purpurino manto. 
La veste ajada con la fimbria de oro. 
Húmeda la pupila en triste lloro 
El .semblante sombrío en raudo espanto ; 
Así el monarca se k\'anta. . . . En tanto. 
Perdido el regio varonil decoro. 
Temblando, la corona con su diestra 
Sostiene, )• temeroso e! muro muestra. 

-VIH. 

\,i la señal atónitos c|uedaron 
Todos, y de pavor se estremecieron ; 
Los brindis y cantares .se estinguieron, 
Los instrumentos músicos callaron. 
Al paladar las lenguas se pegaron 

Y tener un sonido no supieron : 
Un ¡ ai ! siquiera, cjue morir debia 
En las tinieblas de la noche umbría. 

XIA, 

Los dedos de ijnamano misteriosa 
Allí. . .en el muro. .allí. ..frente por frente 
Trazaban un renglón resplandeciente 
Que devoraba la pupila ansiosa ; 
Mas ninguno entendió la tenebrosa 
Cifra, que allí se pro\'ectó candente. . . . 
Ninguno en medio del espanto mudo 
¡ Ai ! decifrar los caracteres pudo. 

XV, 

Ni el sabio, ni el idólatra adi\ino. 
Ni el mago encantador, ni el hechizero 
Pudo explicar el fúnebre letrero. 
El arcano insondable del destino. 

Y aquello era verdad, que el triste sino, 
A la rojiza luz del candelero. 
Apareció visible en el instante. 
Como en la fragua el hierro rutilante, 



POESÍAS RELIGIOSAS. 



XVT 



Y aquello era verdad, que el Rey profano, 
El Rey de Babilonia la opulenta, 

Con la faz conturbada y macilenta 
Inspiraba piedad. . . . ¡ pero era en vano ! 
]\ies cuando Dios al reprobo amedrenta 

Y su poder confunde, el soberano 
Se nivela ¡ infebV, ! con el mendií^o 
l'idiendocii vano com[)asion yabrÍL;r). 

XAH. 

Mas un anciano venerable avanza 
Que por el Rey llamado allí aparece ; 
Su frente pura y triste resplandece 
Como la luz del arca de la alianza ; 
Su boca sólo se abre en alabanza 
Del Santo de los Santos, y parece 
VA lin© que su cuerpo cubre exhausto 
y\l humo del altar del holocausto. 

XVIÍÍ, 

Y así el monarca en su aflicción le dijo : 
"; Eres ¡ oh ttí, Daniel, ! del cauti\'erio 
Que de Judea al Babilonio im])cr¡o 
Trajo mi padre con afán prolijo? 

Yo sé de tí que el cielo te beíidiio. 
Que á tu ciencia la sombra del misterio 
Se aclara como luz, cjue amancillado 
No está tu corazón, con el ¡recado. 
XiX. 

"Y en mi presencia ahora han discurrido 
Los magos y los sabios de la tierra 
Para decir acaso lo que'encierra 
Esa escritura ; pero en vano ha sido .... 
Con su saber profundo no han podido 
La cifra interpretar que á mí me aterra, 
La cifra que á los ojos resplandece, 
La cifra que ;í la mente se oscurece. 

XX. 

"Mas tuque en sueños alcanzaste ciencia 

Y en toda suerte de visión oscui'a. 
Si pudieres leerme esa escritura 

Y descifrar tan lúgubre sentencia. 
Yo te daré con real magnificencia, 
De púrpura suprema \'esticlura. 
Collar de oro llevarás, quedando 
Noble como tu Rey, tercero en mando," 

XXi. 

Y contestó Daniel con triste acento : 

— "Tus dádivas, ¡oh Rey, ! para tí sean ; 
Nunca los cielos en mis manos \'ean 
Tus dones que me ofreces opulento ; 
Mas la escritura santa en el momento 
Puedo decirte, porcjue pronto lean, 
Al rodar por el hondo precipicio. 
Los nobles y su Rey de Dios el juicio. 

XXíiL. 

"Un día el Dios del Sinaí que adora 
En el atrio magnífico el Levita, 
Dio á tu padre la estirpe que proscrita 
Orillas del Eufrates triste llora ; 



Y en cuanto el sol con sus reflejos dora 
Poderle dio, y de Sion bendita 

El velo que ocultaba su recinto 
De ópalo)' rosa y púrpura y jacinto. 

XXIII. 

"Mas cuando henchido de soberbia el pecho 
Latió su corazón de orgullo vano, 
Fué abatido del trono soberano 
Y, cual el polvo, su poder deshecho : 
y filé SIL corazón de pronto hecho 
Como bestia feroz ; y por el llnno 
Sin voluntad, ni fuerza en su albetlrlo. 
Comió del heno, le bailé el rocío. 

XXIV. 

"Y tu, Rey Baltazar, su hijo siendo 

Y mirando tan triste aciaga historia, 

No has aprendido en medio de tu gloria 
A humillarte; infeliz! Que bien comprendo 
Elculto que á tus dioses das horrendo. 
La pompa en C[ue te cubres irrisoria 

Y el olvido del Dios que tiene ] insano ! 
Tu aliento y tus caminos en su mano, 

XXY. 

" Por lo que ahora, en su tremenda ira, 
Unos dedos mandó que allí en el muro 
Grabaron un renglón, mientras impuro 
Con el deleite Baltazar se inspira. 
Esta la 'cifra es, atiende y mira, 

Y tiembla, y llora tu destino duro ; 
Que ya el Dominador del alto cielo 
Ha descorrido el misterioso velo. 

XXVI. 

"Mane, Tecel. Thares está escrito 
Mane-^tu reino Dios ha numerado 

Y es Baltazar, su término llegado. 
Teeel — en su balanza el Lifinito. 

Te encontró falto, reprobo, maldito. 
Fhares — tu reino dividido es dado 
A los Persas y Mcdos .... Tal el hombre 
Descifra esta escritura aunque te asombre". 

XXVI I. 

Y al punto la palabra fué cumplida 
Del místico profeta. A sangre y fuego 
Destruye el Persa, de venganza ciego 

Y en ruido pavoroso, la \-encida 
Ciudad de los portentos maldecida. 

. El pueblo de Semíramis es luego 
Presa del vencedor, que en fiero encono 
Derriba el áureo diamantino trono. 

XXVIII. 

Voz de dolor y estruendo de tumulto 
Entre la sombra misteriosa suena, 

Y la madre infeliz muriendo apena 
Librarse puede del nefando insulto. 
Arde el palacio del impío culto, . 

Y el caballero en la sangrienta arena 
Lidiando cae y batallando muere .... 
Que fué contaminado y Dios lo quiere. 



POESÍAS RELIGIOSAS. 



XXIX. 

Y cae el flccliador y el ballestero 
Al rudo bote de enemiga lanza, 

Y sigue entre lai5 sombras la matanza 
Con que palpita el corazón guerrero. 

¡ Ai ! las cien puertas de bruñido acero 
También en la terrífica venganza 
Cayeron con estruendo repentino, 
Cual ruido de tormenta y torbellino. 

XXX. 
Después, .llantos y sombra. .El miseran 
Monarca de Caldea apareciera 
A la vislumbre de lejana hoguera 
Solo y lleno de rabia batallando. 



do 



Después, .silencio y muerte. .Agonizando 
Caj'ó en el muro-, sin poder siquiera 
Alejarse del Medo que insultante 
Escarnece su cuerpo palpitante. 

XXXI. 

Ira de Dios. . . .porque prestaste oído, 
Babilonia infeliz, á tus deidades : 
Por que llena te viste de maldades 
A par del corazón empedernido. 
Ira de Dios y fúnebre gemido, 
Y espíritu de miedo en tus ciudades, ■ 
Porque muriendo en noche tan profunda 
Aun se escuchaba tu blasfemia inmunda. 



HIMNO AL "MÜTÜO AÜXÍLÍO; 



OOI=LO. 

APARTAD con amor del camino 
Las sangrientas espinas del mal ; 
Pasa el hombre, infeliz peregrino, 
Y es el bien una ofrenda inmortal. 



El dií'n, como la dulce 
Estrella de la tarde 
Jamas haciendo alarde 
Se muestra de esplendor. 

El brilla entre sonrisas 
Y oculta en paz, su huella, 
Lo mismo que la estrella 
Cercana al rubio sol. 

Coro 
Apartad, &. 

Hermanos somos todos ; 
Que á todos Dios asiste. 
Hermanos en la triste 
Sentencia del dolor ; 

Por eso acá en el Zulia, 
Cual signo de esperanza. 
El "Mutuo Auxilio" alcanza 
Altar de adoración. 

Coro. 
Apartad, &. 



La tierra ufana brota 
El fruto á manos llenas , 
Jacintos y azucenas 
Meciendo el viento va. 

Mortal, es el ejemplo 
Del dic/í que Dios activa ; 
Que el alma vuestra viva 
De a!/wr y caridad. 

Coro. 
Apartad, &. 

Benditas en el mundo 
Las voces de consuelo. 
Benditas en el cielo 
Virtud, constancia y paz. 

Aspira esos aromas 
Que Dios al hombre envia ; 
Bendita tú, alma mia, 
Con gloria sin igual. 

Coro. 
Apartad, &. 



A NUESTRA SEÑORA. 



PRELUDIAD vuestros bíblicos cantares 
Los que adoráis con candida alegría 
A la dulce y castísima María, 
A la risueña "Estrella de los mares." 

Hoi un pueblo se inclina en sus altares 
Y la tributa, como ofrenda pía. 
El puro incienso que el Arabia envía, 
El llanto de sus duelosv<; pesares. 



Lágrimas y perfumes ! ¡ Nunca pudo 
Mejor ofrenda tributar el hombre 
A la Madre de Dios, Reina del Cielo ! 

Ella será nuestro inmortal escudo, 
El paladión augusto cuyo nombre 
Es la mística VíROEN DEL CARMELO. 



P01£SÍAS RELIGIOSAS, 



7 



A LA PURÍSIMA CONCEPCIÓN D£ MARÍA. 



MORTAL, alza á los ciclos tu cabeza ; 
1.a. campiña verdea y brota flores, 

Y setiñen los cielos de colores, 

Y iilegre el dia á clarear empieza. 

Es que admira la gran naturaleza, 
En medio de divinos resplandores, 
A la Madre, consuelo de dolores, 
A la Reina inmortal en su belleza. 



Feliz también alégrate, alma mía ; 
Ea CoNCKI'Ciox PuKísiMA de aquella 
A quien llaman los ángeles MakíA 

Y es en el mundo rutilante estrella, 
lidien su fe celebran los zulianos 
Al ruido de los cánticos cristianos. 



A NUESTRA SEÑORA. 



UNA sola sonrisa, para el mundo. 
De tus divinos labios Madkk mia. 
Hace brillar la púrpura del dia. 
Inspira paz al pecho gemebundo. 

A tu sola mirada el mar profundo 
Cambia su voz en HiMNOS de alegría, 
La tempestad colérica y sombría 
Se baña con la luz del sol fecundo. 



SíMiJOi.o del amor que enlaza al hombre 
Con su Dios inmortal, yo te bendigo, 
Al perdido rumor de mis cantares ; 

Mas, si llorando mi camino sigo, 
Pronuncio Madrk, tu divino nombre, 
Y en gloria se convierten mis pesares, 



María, candida rosa, 
Expléndida luz del cielo 
Nubecilla del Carmelo, 
Paloma dulce de amor. 
En el afán que incesante 
Forma la vida del hombre. 
Murmuro, madre, tu nombre 
Y se alegra el corazón. 



II 

Azucena de los valles, 
Perfume del arca santa, 
Estrella que se levanta 
, En un cielo siempre azul. 
Por tí, Madre, pudo acaso 
En medio al duelo profundo 
Morir por salvar al mundo 
El hombre Dios en la cruz. 



AL AUGUSTO PONTÍFICE PÍO IX. 



¿DE dónde te vendrá, Santo Pontífice, 
El Rescate del solio, 

De tu augusta persona el noble amparo ? 
Sombrío el capitolio 
En ese como avaro 
Destino de los pueblos, el profundo 
Mandato espera mudo. No vencida 
Será la ley de gracia; sobre el mundo, 
Solitario atalaya de tu vida, 
El ángel misterioso del consuelo,' 
Anunciará la salvación del cielo. 

La antigua sociedad llena de crí)nenes 
Apegada á su idea 

Hasta el abismóse hundo. En la balanza 
De la ciudad caldea, 
Sin fe, sin esperanza 
»F"alla la encuentra Dios, la encuentra impía. 
¡ Ai de tí laque un tiempo, bella Ausonia, 



Con otro iKjmbre, asiento pareci;i 
De la cruz inmortal ! Ni Babilonia 
Fué tan perversa en su poder insano. 
Como lo has sido tú con un anciano. 

Por eso Dios en la región de América, 
A todo bieii fecunda, 
Abrasado entusiasmo á nuestras almas 

Y de fe las inunda : 

Y a\-os, flores \- i)almas 

Escuchan nuestros cantos, y su gloria 
Repiten sin cesar; es la protesta, 
Cuanto sencilla y pura, meritoria 
De las nue\as Repúblicas. Lafiesta 
De! porvenir que so anticiiia, en tanto 
Que el cielo premia la virtud do un santo. 

Regiones de la luz, cielos espléndidos 
En colores distintos, 
Abrios, como el velo sobre el arca 



8 



poesías religiosas, 



De perlas y jacintos, 

Paso y gloria al patriarca 

Que de lágrimas llena nuestros ojos 

Y á quien furente la injusticia nprinie. 



Vírgenes de mi patria, los despojos 
Guardad de su naufragio. Mas sublime, 
Cuando su nube Dios rasgue de fuego. 
El augusto pastor se alzará luego. 

Maracaibo, Agosto 29 de iS/i. 



A LA PROVÍDENCÍA D£ MARÍA. 



El corazón cristiano es una lira 
Que á toda pena, á todo sentimiento 
Responde con tan dulce)' blando acento 
Que aun llorando su mal, el bien le inspira. 

Como retnita el mar al sol que jira 
E^n medio del brillante firmamento. 
Así en María el corazón sediento 
Se refleja en amor y en paz le admira. 



¡ Oh, Madre celestial, que en la concienciíK 
(Ese espejo inmortal que lle\'a el hombre,) 
Ves las angustias del dolor humano ; 

Haz c|ue murniure el eco de tu nombre 
De María, de Madre y Providencia 
Aquella lira, el corazón cristiano. 



A MUESTRA SEÑORA DE CHIQÜIMQüIRA. 



.Salve, Virgen divina, redentora 
]3el iM'iinitivo mal ; en nuestro anhelo 
Permite que h.is cánticos del cielo 
Resuenen en la tierra que te adora. 

Que la brisa dulcísima y sonora 
Haga fecundo nuestro patrio suelo, 
Y que el alma se llene de consuelo, 
Al rosicler de la serena aurora. 



r\'o esté'riles serán, bajóla ejida 
De tu inmortal ampai'o, sin ejemplo. 
Estas angustias de la humana vida. 

líien lo sabe el zuliano cjue en tvi templo 

Canta, rico de flores y preseas; 
".Sol de Chicjuinquirá, bendito seas," 



SONETO A NÜESTRl SEÑORA. 



Virgen de paz, espíritu fecundo ■ 

Que sigue fiel en su esperanza pia j 

Como una luz, la humanidad sombría j 

Por el piélago horrible de este mundo. i 

■^.'o que en tu templo con mi llanto innundo; 

Tu altar de bendición y de alegría j 

Yó te pido perdón ¡oh, madre mia! | 

Contrito y lleno de dolor profundo. ( 



.Salve, señora, estrella del Carmelo I 
Hoi que el alma te adora y te comprende; 
Hoi que en tu amor mi corazón se enciende 

Con esa fe que s(')ln' inspira el cielo: 
Acógeme á tu sombra protectora, , 
Por que llorando estoi madre y .Señora. 



A LA PURÍSIMA COMGEPCÍOH. 



PURÍSIMA Señora, cuyo nombre 
Es bálsamo de amor, luz de consuelo, 
0\.-c propicia la oración del hombre, 
Calma el absintio del humano duelo. 



Haz que rápidas suban hasta el cielo, 
]'or mas que el mundo ingrato al Cielo asombre, 
La Uoro.sa jílegaria con que un dia ' 
Piedad te pide el mundo, MADRE MÍA, 



POESÍAS RELIÜIOSAS. 



HIMNO 

Cantado en honor de la promulgación del dogma de la Inmaculada 

Concepción de María. 



cono i;)l', NIN'OS 

De nueva luz ceñidn 
líl nuindo te ha inirailo 
¡ f ) vírfi'cn concebida 
Sin mancha de pecafhi I 



So cerdo /c 1 ". 

Gloria á tí con respeto profundo 
Reina excelsa del Dios de Abraham, 
LuZfUvina, consuelo del mundo, 
Oue bendice la estirpe de Adán, 

SihYiWo/r 2°. 

Salve á tí tle lf)s cielos y tierra 
La esperanza, laf^loria, el amor: 
Urna santa que mística encierra 
El consuelo al mundano d<ilor. 

(COK(J.) 

Sacerdote i°. 

Alabad con canción bendecida, 
Del Señor la suprema bondad, 

A la virgen sin par prometida, 
Con canción bendecida alabad. 



Siteerdo/c 1 ^. 

Perdiu-able sei'á la memoria 
De este siglo brillante de fe. 
Que coíiiprende ¡ oh María! tu gloria 
Que naciendo sin mánchate ve. 

¡Coro.) 

Saccrdo/e 2°. 

Tú también ¡ oh Pastor del irjiperio 1 
Vivirás cuanto dure la cruz 
Que en tu reino fué luz el misterio 
\ la sombra en tu reino fué luz. 

Sacerdotes i'' y 2° . 

^'alos fieles cantando doquiera. 
Virgen pura, te siguen en pos. 
Madre, Madre, feliz medianer.a 
Nuestra súplica eleva hasta. Dios, 



£L? 



Escrito sobre nna bellísima composición de Selgas intitulada 



LA CUNA VACÍA " 



SE oyeron mil voces. 
Mil luces se vieron ^ 
Y cantando volaron los Angeles 
Subiendo, subiendo. 

Batiendo las palmas 
Los pobres vaqueros 
Escuchaban la voz de los Angeles 
Corriendo, corriendo. 

Cruzaron colinas, 
Rondaron el pueblo 
^' al Uetrar á un establo los Ansreles 



■' Aquí, " les dijero.n 

Con flores las pajas 
Del niíw cubrieron 
adoraron al par de los Ángeles 
i\\ Re-\' de los cielos. 



Se pasan los siglos 
Y el Niño es eterno 
Ya no hai cunas vacías, si hai Angeles 
En casas y templos. 

Coro, Diciembre 30 de 1865. 



10 



POESÍAS RELIGIOSAS. 



A SÁM FMHCÍSCO D£ ASÍS. 

improvisado á solicitud de varios jóvenes del Colegio Nacional del Znlia, 



¿QUIÉN como tú, Francisco, recojiendo 
La inspiración del Cielo en íu camino? 
¿Quién como tú, piadoso, difundiendo 
La luz de la verdad, que es bien divino? 

Nacido para el Cielo, vas \ ¡\'iendo 
Con la \'ida del pobre peregrino. 
Escojido de Dios, vas convirtiendo 
La descarriada "rei á su destino. 



i Gloria de Asís, admir:icion del homljre. 
En vano humilde inclinas la cabeza 
Porque á la tierra tu virtud no asomlirc I 

En vano, bajo el saj-o de pobreza. 
Adora fiel y patentiza el mundo 
Un santo entre los santos sin sesjundo. 



A LA ?ÍRG£N DEL CARMEN. 



EN la cumbre de un monte bendecido, 
Que el tiempo airado á su pe.sar respeta. 
Aun hoi se \'e la cueva del profeta 
Por Jezabel, errante y perseguido. 

Allí donde doliente su gemido 
Exhala solitario anacoreta, 
Pura, sublime y sin igual vejeta, 
Flor perfumada del bklen perdido. 



Bendita la floresta del Carmelo 

Olic con la luz de la verdad se inunda, 



Como el arca di\'in;; 



la alian.za. 



El hombre allí con relijlon profunda 

A la virgen purísima del cielo 

Un himno sacro entona en su alabanza. 



HIMNO 

cantado en la inauguración del Hospital de Chiquinquirá de Maracaibo. 



Coro. 

¡ Oh, Dios, en tu profunda 
•Sublime eternidad 
Del corazón fecunda 
La dulce caridad. 



I 

ESCUCHAD. . . .de una nueva armonía 

I^a distante campiña se llena, 

Y la choza del pobre resuena 

Con antiguas canciones de paz. 

Es que el pueblo bendice á los cielos, 

Portjue al fin en sus penas ha visto, 

Que la santa semilla de Cristo 

No se pierde en el mundo jamas. 

Coro. 

II 

Caridad, solitaria del mundo. 
Tú á los duelos humano.s- respondes ; 
'J"ú derramas la dich.a )' te escondes 
Porque oculta pareces mejor. 



Es tu augusta misión en la tierra 
Preparar y alfombrar el camino 
Que conduce al alcázar di\'ino 
Donde brilla la Gloria de Dios. 



Coí'U). 



III 



Recoged, recoged la semilla 

Que está listo el sagrado granero ; 

A sus puertas espera el cordero. 

Bajo un sol esplendente de lu/,. 

Separad la zizaña del fruto : 

La zizaña es el negro egoísmo ; 

l'ero el fruto está en Dios, en i-)ios mismo, 

Que él es fuente de toda \ irtud. 

Cn|;i). 



poesías religiosas, 



A LA VIRG£N. 



IHA á morii- tu Hijo, Madre mia, 
Y en medio de un silencio aterrador, 
Como el postrer sonido de una lira 

Se apagaba su voz. 
l'asaba el liui-acan por el dcsicr-to 

Callado y sepulcral, 
CaJlaba el ave atravesando el cielo. 

Callaba el ronco mar. 



Muda la tierra. . . .y misteriosa y negra 

Y pesada la atmósfera y sin luz 

La campiña feliz de Cialilea. . . . 

Y el firmamento, azul. . 



Iba á morir tu Hijo, dulce Madre, 
Iba á morir el sol 

Sin púi'pura, C(jlores, ni celajes, 

.Sin luces ni esplendor. 

La creación en hora tan suprema 
De angustia, de terror iba á morir; 
yVquello era un prodigio, mas la tierra 

Otro mayor vio allí. 
Una higrima tuya. Virgen santa 

Hasta el polvo rodó. . . . 
Salva Jesús al liombre, mas tu lágrima 

Salva la creación. 
Marzo 23, á las 4 P. M.— 1S83. 



A LA VIRGEN DEL CARMEN. 



¡OH Virgen soberana del Carmelo! 
Madre divina de acendrado amor. 
Pobre mortal, en mi terrible duelo 
Elevo á tí mi solitaria voz. 



Acórreme, Señora y Madre mia, 
Piedad, misei'icordia, compasión ; 
Hijo tuyo soy yo. Virgen María, 
Que así llorando por el mundo vo}". 



Por conservar en su feliz pureza 
Mi pobre y combatido corazón, 
Yo, que comprendo, ¡oh Virgen ! tu grandeza, 
Como la madre del divino Dios, 

Te llamo con el eco de mi llanto ; 
Te llamo con la voz de mi dolor; 
Y de mis culpas abjurando en. ta.iito. 
Te pido ¡ oh Madre celestial ! PerduX, 



HIMNO A NUESTRA SEÑORA. 



S.ALVl". ;i la l\nsa mística 
F.niperatriz del Cielo. 
A tí, luz del Carmelo, 
Paterna bendición. 

Recibe nuestras lágrimas 
Como la humana prenda, 
Como la dulce ofrenda 
Del pobre corazón. 



Bajo el am[)aro acógenos 
De tu inmortal jiureza, 
Mira nuestra flaqueza. 
Nuestro terrible mal. 

P'.l mundo es como férvido 
Revuelto mar que alfombra 
El paso de una sombra, 
La vida del mortal. 



Cuando en la ignota America 
.Se oyó tu dulce nombre, 
P^n.altecido ef hombre, 
Purificado fué. ^ 

Y en el altar magmfico, 
O bajo gruta umbrosa 
Tu huella luminosa 
De entóiices siempre ve. 



Virgen entre las \'irgenes, 
Madre del Rey del Cielo, 
Estrella del Carmelo, 
I-'uente de Casto amor, 

Escucha nuestra súplica, 
Nuestra existencia guía. 
Salve Virgen María, 
Bendita del Señor. 



poesías religiosas, 



RIMAS 

Pronunciadas en una fiesta de la Sociedad "Mutno Auxilio." 



BRILLA coniii la luz de mil colores 
Del cielo tropical, 

Ll óbolo escondido que socorrt: 

La mísera orfandad. 

Fragrancia de perfumes exquisitos 
Tiene el pequefio ])an, 

<Juc se arroja en el saco del mendigo 
Temblando de piedad. 

Himno de las esferas celestiales 
Es la sensible voz 

Ouc con.suela al que llora como el a\-c 
Que canta con el sol. 

V luz )■ aroma )■ canto, (]ue de un mundo 
A otro mimdo"\'an en pos, 

Eso y más es el bien siempre fecundo 
Ln el nombre de Dios. 

¡ Misterio que bendice el alma mia 
Al calor de su fe ! 

Va\ olro tiempo aquí blandas tañían 
I-as arpas de Israel. 

En otro tiempo aquí de Jesucristo 
La cruz se levantó ; 

^' era todo misterio este recinto 
Plegai'ia y oración. 

El carbón encendido del Pi'ofeta 
No se apaga jamas, 



Y la zarza del monte por la tierra 

Ardiendo siempre está. 

Donde el altar fué .símbolo de gloria 
Y de piedad la cruz, 

]^a voz del porvenir resuena ahora 
La voz de la virtud. 

Sacrosanto misterio cpie armoniza 

Lo que fué y lo que es. 

La cosecha del hombre con' la espiga 
De la di\"ina mies. 

¡Ayer }• hoy !' Esfuerzo por esfuerzo 
Decid ¿ cuál es mejor? 

\ .Scr\ir al hombre es adorar al cielo ! 
El bien es oración i 

¡Ayer y //or.'-Creyente y "Mutuo Auxilio" ! 

; Qué cielo es más azul ? 
Servir al hombre es adorar á Cristo. . . . 

¿ Qué sol tiene más luz ? 

Pai'a vi\ir con^ Dios le cumple al alma 
Amar al hombre .... Oíd : 

¿Quién en el "Mutuo Auxilio" no le ama? 
¡ El nos bendice aquí ! 

Que no hay trabajo en el afán del mundo 
Ni virtud, ni dolor 

Que \\o se eleve en cántico profundo 
Masta el seno de Dios. 



ANUNCIANDO UNA FÉRÍÁ 

Del Hospital de Cteqninqnirá de Maracaibo. 



EA ! la cosa es mu}- seria , . , . 
Se quiere, acá para nos. 
Llevar á cabo una Ft'.RiA, 
No per ganga ni miseria 
Sino por amor de Dios. 

¡ Foramorde Diosl Hien lia}-a 
Aquel que en pos de esa luz 
Sus pasiones pone á ra\a 
Y en medio del mundo ensaya 
Llevar al hombro su cruz. 

■ ¿Queréis saber cuanto encierra, 
Tras el mundano dolor 
Que al ser humano se aferra. 
Ese amor acá en la tierra. 
La santidad de ese amor ? 



Pues él prodijios levanta', 
líl fecundiza, él encanta 
Nuestra vida, nuestro ser 
Y convierte en vida santa ■ 
La insensatez y el placer. 

Va)'a I Ese amor sin segundo 
l,le\a siempre al alma en pos 
De algo mu}- grave y profurido, 
¡Tanto jjuede en este mundo 
I'^l santo nombre de Dios! 



IVlas, á la i'^éria volviendo ; 
F.ldiez)' ocho empezará 
Del mes que vamos corriendo, 
Y digo, según lo entiendo, 
Que diez dias durará. 



poesías religiosas. 



13 



La Feria ha de sei- tan buena 
Que al salir de la novena 
No habrá delfín ni tritón, 
Xi dorado, ni sirena ; 
Ningún pez : en conclusión, 

1 labra dé la mar salobre, 
Quien no deje en el cristal 
Del revuelto mar del pobre, 
Ya que no cuanto le sobre, 
Si una ofrenda al hospital. 

Ea! si es seria la cosa, 
En cambio es dicha yioriosa, 
Sobre el humano tapiz 
De una miseria espantosa. 
La dicha de un infeliz. 



¿Quién habrá cuando ejercita 
El bien de! mísero en pos, 
Que no escuche esa infinita 
Voz del ciclo cfuc le grita: 
"Mortal, te ha visto tu Dios"? 

Y si de Dios en presencia 
El mundo gravita ¿quién 
A su Dios no reverencia 
¡^.Jareando aquí su existencia 
Haciendo un ]jequeño bien ? 

llagamos, pues, de la I'éria 
Una cosa buena y seria: 
Comjjrar por pura piedad 
Es socorrer la miseria 
Y ejercer la caridad. 



A LA SANTÍSIMA TRÍNÍDAD. 



/VUGUSTA Trinitlad; sobre la lien-a 
El más grande misterio, el ciclo mismo. 
Un dia vio del espantoso abismo 
Las potestades que le mueven guerra. 

En la sublime Trinidad se enciei"ra 
La fuerza y la virtud del cristianismo. 
Aunque no lo comprenda, en su egoismo, 
La imjíiedad que en el mundo al mal se aíerra. 



Vosotros, hijos del dolor del honibi'c, 
Que adoráis tan recóndito misterio, 
Cantad de Dios el inefable nombre, 

Y el ahvia al trasponer su cautiverio, 
Verá las tres personas inmortales 
Al eco de las arpas celestiales. 



£M LA BEMDÍCÍOM 
deí Templo de San Frafícisco. 

AI linio, senor Dr, Víctor José Diez Obispo de Coro &, 



i. 

LEVANTy-\TE, oración, alza tu vuelo. 
Que mi ángel custodio te guian'i 
Sobre los astros más allá del cielo. 
Más allá, más allá. 

No te amedrentes si tan alto subes, 
Que eres aliento y luz del corazón ; 
Rasga serena las doradas nubes, 
Levántate, oración. 

Padre y Dios inmortal en quien confia 
El pobre y miserable pecador, 
Jíoi á tí elevo la plegaria mia, 
Escúchala Señor. 

If. 

W ai'rojar la muerte sus despojos 
El crimen confundió con la virtud, 
Y anublados de lágrimas los ojos 
Temblamos de inquietud. 



En profundo estupor fi¡é entonces \'isto 
Que, bajo aquella horrible tempestad. 
Ni aun el templo inmortal de Jesucristo 
Perdono la impiedad. 

Al sonido marcial de los clarines 
Piafaba en el santísimo diiitel, 
Sueltas al \-icnto las undosas crines. 
El bélico corcel. 

Ni flores, ni magníficas alfombras : 
Ni perfumes, ni cánticos, ni luz. . . , 
Todo estaba sumido entre las sombras ; 
Efijie, altar y cruz. 

¿Quién es, empero, el responsable, cuando 
La magestad de Dios se ofende aquí? 

Es la civil discordia-; monstruo infando 
Lleno de frenesí ! 
511. 
( jloria al Dios de Jacob : un alto cjcmplg 
Patentiza eii la tierra su bondad : 



14 



POESÍAS RELIGIOSAS. 



y\b¡erto á la oración está su Lcmi)lo ; 
Orad, fieles, orad. 

La sombra se extinguió, bendito sea 
El cántico purísimo de amor 
Del lirio de los valles ele Judea, 
La Esposa del Señor. 

Ya volvieron las flores y el incienso. 

La ofrenda en el altar, su eterna luz. 

Los perfumes, las flores y el inmenso 

Cortejo de la cruz. 

He aquí las pompas de la ley cristiana 
Y el arca de oro de la antigua ley ; 
Oid ese tañido : es la campana 
Que convoca á la grey. 

Al perderse su acento fugitivo 
Otro acento da vida á esta mansión : 
Habla el pastor, 3'en nombre del Dios vivo 
• ■ Nos da su bendición. 

Que ella de nuestros duelos y prolijos 
Afanes (triste herencia del mortal) 
Nos salve como hermanos-y por hijos 
Del Padre celestial. 

Que ella alcance lo mismo al cp.ie la suerte 
/ Derriba y solo y desterrado \'a. 
Que al anciano tjuc al peso de la muerte 
Duerme su sueño va. 



Que alcanze á todos, y n'iui niEÍsque á todos. 
Como una brisa del perdido Edén, 
Que alcanze al hijo que de varios modos 
Hizo á este pueblo el bien. 

Que si esa bendición es de clemencia. 
De justicia y amor, de paz y unión, 
Timbre del bienhechor es en su ausencia 
La santa bendición. 

Y vos, el escogido, que en el vario 
Destino de los siervos del Señor, 
Trabajabais ayer en su Santuario 
Y hoi le dais esplendor ; 

Ya que feliz os cupo tanta gloria; 
(Vuestro mismo trabajo bendecir) ; 
¡ Ojalá que guardar vuestra memoria 
Pudiera el porvenir ! 

(¡doria al Dios de Jacob ; uñ alto ejemplo 
De su divino amor nos pone acjuí. ; 
Cristianos, de rodillas en su templo: 
Sube, oración, así. 

La sombra se extinguió, tan fausto dia 
Nuncio es del año que le sigue en pos: 
Sube llena de fe, plegaria mia. 

Plasta el trono de Dios. 



Coro, Enero \° de 1869, 



A LA 



COK( ). 

LA tierra está somliría 
Terrible ruje el n.Kir, 
Bendice ¡oh, madi'e mial 
La vida del mortal. 



l'u cult<.) es el divínij 
Amor de los amores, 
Ferfimie de las flores, 
Sonrisa de la kiz ; 
A tu sublime nombre. 
Que es paz, amor, eonsueli-i, 
Aspira el alma al cieh), 
Se abrasa en la virtud. 

CiiKO. 

Socórreme en la angustia 
De nii pesar prolijn. 
Como la madre al hijo 
En su profundo amor. 



La nave de mi \ ida 
Zozobra, nada alcanza. . . . 
yXlicntala esperanza 
Que en tí buscando voy. 
CoKo. 

]'al<_)nia que en los bosques 
De mirra y de canela 
I^scucha Venezuela 
Su místico cantar, 
Bendice en nuestros ca.nipos 
La mies i-es])]andeciente, 
Pendice ;í nuestra gente 
Que vive de la paz. 

, Coro. 



NIEBLAS. 



15 




Whxm> ^- 



ALLÁ en los ciclos divinos 
De las orillas del (juaire 
Se encontraron en el aire 
Dos celajes vespertinos. 

Y como el sol se csCríTidia, 
Se pusieron los celajes 
A sacudir sus encajes 
De expléndida anrcntería. 

Con el beso del caprino 
Del maternal desconsuelo 
Pasaba cantando al cielo 
El alma dulce de un niño. 

— Queréis llevar mi i)lc_£;aria, 
De la tarde á los rumores, 
Hasta el valle de las flores 
A mi madre solitaria? 

— Sí queremos, contestaron 
Los dos celajes, y luego ' 
Bajo la zona de fuego 
Hacia la tierra bajaron. 

Cuando bajaban haciendo 
De su diliíjericia alarde, 



Iba al rumor déla tarde 
Un espíritu subiendo. 

— ¿Queréis decirme los dos, 
Este llorando les dijo. 
Si va el alma de mi hijo 
Derecha al seno de Dios? 

— Camino de hallarlo lleva 
— Pues yo su camino si^o. 
— Iremos los dos contigo 
A darle tan buena nueva. 

Cuando el grupo á torcer iba 
El rumbo al cielo volando 
Del niño el alma bajando 
Se desprendió desde arriba. 

— Hijo ! — Madre ! Y nadie supo 
So la noche que teñía. 
La celestial alegría 
De aquel delicioso grupo. 

Mas bien columbra mi anhelo, 
Por más qne al hombre no cuadre, 
Que celajes, hijo y madre 
Son hoi ¡a gloria del cielo. 



A U MEMORIA M ÜN ÁNGEL 



POR más que al silencio aspira 
El alma en duelo profundo, 
A cada grito del mundo 
Vuelve á mis manos la lira ; 
Que si sufro como bueno 
Las penas, en honda calma. 
Callar no puede mi alma 
Mirando el dolor ajeno. 

í!. 

Aun de playa en playa \'uela 
La grave voz de la historia 
Atestiguando la gloria 
Del Hijo de Venezuela. 
El de tal gloria clecia 
Que era del ciclo un presente, 
¡ Cuando el dolor inclemente 
Tras de su elriria seí'uia ! 



III, 

He allí cual nido de amores 
Orillas de un mar sereno. 
Un hogar de dichas Heno 
En la ciudad de las flores. 
Habitan en él prolijos 
Todos los sueños del hombre : 
Gloria, riqueza, alto nombre, 
üelhi esposa \- dulces hijos. 

IV. 

Brisas del Guaire callatlo, 
Contadle á las flores mustias 
Las improvisas angustias 
De aquel hogar encantado ; 
Que al dolor jamas se cierra 
El corazón ; su destino 
l'^s beber en el caniinn 
El absintio de la tiei ra. 



16 



NIEBLAS. 



V. 

Yo he visto en tan hondo duelo, 
Como un celaje de armiño, 
Volar el alma de un niño 
A las mansiones de! cielo. 



¿Quién no tendrá una semblanza 
De estos perdidos amores, 
Medio oculta en lo^t dolores 
De una soílada esperanza? 



EL GOLFO DE LAS SIRENAS 



EN el risueño golfo . 

Dt las sirenas. 
El más rico tesoro 

De Venezuela, 

Corren en popa. 
Mil barquillas flameando 

Sus banderolas. 



Como de seda blanca 

Su entena lucen 

Parecen con el alba 

Marinas nubes : 
Y es marax'illa 

Como salen á verlas 

Las tribus indias. 



Por eso cuando en calma 
Cruzan de ronza, 

Y de los mangles pasan 
Bajo la sombra, 
En pos las vírgenes 

Trémulas \-an nadando 
Como los cisnes. 



Yes de ver como entonces 
Palmas y limos 

Y conchuelas y flores 

De malvavisco 
Arrojan ellas 

Con gritos de alegría 

Sobre las velas 



¡Ai, triste del que piense 

Que así la vida 
Sobre las aguas siempre 

Corre festiva ; 

Y en su esperanza 
Forme sus ilusiones 

Sobre las a^uas. 



Dígalo el pobre Alicio, 

Que al sol sereno 
Se fué dando suspiros 

Laguna adentro. 

La dulce Anaida 
Lo esperaba escondida 

Cabe unas palmas. 



"Vente á la barca mia. 
Garza morena. 

Que hoi es todo sonrisas 

El alba cxpléndida, 
Iremos juntos 

Diciénd Olios secretos 

A nuestro gusto." 



Así escucha el reclamo 

De amor, un dia 
La de los ojos garzos 

Risueña niña ; 

Y en su embeleso 
Abordó la barquilla 

De los secretos. 



Todavía los guardan. 

Laguna adentro, 
Las nubes y las aguas 

Y el mudo tien.ipo. 

¡ Ai ', todavía 
Pensando en ella lloran 

I^as tribus indias. 



CiJue nadie al cabo supo 

De aquella Anaida, 

De los cabellos rubios 

Y ojos de garza, 
Sóbrelas olas 

y\ donde se hundió triste 

Como una sombra, 



Vendrán las nubes negras 

Como fantasmas 
El dia en que aparezcan 

Más encantadas ; 

Pues las sonrisas 
Son siempre de las nubes 

Puras mentiras. 



En el golfo encantado 
De las sirenas. 

Espejo de topacios 

De luz expléndida, 
Cuide del rumbo 

Quien piense va cruzando 
Sobre seguro. 



KlEBLAá, 



17 



A LA MEMORIA 
del Venerable Pro. José M. Alvarado. 



LLEG(.) á su fin el pobre pcrcí^rino, 

Y murió como siempre nuierc el justo; 
No preguntéis si su destimí auyuslo 

En la tierra cumplió ; 
Que anciano y sacerdote \' sabio )- bueno. 
Cuando A la grey temblando bendecía, 
La grey eomo un consuelo repetía 

Su santa bendición. 

Dicen que el buen anciano en el silencio 
De- la tranquila noche y solitaria, 
A tiempo que elevaba su ¡llegaría, 

Pálido de inquietud ; 
Oyó un acento vago y misterioso 
Murmurando su nombre ; aquel acento 
Parecia salir como un lamento 

De una campestre cruz. 

Con esa fe de los antiguos santos. 
Sencilla en su virtud, pura en su esencia, 
El anciano creyó que su existencia 

Se acercaba á su fin. 
Pensó que aquella voz entre la sombra, 
Mientras le llama, su destino encierra ; 

Y regando con lágrimas la tierra 

Se preparó á morir. 

¡Prepararse á morir! ¿Acaso tiene 
El justo un solo y pasajero instante 
Sin que se crea con su Dios delante 
Mirándole doquier? 



'. Ese anciano tan dulce como un niño. 
Tras las sonrisas de su vida en calma. 
¿No sentía en el fondo de su alma 

: El fuego déla fe ? 

• j Sí, que en él se abrasaba ; pero el hombre, 
i Aunque posea á Dios, luz infinita, 
i Debe purificarse, porc¡ue escrita 
i Su maldición está. 

, V ese anciano de rostro venerable, 
i Rico en toda virtud, de ciencia lleno, 
: Golpeó, llorando, el corazón terreno 
) Con ardiente ]>iedad. 

j Después, su postrimer paso en el mundo 
¡ Fué cual la luz del sol que el cíelo argenta 
' Y al universo adormecido alienta ; 
I Fué todo paz y amor, 

j Jamás oyó el cristiano una palabra 
Más elocuente y clara y persuasi\a : 
I Era la convicción brotando viva, 
i Porque b.ablaba de Dios. 

¡ Cuando se vive así con esa vida, 

i Y con tan santa muerte asi se muere, 

i ¿ Quién no envidia al anciano? ¿Quién no quiere 

i Como él también morir? 

j No derraméis sobre su oculta tumba 

i Lágrimas de dolor á su memoria ; 

i Alabad del Señor la eterna gloria, 

¡' Que el anciano es feliz. 



A LA MEMORIA DÉ A. LOZANO. 



I. 



.SI es i lija de otra re j ion 
El alma al cuerpo sujeta, 
¿ J^or qué lloras, corazón. 
Cuando rompo su prisión 
El alma de este poeta? 

No en el sentir y el pensar 
El alma cifra su anhelo ; 
No, que ella ansia volar, 
Como un rio corre al mar, 
A las mansiones del cielo. 



¿ Creéis que es vida el exceso 
De una pasión convertida 
En indecible embeleso? 
¡ j\h ! jio, la vida no es eso. 
Mucho más noble es la vida. 



Cuando el alma se consuela 
Volando del bien en pos, 
En pos de su vida vuela, 

Y esc bien que tanto anhela 
El alma lo encuentra en Dios. 

Más hoy que el dulce poeta 
Goza esa vida completa 
Tan infinita y sublime ; 
Ai! corazón, ¿qué te inquieta? 
-Ai ! corazón ¿qué te opi'ime? 

11. 

E,ntre nubes de arrebol 
Todas las tardes inquiero, 
Cuándo asoma aquel lucero 
Sobre la tumba del 90I. 

Y es ¡ oh, cantor ! que tu huella. 
^íiéntras el alma suspira 



18 



NIEBLAS, 



Le parece que se mira 
Sobre !a luz de la estrella. 

Desde que supe cobarde 
Que de la tierra partiste 
l'ienso en tí, mirando triste 
l'.sii estrella de la tarde. 

Y es que perdida mi calma 
Con tanta y tanta amargura, 
La estrella se me figura 
Vn reflejo de tu alma. 

Mas si en tan grata ilusión ■ 
Paso tranquilo mis horas. 



Ai! 



cora/.on ¿por que lloras.-' 



; Qué te asusta, corazón ? 
ÍIT, 

Al romper su cauti\crio 
Con la posti'er despedida 
El alma vuela á su imperio ; 
Pero es tan grande el misterio 
Entre la tumba }' la vida, 

Que no hai bien que al hombre guarde 
Ni virtud que le haga fuerte 
Para que, temprano ó tarde, 
Ante el misterio, cobarde. 
No le estremezca la muerte. 

Mas ese vago terror, 

Que una ley humana encierra. 

No le cupo en su dolor 

Al dulcísimo cantor 

Que abandonaba la tierra. 

Pues apagó su agonía. 
Para evitarle aquel duelo, 
Grave y lejana armonía ; 



Y era que un ángel tañia 
Su misma lira en el cielo. 

Si, pues, al triste que canta. 
Mientras muere )■ se le\'anta 
Su espíritu, Dios le asiste, 
y\i ! corazón, ¿ qué te esj^anta ? 
; No canto \'i\'icndo triste ? 

IV. 

Creo en Dios, con hondo acento 
De la verdad clamo en pos, 

Y sigo ....}' distante el viento 
Me responde: — "Creo en Diíss." 

Tras ese rumor, que espira 
Al compás de mis cjuerellas, 
Es que el espíritu mira 
Las almas en las estrellas. 

Tú, que alcanzando una palma 
Llegaste en paz á la meta. 
Bendita sea tu alma 
De cristiano \- de yjocta. 

Y .si tu alma creyente 
Goza ya del bien fecundo, 
¿No podrá ser C[ue ella aliente 
A las cauti\'as del mando ? 

Mas, ¿quién haj- que lo demande? 
Quién? — Mi fe cjue sigue en pos 
De lo bello, de lo grande. 
De lo infinito, de Dios. 

Y pues, que paso mis horas 
En tan divinos anhelos. 

Ai ¡corazón, ¿por qué lloras 
Si un alma sube á los cielos? 



A JULIO CALCAÑO, 



Con mi esperanza tienden su vuelo 
Las alegrías del corazón, 

Y auncjueá las veces dudo y recelo, 

Con mi esperanza 

Y las sonrisas que tiene el ciclo 
Pulso la lira, bendigo á Dios, 
Que da alegrías al corazón. 

Ninguno crea si eñ mis tormentos. 
Digo : ¡ Mal haya, pesa esta cruz ! 
Esos son, Julio, cuento de cuentos ; 

Nadie me crea, 
Pues si mis labios están sedientos. 
Mi alma que sueila con la virtud. 
Me dice: ¡alienta, gloria es tu cruz ! 

Al ver del mundo tanta demencia 
Siento un des]:)recio, . . .! pero vi\ir 



Es fuerza, y cargo con mi existencia. 

Dios hizo el mundo: 
Dios hizo al hombre con su conciencia: 
Polvo es el mundo : ]5olvo, sí, sí .... I 
Pero ; y mi alma ?....; Fuerza es vivir . 

Desde muy niño cobré inocente 
De ir viendo al cielo costumbre tal. 
Que alta he llevado siempre la frente. 

Desde muy niño :■ 
Hoy imposible, Julio, es que intente 
Ante la fuerza bajarla ya 
Con los que tienen costumbre t;il. 

He aquí el secreto de cuanto en viva 
Luz acompaña mi inspiración ; 
Luz muy intensa, luz muy activa. 
Porque, en secreto. 



NIEBLAS. 



19 



Julio, me" viene la luz de arriba 
Dando á mis ritmas, dando á mi vo/. 
Fuego, esperanzas, inspiración. 

Mira si pueden causarle daño 
Recias tormentas á mi bajel ; 
Ni el crimen mismo, ni el vil en<^aAo, 

No, no lo pueden ; 
T'or mas C[ue un año pase y otro año, 
Cuando se vive, Julio, de fe 
A salvo sale siempre el bajel. 

Luces del ciclo, luces divinas 
De la alborada primaveral, 
Ouc dais colores á las neblinas, 

Y desde el cielo, 
Para mis blandas trovas marinas, 
Sino armonías, fuego me dais, 
Luces del cielo primaveral ; 

Pues Julio tiene del alma mijl 
La misma esencia. la misma fe: 



Luces del cielo, luces del dia ; 

.Si Julio tiene 
Ln tanta estima la i)ocsía 
CJue en los dolores de mi niñez 
Sact) del ar[)a mi ardiente fe ; 

Para cpic alumbre resplandeciente 
De gente en gente su porvenir, 
Luces del cielo, dadle á su frente 

La viva lumbre 
Que le distinga de gente en gente, 
Entre los bardos de mi país, 
Como un poeta de porvenir. 

Luces serenas por argentinas 
En los celajes de esta región. 
Dejad mis blancas nieblas marinas, 

Que hay más serenas, 
Tras de los Ancles otras neblinas, 
Donde os esperan, luces de Dios, 
Flores y perlas de otra región. 



ESCRITA PARA LA Sra. E. V. de G. EN PRUEBA DE RESPETO. 



I. 

Un Genio Icx'antóel velo 
De una cuna en que )'acía 
Un ser lindo \' pequeñuclo, 
Que suspirando quería 
Volar de la cuna ;d Cielo. 

Alegre con su fortuna 
Colgó el tesoro C[uc hallaba 
.Sobre un ra\'o de la luna, 
Sin reparar que lloraba 
Otro ser junto á la cuna. 

Cuandij en nubecilla de oro 
Daba su fortuna al vien.to. 
Sintió al fin el triste lloro, 

Y en el rayo amarillento 
Volvió á colgar su tesoro. 

— ¿Quién se queja aquí? Quién llora: 
VA Genio dijo temblando. 
— Una madre. . . .C[ue te implora. 
— ; Por qué me imploras llorando ? 
¿Porqué estás llorando ahora? 

— Porcjue es muí triste mi suerte. . . . 
— -¿ Tu hija el cielo no alcanza ? 
— Que soi madre. Genio, advierte 

Y es su vida mi esperanza 

\' es mi infortunio su muerte. 

Quedóse el Genio indeciso 
Pues no hai razón que le cuadre 
P^n tranco tan improviso: 
Si da el ángel á la madre 
Se lo c¡uita al paraíso. 

— Madre llena de dolores 
Al fin dijo, pues lo quieres, 



Goza en paz de tus amores, 
Pero no olvides que hai seres 
Con la vida de las flores. 

Sonrieron ángel y luna. 

La niña y madre en la cuna 

Sonrieron .... sonrió la suerte . . . 

¡ Ai, fugitiva fortuna ! 

¡ Ai, abismo de la muerte ! 

ir. 

Tras el misterioso duelo 
Del dolor en que yacía 
Cubrió un ángel con su velo 
A una \-írgen cjue dcbia 
Subir de la tierra al Cielo. 

Teniendo á suerte importuna 
Encontrar aquel tesoro. 
Lloró su misma fortuna, 
Y le suplicó á la luna 
Lo acomjjañase en el lloro. 

Mientras lloraban los dos, 
En la sombra solitaria 
Sintieron llorando en pos 
A otro ser cuya plegaria 
Se levantaba hasta Dios. 

— ¿Quién de la vida ilusoria 
Se queja? El ángel murmura, 
— Una madre. . . . 

— lín la memoria 
Guardo con honda ternura 
De cierta madre la historia. 

— Angel_ que es la mía advierte. 
— Mujer, también es la mía. 
— ; Bendita sea mi suerte \ 



20 



KIEBLAS, 



Tú eres nuncio de alegría. . . . 
— Mujer, soy nuncio de muerte. 

(Juedó la madre sumida 
En un duelo tan profundo, 
Que no hay voz entristecida 
Para lloraren el Mundo 
El dolor de aquella \ida: 

Y como á pena postrera 
No hay esperanza que cuadre, 
La virgen maracaibera 
Lloró también con la madre 
üe su virgen compañera. 

; Ai, fuGfitiva fortuna ! 
r' Cuándo habrá de conocerte 
Nuestra razón importuna? 
.Sonrisas tiene la cuna, 
Lágrimas tiene la muerte ; 

Mas la distancia están poca 
Que hasta el insecto que zumba. 
Cuando en medio se coloca. 
Llena el espacio que toca 
Entre la cuna }■ la tumba. 

1 11. 

¡ Ai, madre, mucho has llorado 
Tus esperanzas secretas ! 
Tu ángel buscas, y \elado 
Lo han con un velo inorado 
Del color de las violetas. 



Contemplando tanto duelo, 
En la aflicción que te asiste, 
Recordé mirando al Cielo 
Que no hace el color del velo, 
.Si el corazón está triste. 

Yo también en trance fuerte. 
Prenda de ardiente cariño 
' Perdí ¡ por mi mala .suerte ! 
También me llevó la muerte 
La dulce vida de un niño. 

Y como no hay quien elija 
Entre un dolor y un recuerdo. 
Mientras lloras átu hija, 
¿ Que mueho, al verte, me aflija 
Recordando lo que jiierdo? 

¡ A\, fujitivos placeres ! 
; Ai, misteriosos dolores ! 
¡Ai, esperanza, cual mueres ! 
Tras el adiós de esos seres. 
Que pasan como las flores. 



IV. 

; Ya ves? También he llorado 
Prenda de ardiente cariño. . . . 
¡ Quién no es aquí desdichado ! 
Guarda ese velo morado 
Yo guardo el velo de un niño. 



A Mí AMIGO M. fíENRíQÜ£Z 
en la muerte de so hijo. 



í 

A cada risueño amor 
Con que el hombre se engalana. 
Digo temblando-" mañana 
}[ai que llorar un dolor." 

J'ucs liicn }" mal de tal suerte 
Tienen su peso y medida, 
Que, un paso dado en la vida 
Ks un paso hacia la muerte. 

l'ei'o alii do se derrumba 
VA hombre, tras honda pena, 
Y la universal cadena 
Parece rompe la tumba. 

No hai mas que un oscuro velo 
Que oculta, de varios modos, 
í.a luz que buscamos todos 
F.ntre los soles del cielo. 



Flor de purísima esencia 
Fué tu niño, y me imajino 



Oue .ipresuró su camino 
Por conservar la inocencia. 

Pues que cuakiuiera lo acierta, 
ü lo sabe, ó lo presume ; 
Pierde la flor su perfume 
■ Al \'endabal entreabierta. 

I i 

Yo no conozco una historia 
De más dulce consonancia 
Que la historia de la infancia 
I'^n el libro de la gloria. 

Pero á la verdad, ninguna 
Otra mejor nos advierte. 
Que es esclavo de la muerte 
El hombre desde la cuna. 

Con esa cifra que alfombra 
Al mundo, nació tu niño. 
Risueño copo de armiño 
Que se deshiüo en la üouibrit. 



■\ 



21 



Mas también, por ella unida 
Nuestra angustia á la esperauza, 
El hombre llorando alcanza 
La eternidad de la vida. 

En ese mar sin ribera 
De tan infinita calma 



FA llorado hijo del alma 
Tus bendiciones espera. 

(Jue del hombre el descntisuelo 
Así Dios al bien aduna: 
I'ija una escala en la cuna, 
l'ara levantarlo al cielo. 



DIOS OS GUARDE, SEÑORA 



Ibase por el vario 

Pensil de un rio de fuyaz corriente 

Un ángel solitario, 

Negros los ojos y la faz riente, 

Y al asomar brotaban las arenas 
jazmines y azucenas. 

De pronto en la campiña. 

Cual sedienta avecilla en pos del agua, 

Vio cruzar á una niña ; 

Y era aquel rio el apacible Aragua, 
El ángel el amor y vos, señora, 

La niña encantadora. 

Absorto el ángel queda. 

Mas cuando quiso desplegar sus alas 

De unos iuncos se enreda, 



Y cauti\u se siente entre las galas 
De aquel pensil de luz )- mariposas 

Y flores olorosas. 

Té salvaré, le dice 

La niña, }■ corre, y libre lo suspende ; 

¡ Oii. momento felice ! 

En aquel corazón de n¡ñ;i enciende 

'La. ¿>i>//t/ií// y el ir/."i>r el i-apazuelo, 

Y se levanta al cielo. 

Hoy ese a/z/or fascina 

Al dichoso mortal que el pueblo aclama : 

Vuestra bondad di\ina 

Es hoy como un perfume, como llama 

De vida al infeliz que triste llora. . . . 

; Dios os guarde, señora! 



AL SEÑOR MARCO ANTONIO SALÜZZO. 



¿ .Vdóndc está, manso rio, 
La ílorecilla riente 
Que se bañó en tu corriente 
Coronada de rocío? 
¿Adonde está, manso rio? 

Encantada en la campiña 
Al escuchar tus rumores. 
Por verte, con otras flores 
Corrió á tí la dulce niña 
Encantada en la campiña. 

Soñando entonces despierto 
Creíste que iban llegando 
Tus bellas indias cantando 
El yaraví del desierto. 
Soñando entonces despierti^i. 

Y aquel inocente bando 
Cruzó las aguas serenas. 
Como un grupo de azucenas. 
Como los cisnes cantando 
Aquel inocente bando. 

A sus voces de alegría 
El saucedal con el viento 
Rumoroso, de contenta 



También cantar parecía 
A sus voces de alegría. 

¡ Ai. rio, tu extraña suerte 
Corrió á par de tus cristales ; 
; Quién adurió por iguales 
Las sonrisas y la muerte? 
; Ai, rio, tu exti'aña suerte ! 



Y sucedió, que improviso. 
Tras infantiles antojos, 
La niña de negros ojos 
Del grupo alejarse c|uiso ; 

¡ Y sucedió ele improviso! 

Y al seductor murmurio 
Del agua corriendo en tanto, 
Ün grito se oyó de espanto. . . . 
¡Ai de la niña en el rio 

A\ seductor murmurio ! 

; Quién tranquilo allí resiste 
A] horror que se difunde? 
Allí. . .en las ondas!. . .se hunde 
Temblando aquel ángel triste. . .. 
¿ Quién tranquilo allí resiste ? 



22 



NIEBLAS, 



¡ Ai, rio, llora ese duelo 

Que amengua tu dulce nombre : 



¿ Cuándo inquirir podrá el hombre 
Las altas miras del cielo? 
; Ai, rio. llora ese duelo! 



Quién habrá de comprenderte 
Oh! Dios! si en tantas sonrisas 
Se hacen celajes y brisas 
Atalayas de la muerte ! 

Al rumor que van formando 
Las ondas de la laguna, 
Se inclina sobre una cuna 
Una mujer suspirando. 

No hay quien al ver sus dolores 
y contemplarla tan bella, 
No se imajine que es ella 
La madre de los amores. 

Mas de improviso se inquiere 
La verdad, cuadre ó no cuadre : 
Esa mujer es la madre 
De un ángel que allí se muere. 

Pasando la brisa leda 
Sobre un marino boscaje, 



Vio no muy alto un celaje 
Como una estopa de seda. 

-^Vellón de luz purpurino, 
Dijo la brisa subiendo, 
Su fragrancia sacudiendo 
Sobre el celaje marino ; 

— Aunque es mucho tu donaire, 
¿Cómo es que ala luz febea, 
Solo un celaje campea 
Sin compañero en el aire? 

— Porque espero en esta calma 
Del rubio esplendor del cielo, 
Acompañar en su vuelo 
De un niño feliz el alma. 

Calló el Celaje de armiño, 
La brisa calló quedando 
Como en silencio aguardando 
El espíritu del niño. 



MISERIA DE LA VIDA. 



Por el calvario subiendo. 

Hoy eminencia florida, 

Iba á mis solas diciendo : 

"/ Vive Dios ! que asi es la vida ! " 

Y en alto de hueco en hueco 

Y á trechos de rama en rama, 
"¡ Vive Dios ! " repite un eco: 
"¡Así es la vida!" — otro clama. 

—"He aquí para el Iiúiiibre ciega'. 
Dos verdades'-me decia; 
"Las únicas, "-gritó luego 
Un viejo que atrás venia. 

— "¿Y tantas cosas que admira 
El hombre y persigue en pos ? " 
— Ilusión! Todo es mentira 
Fuera de la muerte y Dios. 

- — "¡Acentos bien dolorosos! " 
— "Que al fin la experiencia enseña. 
— "A,ncian_o, hay muchos dichosos 
En Caracas la risueña." 

-^"Sí, muchos. ..." con ironía 
Él murmura y me señala 
A la ciudad que se vía 
Como vestida de gala. 



—"Y bien ! " 

— "¿ Qué ves por el aire 
Por esas nubes de armiño ?" 
Veo del lado del Guaire 
Unos cometas de niño." 

— "Pues contrario ce lo que dices 
Esos niños, turba loca. 
Son los únicos felices 
En Caracas". ... 

-^" ¡ Punto eii boca í* 

Y aquí el anciano y el indio 
Callaron como una peña 
En la cumbre de ese Pindio (•') 
De Caracas la risueña. 



(") Historia inuracailjorirrlc cslc dispárale. 

Crc.yeiido un amigo del padre Sanyus ponerlo eii apu- 
ros le dio por pié forzado á lo.'* postres do una comida el 
ver.so,-" Bailando ca la cuerda uq indio "-á lo que el 
septiiajenario levita i'cspoudió cou el desenfado rjuc le 
era caractcrísIJco: 

" En la cúspide del Pindio 
• Del Pindó (me equivoqué ) 
Cierta ocasión observé , 

Bailar en la cuerda un indio," 



NIEBLAS, 



23 



A MI DISTINGUIDO AMIGO EL SEÑOR J, M. MANRIQUE. 



Silenciosa y serena 
Extendiéndose va como una gasa 
La noche con sus sombras. Si resuena 
El blando vicntecilio. 
Olor lleva de nardo y de tomillo, 
Y fugitivo pasa 

Murmurando de Dios el santo nombre 
Que entre las flores aprendió del hombre. 

La noche de la tierra 
Es un mundo de voces y de ruidos, 
Que para el alma entristecida encierra 
Al temblor de las palmas, 
La piedad de las lágrimas tlcl alma. 
Los recuerdos perdidos, 
I>a adoración, el bien, la gloria misma, 
Que mata la virtud y al hombre abisma. 

Por eso en mis querellas. 
Tan tristes como extrañas para el mundo. 
Busco desde la sombra las estrellas, 
Creyendo ver alguna . 



Que, de la vida en duelos importuna, 
Me descifre el [jrofundo 
Misterio que nos lanza al infinito 
En este mundo del terror maldito. 

Ante mí se engrandece 
La noche entonces que en el cielo avanza, 
Y sombra y flor, y luz que palidece 
Con las pardas neblinas. 
Tienen para mi espíritu divinas 
Palabras de esperanza : 
Desde la tierra entonces, en mi anhelo, 
Platico con mis ángeles del cielo, 

¡ Ay. recuerdos sombríos, 
Terrores de mi vida solitaria! 
Ángeles sin sonrisas, hijos míos, 
y\rrebaLadas flores 
Del oculto jardín de mis amores; 
Si en mi triste plegaria 
Aún bendeciros en la noche puedo, 
La propia voz me espanta. . .tengo miedo! 



LA NIÑA MARÍA LUISA ALVAREZ. 



Cogiendo flores en la campiña, 
Mas vaporosa que el aura leve. 
Aquella dulce, risueña nina 

Vio una mañana 
Dos nubecitas color de nieve 
Que se tiñeron color de grana. 

"Quiero ser nube-dijo la niña- 
Más vaporosa que el aura leve." 
Y con las flores de la campiña, 
Cintas y galas, 



Y con sus velos color de nieve 
La dulce niña formó sus alas. 

Cuando en los huertos de la campiña 

Y al viento leve de la rnaflana 
La pobre madre buscó á su niña, 

¡Ai .... ! en su anhelo 
Vio que entre nubes color de grana 
La dulce niña volaba al cielo. 

Coro, Marzo 23 de 186S. 



A MI AMIGO EL DR. TRINIDAD CÉLIS AVILA. 



Pasando una sombra va 
Sobre el Avila eminente ; 
De una nube es esa sombra 
Que se mueve, que se mueve. 

Mas cuando el hombre la nube 
Quiere buscar en el cielo. 



Como el humo, como el humo 
Se la han llevado los vientos. 
Así son mis alegrías. 

Son así mis esperanzas 

Como el humo, como sombra. 
Como la nube que pasa. 



PARA ARVELO. 



Sin ser mi numen cobarde 
Al ver las trovas de Arvelo 
Pedí como auxilio al cielo 
Los celajes de la tarde. 



Pues con las armas que esgrime. 
Es decir, con la palabra, 
Un templo tal hombre labra 
De arquitectura 'Sublime. 



24 



NIEBL7\S, 



Cuando la Musa de Arvelo 
Hace de su gloria alarde, 
¿Qué otra Musa no es cobarde 
Aunque descienda del cielo? 

Nidie de guerrero á guisa 
Puede con clla-Relona 
Le dio arreos de amazona 
Sobre el campo de la risa. 

; Sabéis las arjaas que esgrime 
En vez de lanza y espada ? 
La olímpica carcajada 
Que ella eleva á lo sublime. 

¡ Que donaire ! cpic- agudeza ! 
Mirad, si no por ejemplo 
Su ofrenda llevada al tem]:ilo 
Del valor v la belleza, 



Así, por mas que blasones 
Tenga mi musa natal. 
Si Arvelo tiene la sal 
¿Acjue sabrán mis canciones? 

Con todo nunca cobarde 
¡ (.)h Musa, te mire Arvelo ; 
Canta ! Arrebátale al cielo 
La púrpura de la tarde. 

¡VL'is ¿para qué necesito 
Ese atavío de grana 
Cuando la verdad zuliana 
Está le\-antando el grito ? 

• Con un rosal de lo lindo 
Y un laurel á todo punto 
¿Cómo ha de faltar asunto, 
En el congreso del Pindó? 



A LA MEMORIA DE MARÍA MÁRQUEZ. 



Si en vida el mal se convierte, 

Y el mundo en sombra importuna, 
¿A qué vida llamáis suerte? 
Morir ángel en la cuna, 

Ó vivir para la muerte? 

Si aquí la vida es tan triste, 

Y en el cielo es sin reproche. 
¿En qué, decidme, consiste 
Que clel color de la noche 
Aquí la muerte se viste ? 

Si la vida es luz mortuoria, 

Y paz la tumba escondida. 
Mortal, ¿porcjuésin memoria 
Reis con el mal de vida. 
Lloráis con el bien de gloria? 

Si el hombre cumple su sino, 

Y el mal al bien sigue en pos. 
Torciendo aquel su camino 
Cuando el bien llega hasta Dios, 
Plasta Dios centro divino ; 

^•Porqué cuando el cuerpo muere, 

Y el alma vive mejor. 
Ningún mortal morir quiere, 

Y su vida de dolor. 
Antes que morir prefiere ? 

Arpa llena de armonía. 
Yo de la sombra sabía 
Que no era un mal, pues su \'elo 
Le sirve al brillante dia 
Para ocultarse en el Cielo ; 

Y si en la sombra se esconde 
Un ser, mientra el \'iento zumba, 
¿Adonde está el mal, adonde? 
Arpa mia, ¿está en la tumba? 
¿Qué dices, arpa? Respondí:. 



♦ II 

Llorando mi desconsuelo, 
Con que Dios tal vez me humilla. 
Vi un ave que alzaba el vuelo 

Y dije: "Adiós, avecilla, 

; Quien fuera contigo al Cielo ! " 

Torné mi vista al momento. 
Con pensamiento tan grave, 
Al mundo... Escuché un lamento, 
— El hombre lloraba al ave — 

Y se asombró el pensamiento. 

Si el hombre la vida anhela, 

Y el mal al bien sigue en pos, 
¿ Por qué aquí se desconsuela 
El hombre si busca á Dios, 
Él avecilla que vuela? 

¿ No es Dios la cifra ó la letra 
De! sumo bien celestial? 
¿Por qué, pues el hombre impetra 
El bien, y prefiere el mal 
Que nunca hasta Dios penetra? 

Lira, armonioso instrumento. 
No sabes que sobre el viento 
Más de un a\'e se levanta? 
¿ A qué, pues, esc lamento 
.Si un ave en el Cielo canta? 

Y si lo que sube ó gira 
Es un ser de pura esencia. 
Que ama á IDios y á Dios aspira, 
f Es perdida esa existencia.'' 
Responde, responde, lira.. 

III 

Si el bien es una corona 
De luz, que al mortal abona 
l~.n este mar de inquicf\u.l : 



^RKa: 



25 



Taluui do la fiiciiíc mansa, 
]Julcc María, dcscinsa. . . . 
l^icn te abona la virlnd. 

No iin|)orla i|iir '-1 limidjic lloic 
Ni (,|u<j llorando le iniplnic 
(.'rrj-cndo dirlia el \ i\ ii' ; 
l'd lioiiilnT, fii I r.iiii '• I riii :ji'avc, 
( oiiio bcndcrir no s.d.if , 
1 ,l(jra vu \ (■/. di: jicndci ir. 

Laud,,iJS|)cr,in/.i nii.i, 
Si en la Unnba de María 
'l\: ])iden nna caiuion ; 
Tan suave acorde niininina, 
(¿ue cstrcnie/.ca de ternura 
Las fdjras del corazón ; 



\ iiiie-. la Uindja convierte 
I'.n ,^doria la misma muerte. 
Tras este mar de inquietud ; 
1 ,aud, ¿ por quf' sin iticmoria 
1 -ainenta el 
] )imc, rcs|)onde, laúd 



lioirdjre su gloria '. 



Afarí-t, In/ fu.L,nti\'a. 
Mi fe te cohunbra vixa 
De: Dios en la eternidad. 
.Ir/'ii, no llores, despierta. 
/.i/'/r, ¿su ¡gloria no es cierta í 
/.nut/, } no es Dios la verdad i 

Mar.Kdibo, /\bril i J de i .S64. 



t 



N(.) ha\' inbtanlc en esa torre 
Con su sonido estridente. 
Oue no le anuncie á la i^ente 
El raudo tiempo que corre. 

.Si pues tan lúgubre grito 
A cada instante me espanta, 
¿l-'orqué, Diosmio, la planta 
No apresuro y precipito? 
U 

Cada sol, cada mañana 
Me murmura la conciencia : 
"Mortal, tu noble existencia 
No es mas que una sombra vana' 

Mas si la conciencia en calma 
i\nda en mí tan advertida, 
¿Por cpié mal gasto la vida 
A despecho de mi alma? 



tli. 

\ o se (|ue en cí hondo abismo 
lie la muerte, toilo es sueño; 
Que lo grande y lo ])equeftü 
l'ara Dios valen lo mismo ; 

l'ero si somos iguales 

Ante esc abismo profnmlo, 

¿ Por qué me asedian ¡oh mundo! 

Estos sueños inmortales ? 

rv. 

r^l sonido de la tierra, 

Y la conciencia del hombre, 

Y la muerte á cuyo nombre 
Sus puertas el mundo cierra 

'Qué son ? silencio ! ¡ el vacío ! 
No puede ser ini imperio! 
Kasga, descifra el mistérica 
Oue yo te adoro, Dios mió. 



LOS DOS ANGELES, 
A la señora Rosa de Alvarez, 



QUISO calmar el cielo la memoi-Ía 

1 )e tu mortal martii-Jo, 
Y te dii) como un gaje de su gloria 

Otra i)eHa, c^tro lii'io. 

Pero ese nuevo amor tpie el llanto sella 

]Je una tumba sombría. 
Era un ;ingel también, era otra estrella, 

Otra dulce María. 



Bien lo supo la lh)r del arro)-uelo 
Cantando una mañana : 



■'• "La seguntla 'Aíai'ía se ii'á al cii:lo 

Como su tierna hermana"'. 

.\si fué (jue al m'r el triste llanto 
; De toda la campiña, 

I 'l^'i^ sc' luuuüó !-dije trémulo de espanto, 

lisa segunda niña. 

i cQ'"-" «-inieres. ¡)obre madre? Nei ha\' bendito 

I Martirio sin su ¡lalnia; 

I A ))ii también me guarda el Infinito 

Dos hijos de mi alma. 
I Coro Marzo 15 de i8'69' 



26 



NíEBLAS, 



A E. S. de Y. 
Inédita. 



SERENO muere el dia y más sereno 

Murmura el ancho mar ; 
Arma, pobre marino, el débil remo, 
Llévame en la barquilla por el puerto 
Mientras el sol se va. 

Y al soplo de la brisa de la tarde 

Corre .el batel en pos 
]Jc los verdes pesqueros y los mangles, 
Sobre arenillas de oro más brillantes 
r)i¡c las luces del sol. 



¿ Por qué no soy feliz ? ¿ Qué abismo inmenso 

Llevo dentro "de mí 
Que no me aplace ni la luz del cielo ? 
¿Qué me asombra en la vida? Por qué tiem^blo ? 

¿ Por qué no soy feliz ? 

¡ Alienta corazón ! Bella es la vida. 

La tierra, el mar, l;i luz ; 
Es verdad ¡ ¿ Pero puede el alma mia 
Ni ser feliz, ni sonreír trantjuila 

Cuando me faltas tú? 



MURMURIO de fuente escasa, 
Montes que brotan al fuego 
De oculto abismo, 
Gloria del mundo que pasa, 
Dolor, lágrimias y duelo ; 

¡ Todo es lo mismo ! 

Hombre que alcanza una idea. 
Noche que al cielo se encumbra 
Triste y callada, 



Mar que á la tierra rodea, 
Sol que al uni\erso alumbra; 
■j Todo eso es nada ! 

Mas lo invisible v-ivientc, 
Que el hombre encontrar ansia 

De cualquier modo : 
Ese ser que el alma siente. 
El DlüS de la infancia mia, 

; Eso sí es todo ! 



Á MI ESPOSA. 



YO no sé lo que pienses, vida mia, 
De este amor en desdichas sin igual ; 
¡Cuánto sufro, Clemencia! cada dia 
Me desespero más. 

yXnte el fantasma de la ausencia evoco 
Tu memoria dulcísima y feliz, 
Y e! fantasma me grita : ¡ pobre loco ! 
¿Se acordará de tí? 

Para mi alma, en cuanto el mundo existe, 
Como chispa fugaz brilla una luz : 



La esperanza, Clemencia; ¿acaso triste 
Esperas también tú ? 

Y el mar entre los dos, y el alto monte 
Se interponen sombríos á la vez, 

Y á un horizonte sigue otro horizonte. . 

¡ Aun suspiro, otro cruel ! 
Abra.sado arenal sin flor ni planta. 
Así mi corazón lejos de tí. 
¡Quién pudiera, Clemencia de mi alma. 
Llorar, verte y morir ! 
Caracas, Abril 5 ele 1 87.4. 



M\ (lucvidii Barbcrií. 

y iiUL'.slo que mi iniíiicu 
está tocando á lu puerta 
(le mi cor*zon, 

DlLl-l á e.sa bella, gentil seilora. 
Que cuando escuche del Lago azul 
Alguna brisa murmuradora; 



Si alge presume. 
No será mucho que entre sonrisas 

Sieiiía un perfume 
Que yo le mando sobre las brisas, 
Como un recuerdo de mi laúd. 

Dile á esa bella, gentil sei"iora, 

Que si en los cielos del mes de Abril, 



NIEBLAS. 



27 



Ve un blando^aiToyo que se colora 

Solo un momento ; 
Que nunca inquiera como es que .sal\;i 

Mi pensamicnlo 
l'or solo verla, la luz del alba 
Sobre los cielos de mi país. 

Díle á e.sa bella, gentüfseftora, 
Que cuando alcance sobre la mar 
Náufraga nave que al cielo implora ; 

Que no pretenda 
Saber la sirte mui escondida 



Donde en ofrenda 
VA pobre nauta deja su vida, 
Mientras las olas vienen y \aii. 

i >ile áesa bella yeiitíl sentirá, 
Que cuando el aire cru?;a veloz, 
V'Á avecilla madrugadora. 

Pregunte al ave. 
Si entre los sueños que tiene el liuiubre 

De alguno saV)c 
Que canta triste su dulce nombre 
Mientras se aleja diciendo adiós ! 



TARDAS 



TARDAS ! y muere el día, 

Y se asoma la noche, y desespero . . . . 
Tardas, Clemencia mia. 

Porque no sabes tú cuanto le quiero. 
Herido siento el corazón y lloro, 

Y tú tardas, Clemencia, y yo te adoro. 

En silencio apacible 

Se han venido los astros asomando, 

Y tardas. . . . ! Imposible 

Es vivir como vivo agonizando, 
Muriendo en medio de tan dulce calma. 
Ai ! si vinieras tú, bien de mi alma. 

Si vieras en mi anhelo 

Como sufro esperando tu venida ! 

Cómo demando al cielo 



La paz del corazón, ya que la vida 
Eres, Clemcia, tú, tú que no vienes 
Y atjuí esperando sin piedad me tienes! 

En zozobra tan triste 

Piénsalo Iiien, Clemencia, )-o me mmictu: 

Mi alma no resiste 

El bien de la esperanza, si te espero ; 

El bien de la esperanza! ¡ Cuan sombrío I 

Es esc bien si tardas, amor mió ! 

Clemencia, bien lo sabes: 

Mientras mi pobre corazón se abisma, 

Solemnes son y graves 

Nuestros destijios, nuestra vida mislna .... 

Silencio, hermosa! — Cuando así se (juiere, 

Palpita el corazón, estalla ... .y muere. 



TRADÜCCÍOM. 



AI ! dulce inadre mia, 
No llores, no; tus lágrimas 
Me están bañando toda 
Mi camisita blanca. 
¿No ves que tus suspiros 
Me tienen desvelada 
En esta fosa, donde 



Los ángeles me guardan ^ 
Madre, no llores triste, 
Tranquila en paz descansa, 
¿No ves que me despiertas 
Oh, madre de mi alma ? 

de Agosto de 1879. 



A m QUERIDO AMIGO EDUARDO GAICANO EN LA MUERTE DE SU HIJA. 



Si es admirable ese velo 
Que el sol con sus luces arde, 
¿Porqué se oculta en la tarde 
El rubio sol en el cielo? 

Asf en vaga pesadumbre 
Contemplando me decia. 
El último adiós del dia 
Sobre la lejana cumbre. 



Y es que á nuestra vista encierra 
El mal y el bien de tal modo, 
Que luz y sombra son todo 
Eii la vida de la tierra. 

¿Quién en tu pensil de flores 
Tan encantadas creyera 
Que la más dulce te diera 
El dolor de los dolores? 



28 



KÍEBLAS, 



Ella rocío, ella palma, 
Perfume y luz que riela, 
T.^ mimada pequefiíiela 
En el culto de tu alma . 



Hoi si íns duelos inquieren 
Adonde el ángel se ha ido ■ 
IMira, Eduardo, está dormido, 
Cae los ángeles uo mueren. 



mmmmK 



_ YA lo diviso ! Es rubio ! Es un lucero 
Átomo, mundo ó sol del infinito ; 
Y á la verdad que'para el Dios del cielo, 
Átomo, mundo ó sol valen lo mismo. 

Si es átomo, de luz es una chispa, 
Si es mundo, del dolor ea una sombra, 



Si eá so! .... ¡todo es igual, todo se abisma 
En lo inmenso y lo eterno de su gloria ! 

El hombre solo como el ente libre 
Ante Dios, en la idea y la conciencia, 
Átomo, mundo ó sol eterno vive 
Y en el mundo moral es cifra eterna. 



CERTEZA BE LA flDl 

El alma v el coraizon. 



— ¿ LO ves, pobre corazón ? 
Llega un dia 
Que se estingue la pasión 

Y el amor es luz mortuoria .... 
-No me espantes alma rnia, 

Por piedad; 
No es verdad que amor es gloria ? 
— No es verdad. 

*i — 

~-¿Y este fuego que me abrasa 
Lentamente ; 

V esta existencia que pasa 
F.trc perfumes y flores ? 

-j Pobre corazón doliente ! 

¿ No suspiras ? 

-Sí 

-Pues luz, sueños y amores 

Son mentiras ! 



—Aima mia, pues presumo 
Mis quebrantos, 
Dímey las dichas? 
-Son humo 

— Y el placer? 
— Solo es un nombre. 
-Y el mundo ? 

— Miseria, llantos, 
Inquietud. ....,., 
~¿ Qué le resta pues al hom.bre ? 
— La virtud. 

-Y con virtud la existencia, 
Di, qué alcanza? 

-La paz'de nuestra conciencia, 

-¿ Nada rnás en tanto duelo ? 

-No, que tiene ¡a esperanza 
Siempre en pos. 

-; Nada más? 

— No, tiene el cielo, 
Tiene á Dios. 



LA 0GLOMBRIMÍ 



AVE de las negras plumas, 

Golondrina, 
Que rasando las espumas 
Vas bebiendo en curso vago 
El agua del patrio ¡sgo 

Cristalina. 

Ave de rápido vuelo, 

Que irnprovisas 
Un viaje al azwl del délo, 



Y a! ver las compestrcs ga!as 
Vuelves al camp3 las aías 
Indecisas. 

i ú que cruzas de ola en ola, 

Palpitante, 
i-jn que mire una vez soja 
Con quién loca te entretienes. 
Por qué alegre vas y vienes 
Delirante. . 



lEBLAS. 



29 



l'ajai'illo entusiasmado 

Con el \'ionto, 
¡ Cuántas veces be pensado 
Que como tú, íuL^itivfi, 
'J'ambícn puedo alzar mi alti\(i 

Pensamiento ! 

Siempre liacientlo en i-aiido í;'Íi'o 

T.oco alarde, 
Avecilla, yo te miro 
.Cómo bajas, ciímo subes. 
Va en el x'iento, ya en l;is nubes 

De la larde. 

¿ Es por la luz que te alecjras 

Incendiaria ? 
Ave de las plumas ne!.;'ras, 
7\l ver la estrellada alfombra, 
¿ F.s que la noche te asombi.a 

Solitaria ? 

Tan pronto en verde paisaje 

Te contemplo, 
Como en el seco ramaje, 
Lomo en la fuente (jue corre, 
Como en la ])arduzca torre 

i)e alLj'uii templo. 

Ya \-isitando los muertos 

Importuna, 
Oyes los ru!dr)s inciertos, 
i'd rumoi- di' las eiuíJ.idcs. 
A las tristes clariihidc; 

i )e la lim.a. 

Y si l;i flor campesina 

Ciei-r;i el Itroche, 
Tú te .alejas, i^olondriiia, 
l'or e.scucli.ai- la prinuaa 
La campana pl.uiidera 

JJe la noche, 

•Saliíaido á \'eces del monte 

Sin fatií;a, 
Vas dereclio al horizonte, 
CV)n tal soltura y donaii-i;, 
Que no ha\' ave pnr elaii'C 

Qlil- te sÍL;a. 

Y luego alhí de las nubes 

i\'lara\-illa. 
Después que tan alto subes, 
AI vei' C[ue tus p)lumas ajas 
■Cierras tus alas \- bajas, 

A\'ecilla. T 

Tal, siendo niño, n-ozando 

Mi des\í.-(, ' 
Di\ ertíame ari'ojando 
Las conchas,que iba coejicndo. 
l'or \erlas después ea\'ci)do 

.Sobre el rio 



Ai I entonces mi ff)rtunn, . 

M is amores 
F.ran el sol, la laguna, 
.Sus barquillas, y los nidos 
Ln los ramos suspendido-; 

De las flores. 

Con los niños compañeros 

De mi infancia, 
Trepaba á los. cocotero.'-. : 
Y cuandí) en alto me via 
Lra j^i'ande mi alcarria, 

.Mi arrogancia, 

Qlic acaso yo de mil modos 

Me pensaba 
Que era más grande que todos, 
y dv orgullo satisfecho 
Ll corazón en mi pecho 

Palpitaba. 

Sueño si!i lu.z )' sin nombre. 

Tan profundo. 
Que lanza después al hrjmbrc 
P.ara realizar su instinto, 
l'oi- el ancho laberinto 

De este mundo. 

Sueño de ai'diente cariño 

.Subreliumano ; 
Porque es .-illa cuando niño 
One se abriga en la memoi'ia 
i\se sueño de la gloria 

Soberano. 

¡vMi, laglorki! es un deliric), 

Luz soñada 
Que se comiertc en martirio 
]Je la fr/un'l existencia, 
¡ Ah, l:i gloria I es' la demencia, 

Soniljra ) nada 1 

Lo sé ; 'mas volar te veo 

Por las nuhjes, 
' Ave, \- n.ii muerto deseo 
Se a\'i\-a, }• lloro y me afano, 
\' (jiiiero subir en \'ano 

Cual tú subes. 

Que si algo estimo esta \'ida 

Transitoria, 
Es que en mi mente se anida 
La esperanz,',. el loco empeño 
De darle cima á ese sueño 

Déla gloria. 

Pajarillo entusiasmado 

Con el viento, 
¡ Cu:'intas veces he. pensado 
Que LÍ tu \uelo raudo, alti\o, 
I-~s igurJ mi fy.gitix'o 

Peiismiiiento ! . . . 



poesías filosóficas, 



^mrnis ^ñBmñms>' 



EL ÍMPERÍO DEL MAL (^) 

A raí inteligente y buen amigo eí señor Alejandro Andrade. 



ABRAZADO á la Cruz con mis dolores, 
De tí, Padre y Dios mió, solo espero 
La luz de la\-erdad, que en los horrores 
De tanto infando crimen 
En zozobra mortal temblando inc|uiero. 
Qué soy? De dónde vengo ? ¿Porqué \ivo 
Con este Juez interno que sentencia 
Cuanto en la esfera de mi ser activo, 

Y libre, y responsable 

Gravita sin cesar en la conciencia? 
Existe el bien, Diosmio? El alma triste 
En preseiícia del mal me grita: existf ! 

Pero esta voz del alma, que me alienta. 
Camino del calvario de la vida; 
Como la voz del ave en la tormenta 
Se apaga jemebunda 

En medio délas sombras, ¿Quién se cuida 
Al rededor de mí del bien que anhelo ? 
Quién se sonroja de manchar sus manos 
Haciendo impio estremecer al cielo 
Con la sangre del hombre. 
Con la sangre fatal de sus h.ermanos ? 
¿Qnién hace el bien por solo el oportuno 

Y divino placer del bien?- fsinguno. 

El imperio del mal reina en la tierra, 
El hombre, en el desfogue intemperante 
De pasiones ilícitas, se aferra 
A su egoísmo, y \'ive 
Sin apartar sus ojos del semblante 
De la fortuna infiel, de la fortuna 
Indiferente al bien, si no propicia 
7\1 desmán de la fuerza. Así en la .cuna 
Del pueblo Americano, 
Por oficio la innerte y la injusticia 
Del liedlo victorioso por bandera. 
La sociedad se abisma donde quiera. 

La moral, ese mágico perfume. 
Que toda acción humana vi\-ifica. 
Estéril, infecur.da se consume 
De la pasión al fuego ; 



La má.s grave virtud se sacrifica 
Al ínteres ; y el siglo de la ciencia 
Ha gravado por lema en su santuario: 
" El placer es la ley de la existencia." 
¡Adiós, santos recuerdos! 
Altar de la familia, relicario 
Sieriipre lleno de lágrimas ardicjitcs, 
La ciencia os dice adiós, sois impotentes. 

Dt'l .-.ensualismo que implacable tiende 
A degradar al liombre, de ese abismo 
De la conciencia luimaíia, se desprende 
P.'u-a su eterno opi-obio, 
(Jtrií crimen mayor; el sensualismo 
Al disolver los sacrosantos lazos 
De la familia al fin, rompe, dcstru}'c 
La tradición cristiana ; hace pedazos 
Sli símbolo, y más rudo 
Que la salvaje ley que constituye: 
"Llewar á rienda suelta su deseo," 
O se hace indiferente ó se hace ateo. 

(■■•") Sabios sin corazón, sabios del mundo, 
La impiedad que nos hunde es obra vuestra ; 
Cul¡m vuestra y maldita es el profundo 
Mal estar de los pueblos ; 
' A vosotros os debe la siniestra 
Actitud que consume los tesoros 
De las grandes naciones. Cuantos vicios 
Este siglo destila por sus poros 
( )tra razón no tienen 
Que el craso error y los absurdos juicios 
De vuestra ciencia impía ; sus excesos 
y\y¡ noí han corrompido hasta los huesos. 

A' en verdad, si á los pueblos se presenta, 
Por más torpe que sea, una doctrina 
Que entre losp-itos del dolor, alienta 
Sus pnsos vacilantes ; 

¿Quién no comprende al fin, quién no adivina 
Sa triunfo, su victoria? Por derecho 
Inmortal de! espíritu, fecunda 
La idea es siempre ; ;i la palabra el hecho. 



' lial>l;i :W|i!Í 



. I.)!. r.-ilso-^ ''iiliio.- y lie 



(-'=1 Ksniííi |i;ira ■■r.o-; Kfo^ do f'iV'i'l;! ' 



MI covriiiilnr.'l rn'iit'ia 
X'. l'Kl. A. 



POESÍAS flLOSOFLCAí;, 



¿Que importa, cómo y cuándo? 
Sij;iic y de sombras ó de luz inunda 
Pueblos y sociedades, scj;iin sea 
SacríleL;a <j benéfica la idea. 

i) I Al com[)i'cndeis almia? Nunca suerte 
Cual la nuestra hubo tiásle en la nienioi-ia: 
Herida está la sociedad de muerte, 
rorc]uc triunfa la idea 
Que anula en los dominios de la liisttiria 
Al hombre espiritual. ¡Qué dit;o anula! 
Indiferente á la verdad (jue ultraje, 
Cuando los vicios sin pudor adula, 
Al nivel de las bestias 
La materia en su triunfo ñus rebaja, 
Si Dios para la ciencia es sólo un noriibre, 
En sus abismos mil ¿qué será el iiombre ? 

Todos lloramos la común desgracia, 

Y se propaga el mal y el vicio cunde ; 

Y es que nuestra alma, para el bien reacia. 
Desorientada vive. 

No hay placer sin virtud que no redunde 
En nuestra mengua, en nuestra propia ruina; 
Norma del hombre la inmortal conciencia 
Ha sido siempre como vox divina. 
Algo de pavoroso 

Lleva tras sí en su atmósfera esa ciencia 
Que hace del hombre como ser sociable 
Un Dios, siendo tan triste y miserable. 

A la luz de los hechos, lo que entrafia 
El más rudo y fatal contrasentido 
Es el dolor, la negación extraña. 
El termino infecundo 
A c[ue la ciencia al fin nos ha traído. 
En tiempo alguno el hombre á tal altura 
Ha llegado en verdad ; mas ved que al cabo 
Nunca ha sido mayor su desventura; 
Bajo la forma es libre, , 

Pero en la esencia es el sumiso esclavo 
Del primer desalmado que le obliga 
A obedecer por fuer/.a ó por intriga. 

Injusticia en las leyes, infirmcza 
En los altos principios, abandono 

Y ociosidad doquier : muclia bajeza 

Y encubierta ojeriza 

Con los ricos )• fuertes : mucho encono 
Con el altar de Cristo : hipocresía 
Eir el trato social: desprecio sunio 
Por la verdad : pasmosa gerarquia 
, De grandes criminales; 
Inepcia, lucha, antagonismo )■ humo 



De combates á muerte do resella 

La turba el triunfo mientras más degüella ; 

'Jal es nuestro presente, el mal profundo 
De las nuevas Repúblicas. Ma.s nuestro, 
.Será sólo esc duelo? — No, (|ue cl mundo 
l'hi sus razas distintas 
Suspira, gime, llora. ¿ (¿ué siniestro 
Kunují' de destrucción lltna de cs])anto 
l'ueblos y sociedades? Confundidos 
Ciuzan, se [¡ierdcn so hi noche en tanto 
Himnos y voces tristes: 
F.n cl mundo moral desconocidos 
Presentimientos vagan ; donde quiera 
Lo imprevisto, terrífico se espera. 

Hundido en la vergüenza, esc vestigio 
Del derecho divino : solitaria 
En medio del clamor de nuestro siglo 
La majestad del trono ; 
Malditos en la gloria sanguinaria. 
Hija de Satanás, la infanda guerra. 
Los pueblos de la América española: 
Voceando á los vientos de ?a tierra 
La anarcjuía furente ; 
En desconcierto tal, la triste y sola 
Espantosa verdad que el hombre alcanza 

Es que ha muerto en el hombre la esperanza. 

¿Qué saldrá de estas sombras ? Qué linaje 
De ideas se alzarán sobre este abismo ? 
¿Quién podrá contener el oleaje 
Délas rabiosas turbas? 
Qué genio ó c¡ue virtud nuestro egoísmo 
Convertirá en amor? El sacro fuego 
Que purifique al hombre ¿ de qué llama, 
De que silente cripta saldrá luego ? 
¿Qué corriente de vida 
Brotará de esta tierra que se infama. 
Qué está llena en su misma pesadumbre. 
De crímenes, de sangre y podredumbre ? 

Ni el ángel lo sabrá, ni en su blasfemo 
Marchito corazón lo sabrá el hombre. 
; <_)h Padre celestial 1 (:¿ue en tan supremo 
Momento de su vida. 
Bajo la gloria de tu etci'üo nombre. 
La humanidad se sah e. No el previsto 
Castigo de sus crímenes estalle. 
Que en la sangre inmortal de Jesucristo 
Purificada cjuede 

Tanta abominación,)- tiemble, \- calle, 
Y al borde del abismo retroceda 
j Y al bien eterno consagrarse pueda. 



% 



POESÍAS FILOSÓFICAS, 



A LA AMERICA LATÍMA. 

ODA. 

A mi amigo Aristides rinjas. 



Sobi'c c^lH ticrr.i de aisr.isaili i aliciiln, 
Que se estremece en v¡,L;"(»i'(.>sa viila 
Con las luces del alto firaiamenlo 

Y la materia oculta 
Que ruje en sus entrañas derretida ; 
Sobre este mundo c[ue su voz leva.nta, 
Como un liinmode amor, porque él encierra 
El porvenir del hombre. . . .vuela, canta, 

Espíritu sublime, 
Musa nacida al fuego de esta tierra. 
Palacio de la luz, que en el granito 
Tu canto viva por la gloria escrito. 

¿Que poderosas moles son aquellas 
Del sur al grande océano mirando. 
Que tocan con su frente á las estrellas, 

\' entre turnientas \'i\-en, 
El mar, la tierrii, el cielo ;itala\'aiido ? 
Son los Andes, pasmosa maravilla 
Del suelo y\mericano, son los Andes 
Cuya grandeza primitiva brilla, 

Conio mía cifr^i eíei'iKi 
Del porvenir oculto, de los grandes 
Destinos de los ])ueblos de occidente. 
Q,ue hoi derraman su sangre estérilmente. 

Oh, patria! Olí, dulce .América, de extraños 
Calumniada doquier _y escarnecida! 
Con el vigor de tus serenes años, 

A}'er no mas eschu'a,' 
Independencia, libertad y \ida 
En una misma adoración conlundes; 

Y al divino esplendor de esa corona 
De triples soles, á la vez difundes. 

No. solo el bien eterno, 
Sino que á tu camino se eslabona, 
Para amenguar tus regias claridades. 
El mal de las sombrías tempestades. 

Y en su esplen.dor Europa, que recela 

La gloria que te aguarda, dice al mundo : 
"Mirad cuan pavorosa, raudo vuela 

"El Carro de la muerte 
"EnelEdem de América fecundo, 
"¡ Morriblc mancha y espantable vicio 
"Déla ley que proclama ! Sangre }■ duelo. 
"Lágrimas y dolor el sacriñcio 

"Siempre de la Repüljüca 
"Serán al ])ié del .Ande; que hasta el ciclo 
"La maldice, con mengua de su gloria, 
"En su vida, en sus iiijos, en su historia. 

Asi la ilustre I'".uropa nos de¡>rime ; 

Y el descrédito cubre, con esijanto 
De la virtud nativa, la sublime 

Libertad conquistada. 



Mas ;i¡ue la liistoria de la h'.uropri en tanto 
Dice á la humanidad ?— Dice que muerte 
líubo )■ tiesolacion, y ])or derecho 
La corLadoi-a espada del más fuerte: 

Dice que entre las soniijriis 
De la giHica edad, fué sienijirc e! hecho 
Altar tle la i'az<jn y el crimen, mismo 
La le\' social, el dios de a.cjuel abismo- 

— \' en ese liempei. .añade, tle supremos 
Trastornos y huntiimientos en la \ida 
Moral de las naciones, ni blasfemos 

Ni estúpidos faltaron, 
.Sin fe, sin convicciones, que perdida 
No cre)'eseu la causa sacrosanta 
Del progreso social : y ent(3nces ei^a 
Quemas altivo y fiel bajo su planta 

Despedazaba monstruos. 
Eneriiigos \'encía )' por doquiera. 
Con la luz déla ojiva, sus anales 
Grababa en giganteas catedrales. 

Se cumplirán los tiempos y esta prueba 
Pasará y esta sombra. A los errores 
A las falsas iilea.s, u.na nueva 

Y floreciente \ ida 
Sucederá en mi patria. A'encedores 
Saldremos de esta lucha ; sí, saldremos, 
Que si la Eiu'opa lo cjue sabe alcanza. 
Nosotros en América sabemos 

Que en su raza latina 
Ha vinculado el cielo la esperanza 
Del mimen de los pueblos, Dios no cjuierc 
Que triimfe el mal : la humanidad no muere. 

Como al cesa!- del sanguinoso Marte 
h'l espantable estruendo, la áurea copa. 
Obra inmortal y admiración del arte. 

Escanciaban los héroes 
I-ln apacibles fiestas :. así Europa, 
No muí distante, en el bendito dia 
Déla anhelada paz de este hemisfeiáo. 
Habrá de contemplarnos. La alegría 

De la dulce abundancia, 
La libertad \' el órclen y el imperio 
])e la justicia asistirán mañana 
7\1 festiu de la patria americana. 

F.iití'inces desde el mar en cuyas olas 
.Sonríe Cuba, hasta la tierra ardiente 
Del peligroso cabo que españolas 

Cai'abelas vencieron, 
.Sereno el corazón, alta la IVente, 
Marcharán nuestros hijos. No el camino 
Que .abrieron nuestros padres fué tan solo 
El de la independencia. Otro destino 



poesías filosóficas, 



Y oti-a misión aguardan 
A este pueblo viril : — hacer que el dolo 
Medio de gobernar que aquí campea. 
Jamás vm medio de gobierno sea. 

Queremos paz y libertatl, sedientos 
Estamos de estos bienes. ,• Quién ignora 
Que en ludia con los varios elementos 

De una feroz conquista, 
liemos ido gastando hora por hora, 
En ensayos estériles, la savia 
Preciosa de la vida? En la amargura 
De tanto desengaño, tras la rabia 

De nuestros opresores, 
¡ lacado sea Dios! sale más pura, 
Cual oro del crisol, la inteligencia, 

Y de sí tiene el pueblo más conciencia. 

En nombre, pues, de la misión divina, 
De paz y amor que el Nuevo Mundo tiene, 
¡ Naciones de la América latina ! 

Gloriosas levantaos. 
Reina de los ¡los istmos, que resuene 
Tu nombre la primera; tú que alarde 
Haciendo estás de agradecida y libre 
Invocando á Colombia. En la cobarde 

Guerra que el fanatismo 
Te declara feroz, antes que vibre 
Su rayo postrimero, marcha, boga, 

Y entre tus brazos á ese monstruo ahoga. 

Menos brillante, pero más severa 

El justo medio y la equidad buscando, 

Hija del Aconcagua, tu bandera 

Se divisa á lo lejos. 
¡Contraste singular! Chile llevando, 
Sintiendo por sus venas el torrente 
De la araucana sangre, el paso mide, 
¡\1 archa á la libertad, cauta, prudente, 

Colombia de la raza 
Del pacífico Chibcha, se decide 
Entre tormentas á fundar su nombre 

Y á resellar la libertad del hombre. 

En la antigua región del opulento 
Imperio de los Incas, dos hermanas, 
En opuestas orillas, el contento 

Y la esperanza infunden. 
Sonrisas del Rimac son las peruanas 
Historias que el Pacífico sepulta : 
Alegrías del Plata son las artes 
Que por Atlante de la Europa culta 
, Hasta las pampas llegan. 

Fieles al porvenir, sus estandartes 



Divisa en el Callao el junco chino 

Y en Buenos Aires el bajel latino. 

Noá la cita triunfal de esa existencia 
Nuevay bendita, fallará ninguna 
De las naciones cuya triste herencia 

I'.s hoy la generosa 
Sangre vertida en posdc la fortuna 
De un bien, hasta el presente, ¡niaginario : 
En ese dia de justicia y orden. 
La América del Sur será un santuario 

Donde estarán los pueblos 
Sin miedo á que en venganzas se desborden, 
Pidicndoá Dios que al porvenir redunde 
En equidad yamor el mal que se hunde. 

Y cl Ecuador, espléndida floresta 
Donde la luz su púrpura derrama 

Y el soplo ardiente á sus volcanes presta : 

Y la dulce ]5oliv¡a, 
Perdida en su desierto de yXlacama 
Bajo cl Soracta excelso ; y la que supo 
Lavar en regia sangre cl negro crimen 
De lesa libertad; y el bello grupo 

De naciones que azota 
El golfo mejicano, cuántas gimen 
En esta lucha que abortó el infierno, 
Su corona tendrán, su lauro eterno. 

Y en este triunfo, en tan solemne dia 
De Dios bajo las sacras bendiciones, 
Tú la desventurada patria mia. 

Serás también dichosa. 
¡ Ai ! en mejores tiempos, las naciones, 
Los pueblos todos el lugar primero 
Te daban en América. ; Quién pudo 
Hacer del ciudadano el aparcero 

Banderizo implacable? 
Lo pudo la ambición, fetiche rudo 
Que sangre y duelos á su culto asocia 

Y nos iguala al negro de Hotentocia. 

¡ Mas no imiiorta! ¡ adelante! eii negro abismo 
Se hundirá la ignorancia. Nunca es tarde 
Si con la audaz virtud de su heroísmo 

Ouieic- sal\-arse un puebhj. 
¡ Progreso uni\'ersal, que Dios te guarde ! 
Llega y difunde en nuestra inmensa zona 
De la sedienta humanidad la vida, 
El espíritu eterno que eslabona 

Los siglos á los siglos .... 
Mañana, cuando Dios cuenta nos pida. 
El sudor del trabajo en nuestra frente 
Borrará de Caín la marca ardiente. 



04 



POESÍAS FILOSÓFICAS. 



LA MUERTE ES LA AURORA DE UN ETERNO DÍA. 



Del dolor combatida 
Cual nave que zozobra en la tormenta, 
Así la frágil vida ! 

Valor, pobre alma mia, alienta! alienta! 
Hasta rendir el áspero camino 
Firme en la santidad de tu destino. 

Llorando del presente, 
¿Quién podrá consolarte, si, ya esquiva. 
Tornas de luego ardiente ' 
A desear la hora fugitiva. 
El instante que oculta el tiempo airado 
Y lo llamas feliz por ser pasado ? 

La dicha paso á paso 
Es para tí la adoración tardía 
De la vida en su ocaso, 
De cuanto va extinguiéndose, alma mia; 
Adoración de lágrim.as, historia 
De algún recuerdo convertido en gloria. 

De algún recuerdo! Alfombra 
De estrellas todos para tí son ellos. 
Por más que en|:re la sombra 
El tiempo apague, oculte los destellos 
De lo que fué una vez gloria, demencia. 
Amor, vida, orfandad, hombre, conciencia. 

Así con paso incierto 
De su encalatado Edén se 
Camino del desierto, 
El desterrado del amur, llorando 
Sus recuerdos, más dulces yciueridos, 
^Mientras más imposibles y perdidos. 

No vedará tu anhelo, 
Tobre alma mia, para siempre quiso 
Sus ventui-asel cielo : 
Otra gloria, más noble paraíso. 



iba alejando, 



Te reserva en su eterno santuario. 
Benditos en la sangre del calvario. 

De la ruda materia 
Que te aprisiona aquí, jamaste oprima 
T^a profunda miseria : 
Tu estirpe por eterna te sublima 
Sobre el mundo y la luz y la cspei-;i,iix,a 
Aún más allá de lo que el mundo alcanza. 

Alienta, pues, resiste .... 
Cuando la ijnuerte rompa esa envoltura 
Tan miserable y triste, 
¡Oh maravilla ysin igual ventura! 
La muerte será un bien, pobre alma mia, 
Y aurora para tí de eterno dia. 

Que eso bajo la inerte 
Arcilla de la tierra vive csci-ito 
¡Oh, misteriosa muerte I 
Ante el santo esplendor de lo infinito 
Se extiende tu horizonte, ese mañana, 
Eterno bien de la cor.ciencia humana. 

Venid á mí, serenas 
Dulces visiones del amor di\in(j ; 
I'ragrantes azucenas 
En los ocultos huertos del camino ; 
De la tierra infeliz, ^•íl•gcnes santas, 
Libradme ahora ele am;u-guras tantas. 

Que e.n vuestra fe apacible 
Habré de hallai' el sumo bien que anhelo : 
La virtud I imposible 
]-'arael mundo tal \-ez, no y/Ai-.i el cielo 
Tras cuya luz su espirilLi se laii/.a. 
Buscando á Dios en pus de su cspeíaiiza. 

14 de Julio de iS/J. 



ODA. 

A la Libertad, 



V.!-A- rii) tic -nn;;ro i;(.'ncro.-^a 
>íü correrá infceumlo, 

(Jiicú su r¡f!;o feni/, croco, frondosa 
La libtrliid ild mundo. 

.iÍEÜlBEliTU CÍAllCÍA DE (lUEVEDO. 

C)UÉ estruendo? Qué rumor? ¿Quién así canta, 

En su entusiasmo ardiente. 

Con esa voz que horrísono levanta 

Impetuoso torrente? 

¿Quién altivo quebranta 

De la patria impasible, 

El que ha tiempo le embarga, sueño horrible ? 

No es el clamor tremendo de la guerra 

A cuyo soplo infando 

Tiembla en sus ejes la espantada tierra, 



Ni el trueno retumbando 

Que en la nube se encierra. 

Ni el eco palpitante 

Del marque choca en el peñón jigante : 

Ni el acento de cólera iracundo 

Que el crimen alza fuerte 

Magnífica esa voz rompe el profundo 

.Silencio de la muerte,' 

Y vuela por el mundo 

Orgullosa y sublime. 

Inmortal como el hombre á ciuieii redime. 

Tal suena el poderoso iiiclito acento. 

Que doquiera se escucha. 

Es de la libertad. — El hombre atento. 



(• 



PCHSÍAS FILOSÓFICAS. 



35 



Que en fi-;itricida lucha 
Vibra el puilal s;in;^-ricii!.i), 
] ,L' aiToja, avei'goiizatlo, 
V se encuentra ante Dios arroi. 



lado. 



IJbertad, libertad ¡grande esperanx.a, 

Sol de la patria mia, 

'l'ras cuya lu7. ardiente se abal.'inz.a 

1.a humanidad sombría; 

l'eli/. el que te alcanza, 

\' cual )'o te saluda ; 

Aini lleno el pobre cora/.on de duda, 

Conquista de los sicjlos, soberano 

Y sumo bien del hombre, 

Verdad velada en mistei-ioso arcano, 

Puro y divino nombre. 

Que al protervo tirano 

l'lspanta bajo el siilio 

Al pié mismo del viejo capitolio ; 

¡ Sal\-e en la tierra de los libres! Llcc^a, 

Numen del Infinito, 

l'us alas de oro íatÍ!j;ado pliet^a 

ICn el altar bendito 

Uondc lát^rimas riega 

l'A pueblo, :i quien abona 

J.a ofensa misma que leal perdona. 

Sí, sí, que al corazón del pueblo espande 
El grito de victoria ; 

Y ora en Grecia, ya en Roma, al pié del Ande, 
Ceñido de su gloria, 

l'A pueblo siempre es grande. 

AI seguir su camino 

Nunca desmiente el pueblo su destino, 

VA siempre afronta al torvo despotismo ; 

Si oprimido, proclama. 

Lleno de fe, radiante de heroísmo, 

La libertad que inflama 

Su noble patriotismo : 

Si esclavo, antes prefiere 

Cual Leónidas morir y cual él muere. 

Así, en afán prolijo, batallando 

La humanidad se agita, 

l'aso á paso la tierra conquistando 

l'or el error maldita. 

La sangre derramando 



■■■Así van sus lejiones 
A través de los tiempos y naciones, 

Poco le falta ya, nueva y ardiente 

La contienda se trava, 

Y cual ola terrífica y mugMcnte 

La libertad soca\a 

Los tronos hondamente : 

Iluminado el caos 



Le irritará á los siervos : 



levantaos. 



Libertad, libertad, contigo sea 

!•:! Dios de las batallas. 

Que tu pendón espléndido se ve.-x 

Triunfante en las murallas 

Do el orgullo campea. 

Que puro siempre brille. 

Que nunca la discordia le amancille. 

Libertad, libertad, cuando mi boca 

balbuciente te aclama : 

No cual Bacante .sanguinaria )■ loca 

Frenética se inflama 

El alma que te invoca : 

No, tu luz bendecida 

Al hombre purifica, le da \ida. 

Ni del romano Hruto la venganza 

En mi pecho fermenta ; 

Que más digna, por Dios, es la esperanza 

Que el corazón alienta. 

Solo quiero la alianza, / 

Bajo tu .santo nombre. 

Del siervo y del Señor, de hombre con hombre. 

Libertad, libertad, cuando te nombra 

El labio, pienso ufano 

Que cruza altiva, en la estrellada alfombra, 

Del genio americano 

La jigantesca sombra. 

A veces me imagino 

Que guarda de la patria su destino. 

Oh ! que esta trova por la patria mia. 

Tras mi férvido anhelo. 

Repitan como ofrenda al cielo pía, 

Las cítaras del cielo ; 

Que pueda, en este día. 

Ver la negra discordia 

Vencida en el altar de la concordia. 



A LA LIBERTAD D£L VIEJO MUNDO, 

ODA. 



Rasga el diáfano velo 
Tachonado de estrellas rutilantes. 
Divina inspiración : baja del cielo, 

Y en verso armonioso 
Canta ;i los pueblos tic la mar distantes 
l*,\ libertad, el porvenir fecimdo 
i 'ue -Vmérica [irediceal Viejo .Mundo, 



^ He aquí la blanda lira 

De tanto fácil canto : tiembla ahora, 
Y ante la sacra inspiración suspira : 
Como si en este instante. 
Avergonzada de su voz canora. 
Perdiese su dulcísimo contento 

í Aspirando al laurel .^in fe ni aliento. 



% 



36 



Poesías filosóficas, 



Asia, cuna del hombre. 
Tierra de los prodijios ; y tú, ardiente 
África silenciosa ; y la del nombre 

De mar en mar llevado, 
Soberbia Europa : ¡ sus ! que ya se siente 
Lavo7.de vida. Alzad! Cómo! ¿no alcanza 
A ios pueblos antiguos la esperanza? 

Era el dia bendito 
De los grandes recuerdos. Celebraba 
Con una sola voz, un solo grito 

De admiración profunda 
Su independencia el pueblo ; y traspiraba 
La tierra vida y luz. El alma min 
A l^ios en el pasado bendecía. 

íbame caminando 
Por el Avila enhiesto. Aquella gloria 
Del Mtroc, aquellos triunfos, abrasando 

Estaban como el fuego 
■ Mi corazón. Llevaba en la memoria 
Los prodijios de América, hemisferio 
líonde la Libertad fundó su imperio. 

De pronto queda triste 
La risueña eminencia solitaria; 
A' se oscurece y de pavor se viste 

El domo diamantino : 
Zumba el trueno doquier, y á la incendiaria 
Pálida luz que al campesino asusta 
De Bolívar se ve la sombra augusta. 

Sobre los mil pedazos 
De la empinada roca, alta la noble 
Frente de un semidiós, rotos los lazos 

De lo eterno invisible. 
Allí de pié se levantaba inmoble 
El Titán de los libres. A lo lejos 
Todo era luz y espléndidos reflejos. 

Y más que ofrenda digna 
Al sacro Numen que en el cielo impera, 
Desde la verde cumbre á la benigna 

Ciudad llena de pueblo. 
Del castellano la marcial bandera 
Tendida se veia, como alfombra 
Que hollara al paso la gigante sombra. 

Y doquier los timbales 
Sonoros del soldado, y las torcidas 
Trompas de guerra, }• petos, y marciales 

Expléndidas preseas 
Esparcidos estaban : \- teñidas 
La yerba en sangre, lanzas y garzotas, 
Y las de esclavitud cadenas rotas. 

Y sonar parecía 

Del inmortal bajo la diestra en tanto 
El fulminante acero ; )■ su sombría 

Terrífica mirada, 
Al fijarse en el iris sacrosanto 
Que en otros tiempos la victoria salva. 
Quedó serena cual la luz del alba. 

Mas la gente del valle 
Que de entusiasmo rebosaba y leda. 
Iba por la ciudad de calle en calle 



Cantando himnos de triunfo, 
Muda de asombro al improviso queda, 

Y escucha el hondo acento del coloso. 
Libertador y padre glorioso. 

"Bien cuadra á heroicos pechos 
El entusiasmo y los recuerdos grandes: 
Débiles sois, mas salvan los estrechos 

Límites de las selvas 
Nuestras conquistas santas. Ni los Andes 
Son ya muralla al huracán ardiente 
Que lanzamos al Viejo Continente. 

"Ni lo será en su inmensa 
Extensión el océano, callando 
Ante ese pueblo que trabaja, piensa, 

Y estirpe de gigantes, 
Electriza á la tierra, proclamando 
Su libertad ; magnífico resorte 

Que sublima á la América del Norte. 

"La libertad nacida. 
Como el Cristo, sin pompa n.i esplendores, 
En desamparo y llanto : la oprimida 

Con los viejos imperios : 
La que de Grecia y Roma en los mejores 
Dias de su grandeza, fué ultrajada, 

Y en Cartago infeliz tenida e\i nad.i. 

"La libertad sublime 

Que ni soñara el Asia, ni la ruda 

África ignota: la que un dia gime 
I Ante Alejandro y César : 

¡La que no hallando un pueblo que le acuda 

En la Europa feudal, intentó en \ano 

Ampararse del mimen italiano. 

"La libertad que pudo 
Sacar á salvo la conciencia humana, 
Si las hordas del Norte, como escudo 

Con la enseña de Cristo, 
Menos bárbara fueran : la cristiana 
Moderna libertad llena de vida, 
A Francia fiel, mas siempre allí vencida. 

"Esa deidad que en sueños 
Vieron nobles espíritus, levanta 
En este instante mismo sus risueños 

Y modernos altares. 

¡ El mundo será libre ! sí, tu planta 
¡Oh Libertad! los tronos desmenuza, 
y hasta el cano Himaús silente cruza. 

"En la Europa que labra 
El duro hierro, abriendo ancho camino 
A naciones ilustres, su palabra 

La democracia anuncia ; 

Y en la Europa sin duda está el destino 
Del Viejo Continente, en cuyo. polo 

La libertad cristinna falta solo. 

"¿Qué importa el cesarismo 
Que hoi pesa sobre el galo, ni el alarde 
De esa estúpida fuerza, que un abismo 

Socaba ante los Reyes.-' 
Al sol de libertad veréis cómo arde 
La .sangre de la Europa; y Francia y Prnsia 
jSe alzarán, y Turquía, 'y Austria, >' Rusia. 



POESÍAS FILOSÓFICAS, 



37 



"Y veréis renaciendo 
Del siglo diez y seis con nuevas ya1as 
El espíritu audaz, no dividiendo 

Cual un tiempo á los hombres; 
Sino llevando en paz sobre sus alas 
Cuanto el ser pensador en su infinita 
Escala de progreso necesita. 

"Las naciones c|ue activas 
Aparejan en paz su débil nave, 

Y á la expansión del hombre, pre\'isi\-as 

Buscan el rumbo cierto : 
Helvecia, Holanda, Bélgica y la grave 
Opulenta Albion ; Espafia, Italia, 
Do libertad ha impreso su sandalia; 

" Benditas las primeras 
Serán, al himno universal }' en nombre 
Del Dios que en las magníficas esferas 

Su resplandor dilata: 

Y desde el Tibre al Indo podrá al hombre 
Unir su fe con su razón, de modo 

Que ser libre }' cristiano será todo. 

"¡Oh pueblos! ¡ Oh naciones 
Que el cielo me señala, y que diviso 
Al través délos tiempos! Gratos dones 

La sabia Providencia, 
Para hacer de la tierra un paraíso, 
Guarda en secretas urnas. La moderna 
Libertad que os anuncio será eterna. 

"Sí lo será, que lleva 
La humanidad su porvenir escrito. 
Sobre la impura ensangrentada gleba 

Que amasaba el esclavo. 
¡ La eterna libertad no será un mito ! 
¡ No lo será por Dios ; que en ancha copa 
Ha bebido sus lágrimas la Europa ! 

" Y lo que aquí nos falta, 
Ilustración, costumbres, ella tiene ; 

Y lo que aquí nos sobra y nos exalta. 

La vida, el sentimiento. 
Ella prudente á su razón lo aviene ; 

Y aunque se inclina, marcha y no se arredra, 

Y á los fines de Dios pone su piedra. 

" Y Dios su senda trilla, 
¡ Que mucho en su dolor ella ha chuñado ! 
¡ Oh nunca vista y rara maravilla ! 

Las artes y las ciencias. 
La industria y el comercio ; el genio honrado. 
La modesta virtud, la gloria el hecho : 
Todo el mundo al servicio de un derecho. 

"Del hombre la expansiva 
Actividad, doquiera descubriendo 
Los tesoros que ocultos guarda esqui\a 

La gran Naturaleza. 
El hombre, rey del mundo, sacudiendo 
El misterioso polvo de los siglos 
Engendradora lama de vestiglos. 

"¿Quién decir puede á dónde 
Se encumbrará el progreso, si )'a luego 
El Viejo Mundo á nuestra voz responde 



Regenerado y librv? 
Cuando su vida ptir la idea es fuego, 

Y la imprenta á ese fuego da salida, 
Con libertad ¿qué no será su vida.' 

"En medio á su opulencia 
Al emprender su marcha, en la conquista : 
Segura del derecho y la conciencia, 

Europa palpitante 
Llena de asombro extenderá la vista 
Sobre esos pueblos á la industria muertos, 

Y llevará su industria á los desiertos. 

"Y con su industria ufana 
Montes descuajará, pondrá ric/cs ; 

Y en su vagan, moderna caravana. 

Bajo la extraña zona 
De una aurora boreal, pedirá pieles 
AI hijo de Siberia : pobre esclavo. 
Víctima allí del despotismo eslavo .... 

"Y el Asia soñolienta. 
Presa infeliz del despotismo turco. 
Bebiendo el nuevo espíritu que alienta 

Al mundo, estremecida 
Con el delirio del progreso, un surco 
Abrirá, la primera, en honda calma: 
Cifra de que abre al porvenir su alma. 

"Y apretados de espigas 
Sus montes )' desiertos, las distantes 
Naciones, siempre en la paz amigas, 

Bendecirán á Europa ; 

Y la mirra, y el oro y los djamantes. 
Cuanto deslumbrador el Asia encierra. 
Llevando irá el comercio por la tierra. 

"Y no será ilusorio 
El progreso feliz de mil ciudades 
Que brotará el desierto : ellas emporio 

Serán de las riqueza 
Oculta en las perdidas soledades 
Del codiciado oriente ; y serán ellas 
Astros llenos de luz, grupos de estrellas. 

"Entonces esa raza 
De la tez amarilla, cuyo centro 
De indu.stria guarda el chino, que rechaza 

El contacto del mundo. 
Libre de su estupor saldrá al encuentro 
De otras instituciones más activas. 
Más sabias en su esencia y progresivas. ■ 

"Los liijos de la Nubia 
De negra piel, entonces enlazados 
A los del Rin de cabellera rubia 

Por el sensible alambre 
Que realiza los sueños encantados. 
Avisarán, desde su hogar tranquilo, 
Cuándo es que sube y cuándo baja el Nilo, 

"Y la cimera de humo 
Del tren, en cuya entraña el fuego brama, 
Divisará el beduino, no en el sumo 

Fatalista abandono. 
Sino invocando á la estruendosa Fama 

Y al progreso feliz, con fe de sobra ; 
VA poniendo á su vez mano á la obra. 



POESÍAS FILOSÓFICAS. 



''Y el hijo del Sahara 
Que hoy ve la empresa realizar de! itsmo, 
Que allí también Sesóstris realizara 

Dará cita á la tierra ; 

Y á la voz retronante del abismo 
En el desierto surgirá de pronto 
Otro abismo, otro Océano, otro Ponto, 

"Y en todo clima )' todo 
Pueblo se extenderá, símbolo eterno, 
La divina República; de modo 

Que las distintas razas 
No tendrán otra ley ni otro gobierno. 
Que la igualdad del hombre soberano. 
Como impera en el Mundo Americano. 

"Entonces, solo entonces 
El misterioso abrazo de la tierra 
Será verdad. Los mármoles y bronces 

Guardarán esa historia 
Que hará imposible la espantable guerra 

Y el olvido ele Dios, en cuyo nombre 
Manda la ley y se respeta al hombre. 

"¡ Oh misterioso dia ! 
Victoria sin igual del Viejo Mundo, 
¡ Llega feliz ! J^a Libertad te guía, 

I, a humanidad te espera. 



I Te implora la justicia; y al profundo 
Rumor cjue hace en América la Fama, 
Mi patria ¡ oh santo dia ! te proclama." 

Tal esclamó el divino 
Padre Libertador : los horizontes 
Retiemblan á su voz ; el purpurino 

Color de los espacios 
Brilla en el alto mar, brilla en los montes 
Y envuelto en esa atmósfera de fuego 
El Padre, el Limortal se oculta luego. 



Mas calla, y tu armonía 
Grave suspende ¡ oh lira! Cuando tanto 
Silencioso dolor la gente mia 

.Sufre en la triste patria. 
Aun masque ella infeliz. ...¿cpiién tendrá un canto 
En que la inspiración brille y la idea, 
Y heraldo de fortuna \' gloria sea? 

i Vuelve, pues, á tu oscura 

I Apacible existencia. Que mi audacia 
j Ninguno ¡ oh lira! cuente. En la amargura 
i De mi afanosa vida 

i Fuera á mi corazón mayor desgracia, 
Sialh'i mi gente en el palmar nati\'0 
Y Pensase que en la ausencia alegre \ivo. 



ODA. 



ÁLZATE en tu grandeza soberana, 
j Oh pensamiento mío ! 
V^ en el rayo de púrpura y de grana 
Que colora la nube 

Y purifica el temporal sombrío. 

Vuela de mundo en mundo, sube ! sube ! 

Y un canto digno de mi noble anhelo 
Arranca de las cítaras del cielo. 

De más antiguas palmas á la sombra 
Trofeos inmortales 

Otros pueblos tendrán — Pero ; quién nombra 
Al sol que eterno gira. 
Que no vea á su luz nuestros anales, 
Eíi altas cifras que la gloria admira. 
Grabados en los Andes giganteos. 
En vez de aquellas palmas y trofeos? 

La patria! Sí! La patria que su gleba, 
Con sangre humedecida, 
V^ació en el molde de la idea nueva 
Queriendo en su venganza 
Un coloso formar lleno de vida. 
La patria que cual Dios tal gloria alcanza. 
No habrá temor de que nación alguna 
Le aventaje en valor, gloria, fortuna. 

Dejad, pues, que mi ])atrio sentimiento 
Respire el infinito. 

Que lo respire el ;dto pensamiento, , , . 
Ailalid idorioso, 



f .Salve! Ya estás aquí sobre el granito 
I De inmoble pedestal. — Es el Coloso 
Que aún lucha y triunfa en la nativa tierra 
Y hoy aparece en su corcel de guerra. 

¡ Paso al Libertador ! ¡ Calle el bullentc 
Océano profundo ! 

¡Silencio áese fragor de gente en gente! 
Cuando el Eterno espan.de 
En un hombre su gloria ¡Calle el mundo! 
! Y abra su.abismo el mar y baje el Ande ! 
¡ Paso al Libertador que el tiempo escuda 
V á este pueblo inmortal, feliz saluda ! 

I Pero ¿es verdad lo que en su ardor concibe 

I El numen que me alienta? 

! Si, Que no muere el sol! Bolívar \ive I 

i Y á la patria no importa 
Aquella voz que en Santa Marta cuenta 
Un dia funeral. La tierr.a absorta 
Alza su nombre al ruido de la {^"ama, 
E inmortal en el mundo lo proclama. 



Lo mismo grande cuando al fin su diostra 
A Colombia levanta. 
Que en el horror de ingratitud siniestra. 
Radiante de heroísmo 

Crea y asombra, ;d enemigo espanta 

Le asaltó la calumnia y fué lo mismo. 

I'urificc') la patria en el incienso 

Del amor y la glnija. El era imnenso, 



poesías filosóficas. 



39 



I3ajo esta zoila perennal c|uc vierte 
Calor, luz, armonía. 

Ni de titán ni de héruc en armas fuerte 
Se viera en la desgraeia 
Tan varonil espíritu. Tenia ■ 
F.n su genio tal fe, tal en su audacia, 
(.jue abrazado á la esfinge del destino 
Siempre saK'ó ;í la patria en su camino. 

Predestinado ;i transformai' naciones 
.Stjbi-e medio planeta, 
Y de una raza triste en tradiciones 
Formar pueblos hermanos. 
Él es soldado, ley, luz y profeta. 
Uel porvenir mostrando sus arcanos : 
Rs más aún de nuestra gloria en nombre. 
El es aquí Libertador del hombre. 



Colombia era un milagro, más concita 
VA lier\()roso enojo 
iJe la contraria gente. Necesita 
Milagros de heroísmo. 
J-5olfvar los tendrá ! Nunca el arj'ojo 
Unido al genio, tan profundo abismo 
yXbrió jamás á su enemigo. Aún zumba 
En Carabobo el eco de una tumba. 

l'-sa tumba en la i)atria es la postrera 
Memoria en tanta hazafia. 
De bravura á bravura, una bandera. 
Pasmo de las naciones. 
Bolívar abatió ; fué la de Espaíia. 
iMitrc el cóndor del Ande }' los leones, 
J<"alla el derecho en contra de Castilla, 
'Friunfante el iris de Colombia brilla. 



(.^ué tiempos! Qué adalides 
]Je sangre. Venezuela 
ConteiThpla las silentes gemonías 
De los campos natales. 
Bajo la noche solitaria vuela 
1^1 ángel del dolor — Bóves, Monde 
Kn " La Puerta" 
Triunfan al grito 



Son 



dias 



y " Lírica 

de lai/uerra á muerte 



F>sa c;imi)al victoria es la corona 
De nuestra independencia, 
l^rcludia la de Quito; afianza, abona 
La de nueva Granada. 
Enaltece á Colombia en la conciencia 
De la Europa, ven fin, graba en la espada 
oh triste suerte 1 1 Del triunfador la cifra, C|ue convierte 
i luz en sombras y la vida en muerte. 



Muda de horror la tieii'a. . . .allí se sacia 

La Némesis sangrienta 

i'ero la patria audaz en su desgracia 

Calla, recoje activas 

Sus fuerzas de amazona: \j\'c, alienta ... . 

Y ve caer á Villapol \- á Rivas, 

Y á Sanz y á Campo Elias. . . .Todo es dué'lo ! 
Hasta Ricaurte que se cle\-a a! ciclo! 

¡Oh, tú. Genio feliz de ojos serenos! 
Numen de la esperanza, 
'Fras la horrible hecatombe de los buenos 

Ibas llorando triste 

¿Quién ¡)enetra en la sombra, (.|uién alcanza 
F.l porvenir, la salvación? — Resiste, 
(jen.io apacible, la tremente ola, 
]3olivar sale ya de la Española. 



lace ]jropicia 
la injusticia 



En vano con su genio I 
A la instable fortuna 
En Bombona y Junin. Si 
No irgue allí su cabeza, 

Y calla en Guayaquil, Lima \- la cuna 
Del peruviano sol : tanta grandeza 
Pasa en deslumbrador sueño ydcliric> 

Y se hunde al cabo en funeral martirio 



¡Cómo enmudeces. Musa!- 
Con Glorias encadena? 



Quién pesares 



Y¿á qué tampoco flébiles cantarcí, 
Cuando feliz se encumbra 
Honrada la República, \- resuena 
Libre su voz \- su esplendor dcslumbra? 
Musa, desplega el ala, rauda avanza. 
Tu voz es hoy la voz de la esperanza. 



Y rumbo de los Cayos hace luego 
A la Esparta marina, 
Y arroja en Ocumare, como el fuego 
Del Pichincha nevado, 
Un grupo de valientes. Habla, y mina 
La ibérica fortuna. Ve, inspirado. 
Desde Apure los ;Vndes. . . -I-'asa. . . -Nombr 
A Boyacá!. . . .y llegando triunfa, asombra! 



De laespei'anza, si, que en vano alienta 
i De imi^roviso sañuda 
I La estúpida ambición. La patria cuenta 
] Abismar esc ulti'aje 

' Hoi lo mismo que ayer. Su gloria escuda 
i El Ínclito Guzman, columna y gaje 
a De nuestro inmenso porvenir, que encierra 
; Sola una maldición — la de la guerra. 



La libertad del Vireinato acendra 
Su concepción gigante. 
i',1, como Jove, en su cabeza engendra 
Una bélica diosa. 

De la olímpica mente del Tonante 
Minerva salió armada. La pasmosa 
Colombia, sol del genio, de re]:)ente 
También apareció resplandeciente. 



i No )"a con el en desamparo gimcH 

I Los pueblos. Su firmeza 

I Pone á raya la fuerza, aterra al crimen, 

i Reprime la anarc[uía. 

' Su genio nuestra pública riqueza 

j I,cvanta, y da instrucción al pueblo, y guia 

I El carro del progreso, mientras vela 

■f Por el nombre y la paz de Venezuela. 



\ 



40 



poesías filosóficas, 



Eso es Guzmaii á quien el pueblo aclama 
Y el Nuevo Mundo admira. 
Eso es Guzman que sÍL^ue de fu fama, 
¡Oh, Bolívar! las huellas. 



' Bien puede el ritmo de la dulce lira 
Enlazar con la luz de las estrellas 
Dos héroes, dos grandezas, dos memorias, 
Dos cifras inmortales y dos glorias. 



A LA PAZ. 



UN canto ! Un himno. Musa mia ! Calma 
Este profundo duelo 

Que en zozobra inmortal siente mi alma. 
A la dulce alegría 
Abre tu corazón, propicio el cielo 
Luce sobre la patria 
El sol de la esperanza. ¡ (^h. Musa mia 1 
Un héroe cerró el templo de la guerra, 
'Canta esa gloria en nuestra hermosa tierra. 

¡ Sobre la tierra de la luz la gloria 
JDe esta paz deseada ! 
¡ Oh timbrcjsin igual de nuestra historia ! 
¡ Oh patria, Venezuela, 
Tuyo es el porvenir, estás vengada ! 
No ya del insensato 

Que en su ambición á la discordia apela 
Hayas temor; camina en paz, camina. 
El pueblo odia la sangre, la abomina. 

De hoy más aquella ensangrentada ruta 
Por donde audaz corría 
A escalar el poder la fuerza bruta ; 
De ho)' más luchas de hermanos, 
Antigua y degradante tiranía, 
Te inspirarán asombro. 
Jove arrojaba 'un tiempo de sus manos 
El rayo y retemblaban los gigantes, 
Y el pueblo es dios de pasos fulminantes. 



Cifra de su poder, sobre las almas 
De generoso aliento. 
Es la oliva de paz, son esas palmas 
Que en tu postrer tristeza 
Han cegado el abismo turbulento 
De la impía discordia. 
I'udo triunfar el hé-roe. Su grandeza 
Canrino halló mejor al patriotismo: 
Perdonar y cegar aquel abismo. 

Bendito bien el de la jiaz, bendito 
Ouien purifica al hombre 
Levantando inmortal sobre el granito 
Un templo á la esperanza, 
Sol de la humanidad. ¡ Cuánto renombre 
Bajo el cielo de América 
7\1 héroe vencedor feliz alcanza ! 
La ingratitud, la cólera, el infierno 
Van á morir sobre ese altar eterno. 

Himno del corazón ! Haz que recobre 
La ya perdida calma 
Allá en los campos el hogar del pobre. 
El es siempre el que llora, 

Porque es siempre el que sufre-Himno del alma. 
En medio de sus hijos 
Las nuevas de la paz murmura ahora. 
¿ Qué gloria habrá mayor al héroe en tanto ? 
¡ Ver en sonrisas convertirse el llanto ! 



¿ CUAL SERA EL PORVENIR DE LA AMERICA ? 



Santo amor de la patria, noble acento 
Del pueblo que eterniza sus anales ; 
Poderoso y sublime sentimianto 
Que engendras las acciones inmortales ; 
Tú que eterno palpitas 
En el alma del hombre, tú que escritas 
Sobre el azul del alto firmamento 
Tienes en letras de oro 
La vida de los héroes ; 
Santo amor de la patria. 
Dame el ritmo sonoro 
De la fama y la gloria, dame aliento 
Para cantar con estro soberano 
El porvenir del mundo americano. 

El hijo ardiente de tu rica Zona, 
Oh, patria, Venezuela, ^ 



'Por tí aspira del triunfo á la corona, 

La quiere para tí, por tílaanhela. 

Así el hombre á la tierra se eslabona. 

Así mientras en vivos resplandores 

El dorso de esmeralda . 

Del A\'ila se inunda. 

El fresco arbusto de risueñas flores ■ 

Sobre la frente andina 

Enlaza una guirnalda á otra guirnalda 

Como votiva ofrenda campesina. 
Oh, América feliz, no á los suspiros 

De alboradas y blandas ilusiones 

Hoy el arpa resuena. 

¿Qué serán tus naciones, 

Collar de filigranas y zafiros, 
i Tras esa aspiración del bien avara 
í Que lanza al pueblo á la sangrienta arena 



POESÍAS FILOSÓFICAS. 



41 



Ganandd caiii|j(i un sus tortuosos ijiros 

Hasta llcfíar á la (iiial escena 

Que sitólo ¡isig'lo el porxx-iiii'pi'epara ? 

Cuando el pueblo se atropa 
Sin númenes ni templo 

Y en su rabia terrífica )• soml^ría 
Pugna por derrumbar all;í en Europa 
i-'amilia, instituciones! ; 

A tí vuelvo los ojos, patria mia, 

Y mientras más gloriosa te contemplo 
Más de terror me embarga aquel ejemplo. 

No! no, por Dios! Ante el futuro, arcano 
De armoniosas leyes: 
En marcha ya siguiendo tu camino, 
¿ Qué á tí con el destino 
implacable, tirano 

Que hace temblar el trono de los reyes ? 
¿ Qué te importa tampoco si columbras 
Distante aún, distante, en triste calma, 
El sol y los inmensos liorizontes. 
Si, águila tú, te encumbras, 

Y en gigantesco vuelo 

Con la fe que trasciende de tu alma 

.Tienes valor para escalar el cielo? 

¿Quién eclipsa tu gloria ? ¿No responde 

Al progreso bendito ? "^ 

Adelante! Adelante! 

El mundo accidental sobre el granito 

Ha grabado su símbolo. Pujante 

Al fin tu libertad de este hemisferio 

Cimentará el imperio 

De la eterna justicia. 

Cuando en la vieja Europa se desborden 

Tantas iras y torvas amenazas. 

Inmoble, antemural la ley y el orden 

De América serán á la codicia 

De las furiosas turbas. Ancho campo 

Tendrán aquí las razas 

Para olvidar tradicionales odios 

Y estirpar su presente antagonismo ; 
Para vivir de amor y ser custodios. 
En nombre de la ciencia. 

Del santuario inmortal del patriotismo. 
La América sei'á la rica herencia 
Del progreso y la historia, 

Y el gran Jurado en cuyas libres manos , 
Pondrá Dios bajo el sol de la conciencia. 
Como el signo más grande de su gloria, 
Los destinos humanos.' 



Oh, patria de los anchos continentes. 
Palacios de la luz ; para esa cita 
De las extraídas y lejanas gentes. 
Tal haz de ser feliz, que será poco 
Cuanto presiento, cuanto grande evoco. 
El mundo se transforma y Dios se agita 
Én medio de los pueblos -¿Quién limita 
JJe tu éncumbracío espíritu la fuerza? 
El poblará las seh'as de Orinoco 
De opulentas ciuclades, 



I Al martillo del ciclo])e, los rieles 
Tender:í por las mudas soledades. 
l.e pedirá al comercio su« i)ajeles 
Que irán hasta los mares de l;i ;uu-ora, 

Y en triunfo ya, vencidos 

Los misteriosos lindes del desierto, 
Escuchará silvando hora por hora 
Con rumbo al polo, cual segui'o inurli), 
A la febril, audaz locomotora. 

Desde el temible golfo que interruni|)r 
El profundo sosiego 
Del blando mar caribe, 
Hasta el gigante patagón c\ur acamp:( 
En la tierra del fuego; 
Al solemne rumor de cuanto vi\'e 
Sobre el volcan, en la extenrlida ]jampa. 
De tu sol á la lumbi'e. 

De un mar hacia otro mar, de cumbre a curnhrc 
Despertarás, oh Patria : al embeleso 
Del dios universal, del dios progreso. 

Todo espera á ese numen 
En los fragrantés bosques de canelos, 
Por colinas y alegres valladares ; 
Al murmurio de ríos y arroyuelos"* 
De frescas flores y arenillas de oro ; 
Sobre la hirviente comba de los míires 
Que arrojan á la orilla su tesoi-o 
De perlas y de múrice, entre espumas, 
Diademas de jaznn'n, randasde plumas. 

En esta dulce creación que aduna 
La púrpura y las sombras, )• aproxima 
En contraste inmortal de formas bellas, 
Al lago azul los rayos de la luna 

Y la luz del volcan á las estrellas. 
Todo espera ese numen, murmuranflo. 
Como oración del alma reverente. 

El himno de la patria floreciente. 

¡ Cuánta felicidad ! ¡ cuánta riqueza 
En frutos y tesoros, ciencias }• artes ! 
¡Y qué culto de amor }■ de pureza 
A la virtud divina. 
Como mérito y timbre y sol \- alteza 
Dé la raza latina ! 

No es ilusion-L'n pueblo que cl abismo 
De su miseria con heroico pecho 

Y constancia viril, ciega, y proclama 
Que es libre y grande, en alas de la fama; 
Ese pueblo en la infausta y cruel fortuna 
Tendrá el valor, la fuerza en su derecho 
Para cumplir audaz consigo mismo 

En el tiempo, en la gloria, en todo cuanto 
Se irgue en la \'oluntad, que puede tanlo. 

Y qué ? ¿ carece acaso 
De maestro ese pueblo que le exhorte 
En noble ejemplo }• liberal anhelo? 
Brilla á su laclo la nación model<"i 
Y Que se abre al mundo paso 



\ 



42 



POESÍAS FILOSÓFICAS 



En las nieblas del norte. 

Como el antiguo quipo 

Del opulento y dulce peruviano, 

Ella encierra un secreto-el hondo arcano 

Que, á falta de otro nombre, 

Felicidad tranquila llama el hombre. 

Su libérrimo pueblo será el tipo 

Que han de seguir un dia las naciones 

Del mundo americano : 

Grandes federaciones 

Formarán por doquiera, 

Gravitando el hermano hacia el liermano 

Y uniendo una bandera á otra bandera. 

¿ Qué faltará á tu gloria? Nuevo Anteo 
La ardiente libertad deque blasonas 
Se apoyará en la tierra, 

Y en nueva maravilla 
Ofrecerá á los pueblos por trofeo 
Destrozadas cadenas y coronas 
Bajo el fragor allá del Amazonas, 

Acá en las playas de la hermosa Antilla. 

Tal ; oh ! patria te admira el numen mió : 



aY eso será la vida que ho; demandas 
' En angustia de amor al cielo pío, . . 
A contemplar tu gloria, del miibrío 
Silencio de la muerte, venerandas 
ínclitas sombras se alzarán de guerra; 

Y en cuanto el Sol, amarite 
De estas regiones, quiso 
Convertir en. risueño paraíso, 

Y en cuanto el cielo americano encierra, 
"Bolívar" y "Colon" irá tronante 
Clamando del Pacífico al Atlante ; 

Y en mármoles y' en bronces 
"Bolívar" y "Colon" grabará luego 
El arte patrio con cincel de. fuego. 
A ese estruendo profundo 

Su voz unirá entonces 

El genio misterioso de los Andes, 

'■'■Paz y progreso y libirlad" clamando ; 

Y las serenas sombras descansando, 
Tras los sueños divinos 

De su esfuerzo fecundo, 
Contemplarán sellados nuestros graneles 
Magníficos destinos 
"Al espléndido sol del NiK\'o -Mi.XDo. 



ANDRÉS BELLO. 



¡ OH tú la soñadora 
De solitario vuelo, 
Reina de los espacios, alma mia ; 
Tú que al nacer la aurora, 
En las sonantes cítaras del ciclo 
Oyes aquella espléndida armonía 
Que en misterios profundos, 
Concierta noche y dia 
La marcha de los mundos ; 
Tú que risueña sabes, 
Ceñida de gloriosos resplandores, 
Lo que 6n trinos de amor cantan las aves. 
Lo que al céfiro audaz dicen las flores ; 
Alma mia feliz, tu voz levanta, 
Inspira al numen de entusiasmo lleno. 
Que hoy de la patria canta 
A un insigne varón, mientras por bueno 
Lo aplaude el hombre, la virtud lo abona. 
Minerva le corona 

Y la América graba en sus anales 
De un poeta los cantos inmoitales. 

Rasga el genio anhelante 
Del porvenir la sombra : 
Mirad á esc mancebo ¿quién le nombra? 
Desconocido empero, en la silente 
Noclie que le rodea, ;iudaz [iresiente 
Su triunfo: es la cóndor que irguc su cuello 

Y mira frente á frente 
La nube rutilante. 

Nacido al pié de las floridas lomas 
Por donde arrullan al primei' destello 



ADelGnaire las dulcísimas palomas, 
El se llama Andrés Bello : 
De cuerpo débil, y á la par acti\o, 
Grave carácter y modestia suma. 
El silencio le aplace, y pensativo 
Camina y solitario. 
Generosa con ella Providencia, 
Orillas del Anauco se decia, 
Que de ofrendas su pecho era un santuario 

Y mares de esplendor su inteligencia ; 

Y en verdad, parecía 
Acuerdo y signo de fortuna rara 

De Bello el entusiasmo por la ciencia, 
De Bello el numen y la mente clara. 

¡ Oh, tiempo misterioso que fatiga 
De una esfera á otra esfei'a 
A la instable fortuna ! 
No á vestir la loriga 
Nacido ese doncel, la patria espera 
Entrej mirtos de amor guardar su uíMiibre. 
Tal pensó Venezuela estremecid.i 
De libertad al grito sacrosantij : 

Y el joven Bello le consagra en t.uUíj 
Su fervorosa vida. 

Mirad ! feliz su corazón se espande ; 
El va de gente en gente. 
Como la fama de mirada ardiente. 
Publicando del Ande 
La libertad, la gloria; 
Diamantino buril es y\ en la grande 
■ \' poderosa Albion su débil ])hiina: 



POESÍAS FILOSÓFICAS. 



43 



('ad;i triunfo veloz, cada victoria 

Con que Colombia abruma 

Al castellano altivo, 

¿Sabéis porqué la iíurojni admira luego ? 

l'orque los taraba con cincel de fuego. 

Cuando triunfante al,>fin Roma su sello 
Tm]niso á las naciones,- oyó el Tibrc 
Cantar al cisne de Tibur di\-ino 
La paz universal. — Así Andrés Bello 
Al Nuevo mundo contemplando libre, 
Ciísnc de los torrentes, se levanta 

Y en libación de amor, otro camino 
A los ínclitos hijos de Colombia 
Vigorosos señala. ''¿Qué destino 

"Al héroe más sublime el bardo canta, 
"Qué unir :l tanto lauro y maravilla 
"Sobre el campo sangriento de la guerra 
"Otra mayor victoria sin mancilla, 
"La virtud del trabajo de la tierra ? " 

I'Lntónces fué que, ausente, 
!'".vocó los recuerdos encantados 
Uc sus ejidos y risueños prados, 
Las músicas i)ausadas y tañeres 
De nocturna alegría, 
Sus pastoriles danzas y placeres, 

Y el lejano mugir de los ganados 

Y el sol del cabañal y la alquería. 
Entonces al recuerdo de esas fiestas, 
Respirando de lucos y florestas, 
iM-agrancia de airecillos rumorosos, 
Cantó de inspiración trémula el alma, 
Los abundantes frutos deliciosos 

De esta zona feliz cjue en dulce calma 

"Para sus hijos la procera palma 

"Su \'ar¡o, feudo cria, 

"Y el ananás sazona su ambrosía, 

"Su blanco pan la yuca, 

"Sus rubias pomas la patata educa, 

"Y el algodón despliega al aura leve 

"Las rosas de oro y el vellón de nieve." 

¿Quién sabe en. los misterios de la vida, 
Si en la horrible nostalgia del ausente, 
¡\íás vuelo hubo la musa esclarecida 

Y mayor luz el alma inteligente ? 
Así cuando :;.e agitan 

Del mar caribe las cerúleas ondas 

Y entre hirviente fragor se precipitan, 
IVÍá.s irisadas las espumas blondas 
Cruzan, á modo de la nube leda. 

Con rojas fimbrias )" cendal de seda. 

Y ;'i la \ crdad, de l^ello el pensamiento 
Que múltiples ideas elabora. 
Semeja al Aconcagua 

l<\indiendo en el abismo de su fragua 
La materia metálica y sonora. 

V.n af|uella región crimo serpiente 
Tendida frente á frente 
De iliis gigantes ])ara siempre f\']o 
¡ OÍT Chile fortunado, ciueda el hijo 
i)c \'enezucla, la infelice patria! 

Y su hogares un templo 



Levantado al estudio y noble ejemplo 
De virtudes tranc|uilas.- -Su fecundo 
Ingenio abraza el mundo ; 

Y canta conmovido 

A la amorosa abandonada Dido 

Y á .su amante falaz el duro Eneas. 
Con el numen divino quclo absorbe 
Llena del esplendor de sus ideas 
La máquina del Orbe. 

¡ Qué multiplicidad ! Como pregona 
De la ciencia el poder! Cómo eslabona 
Los sistemas de mundos estelarlos, 
Con éste que el orgullo diviniza! 
Lo mismo relaciona 
Los astros con los astros, que armoniza 
Los pueblos con los pueblos, en los varios 
Caminos de las leyes 

Y bajo el yugo antiguo de los reyes. 
Filósofo, en sus cantos maravilla 
Las verdades que entraña : 
Galano evi los conceptos 

Depura de Castilla 

La rica lengua ; y dulce en sus afectos 

Si no maldice en su mesura al vicio 

Ala virtud se ofrece en sacrificio. 

El pensador y sabio abrió su pecho 

A los sueños divinos : 

Amó la libertad, y dio á los hombi-cs 

Universal derecho ; 

Y al señalar del mundo los destinos, 
Aunque di\'ersos nombres 
Tuviesen las naciones saberanas, 
Con una ley social las hizo hermanas. 
Como águila caudal que el aire hiende 
Tranquila y mesurada. 

La reflexión en Bello así se encumbra ; 

Mas lo que en él sorprende 

No es su profundidad, ni la atildada 

Palabra que deslumbra ; 

Lo que en Bello sorprende, lo que admira 

Es que cantando lo que siente ínspii-a, 

Y lo que escribe ardiente 

Es la verdad pensada en cuanto siente. 

Nunca vida más llena 
S'e vio de generosas bendiciones. 
Con la grave moral de sus lecciones 

Y la dulce palabra de sus labios. 
El vigoriza, atrae y encadena 

A dos generaciones 

De la brillante juventud chilena. 

¡ Hoy no existe el patriarca! ¿Ou.ien aviva 

De la justicia el fuego? Quién los sabios 
Consejos honra y sigue? Quién condena, 
O ya indignado acusa 
La fuerza, la conquista, el atropello 
En la patria adoctiva 
Del insigne Andrés Bello? 
¡ Oh, glacial egoísmo ! 
Retírate, alma mia, de esc abismo. 
¡ Silencio ! Calla, Musa, 
Ahoga tus pesares ; 
íOue cuando lleva el viento en nuestra" zona 



\ 



-Kl 



POESÍAS FILOSÓFICAS. 



Sonido de cantares, 

Y la América libre en paz pregona 
Ac|uel ingenio inmenso que se inspira 
En sus altas y múltiples virtudes, 

,; A qué memorias tristes 

Y hondas vicisitudes 
Despertar en. la lira ? 
¿Quién en amor convierte 

/\ la ambición que admira , 

F.l espantable troiTO de la muerte? I 

V tu la generosa, tú la austera, 
Firme en la convicción, digna en el culto 
De la ley sacrosanta, 
¡ Oh Colombia, le\'anía 
í.a tricolor magnifica bandera 
One jamas el insulto 
Toleró de los déspotas, ni el crimen 



■'• De lesa libertad ! . . . . Hija modelo 
Del Inmortal que aun lloran, por cjuien gimen 
Las sombras venerandas, 

Contigo sea el cielo 

Bien 'te cumple por justa 

Honrar siempre la idea^.en su infinito 

Y misterioso vuelo : 

Eu esa fiesta secular, augusta, 

La primera en tu liistoria, 

A! grabar de Añores Bbi,L(j eu el granito 

El popular americano nombre, 

Grabas tu propia gloria ; 

Que del bien nace el bien, numen del hombre. 

Divinidad que en su ascensión encierra 

De las naciones la feliz memoria 

Y el progreso inmutable de la tierra. 

Agosto 19 de 1 88 1. 



SILVA. 

A la raemofia del sabio y virtuoso ciudadano Dr. José María Vargas. 

( Li.'j'Ja en el Uanpleí üe Suu Francisco al pié del catiii'alco cu (.[iio fueron colocados los restos 
lie ^'iírgas, la noche del Í5 de Abril do ISI";'.) 



^;.V qué clamor ele duelo 

Xi lágrimas que amargan la existencia, 

Si en grave inspiración el alma mia 

("anta \' se eleva al cielo 

I )esde el recinto augusto de la ciencia.'' 

No el ti'émulo plañir de la clejía 

ride la patria historia, 

.Si eternos han de ser nuestros anales, 

Suene la lira con tañir de gloria 

Coronada de flores inmortales. 

Alma \iilud, \i\iente 

Resplandor del fecundo 

Espíritu de Dios; no tu simiente 

Se ])erdcr;i di\ ¡na 

Bajo el cielo feliz del Nuevo Mundo: 

Cuanto sale de Dins at|ui germina; 

Desde la chisp.i de oro cpre .se encierra 

lüi los ocultos senos de la tierra, 

Hastíi la iuimaira idea que ¡pregona 

1 ,a libcilail, la ciencia, el bien sublime ■ 

( >uc :i li'S pueblos redime 

rfii'(|ue al oi'tlcn nioi';d los eslabona. 

1 le ;u]ui, cijino serena ' 

Alboiada, que el sni en paz anuncia 

.\1 .angustiado corazón del hombre, 

Oue ; ph virtud santa! al pronunciar tu nonibn 

La ciencia patria, de entusiasmo llena. 

Otro también pronuncia: 

V'árgas ! el labio sonriente espira, 

Y el corazón aplaude, el alma admii'a. 

\^aron rico de dones 

Con genial dignidad siempre encubiertos, 



:, Gratos como fragrancia de los huertos, 
j Delicia de ¡os puros corazones. 

I Varón de alma encendida 

; AI fuego inextinguible que se encierra 

i En aciuel sacrificio de la vida, 

j Holocausto divino de la tierra. 

La heroica Venezuela 
En medio de sus luchas y prolijos 
Dolores, se ufanaba 
Con Vargas, el más docto de sus hijos ; 
Ella que sobre el y\nde tremolaba 
i El ardiente pendón de la victoria. 
Dicha ma3-or anhela : 
Quiere más digno altar, cjuiere otra gloria : 

Y alt;ir 3- gloria encuentra sin agravio 

; Sobre el ara de amor de una conciencia ; 
' En los timbres de Vargas como sabio 

Y en la noble virtud de su existencia. 

Por eso cuando un dia el patriotismo 
' Al solio de la gran Magistratura 
': Le lleva como prenda de civismo, 

El repúblico, el sabio á tal altura 
' Es siempre hombre de bien, es siempre el mismo. 
, , Qué digo ! Allí, no hay miedo que se pierda 
j Aquel sublime arranque de heroísmo 

Que la patria recuerda ; 

La fuerza le gritó con ceño adusto. 

" ¡ De los \-alIentes es el mundo ! " Y lleno 

El corazón de su deber bendito, 

Aquel varón augusto, 

Al destemplado grito 



f 



POESÍAS FILOSÓFICAS, 



45 



De la discordia, contestó sereno; 

— "De los valientes, no, mas sí del justo." 

¡ Oh, qué gran ciudadano ! 

¡ Qué riqueza de esjjíritu ! ¡(Jué inmenso 

Amor por e! saber y el bien luimano ! 

7\sí entre lirios ofrendar lie visto 

Juntos, en áurea y cincelada copa, 

La mirra y el incienso 

Sobre el divino altar de Jesucristo. 

¡ Ciencia y moralidad ! ¿Cuál (;tra ofrenda 

A la tierra y al cielo más propicia 

De nuestro porvenir? — Valiosa j^renda 

Ella fué para Europa 

l'-n la balanza fiel de la justicia: 

Oyendo á Vargas proclamar sus fueros, 

Ya no fuimos un pueblo de guerreros 

Que solo en criminal discordia vive 

Tinta las manos en la sangre inulta ; 

Con el saber profundo que él exhibe 

A difundir alcanza lo que anhela 

Y lo que alcanza, con su pluma escribe : 
Que á par de libre es culta 

Nuestra gloriosa madre Vene/Aiela. 

¡ Ciencia y moralidad ! Bajo este templo 

Mas firme cpie el granito. 

El era el sacerdote de la idea 

En alas de lo eterno y lo infinito. 

¿Que no puede un laudable y noble ejemplo? 

La juventud le admira, le rodea. 

Recoge su palabra y se deslumbra. 

Miel destila su labio 

En aquella enseñanza persuasiva 

Que la bondad del corazón activa 

Y mientras más se aprende más encanta, 

Y mientras más se escucha más encumbra 
El viril pensamiento — Guía sabio 

Que al débil hace fuerte, 

Penetrando lo mismo, 

De la ciencia á los vivos resplandores, 

En los misterios de la verde planta, 

Que en el confuso abismo 

De la materia inerte ; 



i Lo mismo en el secreto de las flores, 
Que en la sombra aterida, 
Que en el eterno arcano de la muerte, 
Que en las hondas tristezas de la vida, 
(ruía sabio t[ue lleva, 
Moralista y cristiano. 
La antorcha de la ciencia en una mano 

Y en la otra el amor por buena nueva-. 

Tal fué tle Vargas la misión que un dia 

]^e ti"izó providente 

lí\ numen de la gloria; él lo sabia, 

Y su fama llev() de gente en gente. 

¡ No existe )'a el anciano I 
Muí lejos de nosotros, peregrino 
Resignado, inclinó la mustia frente; 
Pero vive la patria y su destino 
Regenerada cumple. ¡ Oh tú, felice 
Hijo de la fortuna, 
Americano- Ilustre, american(j 
Que nuestro amor, que ardieiue te bendice 

Y en la gloria que aduna 

Este momento de la patria historia 

Con nuestro grande ¡porvenir de gloria. 

¿ h'ueron jamás propicios 

Cual hoi en Venezuela k)s auspicios? 

¡ Paso á esos mudos venerables restos ! 

Sin sangre, sin funestos 

Gritos de gemebundos sacrificios 

Marchan al Panteón en alto triunfo. 

La paz que el héroe levantó á su fama 

Y un digno y noble sucesor sustenta. 
La paz que el pueblo ama, 

A Vargas muerto en su esplendor reclama 

Y entre palmas al mundo lo presenta. 

¡ Paso á esos restos ! En las anchas zonas 
Do gravita la mole de los Andes, 
Tendrá culto de afecto aquel sencillo 

Y virtuoso varón ; tendrá coronas 
Su funeral lucillo, 

Y el sabio será grande entre los grandes, 
Descansando á la luz del nuevo dia 

" Entre los héroes de la patria mia. 



SUYA. 

A "Él Poder de la Idea." 

Escrita para el Certáuicii Literario del ■¿8 de OeLubre de iti'i'j 



YO quiero dar mi pensamiento a! mundo, 

Porque la fuerza audaz del pensamiento 

Me arrebata, me inspira, 

Cambia el temor ; mi canto gemebundo 

En el sublime acento 

De la apolínea lira. 

Si 'estéril á mi gloria es este can.to. 

Si lo ahoga el profundo 



■I Rumor que lleva el huracán \-ioleuto : 
¿Qué importa? sobre el mármol ó el granito 
De otro cantor grabada será en tanto 
La victoriosa palma, 
Gloria ideal que el corazón anhela, 
Y que será el orgullo de nn alma. 
Si es triunfo del talento en \'enezucla. 



\ 



46 



"POESÍAS FILOSÓFICAS, 



¡ Paso ep la tierra que gravita eterna 

J\->r el piclagú imiiciiso del vacio 

Al hombre, al ser pensante de la historia ! 

No del caos sombrío' 

La bóveda superna 

El Invisible levanto en su gloria 

Con más brillante luz que la que encierra 

El mortal en su mente. 

Centro del univei-so, omnipotente. 

En sí lleva el destino 

De la afanosa humanidad ; pasea 

Su mirada inmortal de ])ü1o á polo, 

Y cielo }• mar y raudo torbellino 
Impasible sondea. 

Porque en la creación él guarda solo 
La ijalabra de Dios : guarda, la idea. 

La idea, sí ! del pensamiento vida 

Luminosa, incansable, en cuanto abraza; 

Desde el insecto cpie en el polvo traza 

Para el hombre escondida 

Imperceptible huella, 

Plasta el Ande, hasta el sol, hasta la estrella, 

Hasta la eternidad desconocida. 

Timbre cxelso del hombre 

Aquella fuei'z;'., como el sol, divina, 

Bajo la roca ei hinojeo labra, 

Eterniza su nombre 

En las altas piríimides, encierra 

El raj'o que en las nubes se a\'ecina 

Y arroja su palabra 

Sobre los anchos \ ¡entos de la tieri'a. 

¡Oh, poder de la idea !-¿ Ouit'U resiste 
Tu vigoroso aliento? 

¿Ni quién podr;í decir, en la insondable 
Noche del tiempo, desde cuando asiste 
El mundo á tu \ictoria?--¿ Qué portento 
A tu portento alcanza ? 
Tú condensas en hechos Id impalpable, 
Los sueños, los temores, la esi^eranza, 
¡Y lo impalpable en mara\'illas eres ! 
A tu voz, en fecundas creaciones ' 
y\parece la forma, brotan seres ; 
Generación de \-idas, encantada, 
Oculta en tí ¡ quién sabe de que modo 1 

Y c|ue latentes, á la luz son nada; 

Pero que un dia. cuando tú lo quieres, 
Al mundo lanzas, y á la ñn son todo. 

En los risueños pi'adits 

De la Grecia feliz, pas;in la \ ¡da 

Entre mirtos y .H-ares 

Y fiestas y deleites encajitados 
Del persa los altivos vencedores. 
I\las no creáis, ac;is(_), íidormecida 

En los ensueños de la dulce holganza, 

Antes que lap;ision de la venganza, 

La idea griega, entonces convertida, 

Del arte tras el m;lgico embeleso, 

En la pasión de libertad, progreso 

Del mundo esclavo que al Saturnio adora. 



Al Asia ! le murmuran á deshora 



i Maratón y Platea ; 

1 Y el griego sabe bien que aquella idea 

I Realizará, sin esperar en vano ; 

¡Que un héroe ó un tirano 

í Conducirlo Síibrá de gente en gente, 

¡ Camino de la aurora, 

I A la conquista del lejano oriente. 

I El macedón, el hijo de P'ilipo 

No fué grande por sí, que en la conciencia 

Llevaba como el tipo 

Del porvenir, la idea de la historia, 
, El progreso del mundo, su sentencia ! 
I Alejandro fué el medio de esta gloria 
i Y eiiunidcció la tierra cu s// presencia. 

i La sangre jenerosa de Lucrecia 

: Hundió á Tarquino, y solitario el Tibre 

' Ve pasar á los reyes : como Grecia 

¡ Será inmortal el Lacio, Roma es libre. 

j Pero el torvo patricio no consiente 

: Bajarse hasta el amor de su cliente, 

Y el desnivel sobre las leyes traza. 

i En su idea de fuerza, en su injusticia 
' No será allí la libertad patricia 
; La libertad de Atenas en la plaza. 

Y la lucha empezó. La idea antigua 
; Su poder y sus fuerzas atestigua 

En la historia implacable : 

I El hecho, siempre el hecho ! 
, Es su mejor razón : calla el derecho, 
I No de la ley, que es un fantasma vano, 

Ante el poder que toma 
j El patriciado como idea en Roma, 

I Calla el derecho humano. 

I 

La lejana colonia 
, Que á las legiones sin cesar contrista 

Porque las lleva de su dulce Ausonia 

De conquista en conquista. 
' El severo Scipion triunfando en Zama, 

Después de Trasimeno en sangre tinto : 

Numancia la Española, 

Y la muelle y bellísima Corinto, 

Y Cartago la púnica, arrasadas 

Del exterminio en la mugiente ola. . . . 

Y César que las leyes pisotea 

Para después, bajo el ]3uñal de Bruto, 

Caer velado en el purpúreo manto ; 

Toda esta inicjuidad ciue al mundo afea. 

Que ve con ojo enjuto 

La ,ser\-il muchedumbre : 

Toda esta historia de injusticia y llanlo. 

No es más que el absoluto 

Resultado inmutable de una idea. 

Que el tiempo ! el tiempo ! sin cesar transfoi'ma ; 

Como base social la servidumbi-e. 

La raza \' la conquista como norma. 

Pero ¿quién este cáncei' de la guerra. 
Quién la lepra moral, que en tanto exeso 
Cubre á la torpe sociedad romana. 
Curará para ejemplo de la tierra? '■ 

'0\\ ! 1X0 temáis, previsto 



í 



POESÍAS FILOSÓFICAS. 



47 



Lo tiene )'a el pi'Of^'reso : 

Lo curará una idea soberana: 

La ley espiritual de Jesucristo. 

Mirad !-¿QuicJn silencioso prir la arena 

Del Jordán se encamina? 

Ls Jesús el humilde. 

Su frente es más serena 

Que el cielo de la tarde : 

Como estrellas sus ojos. . . . 

Habla de los profetas y hace alarde, 

Al pueblo que en su asombro tras si lleva, 

De decir la verdad, la buena nueva. 

1.2^ buena nueva ! La \-erdad ! que ahora 

Es alma, es vida, es verbo, 

Transforma en hombre al siervo, 

Al esclavo del viejo fatalismo; 

Socaba un hondo abismo 

Entre el mundo C[ue adora 

A Venus Citerea 

Y el mundo de Jesús ¡ oh, redentora 
Fuerza inmortal de la inmortal idea ! 
Esta idea flotando como el arca 

Del abismo en las ondas ha llegado 
Oculta, misteriosa, y peregrina 
A una pobre comarca, 
Al pueblo de Judea en Palestina, 

Y se encarna en Jesús, en el Dios-hombre. 
¿ Creéis que por divina. 

Desde el eterno amordel Licreado, 

El Mediador, divino como ella. 

El porvenir abarca, 

Los pueblos y los siglos? 

¡ Bien la tierra lo sabe ! ¡ Bien lo inquiere ! 

¡ El amor como idea nunca muere ! 

Cuando en su afán la humanidad perdura 

Y el triste cáliz de dolor apura ; 

Y progresa y resella 

IÍ.1 pueblo los ]Dr¡ncipios con.su sangre: 

Cuando lucha y trabaja 

Por la igualdad libérrima, es en nombre 

De aquel gran pensamiento, que en Judea 

Trazó en moral ai hombre 

La senda perfectible, 

No en la divinidad que es imposible, 

Pero sí por el culto de la idea. 

Desde entcjnces vacila 

El mundo de la fuerza : . calla el coro 

De las danzas de Venus: la .Sibila 

Dl Roma anuncia el fin ; ;á dónde, á dónde 

Sobre sus ejes de oro 

El Olimpo se asienta? ¿Quién responde 

A las fiestas triunfales? El imperio 

De aquel terror inmenso se sonroja. . . . 

¿Qué al mísero senado 

Las tor\as delaciones de Tiberio? 

Entre el incendio de Nerón se siente, 

Se escucha el prolongado 

Espantable rumor: ¡ se van los dioses ! 

¡ OJi criminal vergüenza la que arroja 

al circo de las fieras por \'enganza. 

La de Jesús generación naciente! 



,! Si Vespaciano con la regia estirpe 

I Acaba de David: si Alejandría 
El buey yipis encuentra }• revei'cntc 
De Isis el culto se renueva en Roma: 

j Si enemigo de Dios Juliano un dia 

I Desatentado toma 
La senda del fatal politcisnio 
Y va en su ajjostasía 
Hasta querer destruir el cristianismo : 
Ello ]jasa tan pronto como asoma, 
Como arista en el mar así se hunde ; 
Oíd como estruendoso se desploma 
El cielo de los dioses. Todo es vano 
Antcla gran \'erdad que se difunde, 
Hasta esclamar Juliano, 
Sin lograr con la muerte su deseo : 
j Venciste, Galileo ! " 



La ides 



Tiene en sí x'irtud tan "rancie! 



¡Tan gran poder y condición de vida ! 

Que entre los pueblos bárbaros se espande 

lín símbolo de luZ, siguiendo todos, 

Galos, escitas, sármatas y godos 

Tras su voz de piedad. P^naltecida 

Hasta la lictlicria griega, envilecida, 
i En una virgen, la muger empieza 
j Poniendo su belleza 

Al servicio de Cristo. — Así convierte 

Al franco fiel Clotilde de Borgoña; 

Tal Ingunda de h" rancia 

Domina al godo fuerte ; 

Así al lombardo que en Italia impera 
i Somete Teodelinda de Babiera. 
i La idea sube al trono, con los reyes, 
I Santifica en la cuna el domicilio, 
j Su autoridad proclama en el concilio 

Sobre el culto, las ciencias y las le}'cs. 
I En la Edad Media el cristianismo alcanza 

Su gran milagro : el elemento mismo 
I De espanto, destrucción, sangre, matanza 
j Lo transforma feliz el cristianismo 
I En altar de esperanza. 
¡ Si el duro feudalismo, 
j Amenaza social, une á la gleba 
¡Al pobre siervo á quien la cruz rescata; 
I Veréis como el recinto rompe estrecho 
I Del castillo, la cruz, como en su pecho 
I La graban los barones, como un dia, 
¡ De esta insignia en el nombre se subleva 
! La señorial grandeza, y las prisiones 
\ Ella misma, del pobre que maltrata. 

La cruz besando, con amor desata, 
i ¿Qué pasa en los antiguos torreones? 

¿Qué en la andante }- marcial caballería? 

Es un acento extraño 

Que se lleva tras sí los corazones : 
í Es la \-oz dé clamor, la voz srimbría 
i De Pedro el Ermitaño. 
\ FLa bebido en la copa 
: Del peregrino. \' cuenta lo que ha \-isto 

Allá en Jerusalen. ; No clama en vano ! 
i A recobrar arm.ada' ir:í la Europa 
El sepulcro de Cristo. 



\ 



V 



48 



POESÍAS FILOSÓFICAS. 



So la humilde sandalia 

Plega el hijo del Norte en su injusticia. 

En Albion, en una y otra Galia, 

En la España que el árabe ensangrienta 

Y en las libres repúblicas de Italia. 
La autoridad de Dios, la pontificia 
Ninguno habrá que tuerza. 

Ella es fuerza de idea ante la fuerza. 

Así emancipa al siervo, eleva al hombre, 
Al pueblo constituye y le da nombre 
La misteriosa evolución cristiana. 
Así la idea eterna 
A salvo saca la conciencia humana 

Y abre el camino de la Edad Moderna. 

¡ Cuan lentamente corre 
O pasa el pavoroso conticinio 
De esa noche letal de la Edad Media ! 
¡ Todavía la muerte ! Su dominio 
Anuncia la campana de la torre 
Del gótico, .severo santuario. . . . 
¡ Aun vive la barbarie de esterminio ! 
¡ Sola está un alma, sola ! 
¡ La inquisición impera! 
¡ Rogad que va á morir en una hoguera 
El libre y pensador Savonarola ! 
¡Oh, redentora cruz ! El fanatismo 
Jamas comprende á Dios. — Mas si en Judca 
Salvó al mundo su sangre, otro bautismo 
A Europa salvará ; no ! será el mismo I 
¡ La sangre derramada por la idea ! 
^¡Y tú, doncella ilustre! Pero, ¡ acaso 
Fué tu noble \'irtud la mas propicia 
Ofrenda al sacro numen del progreso ! 
¡ Helo allí ! j Se abre paso 
Sacudiendo las sombras ! 
¡Cuánta luz! Son los almos resplandores 
Del cielo sideral. Cuántos rumores! 
Es el hombre en sus varios pensamientos, 
Son los pueblos con múltiples jemidos, 
La humanidad cjue ruge en sus termentos, 
La tierra, el mar con todos sus sonidos. 
¡Y fué más el rumor! ¡Y más la lumbre ! 
Fué la alteza del alma convertida 
Hasta en la miserable servidumbre 
En poder de verdad, fuerza de vida, 
\L\ ftat lux que lo infinito argenta, 
¡ La inmortal maravilla de la imprenta ! 

¿ Qué no podrás ahora 
Revclg-cion del hombre, idea ardiente? 
Devorarás el tiempo y el espacio, 
Querrás ir entre abismos al oriente 
Sobre las tempestades; vencedora 
Serás al fin, domando el mar profundo, 

Y hallarás para Dios otro palacio 

Y para tí y el pueblo un Nuevo Mundo. 

¿ Qué fueron la indigencia }' el ludibrio 
Entonces de Colon, el equilibrio 
Ilallando del planeta? ¡Soberanas 
Magníficas ideas, ]>or \'osotras. 



Tan solo por vosotras, salvó el muro_ 

De regiones ignotas y lejanas 

El un día mendaz marino oscuro, 

Y hoi, sin rival, eu cuanto el orbe encierra. 
El grande entre los grandes de la tierra ! 

Y ved como difunde l 
La Providencia ahora en el camino 
De la Europa la idea. Allá se hunde 
En oriente el imperio bizantino, 

Y al Lacio, cuna del poder latino, 

Las escuelas de Grecia, como herencia, 
IjOs desterrados llevan. Se diria. 
Que en misterioso fin la Providencia 
En Europa enlazaba 
La escuela de la grave Alejandría, 
Que de Platón sus armonías toma, 
Con la idea teocrática que en Roma 
Terrores arrojando en la conciencia 
Altiva cuanto inmoble rechazaba 
El espléndido sol c|ue aparecía 
De la moderna ciencia. 

¿La historia no consigna 

Este progreso? ¿ El arte no halló el numen 

De Fidias, no lo halló de Praxjteles? 

¿ No fueron Rafael y Miguel Ángel 

Los intérpretes fieles 

Del siglo de Pericles? ¡Nunca fama 

La Italia hiubo mayor! Ella amalgama 

En la profunda inspiración del arte 

La razón y la fe, senda más digna 

El hombre caminó. Si Dios le llama. 

¿ Por qué no puede levantar su mente 

Y adorándole en gloria más benigna 
Ser más independiente? 

La razón y la fe lanzaron luego 

A Lutero y Calvino y las discordias. . . . 

Mas ¡no haya el bien temor! No porque inflamen 

Las guerras religiosas como el fuego, 

A los pueblos, temáis al libre examen.; 

Es la idea que estalla y lucha y triunfa : 

La religiosa libertad concuerda 

Con otra libertad, la ciudadana. 

La verdadera libertad' cristiana. 

¡ Cómo palpita el alma de la tierra! 

¡ Cómo en amor la humanidad se espande ! 

;A quién habrá que la razón asombre? 

Mientras la luz al fanatismo aterra. 

Diosen la libertad se hace más grande, 

El pensamiento, al hombre hace más hombre. 

¡Qué tiempos! ¡Qué esplendores! 

Si origen torpe y pavoroso ejemplo 

h'ué de grandes errores 

La de atropellos ignorancia adusta : 

i Miradla ! j Ya se hundió con sus vestiglos ! 

¡ Oh, siglo diez y seis ! tú fuiste el templo 

Donde se lialló el progreso en cita augusta , 

Con la razón eterna de los siglos, 



POESÍAS FILOSÓFICAS. 



49 



Ministros ele este ininciiMi 

Sanliiario del nuiíulo 

J"iicroii tocios los grandes })ensadores : 

Brifon, Descartas, (ialilco, el mismo 

A qiiit.'n la ii'jira (khc 

KL'lraelando yv idea, el m:is profundo 

SÍL;ilodc su piiilel-: ¡ /'ero xf llIllrVí' ! 

Protestas son de totlos los errores 

De la triste Edad Media, 

Antes que de X'oltaire la intolerancia, 

La ¡iran "Encielopetlia" 

V el Contrato Social, que hizo de i'rancia 
La abrasadora y humeante pira 

.Donde la libertad y el pen.samiento 

Arrojan el cendal de la mentira. 

¡ t)h, divino elemento! 

i Razón del hombre que en los orbes jira ! 

L'n pobre libro que deshoja el viento, 

El "Contrato social" encierra ahora 

La fuerza aterradora • 

Que á la grandeza abruma : 

Guarda en si el delirante 

Espíritu que e.xhuma 

La república antigua. 

Milagro es todo en tan supremo instante 

Del valor de la idea ; — porque un libro 

Es la cifra del alma }• será siempre 

Poder incontrastable. 

El libro de RoKScan tuvo en su abono 

La idea de igualdad que el hombre vicia 

En su soberbia. íí! pueblo miserable 

Se avergonzó con él ; pidió justicia ; 

No la encontró y entonces fué en su encono 

Hasta el crimen. — Lo inmoble se hizo instable; 

i La secular nobleza, el re)-, el trono ! 

¡ Diez de Agosto ! ¡ llcpública francesa ! 
¡ La democracia, en fin, ¡ Sublime arrobo ! 
Que pesa sobre Europa lo que pesa 
El "Conti-ato social " de Juan Jacobo! 

Después. . . .\\\\ triunfador! Halaga un suefio; 

l^a monarqiu'a uni\-ersal. 1^1 héroe 

Como Alejandro dueño 

] )el mundo y solo á su poder sensible, 

Cav.'indo su desgracia 

Se estrellará en su empeño; 

l'orciue 4a fuerza en que el Titán se .sacia 

Será impotente ; no ! Será imposible 

Ante el nuevo poder :-la democracia. 

La gloria, no en la tierra se eterniza 

Por la muerte y la sangre ; aquella gloria 

Oue al hombre civiliza 

Y que á todo se atreve, 

I-'stá en el Nuevo Mundo, está en su historia, 
En la niilgica idea qiie electriza 
Al luminoso siglo diez y nue\e: 

Por eso será eterna en cuanto \iva 

El Niágara rugiente. 

De Washington la gloria. 

; Quién habrá que conciba 

L;i gr,inde/.;i i|ue \ :i de gente en gente 



,, La estrellada República 

I .Sin tregua |)roclamando? Kr--.nnartcia 

Del progreso presente : 
! Del vapor que acortanrlo la distancia 

Alarga nuestra \ida, 
I Del alambre que acentos tiene .nidios 

Y públicas palabras. Armoiii;i 
; I.^e creencias y cidtos ; 

j En tan libre nación est;i pesando 

I La idea toda\'ía 
Del fundador, se aspira la fragrancia 
De la virtud que á Washington movía ; 
Pero .... ¡he allí á la guerra ! . . . . 

Y qué ! ¿Tembláis ante la sangre? Graba 
La libertad con ella otro prodijio, 

Otro nuevo portento. , . . 

Ante el mundo ha fallado el gran litigio. 

¡ Libre es la raza esclava! 

¡ El poder de la idea, ¡ oh, siglo; alaba! 

Y tú, mi hermosa patria, la que en mares 
De libre sangre en la marcial contienda 
Símbolo el Iris levantaste santo : 
Déjame que abrazado á tus altares 
Arroje como ofrenda 

La postrera armonía de este canto. 
¿Quién el sueíio letal de tres centurias 
Sacudió de tus ojos ? 
¿Quién vengó tus injurias 
De aquellos tiempos bajo el ala triste ? 
Hombre la España lo crcyiS, y resiste 
En vengativa saña ; 
Pero el batallador era Bolívar, 
El inmortal, y sucumbii'i la España. 
¡ Padre Libertador, bendito seas! 
Aquí tu pueblo está libre y felice. 
Que más que por tu gloria, te bendice 
Por la prez y el valor de tus ideas. 
¡Tu espiritual aspiración, tu intento 
Quedó, como en un astro, condensado : 
La libertad de América. El portento 
Ií,xiste, vive aun. No el tiempo airado 
Podrá destruirlo ; que ante el sol nacida 
Esta virgen de amor, la patria santa 
Sus leyes el derecho de la vida. 
Su Dios la convicción del pensamiento. 

Y de esta ley y de este Dios, n.nillo 
Del tiempo misterioso. 

También de Abril el nacional Caudillo 

Arder sintió en su pecho 

El fuego sobrehumano. — En vil acocho 

Rugían las pasiones. 

Venezuela ¡infeliz! era un abismo 

En donde solo resonar se oían 

Horribles maldiciones; 

Ni piedad, ni dolor, ni patriotismo 

Los hombres parecían, 

h'ormando de este Edén un ancho osario. 

Tocados de un delirio sanguinario. 

Le\'antar la mem.oria 

De la doliente patria, en su balanza 



50 



POESÍAS FILOSÓFICAS, 



Arroiaiido de un lado todo el peso 
Del t;énio luz, del otro la esperanza 
Del generoso corazón : alti\o 
Reivindicar la historia 
De un princiirio, bandera de progreso: 
Sostener en sus liornbros, como Atlantes, 
La República: en paz sacar triunfante 

El orden, la justicia, el ciudadano 

Esto será tu inmarcesible gloria. 

En el suelo nativo 

¡Oh, Ilustre Americano! 

Por eso en el proscenio 

De nuestra redención, el pueblo aduna 

Su nombre con tu nombre ; 

Y antes cjue á tu magnífica fortima, 



f Y en su noble entusiasmo, más que á! homlire, 
I l^a idea liberal alza á tu genio 

Estatua gloriosa, cifra eterna 

De la patria feliz y agradecida. 

Sí, sí, la idea liberal que triunfa 

Bajo esta rica zona, 
i Ea idea del progreso que eslabona 

Los numdos á los mundos : 

Por que la idea es \ida 

Incansable y sublime, en cuanto abraza ; 

Desde el insecto que en el poK'o traza 

Para el hombre escondida 

Imperceptible huella. 

Hasta el Ande, hasta el sol, hasta la estrella, 

Hasta la eternidad desconocida. 



£L RAYO D£ LUZ. 

A Eduardo Gaicano, 



EN medio á la paz inerte 
De la noche silenciosa 
Abriendo estaba una fosa 
El labrieíTo de la muerte. 



Aquella mole encorvada 
Tan solo en su afrní procuiM 
Caxai' bien la sepultura 
IVdada sobre palada. 

Por el apacible espacio 
Donde vuela el alma mia, 
Rompií) una nube sombría 
Un rayo de oro y topacio ; 

Y fue la luna en Oriente, 
Que al \'cr tal noche }• ta! duelo, 
i.anzi'i al nnnido dcscle el cielo 
l'U rayo resplandeciente. 



Sobre la tierra mortuoria 
La linnbrc queil('> extendida 
Alegrandf), como \ ida, 
Y brillando, como gloria. 



El labriego en la penumbra, 
Mm-mun'): "la fosa es honda, 
^'o li;Li-é que en ella se esconda 
Ivsa luz (pie me deskniibra." 



Creyendo que el ra\-o oculta 
Con la removida tien-a. 
Tan solo la tumba cierra 
Aquella figura estulta. 



Y mientras ella se inclina 
En tan estéril facn.a, 
Allí se estaba serena 
La luz del cielo di\'ina. 



En vano espera paciente 
Que el rayo la tierra oprima : 
Pues siempre se cpieda encima 
El ra_\'o resplandeciente. 



Ca\'a, huella y pisotea 
La luz, mas todo es en \'ano, 
Y al fin, rab/ioso el ;inciano, 
Exchima ; ■ ; maldito sea I 



¡ Maldito sea ! Es el grito 
Del en\'iclioso que anhela 
Matar todo cuanto xuela. 
Cuanto aspira ;i lo infinito. 



Tierra á la luz ! que es la esencia 
De Dios, cjue graba su nomlu'e 
ICn las dos luces del honvbre. 
En la ií/iir y la nh/r/rz/i /)/. 



Y la tierra, en triste calma, 
,Se ]niso á arrojar el viejo 
Sobre el divino reflejo 
Impasible como el alma. 



Tierra ;l la luz I Cuando en calma 
Veo (|ue ca\'an su abismo, 
Me digo -vale lo mismo 
Que querer matar el ;dma. 
2 1 de Enero de 1S75. 



POESÍAS FILOSÓFICAS. 



VERSOS. (1) 

A la raemona de mi virtuoso amigo el señor ELIAS SÁNCHEZ PEÑA incansable 
colaborador de la instrucción popular en el Zulia. 

(Leiilii.s i.'Ji hi iKiclir lie \:i iliilli;;lll':lL-iull (.lii 1:18 " l'^-clK•lll.-■ imcl liniM.-: ilf ¡U'l f-¡illi.i.-.") 



r/FIüv y luz, calor, aire, .sonido: 

] le ai]i.ií la creación ; cifra t]Ue encierra 

Desde -ei polvo invisible de la tierra 

1 1 asta cl ra)'o de sol 
En lo múltiple y vario lo inmutable. 
La unidad, la armonía, el pensamiento, 
La misteriosa ley del movimiento, 

El secreto de Dios. 

Así, sobre el planeta, el ser, el iiombrc 
Que oprime al mar, y salva el torbellino, 

Y traza á los cometas el camino 

Del mundo sideral ; 
Esc rey, de aptitudes portentosas 
Se concentra, se inclina, se deslumbra, 

Y obedece á la regla que columbra 

' La pobre humanidad. 



Oue sabéis 



ña. es armonía ? 



¿Es fuerza? antagonismo de algún modo? 
Escuchadme, esa regla es todo! todo! 

Obligación ; deber ; 
Imán del pensamiento, y deslumbrante 
Palacio de la luz ; á su embeleso 
La humanidad murmura-es el progreso 

Esa divina ley.- 

Ah ! la ley del progreso, que á los hombres 
En lluvia de oro y resplandor inunda ; 
i\h ! la ley del progreso que fecunda 

Hasta el mismo dolor; 
Inquirid de la historia: solo al cabo 
De sangre y lucha y lágrimas impera ; 
¿Y cómo no, si escribe en su bandera 

" Trabajo y redención? " 

; Y como no ! cuando sublime cicri'a 
Con Sócrates, de Cj recia el hondo abismo, 
Esc impuro y fatal politeísmo, 

Religión de! ])lacer? 
; Y cijnio no ! cuando di\'ino alcanza, 
^Vuncjue la antigua sociedad se asondíre, 
Rehabilitar con Jesucristo al hombre, 

.Salvarlo, hacerlo rey ! 



, (I) Se t'Sfriliii idii rstus versos voít liiolivu ilcl Dcct 
Kjw-ulivd úr\ EsUidu crcaudn la-i ■■üs^.aiela-j uoeluruas 
artij'iuuo'^. 






' Coronadíi la América de soles 

Y entre palmas de gloria rediniida, 
El trabajo es su símbolo de \'i'.la, 

.Su amor la libertad. 
¿Qué Importa que el altar de la Justicia . 
Tiemble de horror al grito del infiei'iio? 
Inconmovible un día seni eterno 

Ese di\'ino altar. 

Por eso aquí se piensa, aquí se aprende 

Y en talismán el libro se transforma : 
Mejorar nuestro ser aquí es la nornuí 

Cual prenda deviilud. 
Esjjíritu, razón, alma, conciencia 
Gravitan hacia el bien. Salve, artesano! 
Ahora sí eres libre }• ciudadano, 

Por(¡ue tu mente es luz. 

Ayer fuerza de instinto cua! la tiene 
En la floresta el nómade salvaje. 
Hoy aurora, cxplcndo", íri.s, celaje 

Como el alma inmortal. 
Adelante ! Adelante ! Entre la sombra 
Se extingue y muere la ignorancia estulta; 
¡ Paso en su triunfo al A. B. C. que oculta 

El bien )' la \'erdad ! 

El hierro mata, la jjalabra \'i\ c. 
La idea en su labor todo lo alcanza ; 
Alzemos un altar á la esperanza» . 

De la patria feliz. 
Timbre para cl maestro, lauro al libro, 
Al Zulia paz, al Magistrado gloria, 

Y escriba el ai^tesano nuestra historia 
Cuando sepa escribir. 

Éter y luz, cakir, aire, sonido. 

He atpií la creación ; cifra que encierra 

Desde el [)olvo in\¡sible de la ticira 

1 1 asta el ra\'o de sol. 
Conciencia, \-oluntad, idea, verbo. 
He aquí al ser. al hombre que gra\ ita 
Hacia eTniundo moi-al en la infinita 

¡Mara\illa de Dios. 



Febrero t de 1881. 



\ 



1^.9 



POESÍAS FILOSÓFICAS, 



QUIEN PUDIERA LLOMR ! 



]UN dia más! El imiiosiblc abrasa 
Mi corazón en realidad febril ; 
Espero con el dia y pasa y pasa 
Y aparece la noche y desespero, 
Porque en su sombrad mi pesar inquiero 
Que soy muy infeliz. 



Deseo y nada alcanzo. — El alma ansia 
La santa dicha del querido hogar 
Cuando volviendo á cl, la esposa mia 
Sin apartar de mí sus ojos fijos 
Sale al dintel rodeada desús hijos 
A recibirme en paz. 



La ausencia, la distancia, el m<ir inmenso 
Se interponen terríficos, v }'o 
En vano los devoro, en vano pienso 
En ese Edén de mi perdida calma 
Que miro desde el fondo de mi alma 
Trémulo cl coi'azon. 

Cuan im])otenle es el niorta! en medio 
De su dolor, tremenda realidad ; 
Tengo sed de esperanza y tengo tedio 
De mi vida infeliz y sueño y vi\(3 
Y seca está la página que escribo. . . . 
¡Quien pudiera llorar! 

Puerto Cabello, Febrero 19 de 1876. 



MEDITÁOÍON, MELANCOLÍA Y GLORÍA. 



YA quiebra el alba pura 
Su espléndido reflejo purpurino 
Tras el silencio de la noche oscura, 
Ya la fuente murmura 
En el follaje agreste y campesino. 

Los ruidos del torrente 
Que remedan los vientos tropicales. 
El viajador bajo sus plantas siente. 
Mientras la escasa fuente • 
Riega los abrasados arenales. 

Y el sol que se levanta 
En el azid purísimo de! cieli.i. 
La flor en las campiñas abrillanta 

Y el pájaro ciuc canta 

Cruza el espacio en impetuoso vuelo. 

El soplo perfumado 
Del ambiente vital de la Horesta, 
El milfflV apacible \- prolongado 
Del tímido ganado. 
Que pace al pié de la niuntaña enhiesta; 

El alba con sus risas, 

Y la luz y la sombra )" los colores, 
Las nieblas, cual las alas indecisas 
De las marinas bi'isas 

IJoviendo perlas en las dulces ¡lores. 

Todo al honibi'e ccnu'ida 



De la tierra 



rozar donde se lanza; 



Pero hay hombre infeliz en cu}'a vida 

Lina hora maldecida 

Acibaró su dicha y su esperanza. 

Ihiy hombre en su camino. 
Que como el Cristo en la oración suj)rema. 
Entre misterio y sombra y torbellino 
Columbra su destino 
Al terrible clamor de su anatema, 



Para ese son los duelos 
Que por el mundo misteriosos vagan, 
Las negras tempestades de los cielos 
Los tristes desconsuelos 
Que los destellos del talento apagan. 

Para ese no ha\' auroras. 
Ni altas estrellas en la noche umbría, 
Ni brisas en los niares gemidoras 
Para ese. . . .solo hay horas 
De triste y funeral melancolía. 

En su dolor insano 

Y al impulso tenaz de su demencia, 
Esc tal vez, la temblorosa mano 
Lle\'a á su frente en vano 
Creyendo allí grabada su sentencia. 

Tal vez en el profundo 
IMisteriode la muerte se anonada, 

Y a! ruido de su acento gemebundo 
Prorumpe alegre el mundo 

1-^1 báquica estridente carcajada. 

Luchaiulo Clin la suei'te 
.Apura el infeliz en sus pesares. 
Todo el absintio de la horrible muerte, 
Porc|ue se juzga fuerte 

Y t|uisiera cual Dios tener altares. , 

IVirque \olar c.|uisiera 
.Aunque (.lespues el cielo le maldiga. . . . 
Porque á ese barro que la tUmba espera 
Terrible }• altanera 
Ün a!ma poderosa le fatiga. 

I'obre mortal 1 tu llanto 
No alivia tu dolor, ni tu tristeza, 
Ni ese spmbrío y sin igual espanto, 
Que abrasa ¡ cielo santo ! 
Cual materia candente tu cabeza. 



poesías HLOSOl-lCAS, 



.'x3 



I'aracM.' no h;i\' auroras, 
Ni altas estrellas cu la noche umbría, 
Ni brisas en los mares gemidoras ; 
l'ara ese . . . .solo hay horas. 
De triste y funeral melancolía. 

Ese lleva en su mente 
Como indeciso rayo de la lun<t 
Un ensueño ideal que no consiente 
Resbalen por .su frente 
Las risas del placer y la forttina. 

Ese busca en la historia 
Los hechos que registran sus anales. 
Brillo anhelando dar á su memoria : 
Ese sueña en la gloria, 
Sol inmortal de tantos inmortales. 

Gloria, visión divina 
Que al hombre altivo en su aflicción alienta, 
Estrella que del caos, peregrina 
Saliera repentina 
A la terrible voz de la tormenta. 
Gloria, fuego sublime 

Del alto numen que mi pecho adoi'a, 

Deslumbrador tesoro cjue redime 

La humanidad que gime 

Bajo ese ciclo que la luz colora. 
Por tí con noble anhelo 

Una raza terrífica y gigante 

Creyendo poco á su ambición el suelo 

Quiso escalar el cielo 

Bajo del rayo que vibró el Tonante. 

Por tí arrastrado fuera 
De Ilion en las murallas detendidas 
El caudillo mejor de cuantos viera 
Esa estirpe guerrera 
Que la injuria vengó de los Atridas. 

Por tí, gloria se alzaron 
Del polvo en que nacieron indigentes 
Esclavos que bien pronto esclavizaron 



La tierra <ji:e regaron 

Con el sudor copioso de sus frentes, 

I'or tí en ignotos mares 
Entlereza Colon la débil prora 

Y descubre otro Dios y otros aldxrcs 

Y tierras y palmares 

Más bellos que las tieri'as de la aurora. 

Magnífico y tremendo 
Se alzó el titán del Sena por tí sola, 
v\ su paso la tierra estremeciendo ; 

Y en sacrificio horrendo 

Su poder asentó de polo á polo. 

Y el genio á quien deprime 
Tal vez nefanda ingratitud de hermano 
Por tí también se levantó sublime, 

Y la patria redime 

Al estruendo del pueblo colombiano. 

¡ Oh Gloria ! mientra inflama 
Tu voz al hombre en su insondable idea, 
Mientras en alto, libre tu oriflama 
Al viento de la fama 
Sola en el mundo colosal campea; 

Yo haré que á tí se encumbre 
También el noble pensamiento mío ; 

Y bajo el rayo de tu viva lumbre 
Mi negra pesadumbre 

El porvenir descubrirá sombrío. 

Yo haré que mis cantares 
Lleguen al sacro templo de la Gloria, 

Y al ruido de los tórridos palmares, 
Orillas de los mares 

No darán al olvido mi memoria. 

Gloria, fuego sublime. 
Que abrasa inmensa la esperanza mía ; 
Yo sé que á tu reflejo se redime '^ 
La humanidad que gime 
En honda y funeral melancolía. 



PENSEMOS. 



,SI seguimos así, pvir \id,i nií.i, 
l'Vl demonio nos lleva ó nos ensarta 
" ^" la que llama El Monitor" la carta 
Será si mucho dura, " flor de un día." 

Gran confusión, terrible algarabía 
En la nave del pueblo: de una cuarta 
Es el abierto rumbo. — Santa Marta ! 
Bomba, que el agujero es de cuantía ! 



\ Si nos vienen con esas cuando el Ponto 

I Remontemos aun ; tras brisa fresca. 
Si el pasado se ol\-ida aquí tan pronto, 

j Quedarán hechas trizas, vueltas yesca. 

] Las velas del bajel y como lo hablo 
y Nos llevará cantando, el mismo diablo. 



54 



POESÍAS FILOSÓFICAS 



A Mí HIJA MARÍA. 



SEIS años, dulce hija mía, 
Y ya en risueñas amores 
Andas besando las flores 
Tan semejantes á tí : 
Seis años y ya preguntas, 
Por qué en tus vagas quimeras, 
Siempre en vano las esperas, 
Las esperas al morir. 

¡Ai, embeleso de mi alma! 
Si supieras que muriendo 
Tus rosas te están diciendo 
Un secreto aterrador; 
Si cuando tus rosas caen 
Sobre el polvo de la tierra, 
Alcanzaras lo que encierra 
Ese secreto de Dios; 

En tus quimeras doradas 
Como las luces del cielo, 
Se interpusiera algún velo. 
Alguna sombra fugaz, 

Y no esperaras en vano 
Verde nuevo abrir las rosas 
Que se caen temblorosas 
De tu pequeño rosal. 

Yo no lo sé, pero tiemblo 
Mientras más feliz te miro; 
Ries y lanzo un suspiro. 
Que va de tu risa en pos ; 

Y cuando coges las rosas. 
Tas rosas que agita el viento. 
Se me anubla el pensamiento, 
Se me oprime el corazón. 

■ Es que no ha)' dicha en la ticira. 
Hija, que á mi amor le cuadre; 
Porque es el amor de padre 
Sueños, placer, inquietud : 
Mezcla esc amor misterioso 
De ilusiones indecisas. 
Lágrimas tiene y sonrisas, 

Y sombras también y luz. 
Con las pasiones sucede 

Lo que en el mar con las olas : 
A veces murmuran solas 

Y entre sonrisas se van: 
Otras, en calma los vientos. 
De azul las aguas teñidas. 
Sacuden entumecidas 
Hasta los senos del mar. 



Así, María, en mi aféelo 
Pláceme verte jugando 
Con tus flores platicando. 
Muy inocente y feliz; 
Pero tal vez de improviso 
Lloro si te oigo de lejos 
A palomas y azulejos 
Adiós risueña decir. 

Si tal coa tus risas siento, - 
Si esto me pasa, María, 
Con tus ruegos, hija mia, 
¿Cuánto más no sentiré? 
Esas trovas que me pides 
En infantiles antojos 
De llanto cubren mis ojos 
Entre mortal palidez. 

' ¡ Ai, embeleso de mi alma ! 
Ojalá que siempre ignores 
Estos sombríos terrores 
Que pasan, hija, por mí. 
, Es que no hay luz en los cielos, 
"Tras mi vaga pesadumbi-e. 
Que de tu vida me alumbre 
Las sombras del porvenir. 

Pasarán tantos ensueños, 
Serás muger, hija mia, 
Y .... ¡ ai de tí, pobre María ¡ 
Todo al punto cambiará. 
Mundo, esperanzas }• vida 
Serán otros, al reflejo 
De esc misterioso espejo 
De la conciencia inmortal. 

líntónces estas canciones 
Que yo negarte .no puedo, 
Apesar de tener miedo. 
Miedo de mi i)ropia voz; 
Entonces no cual ahora 
Las cantarás soni'eida, 
Que ellas serán la medida 
De algún oculto dolor. 

Mas ¿por qué mi alma se angustia 
De dolores tan lejanos. 
Cuando de Dios en las manos. 
Hija, está tu porvenir? 
Si tú no alcanzas ni entiendes 
Estos humanos pesares ; 
¿Por qué siempre en mis cantares 
Te los voy cantando á ti ? 



POESÍAS FILOSÓFICAS. 



£L PROGRESO. 

Sscrita para la sociedad "£I Porvenir" de la Corauaidad Nerl : üsr: Reformada. 



55 



1 

NO lia)- nada estable y lijo en cuanto encierra 
Kl Universo. La materia ruda, 
Ivl pn'.stino elemento de la tierra, 
Ora se cambia, donde quier se muda. 
Tras esa ley de destrucción y guerra, 
Palinger.csia universal, se escuda, 

Y se presiente un bien, un fin lejano 
Norte inmoi-tal riel pensamiento humano. 

II.» 

Esa ley en lo físico proclama 

Que hay entre el hombre y la materia inerte 

'Una fuerza fecunda que derrania 

Cuando en la vida luz, sombra en la muerte, 

Esa ley es du Dios la inmensa gama. 

Armónica, infinita, que convierte 

La vida en una prueba meritoria, 

La muerte en una luz de eterna gloria. 

11 1. 

En el mundo moral es laniedida 
Esa ley, de la humana inteligencia, 
La cifra del trabajo déla vida. 
La prueba del poder de la conciencia. 
Victoriosa doquier, jamas vencida. 
Arreglando feliz nuestra existencia. 
Esa le)' es, á falta de otro nombre. 
El Progreso ////.vcrAr/ que empuja al hombre. 
IV. 

;Oué importa que el vetusto oscurantismo 
,\lze su voz en contra del J^rogreso, 

Y en su foco de luz vea un abismo, 

Y en su libre pendón vea un exceso? 
,;Oué fuera del mortal, si su heroísmo. 
\)c la barbarie eterno contrapeso, 
Retrocediera falto de constancia, 

Al imj)ío clamor de la ignorancia ? 

V. 

Bien lo .sabéis vosotros que en la e.xigua 
Virtud de nuestras míseras pasiones 
Purificáis vuestra creencia antigua 
De añejas y sin par preocupaciones ; 
]-)ien lo sabéis vosotros tras la ambigua 
Oscura fe de pueblos \' naciones, 
Que á fuer de amar á Dios se desentienden 
De laaugusta \erdad que no comprenden. 
VI. 

Y en la mentira audaces, atesoran 
Errores que orgullosos justifican 
Poniendo por testigo al Dios cjue adoran, 
Cuando del Dios que adoran prevarican : 
Ciegos cuanto ignorantes, .se enamoran 
Dt^ \ci />tisadú que al proscuic aplican, 

A' el priwiiír les dice en noble acento 
f Hie es libie la razón, el pensamiento, 



i VtT. 

F'urificando el culto primitivo 
De vuestros padres, con afán profundo, 
En gloria de Israel, llenáis el vivo 
Noble derecho que reclama el mundo: 
Haciendo entrar el pcn.samiento activo 
En vuestra adoración, creáis fecundo, 
A fuerza de constancia un alto ejemplo, 
V alzáis á Dios su más hermoso templo. 

VIII. 
Marchad, pues, que ya es tiempo-¿Ouién creyera 
Que en e.sa lucha el pueblo israelita 
Inmoble yace, acaso porque espera 
Triunfar de algún moderno inndianita ? 
¡ Buen modo de entender la verdadera 
Marcha de la razón ! — ¿ Qué solicita 
En este hervor de vida necesario 
Al pensamiento, un pueblo estacionario? 

IX. 

El porvenir! He aquí la noble, grande 
Voz de la humanidad, la voz amiga. . . . 
Marchad que no habrá ley que es lo demande, 
Ni pueblo que al miraros no os bendiga. 
Marchad, marchad, que el corazón se espande 

Y hace votos al cielo porque os siga 
No ya el que Hora, canta, duda, espera. 
Sino Israel, la humanidad entera. 

X. 

Adelante, seguid, y el mundo vea 
Cuan alto comprendéis la lej- divina 
Del progreso social. Bendita sea 
Vuestra misión, rompiendo la mezquina, 
]'\atal cadena de la ley hebrea ; ! 
Pero entendedlo bien, lo que se inclina 
Tras la preocupación siempre ignorante. 
Que no es la ley del Sinaí brillante. 
XI. 

Cada tiempo á su vez latente llex'a 
Un principio social. — El hombre en tanto 
Lo desenvuelve con vigor y eleva. 
Símbolo de progreso, al puesto santo 
De inconcusa verdad ; la idea nue\a 
Terror inspira y repentino espanto 
A las viejas costumbres y habitudes 
Tenidas en el \ulgo por \irtvidcs, 

XII. 

Y mientras estas dan un brillo escaso 

Y cl principio magnífico campea. 
Observad como luchan paso á paso 
L ¡dea vieja y la naciente idea ; 
Mas si es lo viejo como luz de ocaso 

Y la naciente como luz febea, 

¿Creéis dudoso el triunfo? ¿Quién no mira 
Que una luz nace y otra luz espira ? 



56 



poesías filosóficas; 



xiir. 

Seguid, pues, que á la frágil, débil nao 
No el viento abate ni la mar ahoga : 
Firme la prora al resistente bao 
Sobre el abismo enfurecido boga : 



i Fundando en la marina Curacao 
Esa ilustre y moderna Sinagoga 
A salvo sacareis el mosaismo, 

1 Como el bajel sobre el rujíente abismo. 

I Curacao, Junio 12 de 1865. 



£L SUEÑO. 

Fragmento de ona leyenda perdida titulada "Las flores raaracaiberas." 



Una \jjíA. 

—OH, qué suéfio ! Qué agonía ! 
Madre? 

La Madre. 

—Qué quieres, mi alma ? 

— Es cierto ? Todo está en calma? 

— Todos descai\san, María, 

Descansa tú. 

—Y ese empeño ? 
— Te miro tan fatigada ! 
— 'Y mi suefto? 

— Niña, es nada. 
— ¿Tú no me engañas? 

— ¡ Si es sueño ! 

— Gracias, madre ! 

— Dime en tanto 
Lo que soñabas. ¿Qué viste? 
— Ai ! es un sueño muy triste, 
—Hija! 

--Madre, sufro tanto. . , . ! 

— Qué tormento ! su delirio 
Calma, Dios mió. . . . 

— Tú quieres 
Saber mi sueño? 

— (Oh martirio ! ) 
— Dímelo sí, por quién eres. 

— Pues oye : soñando estaba 
Que en mi matita de aroma 
Linda azucena asomaba 
Más blanca que una paloma, 

Cuando la vi tan serena 
Sin saber por qué, tenia 
Miedo A la linda azucena .... 
— Eso es todo, vida mia? 

— No, m.adre. Voz interior 
Me gritaba : "no l*ro\ oques 



"A los Genios del dolor, 
•"llu}'e, niña, ño la toques. 

"Esa flor que en blandos jiros 
"Desparce tan pura esencia, 
"Es la flor de los suspiros 
"Que marchita la inocencia." 

Me detuve vacilante. . . . 
Volví atrás. . . .mas de improviso 
Loca, curiosa, anhelante 
La flor de marfil div"iso; 

Y sin que oculta razón 
Al grito del alma cuadre, 
Me dio un vuelco el corazón ; 
Quise cogerla .... 
— Hija....! 

—Madre ! 

Qué horror. . . . ! Brillí) de repente 
Tras un ruido sin igual, 
VA relámpago candente 
Con palidez funeral. 

"Cubierto de negra toca 
Se alz(') un fantasma sombrío .... 

Perdí el sentido 

— Está loca ! . 
¡ l'icdad, compasión, Dios mió. . , . 

l'\ ANCKI,. 

— Con los sueños de inquietud 
Alerta Dios la inocencia 

Maprf. !■: ni.iA. 

— Quién habla ? 

El, ANCHI,. 

— La T^'("i\idenria, 
Ouc \ela por la \irtiid. 

J\ilio. TO de iñ55. 



POESÍAS FILOSÓFICA^. 



57 



LA ULTIMA LUNA. 

MEMORIAS DÉ UN ÁNGEL 
AI Sr, J- M. Torres Caicedo, en la muerte de la señorita Genoveva Eulalia Agustina Charmy. 



ACUDIí :i tus recuerdos, alma mia. . . . 
Pues tu pesar profundo 

Y tus sueños de amor y poesía 
Ludibrio son del mundo ; 
¡Mientras la vida pasa hora tras hora, 
Ai, alma mia, tus recuerdos llora ! 

Era la noche. Misteriosa )■ llena 
De murmullos y ruidos 
Vagaba el aura, y pálida y serena. 
A sus ecos perdidos, 
En el espacio límpido y sonoro 
Se iba la luna entre luceros de oro. 

El silencio es solemne en una estancia. 
Mansión de los dolores, 
Tibia aun del vapor y la fragancia 
De retamas y flores : 
l'odo es allí misterio y calma mustia. 

Y honda ansiedad, y lágrimas de angustia. 

A la rojiza luz que bajo un \'elo 
De gasa allí vacila, 

Y hace la niña del mirar de cielo. 
La risueña y tranquila 

Hija de estas colinas y estas lomas 
Donde ocultan sus nidos las palomas ; 

Virgen de-cásta frente que, adormida 
Bajo su ní\'ea toca, 
Parece C[ue un recuerdo de su vida 
A su entreabierta boca 
Sonrisas presta de infantil cariño. 
Como ac|iicllas que Dios concede al niño. 

Así, cuandoMa luz del dia sa!\a 
El horizonte, y brilla. 
Se tiñc con la púrpura del alba 
Oscura nubécula : 

Pero ¡ ay ! tras el carmín que la embellece 
Vacila, tiembla, pasa, desparece 

Lina voz dolorosa, semejando 
A la del \-iento, incierta, 
Anuncia que aquel ;ingel suspirando 
De su sueño despierta. 

¡Ai, como cst;í de bello! ¿Quién presume 
Cuando es tpie pierde el lirio su perfume? 

, — "Madre, murmura al fin la dulce niña: 
Huye la noche )• muero ; 
Mas la luna es tau suave en la campiña, 



i Que ver la luna quiero : 

No llores ni me llames importuna, 
Si te ruego me dejes ver la luna." 

En aquella mansión de los dolores, 
Aun llena de fragancia. 
Reinó nuevo silencio ; y cual las flores 
Marchitas en la estancia, 
Las dos unidas en abrazo estrecho 
Inclinadas lloraron sobre el lecho. 

Muda, más que el dolor sin esperanza, 
Medroso el pié y sombría, 
A una doble cortina se abalanza 
La madre en su agonía ; 

Y al descorrer, temblando, el débil broche 
Entró en la estancia el \-¡ento de la noche ; 

Y con él los tristísimos reflejos. 
Sombras y tenues brillos 
De la luna asomaron ; y á lo lejos 
Sus velos amarillos 
Daban á los lugares solitarios 
El pavor y la luz délos santuarios. 

— "¡ Dios te bendiga!" Con suspiro vago 
Grita la niña, y queda 
Como nacen los juncos sobre un lago ; 
Medio inclinada; y leda 
Mirando pensativa la campiña ; 
Daba miedo el placer de aquella niña. 

Ai ! el último fué. Tranquila quiso 
Sonreír á la muerte 
Cuando en aquella hora, al improx'iso. 
Sintió su soplo inerte, 

Y envuelta en sombras, trémula, espirante 
Ansiaba ver la luna en ese instante. 

Y como la tiniebla se extendía 
Cada vez más profunda 
Para la pobre niña, parecía 
Que, á tientas, moribunda. 
Buscaba con sus manos, sobre el velo 
De la rojiza luz, la luz del cielo. 

Así, llena de amor ) mansedumbre, 
Espiró la modesta 

Encantadora niña. Ala quejumbre 
Del viento, en la floresta 
Llorando recordé tan triste historia. 
Que es ; ¡ ai ! de un ángel la postrer memoria 

I Caracas, Abril lo de 1865. 



58 



POESÍAS FILOSÓFICAS. 



CAMCÍON. 




]?IEN haces, patria mia, 
En levantar tu corazón cristiano 
Al infeliz recuerdo deaquel dia 
Sombra y terror del pueblo colombiano. 
Bien haces en llorar; él e.s tu hermano 
En la gloria inmortal que el mundo admira 
Y en el culto de amor que á Dio.s aspira. 

Erguida en paz la frente 
Cíícuta la gentil iba trillando 

La senda del progreso diligente. . 

Angeles de los tristes ! decid cuándo 
Hubo pueblo feliz más miserando. 
En un momento, en el instante mismo 
Cayendo de la cumbre .il hondo abismo ! 

Al misterio profundo 
Que te circunda ¡ oh Dios ! en paz te adoro; 
Pero en la ley á que obedece el mundo. 
Si el bien aplaudo \- la desgracia lloro 
Con la fe de la infancia, ese tesoro 
Que oculto en su conciencia el hombre tiene. 
Jamas creo que el m.al de tí me \'icne. 

Por eso en la balanza 
De tu eterna armonía siempre inquiero 



El humano dolor ; y mi esperanza 
Se acendra más )• más. Santo venero -.., 
De bendiciones es tu amor, y espero,. 
Sabe mi alma a! pronunciar tu nombre 
Que conviertes en bien el mal de! hombre. 

Por eso, si testigo 
Ha sido el mundo de un horrendo estrago, 
No veo en él, Dios mió, tu castigo ; 
Que eso la ingratitud seria en pago 
Del beneficio ; no! Naturaleza 
Explica por sus leyes la grandeza 
De su transformación, á que va unida 
El constante progreso de la vida. 

Alienta, pues, alienta, 
¡ Oh dulce patria ! El Dios eterno mide 
Por el trabajo nuestra vida, y cuenta 
En la conciencia humana los dolores. 
Ama mucho, ten -fe, tu pan divide 
Con quien aún atribulado mide 
Por su inmensa desgracia sus terrores. 
Cúcuta la infeliz, la solitaria 
Bendecirá llorando tu plegaria. 



LA CAMCÍON DE LOS SUSPIROS. 

Escrita panra raí amigo Octaviano ürdaneta. 



La vida es el siicTio tle r.iia soni 

PÍ.NDAltO. 

¡ AI !',!^como así me engañaron . . .' . 
¡ Ay ! como así me mintieron .... 
Un tiempo á tí te contaron, 

Alma mia, • 
Del mun.do las réjias glorias; 
¿Adonde están ? ¿Qué se hicieron ? 
Esi)eranzas ilusorias 

Noche 3- dia 
Las glorias, mentiras fueron. 

Bajo la fúlgida alfombra 

Del divino firmamento, 

¿ Que es el mortal ?— Una sombra 

Que camina. 
Una sombra que se Irniza 
En alas del pensamiento 
Con la fe de la esperanza. 

Mas se inclina 
Al peso del sentimiento. 

¡Ai corazón ' Tú me espantas 
En estas negras mansiones. 
¡ Av. corazón I Tú quebrantas 
¡Vli alhedi-io. 



'■ra- i ¿Qué alcanzo si en loco anhelo 

Duermo soñando visione*,-^^- 
Vi\'0 esperando en el cielo ? 

¡ Paz, Dios mió, 
Que me abrasan las pasiones. . . . 
¿Quién á su influjo adivina 
Cuanto el placer sin segundo 
Nos amengua y nos arruina? 

¿Quién comprende 
Esta tremenda batalla 
Entre el principio fecundo 

Y la materia que estalla. 
Que se enciende 

Con el contacto del mundo? 

Alma mia, si no acudes 
En el naufragio que temo, 
i Ay, de mis pobres \'¡rtudes ! 

¡ Ay del hombre 
Con tanta duda sombría 
ICn este mundo blasfemo! 
Acude, acorre, alma mia ; ' 

Vence en nomlire 
De tu principio supremo. 

Y no soi }'o solamente 
Quien gime, se queja >■ llora; 



poesías filosóficas. 



50 



Nü, la liuniiuiidad dulicnlc 
Que así vaga 
Sin dcscifi'ar el dualismo 

Del bien y del mal, implura 
También junto a! negro abismo 

Que le traga 
Una luz consoladora. 

Si tal es el mundo, cierto 
Es bien triste, azas sombrío 
Un tan árido desierto 

Qué tortura! 
Qué pesares ! Qué inconstancia! 
y\lma mia, ¿ no es posible 
Tornar á la bella infancia? 

Por ventura, 
j La infancia no es preferible? 

Ai ! yo trocara el tesoro 

Que me aplace y me consuela. 

La lira de cuerdas de oro, 

Por la vida 
Que lleva el niño buscando 
Ya la marina conchuela, 
Ya el avecilla cantando 

Sorprendida 
En las flores de canela. 

Diera los dulces placeres 
Que hacen la existencia grata : 
Música, flores, mujeres ; 
Todo, todo 
Diera, sí, por el cariño 
Ouc el destino me arrebata 



Hace tienqjo, desde niño 

¡ De tal modo 
Así el destino me trata ! 

Mas ¡ ay ! (|ue mi afán, mi ruego 

Son en vano y yo deliro ! 

¡ Volver á la infancia. . . .ciego ! 

¿Cómo es tanta 
Mi vanidad, mi ílac|ucza? 
No : la armonía que admiro. 
Esta gran naturaleza 

No qucb¡-anta 
.Sus leyes poi- un susjjíro. 

Adiós, pues, castay sencilla 
Infancia : por tí llorando 
i\quí estoi, cual navecilla 

Bajo el ceño 
De un mar revuelto y profundo 
En la noche zozobrando. 
Hombre sigo por el mundo. 

Tras mi sueño, 
.Suspirando, suspirando 

Canción, s! el marino viento 
Kompe del lago la calma 
Y lleva tu triste acento"; 

Si en sus giros 
.Se ajiagan estos clamores. 
Yo guardaré en una palma 
Las notas de mis dolores. 

Los suspiros, 
Los lamentos de mi alma. 



JÜAHÁ U LINDA, 



'■^i' 



TEMEROSO de que rinda 
Amor mi pecho sediento, 
Ando con Juana la linda 
"L^na cuarta á barlovento". 

Si me habla risueña, callo, 
."^li llora, me escurro listo 
Gritando, ¡ "paso c}ue he visto 
Las pezuñas al caballo" ! 



Gaita zaraorana. 



En esta vida que afronto 
Y á la vez Jiiucho me afana 
¿Qué hacer con la linda Juana ? 
"Levar anclas listo y pronto". 

v\l mar, [lues, que )-a me ener\-a 
De Juana la dulce traza : 
Linda, no sigas tu caza. 
Naveguemos en conserva". 



¿ OÜÍÉN £S JUANA ? 

A mi amigo Francisco Carabaño. 



PlK';. y;¡ i|lli' 1;', tii'lTy pií^U 

.*i !ul (¡c \ ivir nie.ioi-. 
Ka l:i lioi va del dülur. 



APLICA bien el oido 
Y te impondrás al momento 
" Quien es Juana," y quien hasido 
El adivino del cuento. 



Quién, es Juana? ¿ No lo sabes? 
De veras no lo barruntas ? 
Si preguntas á las aves 
Responderán tus preguntas. 

¿Quién es Juana? No lo ignora 
La brisa de la mañana 
Que ella murmura sonora 
A lo lejos, " quien es Juana ' 



I 



60 



POESÍAS FILOSÓFICAS, 



¿Quien es Juana? Hasta la palma 
Que junto al mar se avecinda, 
Sabe el secreto de mi alma 

Y quien es "Juana la linda. " 

Juana es el ángel divino 
Que de los cielos alcanza 
Regar triste en mi camino 
Las flores de la esperanza. 

Juana es la fuente escondida, 
Que escucho en amante empeño, 
Es la ilusión de mi vida. . . . 
Juana es mi gloria y mi sueño. 

Cuando en crespones de gasa 
El mundo triste reposa, 
Juana es la sombra que pasa 
Impalpable y misteriosa. 

A la luz de los luceros, 
En los rayos de la luna. 
En el mar, en los pesqueros, 
En el prado, en la laguna. 

¡ Ay ! donde quiera que miro. 

Y vuelvo la débil planta 
Oigo de Juana el suspiro 
Que triste me dice, " canta." 

Sí que esa Juana, en resumen, 
Pues quieres yaque lo diga. 



Es. . . .;no lo sabes? el núincn 
Que me abrasa y me fatiga. 

El se presenta á mis ojos 
Con tan varia poesía. . . . 
Cual son varios ios antojos 
De mi ardiente fantasía. 

t-A me finjc soberanas 
Visiones de extraño ejemplo, 

Y odaliscas y sultanas 

So la techumbre del templo. 

_E1, cuando llora una bella, 
Kinje que al dolor le arranca 

Y la convierte en estrella 
O en divina rosa blanca. 

Todo lo puede en su anhcln 
Ea risueña poesía, 
Vision bendita del cielo. 
Genio, Numen, Fantasía. ... 



_\ a ves que la linda Juana 
No tiene figura humana ; 
Es solo, si se interpreta. 
Una flor venezolana. 
La inspiración de un poeta. 



LA GOTA DE AGUA. 



CON sabe!' que voy corriendo 
A una triste sepultura, 
Ai ! me lo vive diciendo. 
Cayendo, siempre cayendo 
Esa gota de agua pura. 



,;Quc importa caiga serena. 
Si, no bien se precipita, 
Otra desciende á la arena 
Formando así una cadena . 
Inmensa, eterna, infinita? 



En la buena ó mala suerte 
Arregla tal su medida. 
Que esa gota se convierte 
En campana de la muerte 
En las glorias de la vida. 



Por más que de miedo exenta 
En paz mi vida sucumba. 
No hay agonía tan lenta 
Como llevar esta cuenta 
De su distancia á la tumba. 



A su lijero sonido 
Sobre su lecho profundo. 
El corazón advertido 
Responde con un latido 
De un segundo á otro segundo. 



Y aunque la gota temblante 
Desciende al punto c(ue brota, 
El tiempo, el tiempo incesante 
Hace brotar al instante 
En el peñasco otra gota. 



A\l esa \'oz t(ue i'csiste 
Al tiejnpo, sobre esta alloinbi-a 
Que (.le \erde musgo \-isl:c, 
Es un alerta mu_\- triste 
Para el suciio de una sondira. 



Gota de agua cristalina, 
En vanomides en cajma 
Nuestra existencia mezquina 
No hay medida para el alma. 
Gota de agua campesina. 



POliSIAS FILOSÓFICAS. 



A UNA NAVE. 

Escrita para raí esposa. 



^'A te vas, íriljil, vclora 

Na\'cc¡lla ; 
¡Quien pudiera, (|iiicn pudiera 
V^cr flamear íus banderolas 
En la de risueñas olas 

Patria orilla ! 

Distante de mis hogares 

Voi gimiendo : 
.Si acerbos son mis pesares, 

Y el alma de duelo viste, 
¿Qué mucho si un canto triste 

Te encomiendo ? 

Extraño al aían del niundt> 

Con mis duelos, 
So)' un terreno infecundo. 
Árbol sin flores marchito. 
Tal \ ez un hombre maldit(.i 
De los cielos. 

El mundo, \'ivir contento 

Me demaiula. 
La vida es el movimiento. . . . 

Y á mí llorando me ii'ritan 
Esas voces que nie gritan : 

¡ Anda, anda 1 

¿Qué le va por cierto al hombre 

Si abstraído 
■Sin gloria, fama, ni nombi'c 
\ i\e esquivando sus hestas. 
Como árbol délas florestas 
Escondido ? 

No, vuestro afán y tlemeiicia 
Yo rech.azo. 

Mi fe, mi santa creencia. 

En esta batalla ruda, 

¡Ai ! la perderé sin duda 
Paso á paso. 

No, no, dejadme la vida 

Como (|uiero. 

Allá en mis lares perdida, 

Con mi amor, solo, cuitado 

vV la virtud consagrado 

Todo entero. 

Dejad que busque en los otros 
Mi ventura ; 

Hien estáis aquí vosotros 

Yo no, que vuestro entusiasmo 

Tengo por necio sarcasmo 
De locura. 



Yo no, queá la fresca sombra 
De una palma. 

Tengo una voz que me nombra ; 

Y aun que escucharla no puetla 

Esa vo/,, la voz remeda 

De mi alma. 

Navecilla, le\a, leva 

l'"ugiti\ a 
Mi adiós á 1,1 patria lleva, , 
Dile que en la tierra extraña 
.Su meinf)i-ia me acompaña 

^Mientras viva. ■ 

jAil los instantes risueñns 
Dan en suma 

Un [ilacer. . . . ! ¡el de los- sueños 

¡ Ai ! cuando el dia aparece 

El placer se desvanece 

Como espuma. 

Lleno un tiempo de ilusiones 

Iba en tanto 
Dando al viento mis canciones, 

Y en delicioso contento, 
".Canta", le decia al \'iento. 

Cual \'o canto. 

Y el viento el fijllaje seci> 

Removía 
Dejandn escapar un eco, 
Que yo alegre me pensaba 
Era el viento que cantaba 

Su armonía. 

Ms i|ue el alma asaz esc(ui\';L 

Cuando llora, 
Ivs cuando ríe expansi\"a 

Y al romper su cauti\-erio 
Pide á la tierra el misterio 

Que atesora. 

Leva, leva, navecilla 

Solitaria, 
Torna ;i vei" la ]3atria orilla, 
Yo que seguirte no puedo, 
Acjui murmurando quedo 

Mi plegaria. 

Saluda el hogar amigo. 

Su ribera. 
Que yo en mi ausencia bendígu; 
^' pues tu fortuna es tanta 
Llega y festiva levanta 

Tu bandera. 



62 



POESÍAS FILOSÓFICAS. 



j Pobre la dulce liija mia 
Pequeñuela ! 

¡ Pobre madre de María 

Alma llena de dolores 

Que solo un ángel de amores 
Le consuela. 



¡ Que aquí me retenga el cielo, 
Cuando ' amante 

Por mí suspira en su duelo, 

Mi compañera avecilla 

Del lago en la fresca orilla 

Tan distante 



I Ai ! bien el cielo lo sabe ; 

Si en mí fuera, 
Por ver mis amores, nave. 



En este instante darla 
Mi sangre. . . .la vida mia 
Toda entera. 

Luz de_mi alma, flor mustia. 
Calma, calma 

Esos gemidos de angustia 

El justo se inclina y mucre 

¡ Callemos. . . . ! que Dios lo Cj[uicre, 



Flor del alma. 



Navecilla, leva, leva 
Solitaria 

Mi adiós á.la patria lleva. 

Ya que seguirte no puedo 

Aquí murmurando quedo 
Mi plegaria. 
La Guaira, Julio 24 1858. 



LA VOZ DE Mí ALMA. 



RENDIDO al dolor un dia 
Contemplaba el cielo en calma 
Y sentí "la voz de mi alma" 
Que temblando me decía : 



".Bien caridra en tu amargo duelo 
Ta)i honda con.teniplacion, 
Que el ¡ay! de tu corazón 
Sube de la tierra al cielo." 



SONRISAS. 



1. 

CUANDO se van cayendo 

Mis cabellicos, 
Y vivo de recuerdos. 

Si es tiue esto)' vivo ; 

Cuando en el alma 
Mis sueños se confunden 

Con tristes lágrimas. 

Mi pequeña María 

Que apenas cuenta. 
Entre dulces sonrisas. 

Seis primaveras ; 

A todas horas 
Me asedia y me persigue 

Como una loca. 

¿ Sabéis cual es su empeño? 

¡ Capricho raro ! 
■ — Padre, escribe unos versos 

Para mis cantos. 

— Pues, ¿cjuién te ha dicho 
Que hacen versos los padres 

Para sus hijos? 

— Padre, tú no me entiendes 
Porque soy niña ; «, 

Pero si tu me quieres ■^ 

Nada me digas. 



Escribe a.hora 
Los versos que te pido 
Paí'a ni i sola'. 

— Para tí sola.? Sacas 

Muy mal tus cuentas ; 
Pues ¿ y tus dos hermanas, 

No cantan ellas? 

— Llorando á veces 
Ana canta de noche 

Mientras la duermen. 

—¿Y la Ines^ 

— ¡ Vaya, padre. 

Como íne rio ! 
La pobre Lies no sabe 

.Sino dar gritos ; 

No sabe nada. 
Ni pide pan ni dulces. 

Ni habla pala-bra. 

Si )'o fuera mi madre. . . . 

— Piola! Qué barias? 
Veamos tus disparates, 

Gran parlanchína. 

— P'ucra á las tiendas 
Y comprara á mi gusto 

Cuatro muñecas. 



'svDidOsoiii svisaod 






LA FLORIDA, 
lí. 

A la orilla del lago 

IVIaracaibero, 
En vuelta del "Milagro," 

Ni más, ni menos, 

Tengo una choza 
Como el oculto nido 

De dos palomas. 

Ni le ofenden los ra)os 

Del sol que auimbi'a, 
No los recios chubascos, 

Las aguas nunca ; 

Pues á la sombra 
Se cobija de palmas 

Murmuradoras. 

Es mm' pobre en riquezas. 

Mas rica en rosas: 
El -aire es pura. esencia, 

Jazmines sobran ; 

Mañana y tarde 
Me embeles;ui los trinos 

Di' muchas aws, 



— ¿Y qué barias al cabo 

Cop 'cada una? 
.Sii|)ontc que las cuatro 

Son todas tuyas. 

- -Son todas mias ? 
¿ Y tienen manteletas *' 

Y crinolinas 'i 

Sa!, pues, y me las traes; 
Solo te pido 
Que no me las maltrates 

En el camino 

¡ Mias son todas. . . . ! 
¡Como serán de lindas 

Si son de losa ? 

¡ Muñequitas tenemos. ... I 

Con el gatito, 
Cuantío escribas los versos 

Hago un bautismo. 

Yo soi el cura 
Y lo nieto en las aguas 

De la laguna. 

Corro, y mis dos hermanas 

Sabrán mi dicha 

— ¡ .Soñadora de mi alma. 

Dios te bendiga . . . . ! 

¡ Como me alienta 
Tras mi vida de angustias 

Tanta inocencia I 

Cuando se \'an cayendo 
Los cabellicos, 

Fuera el mundo un desierto ; 
Pero los hijos 
Consuelan mucho 

P'ormando en' los hogares 

Vn nuevo mundo. 



Vicndf) sus lindas flores 

La gente mia 
1a- ha puesto el dulce nombre 

De ''' La l'Iorida." 



Se juzga 



¡ l'obre mi gente, 
tan dichosa 



Con lo ijue tiene ! 

Al umbral de la puerta 

l'asa un camino 
IJiinde siempre resuenan 

Campestres gritos; 

Con dar un paso 
.Se sube á un deleznable, 

Rojo barranco. 

Por él triscan alegres 

Mis pobres cabras 
\''isíosas con sus pieles 

Llenas de manchas. 

¡ Modesta altura 
Desile donde diviso 

.Salir la luna ! 

A veces con la aurora 

Lejos escucho 
En las azules ondas 

Blandos murmullos ; 

De las barquillas 
S;ilen esas salomas 

Y canturías. 

Y así sucede al cabo 

Que á "La Florida" 
Nunca le faltan cantos 

^ Por ambas vias : 
Gritos de tierra 

Y trovas en las aguas 

De la ribera. 

Siempre al caer las llu\-!as 

De la mañana 
Mis palmeras columpian 

Todas sus palmas : 

\' es un prodigio 
Mirar como amanecen 

Haciendo ruido. 

Y no s(')!o se alegran 

Como las chicas, 
O como las doncellas 

Que se abanican ; 

La noche toda 
Pasan coino los viejos, 

Hablando á solas. 
Después con las fcstiwas 

Auras que soplan. 
Cada palma se inclina 

.Sobre las otras ; 

Lo que murmuran 
Yo no sé, pero pienso 

Que se saludan. 
Si al fin es un secreto 

La vida toda, • 
Si en suma el unixerso 

>. (1 es mfis (jue sombi'a ; 



64 



POESÍAS FILOSÓFICAS, 



Si ;í cada paso 
Con nuevas maravillas 

Nos encontramos: 

rQué muclio, por Dios, tiene 

Que en "La Florida" 
Canten las palmas \crdes, 

O triste t:^inian? 

¿No sabe el hombre 
Que el cielo se som'ie 

Tras negra noche? 

Añadid á todo eso 

Mis esperanzas : 

I -OS muchos bananeros 

Que tengo en ]:)lanta : 
Canelos indios, 

Guay.abos }' limones 

\' tamarindos ; 



Y liabreis visto la playa 

Voy doiule juegan, 

Mientras sonrio el alba, 

]\[¡s pecpieñuelas : 
Sabréis, en suma, 

I)on(.le oK'ido á las veces' 
Mis des\'entiiras. 

A MARÍA, 
ri I. 

Matica de albahaca 

De " La J'lorida," 
Consuelo de mi alma, 

Dulce hija mia : 

Ya tienes trovas, 
C:intalas al arrullo 

})e las palomas. 



EL RAYO AZUL. 



Cüinino niUt<,M-io:?o 

J)e los (iiKM'ubes : 

,; Qiiií'ii lieiiílo sil('iK'in.<o. 
Biijo las ililhes. 

Tu f;lrUá¿rii:o \'oln ? 

.; f'm- qué brillas leniljlalido 
Uavo lid i ■iclc ;- 



¡.SIEMPRE brillando en las marinas nubes 

AI último reflejo vespertino! 

¿ Por qué me inspiras tú, rayo di\ ino. 

La paz del corazón ? 
Más puro que las aguas tembladoras 
De\ plateado y pacifico arroyuelo ; 
¿Por qué te asomas tú, rayo del Cielo, 

Como extraña ilusión ? 

Yo he visto al astro que adoraba el inca. 
Sumido en lluvia de flotante fuego. 
Salir al mundo y trasponerse luego 

En las ondas del mar. 
La noche, ese terrífico recuerdo 
Del abismo, del caos, de la nada. 
Yo la he visto de estrellas coron:ula 

Espléndida brillar. 

IJ. 

Genios del aire, espíritus fugaces 
De las regiones índicas, )-o anhelo. 
Como vosotros recorrer el Cielo 

Tras nubes de arrebol : 
Al despedirse el moribundo dia 
Prestadme vuestras alas, porque jiueda 
Ver ese ra\'o azul de gasa \' seda. 

Que brilla junto al sol. 

J^risas murmuradoras de la tarde, 
A cu)'Os tenues encantados ruidos 
Se pierden lentamente mis gemidos. 
Las voces del pesar ; 



1, Decidme ¿quién colora en las alturas, 
Que la alta noche de misterios puebla. 
Esa estofa de plata, luz y niebla 
Qne refleja en el mar? 

A\'ccillas del cielo peregrinas. 

De dulce canto y de lijera pluma, 

¿ l'ls precursora esa impalpable espuma, 

De horrible tempestad? 
Cuando el astro del LTca silencioso 
Se hunde veloz y oculta sus reflejos, 
' ¿ Quién tapiza de nácar y azulejos 

La triste oscuridad ? 

i 

¿Quién , . . .? La voz del Señor, el Dios del cielo 

Rey de los Reyes. . . . Mientras paso á paso 

Se en\'uelven los países del ocaso 
; En mantos de oropel ; 

i Como la sombra es triste, como el hombre 
i Gime en su corazón, el Dios bendito 

Tiende ese rayo azul \'ago, infinito 
i Donde se oculta El. 

' Invisible poder, Núm^en divino, 
Espei'anza del mundo )'o te imploro. 
Trémulo de piedad. Señor, te adoro 

Sediento de \'irtud : 
En el ritmo del alma te bendije 
Yo te alababa en mi niñez primera, 
FÍO)', pecador, te llamo por doquiera 

Al son de mi laúd. 

Y aunque la sombra del inmenso espacio, 

Y la lumbre magnífica del dia 
A veces calman la tristeza mia, 

I llondísimo dolor ; 

' Nunca á la \'o/, de la esperanza se abre 

¡ El pobre corazón tan dulcemente, 

I Como al \'er ese rayo reluciente 

• De límpido color, 



POESÍAS FiLOSÓFICAS, 



65 



])iccn (¡ue Lin .íní(cl ciiaiiilo mniTí.' el dia 
Triste en los aires su pieí^^aria entona, 
;.Ser;ín sus alas la brillante zona, 

Que miro relucir? 
¿Ser;i que peregrino de otros niundoji, 
Cruzando^ bajo el lampo de una estrella, 
Deja tras sí la luminosa huella 

] -)e azul y tle zafir ? 

I'^l iris tiende en la borrasca oscura 
Sus cambiantes, su luz, su g;aía de oro. 
Mensajero del bien, feliz meteoro . 
.Sínibolo de la paz : 



' Xiniciode una ¡iromesa soberana, 
!,a tempestuosa lumbre empalidece 
Apaj^a la tormenta, y desparece 
Misterioso y fugaz. 

I'cro tú, faz á faz con el carmíneo 
Surco de sol maj^nífico te pintas, 

V m\iestras suaves tus serenas tintas 

En el flotante tul ; 

Y cuando el viento ajita tle ¡a tarde 
Su reflejo de nubes, incendiario, 
Mrillas, i'aj'o tranquilo, solit.irio, 

I Misterioso y azul. 



SOMBRA Y LUZ. 



TAÑER, DE LIRA. 

EX las umbrías del Anauco blando 
Mientras el cielo de esplendor se cubre 
Con la postrera luz del sol de Octubre, 
Tañer se oye una lira y soUozandfi. . . . 

Ac[uella melodía 
Érala historia de la patria mía. 

Los bardos de la patria la escucharon, 
Y antes que al cielo solitaria ascienda, 
A la paz y al progreso, como ofrenda 
La canción en sus lira.s modularon. 

No del dolor se asombre 
Quien sepa que el dolor acendra al hombre. 

LA CANCIÓN. 
"He sufrido, he llorado; cada gota 
De sangre que en la patria se \ertia 
Era una angustia m;í.s, era una rota 
i'ibra del corazón. El alma mia 

Tras esta prueba ruda 
Llena de un santo horror callaba muda. 

jMuerte y desolación ! Eso la palma 
Era del triunfo en la batalla fiera, 
líntre las sombras de la noche en calm.-i, 
j\l esplúndido sol de primavera. 

El infierno.... Imposible! 
¿Cuííndo tu\-o castigo más horrible? 

Este pueblo á quien nunca en paz oprimen 
Nefandas tiranías, se \i(') inr^rte 
Cargando ¡ oh vili¡)endi(i ! con el crínieii 
Del hierro, de la sangre, de la muerte. 

En sus triunfos insanos 
Se mataban hermanos con hermana is. 

Como el seco arenal de agua sediento 
Así de sangre ardiendo estaban todos ; 
Jamas saciado el criminal intento 
.Siempre hubo sangre de distintos morios. 
» ;Cuál era la medida 

De est.-i rabia insensata de la viflaí 



La tiene el tigre cuando .su hambre .sacia, 
Pero mi alma de terror se hiela 
Porque nunca la tuvo en su desgracia 
I".l ciudadano, el hombre en Venezuela. 

i L'^"-' giií'i'ile l'i memoria 
En este F.í.len tan eí'pantable liistoria! 

lie sufrido, he llorado. ; Quién me libra 
De tanto horror en la nocturna calma? 
¡Alienta corazón ! No hai una fibra 
Que no palpite ciin la voz del alma 
Al grito de la guerra 
Que :í toda compasión el alma cierra. 

EL GENIO. 

Ca>'() la \o/, y el ra\'o \'espertiao 
Que al so! levanta pabellón de seda, 
Nuncio feliz, esjjiritu divino 
De la sombra salir'i de la arboleda. 

Era tal mara\'illa 
El genio (lela gloria sin mancilla. 

Toc(') l:i til rra )■ levantando luego 
De la ¡injilacable muerte los despojos. 
Su man.) incandescente como el fuego 
Del cíclope quedó: bri!!(< eit sus ojos 

Una lágrima ardiente ; 
Que era sangic el color incandescente. 

" Salvado estás 1 oh pueblo ! — Tu bandera, 
Del heroismo }• la desgracia en nombre. 
Como el iris de paz brilla en la esfera : 
.Sení en la tierra paladión del hombre. 

Sin mancilla tu gloria 
De lioi m;ís el mundo grabará en la historia. 

Dijo batiendo el ala ; y como suele 
Pasar la nube al resplandor del dia 
Coronada de luz. por más que anhele 
Contenqilarla el mortal; así se vía 

Cruzando el aire vario 
Aquel Genio di\iru-) \- solitario. 

9 



66 



POESÍAS FILOSÓFICAS. 



REGENERACIÓN, 

Respiró lentamente en duelo tanto 
VA miserando pueblo. La cabeza, 
Mientras secaba el abundoso llanto 
'JVanquilo levantó. Mas si tristeza. 

Tal le humilla }• le abruma, 
Que aun desconfiaba de su tliclia suma. 

¡ Oh, madre patria, tu valor alienta ! 
¿Noves que un Hijo Ilustre en la batalla 
De la cWú discordia se presenta 
Y las malas pasiones avasalla? 

¿ No ves como eslabop.a 
La verdadera gloria á tu corona? ' 

Si horrible fué el pasado, tu presente 
Saluda al porvenir lleno de vida : 
Borró el héroe la marca de tu frente, 
Acabó con la guerra fratricida ; 

Y á tu grandeza aduna 
Su genio, su \alnr y su fortuna. 

De hoi más la guerra en criminal exceso 
No tu mengua será ; cuanto es sublime 
Esta fuerza, esta paz, este progreso 
Que te levanta ¡ oh patria ! y te redime. 
La guerra, cuando y donde 
Sah'r podrá del antro que la esconde? 

La esconde ? La degrada ! Quien pudiera 
Proclamarla discordia? j^ Quién alcanza 
A oscurecer la gloria ? Qué bandera 
Será mejor que el iris de esperanza 

En la paz, bien fecundo. 
En la instrucción que regenera al mundo? 

No saldrá del abismo. La corriente 
Del progreso del pueblo es infinita. 



''■ Y no habrá quien satánico ensangriente 
.Su linfa en medio de la paz bendita 

¡ Quien rdiogue la idea, 

Quien grite guerra, escarnecido sea! 

Palmas en su camino de esperanza 
Y flores, va.rnionías, y canciones 
Al Hijo ilustre. i,^uiep. tu gloria alcanza 
Bien ¡ olí patria! merece bendiciones ; 
[ Palmas en su camino . 

Al héroe misterioso del destino ! 



Alienta, patria hei'inosa, patria mía, 
Hoi que la paz esplendorosa impera, 
Levanta un himno santo de alegría 
Sobre el mundo y el sol, de esfera á esfera. 

La sombra al fin profunda 
Pasa. \' la luz al universo inunda. 



LA IDEA LIBERAL 

La estatua es obra mía. No revela 
AI mundo solo tic un mortal la gloria; 
Como cifra del pueblo es una historia 
Que en plauso inmenso por el orbe vuela. 

El pueblo sabe bien que cuando ajiela 
Al porvenir, su noble ejecutoria ' 
Escribe aquí como inmortal memoria 
Del progreso y la paz de Venezuela 

I Mañana habrá pasado este momento 
I .Solemne de la patria. Acaso un dia 
Polvo será tan noble monumento ; 

I IMas siempre de Guzman el alto nombre 
j (i\iardará con amor la ]Kitria mía 
",' En honra a! héroe, al ciu.dadiu.io, al homl^re. 



MI F£ BE MIMO. 



BAJO el amparo del amor divino, 
Con que se nutre el corazón cristiano, 
Suelto mi voz, como el terral marino 
Murmura triste por el bosque indiano : 
A solas con mi fe \'o}- peregrino, 
Entre las sombras del saber humano, 
Buscando el dulce suspirado puerto 
Con calma sí, pero con rumbo cierto. 

Asólas con mi fe doquiera siento 
Del alto Numen el poder sublime. 
Ya cante con altivo pensamiento. 
Ya llore con el duelo que me oprime : 
A solas con mi fe busco sediento 
Una sola esperanza que me anime, 
Y la encuentro tranqm'lay solitaria 
lÜ! la trémula \'oz de mi ¡jlegaria, 



Santa, tres veces santa la bendita 
Sencilla religión : puro arro\uelo 
Que su mansa corriente precipita 
A travez del mundano desc<insuclo. 
Nuncio feliz de paz, voz infinita, 
Que resuena en los ámi^ivos del cielo, 

Y escuclia el hombre en ■ •'. ;'cnar prolundo 
Mientras \-a caminando \y.;i el mundo. 

Niño, muy niño, en mi inocencia pía 
La simiente de Dios broL'» en mi ]3echo, 

Y á Dios casi llorando le pedia 

Paz en mi sueño sobre el blando lecho. 
Ella, mi único amor, la madre mia. 
Cuando bramaba el temporal deshecho. 
También oraba con afán iirolijo 
A r)¡os i)¡diendo poi' su débil hijo. 



POtSi AS FILOSÓFICAS. 



Í--7 



' recio c! nifio dcspii'cs, con pie lijcro 
I^a senda del pesar fué caminando; 
Con aliento y valor seguí primero, 
Después con tardo i)aso suspiíando; 
I.a gloria, ese magnífico venero, 
Que el corazón anhela palpitando, 
Con sarcasmo la vi descolorida 
Tras el cansancio de la estéril vitla. 

üh ! que es triste, muy triste, en la m;iñaiu 
De nuestras encantadas ilusiones 
Palpar la realidad, miseria humana. 
Amasada de inpúdicas pasiones; 
Sentir como se apaga soberana, 
En medio de las danzas y canciones, 
Esa llama inmortal de la existencia : 
La castidad de! alma, la Inocencia. 

l'rueba terrible para el frágil hombre, 
Supremo instante en que somete á duda, 
Sin que blasfemo el corazón se asombre. 
Su fe, que entonces se mantiene muda : 
Hora men.guada en cjuc de Dios el nombre. 
Postrero paladión con C|ue se escuda, 
Pronuncia nuestro labio indiferente 
Olvidando que es Dios omnipotente. 

Así la vida nuestra se asemeja 
Al velero y fortísinio navio. 
Que l'a onda pura, ribereña, deja 
Bajo del recio temporal sombrío ; 
Larga sus banderolas y se aleja 
Adentro en el fragor del mar bra\ío, 

Y á, poco sin timón perdido vaga, 

Y rebramando el mar -le imjiele y traga." 

Si ent()nces el mortal en su amargura 
El crimen cree valor, lo cree arrogancia. 
Si en medio ala corriente no procura 
Por el Dios sacrosanto de su iulancia ; 
Si no quiere, tenaz, volver su impura 
Mirada al Cielo en criminal constancia; 
Si el llanto no humedece su mejilla, 
Ofrenda grata á Dios pui'a }- sencilla; 



¡ Ai, del híjmbre infeliz ! ¡ Ai, del (jue fuei'tc 
Se juzga en su soberbia ó su cinismo ! 
Nave altanera correrá -la suerte 
De ser tragada por el hondo abismo. 
¡ Ai, del liombrc infeliz ! i'odrá su nuirrlc 
Con las palmas cubrir del heroísmo : 
Pero serán, en su terrible tiucln, 
La sefial del estígmata del Cielo. 

Yo fui, .Sefíor, en medio á mi camino 
Semejantcála nave, débil pluma 
Arrastrada del recio torbellino. 
Rota y sin rumbo entre la hir\icnte espuma: 
Pobre mortal, cuitado peregrino. 
Volví la vista á tu grandezi suma. 
Mi voz á tí la levanté postrera 

Y hallé MI FK DH NIÑO toda entera. 

Próximo á perecer, la \'iva lumbre 
Me hirió de tu grandeza y de tu gloria ; 

Y se trocó mi orgullo en mansedumbre 
Al suave soplo de infantil memoria. 

Me alzé, Señor, del cieno y podredumbre 
De la mundana \¡tla,(.]ue ilusoria., 
J'or la le t¡ue de niñt) me (¡lied.aba, 
?í!is instintos sublimes sufocaba. 

< )bra filé tuya ¡ah Dio.-j! Padre 
Esa que \'o sentí tiulce esperanza. 
Ai ! desde entonce el cor.izon blasfemo 
Quedó pui'ificado en tu balanza; 
Hoy te admiro, Señor, te adoro y temo, 
Cuandn entono postradi) en tu alabanza 
El himno de mi amor, que el alma ansiosa 
Encomienda á la brisa rumorosa. 

Por eso á solas con mi fe camino, 

Y al ver del hombre la fortuna varia, 
F^mpuño mi bordón de peregrino 

Y elevo á Dios mi férvida plegaria. 
Voy entre sonibras, sí, mas el destino 
Fiará brilhu' mi estrella solitaria, 

Y en Dios conlian.do con amor jirofundo 
Mi primera palabra daré a! nuindo. 



sripi'cmo, 



¿Qü£ VERÁ? 



ES.\ fuente que en lo verde 
Murmura con linfa escasa 
Y' al cabo gimiendo pasa 

Y en la floresta se pierde ; 

; Hacia donde 
lisa fuente triste va? 
Cuando ella gime y se esconde, 

¿ Qué verá ? 

Y el águila cjue su vuelo 
Desde la tierra levanta, 

Y riza su pluma }' canta 
En las alturas del cielo ; 



Cuando sube 
De la nube aun más all.i, 
¿ Qué verá desde la nube'' 

¿Qué verá? 

Y el sol distante, distante 
Que tierra y mares argenta, 
Pupila extraña )' sangrienta 
F2n la frente de un gigante ; 

Pues alumbra, 
^' en el universo está 
Imjo, ¿sabéis qué columbra? 

¿Qué verá? 



¡-•OESiAS !-!ÍX)L;ÓFJCAí;, 



Y cl espíritu cjiíc adoro 
Del ángel de mi carifio, 
Kl alma del dulce niño, 
Del hijo que aun triste lloro ; 

En la inmensa 
Giandezadc Jeho\á 
¿ Cómo vive ? ¿ Cómo piensa ; 

¿ Qué verá ? 



i Ai, fuente del bosipie umbrío! 
i Ai, ág^uiia voladora 1 
¡ Ai, sol que el alba colora 1 
¡ Ai, alma del hijo mió ! 

Si este mundo 
Siemi)re un misterio será, 
E] hombre en duelo pi-ofnndo 

¿ Qué verá ? 



V£Ri. 



ESA fuente que desala 
Su linfa en el prado verde, 
Si se esconde, si se pierde 
Entre arenillas de plata, 

Sin rumores 
Verá en tierras campesinas, 
Las flores en las coh'nas, 

Y á. Dios brotando las riores. 

El águila que en la nube 
Cuando la tormenta brama. 
El ronco trueno le inflama 

Y con la tormenta sube. 

Pues que cierra 
Sus alas sin (|ue se asombre 
Verá en la cifra del hondjre 
Á Dios cifra de la tierra. 

El sol de llamas cubierto 
Que al universo da \itla. 
Cual pirániide eucentlitla 
Para alumbrar un desierto. 



Ya que brilla. 
Verá mundos por doquiera, 

Y de una esfera á otra esfera 
Verá á Dios por maravilla. 

Y aquel mi santo tesoro, 
Anyel que emprendió su vuelo 

las regiones del ciclo 
Batiendo sus alas de oro, 



\' 



lema 



-De la eternidad bendita, 
\'^er;í á Dios luz infinita. 
Verá á Dios, gloria suprema. 

Y fuentr-^s, flores, colinas, 
;\\'es, sol, inmensidades, 
Vund'.), esferas, claridades. 
Pasarán como neblinas 

En el Ande; 
A' en ese c;ios movible 
Dios sólo será \'isible, 

Y justo, y eterno, y grande. 



VERSOS 

Dedicados á los distmgaidos Directores del Colegio ce Santa María. 



ASÍ se cumióle en el afán del hombi-e 
El mandato, el deber déla conciencia 
Así so sacrifica ia existencia 

Con santa abnegación. 

¿Quién solitario, entre la sombra oculto. 
De fe inspirado y ])atcrnal carino 
La mente eleva del risueño niño 

Desde el hombre hasta Dios? 

Es un noble y modesto eiutladano, 
De ciencia lleno, en la enseñanza dieslio 
Es la luz de la tierra, es el maestro 
De la niñez feliz. 

Atento á la palabra misteriosa 
Que vertió Jesucristo, acepta grave 
La misión de enseñar al c^ue no sabe 
En honra al porvenir. 



Jamas iu'.bo labor soijix- la ticna, 
C'onio ofi'enda al progreso, más sublime: 
Ella fecunda el bien, ella redime 
Al hombre en la virtud. 

Entre la leti'a (.|uc el maestro enseña 
Y de la fuerza bruta el ronco grito, 
l'^xlientie Dios un mundo, un itifinito 
Ucean.') de luz, 

Hajo esta zuna esplendida, la idea 
El ti'iunfi) grabar;! de su constancia 
.Sobre el cnmeii, hi fuerza, la ignorancia 
Que asfixia el corazón. 

.Si el tliilijr es el hijo misei'able 
'Del se¡' (|ue anhela su final destino, 
Luz á la mente )■ se alzará di\'ino 
Hasta el ¡ai ! del dolor. 



poesías filosóficas. 



69 



Venid á mi, tnuiquiluíi como el alba 
Que en niyos de oro sus perfumes lleva, 
Angeles del amor ; la buena nueva 
Un padre os quiere dar. 

La palabra )■ el libro (|ue iluminan 
Al nifio en el recinto de ¡a escuela, 
Tanto como la prez de Venezuela 
Vuestra yloria ser;i. 



Sus prece]3tos guardad : (|ue en vuestras almas 
Sean cual mies que el labrador recoge 
Y al llevarla feliz bajo su troje 
Bendice al sumo j-iien. 

VA á la luz pr¡niavei-al, el rico 
Fruto atesora que la tierra alfombra. . . . 
Cuando llegue el invierno con su sombra 
Vivirá de la mies. 



'i'al vuestro ardiente coi'azon, que ahor;i 
J)e fe, de anují", de ciencia se penetra, 
.Al encantado ritmo de la klra 

i limnos hará de ]>;i./.. 
Y vivirá el esi)íritii ini|u¡riend'i 
iJe la \'erdad la luminosa huella 
Desde el polvo invisible liasta la estrella; 

M;ís allíí, más ,dlá , . . .' 

N'enid á mi hjs jiu'enes, que culto 
Tributáis al saber, dais á la idea. 
Que martana feliz la patria os vea 
.Sus glorias [jresidir. 

Amando en paz l;i libertad del hondjre 
Seréis por ella ante la fuerza escudo. 
Juventud ele mi patria, yo os saludo. . . , 
Venid .i mi ¡ \ enid I 
7 de .\gosto de iS^ri. 



A LA MEMORIA D£ OCTAVÍANO ÜRMMETA. 



i ES otro duelo profundo 
Que turba mi triste calma ! 
¡ Cuándo estará libre el alma 
De los dolores del mundo ! 

El corazojí que sensible 
Sus afectos atesora, 
Se desangra hora por hora 
Con el llanto inextingiúble. 

Si no hay paz en el camino 
De nuestra humana miseria, 
líntre la frájil materia 
Y el espíritu divino ; 

¿ Por qué vive aquella unida 
Al alma en estrecho abrazo 
Para romper luego el lazo 
De las glorias de la vida '. 

11. 

Lleno de didce confianza 
'l"e vi partir, pobre amigo : 
De compañeros contigo 
Iban votos de esperanza. 



iJespues, lie la i)atria en nombie 
(,¿uizo SLi'xiile de escudo 
La ciencia; mas nada inid<j : 
¡Como nada puede el hombi'e ! '>*' 

Sereno en tu adversa suerte 
Cumpliste contigo mismo 
Sin asombrarte el abismo 
Que ha\' de la vida á la muerte. 

Y es (.[ue al hombre tal auxilia 
El Dios que nuestra alma siente, 
Que hasta muere en paz ausente 
De la patria \' la familia. 

Si iiyer \-iajaban contigo 
Como dulces compañeros' 
Votos del alma sincerti.s 
De la madre y del amigo, 

lio)' las voces solitarias 
De nuestro profimdo duelo 
Por ti subirán al cielo 
En lágrimas \- plegarias. 

( )ctubre 14 de 1876. 



A LA MEMORIA DEL DR. MATEO TROCONÍS. 



PAZ á esa tumba I La virtud su historia 
Graba en el mármol con profundo duelo; 
Duerme en ella un \-aron cuya memoria 
Sin miedo al porvenir remonta al cielo. 



''' Honra, c'uiiáa. deber, tal es la gloria 
Que, con oi'gullo del natix'o suelo. 
' En noble ejemplo, á convertir alcanza 
\ Esa tumba en altar de la espei'anza: 



70 



POESÍAS FILOSÓFÍCAS, 



A Mí BISTÍNGÜÍDO AMÍGO ERMELIMDO RIVODO. 



DOLOR, misterio eterno, que la vida 
Marchita y descolora. 
Ninguno habrá que ])ucda comprenderte 
Desde la blanda cuna remecida 
Por el niño que llora. 
Hasta el trémulo aneiano, 
Esperanza sin voz del ser humano 
Que se pierde en la noche de la muerte. 

Dolor, ¿ qué te eslabona con el hombre 
En su estéril camino ? 

¿ Quién te puso á su lado ? ¿ Quién te oblic 
Siempre alienar de lágrimas tu nombre, 
De sombras tu destino? 
l^ajo zozobra tanta, 

¡Oh, dolor de la tierra!. . . .¿no te espanta 
Que tu poder la humanidad maldiga? 

7\yer no mas en el hogar tenia 
La virtud su consuelo: 
Eeliz én su honradez, tras la esperanza 
De la dulce familia, bendecía 



Mi pobre amigo al cielo. 

Mirad como aparece 

De improviso esa sombra y pasa y crece 

En el hogar que en paz la dicha alcanza. 

Es el dolor! La joven y modesta 
Madre y risueña esposa. 
Como la palma al huracán sombrío 
Se abate suspirando en la floresta, 
Así en la misteriosa 
Tumba, en el mismo instante 
Se hundió, llena de lágrimas, amante 
La compañera del amigo mió. 

Paz á esa tumba, retemplando el alma 
Su varonil aliento. 
Virtud grande y sublime y meritoria 
Es la resignación ; Bendita palma 
Que al desgajarla el \iento 
Pudo ser abatida 
El amor de sus hijos en la vida 
Consagrado en el culto de su gloria. 

Caracas, Mayo 3 1 de 1873. 



£M LA MUERTE DE MANUEL FREÍTES. 



I. 

AS-Í perece en solitaria selva 
Con su corola de carmín )• grana 
La rosa tropical que en la mañana 
En su tallo gentil se columpió. 
•Así la pobre tortoiilla muere 
Cuando dichosa de placer suspira 
Y el bardo al eco de la dulce lira ■ 
Su funeral' cantigíi murmuró. 



i! 



.,\sí miu'ii') mi desdichado amigo 

'J"al vez en gloria y porvenir soñando, 

Porque doquiera juventud buscando 

Esos fantasmas incansable va. 

Por que la luz de nuestra zona ardiente 

Abrasa el corazón, el alma quema 

Y por tenei- la juventud emblema, 

Su sangre toda en liolucausto da. 



¿Porqué la sombra impalpable 
De la muerte maldecida 
Empaña de nuestra vida 
El terso y puro cristal? 
¿Porcj^üc; ala voz del destino 
Su voz apaga el torren.te : 
Y el hoihbre inclina su fi'ente 
Altanera y colisa! ? 

Cuan triste es ver una palma 
Que se nutre en la llanura 
Abatirse en noche oscura 
.Por el furioso turbión ; 
Asi causa sentimiento 
Ver sin coronas ni nombre 
Bajar á la tumb;i el hombre 
Velado en negro crespón. 



¡Oh ! como es ííÍs'lc en la risueña aurora 
De la placida }■ virgen existencia. 
Escuchar es;i lúgubre sentencia ' 
Del ángel invisible del dolor. 
Cuánto al sencillo corazón lastima 
Dar el adiós postrero al ser humano, 
Que estrechó cariñoso nuestra mano. 
Lleno de \-ida, de amistad, de amor. 

Esa es la cifra misteriosa y grande 
De los cantores de la raza humana, 
Hora nacer para morir mañana 
Lleno de vida, de amistad de amor. 
Yo, caro amigo, guari^laré tu nombre 
Y tu memoria lloraré constante 
Hasta que llegue el funeral instante 
En las alas del¿'í'/.'/í> del dolor. 



POESÍAS FILOSÓFICAS, 



GÜZMAN BLANCO. 



RISUEK'A un día la gloria 
Cantaba en dulce solaz : 
"Hoi nadie vive en la liistni-ia 
Si no \'i\-e de la paz." 



Cuando el taílido rotundo 
Se oyó en Abril, me decia : 
Esa gloria vale un mundo 
Pues salva la ¡jatria mia. 



Oyendo tal cantinela, 
¿Cómo-excI;imé-se concibe 
Pueda vivir Venezuela, 
Si de saneare \' cruerra \ive • 



Era el reproche tan franco, 
Que sin enojo me dijo : 
Vivirá con Guzman Blanco 
A quien adoptó por hijo. 

Del secreto apercibido 
Las horas conté una á una, 
Llevando puesto el oido 
Al timbre de la fortuna. 



¿Qué mucho pues que demande 
La patria en canto sonoro. 
Para una gloria tan grande 
Hrillante p;igina de oro ? 

Ella muerte y vida encierra. 
Cifra de eterna memoria ; 
Muerte á la misera guerra. 
Vida á Guzman en la liistoria. 

I>o que ha sucedido luego 
Se canta d'c boca en boca; 
Cuando un malo toca á fuego 
A paz Guzman Illanco toca. 



LUZ Y SOMBRA. 



ALMA inmortal, espíritu divino 
Que haciendo vas de mis profundas penas 
El lúgubre recuento ; 
No siempre tu destino 
lis, para mengua del orgullo humano. 
Caminar entre sombras; 
"Más dulce que la luz del firmamento 
En las noches serenas 
13c la querida patria. 
Irradia á veces la \'irtud sublime 
.Sus almos resplandores ; 

Y al calor de ese fuego sacrosanto 
El egoísmo muere, brota el llanto, 
Se alivian los dolores. 

La fe se acendra en la esperanza pía 

Y el entusiasmo tuyo es, alma mia. 
El ritmo eterno, universal, que canta 
'' lísperaii-a y amor" al sacro nombre 
De la \irtud sublime, 

-De la virtud que salva, que redime 
De su egoísmo miserable al hombre. 

En alas de ese monstruo que arrebata 
La tierra en sus cimientos 

Y que la ciencia <í la moderna industria 
Plizo nacer tonante 

De opuestos }' encontrados elementos; 
Lleno de banderol;i.s se \ei.i 



i Cruzar las ondas del sereno Plata 
Alíjero bajel. Soltado habia 
Como la inmensa toca de un gigante 
El ancho lino al despedirse alegre 
De Piuenos Aires la opulenta y rica 
Ciudad del Nuevo Mundo. 
Nunca en su gala el cielo 
Mostró con más alarde 
Sus ricos esplendores. 
Era una tibia y deliciosa tarde ; 

! La Zona equinocial bajo su velo 

I De espléndidos colores 

! Se iba tiñendo en sombras indecisas ; 

I Llegaba ese profundo 
Instante en que aparece 
Con el último adiós y las sonrisas 
Trémulas del ocaso 
La sombra de la noche. 

En los antiguos tiempos esa na\'e 

Bajo el cielo brillante de la Jonia, 

Alejándose llena 

De cánticos de paz }/ bendiciones, 

Como traspone el ave 

T^a atmósfera serena 

Para llevar entre sus niveas plumas 
I Los suspiros de ardientes corazones ; 
y En esa- edad (¡ue ;i V^cmis la tle Gnido 



72 



POESÍAS -FILOSÓFICAS, 



Vio cncrintada salir de las espumas, 
El ateniense hubiera confundido 
Esa nave feliz del Planta.undoso 
Con aquella de ñores coronada 
Que en las fiestas de Anolo, 
CarL;"íítIa de maí^nüicos presentes 
A Dclfos la saí^rada 
Iba con los deliastas del Pireo, 
En memoria de! triunfo de Teseo 
Sobi-e el cretense Minntauro odioso. 

— ¿Quien comanda esa nave? ;Ad()nde el ruml: 

Lleva el audaz marino? 

Ni deslumbrante fama ni ado adx-erso 

En su mortal camino 

Persigue aún ;i su j^iloto oscuro. 

Jíossi lo llaman solo; 

Y cuando sobre el terso 

Y gigantesco rio 

De ])ié en la popa :d gobernalle atiende, 

En su audacia seguro 

De his olas .il blamlo mui-murío 

Darle caza pretende 

A otro bajel ri\-al, que allá á lo lejos 

Le aventaja en su mai-clia 

Y levant.a Lanil:)ien sobre las olas 
Gallardas banderolas 

Del moribundo sol á los refleios. 

\ ■' 

Is'o es gloria esa insensata 
Pasión. £jue suele al hombre 
ILstéril ajitar, \-i\'iendc) asido 
]3el \'ano miindo al deleitable ruido 
De lisouj.a falaz, ó bien tras kica 
' Mspei'anza de oir ca.ntar su nombre 
Por un hecho cualquier de boca en boca. . 

—"América bajel del ancho rio, 

Ouó lle\as como un signo de progreso 

Que el porvenir reser\'a á est;is regiones 

Su esclarecido nombi'e : 

Sacude tu sombrío 

Penacho de humo. )' corre retronando, 

Y vuela, y march.a'al encantado beso 
De las auras nocturnas. 
i\íaravilla del mar, sobre sus uiaias 
Tu resoplido lanza. 

Nao del l^lata, avanza! 

Eal que cnri'a mi marina gente 

La n.egra piedra en la caldeada liornilia. 

; No es de la mar mi nao maravilla ? 

Pues raja en sus liijares fuego ardiente 

Como sic!i'>pea fragua .... 

¡ l".n runibo )' sobre el a;:;aia 1 " 

Tal grita Hossi y c[ueda 
Como si en c] instante ;í la P^ortinia, 
Móvil de los humanos, 
(Quisiera detenc'r, de entrambas manos 
.,'Vterrado á la ruc;la 

] )e! timón salvador. [\íengua n mancilla 
De su m;d entendida Vionra, supone 
I",l oruailloso l'ossi. 



,1 A la otra nao de vapor, "El Villa", 
No poder alcanzar y que pregone 
Allá donde le lleva su deseo, 
En la dulce y feliz Montevideo 
Luego su fácil triunfo. 

¡Oh, necia vanidad, que así deprime 
DeLserhumano la razón sublime. 
Bossi, el hijo del mar, á los reflejos 
De la postrera luz que se escondía. 
Como una torre que domina en alto 

V solitario ñionte, 
Divisa allá á lo lejos 
Á la " Villa del .salto " 
Orgullosa cortando el híwizonte. 

¡ Oh, necia vanidad ! Levado había 

El ancla este bajel, tiempo g;^aaad.o 

Sobre el gallardo "América." 

De su puerto apacible 

Hossi le vio partir, }- á poco izando 

Él también su bandera 

Alegre se alejó de la ribera. 

Es alta noche, y á la par de ar[uellas 
Neblinas trasparentes 
i Del antartico mar siempre \'ecinas, 
• \.d.^ J¿/ir//¿íS fsfrr//(7s 
I .Se ven cruzar divinas 
' ¡Como queriendo en formas de serpientes 
' El íímbíto poblar de las r.eblínas. 

Oíd ! Murmura el Plata. E.Ktraño món.strilo 
Que en mar desconocida ó tierra ignota 
Abre sus alas silencioso }," brega 

! Y corre )- marcha al viento que le azota ;. 

j Así ¡carece y va medio \'elado 

I Por las sombras que arroja el ancho abismo 
El "América" fuerte. Avanza, llega 
Cerca de " El Villa," al paralelo mismo. 

La clepsidra de luz del Nuevo Mundo 
Señala de un lucero á otro lucero 
De los fantasmas la solemne hora 
En cuanto al ,Sur abarca, 
La fulgurante zona del crucero 
LaMnedía noche marca. 

Bossi está silencioso 

No de alcanzar "El Villa" el necio orgullo 

Le satisface )-a ; vence ardoroso; 

Mas, mudo de sorpresa, observa atento 
¡ Las ondas \- el espacio. P3n ese instante- 
1 De su marino triunfo el desaliento 
i Nubla ím¡Droviso su fug.iz contento 
i A la luz amarilla 
i Del niyn de la luna \-a[)oros() 
i El ve como adelante 

Sigue la nao Cjue aleanzcJ, 3' se alej.a 

Y aunque comprende, ciego 
' Por c! tenaz despecho que le ahoga, 



De adelaiitaró de seguir al V 
El imposible al cabo-"bog.i ! 
itauíjo luego ; 



na 
boga 



Sigue 



POHSÍAS FILOSÓFICAS. 



Y bulle ardiente la caldera.)- biilla 
Más intenso en la liorna/.a el i'i.jn fue<4-o. 

Mientras ret;i al destino 
El "yVmé-rica" dobla su camino. 
La marcha precipita, 
Se estremece, palpita 

Y cruza, y corre, y \ iiela : 
Asorda y ruje la encendida enlrai'^a, 

Y la profunda .estela 

A popa en qlas de /.añro l)ana 

El pendón árjcntino. 

La mole de t^ranito suspendida 

Del Ande en la montaña; 

Así una fuerza misteriosa, cxtrafia 

A bordo del América se siente. 

Corre azorada y trémula su gente 

Y la cubierta ocupa, 

Y en torno á Bossi, el capitán, se agrupa. 
-r-¿Qué pasa? ¡Decid pronto! Algo se esconde 
De insólito, espantoso, horrible y triste. 

— No es nada — ac[uel responde, 

Y á la maniobra indiferente asiste. 

Mas he aquí cjue retumba 
Mayor estruendo en la centina yerta, 

Y por todas las bocas de cubierta 
Como respiradero de una tumba. 
Donde vivo estuviera palpitante 
Sepultado un gigante. 

Se escapa el vaho ardiente del infierno 
Entre columnas de humo. 
¡Oh suerte infanda y realidad maldita ! 
Cuando el peligro es sumo, 

Y la llama voraz se precipita, 
Cuando no hai esperanza, al fin se sabe 
Que se incendia la nave ! 

i Aterradora confusión ! En torno 
Del chispeante horno 
Lenguas de fuego retronando crecen ; 

Y á su siniestro resplandor, se agitan, 

Y se ocultan, y saltan, y aparecen 
De nuevo, cual fantasmas 

Que huyeran de la tumba maldecida 

En el delirio de aspirar la vida, 

Cuantos llevaba alegres, 

Al cerrar de la noche, pasajeros, 

Aquel bajel, ahora 

Volcan flotante en llama abrasadora. 

Allí lajuventud con su esperanza, 

Y el casto amor con su feliz sonrisa, 

Y la opulencia que el placer alcanza, 

Y la blanda piedad de voz sumisa. 

Allí la joven madre y dulce esposa 
Sobre su pecho aprieta cariñosa 
J\[ hijo de su alma. Allí la lenta 
Ancianidad temblando se presenta. 



A l'^l valor, la constancia, 
; La indiferencia, el crimen, la locura; 
1 Cada infeliz allí personifica, 

Como un eco ó ¡jcrdida resonancia, 
■ Alguna de las férvidas pasiones 

Vicia de los humanos corazones, 

Y miénti'asallí todos 
Amenazados de tlistintos modos 
F,ntre dos muertes: -la rujíente fragua 
Del incendio que allí Satán irrita 
En la embreada jarcia, y la malrlila 
Abismante inquietud que muestra el agua, 
(íritan, lloran y gimen, 

: Corren, caen, se oprimen 

\ Los botes alcanzando 
Con su peso allí mismo zozobrando. 

¡ Oh, •.■nusa del dolor! AhoiTi canta 
Más de una acción radiante de heroísmo. 
Reivindica el espíritu, levanta 
Tu voz sobre las sombras de la muerte 

Y enalteciendo á la virtud, convierte 
En un altar la tumba del abismo. 

Sobre el innoble espejo )• trasparente 
Del caudaloso Plata 
I Iba, en lenguas de luz resplandeciente. 
Corriendo de través, perdido el rumbo, 
El incendiado América. 
Cuentan que á la redonda aparecía 
De cabezas humanas un rebaño 
Poblado el campo de la linfa fria ; 

Y era, por Dios, que del conflicto extraño 
Se abalanzaba cada cual, huyendo, 

En el abismo, delirante, loco. 
Sobrenadando á poco 

Y á poco en lucha sin igual muriendo. 

Aquella blanda niña á quien sujeta 
Tiene una pobre madre temblorosa, 
Es Elvira Inurrieta. 
I'uera de sí, espantada ¡ simplecilla! 
Palpando tan horrible pesadilla. 
De los niíLLernos brazos se desprende 

Y corre vacilante 

Huyendo del incendio devorante. . . . 
Como el espacio hiende 
Solitaria paloma 

Y herida cae luego 

En el bosque sombrío. 

Así espantada del tronante fuego 

La dulce niña se abalanza al rio. 

Un ¡ai! de asombro ajiiña, 
Apesar del terror y el mar que brama, 
A la náufraga turba 
Cabe la madre de la triste niña. 
"Salvadla", á todos clama. 
Señalando ¡infeliz! la onda salobre; 
"yí/// ¡ por Dios ! Allí!" — Sobrenadando 
Y Era \xrdad que estaba aun la pobre 

lO 



74 



Í>0ES'IAS FILOSÓFICAS, 



Avecilla del Plata ; pero cuando 

A vedase inclinó la turba incierta, 

De aquel ángel colérico el- destino 

La hundió en el hondo negro torbellino. 

¡Horror! Mirad! como el espanto cunde, 

Saltando la obra muerta 

Aquella madre (insólito delirio!); 

Abrazar á la liija en su martirio 

Qniere, y se arroja al mar y también se hunde. 

En banda el gobernalles de una rueda, 
Sobrenadando con su esposa, asido, 
Temiendo está Garrido 
Por la infeliz á quien tan solo c[ueda 
De morir la esperanza. 
-. — "Ayiidala"-murmura 
A Giraldó que allí también alcanza , 

A sostenerse en lucha aterradora ; 

Y á la matrona socorrer procura 
El esforzado náufrago ; mas ella 
Cuidando más de su pudor ahora, 
Que de la vida, temblorosa }- bella 
Suplicante rechaza al noble amigo; 

Y como á recatarse sólo atiende 
En sus esfuerzos vanos. 

Lleva ¡ infeliz ! sus manos 

Al mal encubierto seno, y se desprende 

De la propicia y saK'adora llanta. 

Eso y morir se confundió en un punto. 

La onda en sus furores la levanta, 

La remece y arroja 

Al abismo terrífico, y desciende, 

En mísero trasunto, ' 

Como del árbol la tostada hoja. 

¡Oh, luz! incomprensible lluvia de oro 
De los astros divinos. 
¡ Oh, sombra ! de tristezas incoloro 
Manto de los nocturnos torbellinos. 
¡ Luz y sombra ! conjunto 
Del primitivo caos. 
Luz ! Querubín propicio á mis deseos. 
Si dormís en los cielos, levantaos ! 
Sombra ! si monstruo sois ó genio impío 
Del infierno trasunto 
Plegad las negras alas, deteneos ! 
En la encantada margen de ese rio. 

Una joven esposa 
íbase sobre el agua (lirio ó rosa 
Que arrastra la corriente) sostenida 
Por el fiel talismán de un salva-vida. 
Mudo era su dolor, grande su anhelo, 
Del salva-vida haciendo y de sus brazos. 
Sobre el abismo, el lecho de una cuna. 
Así salvaba al hijo pequefluelo 
Aquella madre, que miraba al cielo 
Más pálida que el ra)'o de la luna. 

Atrás, mientras la angustia 
Enerva á veces y sus manos crispa. 
Avanza un nadador sombrío }' fuerte. 
Tor\-a es su frente, y mustia 



Como el oscuro velo de la muerte. 

Las niñas de sus ojos como chispa 

De hoguera oculta, )• su entreabierta boca 

Cual grieta de reptil en una roca. 

Ya está cabe del grupo 
Del niño y de la madre, á quien le cupo 
La fortuna, tal vez el imposible 
De sostenerse en trance tan horrible. 

Se acerca más, no le miréis, debiera 
De fuerza hacer alarde 

Y tiembla y desconfía. Es un cobarde ■ 
Según se desespera. 

Se acerca más. .. .acaso su mirada 
Por extraña os asombre, 
i Sacúdelo la inmensa marejada ! 
¿ Qué pasa por el alma de ese hombre ? 
¿Qué tiene al improviso? 
¡ El infierno lo quiso ! 
Blande un puñal de rutilante hoja 

Y mata de una horrible puñalada 
A la esposa, á la madre bendecida 
Que á par del niño arroja 

La muerte en el profundo. . . . 

Y el miserable al fin, el homicida, 
Recoje por botín el salva-vida. 

De la conciencia el torcedor eterno. 
El desprecio del mundo 

Y en el alma la sombra del infierno. 



l\"ro á otro lado convertid los ojos, . . . 
Hierven las aguas, míseros despojos 
Cayendo van de aquella mole negra. 
¿ Os asombra ese crimen ? 
Ya veréis como Dios al mundo alegra 

Y sonríen las almas 

Y la virtud sublime bate palmas. 

De la llama }' del humo 
Que asfixia á su sensible compañera, 
Marcó del Pont tras un esfuerzo sumo, 
Huyendo cae al rio 
Llevándola en sus brazos temblorosa. 
Ni un remo, ni un pedazo de madera 
Ha podido alcanzar : la onda espumosa 
Con su carga lo arroja en el \'acío ; 
Parece al punto que á tragarlo fuei'a 

Y luego lo levanta diligente : 
Pintado está elterror sobre la frente 
De la mujer, mientras su esposo lucha 

Y aun so.stenerla alcanza 

Sin bríos ya, perdida la esperanza. 
En tan mísera angustia, en tal' momento. 
La compasión divina 
A un. náufi'ago ilumina 

Y llena del más puro sentimiento. 

No es ya el abismo, la piedad le ;dioga. 
El corazón la caridad le oprime. 
Puede saharsc, )■ retrocede )• boga 
•| En medio ;i l;i cntiistrofi." 



poesías filosóficas, 



75 



Esc náufrago ¡ olí Dios ! allí redime 
Nuestra miseria inmunda, 

La miseria del hombre 

A la matrona palpitante ofrece 

Su propio salva-vida. Y la matrona 

Se salvó luego y él .... ¡ Virtud sublime ! 



l'Que la tierra prcgojia 

(El ... . tranquilo se hunde . . . . ! allí perece. 

USu nombre! Quién e.s él? Decid su nombre, 

I ¡ Descubrios, que el cielo resplandece. . . . ! 

l;Quién habrá que lo iguale? 

V Esa gloria' arjentina, es Luis Viaie.' 



SALÓN. ■ 

A raí amigo J. A. Segrestaa. 



GRAN virtud, raro ejcmi)lo, noble vida 
De tan alta memoria. 
Que de la patria en sangre fratricida 
Salpicada doquiera, 

Será el timbre mayor, su mayor gloria ; 
Ya no como Ricaurte á su bandera 
Abrazado morir al pié del Ande 
Es la más digna acción ni lamas grande. 

¿A quién cubre de gloria la caliente 
Sangre de las legiones ? 
Audaz vencer, lidiar como valiente 
Y morir escalando 
Almenas y empinados torreones, 
Los númenes sangrientos invocando. 
Si en lo antiguo eran pruebas de heroísmo, 
Hoy que mandan los pueblos no es lo mismo. 

Vive en el corazón y en paz alumbra 
A veces la existeiicia. 
Cierta virtud sublime : ella se encumbra 
En alguna fuerte alma 
Hasta la santidad : es la conciencia 
Sin una sombra, como el mar en calma, 
Altar esa virtud de ánimos fieles 
Valemás que victorias y laureles. 



Bardos armoniosos, que se llenen 
De lágrimas los ojos : 
Liras veladas encrespen, resuenen 
En la noche sombría 
Graves lamentaciones. Los despojos 
Venerandos de un héroe ¡ oh. patria mia ! 
En medio de tus férvidos quebrantos 
Guardaremos al son de nuestros cantos. 

¡Y hay quien juzgue la gloria todavía, 
La gloria del combate. 
Una Diosa inmortal .... ¡-Salón tenia 
Sin una mancha sola, 
Esa gloria por cierto. ¿Quién abate 
En la montuosa Pastos la española 
Con un puílo de heroicos colombianos 
Las tropas de vireyes soberanos? 

¿ Quién en las tierras del Perú sublima, 
Y de Colombia eleva, 
í?i cabe su alto nombre? ¿Quién en Lima 



La ley promulga sabia? 



¿Quién al Callao sus valientes lleva 

Y desafíala terrible rabia 

Del fiero león de España? ¿Quién abona 
Luego por el vencido y le perdona? 

Pues eso y más en su inmortal carrera 
Lnpávido realiza 
El preclaro Salón. Pero su entera 
Virtud de ciudadano 
Rompe con la fortuna, y pulveriza, 
Con blando continente y firme mano, 
Sus lauros y coronas : ¡ cuánto el hombre 
Conquista para brillo de su' nombre ! 

Después lo vio la patria retirado 
De las pompas del mundo. 
Dirigiendo tranquilo el corvo arado 
Con el ánimo mismo 
De sus días de gloria. Tan profundo 
Era en su corazón el patriotismo, ■ 
Que de la patria columbró en mal hora 
Los fratricidas crímenes que llora. 

Hoy la infelice madre, Venezuela, 
Desolada en su angustia 
Tiembla, y llorando al viajador revela 

Un insondable arcano 

Salón murió .. . . ; mas su mirada mustia, 
La postrera mirada del anciano, • 
Recogieron ardientes corazones 
Con lágrimas y santas bendiciones. 

¡ Cuánto envidio el ejemplo de esa vida 

Y el dolor de esa muerte . . . . ! 

Sin mancha aquella, en tanta fratricida 

Y sangrienta batalla ; 

Esta justa y gloriosa, que convierte 

En altar una tumba y avasalla, 

Aquí do no hay piedad por los que gimen, 

Al crimen que aun triunfante siempre es crimen. 

Mas no será mi Musa la que evoque 
Un recuerdo tan triste ; 
Le basta que del crimen ni aun le to<iue 
Ráfaga de impureza. 
Padre libertador, tú que viviste 
Inmaculado, inclina la cabeza. 
Que un día habrá se escriba á tu memoria: 
"A su patria legó virtud }- gloria." 

Mara,caibo, Diciembre 2Ó de 1863. 



76 



POESÍAS FILOSÓFICAS. 



S RUIDOS NOCTURNOS. 

A raí araigo £. Rivodó. 



DORMIDO el mundo está, triste, impürtuiií 
La noche tiende su impalpable velo, 
Mientras se ve la solitaria luna. 
Globo de plata en el azul del cielo. 

¿Qué acento, qué murmullo, que sonido, 
Pasando de improviso por el lago, 
Remeda un grito acerbo, ya un gemido, 
Ó bien un eco incomparable y vago ? 

Horrible es el silencio ; pero mucho 
Se angustia el corazón eii duda triste 
Cuando en la noche solitaria escucho 
El solemne rumor de cuanto existe. 

Dicen que solo el vespertino viento 
Tales voces terríficas murmura ; 
Pero; cómo remeda ese lamento/ 
¿Como forma esa voz en la espesura.-' 

— Oid . . . . ; no es ilusión— Alguno espira 
En honda pena, tras mortal congoja ; 
NoescLicijais?-; una voz...l"a]-i..l No es mentira... 
— ¿ Qué puede ser? — ; El ruido de una ii<ija 1.... 

¿Una hoja que cae así lewuita 
E,se grito confuso. . . .? j Qlió demencia. . . . ! 
No es su roze sutil lo que me csi)anta. ... 
¡ Oid la misteriosa balbucencia . . . . ! 

Es la misma, por cierto, que sentía 
Cuando, niño, por ella preguntaba : 
Es cívitJitoAíi gente me decía- 

Y yo del viento á mi pesar temblaba. , 

El hombre en su angustioso cautiverio. 
En la cárcel precaria de este mundo 
Esplica á su placer ese misterio, 
Ese rumor tristísimo y profundo. 

Mas yo que miro la silvestre palma 
Columpiarse á la luna vaporosa, 

Y busco, en las angustias de mi alma. 
La sombra de la noche silenciosa; 

Yo tengo para mí, que esos lamentos. 
Ese clamor del mundo cuando duerme. 
No es el rujir de los nocturnos \ientos. 
Ni la voz del mortal que }-ace inerme. 



En otro tiempo la ¡nocente \'aya 
De una tropa de niños placeiú.jra, 
Al recoger mariscos en la phn-a, 
Llenaba de alborozo la ribera. 

Burlando acaso el maternal cariño 
Iba, descalzo el pié, suelto el cabello 
Mariscando tamljien, pues era niño 
Y jugar por la playa era muy bello. 

Pendiente al brazo la mimbrosa cesta 
Con mariscos de vividos colores, 



Era el lago natal nuestra floresta, 

Sus purpurinas conchas nuestras flores. 

Y saltando doquier, y haciendo alarde 
De aquellos dulces infantiles juegos. 
Mirábamos el cielo de la tarde 

Teñido de arrebol, chispeante en fuegos. 

Mas, pasaba el crepúsculo; la alfombra 

De los luceros índicos se vía 

Los niños se apiñaban en la sombra. 
La turba, sin la luz, palidecía. 

Un momento después el son distinto 
üe un clamor se escuchaba. . . . Era un remedo 
De humana voz. La turba por instinto 
Al lejano clamor tenia miedo. 

— .Wi csnií/idis, preguntaba, esc lanicntih 
; Que puede ser .' Nublada su alegría 
— Xoes iittila ! . . . .El eeo del pausado viento 
Cada niño ;i otro niño respondía. 

— ,.■ Xo es liada ese rumor / / ¡.a rw,; extraña 
Es solo de los vieuios .' ¡ Qué mentira ! . . . . 
/■ Alp;un (Jen 10 eueinií^v nos eujj-aña . . . . / 
I l'al ver^ es un fmrtasuia que suspira ! ... . 

— / lis verdad ! ¡ E^s verdad! ( De varios modos 
rrénuiiiis miu-muraban ) y sencillos 
Echaban á correr los niños todos 
Cual banda de espantados pajarillos. 

I Tiempo feliz de plácida fortuna, 
(;jKie ha rec'Ji'dado siempre el marinero, 
A los ra)-os tranquilos de la luna, 
En las aguas inmobles de un pesquero ! 

.; La niñez! La niñez ! \ Siempre, indeciso. 
Por la senda del mundo caminando, 
Descubro su risueño paraíso 
Vuelta la vista atrás, siempre llorando ! 

Y me aplace creer ei\ mi entusiasmo 
(.^,ue sus gratas memorias pasajeras. 
Si el Iiombre, tras sonrisa de sarcasmo. 
Las ve no más, cual májicas tjuimeras; 

Sv)n verdades que alcanza en sus visiones 
La soñadora edad de la inocencia ; 
Verdades qtie des[)ues nuestras pasiones 
Ahog;i.n á la par con la conciencia. 

Por eso, en las .angustias de mi alma. 
Cuando escucho la brisa rumoros:i 
Crimtendo solitaria en una palma 
En medio de la noj'ne silenciosa; «. 

Pienso que de sus tristes cautiverios 
.Salen los Ceñios á volar perdidos. 
Con su ])oinpa, sus luces, sus misterios, 
.Sus voces, sus quejumbres y sus ruidos. 



l'üEblAS MLOSÓl-iCAS. 



77 



QUÉ IMPORTA ! 



ES un poeta, dicen con profuntUí 
Indiferencia, y cae sin aliento. 
Quien apura en la tierra su tormento 
Porque en su alma e! entusiasmo abunda. 

¿Qué importa ese tlesden, si la coyunda 
Rompe de este inmortal siylo avariento 
"S' difunde en la tierra el sentimiento. 
Genio feliz de la virtud fecunda? 



¡ (^h sociedad ! desprecia en tu egoísmo 
Al ¡DOeta de estirpe soberana. 
Que im¡)orta ! Eterna ley es el dualismo 

Del bien y el mal en la existencia humana. 
Qué importa ! l'-n esa lucha meritoria, 
Corona es el dolor, el llanto gloria. 

Caracas, Junio 3 de 1873. 



DESPEDIDA A MÍS AMICxOS. 



"ADIÓS," palabra ijue resuena siempre 
Sensible y misteriosa en nuestra boca, 
Cual del náufrago asido á negra roca 
Gemido agonizante de dolor. 
Palabra que conmueve, que anonada. 
Por más que al pronunciarla indiferente. 
El hombre ahogue lo que dentro -siente 
El secreto latir del corazón. 

"Adiós," la brisa que perfuma leda 
El blanco lirio de la noclie umbi'ia. 
Tan doloroso acento de agonía 
En sus cóncavos senos llevará ; 
Y \'o sentado en la pintada popa 
De la nave lijera, voladora. 
Con el pesar que el alma me devora 
Sólo, amigos, podré triste llorar. . 

Entonces como sueños misteriosos 
Olvidados tal vez, tal vez queridos 
Por la memoria pasarán perdidos 
Los gozados instantes de placer : 
Entonces los fantasmas de la ausencia 
Con su bando nocturno de visiones, 
Borrarán las queridas ilusiones 
Que á la orilla del lago alimenté. 

¡Oh! cuánto sufre el marinero triste 
En su vivir precario y miserable 
Sin un amorcjue le alimente estable, 
Sin el tierno cariño maternal ; 
Sin escuchar en la callada noche 



■'■La voz de la mujer por quien suspira ; 
Ni el eco dulce, de amorosa lira. 
Ni el acento querido de amistad. 

Ni ver lucir al reflejo 
De tibia, dulce alborada, 
El ropaje de una fada 
Que aprisiona el corazón, 
Ni en la tarde cuando muero 
Allá lejos, sol brillante. 
Entregarse algún iiistante 
A dulce meditación. 

Que en esta vida. Dios mió, 
En vez de calma y contento 
Se escacha el confuso viento 
Con ruido extraño, zumbar : 
Sí, en esta vida, Dios mió, 
El corazón sólo alcanza 
Una terrible esperanza. . . . 
El hondo abismo del mar. . . . 



Adiós. ... la brisa de la noche oscura 
Al postrimero resplandor del dia 
Dolorosos acentos de agonía 
Para el pobre marino guardará ; 
Y si la hermosa que en silencio adoro 
Llorando escucha mis sentidos sones, 
Yo sé que mis queridas ilusiones 
Más risueñas V uuras volverán. 



LA MEDIA MOCHE A LA CLAPJ DAD DE LA LÜMA. 



Vai uiug-umi pai'lc la Nuturalu/.a .1 
in'- jionutra más de un scutimieu- 
ln (le su .n'fandc'/.a : en uinijuna 
]iarle ella nos halüa más y más 
Jt fuertemente, (lue b;ijo el cielo de j 

la América. 

OPACOS horizontes j 

Y rumor de airecillos y cantares, 

Y sombras en los montes; ■, 



Y soledad dulcísima 

En la tierra infeliz de los palmares: 
Yalhi lejos la luna que se encumbra 
Y un cielo azul de porcelana alumbra. 

Y en el higo sin brun.ias 
La onda medio caliente entumecida, 

Coronada de es^iumas, 



78 



poesías filosóficas, 



Soñando melancólica: 
Y como tregua ó suefio de la vida 
En el hogar del hombre ; y como inerte 
La creación, y el sueño como muerte. 

La gran Naturaleza 
O vacila ó se asombra, y muda y gravo, 
Pálida de tristeza, 
Ve sus astros inmóviles. . . . 
Suspensión de la vida, C[ue no sabe, 
Maravillada el alma, si le asusta, 
O le place por c^uieta ó por augusta. 

Tal es, sobre su coche 
Que silencioso por el orbe rueda. 
La extraña media noche 
De las regiones índicas : 
Así, al tañer de la campana, queda, 
Su voz oyendo por el aire vago. 
La ciudad de las palmas en el lago. 

Aquí empieza el imperio 
De esas visiones sin color ni nombre 
Que en inmortal misterio 
Guardan las noches tórridas. 
Aquí no alcanza á comprender el hombre 
Latifra ó la razón de cuanto mira, 
ü si despierto está, sueña ó delira. 

Tanta trémula estrella 
Que de rubíes el espacio alfombra, 
Tanta roja centella 
Que con la. luna pálida 
Penetra y brilla en la nocturna sombra, 
Causa son de terroj', causa de duelo 
Si ya la medianoche sube al cielo. 

¿ Quién sabe por cjué crece 
Entonces el j^enaclu) deesa palma, 

Y el viento la remece 

Y la despierta súbito, 

Y á su voz el concierto y dulce calma. 
De la noche se rompe cual si fuera 
Mablando una palmera á otra palmera? 

¿Quién sabe por qué luego 
Se vuelven las conchuelas con hi luna 
Margaritas de fuego, 

Y cuando boga rápido. 
Sonriendo de su espléndida fortuna. 
Nauta feliz que ansia por cojerlas. 
Ni conchas halla ni radiantes perlas? 



¿Quién sabe, quién alcanza 
l'ur qué se cierne la nocturna nube 

Con monstruosa semblanza, 
Y envuelta en sombras tétricas 
Desciende al llano, á la colina sube 
Para mostrar después, como un tesoro. 
El plateado cendal con fimbria de oro ? 



Mentira ! bajo el peso 
De tanta maravilla, grita el mundo. 

Acaso será eso 

Pueda que los fantásticos 
Prestigios de la luz, tras eLprofundo 
Rumor que alzan los vientos que campean, 
Finjan visiones y mentiras sean ; 

Pero algo está escondido 
Que bulle y vive y lúgubre se extiende 
Al solemne tañido 
De ese cristiano símbolo. 
Algún prodigio el hombre no comprende 
En esas altas horas : algo existe 
De indefinible, pavoroso y triste. 

No es que la anoche ayude 
Los Genios á salir de sus recintos ; 
No la mar se sacude. 
Ni murmuran los céfiros. 
Ni del santuario los dorados plintos 
Caen, sonando, ni la sombra pasa, 
Ni el trueno zumba, ni la luz abrasa. 

Mas con todo, á tal hora 
Brota, se desvanece, canta, gime. 

Brilla, se descolora, 

Azota el aire trémulo. 
Empaña el éter, la materia oprime 
Una sombra, una luz, un ser ¡quién sabe! 
Que llena el orbe y que en la chispa cabe. 

Entre el hombre cjue piensa 

Y los astros que alumbran se descorre 

Como una cosa inmensa. 
Impalpable, magnífica ; ; 

Y cuando la parduzca y vieja torre 
Su postrimera campanada vibra, 

De eso como infinito ¿cjuién se libra? 

Salve augusto misterio 
Que encierras tan hondísimos arcanos ; 
En tu silente imperio 
De sonidos insólitos, 

Y de pálidas luces, y de vanos 
Pavorosos fantasmas, todo es triste 

Y se transforma todo cuanto existe. 

Mas la razón del hombre, 
Al inqjulso inmortal del sentimiento 

Instintivo y sin nombre, 

Penetrará recóndito, 
O explicarse querrá con noble aliento. 
Ese mundo invisible que reposa 
Oculto entre la noche silenciosa. 



Soledad de desierto 
Y rumor de airccillo en los fragrantés 
Limonares del huerto ; 
Y en el azul vivísimo 



POESÍAS FILOSÓFICAS. 



Rubias estrellas, fuegos vacilantes, 

Y claridad de luna que se encumbra 

Y hasta el sombrío limonar alumbra. 

Tal es, sobre su coche 
Que silencioso sobre el orbe rueda. 



79 



1.a extraíala media noche 
De las regiones índicas; 
Así, al tañer de la cam])ana, queda. 
Su voz oyendo porcl aii'c \ago, 
I/a ciudad de las palmas en el lago. 



LAS DOS CÍENCÍAS. 

A mis amibos los miembros del Hospital de Chiqüinquirá, 



An.itcma al progreso por el ateísmo : t, 
sin roligioii no puede biilier pro^re.ío, 
y la iieyaeion de J)io.s es la iiogaciou 
del progreso mismo. 

C'onfereneias en Nuestra Senor.i de 
de Píuis, por el R. P. Féli.v. 

Mayo de 1868. 

EL hombre como ser que piensa, labra 

Su inmarcesible gloria 
Al sonido inmortal de su palabra 
En los eternos fastos de la historia. 
En su esfera moral no encuentra el hombre 

Quien limite su vuelo ; 
Y, semejante á Dios, crea, y su nombre 
Dura más que las moles de granito 
Porque en el alma humana queda escrito. 

Pero esa libertad que no halla acento 

Ni voz que le demande, 
Esa amplitud del raudo pensamiento 
Que mientras vuela más, se hace más grande ; 
Tuerce á veces su rumbo,' su camino 

En el tiempo cambiando ; 

Y así como al cruzar el torbellino 
El águila caudal cae sangrienta 

Del ra)o herida que cvl fragor revienta ; 

Así el hombre que piensa y mundos crea 

Y es dueño de sí mismo 
Desde la altura donde está, flaquea 

Y desciende con ímpetu al abismo ; 

Y aquella excelsitud, pasmo del mimdo. 

Le sirve ahora solo. 
Como á Satán su gloria en el profimdo : 
Le sirve para el crimen, y convierte 
La luz en sombras y la vida en muerte. 

¿ Sabéis por qué no hay pueblo que no cuente 
Tan horribles mudanzas, 

Y ese como fenómeno candente 
Representa la historia, las semblanzas 
De los hombres ilustres ? Porque olvida, 

Ebria en su necio orgullo. 
La humana ciencia su misión de vida, 
^Y cuando llena al mundo como ciencia 
Deja al hombre sin Dios en la conciencia. 



Como verdad la ciencia hoy no responde 
A lo que el hombre anhela : 

Como bien calla triste, pues esconde 

En una duda que la sangre hiela 

Tras estupor diabrSlico y \-itando 
Lo inmortal absoluto ; 

Y sin verdad, sin bien ¡ ai 1 ; cómo y cuando 
Iluminar el árido vacío 

Donde vaga el espíritu sombrío? 

Sin bien y sin verdad naturaleza 

Rompe su eterna lira. 
Sueños y sombras son virtud, belleza, 
La sociedad sarcasmo : una mentira 
La eterna religión : el hombre es lodo : 

La unidad panteística 
Reemplaza á Dios y la materia es todo. . . . 
No llores, alma mia ; degradada 
No serás tú, que la materia es nada. 

Mas no es mejor que la materia innoble 
El yo racionalista : 

Y así como India )• Grecia son el doble 

Y antiguo universal punto de vista 
Del uno y otro error, así al contagio 

De uno y otro sistema 
Descartes y Espinosa son su plagio. 
¿Qué e.xtraño, pues, que el ateísmo cunda, 
Reine el dolor, la sociedad se hi\nda? 

No, no, para que el hombre su destino 

Cumpla sobre la tierra 
Debe tomar la ciencia otro camino, 
Otro rumbo mejor. Si el hombre encierra 
O lleva en sí el secreto, el hondo arcano 

Que descifrar prpcura : 
Si en el dualismo de su ser, su mano 
Hiende el pefiasco que á su golpe gime 

Y el cielo hiende feliz su alma sublime. 



¿ Por qué corre la ciencia á la ventura 

Y no sale al encuentro 
Del Dios universal? Si ella depura 
Al hombre del error, y el hombre e.s centro 
De esta armonía eterna que le absorbe 

En conciencia y espíritu ; 
; Por qué l;i ciencia al descifrar el orbe 



80 



POESÍAS^ FILOSÓFICAS. 



y al elevar al hombre, se resiste 
.A ver á Dios en todo cuanto existe ? 

La inspiración ! La inspiración fecunda! 

La inspiración que exalta 
Y en resplandores nuestra mente inunda, 
Eso no ha! en la ciencia, eso le falta. 
Sabiduría humana que pretende 

Medir hasta por líneas 
El bien y la rcrdad, cuando desciende 



A un tal 



sabiduría : 



¡ Eso no es más que pura mercancía ! 

¡ Ah ! las preocupaciones nos aflijón. 

Los vicios nos enervan ; 
Principios c]ue la ciencia allá en su oríjen 
Tuvo en pueblos despóticos, conservan 
Todo el prestigio aun .... Esa constancia 

En la idea científica 
Tal vez explicará la estravagancia 
De nuestra ciencia Cjue ;í los cielos toca, 
Huj'C de Dios )• lo pasado evoca. 



: De nuestra ciencia he dicho: 



A o señores. 



^. KosotroB todavía, 

Si somos de la ciencia admiradores 
Estamos libres de esa ciencia impía : 
Nación a^x'r no más, eso nos sah'a ; 

Si la llamamos nuestra 
Es más bien como idea : sol que al alba, 
.Sobre el mundo moral, nace, se encumbra, 
(juia á la humanidail (i la deslumhra ! . . . . 

Cuando cumj)lido el tiempo, entre nosotros 

La ciencia su luz vibre, 
Otra será su esfera, y serán otros 
Los frutos del saber en tierra libre. 
La igualdad democrática que eleva 

Al hombre á sus destinos, 
Creará en lo por\enir la ciencia nue\a 
De paz y amor, la ciencia ciudadana, 
Espiritual, magnifica, cristiana. 

Esa sí que será la ciencia nuestra: 

Y ella será tan justa 
Que hará causa común coii su%iaestra 
En todo bien, la religión augusta. 
La esfera ele esa ciencia será el vuelo 

De la mente : su polo 
Nuestro Padre inmortal que está cri el cielo, 
Y su ipalabra con qu.e al mundo asombre 
La lie C'iisto muriendo por el lioml.re. 



Oh tiempos ! Oh destin.os venideros 

Que el espíritu alcanza. 
Como el nauta entre sombras los luceros, 
Como el alma entre duelos la esperanza. 
Entonces en amor el hombre unido 
j'\l hombre como hermano. 
La senda de! progreso indefinido 
Alegre seguirá doquiera \-ienclo 
Tanta preocupación triste muriendo. 



Y en una misma adoración, y al grande 

Himno del mundo extenso. 
En el Ganges 3-- el Nilo, aquí en el Ande, 
Allá en el Quirinal, el sacro incienso 

Y los perfumes mil americanos 

Quemarán las naciones ; 

Y en ese abrazo universal de hermanos 
La luz de la verdad será tan pura 
Cuanto, por nuestro mal, hoy es oscura. 



Porvenir de los pueblos! yo os saludo. 

Mi corazón se aplace 
Deesa felicidad. Yo que no dudo 
Que para ser feliz el hombre nace, 
Bajo el dintel de mi cabana espero. 

No como los patriarcas 
Al fatigado y mísero viajero ; 
Yo espero el sol intelectual que en calma. 
Dé vida al corazón, aliento al alma. 



Vosotros lo esperáis también, propicios 

Los númenes haciendo 
Bajo nobles, benéficos au.spicios. 
Si lo esperáis, señores, sosteniendo 
Como un derecho, del amor 7,uliano 

Este piadoso asilo, 
Y estas justas de paz, que el santo arcano 
Guardan, al ruido de la infanda guerra. 
Del porvenir de nuestra dulce tierra. ' 

Campo, pues, al viajero solitario, 

Al porvenir fecundo. 
Muriendo está el presente y su sudario 
Aun sin cubrirle el rosto ya está inmundo. 
Claridades, fulgores del bautismo 

De la nueva existencia, 
Asios de la cruz. Catolicismo ! 
Tú vencerás al fin la ciencia atea - 
Con tu idea inmortal . . . .he aquí mi idea ! 



POESÍAS FlivOSaiCAS. 



A LA MEMORIA 



de mi nnbíe BDMgo el Manscal JiJon C. Fslcon. 



MI corazüii clui lu funcsüi ^jiiertc 
Viviciiílci va iníciiz, \- tu mcamria 
E! sol me muestra tie hi bumaiia í^loria 
iMitrc las sombras de la eterna muerte. 

¿A qué sobre tu lápida ofrecerte 
Coronas y laureles de victoria, 
Si el numen ó la cifra de tii historia 
Fué la noble bondad de un alma fuerte? 



l',a;_;rimrís I solo l;i¿r¡mas el hombre 
Darle debt.: en silencio. Es una ofrenda 
1)Íl;;i.' de tus virtudes, de tu nombre. 

¡ Üli, dulce amigo! ciue jamas descienda 
A esta silente tumba el triste olvido ; 
Tal, en plegaria ardiente, al cielo pido. 



AMERÍCANA. 



VÍRGENES dulces de la patria mia, 

De bendiciones llenas 

Por la fe ardiente y la esperanza pía ; 

Ni rosas ni azucenas 

Compiten con vosoti^as, 

Cuando de hinojos imploráis serenas 

El corazón divino de María, 

i, a Reina excelsa de la patria mia. 

Al virginal amor, no de Bctulia 
Le seduce la historia; 
Vosotras de la riiística In'perdulia 
Perpetuáis la memoria; 



Azucenas y lirios 

Mañana cantarán la santa gloria 
Que corona á las vírgenes del Zulla 
Sin el horror sangriento de Betulia. 

Vírgenes pudorosas, más modestas 

Que la fior campesina. 

Dios os bendice al celebrar las fiestas 

De la Madre divina. 

En contento tan puro 

Hasta el ave que al cielo se avecjn'a 

Canta con dulce voz en las florestas 

La virtud de las vírgenes modestas. 



ALAIBA Y CORTES. (*) 



En tan divina pintura 
Bien se conoce, pintor, 
Que has bebido el agua pura 
]jc la corriente de amor. 

Que tu ardiente fantasía 
Para pinturas tan bellas 
Se baña al morir del dia 
En la luz de las estrellas. 

Que llevas en la memoria 
Del dulce, inocente niño 
Las ilusiones de gloria 
Y los ensueños de armiño. 

Oh I bien hiciste, pintor. 
Con ese genio fecundo 
Buscar unjanze de amor 
Altra','cs del niK\'o mundo. 



(■•') ,\lu<iiii i-íos \ ci'sos á im rV!;uIro que oni mui ad- 
)i\iviii!u i'U un (.ato Ud C;inU'.i::. .]o.sé Antonio, líei'adio y 
yo nos conipromplimus á escribiv acerca de él. Calcaño 
nft se volvió i'i acordar del corapronñso, Graidia hizo cu 
el acto sus versos, y 1ü.s piitilicó, y yo borronee esta coru- 
(losieinn y qnedi') olvidada, como otras tontas. 



Si yo tu nombre supiera, 
Al compás de mis canciones 
Tii nombre se repitiera 
E.-'! estas patrias regiones. 

Bajo tienda campesina 
De forma un tanto moruna 
Se ve á una virgen di\'ina 
De noble y salvaje cuna. 

Con una cituathc de gala 
Debido á la indiana rueca. 
Allí está la flor zempoala 
De la pura sangre a:íteca. 

En actitud que atesora 
Todos los gozes mundanos. 
Una arpa pulsa sonora 
Risueña alzando las manos. 

Tan bella }■ enamorada 
Como trémula y sumisa 
L>e antílope es su mirada 
V de cielo su sonrisa. 



11 



POESÍAS FILOSÓFICAS, 



Y en sus adornos de pluma, 
Sus ajorcas y corales 

Se ve la belleza suma 
Sin las tocas vir^qnales. 

A sus pies }'ace rendido 
Depuesta la altiva zana, 
Un capitán atrevido, 
Un bravo adalid de España. 

Reclinado á la belleza 
A c|uíen estático mira. 
En la diestra la cabeza 
Apoj'a mientras suspira. 

Y ella en el pecho, de hinojos. 
Parece oculta, inocente, 

El casto amor que sus ojos 
Revelan tan dulcemente .... 

Esta escena singular 
T^asa en contraste feliz 
Sobre la piel de un jaguar 
Que sirve allí de tapiz 



Oh ! ¿quié-n habrá que no rinda 
Su vida en noble querella 
Por una indiana tan linda, 
Por ima virgen tan bella? 

¿ Quién con delirio no anhela 
•El amor de una avecilla 
Criada en ñores de canela 

Y perfumes de vainilla? 

¿ Quién no prefiere a la griega 
Esta Venus que arrebata. 
Cuando la del Pindó ciega 

Y la de América mata? 

En cuanto á mi, }'o que piso 
Mi ¡)atna, tierra quimérica. 
Que no anhelo el paraíso 
l'ues Paraíso es la América; 

Yo que lo bello en la tierra 
Voi siempre buscando en pos. 
Porque en lo bello se encierra 
El pensamiento de Dios : 



il' 



Al enconti'ar en la \'ida, 
De la cual el duelo es parlCj 
Ea creación de Alaída, 
Como un esfuerzo del arte ; 

Siente uria dicha tan grata, 
Tan profunda el aima mia. 
Que la lira se desata 
En raudales de armonía. 

El arte ! Luz creadora. 
Que hace enérgica brotar 
}-{ipngcos en Eloi'a 

Y colosos en el mar. 

El arte ! inmortal deseo 
De todo ser inmortal, 
Que imitando á Prometeo 
Roba el fuego celestial; 

A su encantado prodigio 
.Sonríe la mar en calma 

Y las sombras del lístigio 
Llenan de terror el alma. 

Naturaleza que esconde 
Doquier sus leyes sencillas 
Del arte á la voz responde. 
Responde con maravillas. 

Ve la historia y por su prisnia 
Presenta en modelos plásticos 
La \'erdad, la \'erdad misma 
Con mil arreos fantásticos. 

Así toman nuc\a vida 
Dofla Marina y Cortés, 

Y sale al mundo Alaída 
Con el guerrero á sus pies. 

Oh ! bien hiciste, pintor, 
INjner tu genio fecundo 
Al servicio del amor 
En esta parte del mundo. 

En cuanto ¿mí, que en mal hora 
A huirse el numen empieza, 
Tu Alaída me enamora, 
Tu Alaída me embelesa, 
lorida, 24 de Mayo i8ñ,v 



SUEÑOS Y LAGRÍMAS. 

Con la noticia de la rauerte de mi hijo Mannel. 



¡ AH, cómo es siempre el dolor 
La sombra de nuestros días, 

Y al más puro resplandor 
Siguen noches de terror 

Y mortales agonías ! 

Tras un placer que se toca 

Y se realiza en la tierra, 
Alza el pesar vma roca, 



Que á nuestra esperanza loca 
El ancho camino cierra. . 

Así cuanto el alma triste 
En el universo adora 
De negro color se \iste. 
Porque siempre al hombre asiste 
La desdicha aterradora. 

Yo infeliz Inibe un consuelo 
Después de uu dolor ]irolij(i: 



poesías filosóficas, 



33 



Mo hallé bendiciendo el ciclo 
En el sim])ático anhelo 
De la adoración de un hijo. 

Tan colmada era mi «gloria, 
Que doquiera mcseguia 
])c acjucl liijo la memoria, 

Y era su vida ilusoria 
La dulce esperanza mía. 

Sintienilo partida en dos 
El alma pura y sencilla, 
iba de mi alma en pos. 
Dando alabanzas á Ditjs 
Con el llanto en la mejilla. 

— Mortal, ¿envidias mi suerte 
Tú, que has perdido la calma? 
¡ Hela aquí que se convierte 
En la verdad de la muerte 

Y en las tristezas del alma ! 



li 



Ausente de mi hogar voi jjeregi'ino, 
Trémulo de dolor, la frente mustia 
Buscando alguna sombra en mi camino, 
l^idiendo á Dios un bálsamo á mi angustia. 

En vano con el duelo y la fatiga 
Mi cuerpo cede, á veces se quebranta. 
Que una fuerza tenaz, .siempre me instiga, 
Que un secreto pa\'or doquier me espanta, 

Del corazón en el recinto estrecho. 
De! ahna en lo profundo \'ive asida 
Morrible sierpe t^ue me oprime el pecho, 
¡ Honda tortura de mi triste \-¡cla ! 

Y ese dolor no duerme ni un momento 
iS'i con la luz, ni en noche pavorosa; 
Mientras más lo rechazo, más lo siento; 
Cuando quiero olvidarlo más me acosa. 

La tortura es igual si en brusco empeño 
Sacudo mi letal melancolía. 
La herida se desangra con el sueño. 
La sierpe me devora con el día ; 



Me o)en llorar en medio de la sombra ; 
De la alta noche en el silencio umbrío. 
Dicen que el labio misterioso nombra 
C<jn un vago temblor al hijo mió; 

¡ \' dicen la \erdad I J^jrque la caima, 
Al huir del coraz(jn dej(j en mi duelo, 
La memoria del hijo de mi alma 
Que Dios llamó, para probarme, al cielo. 

III 

Alba que aj)énas se enciende 

Y al improviso se apaga. 
Avecilla que se traga 

El ronco mar ; 
Mijo, del cielo desciende, 

Y de Dios al poderío 
Calma, cuitado hijo mió, 

Mi hondo pesar. 

,\h ! que síjlo la inocencia 
De un ángel, cvial tú divino, 
l'uede cambiar mi destino 

Aterrador; 
Mas si en mi horrible sentencia 
Xada puedes, dame aliento • 

l'ara sufrir el tormen.to 

De ni¡ dolor. 

Yo quiery adorar de hinojos 
La mano c^ue asi me oprime. 
Cuando en lo profundo gime 

Todo mi ser ; 
Mas salta el llanto á los ojos 
Y no puedo lo que c¡uiero, 
l'or ([ue ¡ oh .Señor ! desespero 

De tu poder. 



Señor, era mi hijo ; en la balanza 
De tu justicia se pesó mi amor 
Y en el hijo falló de mi esperanza. . . . 
T ¡ Cumplida está tu voluntad, Señor ! 



CÁHSANCÍO. 



CANSADíJ estoi, el porvenir me aterra. 
El alma mia en el dolor se lanza. 
La dicha para mí nunca .se alcanza. 
El placer para mi sus puertas cierra. 

Ni una luz en el Cielo, ni en la tierra 
Un amor, ni su pálida semblanza, 
'Ni sueños, ni ilusiones, ni esperanza. . . . 
¡ Sienii)re el pesar al corazón se aferral 



Mas como canto a veces, piensa el hombre 
Que mi vida es feliz; ve cuando rio 
Y no la angustia de mi faz inerte, 

Que bien revela mi profundo hastío, 
Este cansancio que no tiene nombre, 
Esta existencia que trocara en muerte. 



84 



POESÍAS x^iLOSÓFiCAi, 



GÜAICAI 



Fragmento ds 



nü "Ganto radiano." 



í. 

¡QUIÉN más digno de fórvida plegaria 

Y del canto sublime del poeta, 
Que el indio cuya tumba solitaria 
Baten las ondas de la mar inquieta? 

¿ Quién la fortuna al relatar contraria 
De tanto invicto lidiador atleta 
No alcanza.^ fama y duradero nombre, 
Sueños divinos con que sueña el liombre? 

lí. 

Yo que la luz de la abrasada zona 

Vi en-este Cielo por la vez primera 

Al grito de las liuestes de Belona, 

Al abatir Espaila su bandera. 

Yo que entusiasta busco una corona 

Que aliente acaso mi ambición sincera, 

¿Cómo podré callar cuando aun se nn'ra 

De uiipueblo heri'iieo la sangrienta jiira .•• 

IJl. 

Es fuerza, empero, tú, Genio sombiío 
Que musitas del indio los cantares. 
El noble ardor que siente el pech-n mió 
Al través de los vientos \- I("!S ir.:ii-es ; 
En alas de tu inmcnse. |^.0!'vi-íi_' 
Sabré olvidar mis duelos y iie.-ares, 
Sabré, buscando duradera g'^ri;;. 
De tí aprender alguna antigua liistiiria. 

ÍV. 

Y vosotros también, I\ianes sagrados, 
Que acaso en el silente bosque oscuro 
Eos restos contempláis cns'iiigrcntados 
Del invencible y bra\-<:j ( t u.\\c:.\ [:\\ro : 
Vosotros que pcdis dcsespecadüs 
Venganza al Cielo en funeral e' niLii'i, 
Vosotros, si, porq-tie ;i cantar me anime 
Daréis al mimen \'uesi;''i ardí:,- sul)liine. 



Que ha tiempo lejos del mundano brillo 
Libre vivir en la floresta rinbelo, 
Donde pace triscando el cerxatillo 
La fresca yerba del fecundo siieio ; 
Y bajo el árbol del Iio'^ar sencil!'), 
Fija la vista en el azul de! Cielo. 
En las estrellas distinguir aiguna 
De esas que alumbran n.ue-stra débil cuna. 

VI. 

Por la senda del corzo y l,"i gacela, 
Del manchado jaguar en la batida. 
El pensamiento como el a\-c \uela 
Con los sueños radiantes de la \ ida : 
Lejos del mundo el alma su consuel.i, 
Acaso sin razón, pero veiicifla 
Con los bellos recuerdos del pasado, 
Edén siempre florido y perfumado. 



Al ruido misterioso que levanta 
.\igun oculto y tropical torrente, 
IMiéntras que purpurina se abrillanta 
La luz de! Cielo en. olvidada fuente : 
En tanto la ¡/aloma gime ó canta, 

Y en la campiña vaga el puro ambiente ; 
Yo e\"ücaré un recuerdo transitorio 

Al pié de algún den-uido adoratorio. 

lín el valle risueño de las flores 
Veréis una nación libre y salvaje 
A sus dioses pidiendo, vengadoras, 
La-Ncn con s;ingre el recibido ultraje: 
V'^ereis ciimo iricendiando sus alcores 

Y ñuycndo á lo profundo del boscaje 
Espantaban los tercios españoles 

Ai son de su> torcidos caracoles. 

Vei'cis en la empinada, serranía 
Ceinda de ixdmeras y maizales. 
Las hcf-tas del anior }■ la alegría. 
Las danzas d:: los pueblos tropicales: 
\' eréis ojállas de la naai- bravia, 
Recojiendei telinas y er.jrales, 
La ^•írg'■e^ de la. tribu caraqueña 
De blanca tlentadura >• tez trigueña. 



I>os caciques veréis de la montaña. 
Cual bandad.ís de buitres carniceros, 
/\tre\-idios bajar ;¡ la campaña 
S'.güidiis de sus ínclitos guerreros: 
Veivis también de la remota España 
Ln. puñado ¡'in)orc:d de aventureros 
'1 al vez Ile\-;!r ;i cabo un imposible 
Ci>n (L'iuiei.li;) y waior inmarcesible. 

(Jeidtaejí la neblina, de ki vega 
Teñida con ¡a. ¡¡lirpura del dia, 
Verei--. L-1 lujo opimo tjue desplega 
La tiVrrida y c im¡)esli'e ¡:iradería. 
En !a est.ieion aleg:';,: lie la sieg.'i 
Yej'eis del Üñirr ]jim' la linía fria. 
Sus redes cx: eiiíiiv'ud.i ins gandules 
En pirageas \' ti'oncos de ai:icdules. 

Tenditlo el :irei_) deyVí'V//' Kieieníe, 
One cruje a. I tiro de .la flecha ;iguda. 
Algún cacique mirareis valiente 
Noble, prestando á su enemigo a\uda. 
A tan grande heroísmo el pecho siente 
Que a esa libre n:icion salvaje y ruda 
La suerte le cupiera del vencido. ...'.. ' 
L^ormir el triste sueño del oK'ido. 



poesías filosóficas. 



85 



Vencieron sí, las gentes extranjeras ; 
Pero la tribu entonces ultríijada 
Con sangre álimentí) las torvas fieras, 
Kn horrible holocausto derramada: 
Vencieron. .. .más las aves carniceras 
Tuvieron en la tierra conquistada. 
Amplio festin de castellanos pechos, 

Y cráneos paljiitantes _\' deshech(js. 

XIY. 

Inmortal (juaicaipuro, tu destino 
Las tribus valerosas lamentaron, ■ 
Cuando en alas del viento campesino 
I>as nuevas de tu muerte se escucharon 
Así corriendo el i)iélaL;'o marino 
Bajel que otros bajeles saludaron. 
Encalla de improviso en una roca, 

Y es contado su fin de boca en boca. 



XV. 

Venid, Génio^, venid, dadme un acento 
Que imite en alta noche silenciosa 
Los jemidos fantásticos del viento 
Ln la tieri-a del indio deliciosa : 
Dadme también el eco turbulento, 
Que al morir de l;i tarde vaporosa 
Despide la insondable catarata 
Bajo sus plumas de carmin y plata. 

Venid, (iénios, venid, mientras la luna 
Se va invisible al asomar la aurora, 
Yo ensayaré la voz en mi laguna, 
Porque suene dulcísima y sonora. 
Confiado en el favor de la fortmia, 
Y bogando en mi barca pescadora, 
Voi á sacar del lúgubre pas;uIo 
LTn b.echo sin igual aunque olvidado. 
Diciembre de ¡8; i. 



A MARÍA 

En su Drimera comaniou. 



■ ■} 



YA sé que contenta vienes 
¿Qué te han dicho en este dia 
Los ángeles, hija mia, 
Al pié del divino altar 
Seguro estoy cjue volando 
Te alzaban ci blanco \'elo 
Para contar en el cielo 
Tu santa felicidad. 

Mientras recibiendo esUibas 
El augusto sacramento, 
Como de apacible viento 
Sentí en el aire un rumor. 
En nuestro hogar solitario 
Todos fuimos sorprendidos 
Con misteriosos sonidos. 
Hija de mi cora/.on. 

Y fué que el ángel custodio 
Que á Dios tu plegaria eleva, 
Al verte en gracia, la nueva 
Vino á trLicrmc fugaz ; 

Y aunque cantaba niu>" ledo. 
Tal vez con la niara\-illa. 

De asombro la simplecilla 
Inés, se puso á llorar. 

Pero el niuiciu de tu gloria 
De Inés luego el llanto calma 

Y después le habló á mi alma 
De la esperanza y de Dios. 
Cuando desplegó á los cielos 
Sus alas en raudos giros 

Se ahogaba.n los suspiros 
Dentro de mi corazón. 



Tú haz crecido en los dolores 
De la dulce patria ausente 
Hoy como ayer á tu gente 
Viendo estás triste sufrir. 
No hay voz para la venganza 
Donde á Dios se da por prenda. 
De perdón, la misma ofrenda 
De nuestro llanto infeliz. 

La religión, hija mia. 
Une en amor, cielo }• tierra, 

Y los destinos encierra 
De la pobre humanidad. 
Nada hay firme ni durable 
Si el hombre poder ohida 
En las obras de la \-itIa 
La idea de lo inmoriru. 

Que lí) inmortal siempre sea 
El norte de tus acciones, 

Y las míseras pasiones 
.Se humillarán á tus pies; 
Porque sábelo, í.faria, 

Si el mal nuestra \'ida alfoiiibra, 
.Solo lia}- luz para esa sombra 
En Dios, origen del t^ien. 

El liombre en constante lucha 
Fuerza en sí tan solo encuentra 
Cuando su vida concentra 
En practicar la virtud : 
No de otro modo ya hundido 
Alguna \'ez retrocede. 

Y salva el abismo }' puede 
Hallar de nuevo la luz. 



86 



POESÍAS FILOSÓFICAS, 



Mas no te aflijas, que alegres 
Están tus padres, María, 
¿ Qué te ha dicho en este dia 
Tu séquito celestial? 
Es una gloria muy grande 
Que Dios me da por consuelo : 
¡ Traerme nuevas del cielo 
La paloma de mi hogar ! 



Son las únicas que pueden 
Volver al hombre la calrna ; 
Dios te bendiga, mi alma, 
Que en tí me la vuelve Dios. 
Bien me lo dijo en secreto 
El ángel tras raudos giros. 
Dándole dulces suspiros 
Al sombrío corazón. 

Coro, Mayo 30 de 1869. 



A CÜMANÁ!» 



¿ ES esta la ciudad que del oriente 
ürgullosa asomaba 
A la orilla del mar resplandeciente, 

Y á los pueblos gritaba. 

Del trueno con la voz dominadora 
Ser ella la primera y la scriora? 

¡ x'Yi I-en silencio lúgubre y sombrío. 
De miedo palpitante, 
La ciudad de las palmas en el rio, 
Cumaná la arrogante. 
Yace por tierra como vil mortaja 
Que el viento airado de las tumbas aja. 

Genio del Infinito doloroso 
Que por los cielos jiras, 
Que lanzas ¡ ai ! con eco pavoroso 
Armado de sus iras 

Y al ruido de las roncas tempestades 
La voz que pone espanto á las ciudades. 

Venid á mí que la tristeza canto 

Y la sombría suerte, 

Y el repentino }" fuiíei'al espanto 
Horrible de la nuierte : 

Que le cupo en el libi'o de la vida 
A Cumaná' la bella y la aguerrida. 

Aun resonandu esta tiel hondo abismo 
El trueno retumbante 

Y la que fué ciudad del heroísmo, 
El paladión brillante 

De mil valientes que la patria enciei'ra, 
Anonadada está, yace por tierra. 

Así del mar batiendo las es¡íunias 
Confiada en su pujanza, 
La cóndor tropical de negras plumas 
A los cielos se lanza, 

Y allá en los Andes donde libi'e anitla 
Las otras aves ;i \'iilar convida 



Mas ai ! que sobreviene la tormenta 
Tórrida y repentina, 

Y al fragor de la nube que revienta 
En la eminencia alpina, 

De roja luz la atmósfera se inunda 

Y á tierra \iene el a\'e moribunda. 

Tal quisieron tus hijos en sublime 
Delirio le\-antarte. — 
Suena el clarín, la multitud se oprime 
En torno al estandarte 
De rebelión sangrienta; voz infanda 
Venganza al cielo con .furor demanda. 

El chocpie de las armas, el crujido 
Del carro de la guerra. 
La confusión, la rabia, el alarido 
Co'lérico (}ue encierra. 

El estruendo de un pueblo que orgulloso 
Sacrifica á la gloria su reposo, 

Todo en ti'opel el vengativo bando 
Apresta turbulento. 

Y el canon de la alarma retumbando 
Acrece el ardimiento 

De acpiella juNcntud, (]ue en su heroísmo 
Cantaba al borile del profundo abismo. 

Ya parten-uii momento-" combatientes 
"Jílandid \'uestras espadas, 
"La gloria no abandona á los valientes 
"(.|)ue \'engan ultrajadas 
"Le}-es y libertatl, gloi'ia busquemos. 
"¡ Sus los guerreros, á la lid niarchemos !' 

Y aciuella \'oz tiue repetir procura 
El ))ueblo en su entusiasmo 
De improviso se apaga.... nube oscLU'a 
Se extiende en hondo pasmo, 

Y cobija la atmósfera infinita ' 
Como el sudario de la cruz bendita. 



POESÍASFILOSÓFICAS. 



LA LEYENDA D£ UNA FLOR. 



87 



Una xiña.^ — YA rc\olcindo pasan 
Las mariposas 

Con sus carmíneas alas 
Color de aurora: 
; De dónde vienen 

Cuando brotan espigas 
Los campos verdes ? 

La MADRK. — Nadie, niña, lo sabe ; 
Pero es lo cierto 
Que de improviso salen 
En blando vuelo . . . 
La niña. — ¡Ai, madre, madre. 

Quién fuera mariposa 
De los rosales I 

La maukk. — ;Qué ganaras con ello? 



La niña.— 
La maurk. 

La niña. — 
La mapkk.- 



Volar ufana, 
Y remontarme al ciclo 

I)c la cspcraur^a. 

— Pobre hija mia. 
La cspcram^a es mi s/trj'/o. 

I'imIo es iiicutira .... 

; Luego el mundo se \iiel\-e 

I\íentira todo? 
-.Sueños el mundo tiene. 

Niña, tan locos. 

Que ni aun despiertos 
Comprenden los mortales 

(^ue lodo es sjiefw. 



La m^a. 



-¡ .Ai, dulce madre mia, 

Quién lo crej-e'ra. ... I 
L.^ MADKK.— ()\e mi pobre hija. 

La liorrible endecha. 
La suerte aciaga 
De una flor en los tiempos 
Que ellas soñaban. 

Era una ro.sa gentil 
Tan bella y encantadora. 
Como un rayo de la aurora 
En las mañanas de abril. 

En sua\'es himnos de amor 
-Saludábanla de lejos, 
\'a los lindos azulejos, 
"\'a el plateado ruiseñor. 

Isleña de dulce sonrisa. 
Haciendo de amor alarde, 
Se columpiaba en la tarde 
Al murmullo de la brisa. 

Doquiera tímida oia 
Una voz de complacencia, 
Y el carmín de la inocencia 
De su corola perdía. 



Como el amor es fecundo 
En los sueños de la vida, 
(olvidaba entretenida 
Los desengaños del mundo. 

Hija, no vez cual se lanza 
Al prado la mariposa? 
Así volaba la rosa 
En alas de su esperanza. 

¡ Ay, que gustando el placer. 
Por má's que encantado fuera. 
La rosa en pos de una hoguera 
Iba, pues era muger ! 

Que cpiien sueña en sus antojos 
Una ilusión indecisa. 
Riega la tierra que pisa 
Con lágrimas de sus ojos. 



V\\ día que en su arrebol 
Brillaba el .sol incendiario, 
Pasó volando un canario 
Abrasado por el sol. 

Y como \'iera la ro.sa 
Que iba á morir de fatiga; 
.Sin pensar á cuanto obliga 
La juventud pudorosa ; 

(~) tal vez al halagüeño 
Pensainienlo en que \i\'ia. 
Creyendo realizaría 
Con el canario su sueño; v 

])ej() posar fatigado 
Al ave en sus frescas hojas. 
Que cambió negras congojas 
Por un nido ¡¡erfumado. 

AvK, — Rosa, te debo la vida. 
Flor. — P)¡en está, canta sus bienes. 

A\'l':. — ¿Sobre este ti-ono? 
El,( iR. — ; Tú tienes 

Quien ser rey acpii te impida? 

A\'i;. — Ño, florecilia. ; Ai de mí ! 

¡ Soi tan feliz ! 

Fl.oR. — Eso quiero. 

Ave. — Rosa, de contento muero. . . . 
Fl.OR. — También }'o muero por tí ... . 

Vino la noche, en su calma 
Llena de dulce misterio. 
Rompieron el cautiverio 
De! corazón, por el alma. 

Aquella dicha miraron 
Las esti-ellns en el cielo, 



POESÍAS FILOSÓFICAS. 



y en triste señal de duelo 

Kn la sombra se ocultaron . . . . 

Cuai^do la aurora en oriente 
Aderezaba su earro, 

Y se mostraba el bizarro 

, Sol, de luz resplandeciente ; 

Sonó en amoroso exceso, 
Llevado d.cl viento en pos. 
El más tristís/mo adiós, 

Y el ra:is dulcísimo beso. 



Después, hija, nada extraño 
Sucedió, lo saben todos, 
Porque es*dc distintos modos 
T.a historia del dcscní^'año. 

Es, sin que mude de suerte, 
El mismo mal, el fin mismo; 
Tras de una /ti //a el abismo, 
Luego el olvido y . . . la iimcrJc. 

]^o tiene la juventud. 
Para su fcr\'ido anhelo. 



Jfas lii:~ que la lar: tiel cielo, 
Jlfríx senda que la virliid . 

Si hai pasiones cu}-o instinto 
( )primen al Cíírazon, 
y ofuscan nuestra razón 
Del mundo un el hiberinto ; 

Nuestra constancia en \'crdad. 
Todo lo alcanza y lo puede. 
Que la jDasion siempre cede 
A la firme voluntail. 

Hija, ya sabes la historia 
De la flor de la campiña; 
No la olvides, pobre niña, 
Tenia, tenia en la memoria. 

La MXA. — Ya no quiero ser, madre, 
i'ras esa historia. 
De l'is frescos rosales 
La mariposa. 
La MAiiRt;. — Dios te bendiga, 

Porque olvidas tus sueños. 
Casta hija mia. 



EL BARWIMISMO. 

( inédita.) 
MONISMO, TRANSFORMISMO, POSÍTíVíSMO, LAMARK, DARWIN, LITTRE. 

A mi amigo K. G. Pardo. 



En liras mui risueñas. 
Talismán y fortuna de aquel bardo. 
Que baila por más señas. 
Las zambras caraqueñas 
El retronante ( juaicaipui-o Pardo. 

En liras por mejores, 
Al gran Lamark he de cantar lo mismo 
(;¿ue á Littré, sobre flores, 
Lo mismo, sí, señores. 
Que á Darwin el titán de! darwinismo. 

Paso, paso á la ciencia 
Maguer llore Delgado }• llore Sil\-a. 
i\\ verla en su demencia 
A'estida, sin conciencia. 
Con tela burda de pintura jilba. 

¿Y tpié mucho consienta 
La nueva ethaira de la \"ieja Europa, 
Llevar tal vestimenta 
.Si con ella á la cuenta 
Quién sabe ¡ vi\'c el cielo 1 lo cpie arropa: 

Mirad: la tierra ardiente 
Da vueltas en la atmósfera infinit.i ; 
L'ii átomo vi\-icnte 



Aquí y allá inconsciente 

Como el huevo braininieo palpita. 

Cierta luz subitánea 
A Lamark ilumina en un esguince: 
En la greda melánea. 
Pía \'isto la espontánea 
(ieucraeion feliz su ojo de lince. 

Ha visto ese "Gran todo" 
]5ajo un gl('>bulo ó germen prototipo 
De arena, lama ó lodo 
Ocultando á su modo 
T.a creación, como la historia el quipo. 

Un dia resonante 
El informe planeta en su congoja. 
De fuego exuberante. 
De un instante ;i otro instante 
An-oja. . . -¿ciué decís? 13igo que arro¡a 

l''l átomo que brilla 
i nifoi'me y tenaz, sombrío y fuerte; 
Y el ;itomo ó celdilla, 
Al átomo se anilla 
; A' en \arie(.lad de cosas se conx'icrte ! 



poesías filosóficas. 



sa 



Diversa cuanto impura 
La materia vital con faz distintr; ^ 
Según es valle, altura 
Playa, .loma, llanura 
Aríoma. .'íe aparece, bulle, pinta. 

Con su ley ó teoría 
El hasta el mono llega por ejcni¡)¡o, 
Pero se atasca un dia, 
; Qué hacer por vida mia.-' 
Oid, que cuanto sigue vale un templo. 

Cual refrescatite ahorro 
Sobre una calva de lustroso viso, 
Asada bajo un gorro, 
De Lamark al socorro, 
A<?í aparece Darwin de ímprovi.-o. 



¡ Oh, milagro completo! 
Que envidia á Londres la ciudad del Louvre ! 
¡ Quieto Lamark, quieto ! 
¡ Ha pasado el aprieto L 
Danvin la le\- de selecion descubre. 

¿ Eso es \-erdad ? ¿ La huella 
Del pasado aclararse no habéis visto ? 
De hoy más Danvin con ella 

El fanatismo sella 

Ni necesita á Dios, ni piensa en Cristo. 

Y el pobre Adán, hechura 
De la suprema y sabia omnipotencia,. 
En CUJ71 faz fulgura I 

El sol de la hermosura, 

Y el soberano don de la conciencia ; 

1 

Viene á ser, en efecto, j 

Tras moldes y patrones embrionarios 
L'n animal correcto, 
Digo, lo más selecto 
De tantos monstruos y recortes varios, 

i 
Darwin en su egoísmo j 

Lo veis? Hace del hombre un semitono 
Eh! no hace al hombre mismo?. . . . 
Primero el Darwinismo 
Acaricia, tantea. . . .escoje al mono. 

¿ Pudo al fiero caraire 
Escojer nuestro sabio en vez del jimio? 
No, scílor, por el aire. 
El aquel y el donaire 
Sacó mejor del mono al hombre eximio. 

La selecion al cabo 
Perfecciona al cuadrúmano babieca. 
Habla y serie ¡bravo ! 
Desaparece el rabo .... 
1'ierde lo sustancial-pierde la mueca. 

, Entonces . . . . ¡ vaya un mito ! 

Por más que el mismo Satanás se asombre, 

Y retiemble á su grito 



El cóncavo infinito, 

Dei Cuadrúmano entónce.s sale el hombre. 

Y a! pronto que vejeta 
De sí arroja, tras saltos convulsivos 
Al calor del planeta 
Deforme é incompleta 
Lama de m.iémbros y fragmentos vivos. 

¡ Que digo ¡ Allí procrea 
La esdrújula molécula el Bisonte,. 
La vaca que cornea. 
El pez que el mar pasea, 
Y el tigre, la serpiente, el mastodonte! 

Un rayo incohercible 
De luz solar allí transforma leve 
El lodo en algo horrible. 
En un feto sensible, ^ 

Acaso en un andróiino de nieve. 



En cuanto bulle esbelto. 
En su cosmos Lamark le busca en vano. 
Todo allí vive suelto, 

Y monstruoso y revuelto. 
Esperando sombrío al ser humano. 

Y mientras todo en vilo 
O en torbellino va sin voz ni nombre, 
Lamark pierde el hilo 

¡ Que digo I Está intranquilo 

¿Cómo saltar de lo monstruoso al hombre? 

No en valde siempre anhelo 
De la gloria llegar al regio trono, 
Volar, volar al ciclo ; 
Imitar en el vuelo 
Al águila caudal ¿no he sido mono ? 

¿Qué piensas, alma mia, 
De tanta sombra al fin de la jornada? 
Ni Dios, ni amor, ni guía ; 
La ley de la armonía 
Rota en pedazos mil, y luego. . . .nada, 

Jamas en el desierto 
Se oyó gañir con tal espanto al lobo : 
Murió Colon ! Es cierto? 
Sí, pues al hoyo el muerto, 

Y el que vive ala hogaza y ruede el globo. 

; Sabéis si en cuanto existe 
Hubo mayor desolación ? Tremendo, 
¿Quién tal dolor resiste? 
De hoy más el hombre triste 
Se inclinará á la tumba maldiciendo. 

Con tan negra semblanza 
Del caos ¿qué ha de hacer en su impotencia? 
Del ser en la balanza 
Le arrancan la esperanza, 

Y le arrancan el alma y la conciencia. 

13 



90 



POBSlAS FILOSÓFICAS. 



A LA ESTRELLA DE LA TARDE. 



I. 



CAMPANITA dephita 
De tan gran templo, 
Trémula y solitaria 
Sobre los cielos ; 

Yo te diviso 
Suspendida en los camisos 

Del infinito. 

Cuando á la fin del d¡a 
La tarde asoma 
Eres la campanita 
Oue ;i duelo toca ; 

Así los ángeles 
Saben allá en el cielo 

Cuando es de larde. 

Campanita te llamo 
Sientlo un lucero. 
Mientras voi suspirando 
Con mis recuerdos ; 

Es que así mismo 
Te llamaba en mi patria 

Cuando era niño. 

Al perder mis fecundas 
Ricas visiones, 
Dicen que se me anublan 
porque soi hombre. 

¿Será eso cierto-?. 
; Cómo, pues, me acompañan 

I. as que están lejos? 

l'orque ti'i eres ahora 
Lo que en mi infancia 
Cuando buscaba conchas 
De playa en plajea : 

Chispa ó lucero 
Ouc entre gasas de púrpura 

Brilla en lo inmenso. 

Todo, pues, se reduce 
Tras luengos dias, 
A los suefíos que se hunden 
Llamar mentiras, 

Y á los estables. 
Aunque n:iedieun abismo 

Llamai' \'erdades. 

Por eso mientras pasan 
Cual viento y humo 
Las dulces esperanzas 
Que inspira el niundo. 

Siempre conmigo 
A'an las santas visiones * 

Que sucha el niño. ■ 

Campanita, si el dueh* 
Tocas del dia, 
Tras mis clolores creo 
Tocas d vida / 



Miciilras a glor'wí 
llai otras campanitas 

Que también tocan. 

í!. 

Estrella C[ue despides 

Al sol que nniei'o 

ICn lagos de rubíes 

Resplandecientes. 

Tú que te inundas 

En sus luces \' sabes 

Donde es su tumba ; 

Estrella de las sombras, 

) Como es que siempre 
A esta fiesta mortuoria 

Te hallas presente? 

¿Como es que sales 
ruja tú i!e la noche. 

Siempre de tard.e ? 

Entre risueílas nubes 

rú centelleas 
t'omo en aguas azules 

Pálida perla. 

¿Tendrán acaso 
Las Qíi^uas superiores 

Por perlas astros? 

Átomo de ese polvo 

Que en las alturas 
Como neblina de oro 

Todo lo alumbra, 

Todo lo llena 
De mimdos rutilantes 

Soles \' estrellas ; 

Tal vez se llegue un dia 
Que del espacio 

Como una vieja cifra 
Seas borrado ; 

Y el Rei del cielo 
Brote acaso otros mundos 

Y otros luceros. 

Sí-, los astros que existen 

Son sueños, sombras.. 
Átomos invisibles 

Ante su gloria ; 

Sí, todo muere, 
!^()lo el Dios infinito 

*\'ivirá siempre. 

Lejana campanita 

Cuando \'o muera 
Recibe el alma nn'a 

Tocando á fiesta. 

¿ Te pido mucho? 
No, que las almas suben 

^\1 cielo en triunfo. 



POESÍAS FILOSÓFICAS. 

VISIÓN REPUBLICANA. 



91 



.A I, !;i'itii tic \ icli>n'a 
Alzó mi frente [íálida, 
y, cB ('iptica ilusoria, 
'S'o vi de mil ¡^nicrrcros 
Teñidos ios aceros 
1 )e lÚ!4ul:)re fulgor ; 

Yo \'í por la llanura, 
Como fantasmas luirridos 
].)e la alta noche oscura, 
(¡inetes batallando 
Rabiosos ¡ ai ! mostraiulo 
Selvático \aIor. 

\o oí como se inOama 
El hijo de la América, 
Yo vi como derrama 
Caliente }• vaporosa 
Su sangre Ljenerosa 
V.n sacrificio cruel : 

^' ac)uella érala impía 
Ofrenda triste y bárbara, 
Que dabas, patria mia, 
En el altar de un hombre 
Manchando asi tu nombre, 
'J"u espléndido laurel. 

En esa fratricida 
Contienda, ni una siijjlica 
Se alzo de vo/ rendida. 
A\ férvido entusiasmo 
I>a vida era un sarcasmo 
La muerte un c;alar(.lon. 

; ( )h meiiLjLKi ! los valienies 
1 ,os colombianos, ínclitos. 
En lides impotenti.'s 
De hermanos con hermanos 
Se arrancan con las manos 
Sangriento el corazón. 

El ángel de la muerte 
Daba al combate ¡jábulo. 
Cual fuerte lucha el fuerte, 
Y, en oprobioso alarde. 
También lucha el cobarde 
Armado del iiuñal. 

-Sembrada está la tici'ra 
De fétidos cadáveres, 
Y el sojjIo de la gucri'a 
.•\paga del vencido, 
El último alarido 
De rabia sin igual. 

Horrible allí campea 
El odio vil, frenético. 
La sangre allí se orea, 



,\1 i'uido pavoríjso 

De viento temjjesLuoso 

Que azota el turbio ;\Iar. 

No hai tregua. . . . La venganza 
Corriendo va .sacrilega, 
\ anima, en la matanza, 
Al mísero guerrero, 
Que \-ibra c! tor\-o acero 

Y muere sin temblai'. 

'Jal viera Roma un día 
Al gladiador impávido, 
•So infanda tiranía, 
Pisar con faz serena 
La ensangrentada ai'cna 
Dispuesto á combatir. 

Y en gloria vil, precaria. 
De ¡jrez cubierto efímera, 
Buscar la sanguinaria. 
Hosca fiera rugiendo, 

Y altivo combatiendo 
Caer para morir. 

; La patria está vengada ! 
Se escucha en son terrífico ; 
I\I;is de improviso airada, 
l'or la e.x'trellada alfombra, 
Se ve la esti'afia sombra 
De altix'o paladín. 

l'll cántico de gloria 

Se torna en canto fúnebre: 

La voz de la victoria 

So trueca ^en triste acento, 

Y en lúgubre lamento 
El bélico clarín. 

Hablaba, )■ mientras tanto. 
Malditas _\^ sacrilegas, 
En medio del espanto. 
Las huestes altaneras 
Flameaban sus banderas 
Con la matanza atroz. 

Risa, blasfemia, rluclo. 

Ira mortal, fatídica : 

Mientras temblaba el suelo. 

-Mientra en la noche oscura. 

Sonaba con pavura 

La retumbante \'oz, 
► — 

. ""lened 1,l torpe lengua, 

"Tmbéciles caníbales; 

";No basta que con mengua, 

"En medio á un jnieblo culto, 

"Llevéis en faz de insulto 

"La hermosa libertad ? 



92 



poesías filosóficas, 



"Tened, tened el labio.... 
"De entre ambo.s son los crímenes, 
"De Dios solo el agravio — 
"Quien la venganza evoca 
"Cerrar debe su boca, 
" ¡ Imbéciles, callad ! 

" ¡ Reír cuando á millares 
"Muriendo van las víctimas ¡ 
" ¡ Alzar esos cantares, 
"Cuando lanzar debiera 
"El hombre ¡ ay ! por doquiera 
"Su oprobio Y su baldón ! 

" i Triunfad, reid ! La afrenta 
"Que cubre á la República 
"Será pedida en cuenta. . . . 
"Triunfantes y vencidos, 
"Seréis escarnecidos, 
"A entrambos ! nialdicion ! 

"Vendrá ese horrible dia, 
"Y, abierta con estrépito 
"Dirá la gemonía 
"De torpes y sicarios : 
"Sus rayos incendiarios 
"El cielo lanzará. 

"Y, al terroroso grito 

"Que lanze el pueblo indómito, 

'Veráse de hito en hito, 

"Cruzar con faz inerte, 

"La sombra de la muerte, 

"Que muerte clamará — 



" i Triunfad ! reid ! i dementes. . . ! 
"El hondo y negro estígmata 
"Lleváis en vuestras frentes — 
"¿Pensáis queden inultos 
"Los héroes insepultos? 
"Dios no lo quiere, ¡no! 

"Huid por el ancho rnundo. . . 
"Corred . . . Del negro Tártaro 
"Abierto e.ítá el profundo. . . . 
" i Qué escucho . . ? ¡ LTna campana . 
"Do está vuestro mañana. . .? 
"Lmbéciles .... ¡ Se hundió — " 



, Al grito de victoria 
Alzé mi frente pálida: 
Busqué la patria glori'a, 

,Y solo ■\'i agoreros 
Los buitres carniceros 
Volando en derredor. 

Yo \\ i)or la, llanura, 
Como á fantasmas hórridos 
Bajo la noche oscura, 
Triunfantes y vencidos, 
.Soberbios y abatidos 
J-^lclados de tei-ror. 



A MÍS BÜEMOS AMIGOS LOS JOVEMES AFICIONADOS BE LA 

. COMPAÑÍA lARACA'IBERÁ. 



ALLÍ la nave está de mi laguna 
Mecida en los cristales dulcemente: 
Allí se mira al rayo déla luna. 
Que ora refresca mi abra:-:ada frente. 
Pronta á partir, confiada en la fortuna 
De fausto viento, su marina gente 
Canta impasible mientra al lejos zumba 
El mar que cava su gigante tumba. 



Cuando la vista levantaba al cielo , 
l\~ir ciarle mi ]:)OstrcrrL despedida. 
Cuando regaba con mi !1;íiilo el suelo, 
Que es la tierra nata!, i)atria querida. 
Cuando en penoso, agonizante anhelo 
(.'orjio i.:l ultimo soiijo de la vida. 
De la angustí;', el \'eneno reljosaba 
V al ulcvra!.i(i co)-a/,on quemaba. . 



Esa es la vida, la existcnci;i es esa, 
Estrella de mil prismas ilusoria. 
La perfumada flor junto á una huesa. 
La muerte tras el grito de \ ictoria, , 
La miseria manchando la grandeza 
Con que sueña el artista inmensa gloria; 
Y así todo en revuelto torbellino 
Goza y .sufre el mortal en su cam.ino. 



Llegó h;isUi mí di;- la amistad modesta 

VA acento de pkicida iilegría'. 

Que en son de gozo }'al placer disinicsla 

J-visay placer y :40zo me ofrecía: 

líntusiastas clel genio, en noble fiesta 

Mis amigos buscaban á [>orfía. 

El camino de luz donde se lanza 

F.l liombi'c que aumenta su cspei'anza. 



POESÍAS FILOSÓFICAS. 



93 



Di tregua al lloro, serene- el' semblante, 
Y como el niflo en su ilusión sencilla 
Convierte en risa el doloroso instante, 
l'cndientc aun'el llanto en la mejilla, 
Así el [)ecliü ulceradla y palpitante, 
Con esa luz que momentánea brilla, 
Dio á la amistad su postrimer contento, 
I'orijucesjai Dios 1 la dicha de un mumeiito, 

Dulce amistad su perfumatla esencia 
Con su aliento vivilico y divino 
Desvaneció las sombras de la ausencia, 
Dio paz \' dicha al infeliz marino. 
Dulce amistad, que am'ma la existencia. 
Risueña floi', que orillas del camino 
Ostenta su campestre galanura 
Más bella que la aurora que fulgura. 

Por ella unidos vuestra noble empresa 

A cabo llevareis', sin que resista 

La mezquindad mortal que opone aviesa. 

Antagonismo torpe y cgoista ; 

Adelante, seguid, tendréis en esa 

l'enosa vida que lleváis de artista, 

Pesares sí, mundanos sinsabores, 

Pero palmas también y también flores. 

Que no hai trabajo en cl afán del mundo 
Al progreso perdido ; tiende todo 
A vuelto fin magnífico }" profundo, 
Con varias faces de distinto modo : 



k 



El Iiombrc.'frájil ser, que cl vicio inmundo 
Junta mil \ec' s ;i su barro y lodo, 
.Si presiente su genio, i;o se arredra, 
V á los fines de Dios j)one su piedra. 

.Seguid pues adelante, el ¡nieblo vc.'i 
Con vueslio estudioy vuestro afán glorioso 
Los hechos de la historia do campea 
A ])ar del crimen, heroisino hermoso : 
.Seguid pues adelante, el pueblo sea 
Ihistrado también, que es deshonroso 
Para el genio sin par americano 
Xo dar al pueblo compasiva nniiKj. 

Vosotros si, que comprendéis la gloría, 
Edén divino de feliz fortuna. 
Vosotros v^ivireis en mi memoria. 
Cuando lejos esté de mi laguna: 
A la luz vaporosa c ilusoria. 
Que en el cerúleo mar vierte la luna. 
Pondré el oido álos marinos vientos 
Para escuchar trd \'ez \'uesíros acentos. 

Juventud generosa, adius ; la na\"e 
Ya se apresta y se mece, el ancla leva, 
Ya sus alas extiende como el ave 
Busca otros cielos y campiña nueva: 
Adonde iré? Jamas el hombre sabe 
Donde el destino á su jjesar le lleva : 
Adiós, amigos, la esperanza mía 
.Se desvanece con el nue\'o dia. 



ASÍ £S LA VIDA ! 

El canto del Pastor. 



MAivlPÜSA entre las (lores 
Del verde )" fresco pensil. 
Que tienes tantos amores. 
Como en tus alas colores 
Y como ílorcí abril. 

i\Iariposa encantadora. 

¿ Porqué me ocultas tu vuelo? 

Y<'> sé que te dio la aurora 

La púrpura que colora 

La tierra, el aire y el ciólo. 

Yo seque, al triste lamento 
De la paloma llorosa. 
Vas en los pliegues del viento 
Huscando cl dulce sustento 
Del j.azmin y de la rosa. 



\ o sé que, fiel mensajera 
De la tarde triste y vaga. 
Vas de pradera en pradera 
Anunciando pasajera. 
Que la luz del sol se apaga. 

Y cuando el hada divina 
De la noche se presentíi, 
Alguna flor campesina 
Abre su roja cortina 

Y te aduerme, y te alimenta. 

^lariposa, si alcanzaras 

El mal que me haces cruel ; 

Tal vez así no volaras 

Y por mi bien no ])osaras 
En cl ardiente cla\'el. 



94 



POESÍAS FILOSÓFICAS. 



Que yo con lagrimas mojo 

De su lecho las arenas ; 

Y el llanto que vierto rojo, 

En su corola recojo 

Porque es sangre de mis venas. 



Y tú en loco desvario 
Pensando libar su esencia, 
O el purpurino rocío 
Libas ¡ ay ! el llanto mió 

Y me robas la existencia. 



Por eso la ñor descuella 

Y mi zagala suspira. 

¡Ai triste! no escucha en ella 

jMí solitaria querella 

Ni en ella mi llanto mira 

LA ZAGALA. 

Así con acento blando 
]\liéntras el sol se escondía 

Lentamente, 
Un pastorcillo mirando 
Correr una oculta fuente, 
Esta canción repetía 

Suspirando. 



Las brisas del mar serenas, 
Que vienen en los celajes 

De la aurora ; 
Contaron las dulces penas 
A la cuitada pastora 
Que se hallaba en los boscajes 

Ue azucenas, .^t 
# 

Sumida en dulce embeleso 
T'Y'liz, atenta y sencilla 

Suspiraba, 
iMicntra en amoroso exceso 
La mariposa libaba 
En su cai'mínea mejilla 

Dulce beso. , 



En' su contento, amorosa, 
Agradeciendo ai amante 

Su cariño : 
Tal vez sin jiensar, graciosa. 
Juntó sus manos de niño 

Y aprisionó la inconstante 

IMariposa. 

En lan divina apostuia 
]>a bella prisión mirando 
Snnrcía. •• 

Y con infantil locura 
Tras de su amante corría, 
A lo lejos publicando 

Su Ventur;i. 



El sol de rubia alborad^a 
No se levanta tan bello 

Cual la niña, 
Que corre, así delicada, 
Por la silvestre campiña, 
La crencha de oro en el cuello 

Destrenzada. 



LA MARIPOSA, 

Y así pasa en un instante 
Por la cubierta pradera 

De roció, 

Y llega así palpitante 
Con la hermosa prisionera 

Junto al rio. 



Loca en sus sueños lozanos 
La,zagalcja graciosa 

Ño atendía. 
Que del hueco de sus manos 
Salirse la mariposa 

Bien podia. 



Y en pos de dichas inciertas 
Casi corriendo olvidaba 

Su decoro. 
Cuando llevaba entreabiertas 
Las palmas donde guardaba 

Su tesoro. 



Ai de la niña preciosa. 
Si corre alegre llevando 

Por doquiera 
Una linda mariposa 
En las manos revolando 

Prisionera. 



Que la desdicha se muestra 
Cuando la frájil fortuna 

Nos convida ; 
Como una noche siniestra, 
Como una sombra importuna 

De la \'ida. 



Loca va, que es infinito 
Su gozo, el amor la guiaba. 

Llega. ... ¡oh duelo ! 
Mira al fin, y lanza un grito . . . . 
La mariposa volaba 

Por el cielo. 



Así es ia vida. Risueflo 
Pensil, que el ábrego ariasa 

Furibundo. 
La vida! la vida es sueño, 
Y así la ventura pasa 

De este mundo. 



POESiASFlLOSÓPlCAS, 

PERCANCE. 



95 



TRIGUEÑA dr l:i mirada 

De (¡U7.el;i, 
Mejillas (le flor tostada 

De canela- 
; Por que á la palma permites 
Lucir su gracia ondulante, 
'l"ú, más sabrosa )■ picante 
Ouelos cL'uos v confites? 



1 La ocurrencia era tan loca, 

; Que la risa 

Andaba de boca en boca 
Llana y lisa. 

; Monja tú ! vaya; la gente, 

Que tal disparate oia, 
, Del disparate seguía 

Riyendo. tan buenamente . 



Como puños de granates 

iMicendidos, 
Cual llores en acirates 

Suspendidos, 
Como tropel de avecillas 
De voz dulce y v;íria pluma, 
Cual remolinos de espuma 
En el Mar de las Antillas ; 



.Mas el inglés que no es tonto, 

Pian pianito 
j\ mi se vino de ])ronto, 

_¡ Dios bendito ! 
Y al verlo tan demudado 
Cual del cuento se colije, 
- •- mi corazón le dije : 
"Crescnte y fuego graneado". 



1 le \-isto guapas triguefias 

¡ Daban susto ! . . . 

Tan aereas y cenceñas. 

Que era un gusto ; 

Pero en llegando á tu dengue. 

Trigueña, me voi á pique ; 

Y es amargo el alfeñicjue 

Y el cara(.[ucño merengue. 



Lieg<), mirtime y miréle 

De reojo ; 
j\'i más ni méno.s cual suele 

Pobre cojo ; 
Emprender carrera larga 
Por huir de un toro perdido, 
Oue bufando se ha salido 
De un toril de caña amarga. 



(iracia tanta es el señuelo 

De algún Mago. 
Qiie tú manejas al vuelo 
Con estrago ; 
Porque no hai viviente 5n'/ii> 
I Perdón, de los hombres hablo,) 
Que tú no le des al diablo 
Por amor ú por capricho. 



¡ Vaya un inglés ! ¡ Cuánto ner\-io 

Demostraba I 
Pero Mfírj de ira soberbio ■ 

Le ganaba — ' 
Ronco como un almirez, 
Rajado de abajo arriba. 
Estaba haciendo saliva 
Para tracarme al inglés. 



"S' es de mirar, Dios lo sabe. 

Tantos perros 
Siguiendo el vuelo de un a\'e 

Por los cerros ; 
Y luego ver poco á poco. 
Como se vienen bajando 
Este triste, aquel ladrando 
L'no ciego, el otro loco. 



Trigueña de losantoios 
¡ Ai ! sin tasa. 

Con esos labios más rojos 
Que una brasa. 

Contémplame en tal quimera 

Y dime, ; es buena permuta 
Que uno se coma la fruta 

Y otro pase la dentera? 



Hasta yo, risueña niña. 

No hace mucho. 
Que tuve por tí tina riña 
De cartucho. 
Y, fue el caso, sin lisonja, 
Que un inglés decsplin y \eiKi. 
Dijo que tú estabas buena 
Para profesar de monja. 



]''ortuna mia, que, nunca 
Falta un pero. 
Que el vuelo al discurso trunca 

Todo entero — 
A no ser eso. . . .(me espanto ) 
Yo estarla asaz dormido 
En la tierra del olvido, 
Que IJanian el canjpo santo — ■ 



poesías filosóficas. 



¡ Ai, triq'ucña! sin que al ntvn 

Yn denigre ; 
¡ Qué pantera, ni cjué pe>tr(i, 

rs i qué t'ÍLíre 1 
Era el inylé.sun demonio, 
Era un lenn .... era un \aliente, 
Má.s recio que la corriente 
Dc\ cabo de San Antonio. 

Sí, contempUíndono.s juntos 

Los colmillos 
Nos \'irnos ambos difunto.s," 

Amarillos . . . . ! 
Pero firme cada quisque 
Con una faz del calvario, 
Como diciendo al contrario : 
"Si quiere morir pellizque." 

Salimos al campo verde 

¡ Dale bola ! 
A justar la gana pierde 

De pistola. 
Arreglamos el terreno ; 
Y, como tronar oimos, 
En disparar con\-en irnos 
Cuando re\'entase un trueno. 



¡Qué noche 1 mas se me ocurre 
Mudar de metro ; cansado 
Estoi con el pié quebrado 
Y la cojera me aburre. 



¡ Qué noche ! helaba lo.s huesos 
A las deidades del Pindó, 
Era un tiempo de lo lindo. 
Para saltarse los sesos. 



En ángulo el brazo fuerte 
Teniendo el arma homicida^ 
A diez varas de la vida, 
A dos líneas de la muerte. 

Perfilado á lo torero 
Con la visual'cn la mira, 
Creyendo en una mentira. 
Pensando en el mundo entei'o. 

Con tal actitud y valor 
Un trueno esj^eraba luego. 
Para hacer al inglés fucgi:i 
En honra y paz de! honor. 



Pero. . . . (nunca falta un pero 
}-',n sus percances al hombre 
Que reduce, no te asombre,' 
'Podas sus cosas á cero), 

Pero ú esc tiempo bajaba 
De los encumbrados cerros, 
La trailla de tus perros 
Que á lo lejos te venteaba. 



PírríJ r". ¡Ai I 



Cómo ! 



Vah 



Sus! 
¿Qué? 



., 4°. 

„ f- 

„ ó". ¡Cielo! 

„ 7°. ¡ Un indio ! 

„ 8°. Un ingles! 

9°.* ¿ Es riña ? 

,, ió°. ;Se matan? 

,, \i°. — Por nuestra nifia, 

„ 12°. La justicia 1 ! 



Ln ¡iisíicia. 



Fuera el duelo ! ! 



Turbado nuestro sosiego 
Cuando tal tumulto \-imos. 
El inglés y yó cojimos 
Las calzas de Villadiego. 



A tener menos pericia 
De ac[uesos campos de Dios, 
Carga con nosotros dos 
'Nuestra insidiosa justicia. 



Pero. ... ya sabes que un pero 
Jamas falta á cosa de hombre, 
Con gran maña (no te asombre) 
Saqué á salvo á mi c?ctranjcro. 

Huyendo por esos trigos; 
Miento, por esos cardones, 
Trabamos buenas razones, 
Y.... nos hicimos amigos. 

Trigueña, aquesto te explica 

Te revela, ■ 
Como acaban en la rica 

Venezuela, 
Los mundanales tropiezos. 
Conjuras, duelos, tumultos. 
Gritos, motines, insultos, 
Y. . . hasta los misinos Congresos, 

33 de Setiembre- 185 5. 



POESIAS FILOSÓFICAS. 



57 



A LA LUNA. 

Düdioado á mi amigo A. Garbírfís. 



PEREGRINA de lu;. ciclu^. 
ronipHfioni sin furtun.i 
ücl sol que duranlc cl di.i 
Todos los ojos ckslunibia, 

¿ Por qué en tus tristes palacios 
No cambias, modesta luna. 
Tus cendales como nieve, 
Por nuís ricas vestiduras? 

Si tal hicieras, la nuche, 

Que comparan á la tumba. 

Por cl terror }• el misterio 

Que entre sus sombras se ocultan ; 

Cuando asomara en oriente. 
En vez de asomarse mustia. 
Se asomara como el alba. 
Espléndida, fresca y rubia. 

Cuanto más, c[ue ,í tus rellejos. 
Dado que fueran de púrpura, 
Las negras noches tendrían 
Más vistosas colgatiuras ; 

Y alhi distante, distante. 
Del C niccru á Cinosura, 
IJutiendo el ala flexible 
De mil matizadas plumas ; 

El hombre viera c.xtasiatlo 
Por las ci;lestes alturasf 
.Subir }- bajar los ángeles 
De las plegarias nocturnas. 

\'it:i'a en las palmas umbrías 
De las montañas inoultas, 
\ en los nidos y en las flores 
(jue los céilros columpian, 

Convertirse en blancas [lerías, 
Cayendo á la tierra en lluvia, 
ICl llanto de esos espíritus 
Vertido por nuestras cnt¡»as. 

Cuanta nubécula aerea. 

De las que en el cielo hay mucha'-. 

Fimbria de seda amarilla 

Bajo sus tocas oscuras, 

I'or adularte, i"¡sueña. 
Sote presentara ¡ oh luna ! 
Con la veste de hilos de oro, 
Va¡)orosa y rubicunda. 

Ai ! reina de ios espacii's, 
Si tú acojicras mi súplica 



Del cielo '.^n la oríebreria 
JMisc.iiulo tus regias túnicas. 

C>lra fuera hasta del hombre 
Ka voy. con que te saluda. 
Como otras también serian 
Los himnos con <]ue te adula. 

í'ucs (jue tú. reina, lo sabe.s 
I'orlas flores de las grutas ; 
Más aprecia el hombre el brillo 
l^o ki V'énus amantusia : 

Tiene en más sus vanidades, 
Estima en más sus locuras. 
Que la virginal modestia, 
Que ¡as virtudes oculta.s. 

Mas tú en tanto permaneces. 
Reina á mis acentos muda, 

Y pensativa te asomas 

Y melancólica cruzas. 

Tú de las ruinas campestres 
Rompes las sombras profundas, 
Poi' escuchar los suspiros 
Que entre las ruinas se escuchan. 

Con fantásticas semblanzas, 
.Sombría, meditabunda, 
Llenas las florestas indias 
De claridades que asustan. 

Tú te \"as de lago en lago 

Y de llanura en llanura 
\'isitando temblorosa 
Olvidadas sepulturas. 

Compartera de los tristes 
Sufres tanto en sus angustias. 
Que son sus duelo 5 tus duelos, 

Y sus lágrimas las tuyas. 

Pero ¡ ai ! misteriosa reina. 
El hombre poco se cura 
Si le viene de los cielos 
Lo que espera ó lo que busca. 

•Solo anhela, vano y necio, 
Pasar su vida infecunda. 
Así cual llenas de ruidos 
Sobrenadan las espumas.. 



Pálida reina del cielo. 

Ya que no h.e de verte nunca 

Con cl manto purpurino 

Del sol que espléndido alumbra 



]» 



98 



POESÍAS FILOSÓFICAS. 



Ya que a! favor de la noche 
El misterio te circunda, 
El silencio te acompaña, 

Y las sombras te sepultan ; 

Mira, reina, que te pido, 
Mira que te ruego, luna, 
Con la voz de mis pesares 

Y en nombre de tus angustias ; 

Que cuando las trovas mías, 
Orillas de esta laguna, 
No las murmuren los vientos 
Porque otros cantos murmuran ; 



Cuando al soplo de la muerte 
Mi frájil cuerpo sucumba, 

Y su polvo miserable 
Al polvo se restituya ; 

No te alejes, peregrina 
De las mansiones cerúleas, 
Sin derrarílar en mi lecho 
Tus claridades augustas ; 

Y acaso trémula entonces 
Mi pobre gente descubras 
Entre la sombra llorando, 
Llorando sobre mi tumba. 



MAR!M£SGA, 

Enel álfcnra de! vapor "Mapararí" á mi araígo el Gral. liíannel E. Braznal. 



AUNQUE se le vuelvan yesca 
Las velas á mi tartana 

Y la brisa meridiana 
Recale soplando fresca, 
Como en la cosía coriana ; 

Aunque maldiga lo instable 
De mi adusta profesión 

Y la fuerte obligación 

De comer el miserable, "■ 

Negro pan de munición ; 

Aunque tenga que vivir 
Como Bruzual en campaña, 
Peleando hasta conseguir 
Con .«u bandera salir 
Triunfante de la montaña ; 

Dejo esta vida que flatos 
Me dan y m.e causa tedio. . . . 
¡ Adiós tierra ! ¡ Al agua patos ! 
Me voi al mar, no hay ¡•ernedio : 
"Zapatero, á tus zapatos." 

En el mar tengo mis fueros. . . . 
Allí lanzaré mis cánticos ; 
Adiós, bardos compañeros. 
Melindrosos cancioneros. 
Babosísimos románticos. 

¡ Guai del que necio replique. . . 
¡ Abur, muchachos, abur. . . . ! 
¡ Listo á proa ! ¡ Leva á pique ! 
Voy á juntarme en el sur 
Con Terepaima el Cacique. 

Ya sabré lo que hace en Lima 

Y si algo tiene de sobra .... 

— Uno al timón ! (Me da grima 
Lo tardo de esta maniobra) 
Arrima, nuestro amo, arrima ! 



—Ya levó ! 

— Famosa nave ! 
Si es nave maracaibera ! 
Con este barco, quién sabe 
Si mi suerte volandera 
Por ser buena suerte acabe ! 

Qué noche ! Se viene oscura, 
Como el manto de un fantasma 
De entreabierta sepultura ; 
El viento corre que pasma. . . . 
Buena va la singladura ! 

¡ Tope del palo mayor, 
Cuidado ! el ojo avisor 
Que el horizonte es sombrío, 
Y no estoy ¡pardiez ! de humor 
De encallar en un bajío. 

—Vela!!.... 

— Muy bien. ¿ Hacia dónde ? 
Cuenta ! Si me das un chasco. , . ► 
— No, mi cabeza responde. 
En la neblina se esconde, 
Navega bajo un chubasco. 

Allí está ! Se pega al viento, 
Como paviota marina .... 
Quiere ganar barlovento. 
— Galopín, ¿logra su intento? 
— Sí, salió de la neblina. 



-Pues ¡ a virar ! , 



—A virar ! . 
-—Orzando .... 1 Acuartela ahora . 

Braza ! (Ya es otro cantar). 

Nuestro amo, descarga á prora, 
Que hay corriente y mucha niai-. 

— Buena vela ! ¡ Vamos listo 
Que va flameando el velacho ! 



POESÍAS FILOSÓFICAS. 



99 



¡ Cómo sopla, vive Cristo ! 
— Capitán ? 

— Hela, muchacho ! 
— ^Ya ese perro nos ha visto. 

Mejor, con la voz tenante 
De mi coliza de hierro, 
Cuando el ladrido levante, 
Haré callar al instante 
El ladrido de ese perro. 

Veremos cual á su m.odo 

Ladra y muerde aun tiempo mismo ; 

Con un poco de heroísmo 

Se gana ó se pierde todo 

Por venganza ó patriotismo. 

¡Mas, este rumbo ! este centro 
De las aguas . . . . ¡ Oh, destino ! 
>Javego en un mar adentro, 

Y nada menos me encuentro, 
Que en las aguas del Euxino. 

Vaya que el asuntp es trágico ! 

Mas ¿ qué se me da ? Ni un bledo . . . , 

Sigamos con el enredo, 

Yo que por mi golpe mágico 

Me puse en Asia de un credo. 

Nadie dirá, por quien soy. 
Que yo el combate rehuso ; 

Y si en el Euxino estoy, 
Ese barco es barco ruso. . . . 
Pues tras el ruso me voy. 

Listo ! que el contrario tira. 

— Zafarrancho ! ! ^; Dónde para 

El corneta ? ¡ Fuego y vira I 
— Tararira, tar arara. . . . 
— ¡ Fuego, fuego . . . . ! 

— Tararira , ,../ 

Si no abordo á ese renjífero 
Me vuelve el foque un encaje. . . . 
üf ! qué vapor tan pestífero I 
Sus! qué fuego tan mortífero! 
Orza todo ! ! Al abordaje ! ! 

A la banda, buena gente ! 
¡fAtraca con los grampines I 

Y ahora diente con diente. 
Que la coliza reviente, 
Kevienten los palanquines. 

Misericordia! Esa bala 

Me deja mondo y lirondo 
; Uno al agua por la escala 
Queme coja, noramala, 
Mi testa que .se va á fondo ! 

Diablos I qué lance tan agro ! 
De cólera tengo amengua 



Estar vivo, si bien magro. 
Descabezado y sin lengua, 
Pero hablando por milagro. 

1 Oh ! qué percance tan gordo ! 
Sin cabeza el comandante. 
Silencio ! que no estoy sordo. 
Un tramojo á ese bergante 
Que viene á charlar á bordo. 

¡ Que me saquen con presteza. 
Sin más discusión ni asombros, 
Del charco azul la cabeza . . . . ! 
— Ya la cojí. . . . ! 

— Buena pieza, 
Ponía, pues, sobre mis hombros, 

¡Qué mueble tan necesario 
Es este mueble de juicio . . . . ! 
Mas, siga el fuego ¡ canario ! 
Abordaje de corsario 

Y tajos de sacrificio. 

—Aquí ! 

—Allí . . . . ! 

— Por la popa. ...! 

Buena gente y mejor barco ! 

— Ahora salte la tropa . . . . ! 
— ¡ Cómo se reirá la Europa 
De las cosas de este charco . . . . ! 

— Ai ! ¡ Me han pegado un sablazo I 

Y para colmo de enojos. 
Ese marino pelmazo, 

O me ha puesto atrás los ojos, 
O adelante el espinazo. 

¡ Qué espantoso quid pro quó I 

Al revez me colocó 

Nuestro amo mi pobre testa, 

Y me encuentro ¡ qué se yo ! 
Con la cabeza mal puesta. 

Pues no es cosa de ilusiones 

Ni materia de litijio, 

¡ Hallarme con las facciones 

A manera de prodijio, 

En vuelta de los talones....! 

Sí, sí, la cosa es muy clara. . . . 
Aunque parezca mentira 
Hacia atrás traigo la cara. . . . 
— ¿ El corneta ? 

— Tar arar a 
— Otro toque. 

— Tararira .... 

Mas ¿qué ruido estoy sintiendo? 

Bon . . bon . . bou . . bou . . bou . . botí . . bon . . . 

— Por ese agujero horrendo 

El agua ¡ voto á Sansón . . . . ! 

Se va subiendo, subiendo.... « 



íuu 



POESÍAS FILOSÓFICAS, 



—Fuego . . . . ! Fuego . . . . ! 

— Carambola ! 
I La piMvora está mojada ; 
— ¡ Tiró el diablo de ¡a cohi ! ! 
— Bomba, . . .! 

— No hay bomba ni nada. 
— Achica . . . .! 

-Achica? ¡ Mancóla 1 

— Nuestro amo! i'ronto, descarga, . . . ! 
Aquí tle mi gente . . . . ! Larga . . . . ! 
¡ Larga ! Nuestro amo está sordo , . , , ! 
Y ya sube la honda amrirg;i 
En un aprieto tan gordo,, 



¡ Qué me ahogo, San Antonio !, 
Trance tal es sin segundo. . . . 
Adiós, tierra del demonio . . . . ! 
Adiós, bribones del mundo. . . . 
^^^ me iTundo, va me hundo. . . . ! 



Salté .... mi pobre camisa 
Se arrollaba blanca y lisa 
A mi cara ; con tal seño ! . . . . 
El gran combate era un suefio, 
De esos sueños que dan .... risa. 



DOLORA. 



— ^; A quién rezo, abuela mia. 
Ya que quiero descansar? 
— A nuestra Virgen María 
Es bueno, ñifla, rezar 
Noche y dia. 

--¿Mucho la oración alcanza? 
— Con golpes, niña, en el pecho. 
—¿Golpes, abuela? ¡Qué chanza! 
— Ellos espantan del lecho 
Sombras de dulces semblanza. 
— Jesús, abuela ! ¿Quién teme. 
Quién tales vejeces nonrb¡'a? 
— Niña, escuche y no blasfeme. 
¡ A'Iucho miedo da una sombra. . . . ! 
— Qué sombra truena ni truene? 
?»Ias volviendo A lo mejor: 
¿No habrá en ningún calendario 
Algún santo bienhechor 
Que quiera en vez del rosario 
Alguna trova de amor? 
— De hinojos, niña, conmigo, 
Que os ha puesto el cni'nngv 
Nueva blasfemia en la boca .... 
¡ Qué juventud ! ¡ Qué castigo . . . . ! 
¡Qué nietezuela tan loca ! 

— Y eso, abuela, ¿ es un pecado ? 

—Magnifica óniiiia mea ' 

— ¡ Qué asombro .... 1 

— ¡ Oh crucificado . . 
Niña, arrodíllese y crea. 
— Abuela, esto es demasiado. ' 

Así en plática reñida 
Astuta y celosa abuela, 
Martirizaba la vida- 
De su linda nietezuela ; 
Sin pensar 
En su temor, 
Que corre la fuente al mar 
, y la mujer al amo.r. 



Y bien mirado y bien dicho, 
No puede ser de otro modo, 
Pues el amor es un bicJw 
Que tiene que hacer con todo. 

Así que .... 

¡ Suerte infeliz ! 
No hay vieja sin \\\\ peque. 
Ni virgen sin un desliz. 

No hay ser que no tenga dueño 
Poniendo en tela de juicio, 
Si es ó no la vida sueño, 
O un continno sacrificio. 
La mujer 
Con más razón. 
Pues paladea el placer 
Que nace del corazón. 

.Víujer bella es doble pena 
Para la abuela que mira. 
Crecer la linda azucena 
En tanto que ella suspira. 
Si es precoz 
En su querer. 
El rezo á dúo es atroz .... 
Jesucristo y Lucifer. 

Ai ! lo que más desconsuela. 
Sondeando tan hondo abismo, 
Es que la mística abuela 
Hizo en su tiempo lo mismo. 
¡ Singular 
Ley del Señor I 
Las fuentes corriendo al mar 

Y la m.ujer al amor. 

Cumple el amor á la nift.i, 
A la abuela el reñir toca. 

Y entre un amor y una riña 
Se levanta como roca. 

Sobre el mar, 

El confesor, 
Que en diferente cantar 
Oye aquel litis de amor. 



C- 



poesías 1-iLuSÓFlCAS. 



101 



La nieta imita á la abuela. 
Y nada tiene de extraño, 
l'ues no ha variado la escuela 
De aquellos tiempos de antafin. 
Sí, señor. 
Que bien ó mal. 
La mujer corre al amor. 
La historia siempre es igual. 

Risueñas 1 fijas del lago. 
Abuelas de ochenta y nueve, 
Cada cual reciba en pago 
Lo que á cada cual se del¡e. 



La vejez 

No es juventud 

A todos llega á su vez 

La, cuna y el ataúd. 

Polillos, pues, á la espalda, 
Oue es misterio asaz profundo 
La falda siempre ser falda. 
El mundo siempre ser mundo, 
¿ Y qué más. 
Por cabo y fin ? 
Oue habrá siempre un Satanás 
Al lado de u¡> Serafin. 



A CARACAS. 

DfidJcada á Terepaima. 



Parn r.nilnr ;'( nn gi.L'iiiiic p.'í i, 
preois.i ;i;í¡ííiiniar el ciu-riK>, le- 
v:mt,ir la Irrtiic :i¡t:i <omi) los 
t-edm.- ilel láltíHio, y t'<i;nndorla 
t-n l.<)? luilit-s \>;ir.\ ))u.íf;ir en sus 



un tro- i.i 



viíZ i|(>l ¡HU'ilCilIl. 

Tl.irLl'AlMA. 



CARACAS la ciudad de los paisajes, 
La ciudad de las fuentes cristalinas, 
Bellas como sus flores campesinas, 
Gloriosa cual la enseña tricolor ; 
La que cantar debiera sus recuerdos 
Al son agudo del clarin de guerra, 
Si el Hijo heroico que la tumba encierra 
No demandase cantos de dolor. 

Yo suspiro por tí, víp^cn indiana. 
Pobre y dcsvcnturadi.) marinero, 
A la trémula Ui/ de algún lucero 
Que apagan las neblinas de la mar. 
Yo suspiro ]3or tí cuando se mira 
El piélago que augura la tormenta 
Con el ala flexible y cenicienta, 
Las candidas espumas azotar. 

Yo que en la popa de mi frájil nave, 
Al postrimero resplandor del dia. 
Siempre el terrible acento de agonía 
En mi enlutada lira preludié ; 
Yo. . . .suspiro por tí, ciudad fecunda. 
Trémulo el corazón, mustia la frente, 
Cual siendo niño de mi patria ausente. 
Por mi madre querida suspiré. 

Recuerdos <iue adormecen los pesares 
Tras las nocturnas, rumorosas brisas: 
Encantadas memorias indecisas 
En la feliz edad de la ilusión ; 
Venid, traed los mágicos ensueños 
Ricos de amor, placer )- bienandanza .... 
Recuerdos y memorias de esperanza, 
Aliviad mi abrasado corazón. 



Entonces mis cantares dolorosos 
Perderán su amargura, su tri.stezu, 

Y acaso lev. altando la cabeza 
Evocaiv la ne_!:;ra tempestad. 

Y ron la voz del i rueño que retumba 
En las cimas calcáreas de los Andes, 
Cante tal vez la gloria de los grandes 
A (juienes debo patria y libertad. 

Después. . . .en alas del ardionte numen, 
l)e juvenil valor, de fuerza Heno, 
Mi vo/ mas alta que la voz del trueno 
Se hará doquiera tieniebunda oir; 
Porque e.sta voz que llevarán los vientos 
Será el eco de un nombre misterioso, 
lU nombre formidable del coloso 
Que no pudo la España resistir. 

¡ Osado ! cuanilo arranco tle la lira 
Discorde acento que callar debiera, 
¿ Cómo la Musa juvenil pudiera 
En su rápido vuelo alzar la voz.' 
Cómo . . . .ya se que la esperanza es vana, 
La mi!sa que me alienta callaría, 
Acaso su coíona depondría 

Y fuera doble mi tormento atroz. 

Ijolívar ! Sol del colombiano suelo, 
A cuya luz mil astros se eclipsaron. 
Gigante que los Andes abortaron 
Al pavoroso ruido del volcan: 
Yo no canto, Bolí\-ar, tus \-ictorias, 
Porque á pesar de mi nativo aliento. 
Yo no tengo la voz del raudo viento, 
Yi) no tengo la \-oz del huracán. 

CaráLa.s, en tuscéfií'os nocturnos 

Más suaves que la esencia de los nardos, 

Escucho las canciones de tus bardos 

Que lloran al gigantt: de Jiniin. • 

Y es fama cpie en su tumba, solitario 
También suspira su querella }' llora, 



102 



PüEsIj.S filosóficas. 



El Genio de Colombia triunfadora. 
El Genio del perdido paladín. 

Tierra de mis primeras impresiones 
En los pasados tiempos de la infancia. 
Tan llena de recuerdos y arrogancia 
Bajo el azul del Cielo tropical ; 
Tú fuiste para el indio, lo que un dia 
Granada la morisca para el moro ; 
Recuerdo de placer, germen de lloro. 
Lecho de mil valientes funeral. 

Por eso cuando el español altivo 
Talaba tus campiñas, temerario, 
A la sombra de un árbol centenario 
El casique peleando sucumbió : 
Por eso á las orillas de tus rios 
La virgen, inocente americana. 
Espiga y ñor de la pradera indiana, 
En sus campestres cantos te llamó. 

Al fin los valerosos de Castilla 

Tus alcores y vegas poseyeron ; 

Y la le}'' que al \cncido entonces dieron 



L:i servidumbre fué, la esclavitud ; 

Y tú, Caracas, heredaste el nombre 
De la noble nación que conquistaron, 

Y el español y el indio te adoraron 
Este llorando, aquel por gratitud. 

A tu valor y hazaña sucediera 
Sueño triste, letárjico y profundo. . . . 
Tras luengos dias de abyección, el mundo 
Libre y llena te vio de iiiagestad. 
Hoy en los Andes vése una divisa 
De propicios colores esplendentes : 
¡ Es la enseña feliz de los valientes . . . . ! 
i El lábaro de triunfo y libertad . . . . ! 

Caracas, la ciudad de los paisajes, 

La ciudad de las fuentes cristalinas ; 

Bella, como sus flores campesinas, 

Gloriosa cual la enseña tricolor. 

La que cantar debiera sus recuerdos 

Al eco agudo del clarin de guerra, 

Si el Hijo heroico que la tumba encierra 

No demandase cantos de dolor. 



LA HORA m LA MELANCOLÍA. 

A rai amigo el Sr. Cáiios T. Irwm, en la sentida muerte de su esposa la señora Elvira Vale, 



NO ya con mi esperanza 
Ni en sueños de oro que la mente crea, 
Ni que la gloria alcanza 
En alas de la espléndida fortuna, 
Mi voz aquí campea ; 
El Genio del dolor pulsa mi lira, 
Mi pecho gime, el corazón suspira, 

Y, orillas de los mares, 
Las vírgenes nativas, en su duelo, 
Demandan mis cantares ; 
Esas lamentaciones de la noche 
Que acoje siempre el cielo ; 
Esas lágrimas ¡ai ! que con profundo 
Pesar voy derramando por el mundo .... 

Númenes sacrosantos. 
Que brotáis en la noche, mientra, el viento 
Murmura nuestros llantos, 
Angeles del dolor, Genios sombríos, 
Dadle al trémulo acento 
La gravedad solemne, la honda calma, 
Que da la muerte al despedirse el alma. 

¡ Pues qué ! ¿ No es muy horrible 
Del hombre aquí la mísera existencia ? 
¡ Siempre juzga posible 
Hallar la dicha en la virtud sublime 
Con Dios y su conciencia ! 
Pero la dicha se le escapa al hombre. 
Porque la dicha es humo....sQlo un nombre. 



El sol en su camino 
Desparce misteriosas claridades : 
El piélago marino 
Sordamente se queja, cual escucha 
La voz de las ciudades 
El viajador al lejos .... Ruido \ago 
Murmura en torno de mi p.atrio lago. 

Y corren tristes, lentas, 
Las nubes ya rojizas, ya incoloras. 
Ya negras cenicientas ; 
Pálido brilla el postrimer celaje .... 
Eran las mudas horas. 
Que en lionday funeral melancoha 
La noche llega, se despide el dia. 

Al pié de una palmera, 
Que saludan las aves peregrinas, 
Admiraba doquiera 

La noche, el cielo, el mar batiendo ronco 
En. las playas vecinas; 

Y 1,-1 tierra en la sombra palpitando. . . . 

Y noclie, }• cielo y mar agonizando. 

De pronto . . . .¿ Cuál gemido 
Interrumpe el .silencio? — Solitario 
Rumor siente mi oido; 

Y á la luz del crepúsculo, cubierto 
De velo funerario. 

Yo vi cruzar, en prolongados giros, 
El ángel de los últimos suspiros. 



POESÍAS FILOSÓFICAS, 



lOÍ 



Tres veces misterioso 
Resonando sus alas toca el suelo ; 
Y en eco pavoroso 
Por tres veces tern'lico murmura 
Palabras ¡ ai ! de duelo ; 
Acentos de dolor, que sola, mustia, 
Comprende el alma en su profunda angustia. 

Y así exclamó batiendo 
Al fin sus alas de impalpable lumbre : 
— " ¡ Gloria al Señor tremendo .... I 
"De rodillas, mortal . . . . ! Que tu cabeza. 
"Lleno de mansedumbre, 
"A la tierra se inciine . . . . ¡ Triste arcano 
"Hoy te revela el numen soberano ! 

"A prueba dolorosa, 
"Somete Dios á tu infeliz amigo ; 
"Su inmaculada esposa. 
"Ángel de caridad, paloma dulce 
"Que se duerme al abrigo 
"Déla casta virtud, lioyel Dioa I'"ueite 
"AI seno llama de la horrible muerte, 

"En el trono bendito 
"De rutilantes ejes, donde mora 
"El Señor infinito, 
"Al coro unida de las almas justa:,. 



"La sangre redentora 

"Cuidará ilel cordero inmaculado 

"Que limpia la impureza del pecado. 

" ¡ Gloria á Dios en el cielo ! 
" ¡ Gloria <:n la tierra al Numen soberano 1 
" De impenetrable velo 
"Cubierto está, ¡morque sus altos fines 
"Nú comprenda el humano .... 
"Lloraba Job su desventura extrema 
"Y Dios en dicha la cambió suprema"'. 

Dijo, y pasando el viento 
Por el verde palmar de la laguna, 
El celestial acento 

Apaga de improviso .... Se alza triste 
La amarillenta luna. . . . 
¿ Dónde está la visión, la vo¿ del alma ? 
¡ Silencio }■ Soledad ! . .; Todo está en calma ! 

Amigo, pobre amigo. 

Y más que amigo en lu aflicción, iiermano, 
\'en, llórale contigo ; 

Al pié del ara santa encuentra el triste 

Y misero cristiano 

Resignación \' fe. ¿Cuando no alcanza 
El que llora contrito una esperanza ? 

Junio :'5 de 185;. 



A UNA SENSÍTÍVA. 



PLANTA, ¡ y te troncha inhumano, 

Y da fin á tu existencia, 
En su torpe diligencia, 
El labriego podador ! 

I Y no híiy un ser en el mundo 
Quien le advierta ó le recuerde. 
Que acaso tu ramo verde 
Guarda una vida de amor! 

En la escala m.isteriosa 
De la gran naturaleza, 
¿Quién puede saber do empieza 
El sentimiento inmortal ? 
¿Quién puede decir juzgand<i 
De la vida >'> de la muei'te : 
— "Herid, l;i planta es inerte. 
En ello ni bien ni mal." 

Con todo, el guerrero altivo 

Y el miserable labriego 

Te arrasan ;í hierro y fucgn 
Por pasatiempo y desden: 
Mas ¿qué mucho si este mata 
Por gusto la débil ave, 

Y aquel, criminal se sabe 
Que mata al hombre también? 

Sensitiva de los prados, 
Yo no sé si por cariño 
Bajo mis manos de niño 
Trémula, asaz te sentí : 



Yo no sé, pero recuerdo 
Que hasta del céfiro blando. 
Temblando, siempre temblando 
En la pradera te vi. 

Así la tierna zagala 
Que pasa de amanti: á esposa. 
Junto al zagal ndjorosa 
Se postra al pié del altar; 
No de^íotro modo se arrullan 
En las floridas praderas, ' 

Dos palomas pasajci'as, 
Peregrinas de la mar. 

¿Por qué te concede el hombre 
Vida, savia y crecimiento, 

Y te niega el scntiiiiivnlu. 
Que es la vida de dolor? 
.Si te llaman sensitiva, 

Y de sentir le das muestra, 

¿ l'or qué la inhumana diestra 
Te arrasa del podador ? 

Esto es una inconsecunecia. . . . 
¿ Una?. . . .¡ El hombre tiene tantas ! 
No ya en las débiles plantas, 
No ya en su vana virtud ; 
No ya en los pliegues recónditos 
De su insondable egoísmo. . . . 
Es con su Dios, su Dios mismo. 
¡ Hasía en el negro ataúd ! 



104 



POESÍAS FILOSÓFICAS. 



Pudorosa sensitiva. 
En las alas del deseo. 
Mientras más medito, creo 
En el error mundanal. 
Tú vives como yo vivo, 
Como yo siento, tú sientes ; 
Callas empero .... y las gentes 
Te dan muerte ó te hacen mal. 

No es extraño que en el mundo 
Tiene un puesto distinguido 
La gloria que es vano ruido, 
La fama que nada es ; 
Y la virtud que en silenciio 
Con las penas se aquilata. 
Camina por senda ingrata 
Que le ensangrienta !os pies. 

Planta verde, planta verde, 
Pudorosa sensitiva, 
Por modesta y pensativa 
A tu existencia dan fin ; 
Si tú, jirasol ó rosa 
Fueras, viento y luz buscando, 
No te tronchara cantando 
El popador del jardin. 



Cuando en las pálidas noches 
Tras los sotos campesinos, 
Escucho los dulces trinos 
Del nocturno ruiseñor, 
Pienso que acaso en tu gloria 
Su voz el ave levanta, 
Y que enamorado canta 
Solicitando tu amor. 

Si eso á la tierra te apega, 
Algo tu fortuna alcanza ; 
Que el sueño de la esperanza 
Siempre es dorado y feliz ; 
Siempre por más que al embate 
De losmundan.os empeños 
Caiga el árbol de los sueños, 
Arrancado de ratz. 

En la escala misteriosa 
De la gran naturaleza, 
Nadie sabe donde empieza 
La vida, la sensación ; 
Nadie sabe si esta planta 
Que á mi contacto se cierra, 
Tiene como yo en la tierra : 
Amor, placer, ilusión. 
yMaracaibo, Diciembre 15 de 185S. 



EH EL CÜMPlEAfiOS 

de raí estimable amiga la sonorita Áinelía Hurtado. 



¿ NO sabes que á la brisa caraqueña 
Yo le pedí un rumor, una armonía 
Para poder cantarte, amiga mia, 
Ó bien decirte lo que el alma sueña? 

Masía brisa al pasar de pena en peña, 
Empapada de aronnis, me decía: 
¿Cómo podr;is en dulce poesía 
La enhorabuena dar á esta trigueña? 



i — ¿Con que nada podré, brisa del valle? 
I — Tu numen para Amelia es infecundo, 
Y es perdido tu afán, vano tu anl\elo. . . . 

I Si eso, Amelia, es verdad, fuerza es que ca.l 
j Aunque tus ojos valgan todo un mundo, 
i Y yu cjuisiera darte todo un ciclo. 



T 



de Mayo— 1S65. 



FE REPÜBLÍCAMA. 



EN mis horas de angustia, cuando triste 

Vivo para el pesar, el sufrimiento, 

¿ Quién me muestra el nocturno firmamento 

Espléndido de luz ? 
¿Quién conmueve mi ser hasta las fibras 
Del ulcerado corazón ? ¿Quién calma 
Esta lucha terj'ible de mi alma, 

Esta gi^ave inquietud? 

No es el amor con su terreno instinto, 
' Soplo vertijinoso cjue conmueve 
El pensamiento que :i volar se atreve 
En pos de j chova. 



No es el poder mundano, nu es la dicha 
Que atormenta del hombre la memoria; 
Ño es un sueño magnifico de gloria .... 
i Eso es todo mortal I 

¿Oué será, pues? — Si la grandeza luimana 

Y la dicha y la gloria de este mundo 
No acallan ni mitigan mi profundo 

Dolor, ¿c]ué puede ser? 
¡ Qué podrá ser. . . . ! Al corazón pregunto, 

Y el corazón ardiente me revela, 

Que ese impulso de paz que me consuela ' 
Es la luz de la Fe. 



POESÍAS FILOSÓFICAS. 



105 



La Fe ! siempre la tuve. . . . ! AÍa.s iiUitiietn 
Un nuevo sentimiento me do.mina. . . . 
Ai ! e.s también la Ve. la Fe di\-ina 

Con .su soplo inmortal ; 
Es la Fe de los tiempos eolombianos 
Que la Fama lle\-ó de gente en gente. 
La Fe de nuestros padres, el arLÜente 

Amor de libertad. 

¡ Fe santa, Fe sublime, yo te adoro . . . . ! 
Bien haces cuando escudas de mi pecho 
El corazón que al palpitar, estrecho. 

Brotó sangre infeliz. 
Abrásame en tu fuego inmaculado, 
Porque es contigo, á tu divino nombre 
Que puede solo contener el hombre 

Su indignación aquí. 

Caminando entre sombras, á los gritos 
De imbéciles que forjan sus cadenas. 
Viendo ; ai de mí I terríficas escenas. 

La sangre por doquier: 
Palpando la mentira que orgullosa 
Invade los palacios, las cabanas, 
El \'icio no apagado en las entrafías 

De la fria \-eiez ; 

Alzada la ambición tras la insolencia 
De los que al pueblo con furor oprimen. 
Ciego este pueblo tolerando el crimen 

De lesa libertad ; 
Hermanado el amor con la perfidia. 
Querido el malo, despreciado el bueno 
\' lle\ado el poder hasta el veneno. 

La traición, el puñal ; 

Sin tí, ]-"e \enturosa, ¿cómo triste 
Mis decepciones resistir pudiera } 
;Qué sin la l-"e mi ilesaliento fuera. 
.Mi angustia, mi dolor? 



Yo me votara á la segura muerte' 
A Bruto semejante, y con mis mano.s- 
Yo te vengara ¡ oh, patria Ide tiranos 
Én jli^ít» indignación. 

Pero yo tengo Fe, qmes para el hombre 

La bendecida luz que !s sostiene: 

Yo espero en Dios: cuando juvo?. resuene 

Los malos temblarán: 
Los sicarios ocultos en las sombras', 
El \endido al poder, el poder mismo, 
Pálido de terror, al negro abismo 

Con mengua bajará. 

Símbolo de los buenos, alto Numen 
Que en pos derramas tus divinos dones, 
\o te alejes de mí, no me abandones 

Del mundo á la merced. 
Virtud republicana de los libres 
Que columbras á Dios en la tormenta, - 
Ah I mi ulcerado corazón alienta, 

Santa y divina l'e. 

Que animado por tí, por tí inspirado 
Desde el inmoble altar de mi conciencia, 
Torva ambición, sacrilega demencia 

Yo sabré resistir. \ 

Patriota y libre adoraré la patria. 
Cristiano y bueno cumpliré con Cristo, 
Poeta, al mundo cantaré que he visto 

A mi patria infeliz ; 

Y acaso al escucharme conmo\'ido 
Marino audaz que cruza el océano 
Dirá de nuestro suelo americano, 

Mientras le alcance á ver ; 
Aun vive en esa tierra la esperanza 
En el fondo de nobles corazones ; 
No sucumben ni mueren las naciones 

Con patriotismo )• ('C. 



PLEGARÍA. 

Con motivo del nacimiento de mi hijo Manael. 



DIOS, venero fecundo • 

De infinita bondad, derrama ])íf> 
Sobre este frágil ser \enido al inundo. 
El mísero hijo mió. 
Las felices y santas bendiciones 
Que encierran los humanos corazones. 

Derrama en su camino 
Bálsamo de virtud, sombra de calma. 
Que adorándote cimipla su destino 
VA hijo de mi alma, 

Que nunca ol\i(lc en el afán del hombre, 
; Oh. l'ro\-¡(lencia ! tLi divino nombre. 

, Que de mi liogar tranquilo 
llonra y felicidad perenne sea: 
V rolo ;í1 fin de mi ex¡sienc¡;i el hilo. 



A la lumbre febea * 

Mm-mure en mi sepulcro esos acentos 

Que ;í tí llegan en alas de los \ientos. 

Tú que á volar enseñas 
Desde su nido al blando pajarillo; 
Tú, Poder inmortal, que no desdeñas 
El acento cencillo, 
NI la v()tiva ofrenda, ni las flores 
Que en su vellón te ofrecen los pastores ; 

Escúchame propicio, 
Proteje á mi naciente pequeñuelo. 
Si para ser feliz un sacrificio 
Demanda el alto-Cielo, 
YoVne ofrezco por víctima. — Culpable 
Ue si(|o mucho, y necio v miserable. . . 

14 



106 



POESlAS FILOSÓFICAS, 



Dale luz á su mente ; 
Pero luz de verdad que un dia alumbre, 
Siquiera en el hogar de nuestra gente, 
Tras honda servidumbre, 
Los mentirosos ídolos que adora 
Al ruido de la guerra destructora. 

Fe te pido sincera 
Para su corazón : ampara, escuda 
Su divina creencia. Cuando impera 
La desolante duda 
Y la santa virtud yace en oh'ido, 
Para este pobre niño, l'"e te pido. 

En los dias risueños 
De nue.stra juventud torpe, ilusoria. 
Se apasta el loco es]Mritu de su.cños 



Cuya luz es la gloria 

Como la entiende el alma degradada ; 

Insensatez)- ruidos, humo, nada 

Y pues, que yo sin miedo 
Culto presté también á ese delirio 
A cuya voz aun hoy mísero cedo, 
Y es mi mayor martirio, 
Que el hijo mió de esas glorias huya .... 
No hay más gloria, Dios mió, que la tuya. 

Padre inmortal, inspira. 
Tras largo insomnio en noche solitaria, 
A mi espíritu ardiente que te admira 
En trémula plegaria. 
La paz, la dulce paz hija del cielo. 
Que necesito en mi constante duelo. 
Diciembre de 1860. 



ODA ummL 

.En la tnraba de Bolívar. 



¡ SILENCIO ! ! Esta es la tumba del Caudillo 

Del pueblo colombiano. Esta es la tumba 

Donde jamas el sol \'ierte su brillo 

Ni el eco agudo del clarín retumba. 

La sombra de la muerte 

Cubre cloquier la bóveda sagrada : 

¿Adonde, adonde el fuerte 

Caudillo está, su fulminante espada? 

, Silencio ! ! que esta tumba solo encierra 

El desengaño horrible de la tierra. 



Genio de las tristezas que suspiras 

En el silencio de la noche oscura, 

Que el mundano dolor piadoso miras 

Desde tu excelsa, inmensurable altura : 

Tú que el grito posfrcro 

Tras el bélico ardor de la batalla 

Recojes del gucncro 

Que espira al pié de la fatal n'n¿ralla : 

Tú, Genio compasivo y sacrosanto. 

Inspira al Numen doloroso canto. 

Y pueda con mis lágrimas, doliente 
El túmulo regar negro y sombrío, 

Y humillado, contrito y reverente 
Besar el mármol sepulcral y frió; 

Y cuando al lejos vea 

La purpurina faja rutihuVcc 

De la lumbre febea. 

Yo, pobre trovador, vendré anhelante 

Á murmurar mi férvida plegaria 

Avivando la lumbre funeraria. 

Tal es la ofrenda votiva que el hombre 
Dar aquí puede á quien un tiempo viera 
Gigante, escrito su grandioso nombre. 
En el azul de la estrellada esfera. «. 

Como la negra nube 
Al ruido ronco de la mar bravia 



\ Hórrida crece y sube 

Y envuelve en sombras el nítente dia ; 
Así en duelo terrífico y profundo, 

El Héroe sucumbió del Nuevo Mundo. 

¿ El Héroe. . . .? El grande, el sol de la risueña 

Creación colombiana. . . .¿quién osado 

A preferir la muerte al pueblo enseña 

A triste esclavitud ? ¿Quién al soldado 

Conduce á la victoria? 

¿Quién forma una nación omnipotente 

Y Icdn tanta gloria. 

Que hace inmortal al nuevo continente? 
¿Quién puede ser? i Bolívar ! ¡ Y él reposa 
En esta tumba oculta y silenciosa ! 

i Miserable destino ! ¡Cruel sentencia! 

Que en un momento despiadado aduna 

Al plebeyo de oscura descendencia 

Con el magnate de preclara cuna, 

De la grandeza humana 

Triste y aciago y espantoso ejemplo : 

Ver su pompa profana. 

So la techumbre del bendito templo. 

En un montón de harapos convertida, 

A tierra y polvo )- nada reducida. 



Silencio! ¿Acaso al inmortal caudillo, 
A Bolívar, Titán de la victoria, 
La muerte puede marchitar su -brillo. 
La tumba puede oscurecer su gloria ? 
¿Acaso con estruendo 
No despide la inmensa catarata, 
En torbellino horrendo. 
La voz de libertad, que se desata 
Como Genio del mal para el tirano, 
yComo Genio del bien al colombiano? 



POESÍAS FILOSÓFICAS. 



107 



¿Aeaso las banderas tricolores 
Altivas no flamean donde un dia 
Clavaban su pendo-n nuestros señores 
A la sombra de insana tiranía? 
¿ La apacible llanura, 

Y la silente tropical montaña. 
Donde la fiera impura 
Hambrienta ruje en vengadora saña, 
No están reradas con la sanare nuestra 
Que bien al mundo el heroísmo muestra.^ 

Sí, que á ese precio concjuistadas fueron 
Las giganteas moles de los Andes, 

Y millares de libres sucumbieron 

Para que el mundo Jos llamase grandes. 

Y en tanto se redime 

La antigua libertad, surje altanera 



■¡•La creación sublime 

I Que se llamó Colombia la guerrera ; 

' Colombia que á los reyes, patria mia, 

: Miraba frente á frente, no temia ; 

I 

1 Mas ¿ cómo el pecho de pesar rendido 
! IMarcial recuerdo de valor le inflama, 
i Y en vez de llanto )■■ funeral gemido 
t La voz encuentra de la limpia fama? 
I ¡ Oh ! Genio solitario, 
! Que guardas de Bolívar la memoria, 
! Perdón, si en tu santuario 
! Alzé mi voz á proclamar su gloria ; 
I Perdón ¡oh (iéniodel dolor postrero! 
Que bien sabe su gloria el mundo entero. 

Caracas, Diciembre 7 de ¡849. 



ÁNGEL Y DEMONIO. 



ÁNGEL es la muger cuando naciendo •■ 
A la del mundo temi)estuosa vida, 
Pudorosa se alarma sonreída. 
El vago instinto del amor sintiendo. 

Demonio es la muger cuando bebiendo 
En la fuente del \icio corrompida, 
Se arrastra por el oro, envilecida, 
Al hombre, al mundo, á Dios escarneciendo. , 



El ángel bu:?caa Dios en su tristeza : 
Husca al mundo el demonio en sus pasiones; 
Y cuando aquel inclina la cabeza, 

. 'J'.iién levanta frenéticas canciones 
En el silencio de la noche oscura? 
Es el demonio, la muger impura. 



LAS BANDERAS DE Mí HUO. 



Apenas brilla en el ticin 
El carmín de hi mañana 
Cuando corre á la \entana 
Mi más dulce pccjueauelo. 

Y á los gayos resplandores 
Del alba, nuncio del dia. 
Coloca en la celosía 
Sus banderas tricolores. 

No tiene el cielo hechiceras, 
Con sus encajes de anniño, 
.Sonrisas como este niño 
,\brazado á sus banderas. 

Asi un ángel cuando salva 
El infinito profundo, 
Sonreír debe en el mundo 
A los suspiros del alba. 

Encantado vive alerta 

Y corre, y grita en la casa : 
Soñando la noche pasa 

Y encantado se despierta. 



Y Como el sumo contento 
Es ver su gloria muí alta. 
Jamas al niño le íalt:i 
vMguna baulera al viento, 

A veces llena felice 
Sus banderas de amapolas, 

Y habla con ellas á solas 

Y es de oir cuánto les dice, 

Otras \-icndo en los confines 
Del cerro las blancas nubes, 
Me grita ¿cuando me subes 
Allá con mis banderines? 

Qué entusiasmo ! qué inocencia! 
Qué esplendor de fantasía! 
Cuánta suprema alegría ! 
Qué nitidez de conciencia ! 

i'or qué la leí del progreso 
La vida en su Ici tirana. 
Ha de convertir mañana 
En dolor tanto embeleso? 



i 08 



POESÍAS 1-ILOSOFICAS, 



¿Quien habrá que no se asombre, 
Cuando medite ó recuerde, 
Que el bien de niño se pierde, 
Por la gloria de. ser hombre? 

¡ Pobre ángel mió, que avanza 
De flores sobre una alfombra 
Sin pensar que es humo y sombra 
La felicidad que alcanza ! 

Pero más pobre el prolijo 
Estéril afán paterno .... 



¡ Quien pudiera hacer eterno 
Este encanto de mi hijo ! 

Eterno ! Extraño delirio ! 
El deber mañana ciego 
1 al v^ez hará de este juego 
El sudario del martirio. 

Que si á infortunio sombrío 
La patria acaso volviera, 
Abrazado á su bandera 
Morir sabrá el hijo mió. 



EN LA MUERTE 

Lamentable del joven. A. Mancó. 



Así perece en la selva 
La palma que se levanta 
A las sonrisas del cielo 

Y á la frescura del alba. 

Viye y crece entre las flores 

Y en las fuentes se retrata, 

Y la saludan los vientos, 

Y el pajarillo le canta. 

Mas zumba la oscura nube, 
Lanza su luz incendiaria. . . . 
¡Ai fujitiva existencia ! 
¡ Ai de tí risueña palma ! 

Así fue herido de muerte 
El hijo de la esperanza. 



El generoso mancebo 

Sin una sombra en el alma. 

Vn himno fué su existencia. 
Un consuelo su palabra, 
Su hogar, refugio del pobre 
Y altar su hacienda de dádivas. 

Y con todo, así en mal hora 
Hubo mano despiadada, 
Que arrebatara esa vida 
A amigos, familia y patria ! . . . . 



Paz á esa tumba ; ella encierra 
El dolor lleno de lágrimas. 
La virtud, símbolo eterno. 
El perdón, gloria cristiana. 
Y 22 de Mayo de 1877. 



A CLEMENCÍA. 



ClNTlA, la bella pastora, 
Como á su zagal quería 
Un rosal de Alejandría, 
Que regaba con la aurora 
Cuando la aurora salía. 

Sacudiendo una mañana 
Su rosal, vio temblorosa 
Entreabriéndose una rosa 
Muy garrida y muy galana. 
Muy risueña y vaporosa. 

Agena de una venganza 
Que desprecia por mezquina, 
La flor á coger se inclina, 
Y un ¡ ai ! de improviso lanza 
Herida por una espina. 

El cielo de aquellos ojos 
Se nubló con tanto duelo. 
Que cayeron hasta el suelo 



En los silvestres abrojos 
Las lágrimas de aquel cíela. 

Lloraba, no del dolor. 
Que no era el dolor su estrella ; 
Lloraba Cintia de aquella 
Venganza ruin de la flor .... 
Pues era Cintia muy bella. 

Mientras cjue el susto le arranca 
Un grito, y retira el pié, 
Cintia sus lágrimas ve 
Convertirse en rosa blanca. 
En la triste rosa le. 

¿ Ya lo ves, dulce Clemencia ? 
De lágrimas sin amoircs 
P'ormadas también hay flores. 
Así como mi existencia 
Es hija de los dolores. 

Junio, 10 de 1855. 



POIiSiAS FILOSÓFICAS. 



■i 09 



FÁBULA MARACAÍBERA. 



— " ¡ QUE me ahogo griiaba una luna 

Nadando en un pozo ; 
— " Pobrccilla, se ahoga sin duda 

Sino la socorro." 

Tal murmui'a un marino y da un grito. 
— i Q'-"^ pasa ? ¡ Canario ! 



— Ouc al quererla a}"udar se le vino 

Prendida en la mano. 
— Marinero del lago de plata 
I Que triste me escuchas, 

Si la tuna se ahoga ¡ caramba ! 
[ ~ Dejad que se hunda. . . . 

Coro. Setiembre 22 de 1S66. 



í 



.OS DOS GENÍOS. 

Escrita para ios célebres artistas F. C. y £. L. 



l'ara el Genio coronas, para el Genio 

El laurel encantado de la gloria, j 

Porque al través del tiempo, su memoria , 

Pueda siempre vivir. i 

Porque al cerrar el ángel de la muerte 1 
Sus ojos á la luz, sin que se asombre, 
Pueda aun muriendo contemplar su nombre- 

Que aclama el porvenir. i 

Porque si el Genio se remonta altixo 1 

La luz buscando con afán profundo, 
¿Qué menos puede darle avaro el mundo. 

Que una palma inmortal? I 

Con todo: ¡cuántas veces tras la "envidia i 
Se niega el hombre á coronar su frente ! 
No importa ! que en el sol tiene esplendente 1 

Diadema celestial. i 

Oh ! yo he visto dos Genios que se alzaban j 

Atrás dejando vaporosas huellas, j 
Como la luz que vierten las estrellas 

En aquesta rejion. 1 



Con las alas del águila, gigantes, 
Ufanos, los espacios recorrían, 
Y doquiera los cánticos se oian 
De noble admiración. 

Para el hombre es la tiei'ra con sus lagos, 
.Sus bosqes, sus- cascadas, sus praderas ; 
Para el Genio es el cielo y las esferas 

Que brillan sin cesar. 
Para el Genio que vuela no es bastante 
Su nombre rei:íetir de gente en gente ; 
Solo puede ensalzarlo omnipotente 

La voz del ronco mar. 

(_)h ! \o he visto dos Genios misteriosos 
Llevados del favor de la fortuna. 
Cruzando de la tórrida laguna 

.Su argentado tapiz. 
Han descansado acaso en nuestro suelo 
l'ara seguir después ese camino 
Que le marca su espléndido destino 

En la Europa feliz. 



A LA MEMORÍA OE NUESTRO MUY QUERIDO HERMANO 

Joaquín Rívas. 



PR01-"UND() acento de suspiros lleno 
Que estremeces mi pobre corazón. 
Palabra triste de! dolor terreno. 

Palabra de dolor; 
Pon en mi labio trémulo el ijlaíiidn 
Que en un dia inmortal Salem o)ó : 
Tañer de melancólico gemido 

Y quejumbre de voz 

Asi tal vez al sacudir el viento 
Las cintas de esta fiesta funeral, 
, .Símbolo del piadoso sentimiento 
Que nos hace llorar : 
Pueda mi lira en su dolor bendito 



A un hermano ¡ilañir canción de paz, : 
Alma que se remonta al infinito, 
Más allá, más allá. 



Alma serena de ]jureza tanta. 

Que al postrarse ante Dios, puede feliz 

Como-el iíngel pulsar la lira santa 

Cual la pulsaba aquí. 
Alma, íjue en sus divinos embelesos 
Cruzando de otros mundos el con fin, 
Puede encantarlos, y en los mundos esos 



Amar, creer, 



vivn 



1 1 



no 



POESÍAS FILOSÓFICAS. 



De ese amigo llorado, de ese hermano, 
¿ Cuál mérito ó virtud creéis mejor? 
Hijo, padre y esposo y ciudadano, 

Quién no sabe que Dios 
De artista le dio el genio. .. .Todavía 
La virgen del hogar canta de amor 
Algún aire ó pausada melodía" 

Que aprieta el corazón. 

Y esc canto, dulcísima conquista. 
Sobre el aura y las ondas y la luz, 
Como perlas y flores, el artista 

Sacaba del laúd. 
Májico del sonido, tan canoro 
Su numen fué, que acaso vuela aún 
Las brisas acordando, en arpa de oro, 

Por el^ éter azul. 

Májico del sonido, á veces toma 
Su música el estruendo popular 

Y murmurando arrullos de paloma 

Risueña en otras va. 



A Májico del sonido, él es poeta 
Y en sus aires se siente tropical 
Fuego de amor, perfume de violeta, 
Ensueños, ansiedad ! 

¡ Cuánto genio perdido entre cantares ■ 
Sin eco, sin rumor! Así también 
Gallarda nave el dorso de los mares 

y\travesar se ve. 
Mas ¡ ai ! un dia en el espacio cunde 
Somlira de tempestad, retruena infiel 
El negro abismo, y de improviso se hunde 

El mísero bajel. 

Modesto hermano, adiós; morir querido 
En la patria, es dormir sueño de amor. 
Cada palabra nuestra es un gemido 

Y un i ai ! de compasión ! 
Eso será tu perdurable historia. . . . 
¿Qué á tí fastuosa tumba? No, no, no! 
En el Zulia es eterna tu memoria. 

Modesto amigo, adiós ! 



A LOS JÓVENES REDACTORES DE "£L ECO: 



CON ese instinto, inspiración sin nombre, <'• 
Que aquí tan solo en la virtud germina, 
Un gran servicio le prestáis al hombre. 
Lleváis á cabo una misión divina. 
Grande es la empresa sí, mas no os asY>mbre, 
Que al mundo lo sujeta y lo domina. 
No el bárbaro poder, no la ignorancia ; 
Si,la fe del valor, sí la constancia. 

]5olívar, ese Genio de la tierra. 
Orgullo de la raza americana ; 
¿Por qué pensáis que al despotismo aterra 

Y hace temblar á la nación hispana? 
Bolívar era un Dios ? No ; pero encierra 
Todo el secreto de la fuerza humana ; 
El fué, tal vez por voluntad del cielo, 
De la constancia el inr,iortal modelo. 

La patria, nuestra madre generosa 
Amparo y diclia en su dolor demanda, 

Y una estirpe sediente y ambiciosa 

Le grita imbécil, "Venezuela, anda. . . , ! " 

Y Venezuela sigue pesarosa 
Camino de aflicción, y nunca ablanda 
El llanto de la patria dolorida. 

El alma de esa estirj^e corrompida. 

Pensar que nuestra patria en su quebranto 
Vaya en pos de la gloria y la grandeza. 
Es quererlo imposible por encanto, 
Es unir la maldad con la torpeza ; 
Eso, si bien se mira, vale tanto 
Cual querer que un mendigo en su pobreza 
Por agradar la gente á quien suplica, 
yista de fino paño, ó seda rica. 



Mas ¿ cuál aciago y criminal destino 

A la patria condena en su balanza 

A desandar y andar ese camino 

Sin CHCoiítrar más bien que la esperanza ? 

¿Dónde el culpable está? ¿do el asesino 

Cuya espantosa maldición .alcanza 

A la patria infeliz? ¡Que. . .! ¿Nos oprimen 

Doquiera males y se ignora el crimen? 

¡ Donde el culpable está. . ! Por varios modos, 

Y acaso haciendo de patriota alarde i 
Culpable, vive el.cielo ! somos todos. 

El sabio, y el guerrero, )• el cobarde 
¡Tenemos en gran dicha andar beodos 
Con el gorro de Frigia. . . . ! Guai que tarde 
Al pasar esa ñebre lloraremos. 
Que hoi ser libres y buenos no sabemos. 

Toca á la juventud, le toca al bueno, 

Y vosotros los sois, del patriotismo 
Alzad la voz con atleman sereno 

En medio del naciente oscurantismo. 
La vida de los pueblos es el lleno 
Noble y libre poder del periodismo ; 
La tribuna del Eco será un dia 
Honor y timbre de la patria mia. 

Seguid pues adelante, vuestra gloria 

No es de presente, que el presente es triste ; 

Así como el pasado y su memoria 

Plstremece de horror, de horror se viste. 

Mas, he allí el porvenir . . . . ! ¿ A la victoria 

Del libre pensamiento quién rc^siste? 

¿Se opondrá el hombre ;í su gigante vuelo. 

Cuando es suya la tierra, el mar, el cielo? 



POESÍAS FILOSÓFICAS. 



IM 



Valor, constancia, aliento, amigos mios. 
Los hilos de ay.na que del monte bajan 
Forman si juntos, impetuosos rios 
Que los cedros altísimos descuajan. 
No temáis los oráculos sombríos 
Que en su cobarde pesimismo ultrajan 
La voluntad de Dios, que solo ciuiere 
Prot^resc el hombre, la justicia imjjci'e. 

Cumplid pues con la patria en sus altares, 
En luí^ar de la ofrenda del guerrero. 
Alzad de la concordia los cantares, 
Cubrid por siempre el fratricida acoro. 



'. Afielante, .scufuid. . . . ! Nec;ros azares 

! .Sin duda correréis; mas cuando entero 

I Palpita el córazoa ¿quién vence al cabo ? 

! ; El poderoso, el libre ó el esclavo ? 

I Seguid pues adelante, \-ucstra gloria 

I No es de presente, que el presente es triste ; 

! Así como el pasado y su memoria 

Estremece de horror, de horrorse v'iste. 

j Mas, he allí el porvenir. . . . ! A la victoria 

I Del libre pensamiento ¿quién resiste?, 

I ¿Se opondrá el hombre á su gigante vuelo 

V Cuando es su)-a la tierra, el mar, el cielo ? 



ROMANCE. 



DORMIDAS están las nubes 
En las cumbres y hondonadas 
Al murmurio de los rios 
De la risueña Caracas. 
¿ Por qué las luces divinas, 
En tan serena maflana, 
A esas nubes perezosas 
No despiertan, no levantan, 
Tiñcndo de rosa y oro 
La veste de pura plata? 

Tendidas están las nubes 
Soñolientas y calladas, 
Si fuera en la tierra mia 
Ya estuvieran como brasas, 
Mirándose en la laguna 
De! sol patrio enamoradas. 

Con todo, bendita sean 
En las cumbres solitarias 
Esas nubes argentinas 
Que me refrescan el alma. 
Recordándome en silencio 
La dulce, la pobre patria. 

En premio luces divinas. 
Con el rosicler del alba 
Teñid" las nubes que duermen 
En las cumbres y hondonadas, 
Al murmurio de los rios 
De la risueña Caracas. 

Pero ¿qué mucho distintos 
Sean los velos )• gasas 
Del lago Coqxiivacoa 

Y de las cumbres del Avila ? 
No á los diferentes climas 
La naturaleza sabia 
Brinda los mismos arreos 
Ni de igual modo engalanri. 
Lo esencial es lo infinito 
Maravilloso, en la escala 
F-ntre el átomo invisible 

V Dios que al átomo ensalza. 



Asi las nubes tendidas, 
Perezosas y calladas. 
Armonizan dulcemente 
En el \alle de Caracas 
Con la cumbre que verdea, 
Con losarroj'Os que saltan, 
Con el ambiente y las flores 

Y las frescas alboradas ; 

Y aquellas nubes marinas 
Que á impulso del viento pasan 
Con espantable estallido 

Y con formas y semblanzas, 

De monstruos que desde el cielo 
Se descuelgan en las aguas : 
Esas nubes siempre rubias, 
]'"orman grave consonancia 
Con las ondas espumosas 

Y los limos y las, algas, 

Y los terrales nocturnos, 

Y las secas y abrasadas 
Llanuras donde parece 

Que el cielo toca en mi patria. 

Con todo, blandos reflejos, 
Campestres luces- lejanas. 
Que asi llenáis de alegrías 
Las auroras de Caracas,' 
Mirad que aun duermen las nubes 
Con sus vestiduras blancas, 

Y es bueno que se despierten 
Como las flores, gallardas 

Si no las llenáis de fimbrias 

Y vestes tornasoladas. 
Dirán las brisas viagcras 
En otras tierras extrañas, 

Que se han trocado en mentiras, 
Pues "de Caracas, al Cielo", 
Según dicen en Caracas, 
No hay en el \-iagc atractivo, 
Ni es cambio que mucho agrada. 
Cuando la luz no colora 
Las nubecitas del Avila, 
Que se han quedado dormidas 
En tan risueña mañana. 



112 



POESÍAS FILOSÓFICAS. 



MÁMCAÍBO A LA CLARÍDAB DE LA LUNA. 

Escrito para rai amigo Francisco Áranda y Ponte. 



Es al rumor de las olas 

Y palmas que se estremecen 
Como mis sueños de niño 
Recuerdo, y me alegran siempre. 
Piloto de una barquilla 

Tan frágil y, diligente, 
Que hace rumbó sobre el lago 
Al soplo del aura leve. 
A un tiempo bardo y marino, 
(Ya que mi estrella lo quiere), 
Con el timón en la mano, 
La inspiración en la frente. 
Mis ojos llenos de lágrimas, 

Y murmurando solemnes 
Palabras, que el alma mia 
En tales instantes tiene ; 

¡ Oh ! yo me paso las noches 
Del apacible Diciembre, 
Poeta, llorando triste 
Marino, cantando alegre. 
¿ Pensáis que el llanto y la risa 
Juntarse á la vez no pueden ? 
Pues sabed que en este mundo 
Se enlazan volando á veces, 
El Genio de los pesares 

Y el Ángel de los placeres : 
Sabed; mas venid conmigo 
A mi barquilla de alerce ; 
Subid; ya estamos á bordo, 

¡ Andar ! que el tiempo se pierde. 

Aprovechemos las brisas 

Que suspiran dulcemente. 

Miremos á MaraCaibo, 

El país de los claveles, 

La tierra de las palomas. 

El cielo de los donceles. 

Allí está la dulce indiana 

De los mares de Occidente, 

Con sus cortinas azules 

Y sotos de palmas verdes. 
Al resplandor de la luna 
De lejos mirarse pueden 
Sus marinos miradores, 

Y sus grupos de mujeres 
Preludiando esas canciones 
De los trópicos ardientes. 
Esos aires de las criollas 

A cuya voz se estremecen 

Hasta las- palmas del rio, 

Hasta el rosal de la fuente. 

Allí están sus torrecillas 

De blanquísimas paredes 

Granadinos alminares 

Que aquí recordaban siempre, 

Lejos, muy lejos de Esijaña 

Los españoles valientes. 

¡ Ci'nno encantan los seiitidos ! 



En estas horas solemnes, 
Las gaitas y serenatas 
Con que el pueblo se divierte ! 
¡ Cómo es soñador y vago 
Los tonos tan diferentes 
Del arpa ya melancólicos 
''"'Ya ruidosos, ya campestres ! 
Esas zalomas marinas 
Que salen délos bajeles 
Y en los remansos inmobles. 
Entre la sombra, se pierden : 
Esos ruidos misteriosos 
Que dan ecos al ambiente. 
Balbucencias y suspiros 
De la ciudad que se duerme: 
Ese reflejo amarillo 
De la luna de Diciembre, 
Que ilumina las espumas 
Con chispas fosforecentes : 
Los luceros que vacilan. 
La luz que irradian y el tenue 
Polvo de oro que en cambiantes . 
De los astros se desprende ; < 
Todo en conjunto fantástico 
p-ascina, encanta, conmueve 
En las noches de la vida. 
Que muchas visiones mienten 
Por más que sean las sombras 
L-nágenes de la muerte. 
Mar'acaibo así en la noche 
Vista del lago parece 
Una ciudad encantada 
Ceñida de ramilletes, 
Donde los Genios nocturnos 
Bajo una concha celeste. 
Levantaron sus palacios 
Con porcelana de Sevre. 
¿ La veis así tan hermosa, 
Y que seostenta tan muelle? 
Pues ¡ vive Dios ! que ella sabe 
Como la tigre rujíente, 
De asesinos cazadores 
Atrevida defenderse. 
Guardada por esas tribus 
Que se ajitan al noroeste. 
Los goajiros indomables 
De voladores corceles ; 
Ella, mi ciudad nativa 
En esas naciones tiene ■ 
Antemural poderoso 
En desdichas y reveces. 
Tú sabrás, patria de brax'os. 
Con sus salvajes ginetes 
Machacar en tu camino 
Las venenosas serpientes. 
A] gritar las atalayas 
Que cor<)nan los bajeles 



i 



POESÍAS FILOSÓFICAS. 



ii: 



Tus hijos ardiendo en cillera 
Sabrán si preciso fuere. 
Libertarte de tiranos 
Y de traidores aleves, 
Semilla que va brotando 
En nuestros pueblos nacientes. 
Maracaibo, dulce patria, 
La florecilla sil\-cstre 
Que se retrata en el !n;;o 



De rumorosa corriente, 
Canta al rayo de la luna 
En las noches de Diciembre, 
Mientras al lejos te miro 
En mi barquilla de alerce, 
Triste con las realidades 
Mas con la esperanza alegre 
Canta, Maracaibo, canta, 
Duerme, patria mia, duerme. 



ROMANCES DE COLOR DE BROMA. 



EN CARACAS.-LÁ ZUMBA, 

Adiós, y .Tfi'i ]);ira no<;. 
Krcs un m.-istiu-rzo. . . . 

—Adiós. 

;Ajai! ¿Ya lo veis, amigos. 

Los cantores caraqueños, 

Como todo en este mundo 

Tiene su más y su menos? 

Cuando salí de Caracas 

í Y me salí tan á tiempo 

Que de mi ejira osaüda 

Hace tros meses y medio i 

¡ Cuantas desaprobaciones ! 

¡ Qué de puntos ! qué de peros ! 

— ; Je vas ? me irritaba el uno. 

— De contado, por supuesto. 

— ; Y qué hallarás, liombrc estúpido, 

Üistantcde nuestro cielo? 

— Ciua ! murmuraba asombrado. 

Hallaré mis azulejos 

Bajo el ala de su madre 

En un nidal de romero. 

— Adiós, gritaba un scí4und<j : 

.Salvaje de otro hemisferio, 

Permita Dios que te embista 

El toro maracaibero. 

— E.SO fuera, le decia, 

Entre mollino y colérico. 

Si yo, como antaño, ahora 

Forzara la barra adentro. 

— ¿ Luego es mentira ? 

— No, cierto ; 
Me voi, pero en este viaje 
En el camino me quedo. 
—¿le vas, pues á Curacao, 
A ese peñazco, á ese cerro? 
— Eres un gran adivino, 
— Y tú un grande. . . . majadero. 
— l'ero, ¡hombre! ignoras acaso 
Que en ese peñazco tengo. . . . 
— Si, sabrosísimo fiiiu-lu- 

V macaiela ....}•.... 

— ¡ Reniego 
De tanta lengua de víbora, 

Y de tantos viboreznos, . . .! 
\' \'o con la zumba ardidn 



Ai ! me alejaba corriendo, 
Sin venírseme á los ojos 
Aquello de. . . .pues. . . .aquello 
De que todo en este mundo 
Tiene su m;is y su menos. 
II 

. EN curazao-La carta. 

Xo liai ra.slillos mis risueños 
Como iunu'llos que en el aive 
r.cviinliui lijs enracjiU'ñoi 
.\ l:is orillas del giwiiíe. 

Nuevo viaje : pero ahora 

Listo en el embarcadero 

Me salgo de Curacao. 

— ¡ He, muchacho ! vé al correo 

Que de familia y amigos 

Saber a! marcharme quiero. 

— Una carta. . . . 

— Es de aquel sordo 
Del lunar en el pescuezo, 
En cuyos cantos de azúcar 
Se endulzan los caramelos. 
" Mi querido maula. . . . " — Bravo ! 
j Este principio es espléndido ! 
Promete más que el Gran Circo . . . . 
¡ Va)-a ! veamos qué es esto. 
"Desde que levaste el ancla 
Estamos todos riendo, 

Y (!t: puros pesarosos 
Bailamos que es un contento. 
Tu ausencia ha sido motivo 
De visajes y pucheros 
Cuando tomamos helados 

Ó la lengua nos mordemos. 
Tan mal estamos, tan tristes. 
Que antes de que el año nuevo 
Se venga encima, por pascuas 
Pensamos echar el resto, 
A tu salud, de gallina 
Las hallacas comeremos, 

Y para matar pesares. 
Hallándote tú tan lejos, 
Hemos jurado ahogarnos 

Con dulces y vinos secos. , 

Para cuando pase todo 
Madurado habré un proyecto 
Oue si tú lo secundaras 

15 



114 



POESÍAS FILOSÓFICAS. 



Seria un caso estupendo. . . . 
Decia no ha muchas noches, 
Mientras tocaba impertérrito 
Bordoneando, bordoneando 
El profeta caraqueño ; 
Si yo diera á la redonda 
Un viajecito por Méjico, 

Y me encontrara una falda, 
Algún palmito tudesco 

De condesa millonaria, 

Y ella al afio, sin rodeos, 
Se muriera y me dejara 
De su millón heredero. 
Si yo con esa bicoca 

Me alistara en los troteros 
De Juáres el indio libre 

Y Juáres triunfara luego. 

Si yo con gloria y renombre, 

Y lo que es más, con dineros. 
Los cacitacos de Colombia 
Intentaran con estruendo 
Llevar las luces del siglo 

A los campos brasileños : 

Y su Jefe me nombraran, 

Y yo tumbara ese imperio. 
Esa mancha americana 
Plagada de escla\'os negros. 
Si después. ..." 

— Paixi, gritaron. 
Llegando mis azulejos. 
Cuando leia, leia. . . . 
Papá, nos llama cX ponchcro, 

Y nos hace seña el buque, 

Y el sol parece de fuego. 

■ — Vamos, dije, la lectura 
De la carta suspendiendo ; 
Pero al saltar en el ponclu 
Vf el final que muy enserio 
Decia, como en resumen : 
"Si esta caravana hacemos, 
En comandita de hermanos, 
¡ Qué porvenir tan risueño ! 
Yo me volveré un Aquiles 
Tú te \-olverás un Néstor ; 

Y mientras tanto Caracas 

Y tu familia. . . . 

— ¡ San Telmo 
Te abrase hasta los bigotes ! 
Al fin grité sacudiendo 

Y en el canal arrojando 
Aquella carta de á pliego. 
Con todo, la tal locura, 
Esc viage, ese pasco 
Proyectado al son del arpa 
Del profeta caraqueño ; 

No era, según en Diciembre 
Caracas hizo esperezos. 
Un disparate muy grande ; 
Al contrario, un gran talento 
Demostraba previsivo ; 
¿Porqué? \ a)'a ! por aquel'" 



in. 



EN CORO,- 



DIALOGO. 



De que todo en este mundo 

'rii-nesu rn;is \' sti niéno.-', 

1 ... - ... „ 



— Papá ¿por qué cuando escribe 
Se pone siempre tan sérir)? 
— Porcjue en pos de mis pesares 
Anda siempre el pensamiento. 
— ¿Y ahora también? 

— No, hija. 
— Escjuc ahora tiene un ceño. . . . 
— Iba á escribir ujia carta 
Y se ha marchado el correo. 
— ¿ Eso es todo ? Pues le digo .... 
— Que tú quieres ir ¿no es esto ? 
— No, papá ; pero á mandai-le 
Su carta me comprometo. 
— Bachillera encantadora. 
Si mi carta \-amui lejos, 
A Caracas. 

— Bueno, bueno. 
Yo se la mando. Y de un brinco 
A la ventana saliendo, 
Mientras el sol se escondía 
Critaba así mi azulejo : 
"Golondrinas voladoras, 
¿Cual de vosotras de un vuelo 
Quiere llevar una carta 
A los mundos caraqueños?" 
— Papá, repare en aquella 
Parada en la cruz del templo; 
— Llámala, pues, hija mia. 
" Pajarito compañero. 
Quieres llevarle á mi padre 
Hasta Caracas un pliego ? " 
— ¿Qué contesta el pajarito, 
.Soñadora de los cielos? 
- Papá, ya baja cantando 
Cliis, cliis, pero tiene miedo. 
— Miedo le tendrá á los hombres 
Pero no á los azulejos. 
Habíale mientras escribo. 
— ¡ Ai, padre cuánto me alegró 
Que lleve la golondrina 
Su carta como un correo ! 
Tomé la pluma esclamando: 
¡ Esos son cuentos de cuentos! 

IV. 

EN MI PUPITRE.-CONTESTACION 
A LA ZUMBA. 

Cofrades amigos mios : 
Aun no sé qué recadero 
O posta lleve esta carta ; 
Pero como estoi resuelto 
A mandarla, es de seguro 
Que recibiréis mi pliego. 
¿ Qué diréis ahora, vosotros. 
Los pecaminosos tercos ? 
¿ Hize bien en alejarme 
De esa tierra, de ese centro, 
] Je ese foco convulsivo. 
Según ibarra el Maestro? 
;^)iié lürci.s alioni, yosoiros, 



POESÍAS FILOSÓFICAS. 



iií 



Santos Tomases incrédulos, 
Del dulce Aristides Rojas 

Y de sus tonos proíéticos ? 
Cuando el gritaba: " SeTiOics, 
(Y os lo gritaba con tiempo i 
"Seflores, andarse listos 
"Que allá por el archipiélago 
"De las antillas menores 
"Viene, á modo de telégrafo 
"La tempestad subterránea 
"La onda de movimiento" 
¿Qué hacíais vosotros todos. 
Contumaces caraqueños ? 
Hacíais lo que Dios sabe : 

Y Dios sabe que rien.do, 
En vez de huirle á la onda, 
Ibais vosotros zagueros 
De las ondulantes faldas 
En un vivo escopeteo. 

Y Aristides mientras tanto 
El vulcanismu sintiendo. 
Por un agudo fenómeno, 
En sus entrañas del pecho : 

Y zahori por instinto 
Divisando en tufos céntricos 
Seísmicas IJamaradas 
13etras de sus espejuelos ; 
Como San Juan el Bautista, 
Ai ! predicaba en desierto, 

Y no se daba al demonio 
Por ser dado á estudios serios. 
Después, cuando por debajo 
.Se estableció el traqueteo. 

Y la avileña Caráca.s 
Retemblaba Je lo bueno : 
Decidores de donaires, 

' ¿Qué hicisteis vosotros hiegí I "' 
Hai marino que burlando 
El mar hinchado \' colérico 
Trinca de firmo á bolina 

Y desafia los truenos. 
(.)tros, de noche en lo oscuro. 
Bajo un temporal inmenso, 
Tras esas \oces profundas 

Que alza el mar y lleva el viento. 
Cruza sus brazos, arría, 

Y na\ega á palo seco. 
Ahora, decid vosotros : 
Al sentirlos í-s/'i-/r::<is 
De la danzadora niña, 

¿Qué hicisteis? ¿Seguisteis riendo? 
Ni por esas, ni por todas 
Las ñiflas del mundo entero: 
Corristeis desatentados 
Con el susto hasta los huesos. 
Corristeis hacia las ])lazas. 
Mirasteis hacia los templos: 
Corristeis hacia el calvario, 
Jurasteis hacia los cielos : 

Y hubo rosarios, gemidos, 

Y gloriados padres nuestros, 

Y escapularios y cruces, 

Y duros golpes de pecho : 



Y Orrin quedó como estaca, 

Y Sebastian como lelo: 

Y hasta los Guardias quedaron 
Por el circo, como muertos. 

¡ Oh ! si hubiera sido Aristides, 

El que hablaba en el desierto, 

¡ Como me hubieran pagado 

Las risas y gatuperios ! 

Pues al ver como corrían. 

De los apuros en medio. 

Amarillos con c! susto 

Los tañedores incrédulos. 

Yo les hubiera gritado: 

" ¡ Allá viene por el cerro 

1-a tempestad subterránea. 

La onda de movimiento 1 

¡ Que revienta, que nos traga. 

De Ibarra el amigo nuestro. 

El incandescente foco 

De azufre _\- plomo rejileto ! 

¡ Andad paso de puntillas ! 

¡ No piséis duro en el suelo ! 

¡Cuidado con nuestras botas, 

I-'igurines figureros ! 

¿No sabéis que el antro horrible 

Bajo de los pies tenemos?" 

Y como el miedo es un hombre 
Que mete á las almas miedo, 

Y hai más de un alma de cántaro 
Que burla li los caldereros; 

Es clanj que el buen Aristides, 
Al hacer lo que yo |)ienso, 
Tamañitos, tamafiitos 
Los hubiera á todos puesto. 
Xo es decir en lo que digo 
Lleve \'o ;i ni;il ni por sueño, . 
Que se reze \' que se llore 
l'.n las tlesgracias, ni menos 
l".n un trance tan de suyo 
.\purado como el vuestro ; 
Pero amigos, lo (|ue ahora 
En esta carta repruebo : 
O mejor ,1o que sensata- 
Mente ( señores ¡ qué ad\ erbio ! I 
Debe siempre reprobarse. 
Es la alegría sin seso 

Y lo de tomar á broma 

Lo más santo y lo más ser¡(j. 
Mientras que resuena el arpa 
Del profeta caraciueñ(.). 
¿Y después? Ya lo habéis visto 

Y lo sabe el mundo entero : 

Si hacéis un San Juan de Aristides 
El os vio como á un San Pedro 
Con tamaños lagrimones. . . , 
Así Israel se bur. . . .Pero, 
¿ Qué es lo que pasa, hija mía ? 
— Papá, este hombre. 

— So i Aiiscn/'o, 
Dijo, llegándose un indio 
i\ la ventana. 

— ¿Y qué tengo 
Yo que hacer. . . , 



116 



POESÍAS FILOSÓFICAS. 



— Como esta niña 
Me i^sirÁ. proclamando ha tiempo. 
—Tú María? 

— Yo? Dios mió ! 
— Si, señor, yo soi el inesiiio 
Golondrina, qiie me sargo 
Del liospctal y que guervo 
A mi oficio de llevante 
De bojotes y de pliegos. 
— Es decir que U. se llama. . . . 
— J'nes I Golondrina y A nsermo, 
O ño A nsermo Golondrina 
Condntor de los gobiernos 
lín ioos los papelorios ; 
Y pues parao me cncnentro 
lín la esquina y me han llomao . . . . 
Laiizé al fin á dos carrillos 
Un golpe de risa abierto 
Hasta dar en carcajada, 



Pensando, palisando, viendo, 
Como realiza el acaso 
Con un nombre, con un, cero, 
Con un indio, con un punto, 

Y aun si se quiere con menos, 
No solo lo razonable. 

Sino hasta aquello, hasta aquello 

Más loco y disparatado : 

Hasta de mis azulejos 

Las aéreas fantasías. 

Hasta sus cuentos de cuentos. 

Y iHics la ocasión es calva, 
Adiós, cofrades : no quiero 
Que el amigo Golonclrina 

Se demore. Adiós de nuevo ; 

Y aquí pcLja, pues concluyo. 
Lo de Perico Sarmiento. 

28 de Enero de 1866. 



MAMAMA MARACAÍBERA. 



AL canto de unas palomas 
Que bajan de la floresta 
Como diciéndomc alegres 
"También estamos devuelta," 
Escribo, mudo de asombro, 
La rica y variada escena 
Del alba, que al cielo sube 
En playas maracaibcras. 
Bendito el Señor, bendito. 
El padre que así nos muestra 
En medio de angustias tantas 
Sus maravillas eternas. 
Yo he visto en mi triste vida 
Salir en la mar serena 
El alba, como regando 
Rubíes, rosas y perlas. 
En las montañas la he \'isto 
Rasgar el manto de nieblas 
Y convertir sus jirones 
En coloradas banderas : 
Pero el alba que se asoma 
Libre, brillante y risueña 
En la dulce patria mia. 
La palma de Venezuela, 
Tiene un encanto. . . .Veamos 
El alba maracaibera. 



\Ji\ grupo de golondrinas 

Cantando revolotea 

Al viento de madrugada 

Encima de mi cabeza; 

Mientras yo puesto de codos 

En la escondida azotea 

De mi casita marina, 

Estol viendo que se incendian 

Todas las nubes de plata 



Como cortinas de seda. 

El cuadro, el gigante cuadro 

Que á mi vista se presenta, 

Tiene por marcp divino 

Un cielo de azul turqueza, 

Dividido á la. redonda 

En la mitad de una esfera. 

No hai pues en el ancho espacio 

l^intura que yo no vea. 

Ni hai paisaje por hermoso 

Que no distinga en la tierra. 

La luz del sol chispeante 

Salta, vibra, corre, vuela. 

Como si Dios mi alegría 

En luz condensado hubiera. 

Y esta luz que tempestuosa 
En remolinos se aumenta 
Abrasando en rubias llamas 
Valles, colinas, florestas, 
h'inísimo polvo de oro 
Sobre el Orienta semeja. 
Polvo de oro en que se ocultan 
Las matutinas estrellas, 

Y sil-ve como de alfombra 

Al sol cjue oscila, que tiembla, 

Y aparece al improviso 
Más encendido que esta 
Rutilante purpurina 
Mañana de lago espléndida ; 
Mirad, )-a salen en rumbo 
De las lejanas pesqueras 

Las barcas que con la sombra 

Hicieron copiosa pesca; 

Esparcidas en el lago 

Al brillar la luz febea, 

Ya son garzas, ya son nubes. 

Según la brisa refresca, 



POESÍAS FILOSÓFICAS. 



17 



Haciendo amainar ó libres 
Descojer las blancas velas. 
Las olas están de gala 
Tornasoladas y tersas 
]\Iojando el palmar nativo 
Que á su vez está de fiesta. 
Con la claridad del dia 
Que todo lo trasparenta, 
Con la frescura del aire 
Que dilata la existencia, 
Esta playa, esta laguna, 
Esta comarca de América 
Nadando tras los colores 
Del iris, se me presenta 
Como un país encantado 
Que los mágicos hubieran 
Entre diáfanos cristales, 
Convertido en rica perla. 
Algo en sí de misterioso 
Vaga, discurre ó campea 
En el paisaje marino 
Que de admiración mcJiena. 
Pero ya tocan á misa 
Las campanitas parleras ; 



Son las mismas de mi infancia, 
Las campanitas aquellas 
Que tocaba los domingos 
En la torre de la iglesia. 
Ya se 0)"e el ruido pausado 
De abrir y cerrar las puertas : 
En el cuartel los clarines 

Y las cajas menudean ; 
Cantan batiendo sus ropas 
Alegres las lavanderas ; 

Y mientras á su alborada 
Dan fin las aves, empieza 
El movimiento y la vida 
De la ciudad que despierta. 



Alma mía, tu entusiasmo 
Hicn me dice ó me revela 
De donde vienes y adonde 
Tus blancas alas despliegas. 
Alma inmortal, alma mia, 
Bien haces cuando me muestras 
Empapada en tus perfumes 
El alba maracaibera. 



LA GALLINA CIEGA. 



EN un prado mui florido, 
Al soplo primaveral, 
Volaba el niílo Cupido 
De un rosal á otro rosal. 

Por ver si burlado queda 

Y divertirse con él, 

Las "tres Gracias" le hacen rueda 

A la sombra de un laurel. 

Por donde, sin más resguardos 
A su virtud, pienso yo, 
Que andaban &i\ picos pardoí, 
Entre ({icz siis r un no. 

Juntas las manos de armiño, 
Sin dejar liuellas sus pies, 
Pusieron en medio al nifío 
Dando vueltas todas tres. 

Así se ve en la pradera 
Preso un dulce ruiseñor. 
En flores de enredadera 
Üc purpurino color. 

La burla de luego á luego 
Alegre el grupo empezó 
(fritándole al niño ciego : 
— ''Adivina quién te dio." — 

— "Dejad que os toque el cabcll", 
Decia el niño gentil, 
O el blanco y gracioso cuello, 
Ó las manos de marfil." — 



Prueba cjue no conocía 
A las tres por el capuz, 
\'endaje i) celajería 
Conque \'enuslc dió;i luz. 

Con lo cual ellas esbeltas, 
De! ceguezuelo al volar, 
Burl;indo!e daban vueltas. 
Daban \ucltas sin cesar. 

Así en las campiñas ricas 
Del Guaire. niño y no lerdo, 
fugué con tan guapas chicas 
Que ho¡ suspiro á su recuerdo. 

.'^iemi)re cjue el dios intentaba 
El vuelo alzar para huir, 
Era preso por la aljaba 
Sin poderse desasir. 

No hai un ifoca sin un /¡'ina ; 
Y Cupido al fin pensó 
Vengarse de aciuclla broma. . . 
Armó el arco }• dispar(3. 

Mas, ardiendo tanto en ira, 
Por i>rimera vez allí 
¡Marró el tiro, y fué la vira 
A dar sobre un alelí. 

Nueva risa y burla nueva; 
El grupo mirando tal, 
Al dios tambaleando lleva 
De un rosal á otro rosal. 



il8 



POESÍAS FILOSÓFICAS. 



_«: 



l'obr.c rapaz ! sucumbía .... 

Y en 'fan ruinosa ocasión, 
O capitular debia, 

Ó rendirse á discreeion. 

¿Quién de Cupido impo.sibic 
Creerá este caso, lector, 
Si lo imposible y risisble 
Son. los posibles de amor? 

Por suerte el céfiro ledo, 

Trémulo fresco y fugaz. 
Llegóse al, grupo mui quctlo 

Y así le dijo al rapaz : 

"Hijo infeliz de Ericina, 
]-'ues no acatan tu poder 
Talía, Aglae, Eufrosina 
Que andan de chunga y placer ; 

Si de mi cesto sacudes 
Las flores que en él están, 
Las "tres Gracias," no lo dudes. 
Tranquilo te dejarán. 

Ni razonó ni echó cuentas 
. El ya cuerdo niño y dios ; 
El cesto tomando á tientas 
Lo fué sacudiendo en pos. 

¡ Cosas del Céfiro blando : 
Esposo de Flora al fin .... ! 
Las flores se iban cambiando 
En perlas de Comorin. 



¿Qué sucedió al improviso? 
De improviso sin más ver, 
Las tres diosas del Cefiso 
Ya no supieron qué hacer. 

"Perlas ....!" afirmó Talía : 
"Perlas. ..." Agláe gritó. 
"Cojámoslas, vida mia," 
Eufrosina murmuró. 

Y pusiéronse á cojerias 
En codiciosa atención. 
Diciendo á ratos "son perlas. 

¡ Qué fortuna ! perlas son . . . . " 

Mas, suena una carcajada. . . . 

Es que en el verde tapiz 

T^as perlas se han vuelto . . . .Nada ! 

Y el rapaz vuela feliz. 

Pero ala cuenta Cupido 
Lleva de entonces acá, 
Como repuesto perdido 
Que nunca de más está ; 

Por cada arpón con herrumbre 
Sin uso ya y sin valor, 
Algo que siquier relumbre 
Sino plata, similor; 

Y aunque ajuste en precio sumo 
yírgen corazón venal, 

O no paga, ó cambia en humo 
Burla, burlando, el metal. 



LEJOS DE Tí. 



SIEMPRI'!.. siempre W. adoro \ ¡da mía. 
No la ausencia te es])ante 
Ni los embates de la suerte impía. 
Tu santuario es mi pecho 
Donde el dolor del corazón amante, 
Su gemido profundo y lastimero 
Te dirá, vida mia, si te cjuiero. 

¿No sabes que en mi ausencia es una gloria 
En tí vivir pensando ? 
¿No sabes tjue te llevo en la memoria, 

Y á las aves pregunto 
Por tí mientras ligeras van pasando? 
¿No te he dicho ciue alivio mis dolores 
Contándole á la luna tus amores ? 

¡Cómo olvidarte ! Un dia? . .en lo escondido 
De fragoroso monte 
En tí pensando me interné perdido : 

Y como el sol ardiente 

Espléndido se hundía, el horizonte 

Era un velo de^júrpura incendiario, I 

Siniestra luz del bosque solitario. I 

i 
Aquella claridad, más que el remedo | 

I3e un incendio distante, f 



Mira un lago de sangre. . . .daba miedo! 
Sobre las negras nubes. 
Era como el sudario de un gigante. . . . 
Tal, desde el bosque, mientra el sol se hundía, 
Aquella claridad me parecía. 

¿Qué hacer? Tras el camino de occidente, 
Resplandor del ocaso, 
Se asomaba la noche lentamente 
Llena de vagas sombras. 
Volaban espantadas á mi paso 
Las dulces avecillas. ¡ Cuánto alarde 
De tristeza al morir de aquella tarde ! 

-"Cuando se envuelva en sombras la floresta. 
Llorando me decia, 
Sucumbiré sin duda, y la funesta 
Seledad de este bosque, 
Como ve ahora la desdicha mia, 
Verá luego mi fin, trágica suerte 
El secreto guardando de la muerte.- ' 

¡ Morir incauto allí sin que supieras 
Cu;ínto, hermosa, te amaba ! 
He aquí mis agonías postrimeras, 
Esta mi angustia suma, 



POESÍAS FILOSÓFICAS, 



119 



Este mi desconsuelo, esto lloraba. .. . 
Mas ¿cuándo el cielo al infeliz no asiste? 
¿Cuándo es que falta la esperanza al triste? 

Y entonces, [ oh misterio de un momento 
Solemne de mi \ida ! 
Cruzó por mi abrasado pensamiento 
Encomendar tu nombre. 
Himno del corazón, gloria perdida, 
Al verde tronco de una oculta palma. . . . 
Y allí grabé la cifra de mi alma. 

¿ Fué milagro de amor? ¿ l'ué la dl\in,i 
Inspiración ? ¡ Quién sabe ! 



i Pero á poco tu gente campesina 

I Me halló en tan triste noche. 

¡¿Lo recuerdas, Clemencia? Muda y grave 

Olvidaste en mis duelos tus rigores. . . . 

; Y así nacii') tu amor con mis dolores. . . . ! 

¿Qué importa ahora la implacable ausencia, 
I Si te llevo en mi alma. 

¡ ( )h, blando amor, dulcísima Clemencia I 
' Como en la noche horrible 

Que grababa tu nombre en una palma? 

Aun lo guarda, Clemencia, al cielo erguida, , . , 

; Xo llores, solitaria ile mi \ idal 



£L LAÜR£L Y LA PERLA. 



MIENTRAS en guerra homicida 
ha. patria no halló esperanza. 
Dejó al acaso perdida 
La fortuna su balanza. 

Quiso un Genio recojerla 
¿ Para qué ? ¡ Divina historia I 
Para pesar una perla 
Con el laurel de la gloria. 

La rama el Genio sencillo 
Puso á un lado en honda calm.i. 
Llevando al otro platillo 
La margarita del alma. 

Y por el fiel levantando 
El peso de la fortuna, 
\'i<') que por igual pesanflo 
Iban />ir/í7 y lauro ;i una. 



— "De la patria al santo nombre 
Que Dios bendecir anhela, 
IDaré perla }^ lauro al hombre 
Que en paz salve á \'enczuela."' 

— Tal dijo el Genio y el Ande 
De asombro irgui(') la cabeza 
¡Aquel premio era tan grande! 
¡ Gloria, fortuna, belleza! 

J-loy que la paz, bien fecundo 
Es nuestro mejor emblema, 
.\os ])regunta el nuevo mundo ; 
¿Quién ha resuelto el problema? 

Y el Genio á Guzman seilala 
Dando en jiremio ;i su victoria, 
La perla de amor pórgala. 
La palma inmortal por gloi'ia. 



A Mí HERMANA MARÍA DE JESÚS. 

AI saber que se había casado. 



SI alguna suerte se iguala. 
Chucha, con la suerte mia 
Es algima suerte mala, 
Chucha, has estado de gala 
\' yo aquí no lo sabía. 

Y á fe, Chucha, que lo siento. 
l'ucs que del ;inge! en pos. 
Nuncio de tu casamiento, 
Hubiera llevado el \icntu 
Mi pobre oración á Dios. 

Tras esta guerra que nombra 
El pueblo, guerra inclemente, 
>¡i un eco, Chucha, en la sombra 
('ruz(< la e-itrellada alfombra 
t'íiia habK'UMUr (|( ini bít'-iilc. 



Y era que anclaba en Ijureo 
El eco sonando un on ! , . , . 
Para asustar á Tadeo, 
\' después sonaba un eo ! , . . . 
P.ara alertar ;í l'alcon. 

Por más que de varios modos 
Por tí y por todos doquiera 
Iba preguntando á todos; 
¡Ai ! federales y godos 
¡Ni me miraban sic|uiera! 

Así en la estrella pertliij^: 
Pues! en Coro la dormWa, 
Pajo su toldo de fuego, 
Iba pasando l;i vid.n 
f (Uiio sordo V cornil (i<;.'ii 



120 



poesías filosóficas. 



Bendito sea Martin 

Que me puso al fin de bulto 

Las cosas hablando sin 

Tomar aliento hasta al fin 

Martin es siempre tumulto. (,'" ) 

¿Con que hubo en nuestra morada 
Una reina, otra Zenobia? 
Si, !o sé ; fuiste llevada 



_ [*] Elihi.stradoCicnoral-Arinniol diaria Martin 
leiiia verbosidad inconiparalilo v era' llainailo '•'i'n- 
niulio."' 



Como en triunfo y coronada 
Con azahares de novia. 

Pero mi suerte que iguala 
Un diacon otro dia. 
Ocultó de noramala, 
Chucha, tu dia de gala 
A toda la gente mia. 

Hoi rabiando de despecho 
Y ardiendo como arden ascuas, 
De hermano con el derecho. 
Te digo, "Chucha, á lo hecho 
Barajar y santas pascuas." 



PASTORHL 



PARA cantar al niño. 

Rey de los Ciclos, 
Me pides villajicicos 

De gracia llenos ; 

Cuenta, zagala, 
Con estas canturías 

De madrugada. 

Yo sé que en las aldeas, 

Por navidades. 
Esa es costumbre \¡e¡a 

De los zagales : 

Mas por lo mismo 
Yo sé de esas costumbres 

Lo que me digo. 

¡ Un cantarcico pides! 

No tal pidieras 
Cuidando en los rediles 

De tus ovejas ; 

¡ Pero son pascuas 
En que se cantan misas 

Antes del alba ! 

Con ser la noche opaca 

Te he visto anoche 
Con rojas lum.braradas 

Buscando flores. 

i Como que ignoras 
Que se encandilan ;ives 

Cuu luces rojas ! 

Y bien en p/ocn estu'vo 

Por esas misas 
El rnnx'ertirse en iuiiiio 



Tus alegrías ; 
Dígalo el lobo 
Que ahullaba olfateando 
Cercano al soto. 

Desde que Alicio toca 

Su caramillo, 
Las más extrañas cosas 

Dicen de Alicio. 

¡ Cómo se mudan 
En hogaño los tiempos; 

Bien dice el Cura ! 

No hay pastora en los prados 

A la redonda, 
Que á la misa de gallo 

Fugaz no corra. 

De tanta prisa 
Más de una zagaleja 

Saldrá corrida. 

Mira, pues, pastorcica, 
Que temo muclio, 

Tras esas alegrías 
Tan de tu gusto. 
No se te anublen 

Los ojos, cual los cielos 
Del mes de Octubre. 

IT. 

Guarda tus villancicos. 

Ya no los quiero, 
Claveles tiene y lirios 

El Rei del Cielo. 

¡ Bien reza el Cura 
Que ninguno está libre 

] )o la calumnia! 



POESÍAS FILOSÓFICAS. 



121 



Si. cual dices, lo sabes. 

Que en las aldeas 
Cantan por navidades 

Las zat;alejas : 

¿Porqué te admira-. 
Cuando madrugadoras, 

\'amos á misa •■ 

Para zayal son tristes 

Tus pensamientos. 
Pues según lo que dices, 

'l"ú tienes celos. 

Y ves fantasmas 
En nuestras canturías 

De madrugada. 

Si anoche salí al prado 
Con luces rojas. 

.No iué llores buscando. 
Sino palomas : 
Dos montañeras 

Que al niño con su.s cintas 
Llevé en ofrenda. 

Y bien por nuestras luces 
Estuvo en poco 

Que alicio el del adufe 
Cojicra c! lobo -. 



La I- 



Pues escondido 
Lo descubrió en la vega 
De los olivos. 

Desde que Alicio canta 

Los villancicos 
Son, pastor, tus miradas 

De basilisco. 

Madre asegura 
Que anclas como lo.s lobos, 

.íMuilla que almila. 

I^n alcores y en prados 

\' cu luengas tierras 

Al niño en su sagrario 
Todos le rezan : 
Y^ es una dicha 

Cierno caen las lluvias 
.¡\ maravilla. 

Mira, pues, pastorcico, 
Que vas zaguero 

Kn (1 amor del niño 

Rei de los cielos : 
Si no me cscidias 

Icino (jue tu garganta 
Se quede muda. 

lorida, r>icienihrc de ilVij. 



A LA SEÑORA VÍRJÍNIA DE PULGAR. 



Km |l:^|l(•l(•^ (le ¡miii;(i> 
Sülimos juulos. . . . 

l'.-lf lioróxcopo mió 
V:ili' iliiv. nuiíido^ 
-Mii<a del ;ilni:i, 

.\ la rcinii di'l Ziili:i 
lüinn una ('hiiiíitm. 

I. 

LO veis, Señora. Os obliga 
Mi suerte en plena victoria 
A ser de un bardo la amiga: 
Mi suerte! Dios la bendiga 
Eni cLaltar de la gloria. 

¿YTomo no, si el secreto 
De mi buena suerte ahoni 
Tiene por mira ú objeto. 
El más profundo respeto 
A vuestra amistad, Señora? 

Si pues mi respeto abono, 
;Qué hará el poeta en su anhelo 
Con una dama de tono. 
Con una reina en su trono. 
Con una estrella en su cielo. ■* 

Cuando otio tiempo solía 
-Alzar alguna canción. 
Señora, porvidamial 
El mar y la poesia 
.Me daban ^u in-^piracion. 



Hoi el tiempo .... es una senda 
Tan llena (le desengaí^os, 
Que al cantar no hai quien me atienda, 
Porque el tiempo da A mi ofrenda 
La tristeza de los años. 

Con lotld, cuando en la calma 
De nuestros sueños mejores 
Se ofrece en vez de una ])alma 
La M)/. sincera del alma, 
Que \ale m.ís cpic las flores. 

Bien estii ([ue lle\e el hombi-c 
La ofrenda al glorioso altar, 
Por más cpie un tanto se asombre 
En el altar \-iendo el nombre 
De las ]ialma'í de Pulgar. 

^' (jué ;no abraza la historia 
Todo,}- !o encierra y lo aviene? 
\'uestro esposo os da su gloria 
Y' 3-0 esta pobre memoria .... 
Cada cual da lo (|uc tiene. 

.Si las ofrendas un dia 
Pesáis en vuestra equidad. 
Xo la de Pulgar, la mia 
A falta de poesia 
l'esar;i —sinceridafl. 

Kt 



122 



POESÍAS FILOSÓFICAS. 



LO QUE PASO EN %k FLORIDA" CON UNA ROSA AMARILLA. 

A. M. A, 



RECIBÍ la prometida 
Rosa, debelleza tal, 
Que de vergüenza corrida 
Cada rosa en su rosal 
Se estremeció en "La l'"lovida. 

•Así ninguna fué osada 
(Y lo tengo á maravilla) 
A mostrar su faz rosada, 
M¡ént:ras tu rosa aiñarilla 
Era de todos mostrada. 

Hubo rosa Purpurirux 
Que se hirió con uua espina, 
Pues al ver tu rosa gualda 
Se ocultó, como telina, 
En sus hojas de esmeralda. 

La rosa l'c pudorosa 
Llena de melancolía 
Se inclinó más silenciosa, 
Porc^ue explicar no sabia 
La palidez de tu rosa. ^^ 

Aun la rosa Cr.rarol 
De tu rosa sintió celos 
A pesar de su arrebol; 
Hay lucero así en los Ciclos 
Que tiene celos del Sol. 

Viendo que el ]3rimer lugar 
Siempre á tu rosa le toca, 
Tras improviso pesar. 
De Alepo una rosa loca 
Se quiere triste secar. 

Cierta rosa tembladora 
Sacó del seno un Cupido, 
Porque volara en mal hora 
A contar lo sucedido 
A las rosas de Basara. 

Otra que en perlas exhala 
.Su esencia, la de Casfü/a, 
Se puso de noramala 
Viendo tu rosa amarilla 
Vestida de toda gala. 

Temo que al dolor sujetas, 
.Sin haber quien las reporte. 
Se me mueran las coquetas : 
Que son X'ñs. rosas del Norte 
Y las de Egipto en macetas. 

Temo nublada la gloria 
De esa dulce flor modesta 
Cliie algunos llaman i 'ieíiiria. 



Por tu flor que anda de fiesta, 
No haya una fiesta mortuoria. 

Según las rosas se exceden 
Temo que tristes se queden ; 
¡ .Suponte que están escuálidas ! 
Tanto de tu rosa pueden 
Las hojas crespas )• pálidas. 

Llay aquí rosa Poinona 
Que se ha puesto como un \\m() 
Tan llorona, tan llorona. . . . 
Hay Siljide aquí de armiño 
Que ha perdido su corona. 

Hasta el rosal sin amores, 
El de Bengala infecundo. 
Diz que por tales dolores 
En esta parte del mundo 
Es estéril, no da flores. 

¡ Puena excusa en grave pena ! 
Cubrir con necia arrogancia 
La envidia que lo enagena. . . . 
¿Cuándo un rosal sin fragancia 
lia tenido excusa buena? 

Qué más? Las rosas pequeñas 
Cual gotas desangre, puras, • 
De las vegas caraqueñas ; 
Las risueñas miniaturas 
Ya no quieren ser risueñas. 

Viendo al fin tal laberinto 
H e partido por el medio ; 
(Yo que en remedios me pinto) 
Poniendo á todo remedio 
Ceñida la espada al cinto. 

Determiné donde quiera 
Buscar tu rosa amarilla, 
Para hacerla compañera 
De las rosas de esta orilla 
l-^eliz por maracaibera. 

Mis rosas al ver que ufana 
Brota tu rosa y se aduna 
Con ellas por la mañana. 
Tendrán á mucha fortuna 
En tenerla por hermana. 

Tal es el medio, á mi ver, 
De resultados mejores 
Para cambiar en placer 
Envidias y sinsabores 
En corazón de mujer. 



poesías filosóficas. 



123 



A más, te diré una cosa 
Que acaso e§ la historia entera 
Muy íntima, muy curiosa .... 
Es que mi ave compañera 
Se mucre por esa rosa. 



Mira, pues, que necesito 
En honra á la diosa Flora 
Ese nuevo rosalito ; 
Di lo que quieras ahora 
Y te lo do}" .... por escrito. 



La 1' 



Y aunque te parezca cuento 
Pedir así, bien ó mal ; 
Pues vivo del sentimiento, 
-Rosa tan scntiinaiíal 
Debe ser mia al momento. 

Si á tí, cual dicen te han dado 
Las rosas de un corazón, 
No es mucho te ha}"a sobrado 
Un rosal, que sin cuestión 
Debes mandármelo, Amado, 
lorida. Noviembre I 8 de i86j. 



Á ÜNÁ MíFlÁ. 



LUZ de mis ojos, niña hecliicci'a. 
Tú que á la vida sales feliz, 
Como esas aves de voz parlera 
En las montañas de mi pais. 
Manso arroj'uelo, puro y fecundo, 
Que entre las flores pasa gentil ; 
¡ Quién ignorara que al mar profundo 
Va suspirando pronto á morir ! 

II. 

Ya que á la vida naces risueña, 
Y en claridades te baña el sol ; 
¿Qué mucho tiene niña trigueña. 
Beba en tus ojos Ift inspiración ? 
Si tal supieran en la campiña. 
Cuando tus pasos sigo \eloz, 
No murmuraran modesta niña, 
Que esclavo tienes mi corazón. 



Torquc le llamo, "luz de mis ojos,' 
l"na zagala de veste azul, 
])ijo, frunciendo sus labios rojos. 
Que amor es ciego, ¿qué dices tú? 
Yo, vida mia, como tú inspiras 
Estos cantares de mi laucl 
Te iré sacando todas las rimas 
Llenas de fuego, llei\as de luz. 

IV. 

Casta paloma Dios te conceda, 
Bajo la lumbre meridional. 
Lucir tus blancas plumas de seda, 
Por tu camino seguir en paz ; 
Que en este mundo pase tu vida, 
En vez de arroyo corriendo al mar, 
Como a\'ecilla que en la I^lorida 
Vive á la sombr;v de mi rosal. 



CANTO. (-) 

Mitolojía. 



Mirad! pero en silencio. Mirad! con la vislumbrej Yo sé c^ue ese palacio recuerda todavía 
Del rayo de esa luna sin vida ni color, I Las torpes liviandades de un culto criminal ; 

Frenética se escapa la loca muchedumbre, : Que tiene habitadores }' altar de idolatría 

Los genios impalpables f|ue guarda esa mansión, i Alzado como en gloria del mismo Satanás. 

¡ Qué luna tan cjpaca ! Parece que la calma i El es lugar de citas y danzas cuando zumba 

Alumbra de un sepulcro : ¡ qué triste es esa luz ! [ El viento en los palmai^es y rompen su tapiz 
Salud, genios fantásticos, ensueños de mi alma, I Los genios en sus urnas, los muertos en su tumba, 
Nocturnas creaciones, espíritus, salud. ' Y el vicio en los infiernos indómito y febril. , 

Yo sé que es tal el vicio y el hipo de esta vida, I Mirad ! uero i.n silencio— Lus unos llevan galas 
Que se revuelve loca y en bacanal tropel ¡Cuajadas de rubíes, los otros. . . .(|ué? no ois? 

La turba encantadora de genios, sacudida i Rumores misteriosos despiden de sus alas 

Del v.iento,en las tinieblas que vagan por doquier. I Más crespas q' la espuma,más blancas q' el marfil. 



1*] Es(ü eaiiio J'ijriiiii ¡laric de 
íiuitantico" de Guaivai'aliii. 



'■ Cuento i Ac[uellüs que derraman suavísimos aromas 
Y En pomos de jacintos, turquczasy coral, 



124 



poesías filosóficas. 



Enlazan con cadenas de flores las palomas 
De Venus la de Gnido vecina de la mar. 

Y atrás los que siguiendo la luz que blanca irradia 
Del cielo en los celajes del lago en el confín, 
Los "énios son campestres nacidos en la Arcadia 
Al eco de las flautas y al son del tamboril. 

Mirad cómo los genios del aire mensajeros. 
Rasgando esc amarillo tristísimo cendal, 
Avivan las estrellas, encienden los luceros 

Y arrojan los meteoros chispeantes á la mar. 



Así que tarda llega Dictina con su coche 
Al medio de los ciclos, y se oiga en la quietud 
Tañendo las campanas de triste media noche 
En todos los santuarios alzados á la cruz; 

Veréis a la ribera llegar toi'vos é inquietos. 
Buscando ese palacio, siguiendo al viento en pos. 
Fantasmas giganteos 3' blancos esqueletos, 
Por ver también los genios y danzas del amor. 

¡ Qué luna tan opaca ! Parece que la calma 
Alumbra de un sepulcro:!. .¡qué triste es esa luz!.. 
Mirad, ya toman vida los miedos de mi alma. 
Los muertos ([ue se escapan del lúgubre atahud. 



LAS NUBES. 



¡ CUANTO brilla la luz en lus ciclos 

De aquesta región, 
En flotantes, magníficos velos 

De vario color ! 

¡Cómo zumban los vientos perdidos 

Que azotan e! mar 
Y acompañan con trémulos ruidos 

Al sol que se \'a !- 

A sus tibios reflejos distantes 

Rodando se ven 
Nubes mil, que en el cielo brillantes 

Se agolpan doquier. 

Ya los anchos espacios ocupan 

Cual rico tapiz, 
Ya del sol inmediato se agrupan 

Por verle morir. 

Ya semejan el cráter sonibrio 

De ardiente volcan, 
Ya la linfa plateada de un rio 

Que corre á la mar. 

Ya son leves y mágicos tules 
Que en\-uel\'en al sol. 

Ya parecen lagunas azules 
En rica ilusión. 

Cual las alas de blancos querubes 

Cruzando en tropel. 
Cual horrísonos monstruos las nubes 

Se miran también. 

(Jra tiemblan, cual olas rrun idas 

Del suave ternil. 
Ya sin rumbo, cual naves perdidas, 

Parecen vagar. 
(^ra mienten fantasmas extraños 

Con blanco capuz, 
Ya los negros y fúnebres ]jaños 

Del triste ataúd. 
Ya parecen vellones manchados 

De vivo carmín, 



Ya semejan los cielos dorados 
De ignoto país. 

Sacudidas con ímpetu ciego 

Despiden quizá, 
A través de una lluvia de fuego, 

Sonido fatal. . . . 

Donde cjuiera movibles se alcanzan 

Mil nubes y mil. 
Donde quiera las nubes se lanzan. 

Se ven relucir. 

11 

Altas visiones divinas. 

Que al húmedo soplo y blando 

De las brisas vespertinas. 

Vais rodando 
Por las esferas marinas ; 

Motante y pálido velo 
]je las tardes vaporosas. 
Nubes de sonante vuelo, 

^Misteriosas 
Apariciones del cielo : 

Si de la noche encantada 
Buscáis la gigante alfombra, 
¿ Por qué se cierne, callada 
Vuestra sombra ? 



;Oué Uuvií 



dorada 



¿Por cjué, corriendo encendidas 
Tan extrañas como bellas. 
Siempre ocultáis bendecidas 

Las estrellas, . 
De los cielos suspendidas? 

Cuando el sol Con brillo escaso 
• Va dulcemente muriendo, 
¿ Por qué mil nubes al paso 

Van saliendo 
Tras sus cortinas de raso ? 



POESÍAS FILOSÓFICAS. 



125 



A los dudosos reflejos 
De las luces solitarias, 
; Por qué brilláis á lo lejos 

Incendiarias, 
Como nitentes espejos? 

¡ Vano pensar. ... 1 Convicciones 
O sueños del alma inquieta, 
Pasan siempre en las canciones 

Del poeta 
Como risueñas ficciones : 



Así contemplando luego 

MI sol c^ue se va ocultando. 
Nadie responde á mi ruego 

Contemplando 
Las nubes color de fuego. 

¡ (^h. nubes que al dulce aliento 
Rodáis del sol moribundo! 
Llevad, repetid mi acento 

Por el mundo 
j\nies que lo apague el xienlo. 



Y auntiue su mente se lanza 
A! cielo, el cielo le esconde 
Lo que en el cielo se alcanza : 

No responde 
A la luz de su esperanza. 



Nubc< de sonante vuelo, 
Que siempre á lo lejos sigo, 
Tras ese füijido velo 

Yo os bendigo. 
Apariciones del cielo ! 



LOS DOS MRñ.íSOS. 



.^ÍII•',NTRAS que pisando lirios 
Del ¡jaraíso se aleja 
Aquella dulce pareja 
De los primeros martirios : 



El ángel resplandeciente 
De la venganza di\ina. 
Con el nifio de P^ricin.i 
Se tropez<i de repente. 



— ¿Qué tal "'-el ángel le tlice. 

Maldito ! el rapaz murnutra ; 
¿ No te espanta la amargura 
Deesa pareja infelicc ? 



— 1 lago el bien. 

- I'',s inÍLCundi> . 
— Sirvo á Dios cuadre ó no CLiailre. 
-—Vaya ! Pediré á mi madre, 
L'n altar en otro mundo. 



Y de la aljaba al sorioro 
Ruido, que en el iiombro lle\ a. 
Voló, gritándole á E,va 
Envuelta en su crencha ele oro : 

— ¡ -Vi. pecadora, no lloi^es! 
— Asi mi suerte lo quiso. 
— Te ofrezco otro paraíso 
En el valle de las flores. 

II. 

1"-1 rapaz cumplió su empeño. 
Y en vez del Edén perdido, 



^\1 ])ié del Avila erguiíh; 
Alzó el Edén caraqueño. 

En lugar tic una belleza 
Cuatro puso, á cual mas linda. 
Como cañones de blindii 
(juardando una fortaleza. 



No luí)' allí de ningún modo 
Ángel con dardos de fuego ; 
En él solo manda el ciego 
Niño, (|ue lo puede todo. 

Tal mansión será ]nenu)ria : 
De la amistad verdadera : 
Cómo no ! si en ella impera 
Gracia, amor, virtud )• gloria. 



Entre el l",den que Dios quiso 
Y el de y\nauco que amor quiere, 
,; Quién á gritos no i^refierc 
Este nuevo paraíso ? 



En ese altar coronado 
De rosas, nardos y )'edra, 
Cada cual lleva su piedra 
De admiración encantado. 



I'ur eso, Plaza, ]Jor eso 
Hoy te encargo lleves dos : 
Por tí y jjor mí ¡ vive Dios ! 
Dos piedras .... es poco peso ! 

Agosto i8 de \'é']J. 



126 



poesías filosóficas 



A LÁ DAMA DE NOCHE. 



Olorosa, 
Te llamo y no me respondes 
En la noche silenciosa ; 
Te busco á su dulce calma, 
Y solitaria te escondes, 
l'lorecilla de mi alma. 

Si presumes 
Vivir al mundo escondida, 
Cuando entre tantos perfumes 
La belleza el tu)0 nombra. 
Muy mal conoces la vida, 
Florecilla de la sombra. 

En el mundo 
El hombre, la luz, el ave 
La perla del mar profundo, 
■ Ló que pesa y lo que piensa 
Se armonizan : todo cabe 
De Dios en la esfera inmensa. 

¿ Habrá fuente. 
Que en una montaña ignota 
Se niegue á calmar ardiente 
La sed de agua al peregrino, 
Cuando Dios la fuente brota 
Para la sed del camino? 



Esconderte 
No presumas en el prado ; 
La noche es sombra de muerte ; 
El dia con sus colores 
Es el palacio encantado 
De las reinas y las flores. 

Dulces pompas, 
Florecilla, á tu existencia 
Guarda el rubio sol, no rompas 
De Dios la eterna armonía : 
Flor que Guarda tal esencia 
No es de la noche, es del dia. 

Florecilla, 

¿ No te asusta ese abandono ? 
¿ Quieres ser la maravilla 
De la tierra ?-Perfumada 
Serás reina sobre un trono, 
Sobre el seno de mi amada. 

Olorosa. 
Responde á mi voz, responde ; 
.Si en la noche silenciosa 
Te. halaga la brisa leve, 
Dile que tú tienes donde 
Ser reina en trono de nieve. 



ALEGRÍAS' FUGITIVAS. 



r. 

EN el patio de mi casa 

Quise plantar una higuera 

A los cantos de mis hijos 

Con los cuentos de mi abuela. , 

Aquel cuento de un mal, padre 

Y dos pobrecillas huérfanas, , . 
Que por dar una limosna 

El padre mató á una de ellas. 
Según el cuento, enterrándola, 
Bajo una mata de higuera. 
En el patio de mi casa 
Iba, pues, cavando, mientras 
. Mis tres hijas me ayudaban 
Cantando y sacando tierra. 
La barra dio de improviso 
Acaso sobre una piedra: 
.Saltó una cliispa }' gritaron 
Las tres dulces pequeñuelas: 
''Padre, si será una mina. . . . ! " 
Corrió á estas voces lijera 
La madre, corrió Crisóstoma 
El genio de mi despensa: 

Y su^gndiendo el rosario 
Si, sálp^, ¡ quién lo creyera! 
Corrió ciando' tropezones 

La misma, la misma abuela. 



Todos metimos las manos 
Al hoyo, que ya era cueva 

Y sacamos como en triunfo 
Un tiesto de antigua fecha, 
Obi^a de algún caiquetia 
Alfarero de la sierra. 

Ay Dios! murmuró la madre 
Jesús ! esclamáj 'ía suegra, 
Crisóstoma: dijo ¡vaya! 
Las chicas hicieron muecas ; 

Y como todas á una 
Me miraban como lelas ; 

Yo que pensaba en los indios 
De cuya pobre ralea 
Tal vez desciende mi musa. 
Puse la -cara risueña 

Y se cambió en ^rarcajada 
La esclamacion de sorpresa. 
Ahora, dije, soltando 

La barra dé la faena,' 
En vez de sembrar nosotros 
La verde mata de higuera 
En el tiesto caiquetia. 
Llenándole bien de tierra* 
Sembremos silvestres ramas 
De olorosa Yerba — buena. 



POESÍAS FILOSÓFICAS. 



127 



II. 

US RAMAS DE YERBA-BUENA. 

En el patio de mi casa 
Un ancho tiesto verdea 
^fás húmedo y oloroso 
Que los nardos }• azucenas. 
Como es tiempo de sequía 
Mis tres locas pequeñuelas 
Se levantan con el alba 

V dando gritos lo riegan ; 
Pero el ángel de las flores 
Convierte sobre la }erba 
Al caer el agua pura 

En un diluvio de perlas : 

Y en el patio de mi casa 

Se arma entonces una gresca 
Con los infantiles gritos 
De mis locas pequeñuelas : 
Una especie de arrebato 
Por cojerlas, por cojerlas. 
Alcanzando solo en suma 
Destrozar lo que verdea 
Muí húmedo y oloroso : 
Las ramas de Yerba — buena. 

III. 

TRISTEZAS. 
En el patio de mi ca.sa 
Oyendo tocar la queda 
Un dos de Noviembre triste ' 
Mi pobre familia reza. 
Como doblan las campanas 
Con una voz plañidera; 
Como la brisa marina 
En vez de pasar riltiieña 
Va sacudiendo en la sombra 
Losarbolillosque encuentra ; 
Como al hundirse la tarde 
Se ciñó de gasas negras 
Contrastando con la tumbri 
Del sol mui amarillenta: 
Parece que á la redonda 
En la llanura y Ij sierra, 
O hai fantasmas invisibles, 
O pobres almas que penan; 
Y en el patio de mi casa 
A tal hora triste reina 
Un silencio parecido 
Al que vaga en una iglesia 
Üin culto, altar, ni perfumes 
Bajo el terror fie la guerra ; 



Buscaba yo una palabra 
Que en tal momento pudiera 
Disipar de la familia 
Las pavorosas ideas. 
Cuando á su madre arrimándose 
Pálida Inés, «.lijo trémula : 
— "Madre, ¿por qué con nosotros 
Xo está rezando mi abuela? 
La madre exhaló un gemido 
De una angustia tan inmensa, 
Que hasta Incs, la simplecilla. 
Lloró, }• lloraron con ella, 
^ De hinojos sus dos hermanas. 
Pidiendo á Dios por la abuela 
Lejos de la dulce patria 
lili tris/e destierro unierta. 

IX. 

LA TUMBA. 

Desde el patio de ¡ni casa 
Masta una tumba modesta 
Con algo cargan mis hijas 
En pafíizuclos de seda 
¡ líien haya el santo propósito 
De la niás ¡lura inoci^ncia ! 
Que eso cjuc ocultan de tarde 

Y mis pobres hijas llevan. 
Camino del, campo-santo. 
Sobre una turnea modesta, 
Son las verdes y olorosas 
Ramitas de Yerba-buen.a. 
Así en silencio trabajan 
Las laboriosas abejas, 

Y asi mis hijas la tumba 
lian puesto de tal manera, 
Que las palomas se iiasan 
Allí cantando la siesta. 

.Cuando las gentes piadosas 
Divisan como verdea 
La tumba de las palomas 
P.orque así la llaman ellas, 
Diccri : "bendita la anciana 
"Que tuvo unas tales nieta.s, 
"V más benditas las niñas 
"Que tiivicnm tal abuela," 

¿ Lo veis, liijas? Tan hermosa 
Es la piedad, que la vuestra 
Os cubre de bendiciones, • 
Aunque lleve por ofrenda <|Bp 
.Sobre una sencilla tumba' 
Ramitas de yri-ba-bnena, 



128 



POESÍAS FILOSÓFICAS. 



HIMNO EPITAUMÍCO. 

Escrito para Ignacio Palza. 



NO en esa estancia penetréis divina ; 

Sobre el ara de aromas 
Pálida de pasión lle\'ó F2ricina 

Sus risueñas palomas. , 

Atrás ! ¿ No veis que hasta el dorado plinto 
Cae. el flotante \'elo? 

La diosa ha descendido á esc recinto 
En un ra\'o del ciclo. 

Velad tanto esplendor, oculte Apolo 
La luz de sus mañanas ; 

Que ala estancia nupcial penetren solo 
Las flores por ^ralanas. 

La Madre del Amor desciñe estrecho 
El ceñidor de oro, 



Roja la boca y palpitante el pecho 
Del oculto tesoro. 

Suelte temblando, al seductor desvío, 
La crencha perfumada.... 

; Cuan divina estarás, rosa de Chío 
Así medio velada ! 

Fortunado amador, la diosa esbelta 
Ya besa al dulce niño ; 

Mirad como el rapaz sonriendo suelta 
.Su túnica de armiño. 

Silencio ! Ni un suspiro en el imperio 
De los castos amores. 

No temáis que una flor rompa el misterio, 
Que mudas son las flores. 



MANDANDO DE REGALO UN DIJE DE CORAL 



NO es celuloide, es coral 
Que el buzo atrevido j^esca 
Como el ámbar en el Báltico, 
Como en Cubariua las perlas. 

En un tiempo la ignorancia. 
Afirmó más de setenta 
Mil disparates do ;í folio. 
Del coral hablando á cic^'as. 

Entre lo mucho que dijo 
Del coral, dijo c|ue era 
Un vegetal rubicundo 
De las marinas arenas. 

Le dio poder sobre el liombi-c 
I'Ln simpatías secretas, 
Afirmando á grito herido 
Que el coral era una piedra. 

¡ Cuántos misterios tenia 
Esa italiana riqueza 
Y propiedades ocultas 
Para consolar las penas! 

Todas cosas imposibles 
Por torpes y milagreras, 
Por invenciones del vulgo. 
Por ignorantes }• necias. 

Hoi el coral, según dice 

Mui atufada la ciencia. 

Es de un mundo de animálculos 

Las concreciones inmensas. 



¡ Eh ! mi amigo sin nifis 
Sea el coral jo que sea. 



ch; 



Salvando mi voto al cabo 
Tras mi ignorancia poética; 

Le remito de corales 
Ese dije, como muestra 
De quien agradece mucho 
Su muclia benevolencia. 

Guardado estaba por rojo 
En una oculta gabeta 
Desde que entró por mí casa 
La musa de toca.s negras. 

Y rejistrando rincones 
Ayer tarde di con ella. 
Honre pues esa nonada 
Es decir, mi amigo, acéptela. 

Pero le advierto de plano 
Que el tal dije es una prenda 
Más frájil que el alfeñique, 
Ó enamorada doncella. 

Si con su buena memoria 
Del gran Cervantes recuerda. , 
Aquel nene apellidado 
El licenciado \-idriera ; 

Ello del dije sciisili/f 

Le dará cabal idea, 

Pero aun es más. por desgracia, 

Quebradiza esa cadena. 

Con todo, como memoria, 
T^or frájil que el dije sea. 
Consérvelo hasta que torne 

A su inolvidable tierra, 



poesías filosóficas, 



129 



A LA SEÑORA ANA TELIO DE GUTIÉRREZ COLL. 

En su dia, ausente su esposo. 



SI el magnetismo es vcrd;ul. 
Un alma en el Norte ahora 
Está diciendo, señora : 
'■\'oi á salvar el abismo 
De la oscura inmensidad 
En alas del magnetismo." 

De vuestro hogar el recinto 
Adornad, pues, presurosa, 
Que amando tanto á su esposa, 
Corona de amor y palma, 
A verla vendrá Jacinto 
En espíritu y en alma. 

Dicen que todo lo allana 
La ciencia. Creo mejor 
Oue más allana el amor 



Cuando da fe la memoria 
De haber llamado al bien, A>//r, 
Y h;illar en .I/m la gloria. 

Flores, esencias, perfumes 

Vuestro hogar tenga este dia 

Como cielo de alegría ; 

Para mí siempre es galana 

La virtud. Qué! ¿No presumes 

Que hoi mi amigo piensa en Ana' 

¡ He aquí, señora, mi ofrenda! 
Cuanto brille )' cuanto vive 
En mi ser, que á Dios concibe. 
Os ofrece en dulce calma 
. La amistad. — ¿No es buena prenda 
La sincera voz del alma? 



A LA MISMA SEÑORA. 



SEÑORA, el cielo es testigo i 

Que hoi, pen.sandn en vuestro anhelo, 
Pregunté mui triste al cielo: ' 
"¿Porqué no ha vuelto el amigo?" 

Y el cielo donde se junta 
Mi \oz cun vuestra plegaria, 
Dijo á una flor solitaria: 
"Responde tú á esa pregunta." 

La flor era una violeta 
Viviendo de la esperanza. 
¡ Cuánta dulce semejanza 
Con la esposa del poeta ! 

' — "Cuando de la patria en nombre 
Cumple sagrados deberes 
Vuestro amigo, como quieres 
Que á su deber falte el hombre? 

Muí pronto el año su urdiembre 
Habrá tejido risueño 



Y á este jardin caraqueño 
Vendr;í el amigo en Diciembre. 

Así de perfumes llena 
La flor habló encantadora : 

Y yo os lo digo, señora, 
Como una noticia buena. 

En este dia en que pura 
A-tanto una flor se atreve, • 
La esposa alegrarse debe 
Con la esperanza futura. 

¡ Atrás cuidados prolijos ! 
Yo sé que Jacinto diera 
Hoi su vida toda entera 
Por bendecir á sus hijos. 

Y, pues, os concede ahora 
Vida el cielo tan serena. 
Recibid mi enhorabuena 
En vuestro natal, señora, 

26 de Julio de 1876. 



17 



130 



POESÍAS FILOSÓFICAS. 



TUS OJOS. 



Ojos claros, serenos, A 

y» Qiw así me miráis, mir-admij íil menos 

Gi/TiERHEK DE Cetina. 

PARA comparar tus ojos 
Llenos de melancolía, 
lie invocado, vida mia, 
La risueña inspiración, 
Yo vi el cielo de la tarde 
y me dije :-"así son ellos" .... 
Mentira ! tus ojos bellos 
Más bellos que el cielo son. 

UVano con mis cantares 
Luz de la gloria que anhelo, 
La voz de un manso arroyuelo 
Imité, nifta, por tí. 



Tú me escucliabasi. 



01), tri.ste 



Brillaron tus dulces ojos, 
Y yo, postrado de hinojos, 
Mtii pobre mi ofrenda vi. 



Tiemblo, niña, si lloiando 
En honda pena suspiras ; 
Si airada, niña, me miras, 
Tiemblo, cuitado, también ; 
De algún misterioso filtro, 
Niña, tus ojos van llenos. . . . 



Hermosa de ojos serenos, 

r Quién te ha dado el filtro, quién ? 

El amor? Mal ha}a el niño, 
Q\ic quiso de luego á luego 
Á\7frr loco y vivir cit-go 
Volando de flor en flor. 
Ha tiempo sontos contrarios, 
Pero, á pesar de su venda. 
Ai ! no e.s igual la contienda .... 
¡ Mal haya, niña, el amor ! 

Tus ojos no son azules 
Como las aguas marinas. 
Ni pardos cual las neblinas 
De la noche tropical. 
No son negros ; pero brillan 
Tus ojos, maracaibera, 
Más que el sol de primavera 
En un globo de cristal. 

Cuando me sirven de espejos 
Tus apacibles pupilas, ' 
Esas miradas tranquilas 
No puedo en tí comprender; 
Ellas conmueven, profundas. 
Del alma el libre albedrío. . . . 
¿ Serán de un ángel, bien mió ? 
Ojalá ! . . . . son de muger. 



EN LA TUMBA DE Mí Hí JO MANUEL 



ÁNGEL lo quiso Dios y alzó su vuelo ; 
No preguntéis por el dolor del hombre 
Cuando hai dolores que no tienen nombre, 
Por más que un ángel se remonte al cielo. 



LA RAMILLETERA. 



RAMILLETERA de estos alco-es, 
Siempre vendiendo llenos de cintas. 
De cintas verdes ramos de flores ; 

Si ya vendiendo 
Te siguen siempre los ruiseñores, 
No es por las flores de gayas pintas, 
Sí por el seno do van las cintas. 

Del huertecito de los manzanos- 
Dicen que quieres, ramilletera. 
Los olorosos lirios enanos, 

¿ Por qué los quieres 
Cuando no hai lirios como tus manos 



No por la fama, que es volandera. 
Sí por ser lindas, ramilletera? . 

Tienen tal magia tus ojos pardos 
Que al Dios con venda sobre los ojos, 
Entre verbenas, mirtos y nardos 

Guardó su venda, 
Rompió la aljaba, rompió los dardos, 
Queriendo solo que en sus enojos 
Sirvan los dardos que hai en tus ojos. 

Como andas siempre por los resales, 
Y esas tus trenzas son hebras de oro, 



POESÍAS FILOSÓFICAS. 



131 



Dicen no hai otras trenzas iguales, 

Porque en tus trenzas, 
A los suspiros primaverales. 
Van ocultando como un tesoro 
Las mariposas su polvo de oro. 



Según repiten las zagalejas 

Por las encinas de boca en boca, 

Mientras dormías so las añejas 

Altas encinas, 
Posó en tus labios tropel de abejas, 
Y al despertarte la turba loca 
Panal de Hibla llamó tu boca. 



¿Qué más? El dia que en las junqueras 
Cojiendo flores, quedó tu talle 
Preso entre juncos y enredaderas 

Llenas de flores. 
Se dijo á gritos en las praderas, 
Que entre los juncos del hondo valle 
No hai junco verde como tu talle. 

No, pues, te engrías, dulce paloma, 
\endiendo incauta tus ramilletes. 
Es que no hai flores de tanto aroma. 

Como la incauta, 
Que baja al valle, sube á la loma, 
Dejando toquen sus brazaletes, 
Mientras le compran sus ramilletes. 



CON MOTIVO D£ LA íNAÜCxURACÍOH 

Del Templo Masónico. 



T K I U N y A la razón )• vuela . . . . 

Y del pueblo para ejem])Io 
Alza, edifica este temphi 
Honra y prez de Venezuela. 

Y en espíritu y verdad 
Adora en él reverente, 

La \oz de la zarza ardiente. 
Al Dios de la inmensidatl. 

y\qui el hombre en grave calma 
Puede a la suprema esencia 
Culto dar en su conciencia. 
Que es templo también del alma. 



Y en los errores humanos 
.Salvando el linde jirofund'j, 



Decir alto puede al mundo: 
¡ Todos somos aquí hermanos ! 

,\si esparciéndose van 
Las luces del sol serenas ; 
\'.¡ semillas tan buenas 
.'-•ienihiM en los pueblos (iuzman. 

Y no importa al patriotismo 

De la ignorancia el reproche : 

La ignorancia ! Es sombra! Es noche ! 

Que se ]>ierde en el abismo. . . . 

Como de' (juzman el nombre 
Nuestra gloria significa. 
Este templo tal explica 
La independencia del hombre. 

Abril 29 de 1876. 



LA FLOR DEL SUSPIRO. 

En m álbum, 



EN los. pensile^^ del ciclo 
Columpia el viento una flur, 
Que llaman aquí en el suelo, 
Tal vez por dicha )• consuelo, 
Primer suspiro de amor. 

l'Mor extrailay delicada 
De pureza sin igual. 
Siempre se mira bañada 
Por el llanto de una fada, 
Por la brisa matinal. 



Siempre al nacer de la aurora 
En praderas de jazmín 
Risueña su cá iz dora ; 
Después la cubre, señora, 
El ala de un serafín. 

Así la flor peregrina 
Brilla en el místico Edén, 
Hasta ciue adorna divina 
De pura y mortal ondina, 
La tersa nevada sien. 



132 



poesías filosóficas. 



II 

En una estancia radiosa 
Se escucha un ¡ ai ! funeral, 
Porque una virgen graciosa 
Prendió en su frente de rosa 
La flor bendita y fatal. 

Ai ! ¡ pobre virgen terrena 
Que por curiosa y mujer, 
O por aliviar su pena 
Con una flor se enagena 
En fantástico placer ! 

Su destino acá en el suelo 
Será por cierto sufrir 
Desencanto y desconsuelo. . . . 
"Que á darnos no alcanza el cielo 
Más placer que el de morir." 

Y con la voz suplicante 
Del continuo padecer, 
Demandará ¡ Pobre amante ! 
A su estrella agonizante 
Sus creencias de mujer. 



Y triste y desfalleciente 
A impulso de un cruel dolor 
Que dentro del pecho siente, 
Suspiro lanzará ardiente, 
"Primer suspiro de amor." 



iir 

El cielo guarde, señora, 
Tu prístina sencillez, 
Tu sencillez que atesora 
Esa virtud seductora, 
Herencia de la niñez. 

El ángel de la inocencia, 
Embriague tu corazón 
Con la celestial esencia. 
Que conserva tu existencia 
En su virgen ilusión. 

Oh ! guarda siempre, señora. 
Tu sencillez virginal. 
Tu sencillez que atesora 
Esa virtud seductora 
De un cjuerubin celestial. 



METAMORFOSIS. 

En el nacimiento de Alice. 



ENTRE nardos y lirios de manchas rojas 
Triscaba como un niño rubia pastora. 

íbasc ufana. 
Cual reflejo de púrpura que anuncia el alba. 

Como las luces célicas de gayas fimbrias 
Bajo de nubes negras palidecían : 

Como los mares 
El sol ya estaba oculto y era de tarde ; 

La rubia pastorcilla, con el silencio. 
Se quedó pensativa mirando al cielo : 

Y era que nunca 
Visto habia en el prado salir la luna. 

Aquella luz espléndida gustóle tanto 
Alumbrando palmeres, fuentes y prados, 

i Que el pié detiene 
Para mejor mirarla cabe una fuente. 

Sobre las claras ondas la luna estaba 
En faz de misteriosa, visión fantástica : 

Allí se via 
Muí tembladora y triste, mui amarilla. 

No bien sobre la linfa se inclina leda, 
Y más y más se admira la zagaleja. 
Cuando una rosa 
Cayendo, de la luna la visión borra. 



Y fué que con sus alas el blando céfiro 
Que por allí pasaba ruidos mintiendo, 

Besó la reina, 
Que cayó sobre el agua de dicha trémula. 

— "Acórreme pastora, que ves la fuente. 
Si mi seno se moja mi dicha muere : 

Sálvame, sálvame, 
No por hermosa y reina, porque sol madre." 

Así, en medio á las aguas la (lor murmura 
Poniéndose tan pálida como la luna — 

¿Quién no comprende 
El dolor de una madre que amando muere 'i 

Mientras tanto la sombra nocturna vaga 
Como impalpable toca de algún fantasma; 

Y fué una nube 
Que apagó de los cielos todas las luces. 

Por eso la pastora llena de susto 

A la cuitada rosa busca en lo oscuro : 

Hallóla al cabo 
Con el último aliento sobrenadando. 

Como paloma casta guarece y cubre, 
Extendiendo sus alas, la prole implumc , 

Así reanima 
A la rosa en su seno la pastorcilla. 



POESÍAS FILOSÓFICAS. 



loo 



I Misterio de las flores raro y oculto ' 

Que no comprende el hombre lleno de orgullo! 

La rosa náufraga 
Guardaba allí en sus hojas una crisálida. 

Oid, que es el prodigio de los misterios: 
j El milagro magnifico del sentimiento ! 

Si, puede tanto 
En los pechos sensibles, que hace milagros. 

Por eso al ver la angustia de aquella reina, 
• Su agonía profunda, la doble pena 

De esposa y madre 
Que tumba con su muerte para dos abre ; 

Al contemplar el duelo de la pastora. 
Que en su púdico seno pone la rosa, 

Y la auxilia, 
Y con la voz de su alma vuelve á la vitia ; 



El cielo se sonríe, brilla la luna : 

Y tos genios permiten se haga fecunda. 



Para su. gloria, 
La espirante crisálida que está en la rosa. 

¡ Magnífico milagro del sentimiento ! 

Por no visto fantástico de amor espléndido ; 

¡ l'ué maravilla ! 
De la rosa al instante saltó una niña. 

Miradla, ¡es un prodijio! como las hadas, 
Sobre nardos y lirios la niña danza ; 

Revolotea 
Como las mariposas en primavera. 

De sus urnas de perlas salen las silfides 
Para ver las cadencias que forma Alice ; 

Sí, que ella misma 
Es la frágil crisálida cambiada en niña. 

Mariposa encantada de mil colores, 

Mis ojos no se engañan, bien te conocen ; 

Si otros te aplauden, 
Yo, que sé de do vienes, bendigo á un ángel. 

" Abril lí de 1861. 



A LA SEÑORITA BARBARA FERNANDEZ. 

Que tuvo la amabilidad d'i dedicarme unos versos. 



SINTIENDO el amargo duelo 
De un misterioso dolor. 
Pobre avecilla del cielo. 
Volé buscando el consueln 
Desuna sonrisa de aninr. 

Dejé mi mansa laguna 
Donde cuitado veía 
El resplandor de la luna. 
Más triste que la fortuna 
Que me persigue sombría. 

Echando al mar mi barquiUa 
Dije en mi amargo c[uebranto. 
Yo buscaré una avecilla 
Lejos de mi patria orill.i 
Que cante como \o canlu. 

Vino la noche, el marino 
Pálido, triste y sin voz 
Naufragaba en su camino. 
Y confiaba su destino 
A la mirada de Dios. 

Diosle salvo ; la tormenta 
De su seno, turbulenta. 
Le arrojó sobre esta pla>a. 



Donde una ninía se óslenla 
Con las canciones (|ue ensaya. 
Cuando su voz escuchaba 
Alegre, pura y sencill.i. 
Mi corazón palpitaba 
Y al cielo !e preguntaba 
; .Ai, si será mi avecilla? 

\'o no lo sé, ni tampoco 
Lo sabes tú, poetisa, 
<i)uc á orillas del Orinoco 
; Vive el cielo ! que es un loco 
Quien lo oculto pi'oíetiza. 

Yo no lo sé, solo alcanza 
Pobre el corazón inerte. 
Que hay guardada una esperanza, 
l'ara el que triste se lanza 
Buscando m;is didce suerte, 

(iracias, amable cantora. 
Por tu agradable cantiga, 
.Si no eres mi o^v coiorn , 
Te puedo dar en buen hora 
El dulce nombre de amiga. 

I Riberas del üi'inoco, Seticnibrc 35 de 54. 



134 



POESÍAS FILOSÓFICAS. 



A LA SEÑORITA E 



CUANDO mi pecho te adora. 
Verte inclinada en el suelo! 
¡ Tú de rodillas, señora ! 
¡ Tú que mereces un cielo 
Con su luna y con su aurora ! 

Tú llorando .... no .... mi lira 
Llorado también hubiera, 
Y hoy dulcemente suspira. . . . 
Que en niña tan hechicera 
Decir que llora, es mentira. 

Nunca tan bella y divina 
Llena de pompa lloró 
La pura flor campesina, 
Nunca, niña, se inclinó, 
Por un- ave peregrina. 

La que tiene mil cantores, 
¿ Cómo volverse á mirar 
A un ave con sus dolores. 



Que no es digna de cantar 
A la reina de las flores? 

¿ Acaso por complacencia 
Quieres con dulce ilusión 
Embellecer mi existencia? 
¿Acaso por compasión 
Te pesa, niña, mi ausencia? 

Tú de rodillas llorando, 
Mentira, no puede ser. 
Que ó estoy, señora, soñando 
O no alcanzo á comprender 
Porqué te inclinas rogando. 

Tú debes mandar, señora, 
Por apuesta y por divina; 
Manda al mortal que te adora, 
Como el ave campesina , 
Ama la luz de la aurora. 



LOS CUADROS DEL SEÑOR .KELLER 

Soenos y lágriraas. 



CUANTO la vida en sus ensueños dora. 
Quimeras, ilusiones, alegría; 
Cuanto forja la rica fantasía 
Con la espléndida luz que le devora ; 

La antigua Grecia con su bella P'lora, 
El rubio oriente al despuntar el dia, 
Y el manto de zafiro y pedrería 
En los azules cielos de la aurora ; 



Todo se anima con el arte tanto, 
Alli en la escena, que parece cuento 
El misterioso y fugitivo encanto .... 
Mas habla el corazón, y el sentimiento, 
Pulsación de la vida, inspira al hombre. . . . 
¿Qué pasa? ¿qué sucede.' — Es una historia 

Que guarda la memoria 
Pavorosa, terrífica, sin nombi"e . . . . 
¡ Allí aparece un Dios crucificado ! 
Alli también está cuanto he llorado '. 



PARA EL ÁLBUM 

DE lA SEÑORITA ELENA HAHM. 
A petición de mi araigo y cofrade el Señor Manuel María Berraúdex. 



AL mar ! Me vuelvo á las olas !^ 
Ya te dejo tierra in . . . .diana ; 
Partiré con mi tartana 
Cubierta de banderolas. 

Pensemos! La cosa es grave ! 
Se va Elena para Europa.... 
Mientras yo ! . . . . Lista mi tropa ! 
; En rumbo ! : Y caza esa nave ! 



.Sí, ¡ vive Dios ! es preciso 
Que alguno á seguir se atreva 
A ese vapor que se lleva 
Las flores del paraíso. . (■'■') 

Castiga ¡ oh mar ! Los que aleves 
Surcan tu abismo de plata .... 
Ese vapor es pirata, 
Y tú tragártelo debes. 



Y 



[*] Nombre do 
hmiiliii Hahm. 



una deliciosa esLancia de la 



POESÍAS FILOSÓFICAS, 



135 



Mas, no ! perdón ! Tu onda amarga 

I.ucir sus grímpolas vea. 

Por más pirata que él sea 

lJe\a una carga. . . .¡ qué carga ! • 



Para cuidar sin reserva 
Ese tesoro de amor. 
Con el pirata vapor 
Á'tivi\¡^arí' de conserva. 

¡ Leva, pues, tartana rn¡.t! 
Adiós, amigos, adiós I 
Me voi del tesoro en pos 
Cruzando la mar bra\"ía. 

ir. 

¡ Vano alarde, dulce niña. 
Ante la \ erdad traidora ! 
Tú te vas y por ti llora 
La palma de esta cam[)ifla. 



Tú te vas y por tí dejan 
Triste rumor en el aire, 
Los airecillos del Guairo 
One suspiran )• se quejan. 

Tú te vas y por tí pierde 
Su fimbria de oro el celaje, 
Sus sonrisas el paisaje 
Y el monte su manto verde. 

Tú te vas y en mis querellas, 
Sin conocerte, te lloro ; 
Ya se vé yo siempre adoro 
La luz. el sol, las esti'ellas. 



Que jamás, nifia, te abrumen 
Estas lágrimas ; — son gaje 
De un voto por tu buen viaje 
Que al ciclo levanta el numen. 



de Julio de 1S77. 



A Mí DíSTíNGUmO AMIGO 

Jacinto Gutiérrez CoII, en el dia de su esposa. 



DE los perfumes que tengo 
Muy ocultos en el alma, 
Porque no á todos los hombres 
Estos perfumes agradan. 

Ofrezco á tu dulce esposa, 
Con mis sinceras palabras, 
Una roja florecilla 
Llena de aquella fragancia. 



Yo sé que en tu hogar tranquilo 
El sol espléndido de i-ina. 
Alumbra tu pensamiento 
Con la fe de la esperanza. 

Pero mi flor aunque pobre 
No avergonzará tu estancia, 
Que no hay flor del sentimiento 
.Sin el esplendor de santa. 

1874. 



EN EL ÁLBUM 

De la señora Esther P. Snárez, 



EN el nombre de una amiga 
Solo me atrevo, señora, 
A preludiar mi cantiga, 
Hoy que el pesar me devora, 
Hoy que el dolor me fatiga. 

Hoy que en horrible toimciiln 
El cuitado corazón 
Consume en afán violento 
La sublime inspiración. 
La savia del sentimiento. 

May en la vida, señora, 
Tan tristísimos momentos. 
Que el hombre cual niño llora, 
Y vierte en tristes acentos 
El pesar que le devora. 



Y si en amargura tanta 
El hombre cantar pretende. 
Con su misma voz se espanta, 
Porque su voz no se entiende 
Comprimida en su garganta. 

Allá cuando Dios quería, 
Rajo un .sueña encantador 
Yo gozaba y sonreía .... 
l'"ueron los tiempos de amor 
De mi juventud sombría. 

Hoy el destino ha cambiado 
Y en vez de la luz serena 
De aquel ensueño encantado, 
El destino me encadena 
A\'ivir desesperado. 



13f 



oD 



POESÍAS FILOSÓFICAS, 



Cuando líi tormenta oscura 
]-5ramadel mar en la orilla. 
Calla el av"e en la espesura, 
La flor del jardín no brilla 



Ni el 



Dnto aleare murmura. 



Señora, vos sois sensible 
Y comprendéis mi dolor ; 
No me pidáis lo imposible 
Cantar sin dicha ni amor 
Es un tormento insufrible. 



Allá cuando Dios quería 
Bajo un sueño encantador, 
Es verdad que sonreía ; 
Ese tiempo fué de amor ■ 
Ue esperanza y poesía. 

Hoy el destino, ha canibiado 

Y en vez de la luz serena 

De aquel ensueño encantado, 
El destino me encadena 

Y muerp desesperado. 



A LA NIÑA. 

Juguete. 



NIÑA hermosa 
La trigueña 
Caraqueña 
Linda flor, 
¿Quién pudiera 
Suplicante 
Ser tu amante 
Pescador? 



Ven á bordo, 
Dulce niña, 
La campiña 
De azahar 
Nada vale, 
¡ Vive el cielo ! 
Junto al velo 
De la mar. 



Por tus aves 
De colores, , 
Por las flores 
Del pensil, 
Olas tengo. 
Leves tules. 
Más, azules 
Que el añil. 

Cuando arrastre 
La corriente 
La simiente 
Del maizal, 
Verás cómo 
Se alborota 
La paviota 
Tropical. 

Tengo brisas 
Jemidoras, 
Tengo auroras 
Sin igual : 
Y batiendo 
Las espum;!--;. 
Tengo pl lunas 
De coral. 



Corre, niña, 
Mi tartana 
Luce ufana 
Su pendón.' 
Ven á bordo. 
Caraqueña, 
Que es risueña 
La estación. 

Tú no has visto 
Los dorados. 
Argentados 
Con el sol ; 
Ni un pesquero 
Purpurino, 
Ni el marino 
Caracol. 

De mi lago 
Por la siesta 
Con tu cesta 
De abedul. 
Buscaremos 
En el agua 
La piragua 
Del Gandul. 

Comprarásle 
Sus juguetes 

Y copetes 
De paují. 
Rudo adorno. 
Pobre gaje, 
Que el salvaje 
Vende aquí. 

Si otras tierras, 
Niña, estimas 
Otros -climas 
'i"ú verás, 

Y el mugiento 
Mar de Europa 
Viento en popa 
Cru?arás. 



POESÍAS FILOSÓFICAS. 



137 



Que camino 
Nunca pierde 
Por la verde 
Soledad, 
Mi tartana 
Más velera, 
Que la fiera 
Tempestad. 



Hasta el polo 
Subiremos : 
Bien podemos 
Ir los dos, 
Deja, deja 
Tu campiña 
Vente, niña, 
Dile adiós. 

Maracaibo, Junio de 1852' 



EL AVE Y LA FLOR. 



SOBRE la espuma marina 
íbase hermosa y serena 
La amapola campesina, 
A tiempo que peregrina. 
Una avecilla morena 

Contra el viento 
Que soplaba, 
Temerosa atravesaba 
El encrespado elemento. 

Nunca vieron las espumas. 
Viajera de más donaire ; 
Ni el aire miró en sus brumas, 
Un ave de aquellas plumas 
V-olando asi por el aire- 
Los viajeros 
Se miraron, 
Y á platicar empezaron 
Como amigos compañeros. 

FLOR-¿Por qué vas sola, avecilla? 

A\'K — Porque he perdido mi amor 
A manos de un cazador 
Allá en mi natal orilla. 



—Y sigues? 

— Mi triste suerte. 
— Sin esperanza? 

— Ninguna. 
—Avecilla sin fortuna, 
Tú vas buscando la muerte. 



-Es verdad ! 



-Bien lo sabia! 



-Tú? 



-Si 



• — Cómo? 

— Por el viento, 
Que me contó en hondo ^icento 
Tu amarga melancolía. 



— ¡Ai ! P'ué el adiós que en mi duelo 
Al bosque le di cantando. 
—¡Infeliz....! 



Muclio ! 

— Llorando 

Me tienes, ave del cielo. 

— Eso es piedad? 

— Puede ser.,..! 
— Te compadeces de mí ? 
— Siempre compasión sentí ; 
Siempre llora una mujer. 

—Ai ! flor, si tu llanto fuera .... 
Mas .... me olvido . . . . ! Adiós, amiga I 
— Te vas? 

— Me cansa y fatiga 
El viento de la ribera. 

— Tente, avecilla cuitada! 
— Qué quieres? . 

— Darte, amorosa, 
Mi seno de nieve y rosa, 
Mi corola perfumada. 

—Oh dicha! 

— Mira que avanza 
El sol, y la sombra viene. 
— La noche sombras no tiene 
Con la luz de la esperanza. 

— \'cn, pues, reposa. 

— Oh, suprema 
Bondad. . . .! 

— I Te aplace mi abrigo ? 
— Todo me aplace contigo. . . . 
Rema, florecilla, rema. 

Al instante la amapola, 
Pálida como la espuma 
Que levanta ola tras ola, 
Estremece su corola 

Y el fresco ambiente perfuma. 

Después. . . . sus hojas de fuego 
Abrió temblando la flor, 

Y el ave posóse luego. . . . 

— "Mucho puede un blando ruego, 
Si el blando ruego es de amor." 

18 



138 



POESÍAS FILOSÓFICAS. 



BRINDIS ÍMPROVÍSADO, 

En el matriraonío del señor José María Baquero. 



TIENE tal poder Ciipido-Y están terco f 
y pertinaz — Que hace volar de su nido — A una | 
paloma torcaz — Pero no! Ea musa mia — Que 
en serio las cosas toma — Canta que José María 
■ — Hurtado se ha la paloma. 

No es buena gracia á mi juicio, 
Ser baquero, sí sefior, 

Y luego cambiar de oficio 

Y meterse á cazador. 

Si á remediar esta traza, 
Ningim remedio presumes, 
Baquero, ten la torcaza 
Como un dije entre perfunics. 

Como el cuento que recita 
Ea nifiez según es le)'. 
Mantenía mui sentadita 
Eabrando paños del rey, 



Nada de aquel yo lo pido, 
Yo lo mando, yo lo quiero : 
Haz que no piense en su nido 
La torcaza de Raquero. 

Hai un remedio encantado 
Para ser feliz al vuelo, 
Nada de celos. Hurtado, 
Amelia, ni un solo celo. 

Con este remedio solo 
El uno del otro en pos, 
Irse podrán hasta el polo 
Y al fin volar hasta Dios. 

Ea ! el amor aconseja 
Brindar con cerveza ó vino. 
Por la dichosa pareja 
Que hoi empieza su camino. 



A LA NíMA DE J. D£ J. V. 



¡QUIÉN tuviera el dulce acento 
Del mirlo y del r\iisenor, 
Quién la quejumbre del siento, 
O la querella de amor 
Delave del siiírimiento. 

¡Quién, al tranquilo embeleso 
De la tarde silenciosa, 
Pudiera dar con exceso 
I 'na cantiga amorosa 
Por tu castísimo beso. 



Ai! 



niña bella, 



,.,...; ni aun asi. 
Con mi carillo podría. 
Ni con mi dulce querella,. 
Cambiar tu estrella sombría 
En pura }• luciente estrella, 

Linda violeta nacida 
Para lucir en el ciclo. 
Lloras y esperas, mi vida. 
De un padre ausente el consuelo 
Y el beso de ¿/íV/ venid a. 

Lloras }' espci"as la auroi-a 
De tu esperanza risueña : 
Que la niñez atesora 
Una esperanza, si sueña, 
[Jn lindo sueño, si llora. 

No llores así, bien mío, 
Calma til llanto inocente; 



Porque suele el hado impío 
Con el que más llora }■ siente 
Ensayar su poderío. 

Deja que calme la tormenta ruda 
Ouc triste amaga nuestra débil frente. 
Deja que el pecho conmovido aliente 
Una esperanza, un porvenir mejor. 
Sin ese llanto que tu faz empaña 
Déjame, niña contemplarte bella. 
Como la suave )' matutina estrella, 
Cual del jacinto la grillante flor. * 

Deja que al brillo de la blanca luna, 

Y al soplo de la brisa perfumada 
Te mire, cielo mió, como' el hada 
De mi mansa laguna de zafir ; 

Como los sueños de mi triste infancia, 
Como el arcángel del Edén ]Derdido, 
Cual la paloma en el oculto nido 
Deja amorosa su canción oir. 

y\sí las brisas de la tarde opaca 
l'"austas soplando en la natal orilla 
Impelan suavemente tu barquilla 
Por el revuelto y tempestuoso mar. 
Así te mire compasivo el cielo, 

Y alegre la fortuna te sonría, 

Y te cante el poeta, vida mía, 

Y calme tu congoja )• tu pesar. 

MruMcaibo, Agosto 20 de ^849, 



POESÍAS FILOSÓFICAS, 



139 



EN UN ÁLBUM. 

A Petronila. 



,\ mí Uuiibicn, cantora peregrina, 
De la uriciital}' bella Cununiii, 
Su misteriosa inspiración divina 
El genio de la lu/. me prestará. 

Y yo del arpa buscaré sonora 
Las dulces armonías del amor; 

Y por cantarte, ahogaré, sei"lora. 

El llanto que me arranca nii dolor. 

< >h ! nunca, nunca el dolorido acento 
Del marino sin paz ni porvenir, 
Turbará despiaclado tu contento. . . . 
Callando moriré : )o se sufrir. 

Nunca, señora, mi dolor profundo 
Implorará tu dulce compasión, 
Morirá mi suspiro gemebundo 
En las alas del triste corazón. 

Si, morirá, que cuando crudo \- fiero 
Acá en mi pecho comprendí el pesar, 
En su dolor el ])obre marinero 
Señora ; lo diré ? juró callar. 

Poetisa venturosa 
La de los labios de rosa 
De la oriental Cumaná, 
I'ara tí dulces cantares, 
A orillas del Manzanares 
El arpa me inspirará. 

Un tiempo allá en la ribcia 
De mi laguna hechicera, 
Soñé con dulce ilusión, 
Que un cjuerubin de los cielos 
Endulzaba los desvelos 
De mi ardiente ccn-az.on. 

De entonces la patria orilla 
Dejo mi frájil barquilla 
l'or los peligros"*del mar : 
De entonces busco risueño 
El querubín de mi sueño 
(Uic me vencía á consolar. 



Sabe 



divina canttira. 



Donde misterio.so moia 
lísc querub del placer? 
¿l\o lo has visto, vir^oi jiuia, 
ICii una bella figura. 
En figura de mujer? 

'1 li no has \islti en la CLirrienlc 
De alguna límpida fuente 
i\Ii soñado queiubin? 
Si lo has \isto. poetisa, 
Bien lo dic"e la sonrisa 
De tus labios de carmín. 

Dime, ¿ su Cíindidü cuello 
No es, poetisa, muí bello? 
Su mirar fascinador 
Como la dicha ilusoria, 
c No pronostica la gloria 
Y los delirios de amor? 

Tú lo sabes, poetisa, 
Bien lo dice la sonrisa 
J)e tus labios de coral ; 
Til le vistes inocente 
(.Liando inclinaste la frente 
lüi el lurqjido cristal. 

Oh ! si vuelves algún tlia 
A verle por dicha mia. 
Cantora, le has de decii- 
Que su semblante divino 
Consuela al triste marino 
En su ;ingustioso sufrir. 

Poetisa venturosa, 

Que conoces amorosa 

^^ soñado t|uerubin, 
1 Dile, por Dios, poetisa, 

Que.es mui- bella su sonrisa 
I Y su boca de carmín. 

y Bahiade Cunian.i á 26 de Noviembre de 1847. 



£L Limo NOCTURNO Y LA PALMA. 



I. 

MKIO-EN esta blanda ribera. 

Que el césped mullido alíonibia, 
Ver, palma, la luz quisiera, 
Si me prestaras tu sombra. 

I'.\1,.M.\-Mi sombra ! Pues qué ¿tu broche 
, No se abre al puro arrebol ? 
— Palmera, nací en la noche, 
Y yo nunca he visto el sol. 



— ¿ Nc) lo has visto ? 

— \o, en verdad. 
y\\ \ ida i;s luto y martirio. 

Hijo de la oscuridatl, 
Quién eres, pues,? 

— Soy un lirio. 

Nací en la noche serena 
( )rillas de esta laguna : 
Mi madi'e fué una azucena. 
Mi padre un rayo de luna^ 



140 



POESÍAS FILOSÓFICAS. 



Cuando mis hojas brillaron 
A sus tristes resplandores, 
Genios y brisas besaron 
Mis estambres tembladores. 

Desde entonces la inocencia 
Huyó de mí ... . 

— Negra insidia. 
— Palma, agostaron mi esencia 
Por orgullo y por envidia ; 

Y antes que tifiera el vago 
Color del celaje diurno. 
Dijeron en todo el lago 
Que yo era el lirio nocturno. 

— ; Pobre flor, á quien abona 
Pesar tan triste y profundo . . . . ! 
Si el mundo, flor, te abandona ; 
Tras la injusticia del mundo, 

Yo sabré calmar tu anhelo : 

Oculta en la sombra mia. 

Verás el alba del cielo 

A la vislumbre del dia. 
t 

— Ai ! palma, por tal favor. 
Yo puedo en la noche oscura. . . . 
— Solo quiero, pobre flor. 
Ver el sol de tu ventura. 

II, 

Eran las horas divinas 

En que cantan los pastores 

Sus malogrados amores 

Y sus dichas campesinas. 

Brillaba el lago sonoro, 
A los primeros celajes, 
Como una randa de encajes 
Con hilos de plata y oro. 

Por ver la dicha que pierde. 
Llorando el mundano insulto. 
Un lirio reposa oculto 
Al pié de una palma verde. 

Y como se iba mostrando 
El cielo con tintas rojas. 
La palma erguía sus hojas 
Al pobre lirio llamando : 



— Flor modesta, flor sencilla. 
— Aquí estoy. 

— Vuélvete á oriente. 
Mira. 

— ¿ Esa luz refulgente 
Es el sol? 

— No, florecilla. 

Esa es la lumbre que alfombra 
Al Cielo, no hay quien la tema. 
— Palma, esa lumbre no quema? 
— Flor, te he ofrecido mi sombra. 



—Sí, mas advierte, palmera, . 
Que te columpia, indecisa, 
Con sus halagos la brisa, • 

Y tú te mueves doquiera. 

— Sigue mi sombra y guardarte 
Sabré ahora. 

— ^^Tengo miedo. 
Porque seguirte no puedo, 

Y hago en vano por buscarte. 

— Qué dices? Sigúeme en pos. 
— Imposible. . . .! 

— Ten confianza. 
^¡ Ai ! ¿ No ves que tu esperanza 
En mí la castiga Dios? 

¿ No ves que esa claridad 
Me quema. . . .y estoy perdida? 
^Y yo del viento mecida 
Tiemblo así .... ! 

—Piedad....! Piedad....! 

— Lirio . . . . ! 

■ — Sombra. . . . ! 

— Lo que pides 
No lo alcanzo .... I ¡ Cruel momento . . .! 
— La luz me abrasa. . . . ! 

— Oh tormento . . . . ! 
— Adiós. ...palma....! "No me olvides...!" 



■uego, 



III 

¡ No me olvides" . . . . ! Triste 
Que así levanta la flor 
Abrasada en vivo fuego, 
Como el hombre loco y ciego 
Muriendo incauto de amor. 

Bien lo comprendes, Elvira : 
La flor,, el viento y la palma, 
No son ficción, no mentira; 
Es nuestra historia que mira 
En' sus delirios el alma. 

Como el lirio campesino 
Buscaba en mi amante empeño. 
Una sombra en mi camino. 
Que endulzase mi destino, 
Que diera vida á mi sueño. 

Perdida, Elvira, la calma. 
Sin esperar un consuelo, 
Te vio el ángel de mi alma, 
Y me dijo : "en esta palma 
Hay sombra para tu duelo". 

Tu sabes, Elvira mia. 
Que mi estéril juventud 
La cambió tu simpatía ' 
En ardiente lozanía, 
En vigorosa virud. 

Mas i ai ! Apenas diviso 

Con tu amor la gloria ardiente, 

Luz de mi sueño indeciso. 

Que . . . . ¡ Así pasó y Dios lo quiso . 

La luz abrazó mi frente. 



POESÍAS FILOSÓFICAS. 



141 



Hoy, Elvira, si distante 
Los duelos ágenos mides. 
Escucha al céfiro amante, 
A quien pido suplicante 
Te murmure — "No me oh'ides' 



¿Qué quieres, mujer ! En vano 
Ansié seguirte. Tan fuerte 
Es el destino y tirano, 
Que ante su lúgubre arcano. 
Ai ! lo mejor es la muerte. 



£L SILFO. 



NACÍ en la noche al misterioso duelo 
De las blancas estrellas, mas ninguna 
Dejó de sonreír, cuando la luna 
En un rayo de luz me subió al cielo. 

Siempre invisible y desceñido el velo, 
Formado con las flores de mi cuna, 
Rondando estol la plácida laguna 
Y en las umbrías silencioso vuelo. 



Hijo del aire, desplegué de armiño, 
A su primer murmullo, entre la inerte 
Sombra, mis alas ; arranqué á la muerte 

Al borde la tumba á un pobre niño : 
Y el bien en el dolor es tan fecundo, 
Que hermano \- dulce madre hallé en el mundo. 



AL JOVEN POETA ABÍGAÍL LOZANO. 



YO he escuchado los flébiles cantares 
Que revelan tu ardiente inspiración ; 
Como el ruido lejano de los mares, 
Como el postrer suspiro del Alción. 

Y por cierto, poeta, que no alcan;:a 
La mente triste á comprender de ti, 
Por qué alejas del pecho la esperanza, 
Por qué tu labio se querella así ? 

Mi corazón á tu sensible canto 
Palpita opreso con letal dolor. 
Nubla mis ojos angustioso llanto 
Cuando tú lloras, infeliz cantor. 

Y sintiendo la cuita lastimera 
Que tortura tu pecho sin cesar, 
No comprendo tu historia verdadera. 
Ni adivino, poeta, en tu cantar ; 

Que hondo misterio tu desdicha vela, 
Cual nos encubre funeral crespón, 
Ese secreto que los huesos hiela 

Y á cuya vista tiembla el corazón. 

Que acaso viendo tu congoja estrema 
Pienso que el lauro de tu joven sien. 
Si es de tu nombre duradero emblema, 
Es del Eterno maldición también. ¡ 

Oh ! si la gloria conque sueña el hombre ! 
Acibara las dichas del vivir; | 

Si tanto cuesta conseguir un nombre, 
Vale más, oh cantor! en paz morir. 

Mas no, no puede ser, la gloria es bella, i 
Como es bello el vivir á la niñez, y 



V no tiene razón quien se querella 
Al brindarle la gloria timbre y prez. 

Pulsa la lira, poeta, 

Del dolor y del tormento, 

Y arroja tu canto- al viento 
Como su aroma la flor. 
Deja sentidos cantares 
Que acrecientan tu tristeza, 
Alza altivo la cabeza, 
Canta los sueños de amor. 

Ornada la sien de mirtos 

Y jazmines olorosos. 
Esos sueños deliciosos 
Debes, poeta, cantar; 

Que en la edad de los amores 
Dicen mui mal en tu frente. 
Una corona doliente 

Y del pecho el suspirar. 

Mas si tu numen altivo 
Aspira á más alta gloria. 
Tiene la patria una historia 
De mil timbres, copia fiel: 
L' na historia ¡ vive el cielo ! 
Que no cede á las extrañas, 
Ni en valientes, ni en hazañas. 
Ni en divisas de laurel. 



Como el cóndor de los Andes 
Ula'no en su noble intento, 
Canta, cruza, corta el viento 
Al mugir la tempestad ; 
Tal en alas de tu numen 
Alza guerreras canciones, 



142 



"'OESlAS FILOSÓFICAS, 



Al compás de acordes sones 
Y gritos de libertad. 

A tu acento, mil valientes 
De intachable nombradla, 
A la pura luz del dia, 
Verás gozosos salir. 
Verás entonces, poeta, 
Los que viven retirados, 
Adalides y soldados 
Dispuestos á combatir. 



Pulsa, pues, la noble lira 
A la luz del firmamento, 
Como brama el ronco viento 
En los peñascos del- mar. 
Deja sentidas querellas 
Para oscuros trovadores ; 
1 [ai divisas tricolores 
Que tú debes ensalzar. 

Bahía de Jíarcelona, Agosto ü de 1846. 



A Mí AMIGO JOSÉ A. PÉREZ BOMALDE. 

BESOS Y CLÁVELES. 
Recuerdos maracaiberos. 



IBA la noche sus huellas 
Dejando en lenta agonía, 

Y el cielo resplandecía 
Con sus divinas estrellas. 

Formaban grato concierto 
Como endechas y cantares, 
La brisa entre los palmares 

Y las salomas del puerto. 

En medio á rumor tan vago 
De vientos y barcarolas, 
La sonrisa de las olas 
Era una fiesta en el lago. 

Bien se conoce que en calma 
Viven sueños y quimeras, 
En las ardientes riberas 
De la patria de mi alma. 

II 

Brilla á lo lejos la luna 
Tras un celaje de armiño, 
Como la cara de un niño 
Bajo el velo de la cuna. 

Mas es fama que en la orilla 
El marino indiferente 
La vio al mostrarse en oriente 
Muy triste y muy amarilla. 

"Ya vienes con tu vislumbre 
A marchitar, como sueles, 
Mis encarnados claveles. 
Astro de la pesadumbre."' 

Así en voces lastimeras. 
Dijo una niña, temblando, 
En una estancia ocultando 
Sus flores maracaiberas. 



Mas con vivos resplandores 
A pesar de la distancia, 
La luz penetró en la estancia 
Por los vidrios de colores. 

Cayó un raj'O fugitivo 
Sobre el infantil tesoro, 

Y llenó de chispas de oro 
El ramillete nativo. 

Del resplandor sorprendida. 
Un grito la niña lanza, 
Al ver triste su esperanza 
Tan pronto desvanecida ; 

Que harto achaque es en las varias 
Quimeras de la inocencia, 
Llenar la dulce existencia 
De penas imaginarias. 

Pero, Mirad: como leve, 
Nube de celajes rojos. 
Un ángel de negros ojos 
Bate sus alas de nieve. 

Y hacia la niña infelice, 
inclinándose al momento, 
Con blando )' tranquilo acento 
Sonriendo el ángel le dice ; 

"Niña de la blanca toca, 
Besa tus flores sin tasa, 

Y se pondrán como brasa 
Con el carmín de tu boca." 

Y alegre por la campiña 
Voló el ángel, pero luego 
Se pusieron como el fuego 
Los claveles de la niña. 



POESÍAS FILOSÓFICAS. 



143 



Y fué que en dulce embeleso 
Para calmar sus temores, 
La niña besó sus flores. 
¡ Tanto puede un casto beso ! 



Desde entonces conocidos 
Son del Zulia en los vergeles, 
Los manojos de claveles 
Olorosos y encendidos. 
Setiembre, 12 de 1876. 



ENDECHAS, 



LÁ dulce paloma 
De los ojos negros 
Que andaba sin sombra 
Por místicos sueños ; 
Llamando á los Angeles 
Un dia, con ellos, 
Como era paloma 
Se perdió en el cielo. 

¡Ai, preciosa niña. 
Del hogar modesto ! 
Por buena )- por liija 
De padres tan buenos. 
Pídele á los Angeles 
Que alivien su duelo, 
Pues, que alegres, nifía. 
Son tus compañeros. 

Yo só que las arpas 
Por tí van tañendo : 
" \'o liai cosa más santa 
Que los lirios muertos;" 
Pero es tri.stc y lúgubre 
El hogar sin fuego, 
Por m;is que Ins arpas 
Taiian en el rielo. 



No ha» cesa más triste 
Que el amor eterno 
Del padre que vive 
Pensando en los muertos ; 
Ni noche más lúgubre 
Que el dia supremo, 
En que un ángel triste 
Se inclina en silencio. 

Si la humana angustia 

Rescatara sueños, 

Tu sencilla tumba 

Se hubiera entreabierto ; 

Que nunca más lágrimas 

Ai, niña, caj'eron 

En humana angustia, 

Ni de heridos pechos. 

S¡ buscáis la niña 
De los ojos negros, 
Escuchad de arriba 
Las arpas tañendo : 
Contened las lágrimas, 
Y escuchad mui lejos 
Que cantan — "la niña 
Ha subido al cielo." 



LA ROSA TE. 

Escfila para la sefiorita M. S. 



A. I>i:\ (í.T.i 
I. 



MÁS blanca que la csjjuma de los mar 
Y delicada así como un susi)¡ro, 
Hay una flor que columpiarse miro 
Ignorando su misma csplcnilidc/'.. 
Absorta en su dolor, cabe un arniyn. 
Pasa su vida triste y resignad.-i; 
.Nunca su faz se mira sonrosada. 
Siempre p;ilida está la Rosa 'l'i:. 

Cuando al reflejo de la luz de] alb.i, 
Con solo el triste pensamiinto niiu, 
Sigo el hilo de plata de algún rio, 
í'".n''anfa(io tal ve? dr s'u luinor; 



es 



Enti'e lo más oscuro y escondido 
Encuentro, pensativa y pudorosa. 
Esa flor de otros climas, esa rosa 
Pálida de esjjeranza )- de pasión. 

¿ Por qué cnteinces ¡ cuitado ! me fascinan 

.Su pudor, su blancura y su belleza? 

¿ Por qué, triste, no pienso en mi tristeza 

Y se llena de luz la soledad? 

Es que tal \'ez el ángel de los sueños 
Con un duelo dos seres eslabona, 

Y entrambos corazones aprisiona 
Con hígrimas de idéntico pesar. 

ir. 

Jílanca )■ tristísima Rosa, 
Tan lánguida y vaporosa, 
Como, un Genio celestial : 



144 



POESÍAS FILOSÓFICAS. 



Tú mereces que las brisas 
Se bañen con las sonrisas 
Del alba primaveral. 

Olvida, flor, tus dolores ; 
Luce, flor, entre las flores 
Tu corola de marfil : 
No la cierres en mal hora, 
Ni á los ruidos de la aurora, 
Ni á las risas del Abril. 

Tus hojas de porcelana 
Abre al sol de la mañana 
Que sigue del alba en pos. 



Ai ! si igual es nuestro duelo, 
Mira que he pedido al Cielo 
La dicha para los dos. 

IIT. 

Pálido como un rayo de la luna 
Temblando en el azul de mi laguna. 
Con un ángel, tristísimo, soñé ; 
Vino el alba, y en medio de mi angustia 
Contemplé la verdad : yacía mustia 
Bajo un velo la dulce Rosa Te. 

Junio, de 1853. 



íí SÜEHO. 



¡ MI sueño ! \ Es ella sí ! Bajo su imperio 
Latió mi corazón, sufrí el martirio, 
Canté para engañar mi cautiverio . . : . 
,Unamuger' ¡Silencio! Es un delirio..! 
j Es un sueño de amor! ¡ Es un misterio ! 

¡ Toda una vida en paz de peregrino 
Votada á un loco incomprensible empeño. .! 
¡Queriendo hallar un símbolo divino. .! 
¡ La realidad fantástica de un sueño. .! 



Y i hela por fin allí . . . . ! Kesuena herido 
El sonoro metal : su voz lc\'anta 

El apacible mar estremecido 

Por rudo viento : el avecilla canta 

Si ve salir el sol desde su nido. 

Así mi pobre corazón sediento 

De esperanza y amor, lanzo, señora, 

Al veros por acaso, de contento 

Un ¡ ai ! profundo, su primer acento 

A esa ilusión que desde niño adora. 

Nacido al mundo en el país ardiente 
Que da precoz vigor á los sentidos. 
Fuerzas al corazón, luz á la mente ; 
Donde los vagos sueños son creídos. 
Donde la dulce inspiración se siente; 

Yo fui dichoso en la inocencia mía. 
Yo fui feliz en mi primera gloria ; 
Soñando el niño sin cesar vivia . . . . ! 

Y cada hermoso sueño era una historia, 
Oue daba al corazón la fantasía. 



¡ Una noche ! La luna en el espacio 
Brillaba con tan pálidos reflejos, 
Que parecía un globo de topacio. 
Del cielo en el espléndido palacio. 
Peí mar en los magníficos espejos, 



Mariscando pacífico á su lumbre 
Niño y solo en la noche iba cantando ; 
Si me asustaba el viento y su quejumbre, 
Seguro con la tersa mansedumbre 
Del lago, proseguía mariscando. 

Cuando quise volver á mis alcores 
Se agitaban los árboles ; la luna 
De improviso veló susresplandores, 
Brotó la oscuridad sus mil terrores, 

Y resonantes ondas la laguna. 

Temblando como el ciervo que se oculta 

Sorprendido sintiendo la jauría, 

Me pierdo ¡ ai triste ! por la playa inculta, 

Y el desamparo mi peligro abulta 
Viendo fantasmas en la angustia mia. 

Llena el agua de espumas amarillas 

Y chispas de coral fosforecentes 
Rebotea las blancas piedrecillas, 
Con extraño rumor en las orillas. 

Cual de una fiera al recrujir los dientes. 

Las olas se rompían con estruendo 
Horrísono clamor asemejando.... 
Pasaba el viento por doquier gimiendo, 
Las palmas solitarias sacudiendo, 
Los marinos manglares agitando. 

Poco á poco mis lágrimas, ó el miedo. 
Propio del peregrino. que se pierde, 
Mis ojos cierra, y resistir no puedo, 

Y adormecido por mi dicha quedo 
Sobre una palma de abanico verde. 

Entonce os vi, señora, bajo aquella 
Gruta de la ribera. . . .yo soñaba: 
Sobre el rastro de luz de tibia estrella. 
Hada de negros ojos. Ninfa bella, 
La tormenta del lago contemplaba. 



POESÍAS FILOSÓFICAS, 



145 



Nifio aún inocente, el alma aria. 
Olvidando el peligro del momento, 
Con la blanda visión se complacía, 
Mientras que por mi pecho discurria 
El fuego de un tranquilo sentimiento. 

¡Ai! la encantada imagen seductora. 
Oculta luz de celestial carifio, 
Quedó en mi corazón, y ame, señora, 
Una sombra, un ensueño, como adora 
Sueños y sombras inocente niño. 

Vos erais esa Ninfa, ó por lo menos 
Muy parecida sois al sueño mió : 
Risueña frente, y de entusiasmo Henos 
Los negros ojos, por mi mal serenos, 
Como remanso de apacible rio. 



Pálida tez que al corazón revela 
Oculto duelo que al deber se inmola, 
Labios como el carmin de una conchuela, 

Y el oloroso aliento de canela, 

Y en profusión los rizos de española. 



Por eso cuando os vi ; su cautiverio 
Rompió mi corazón, cesó el martirio ; 
Y feliz me llamé bajo el imperio 
De un sueño encantador que no es delirio ; 
Pero ¡ai ! no puede ser sino un misterio. 

La Guaira, Setiembre I4de 1858. 



UNA MADRE Y UN RUISEÑOR. 



— ¿ POR qué te apareces de noche cantando | 

Tus vagos amores ? 

Si están escondidas 

Las risueñas flores, 
¿ Porqué vuelas, ave, de noche buscando 

Las flores dormidas? , 

— Si el viento | 

Murmura 

Mi triste lamento : I 

Ni cuento í 

A las flores ! 
Mis vagos amores. 
Ni vengo volando, 
Cantando á escondidas las flores buscando, ■ 

Las flores dormidas. '1' 



— ¿A qué, pues, tu canto, tu nocturno vuelo? 
¿ No ves mi tesoro 
Mi postrer fortuna? 
¿ No sabes que lloro 
A mi dulce niño que se eleva al cielo 
Muriendo en su cuna ? 
— Del cielo 
Soy nuncio 
Feliz de consuelo. 
— Y el duelo? 
— Se calma. . . . ! 
—Y el ángel de mi alma? 
— Su cuna mortuoria 
Memoria es que aduna la luz de la gloría, 
La paz de la cuna. 
Curacao, Noviembre de 1865. 



LA ILUSIÓN PERDIDA. 

A la señorita P. S. 



Viiii dr' ruiin poro valor 

Son las cosas inis que aiulnmos 

V corramos 
Kti pstr miuiilip tmidor, 
Que m'in prinirro (jue m\iramos 

Líis pcrdcinfw. 
{(,'oplas df D. .lorfre >[anric(np. 

NIÑA hermosa cual ninguna. 
Nereida del Manzanares 

Seductora, 
Yo te diré mis pesares 
A los rayos de la luna 

Hrilladora. 

Que estos duelos son, bien mió. 
De aquellos que aletargando 
La existencia, 



Van poco á poco acabando 
Nuestro querer y albedrío 

Sin clemencia. 
¡ Oh, bien hayas, cantadora, 
La de la boca teñida 

De escarlata! 
Tú no comprendes, mi vida. 
Esta angustia aterradora 

Que me mata. 
Marino de mi ribera, 
Quise ver el mar salado 

Sin tardanza ; 
Hice rumbo y. . . . ¡ desdichado! 
Perdí en el mar toda entera 

Mi esperanza. 

10 



M6 



¡poesías filosóficas, 



Sí, mi esperanza, señora. 
Pues mis dulces ilusiones 

Se apagaron : 
Llevó el viento mis canciones 
Que en mi laguna en mal hora 

Resonaron. 

Al contemplar una palma 
Que en la llanura vejeta 

Noche y dia, 
La inspiración del poeta 
No ha resonado en mi alma 

Cual solia. 

El pálido sol que gira 
En los cielos argentados 

De la aurora. 
Los acordes delicados 
Que arranca mi pobre lira 

Muí sonora, 

La fatigada avecilla 
En los azules cristales 

Descansando, 
El soplo de los terrales 
Que impelen mi navecilla 

Murmurando ; 



La luz indecisa y bella 
Que irradia la perla pura 

Del oriente. 
La luz que en la noche oscura 
Vierte fantástica estrella 

Reluciente ; 

No han podido en la agonía 
Que consume sorda y lenta 

Mi arrogancia, 
Darle al numen que me alienta 
La risueña poesía 

De mi infancia. 

Pobre, infeliz marinero 
Cefií un tiempo una corona 

De esmeralda: 
Hoy el sol de ardiente zona 
Tostó mi triunfo primero. 

Mi guirnalda. 

Hoy mis vagas ilusiones 
Y mi entusiasmo divino 

Se apagaron : 
Así le plugo al destino. . . . 
Adiós, mis dulces canciones 
.Se olvidaron. 



A JUAN VICENTE SILVA. 



JUAN, en mi hatillo te espero 
Mañana con viento en popa ; 
Ya lo sabes, pues, que quiero. 
Sin que se atraviese i{7í pt'?'o, 
Contigo tomar la sopa. 

Si vienes al medio dia. 
Aunque ha) a sol, poco á poco. 
Por tu buena compañía. 



(Esto no es galantería) 
Beberás agua de coco. 

Así llevarás las señas 
De mis costumbres natales 
A tus campiñas risueñas. 
Hablando á las caraqueñas 
Del agua de mis cocales. 
Florida, Mayo 6 de 1864. 



A Mí HERMANA CONCHA. 

No habiendo podido asistir á sn matrimonio 



CONCHA! ha pasado tu dia 
Y me abraso de hidrofobia. 
Pues no puedo, hermana mia, 
Verte llena de alegría 
Con tu corona de novia. 



Cada vez que pienso en ello, 
Concha, me digo á mis solas : 
¡ Ojalá ! que de un resuello 
Al dulce Puerto Cabello 
Se lo tragaran las olas ! 



Pero el caso está muy lejos, 
Pues aquí no hay ola ingrata 
Que siga tales consejos. 
Siendo sus aguas espejos 
Sobre arenillas de plata. 



Mas ¿ para qué tal anhelo, 
Ni propósitos tan rudos. 
Si el numen levanta el vuelo, 
Como avecilla del cielo 
Para llevarte un saludo? 



poesías filosóficas. 



147 



Recíbelo, pues, y deja 
Qué sus alas te perfumen ; 
Tus sonrisas apareja. 
Ai ! de los nervios se queja 
Con los Jurados mi numen. 



lil de variados colores 
Te llevará como palma 
De tus serenos amores, 
Un ramillete de flores 
De los jardines del alma. 



LA LUNA SE VA. 



MIRA que son los últimos reflejos, 

Pastora de mi alma. 

De una noche de amor. 
I esa luz que columbras á lo lejos 
Tras el silencio de la noche en calma. 
Es la luz de los cielos arjentina, 
Es la luna que pasa peregrina 

Diciéndonos adiós. 

Ruégale, vida mia. que un instante 

Se detenga siquiera, 

Ya que me haces feliz. 
Como pasa en su carro rutilante ! 
¡ Como atraviesa la estrellada esfera ! 
! Detente astro inmortal ! ¡Súplica vana ! 
La luna sin que asome la mañana, 

Se va, desciende al fin, 

Si alguna vez el sentimiento humano, 

Con palabras de fuego. 

Se elevara fugaz. 
Ese fulgor tristísimo y lejano. 
Esa pálida luna, el blando ruego 
Oyera de los dos ; pero ¡ ai ! pastora. 
Como mudo está el cielo, triste ahora 

La luna muda está. 



Yu te vi oculto en el ramaje verde 

Cuando al reclamo mió 

Llegabas con su luz, 
Y cual la cierva que de vista pierde 
Su cervatillo por el bosque umbrío, 
Así andabas, pastora en tu recelo, 
Confiada en que la luna desde el cielo 

Calmara tu inquietud. 

Ya lo ves ella sigue en blandos jiros 
A esconderse en el seno 
Rugiente de la mar: 
Ella no quiere oir nuestros suspiros. 
Porque la dicha al corazón ajeno 
Causa tedio y dolor, es importuna. . . . 
No le pidas sus rayosa la luna, 
Que la luna se va. 

G;>zcmos pues sus últimos reflejos, 

Pastora de mi alma 

Nuestra noche de amor. 
Lomo es de dicha, la verá á lo lejos, 
Tras el silencio de la noche en calma 
Esa luz de los cielos argentina. . . . 
¿Que tienes? ah ! La luna peregrina 
Se va, nos dice adiós. 



A ILDEFONSO VÁZQUEZ. 

por SD afición a la caza. 



¡QUE impiedad tan liorrorosa ! 
Olvidar sus cantinelas 
Por irse á la selva umbrosa. 
A matar ¡ bonita cosa ! 
Ruiseñores y gacelas. 



Echarla de cazador 
Y olvidarse que el cantor, 
Antes que vivir matando, 
Como su vida es de amor. 
Vive cantando 6 llorando. 



¿Qué dirás, cuando barrunten 
Tu crimen las nueve hermanas ; 

Y allá en el Pindó se junten, 

Y "¿qué han hecho, te pregunten, 
Las corzas americanas? " 



Si matas por ser más fuerte 
A his calandrias que espantas ; 
¿ Xo tendrás la misma suerte. 
No tendrás la misma muerte, 
Tú que vuelas, tú que cantas? 

La historia cuenta á su modo 
Con sus ribetes )• todo, 
Es decir de retahila. 
Aquel caso del rey godo 
Que se llamaba I-'avila. 



Pasaba el re\', según leo. 
Cazando alegre su vida ; 

Y eran su mayor recreo 
La jauría en el ojeo, 

Y la sangre en la batida. 



148 



POESÍAS FILOSÓFICAS. 



Con el calor de la siesta, 
De Pelayo el descendiente, 
Monte adentro en la floresta 
Se fué un dia en son de fiesta, 
Atrás dejando su gente ; 

Mas á poco, cual si el centro 
Del monte brotara furias. 
Oyó un ruido monte adentro, 

Y vio salirle al encuentro 
Un oso de las Asturias. 

Al ver como desbarata 
Olmos y encinas la fiera. 
Tocó su chiflo de plata 
Llamando á su cabalgata 
Que acosaba una pantera. 

— Sus ! y á pié de los troteros ! 
Gritaron los caballeros, 
Oyendo aquella señal, 

Y al blandir de los aceros 
Cayeron al matorral. 

Pero cuando allí llegando 
La cabalgata desfila. 
Aun convulso y palpitando, 



Ibase el oso arrastrando 
El cuerpo de Don Favila. 



Cofrade, en la ley severa 
De nuestra vida ideal, 
¡La inspiración ! ¿Quién creyera 
Que acuchillar á una fiera 
Al fin de todo es un mal ? 

Si tanto ¡ por vida mia ! 
Te gusta la cacería, 
Cofrade, ¿ te falta traza. 
Con los versos por jauría 
Para emprender otra caza ? 

Caza si quieres al vuelo. 
Mas no mates como el boa ; 
Mira, caza con señuelo 
A las palomas del cielo 
Del lago Coquibacoa. 

Eso sí, cuida no quedes 
Casado ¡ mira lo que haces, 
Que si ellas rompen tus redes, 
¡ Ai, cofrade ! nada puedes 
Con las palomas torcaces. 



A HICANOR BOLET PERAZA. 



HE visto tu bello artículo 
Titulado "Los juguetes": 
Peraza, que bien escrito ! 
Que sal ! que azúcar ! que urdiembre ! 

Con ese carácter áspero 
Que muchos dicen que tienes, . 
He gritado ¡ cómo diablos 
Sentir estas cosas puede ! 

Hablas de los hijos candidos, 

Y en tu artículo apareces 
Con un corazón mas blando 
Que pan de Tunja con leche. 

Ríes derramando lágrimas 

Y en esta amalgama adrede. 
Estando yo como pascuas, 
He llorado como un iicnc. 

Sí, señor, es tan dramático 
Eso que cuentas alegre, 



Cuando te arrimas temblando 
A aquella niña con fiebre, 

Que toda mi sangre tórrida 
De los indios de Occidente, 
Pasó de golpe ¡ qué cosa ! 
A mi corazón ¡ No tiemblas ! 

Solo un padre en esos íntimos 
Dolores del alma puede 
Valorarte ; ó solo un indio 
Sabrá cual yo, comprenderte; 

Pues en esos giros fáciles. 
Muchos no alcanzan, que siempre 
Sacas á lucir verdades, 
Burla, burlando solemnes.' 

Adiós ! En viago á las mágicas 
Riberas de palmas verdes. 
Aunque sea á las volandas 
Recibe mis parabienes. 



poesías filosóficas. 



149 



A ILDEFONSO VÁZQUEZ. 

Contestación á su poesía intitulada 
VEN. 



CUANDO la vieja cigüeña 
Ya sin fuerzas pliega el ala 
Y triste su canto exhala 
En el hueco de una peña ; 

La más joven, lista y fuerte 
De su prole ó de su bando, 
Vuela con ella pensando 
Librarla asi de la muerte. 

Tú, Ildefonzo, en quien contemplo 
Las prendas de un buen amigo, 
Estás siguiendo conmigo 
De la cigüeña el ejemplo. 

Pues viendo ya reducida 
Mi vida á tristes escombros, 
Me llevas sobre tus hombros 
Como para darme vida. 

Si hay algo en verdad que halague 
Mi existencia en tal momento. 
Es tu hermoso sentimiento : 
Poeta, Dios te lo pague. 

Y de pagártelo empeña 
Mi alma la fe de que abunda. 
Que el mundo moral fecunda 
La semilla más pequeña. 

Errado, empero, vas, cuando 
Piensas que en trovas soi ducho : 
Yo no puedo ni con mucho 
Cantar como estás cantando. 

Pues imitar ia parlera 
Jirisa y los tintes del alba. 
No es una taza de malva 
Ni es una cosa cualquiera, 

A mas, si ei don con c|ue brillas 
Partimos entre los dus. 
Tal vez irritando á Dios 
Por partir sus maravillas ; 

Como mi vida se viste 
De la tristeza, Ildefonso, 
yVl cantar sacara un sonso- 
nete de guitarra triste. 



Viendo lucir cieilas llores, 
Nauclero yo de una nave, 
Canté como canta el ave 
Para olvidar sus dolores. 



Y sucedió que llevada 
Del viento mi cantinela, 
Por alguna gente buena 
Fué aplaudida ó alabada. 

Lancé mis notas al aire 
Como plumas de garzotas, 

Y alguna vez esas notas 
Las repiten en el Guaire. 

Tal es cuanto ha visto en calma 
De aquel mi entusiasmo aonio 
Esa patria del demonio 
Que quiero sobre mi alma. 



¿Y qué pudiera ver más 
Cuando sin tregua me avienta 
En la zaranda sangrienta 
A su sfusto Satanás ? 



1 loi por broma cada hermana 
Me hace un mohino distinto. 
Lo que dice que ya pinto 
De vez en cuando una cana. 

Y aunque el numen ya no bebe 
De la fuente deliciosa, 

¡ Caramba ! que es dura cosa 
Que le hagan muecas las nueve. 

Hai pues no poca inocencia 
Cuando tu espíritu sube 
I'ara esperarme en la nube 
Sin contar con mi impotencia. 

Y al fin, ¿qué resultaría 
.Si pudiendo dar un salto 
Trovando los dos tan alto 



Se armara 



la gritería ? 



¡ Vaya, Ildefonso ! presumo 
Que en un tris ó cgo te absoivo, 
La nube que es casi polvo, 
Maria lo que hace el humo, 

Y perdido cl sustentáculo 
De las luibívagas sillas, 
l^e costillas, de costillas 
Bajáramos sin obstáculo. 

No, buen amigo, esos juegos, 
Resultado de tus cábulas, 
I Tarian verdad las fábulas 
Que nos cuentan de los griegos. 



150 



poesías filosóficas. 



E Icaro tú y de contado 
Dédalo yo, del bureo, 
Saldría que el mar Ejeo 
Es nuestro lago encantado. 



Y haciéndose más distinto 
El símil, grabado en bronces, 
Maracaibo fuera entonces 
Por supuesto .... el laberinto. 



Mira, Ildefonso, me callo, 
Porque, al fin, maracaibero, 
Haí algo en ese puchero 
Que mejor es no "meneallo. . . . 

Queda en paz, como por señas 
Estoi yo, mientras escribo, 
Y tu regalo recibo 
De perlas margariteñas. 
Y Coro, Mayó 26 de 1869. 



A LA NIÑA DE OJOS SEREMOS. 



SI eres paloma doliente 
La paloma escojer sabe " 
Por compañero algún ave, 
Que se querella infeliz. 
Si eres flor, amiga mía. . . . 
¿ Sabes lo que hacen las flores ? 
Escoger en sus amores 
Alguna flor del país. 

Sí eres estrella del cielo ; 
Mira, las estrellas aman 
Y se apasionan, é inflaman 
Por los luceros también : 
Si eres palma que suspira 
Cuando la noche está en calma ; 
No hay palma sin otia palma 
Que murmure del placer. 

Si eres pastora cuitada 
Que sus ovejuelas guía-; 
No hay pastora, amiga mía, 
Sin un risueño zagal ; 



.Si eres perla, que ninguno 
Oculta puede ' cogerla : 
Jamas hay solo una perla 
En lo profundo del mar. 

Paloma, ó flor encantada, 
Estrella, ó verde palmera ; > 

Pastora por la pradera. 
Perla oculta al rojo sol, 
Cuanto vegeta en el mundo. 
Se nutre, respira ó crece,. 
Con el amor se embellece, 
Tan solo con el amor. 

¿Qué harás, pues, cuando en mi duelo 
Por mi dolor te demande. 
Siendo mi dolor tan grande, 
Y tan grande tu desden? 
¡ Ah no lo quieran los hados ! 
Mas si lo ordenas, amiga. 
(A tanto el amor obliga . . . . ) 
Morir de amores sabré. 



JOSEFINA MALLORY. 



MAS bella que las flores 
Que esmaltan la campiña 
Se alzó la dulce niña 
Risueña en su candor. 

Y al verla murmuraban 
Las flores y la aurora: 
Ya viene encantadora. 
La virgen del amor. 

Pero cruzó una sombra. . . 
La flor su llanto vierte 

Y el soplo de la muerte 
Va del mortal en pos. 



La encantadora niña 
Se inclina en triste duelo, 
Y al resplandor del cielo 
El ángel vuela á Dios. 

¡ Ai ! bella y dulce niña. 
Nadie ampararte pudo. 
Ni aun te sirvió de escudo 
Tu gracia y juventud. 
Pero el amargo llanto 
Que vierto á tu memoria. 
Publica bien la gloria 
Que brilla en la virtud. 
Caracas, Julio 20 de 1877. 



POESÍAS FILOSÓFICAS. 



151 



. ' £N UN ÁLBUM. 

Escribí esta composición á instancias del señor F. de P. P. — Dedicada á él, la adoptó é hizo 



el vsogve más k convino, 



EL mediodía. 

CARMEN, mi amiga modesta, 
En esta tierra encantada. 
Pues estoi de risa y fiesta. 
Vaya una trova inspirada 
En el calor de la siesta 

Pero antes de luego á luego 
Habré de decirte, amiga, 
Que en esta tierra de fuego. 
Cuesta una dulce cantiga. 
Casi perder el sosiego. 

Carmen, la mentira es fea, 

Y no me gusta mentir : 
Si tu lago me recrea, 
El rojo sol que chispea 
¡ Ai ! no me deja vivir. 

Cuando al meridiano llega 

Y se retrata en el agua. 
De puro ardiente me ciega, 
Que entonces desparce y riega 
Chispas lo mismo que fragua. 

A tal hora, amiga mia, 
Las flores pierden ,.su aroma ; 
Pierde el hombre su alegría. 
Duerme la fiera bravia 

Y se queja la paloma. 

El verde de los cocales 
Se vuelve casi amarillo; 
Abrasan los arenales, 

Y bala entre los tunales. 
El manchado cabritillo. 

A tal hora os un reguero 
De luz, el aire que asombra; 
Es llamas el cielo entero, 

Y en el marino pesquero 

No hay vientecillo ni sombra. 

El piragüero cansado, 
Sintiendo que el sol le quema. 
Su piragua tira á un lado, 

Y en un manglar amarrado. 
Ni torna el rumbo ni rema. 

A tal hora el pastor siente 
El suelo en que \i\'e ingrato. 

Y desma\ado, impotente, 
Con el sudor de su frente 
Sazona el campestre plato, 

¡ Ah ! que son tristes sin duda 
Las horas del mediodía, 
La creación está muda, 
De nada sirve ni ayuda 
Al trabajo la alegría. 



LA TARDE. 



Pero allá viene á lo lejos 

Pura }' divina 
La tarde con sus reflejos ; 
Ya descorre su cortina 
De damascos y azulejos. 

Ya en oriente se divisa 

Rasando _el agua. 
En popa corriendo á prisa, 
La pescadora piragua 
Bajo el ala de la brisa. 

Y van saliendo una á una, 

De flores llenas 
Las barcas de la laguna, 
Que despliegan sus entenas 
Al resplandor de la luna. 

Empieza el ruido pausado 

Que hacen las olas, 

Y se alborota el pescado 
Con las dulces barcarolas 
Del marino fatigado. 

De las chozas campesinas 

Arruinadas, 
Las lijeras golondrinas, 
Salen doquier en bandadas 
A volar por las salinas. 

Con visos de mil colores 

La luz campea. 
Si hay en verdad resplandores,'' 
El aire puro recrea 
Con el olor de las flores. 

A tal hora el tibio ambiente 
Pasa sonoro, 

Y hay celage en Occidente 
Que muestra su fimbria de oro 
De puro resplandeciente. 

A tal hora por doquiera 

Se oye en el lago 

Una armonía hechicera ; 

Y es el eco dulce y vago 
Del arpa maracaibera. 

La atmósfera toda ruidos, 

Luz, arreboles. 
Paisajes de azul teñidos, 
Nubes que mienten mil soles 
Con sus reflejos perdidos. 

Ya no es la tierra abrasada 

Del mediodía, 
Es una tierra encantada, 



152 



POESÍAS FILOSÓFICAS. 



Que me inspira, amiga mía, 
Una trova enamorada. 

Ai ! yo he pasado, hechiceras 

Tan dulces horas 
A sombra de unas palmeras ; 
Yo he gozado seductoras 
Las tardes maracaiberas. 

A CARMEN. 

Ave de otras florestas y otro clima 
Sin saberlo volé por mi fortuna 
A la orilla feliz de esta laguna 

Tierra de libertad. 
El cielo se apiadó de mis dolores, 
Porque siendo avecilla de otro suelo 
Hallé propicio y bienhadado el cielo 

De la dulce amistad. 



Hallé, desconocido^ en vos señora, 
Cuanto el mortal para su dicha anhela : 
Un ángel compasivo que consuela 

El mundano dolor. 
Así cuentan las índicas canciones. 
Que existe en un verjel de la Florida 
La esencia misteriosa de Ik vida. 

Guardada en una flor. 

Cuando deje la tierra de las palmas 

Que guarda el mar con peligroso estrecho, 

Yo llevaré, señora, aquí en mi pecho 

Vuestra imagen feliz. 
Que cumple al corazón, si es generoso. 
Agradecer y conservar entero 
Vuestro afecto, señora, al extrangero 

Que vino á tu país. 



A fííXEN, 

Remitiéndole los versos que rae pidió para ona uííOía. 



HIXEN, por mucho tiempo 

Pensando estuve, 
Como dejar bien puesto 

Mi pobre numen. 

¡ Apuro grande ! 
Siendo el numen esencia 

Tan impalpable. 

— "Con tal que en esas trovas, 

(Que tú pedias) 
El rastro huela á gloria 

Como la mirra, 

Me importa poco 
No guardar el espíritu 

En urnas de oro." 

Tal dijef y como el indio 

Rústico labra 
Búcaros amarillos 



Allá en mi patria, 
De luego á luego 
Urna labré, olvidando 

Los moldes viejos. 

En ella, moro, tienes 

La esencia toda; 
Mas ¡ ai ! que no trasciende 

Ni huele á gloria. 

¡ Ai ! no pensaba 
Que esencia en urna pobre 

No huele á nada. 

Si al Borinquen arriban 
Estos cantares, 

Dile á la dulce niña, 

"Que por un ángel, 
Hixen, el moro, 

Es capaz de hacer surcos 
En el mar hondo." 



A UN AMIGO. 



ÁNIMO ! desde lejos, á la orilla 
De una mar que retumba, 

Escucho á un noble amigo que me grita 
Pensando en mis angustias. 



Lo ves corazón mió? ¿Qué te enseñan 
Cuando esa voz escuchas? 

El santo bien de consolar las penas 
Sin pensar en las tuyas. 



Animo ! Yo lo tengo, amigo mió; 

Mas ¿quién tus amarguras 
Consolará á su vez ?. Yo que te grito 

i Animo, amigo, y lucha ! 



La flor de tu esperanza te devuelvo 
Aunque devuelta, nunca 

Los mios llamarán, según te quiero 
Ln flor de las repulsas. 



POESÍAS FILOSÓFICAS. 



153 



A JUAN. 



DESDE que el hado enemigo 
Ensaya en tí sus rigores 
Ai ! hermano y pobre amigo ! 
Siento tus mismos dolores, 
Estoi llorando contigo. 

Y no importa, no, que ausente 
Del hogar me encuentre ahora, 
Porque el dolor es un puente 
Que une al corazón que llora, 
Con el corazón que siente. 

Tras de su dicha ilusoria 
Creiste en angustia tanta 
Salvar como una memoria. 
Aquella reliquia santa 
Del naufragio de tu gloria. 



Mas entrífiteza, tu anhelo 
Se convirtió de improviso ; 
Y aquel ángel, tu consuelo. 
Dios arrebatarlo quiso 
Desde tus brazos al cielo. 

Tu dolor es el profundo 
Decreto de Dios, que encierra 
Un porvenir más fecundo : 
Tras la sombra de la tierra 
Brilla la luz de otro mundo. 

No hai alma en él dolorida 

Ante la esencia increada 

Que á Dios no se encuentre unida, 

Gloriosa y transfigurada 

Al sol de la eterna vida. 



UNA FLOR. 

A la nina E . . . . 



SABIENDO un dia, modesta niña, 
Que, con el alba primaveral. 
Iban los silfos de la campiña 
Buscando flores para tu altar; 

Tomé las señas, seguí el camino, 
Pues yo buscaba flores también. 
Ya que las flores de mi destino 
Se marchitaron en la niñez. 

Cuando á la margen de un arroj'uelo, 
Danzando alegres, con ellos di, 
Todos alzaron el blando vuelo. 
Sobre una nube de oro v marfil. 



Quédeme triste, con mis dolores, 
Viendo á los silfos raudos volar, 
Llenas sus urnas de bellas flores, 
Mientras lloraba mi soledad. 

Dulce paloma de extraño suelo, 
¿ Piensas que el cielo me abandonó ? 
Siempre en mis cuitas me ampara el cíelo. 
Doquiera, niña, se encuentra Dios : 

Y en aquel sitio de alegre danza, 

Por un olvido quedó, tal vez. 

La florecilla de la esperanza, 

Que hoi, como ofrenda, pongo á tus pies. 



Despnes de haber leído nnas páginas de Medardo Rivas dedicadas á su madre. 



¡ QUÉ páginas tan bellas ! Diera todas 
Sus cantigas de amor el alma mia 
í'or el placer doliente de esta prosa, 
Dulces recuerdos de Medardo Rivas. 



^ No sé que admire más: si el alma noble 
Viviendo de memorias fugitivas. 



O el generoso corazón del hombre 
Sereno en las desgracias de la vida. 



P 



154 



POESÍAS FILOSÓFICAS. 



LA NIÑA ERRANTE. 

Recnerdos. 



Llora, cuitnda, llora i 

Al nacer de la noohc y de la aurora. 

(C'ASCfOK DE F. PK LA ToRBE. ) 

I. 

¿ADONDE vas en medio de la noche 
Tan triste y tan penada, niña liermosa? 
¿Adonde vas. . . .? Tu frente candorosa 
Hizo temblar mi pobre corazón. 
Más blanca que los lirios de la tarde 
No hay piedad para tí flor delicada. . . . 
El hombi^e te ha lanzado su mirada 
Impura cual su impúdica pasión. 

¿Quién al mundo te lanza, flor temprana, 
A correr las tormentas de la vida? 
La luz del nuevo sol envilecida 
Al borde del cam.ino te verá ; 

Y tu mejilla de carmin y rosa, 

Y tu flotante y rubia cabellera. 

Cual débil pluma de chispeante hoguera 
El sol americano quemará. 

Después, serás mujer ; á tu inocencia 
Risueña como el cielo de la aurora, 
Sucederá, febril y abrasadora 
La impúdica pasión de la mujer ; 
A tu pesar de niña, los pesares 
De meretriz vendida á la riqueza, 
A tu blanco cendal, á tu pureza 
Las sedas y las danzas del placer. 

¿Serás feliz entonces? Cuando calle 
Ese rumor de la nocturna orgía. 



Vaga, terrible y fúnebre agonía, 
No cubrirá tu frente de sudor? 
¿Serás feliz entonces? Más valiera 
Que el mar en su profundo te tragara 
Que no verla conciencia cara á cara, 
Ni su grita escuchar desgarrador. 

If. 

Niña espósita y errante 
Que con la noche caminas 
Los pies clavados de espinas 
Sin rumbp, apoyo ni luz; 
Sufre y espera, que un dia 
También llorando )' sufriendo 
Por tí se vio padeciendo 
El Cristo puesto en la cruz. 

Sufre y espera, si el hombre 
Te contempla indiferente, 
Hunde en el polvo la frente, 
Llámate entonces feliz ; 
Que tu cansancio y la sangre 
Que vierten tus pies de armiño, 
Valen más que ese cariño 
De la infanda meretriz. 

Y aunque te encuentre la noche 
Vagando, así desvalida, 
No serás envilecida 
En su sombra funeral ; 
No lo serás, niña hermosa. 
Que á la virtud siempre abona 
Una esplendente corona 
En la mansión inmortal. 



'Mñhñm 



AMOR BE MADRE. 

SOBRE EL TEMA DE BASTÍNE. 
Escrita para rai estiraaWe amigo el señor Tomas Aguerrevere Pacanis, 



ATRAVESANDO la nieve 
Que un pobre viñedo alfombra. 
Más pálido que la muerte 
Corriendo va un doncel como una sombra ; 
—Maldito ! Detente ! 
No corras ! No coi-ras ! 



Loco adorando á una niña 
Esbelta como la palma. 
La dijo sonriendo un dia : 
-"Qué quieres ? Pide y te daré mi alma, , 
— ¡ Maldito y malditas 
Serán tus palabras! 



BALADAS. 



155 



Y ella callaba, y ardiente 
Él instando proseguía : 

— "Quieres oro y perlas ? ¿ Quieres 
Las ricas joyas de la madre mia? " 
— Maldito el que ofrece ! 
Maldita la niña ! 

— "Quiero-dice-haciendo alarde 
No ya de niña, de fiera. 
El corazón de tu madre" .... 
Tiembla el mancebo, mas murmura-¡espera! 
— ¡ Guai del miserable 
Que corriendo tiembla! 

Algo de extraño, invisible 
Vaga en rumor gemebundo ; 

Y es que Cain se sonríe 

Y Satanás con él desde el profundo. 



-¡ Ay, hombre infelice ! 
Mal astro te cupo ! 



Duerme serena la madre, 
Y él llega, la mira, y ciego, 
Más vil que el puñal que blande. 
El corazón le arranca, y corre luego. . 
— ¡ Jamas un infame 
Mavor vio el infierno ! 



Ya gana la puerta, cuando, 
Corriendo en tortuosos giros. 
Tropieza, y cae. ... y mui paso 
El corazón le dice entre suspiros . . . . 
— ¿ Te habrás hecho daño ? 



Responde, hijo mió ! 



Agosto — 1881. 



U ARAUCANA. 



TAN medrosa por un rio 
La noche oscura se interna. 
Que se asemeja el vacío 
La boca de una caverna. 
Por eso mira á los cielos 
Lavando sus pañizuclos 
Una anciana por el rio 
Biü— Bio. 



Cada rumor es u.i trueno, 
O triste tañer de doble 
Allá en el Ande chileno 
Hasta el océano inmoble : 
Así el viento á la distancia 
Miente, oda la resonancia 
De un grito, de un ¡ ai !, de un trueno, 
Jíronco y lleno. 



— "l'or la vega ! l'or la vega! " 
Se oye al lejos voceando. 
Mientras que la anciana riega 
Sus pañales, murmurando: 
— "Del prado pisa la alfombra 
Un ginete entre lasombra ; 
Si galopa por la vega 

Pronto llega." 



No bien consigo mismo habla, 
El ginete se presenta 
Gritando ; — ¡ "todo se endiabla 
En noche tal de tormenta! 
Bruja! ¿no habrá una barquilla 
Que me pase á la otra orilla ? " 
— "Para el sacrilego que habla 
Ni una tabla." 



— "Pues llama, evoca á tu hermano 

Satanás ; ¡ eh ! ¡ cosa nueva 

Será verá un duende enano 

Cómo en el aire me lleva ! 

¿ (¡ozarás viendo á españoles 

Morir aquí ? ¡ Caracoles ! " 

— " ¿ Eres de jesús hermano ? " 

— "Soy cristiano ! " 



— Pucy, español, en un credo, 
¡ Ai agua ! i Lánzate listo ! 
¿Quién en España hubo miedo 
Al nombre de Jesucristo? 
¡ Al rio ! que en sus cristales 
Te so.stendrán mis.j|)añales. 
¡ Mélos aquí ! por un credo 



Te los cedo. 



— "Creo en Dios Padre". . . , 
Bajo el nublado sombrío, 
El ginete en su trotero 
Se arroja rezando al rio. 
Ya era tiempo, que feroces 
Asomaban dando voces 
Los ///í'/c/i'í'í, tras el ligero 
Caballero. 



Esguaza con ansia loca 
La corriente (el ruido cunde ); 
Mas ¡ qué diablos ! como roca 
El caballo se le hunde ; 
La vieja que lo comprende 
Sobre el Bío — Bío extiende, 
Dando gritos como loca, 
La su toca. 



y lijcro. 



156 



BALADAS. 



— "Salta ! "... .y sonando el herraje 
Rompe el trotero la brida ; 
Y en el respingo salvaje 
Cae á la toca extendida. 
■ — "Firme allí ! " y en ella presto 
El español pasa enhiesto, 
Sonando al indio su herraje 
De coraje. 



Así en tierra americana 
Se cumple tal maravilla 
En honra á la gloria humana ; 
¡ Qué el español era Ercilla ! 
España salvó una gloria, 
Y Chile una extraña historia 
De grandeza americana; 

"i La Araucana ! " 

Maracaibo, Noviembre i°. de 1880. 



PASTOR, MONTERO Y FANTASMA, 



VOLANDO va una paloma 

Es que cruza la arboleda 
Mientras el alba se asoma. 
La niña del brial de seda, 
De seda color de malva ; 
Coma hai mucha escarcha fria 
La niebla oscurece al dia 
Por má,s que se asome el alba. 

Llegó la niña á una alfombra 
Que el césped formaba blando 
De un gran cerezo á la sombra ; 
Allí divisó temblando, 
Como muda centinela. 
Mientras la nieve caia, 
A un cazador que cojia 
Por sorpresa á una gacela. 

— "Montero, al dejar la aldea, 

¿ No has visto á un pastor gallardo, 

Que las gamuzas ojea 

En el monte "San Bernardo ?" — 

Sin hablar, volvió los ojos 

Y le señaló una via .... 

Siguió, pero ya tenia 

Las mejillas como abrojos. 

Cuando cayó á la campiña 
Dejando atrás la arboleda, 
Llevaba por brial la niña 
Trizas sangrientas 4^ seda. 



Al pié de un roble sentado. 
Vióal montero. — Allí tenia 
La gacela que gemia 
El corazón traspasado. 

— "Montero, si el bien perdido 

Que busco, hallarlo pudieses. 

Te diera un perro nacido 

En los Alpes tiroleses," 

Sin hablar, mostró un barranco 

Cuando al barranco seguía, 

La pobre niña tenia 

Su negro cabello, blanco. 

Como del sol á las luces 
Se alejaban las tinieblas, 
La niña vio muchas cruces 
Tumbadas entre las nieblas. 
Era el barranco un osario, 

Y uft' fantasma allí se vía. 
Que á una gacela envolvía 

En los pliegues de un sudario. 

— "Montero de forma extraña, 
Soi niña y triste me muero, 
Pues no encuentro en la montaña 

AI más gallardo montero." 

De pronto el terror la pasma 

Y cae.... Del negro abismo 
Comprende que es uno mismo 
Pastor, montero y fantasma. 



EL VIRJÍNÍÜS. 



ALLÁ en lo oscuro. 
Antes que el alba la mar serene, 
Y entre su inmensa movible alfombra 
De blanca espuma, como una sombra 
Lijera nao bogando viene. 
I Yaca en las sirtes 

Cabe las negras inmobles rocas 
Que en sus abismos oculta el mar. 
Como un fantasma de largas tocas 
Bajel de guerra cruzando va. 



Cuba la heroica 
A quien las manos en su venganza 
Ata la fuerza, los labios sella, 
Sobre la sombra puso una estrella, 
Signo divino de su esperanza. 

La España altiva. 
Ciega al progreso y á Dios ingrata. 
Dijo al fantasma con ronca voz : 
— "Hunde esa estrella y á Cuba mata, 
Quiere ser libre del español." 



BALADAS. 



Í57 



Y así la nao 
Como una sombra, boga, que aliento 
Tiene, y no á Cuba la muerte pasma ; 
Los dos bajeles cortan el viento ; 
Pero á la sombra busca el fantasma. 

Ai ! en el cielo 
Brillando el dia la noche salva ; 
Ya no hai visiones ! Nao y bajel 
Como enemigos al sol del alba 
Lejos, mui lejos cruzar se ven. 



"Maldita lumbre!" 
Grita el Virjinia forzando vela. 
"Caza!" el Tornado grita en su saña, 

Y aviva luego su ardiente entraña, 

Y sobre el agua tronando vuela. 

¡ Ai del Virjinia! 
Botando carga, de tumbo en tumbo 
Busca la tierra ¡ sálvelo Dios ! 
Pero el Tornado le corta el rumbo, 
Busca su presa ¡ si es español ! 



Triunfó la fuerza! 
La sangre corre, los vientos gimen ; 
Ni el mismo infierno sañudo alcanza 
Entre las nieblas de esa matanza. 
Cómo soporta Dios tanto crimen. 

Cuba la mártir ! 
Alienta, ! insiste ! marcha ! pelea ! 
Por ti responde la humanidad ; 
Desde el martirio de Galilea 
Pueblo que es mártir, es inmortal. 

Asi la nao, 
Sombra nocturna, se pega al viento. 
¿ Cuándo á los libres la muerte pasma? 
Y así el de guerra bajel sangriento 
Marcha ! á la sombra busca el fantasma. 

Pero en el cielo 
Brillando el dia la noche salva; 
Ya no hai visiones ! Nao y bajel 
Son enemigos, y al sol del alba 
Lejos mui lejos, cruzar se ven. 



A Mí AMIGO DIEGO J. RAMÍREZ. 



¿ADONDE corres, barquilla? 

¿Por qué, barquilla, te vas 

A las luces vespertinas 

De este cielo tropical? 

— Leva ! la gente responde, 

Y el ancla suspende audaz : 

Y como el mar está inmoble 
La barquilla corre, corre 

Por el mar. 

Brilla la luna, y no hai timbre 
Que no den en remedar 
Los vientos del Golfo triste 
En esta noche fatal. 
Parecen doblan á muerto, 
Cuando, en la noche, no es más 
Que el ruido del ronco viento 
La barquilla extrcmeciendo 
Sobre el mar. 



El mar se ha vuelto de espumas 
Porque la luna se va, 

Y es en la sombra que oculta 
Su iiorror la suerte fatal. 
Gigante sudario mienten 
Las espumas. — ¡ Es verdad ! 

¡ Parecen cifra de muerte ! 
¡ Ai, de la mísera gente 

Sobre el mar ! 

La pobre gente no ha vuelto 
Al dulce y tranquilo liogar ; 

Y el mar parece un espejo, 

Y el viento callado está. .. . 
Así mi frente tranquila 

Del alma oculta el afán. 
¡ Ai, corazón, fué tu vida 
Como la pobre barquilla 
Sobre el mar. 



LOS CÍELOS DE LA TARDE. 



CUITADO marinero 
Del mar de las Antillas, 
¿Porqué con frente pálida 
Miras las nubéculas 
Teñidas de arrebol ? 
¿Qué tiene ese postrero 
Celaje vespertino? 
Es fuego de los trópicos 



Que brilla en el camino 
Magnífico del sol. 

No endereces cobarde 
El rumbo hacia el oriente ; 
Lo que se alcanza expléndido, 
Como volcan ardiente. 
No augura el temporal; 



158 



BALADAS, 



Es la risueña tarde 
Que muestra, allá á lo lejos 
Del horizonte cárdeno, 
Las nubes como espejos 

Y rocas de coral. 
Así fulgura el cielo 

Mientras el sol pasea 
Por las regiones tórridas ; 
La luz así chispea 
Cual lluvia de carmín ; 

Y en el flotante velo 

Del mar que sordo brama, 
El sol así vivífico 
Colora, pinta, inflama 
Su blonda de jazmin. 

Marino solitario 
Sobre la mar profunda, 
No temas del crepúsculo 
La tibia luz que inunda 
El cielo por doquier. 
¿Qué ves? ¿El incendiario 
Cielo de aquesta hora? 
Son los celajes índicos. 
La luz encantadora 
Del vivo rocicler. 

Yo sé cómo resiste 
El alma á su tormento 
En estas horas rápidas, 
Cuando murmura el viento 
De la barquilla en pos : 
El marinero triste 
Yo sé que en este instante, 
Sobre la popa trémulo, 
Eleva suplicante 
Su corazón á Dios ; 

Pero ¡ ai ! después que inclina 
¡ Cuitado ! la cabeza, 
Después que, melancólico, 
Con llanto de tristeza 
Bañó su corazón ; 
El alma se ilumina. 
Se ensancha el noble pecho, 

Y en medio del océano 

El mundo viene estrecho .... 
¡ Poder de la oración ! 
Mas tú la prora marcas 

Y piensas que en tus penas 
Se abraza en luz volcánica 
La fimbria de azucenas 

De ese flotante tul. 
Tal vez nuestras comarcas, 
Pobre nauclero, ignoras ; 
Tal vez nunca de América 



Miraste las auroras 
Bajo su cielo azul. 

Que aquí son los espacios 
De férvidos colores, 
La tierra, el ancho piélago, 
Los rios y las flores, ' 
Todo se enciende aquí. 
Espuma de topacios * 

La nube oscura miente, 

Y el horizonte cóncavo 
Semeja reluciente 

L"n disco de rubí. 

Doquier aquí se mira 
La tarde vaporosa, 
Como una concha diáfana 
De porcelana y rosa 
Bañada por la luz ; 

Y si la noche gira 
Cercana al sol que pasa, 
Sombras y nieblas húmedas 
Encienden como brasa 

Su tétrico capuz. 
Bajo ese polvo de orb 
No temas se caliente 
El soplo de la atmósfera ; 
No temas, no, reviente 
El negro temporal ; 
No viertas triste lloro, 
Si ya el pesarte abruma, 
Que aquesa luz fantástica 
■ Es la belleza suma 
Del cielo tropical. 

Cuando lijeras remen • 
Las naves españolas 
Izadas en los mástiles 
Las viejas banderolas 
De su fortuna infiel ; 
Pregúntales si temen 
Cual tú, pobre marino, 
Esc celaje cárdeno. 
Pálido y purpurino, 
De plata y de oropel. 

Marino solitario 
Sobre la mar profunda. 
No temas del crepúsculo 
La tibia luz que inunda 
El cielo por doquier. 
Qué ves? ¿El incendiario 
Cielo de aquesta hora? 
Son los celajes índicos, 
La luz encantadora 
Del vivo rocicler. 



BALADA MARINA. 

Santa Rosa de Liifla. 



DEL fondo de una tartana 
Que cruza el mar turbulento 
De la tierra americana, 
Se alza en las alas del viento 



Horrible grito, 

Voz de pesar : 
— "Dios bendito. Dios b.eaidito, 
Que nos traga el hondo mar." — 



BALADAS. 



159 



Por la banda el palo roto 
Hizo estopa la obra muerta, 

Y la sangre del piloto 
Tía manchado la cubierta. 

La gente ansiosa 

Clama doquier: 
— "Santa Rosa, Santa Rosa, 
No nos dejes perecer," — 

El cielo de horror se viste, 
La noche llega inclemente, 
El viento retumba triste, 

Y el relámpago candente 

De hito en hito 
Se ve brillar. . . . 
— "Dios bendito, Dios bendito, 
Que nos traga el hondo mar."— 

— ; Arrima, arrima á la bomba. 
Que el agua está en la bodega ! 
¡ Si revienta aquí esa tromba 
Hasta la popa se anega ! 

¡Tocad el pito ! 

¡ Pronto á virar. . . . ! 
"Dios bendito, Dios bendito. 
Que nos traga el hondo mar." — 

— Orza todo .... !-El brio sobra. 
Que son marinos de España ; 
Pero al cambiar la maniobra 
Rompióse timón y caña. 
Nuevo conflicto 
Que hace exclamar : 
— "Dios bendito, Dios bendito, 
Que no? traga el hondo mar." — 

Por salvarse aquella gente, 
(Que mucho el vivir se estima) 
Le ofrece rico presente 
A la Patrona de Lima 

¡ Suerte horrorosa . . . . ! 

Trance fatal ! 
— "Santa Ro.sa, Santa Rosa, 
Desvanece el temporal." — 

Lafe velas se han hecho trizas 

Y sus mojados jirones 

No dejan correr las drizas 
Mordidas en los motones 



¡ Pica. . . . ! quebranta. 

¡ Oh, noche cruel ! 
" Santa Rosa, Rosa Santa, 
Ya cruje el frágil bajel. 

De pronto el cielo se baña 
En roja luz indecisa, 
Y una aparición extraña 
Se ve que las ondas pisa; 
La nao se hunde 
Del viento en pos .... 
— ¡ Oh Santa ! llega y difunde 
La calma, en nombre de Dios."- 

Rajo aquellos resplandores, 
De un cestillo campesino 
La virgen saca unas flores 
Que arroja en el torbellino. 

Ronca, espumosa 

Zumba la mar : 
— " Santa Rosa, Santa Rosa, 
Tú nos vienes á salvar, — " 



Y era así, que en 'el momento 
Innoble queda y sombría 

La mar, mientras lleva el viento 
Las rosas de Alejandría. 

\'elada airosa 

Con tenue tul. 
Se deja ver Santa Rosa 
Aplacando el mar azul. 

Rendido cual un gigante 
El abismo muge sordo, 

Y de hinojos suplicante 
Llora la gente de abordo; 

Al fin se anima. 

Cobra valor. 
— ¡ Salve, patrona de Lima 
Virgen de paz y de amor ! — 

Cuando la aura clarea 
Mete en viento la tartana 
Cantando-"bendita sea 
La virgen americana. "- 

Del infinito 

La gloria fué ; 
Tu poder ¡ oh Dios bendito ! 
En Santa Rosa se ve. 



LA ULTIMA ROSA DE VERANO. 

THE LAST SÜMMER ROSE. 
A Francisco Gaicano. 



DEErin en un verde prado 
Lleno de ricas panojas. 
Iba azotando las hojas 
Un viento del norte helado. 
De Efih era el \'erde prado. 



Mientras pasaba corriendo 
Sin- piedad del hortelano, 
Vio á una rosa de verano 
Muí triste palideciendo; 
Y ya no pasa corriendo, 



160 



BALADAS, 



Para inquirir su quebranto 
Muí quedo el viento le dice: 
• — Reina del prado felice, 
¿ Por qué palideces tanto ? 
¡ Me da miedo tu quebranto ! 

— Porque tú de sombras pueblas 
Campiñas, montes, cascadas, 
Y las reinas perfumadas 
No brillan entre las nieblas 
Con que á Erin pasando pueblas. 

— Yo quiero salvar tus galas 
Risueñas y campesinas 
- — Pues aleja tus neblinas. 
— Ya me las llevo en mis alas 
Queda en paz, luce tus galas. 

Torció el rumbo, mas la reina 
Siente, que el viento en su marcha 
Va dejando mucha escarcha 



Que en copos sus hojas peina' 

Y ajada se ve la reina. 

Y tiembla al beso aterida, 
De aquel soplo que convierte, 
En despojo de la muerte 

El encanto de la vida, 
Deshojándose aterida. 

Así su esperanza pierde 
La rosa del prado mustia; 
Que siempre es signo de angustia 
El viento de Erin la verde 
Que á reinas y flores pierde. 

Postrer sonrisa en la alfombra 
Del campo fué tal belleza : 
Vive así naturakza 
Entre la luz y la sombra 
Conque Dios la tierra alfombra. 




MeritiítiE, 




m m ALBüM. 



ALLÁ en los bosques de la Florida 
Tierra nevada lejos de aquí, 
Hay una fuente que da la vida. 
Muí misteriosa, muí escondida, 
La fuente indiana de Bhiiiní. 

Cuentan que un día gente de España 
La prodigiosa fuente encontró; 
Pero al gañido de una'alímaña 
El agua pura, ¡ desdicha extraña ! 
Se hundió en la tierra, despareció. . . . 

Sobre las ondas de las Antillas 
Blancas isletas salir se ven, 

Y una, Bonaire, sus maravillas 
En las espumas de sus orillas 
Guarda entre perlas, tiene también 

Pozas profundas de aguas serenas 
Del cielo pintan las nubes mil; - 

Y como el fondo lleno de arenas 
Brota corales de rojas venas, 

Y azules conchas más que el añil ; 

Quiebra en las ondas, brilla y retrata 
Sus mil cambiantes la luz del sol ; 

Y así, la espuma que se desata, 



A Se torna al punto lluvia de plata, 
Polvo de perlas y caracol. 

Hoy que el azteca noble y valiente 
Yace en olvido, dan en decir: 
Que en los boscajes de aquella gente 
Ave de pluma resplandeciente, 
Vaticinaba su porvenir. 

Y es fama en todos, que Motezuma, 
Rey de la tierra, quiso escuchar 
Al pajarillo de^roja pluma, 

Y el vaticinio sabiendo en suma, 
Lidio como era se dio á llorar. 

Niña, la indiana de estas laderas. 
Vamos, formemos grata ilusion- 
l Cuál de estas, bellas, dulces quimeras. 
Tú, la garrida niña, quisieras. 
Si consultara tu corazón ? 

¿Quieres la vida? ¿ Las aguas quieres 
Con qué están fácil ser inmortal? 

Y ¿qué es la vida sin los placeres? 
¡Un tedio eterno. .. .¡ No, las mugeres 
Nunca se avienen con vida tal. 



AMERICANAS. 



161 



Pues ¿y las pozas de arena blanca? 
Recuerda, niña, que el sol allí, 
Luego que el agua bulle y se estanca. 
Toda la espuma de la barranca 
Se vuelve chispas de oro y rubí. 

Mas ¿de qué sir\"e prodijio sumo? 
¿Qué vale empero tanto primor, 
Si las riquezas se vuelven humo. . . .? 
Ah, linda indiana, bien lo presumo; 
Ese prodijio no es el mejor. 

Pueda que el ave del bravo azteca 
Cojas al cabo, quieras oir. . . . 
¿ No eres curiosa? — ¿Cuando la rueca 
Tras un secreto, niña, no peca, 
Y más si encierra su porvenir ? 

Por ella, niña, sabrás en tanto 
Si del poeta verdades son 
Las armonías que hai en su canto, 



Los mil suspiros que ¡i^i en su llanto, 
Las hondas llagas del corazón. 

Mas, ¿cuadra á un ángel sabt-^ las penas 
Y extrañas cuitas, cuando, en veivdad, 
No puede el ángel á manos llenas. 
Curar desgracias que son agenas 
A los consuelos de la amistad . . . .? 

Eso un martirio más que alegría 
Fuera : la indiana, siendo muger. 
Indiferente jamas vería 
Nuestra desgracia, nuestra agonía. . . . 
¡ Nadie tristezas quiere saber ! 

¿Quedas siifnada, palma guaírefta? 
No, que embriagada de juventud, 
Aunque ficciones tu alma desdeña, 
Yo sé que á solas el alma sueña 
Con los encantos de la virtud. 

La Guaira, de 18=; 8. 



%■ 



LA VIRGEN Y £L NIÑO. 



BAJO la sombra del cielo 
Que vacila con el alba. 
La vela tendida al viento 
Cruza el Coquivacoa una piragua. 

Y como lucha la sombra 
Entre el carmín y la grana, 
Van semejando las olas 
Madejas de cristal tornasoladas. 

Risueño se anuncia el dia, 
Apacible la mañana, . 

Pero refresca la brisa 
Y el barquichuelo vuela sobre el agua. 

— "Nauclero de esta laguna 
Que tan descuidado cantas, 
Mira que la brisa zumba 
Por más que entre sonrisas venga el alba. 

Así se escuchan de un niño, 
Pasajero en la piragua. 
Con dulce acento, los gritos 
A un viejo timonel que alegre canta. 

En vano se puso de orza 
En este momento el nauta. 
Que el agua entró por la popa, 
Como una fiera que al redil se lanza. 

En tan imprevisto apuro 
Aquella barquilla náufraga 
Sobre estribor se mantuvo 
Con toda la obra muerta bajo el agua. 

En los espacios del cielo 
Espléndida brilla el alba ; 
Pasó el peligro y al puerto 
Llega con viento en popa In piragua. 



!a mndre grit:i 



II. 

— "Adonde, nauclero, adonde 
Q"uedó el hijo de mi alma? 
¡ El que te llamaba á voces 
Recojiendo telinas en la playa!" 

— "Tu pobre niño" murmura 
El viejo en breves palabras, 
"Con la ventisca, su tumba 
Halló en el lago de las aguas mansas." 

— "Nauclero, 
Enjugándose una lágrima, 
"Por Nuestra Madre Santísima 
Llévame adonde el niñcsc fué al agua." 

— Mujer, tu intento es locura; 
Mas fueros de la desgracia 
Son las insensatas súplicas. . . . 
A mi brirquilla sube. — i Le\'a y marcha ! 

Allá lejos se distingue 
Lago adentro una piragua: 
A la Sant^ima Virgen 
La pobre madre eleva su plegaria. 

III. 

Ciérrala noche y las sombras 
Se ciernen trémulas, vagas : 
El lago Coquibacoa 
Parece que está lleno de fantasmas. 

Son las barquillas que mienten 
Formas distintas y extrañas 
Cuando la noche se extiende 
En el risueño lago de mi patria. 

— "Madre que en tan honda tumba 
Tienes tan grande esperanza, 
Hai quien consuele tu angustia. . . . 
Un ángel en las ondas sobrenada." 

21 



162 



AMERICANAS, 



— "¡ Derriba, en nombre de Cristo !" 
Gritó el viejo de la cantiga, 
"Esa voz es un aviso 
De la misericordia soberana. 

Al resplandor de un lucero 
La gente medio asombrada- 
Vio al niño que iba sereno 
Sobrenadando eri las profundas aguas. 



Inclinada hacia el abismo 
La madre al hijo levanta 
Temblando como los lirios 
Que arroja la mareta en nuestras playas. 

— Nauclero, cambia de rumbo. 
— Niño, i es verdad ! cambia ! cambia ! 
¡ Al puerto ! y que sepa el mundo 
Este milagro de la Virgen Santa, 
í Agosto 1° de 1 87 1, 



m EL ÁLBUM 

de la hija de rai amigo el Dr. Gerónirao £. Blanco, 



BRISAS nocturnas del mar caribe. 
Que en mi risueño país natal 
Hasta las chozas do el indio vive 

Llegáis, nocturnas, 
Con mil rumores sobre las flores. 
Como encantando su soledad ; 

Yo que mil veces solo y perdido 
Por las florestas y el cabañal. 
Lloro como ave lejos del nido, 

Pues á las veces 
Vuestras sonrisas, nocturnas brisas, 
De aquellas chozas nuevas me dan ; 

Hoi que descanso de mis funestas 
Hondas angustias, brisas del mar. 
Las dulces trovas de mis florestas, 

Ya que descanso. 
Bajo el risueño sol caraqueño , 
Ver quiero adonde vienen y van. 

II 
Palma del rio verde y gallarda. 
Llena de flores del mes de Abril, 
Si alguna nube del cielo, parda, 

Ves en tu rio, 
Díle á la nube que te acobarda : 
"Huye á tu cielo, pues soi feliz 
(Llena de flores del mes de Abril. 

Cuando se goza tan dulce calma. 
Con el prestijio de la virtud, "^ 
Mira que el cielo, niña del alma. 

También se goza, 
Porque es su gloria ver una palma 



Suelta y garrida, como eres tú. 
Con el prestijio de la virtud. 

Que ese prestijio sea el primero 
Con que te admiren llenos de amor 
Ya el can:ipesino, ya el caballero 

Con su prestigio. 
Pues no hai encanto más verdadero 
Como esa gracia, que hoi te da Dios 
De la inocencia llena de amor. 

Del rayo herido ven los pastores 

Muchas encinas del encinar ; 

¿ Sabes ¡ oh, palma llena de flores, ! 

Cuando es que heridas 
Caen aquellas? — Los ruiseñores 
Cantando alegres te lo dirán, 
¡ Que ellos frecuentan el encinar ! 

Niña hechicera, palma del rio, 
Por quien las flores rico dosel 
Forman en medio del sol de estío. 

Sabe, hechicera. 
Que hasta las sombras de un hado impío 
Puedes llenarlas de esplendidez. 
Si las virtudes son tu dosel. 

Brisas nocturnas de otras regiones. 
Que ignoran todos cómo es que van 
Agonizando mis ilusiones. 
Mientras nocturnas. 
Lleno de angustias, estas canciones 
Ofrezco en aras de la amistad 
Por ver adonde vienen y van. 

Caracas, Mayo 1° de 1865. 



m EL ALBÜM 

de la Seüorita Araazili Bnrgos. 



BELLO país de las palmas, 
Amorosa patria mia, 
¿ Por qué sin cesar me llamas 
Con las trémulas voces de tus brisas ? 



Bien se conoce que tienes 
Mensajeras' ventolinas. 
Que van por su gusto y vienen 
Corriendo alegres por las tierras indias. 



AMERICANAS. 



163 



Tú sabes cómo del lago 
Hizo rumbo mi barquilla 

Y tristemente llorando 
Cruzé las ondas de la mar bravia. 

Si, pues, todo te lo cuento 

Y sabes toda mi vida, 
Mira, patria, que te ruego 

En nombre de mis férvidas desdiqhas, 

No me avives tus memorias. 
No me llames ni le digas 
A las auras rumorosas 
Que en las ausencias el amor se olvida ; 

Porque pueden mis tristezas 
Ser tan profundas un dia, 
Con tus amorosas quejas 
En las auras del lago fujitivas, 

Que lo intenso de la angustia 
Me haga un mal tan sin medida. 
Que de la luz que me alumbra, 
Oscile y muera la postrera chispa. 

Mas, ;no es verdad que tú sientes 
Mis dolores, patria mia? 
¿Cuándo no tienen las madres 
Para sus hijos májicas sonrisas .•" 

Pues, mira, contarte quiero, 
Antes que otro te lo diga, 
El misterioso embeleso 
Que hace sonar aquí todas las liras. 

Yo también embelesado. . . . 
I Patria, patria, no me riñasi 
Llevo las trémulas manos 
Sobre el arpa buscando una armonía. 

Porque al cabo siendo solo 
Una mui triste avecilla 
La que embelesando á todos 
Mantiene embelesada la campiña, 

¿ Qué mucho, medio llorando, 
Cante una tro\'a nativa, 
Si en este suelo encantado 
Ella es también un ave peregrina? 

— ¿ Por qué á todos embelesa? 
(Preguntarás, patria mia,) 
— ^Tal vez, tal vez porque s7/c-ñír 
Donde no sueña nadie y todos gritan. 



Porque apesar de los hombres 

Y lo vulgar de la- vida, 
Tanta es la savia que corre 

Del generoso corazón que abriga; 

Que le parecen verdades 
Las venturosas mentiras, < 

Y diera toda su sangre 

Por calmar el dolor de agena herida. 

Patria, ¿sabes lo que pienso 
De esta paloma que anida 
Hoi en el val caraqueño 
Al rumor de sus fuentes cristalinas ? 

Pienso que en estas regiones 
Su corazón se marchita. 
Que le hacen daño las flores 
Por las sierpes qu& guardan escondidas. 

Ella, el ave rumorosa 
De dulce melancolía. 
Que girne como las olas 

Y tiembla cual la verde sensitiva ; 

Ella oyendo ruidos tantos 

Y tan varias armonías. 
Mil tormentos levantando 

Sobre su corazón lleno de vida ; 

¿ Que hará, por suerte, tan lejos 

De su nidal, la avecilla? 

Ai ! patria, dile á tus vientos 

Y á las del lago resonantes brisas : 

"Que los mares atraviesen 

Y llegando á estas colinas 
Arrasen flores y sierpes 

Y apaguen las ruidosas armonías. ..." 

Así la de ojos mui negros, 
La triste y blanda avecilla, 
Podrá levantar áu vuelo 
En pos ele sus florestas escondidas; 

Y cesarán los encantos, 

Y las soñadas delicias, 
A las realidades dando 

La luz que han menester para que vivan. 

Bello país de las palmas, 
Amorosa patria mia, 
l'ensando en tí pulsé el arpa 
En honra á las virtudes de una amiga. 
Caracas, Abril 28 de 1865. 



EN EL AIBÜM 

de la distin|mda artista Adela Robreño. 



PERI'TLES de oro tienen á miles 
Las tersas olas del lago azul, 
»Y aunque otros lagos tengan sutiles 
Perfiles de oro, 



ÍNo son de aquellos áureos perfiles, 
Olas de fuego, randas de luz, 
f Perfiles de oro del lago azul. 



164 



AMERICANAS. 



Dije alas aves: en libre vuelo, 

Hijas de! aire, de aquella luz 

Que al ciclo alumbra, tracdme un velo. 

Fuemn las a\'es, 
Fueron volando, volando al cielo ; 
Pero ¡ ai ! tornaron del cielo azul 
Sin el brillante rayo de luz. 

Como en las palmas doquiera oia 
Más de un acorde dulce rumor, 
Pedí á las palmas una armonía ; 

Pero en las palmas 
Temblando el eco me repetía : 
"Para las grandes obras de Dios 
No hai en las palmas dulce rumor. 

Vi una colina llena su falda 
Con rojas flores de este país, 
Pedí á las flores una guirnalda, 

Mas la colina 
Dijo, más verde que la esmeralda. 
¿Qué son al genio grande y feliz 
Las pobres flores de este país? 



A Si á mi deseo no hai quien responda, 
Mientras las aves vienen y van; 
Si ni aun el cielo, ni la mar honda. 

Tras mis deseos, 
Que, cual las aves, á la redonda. 
Cruzan los aires, crujan el mar 
Y por la tierra vienen y van ; 

Tienen ¡ ai, triste ! lo que buscando 

Va por el mundo mi corazjDn ; 

¿ No es mala estrella que yo cantando. 

Cantando triste, 
Pase mi vida siempre admirando, 
Al genio siempre siguiendo en pos. 
Dando latidos mi corazón ? 

Ved, pues, que en suma no hay quien comprenda 

La vida mia; solo el laúd 

A tus. altares lleva su ofrenda ; 

Mas ved que en suma 
A sus acordes no hay quien atienda, 
Que, por ser mios, pasan cual luz 
Los blandos sones de mi laúd. 

Maracaibo, de 1864. 



A U "FLOR DE ADORMIDERA." 



¡ AI, rosa, ya estás vencida 
Pues lie visto en la pradera 
Una flor llena de vida, 
Mas que rosada, encendida : 
La " Flor de la adormidera." 

Viendo esa flor encantada, 
Con profunda admiración. 
Dije : " esa flor colorada 
"Sin duda ha sido manchada 
"Con sangre de un corazón. 

"Y pues, que la flor es roja 
"Y son tan negras mis penas, 
"En esa flor se me antoja, 
"Ya que la vida me enoja, 
"Ver la sangre de mis venas. 

"Cuando á la luz déla aurora 
"Vi esa flor; de luego á luego 
"Me murmuró una pastora: 
¡ "Parece que te enamora 
"Esa flor color de fuego ! 

"Pues oye : en la pradería, 
("Y mientras esto decia 
"Era su risa tan franca. . . .) * 
, "Un tiempo esa flor lucía 
"En vez de roja, mui blanca ; 

"Pero llegó ruborosa 
"Alice aquella zagala 
"De labios color de rosa, 
"Y como andaba celosa 
"Es decir de noramala ; 



"Sin saber en sus congojas 
"Lo mucho que un beso inflama, 
"Su boca de tintas rojas 
"Puso en la flor, y las hojas 
"Se hicieron color de llama. 

"Desde entonces el color 
"Blanquísimo del jazmín, 
"Que ostentaba aquella flor, 
"Cambió por celos de amor, 
"En el color del carmín." 

Tal me contó una pastora ; 

Dime, flor encantadora, 

¿Es mentira? Esa zagala, 

¿ No anda también con la aurora 

Celosa y de noramala ? 

Como el amor corre en pos 
De todo aquel que suspira, 

Y es niño amor, siendo dios, 
Flor, ¿no habrán dicholas dos 
Zagalas una mentira? 

¡ Eso lo sabrán los sabios ! 
1 Yo no, que soló recojo 
Del mundo crudos agravios, 
E ignoro cómo unos labios 
Lo blanco cambian en rojo ; 

Y cuando escucho, al exceso 
De mi pena continuada. 
Sonar en la sombra un beso, 
Pregunto simple ¿qué es eso? 

Y el viento responde ¡ nada. . . . ! 



AMERICANAS. 



165 



Y yo lo creo . . . . ! y pasando 
Sigue el viento gemebundo, 

Y el beso sigue sonando, 

Y yo pensando, pensando 
En las nadas de este mundo. 

Flor pomposa y colorada, 
Aunque en tí viese la huella 
De un beso con la alborada, 



Ya que un beso, flor, es nada. . . . 
Siempre te amara por bella. 

Y, pues, la vida me enoja, 
¿Qué mucho, sien tantas penas, 
Se me ocurre ó se me antoja. 
Creer que tu tinta roja 
Toda es sangre de mis venas? 
■Caracas, Mayo 8 de 1865. 



ÍNDÍÁNÁ. 

A Mannel María Fernández. 



TENIENDO la vida en poco, 
Pues por su amor se desvive 
Las aguas del Orinoco 
Triste atraviesa un caribe. 

En busca va de Nelida, 
Por quien suspira de amores ; 
Más risueña y más garrida 
Que la palma con sus flores. 

India de nobles intentos, 

Pero en quien corren contrarios. 

Generosos sentimientos 

Y pareceres voltarios. 

Su tribu entera le llama, 
"La instable flor del cariño," 
Porque aborrece como ama 
Aquel corazón de niño. 

Y en verdad que mucho arguye 
Su inconstancia, cuando ahora 
De Mará el cacique huye. 

Por más que el indio le adora. 

Como la corriente clara 
Ella esguazó fujitiva, 
Lanza el indio su curiara 
Rio arriba, rio arriba. 

Y aunque la tersa corriente 
Oculta el follaje umbrío, 
.Sigue el caribe paciente 
Por el rio, por el rio. 

Llega á un raudal donde vibra 
El viento, formando espumas, 

Y un arco ve con su fibra, 

Y un refajo sin sus plumas. 

De rabia el indio rugiendo 
Grita: — "lo comprendo todo, 
"Con un gandul vas huyendo, 
"Y para buscar el modo 



"De engañarme en tu camino, 
"Arco, flechas y refajo 
"Arrojas al torbellino 
"Rio abajo, rio abajo. 

"Juro por la pahua Seje 
"Que baña el terso Guainía: 
"Antes que el indio te deje 
"Oculta en su ranchería. 

"Salpicar tu eliuinbe blanca 
"Con la sangre de sus venas, 
"Y orear en una barranca 
"Sus carnes de grasa llenas. 

"Si, chuchumeca ;^HarieIia, 
"Cumple á tu amor lo que debas, 
"Que como bebes la chicha 
"Yo haré que su sangre bebas." 

Calla y bogando se encorva 
Lijero, rápido, y ágil; 
Lanza una mirada torva 
Y vuela á su lancha frágil. 

II 

— "Español, español mió. 

Remontemos 
Uajo el follaje sombrío." 
— "Nelida, el viento está en calma." 
— " ¡Ai, español de mi alma, ! 

Pon los remos. 
Sigamos subiendo el rio." 

Tal bella indiana decia 
A un gallardo aventurero 
Con quien iba y con quien luiia 
Dando fondo en un pesquero. 
De la corriente sombría. 

Bien sabe la infiel Nelida 
Que solo de un hilo pende 
Su dulce y temprana vida; 
Bien la guaricha comprende 
Su salvación en la huida. 



166 



AMERICANAS. 



Atrás el temible Mará, 
Aunque el sol casi le ahoga 
Porque le viene de cara, 
Contra los raudales boga 
En su lijera curiara. 

Que ha jurado tomar cuenta 
De su amor sin esperanza, 
Pues el duelo que le afrenta 
Pidiéndole está venganza, 
A la vez que le atormenta. 

Con todo, el indio en. su saña 
Cuando acierta en 9Í(| desdicha, 
En su desdicha se engaña ; 
Quien le roba su guaricha 
Es un valiente de España. 

He aquí porque previsiva 
La indiana echó rio arriba 
Arco fiedlas y rcfaj9, 
Haciendo creer se iba 
Con un gandul rio abajo. 

Mas ¿ qué sucede ? El salvaje 
Tuerce su rumbo improviso. 
Boga, contempla el follaje, 
Vuelve, se para indeciso 

Y da fondo hacia un boscaje. 

Tal vez el viento ha movido 
Las verdes ramas pasando, 
Porque Mará oyó un gemido ; 
A no ser que esté acechando 
Algún caimán escondido. 

De pechos puesto en la proa 
El belfo labio Se muerde, 

Y mira como la boa 

Hacia aun montecillo verde 
Donde surge una canoa. 

Llorando á fuerza de enojo, 
Sin olvidar lo que acecha. 
El arco templa á su antojo, 

Y mientras cala una flecha 
Vuelve á mirar de reojo. 

Brilla en el mismo momento 
El fuego de un arcabuz, 

Y Mará, al peligro atento. 
Haciendo blanco en la luz, 
Dispara su flecha al viento. 

Tras el fragor nada queda 
En silencio, no haí mortal 
Que describir allí pueda 
Aquella escena infernal 
Bajo la oscura humareda. 



Cuando el espacio se aclara 
Se ve que luchan á muerte 
Encima de una enriara, 
El español bravo y fuerte 

Y el duro y fornido Mará. 

III 

— "Español, si no le arrancas 
"Del carcaj de caracol 
"La flecha de plumas blancas, 
"Eres perdido, español. 

"Ten cuidado, español mió, 
"El dardo en el rio arroja, 
"Que yo nadaré en el rio 
"Y pueda ser que lo coja." 

Así gritaba Nelida 
Mirando desde una palma. 
El riesgo en que está la vida 
Del español de su alma. 

Este con Mará luchando 
Sobre el batel que zozobra 
03'e á Nelida llorando 

Y pone el consejo en obra. 

Lleno de aliento y coraje, 
Sin huella mostrar de asombro, 
Quita en la lucha sX salvaje 
El carcaj que lleva al hombro. 

Cayó al rio, mas Nelida 
Lo alcanzó, que nadie inquiere 
Si pone en riesgo su vida 
Cuando de amores se muere. 

'"Cacique, tu sangre aleara 
A Maboya" — dice, y lanza 
De una cerbatana negra. 
La misma yfír//^ que alcanza. 

Tiembla el caribe y le mira 
Con tan profunda exrañeza, . 
Que no se sabe si es ira, 
O compasión, ó tristeza. 

"Si no viera quien me mata, 
"Cierto que no lo creería ; 
"Eres, india, muy ingrata. . .. 
"¡ Mal haya tu alevosía ! 

"Pero s¡ alguno quisiere 
"Saber de tí mi pasión, 
"Mira y cuenta como muere 
"Un indio de corazón." 

Dice, y resuelto se embiste' 
Con su rival que se ampara, 

Y el nuevo ataque resiste 
En medio de la enriara. 

Esta cruje, gira y vaga. . . . 

Y á entrambos, al punto mismo, 



AMERICANAS. 



167 



BuUente y rápido traga 

El rio en su inmenso abismo. 

IV. 

— "Español, español mió, 

"Remontemos 
"Bajo el follaje sombrío. . . . 

— "i Calma, calma ! ! 
— "Ai, español de mi alma ! 

"Pon los remos, 
"Sigamos subiendo el rio." 

En la luna de los vientos 
Un maaiso peregrino 



Oyó estos tristes acentos 
AI proseguir su camino. 



Curioso á escucharse puso ; 
Mas de improviso se pasma, 
Que ha divisado el iiiacuso 
Un macilento fantasma. 



En la cresta ennegrecida 
De una tristísima roca 
Se alzó aqu|d(,. . . . Era Nelida . 
La infeliz esKiba loca. 




INGRATITUD Y AMOR. 



latrodncciou. 

NIÑA de ojos divinos, 

Que en tus balcones 
Escuchas las canciones 

De los marinos ; 
Lirio maracaibcro. 
Oye también mi canto : 

Soi marinero. 

Traspasando horizontes 
Mi mente vuela. 

Donde bosques y montes 
Son de canela : 

Dejo la playa amiga, 

Y á Java voi buscando 
Dulce cantiga. 

Java, tierra preciosa. 

Tierra temida, 
Comarca fabulosa 

Donde la vida 
Se evapora encantada, 
Como el májico filtro 

De alguna fada. 

Java, suelo indeciso 

De los amores. 
Vestida con las flores 

Del paraíso, 
Cielo con triste luna, 
Flor chinesca que brilla 

Más que ninguna. 



Java, rico trofeo 

Del mar distante, 
Que se tiende arrogante 

Frente á Borneo, 
Isla de dulces aves 
Que saludan alegres 

Naufragas naves. 

Tierra donde el ambiente 

Mece las flores 
En búcaros de Oriente 

De mil colores ; 
Do el aire perfumado 
Se aspira en los jardines 

Emponzoñado. 

En este suelo niña 

Pasa mi cuento. 
Mientras murmura el viento 

De la campiña : 
Tradición javanesa 
Oriental y sencilla 

Por su belleza. 

JAVA, 

Cuando la tarde su sol retira 
En las cerúleas olas del mar, 
Cuentan que cae la perla índica 
En hondo duelo mudo pesar. 

Cuentan que entonces en los vecinos 
Bosques de java se ven lucir 



Í68 



CUENTOS FANTÁSTICOS. 



Monstruos enormes, fantasmas lívidos 
A los conjuros de algún faquir. 

Cuentan que horribles en las florestas 
De este encantado bello país, 
Saliendo á miles se ven frenéticos. 
Como en flamenco rojo tapiz, 

Selvosas sierpes de negras colas, 
De ojos de fuego, como el coral. 
Reptiles verdes, tímidas tórtolas 
Que anuncian tristes el temporal ; 

Panteras hoscas, tigres manchados, 
Que van rujiendo bajo el capuz 
De hórridas sombras, que vuelven pálidos 
Hombres y furias, cielos y luz. 

Todo es extraño, todo misterios 
En la que pinto feliz región, 
Los vientos vagos resuenan tétricos 
Cual del Kidoudi siniestro son. 

Java la espléndida tiene elevadas 
Negras mezquitas al dios azul, 

Y finje crédulas deidades^árbaras 
En los abismos del guroul. 

Tiene en los antros de sus pagodas 
El zoquetero vingadasan 
Tejidos mágicos, luces fosfóricas, 
Kioscos en forma de chatirán. 

Y en tenues hilos que en sus mercados 
Vende orguUosa Coromandel, 
Cuelgan de plintos, tal vez fantásticos 
De hambrientos tigres la negra piel. 

Todo es confuso, sombras y ruidos 
En los boscajes de esta rejion, 
Tal vez estúpidos del suelo índico 
Estos misterios, mentiras son. 

LA FLOR Y EL AVE, 

Mas ya se mira al lejos 

La nube oscura. 
Bañada en los reflejos 

Del alba pura : 

Ya se colora 
Al soplo susurrante 

De tibia aurora. 

Descorre el sol divino 

Sus gayos tules. 
Como un kiosco marino 

De olas azules : 

La lumbre leda 
Brilla como una estofa 

De rosa y seda. 

Java luego teñida , 

Con mil colores, 
Despierta sonreída, 



Bajo las flores 
De sus praderas, 
Y al ruido soporoso 
De sus palmeras. 

Luce entonces de Brama 

Cofi suaves giros, 
La flor que el indio llama 

De los suspiros : 

Las' tradiciones 
Cuentan que ella fascina 

Los corazones, 

Columpiando los vientos 

Murmuradores, 
Despidiendo lamentos 

Aterradores ; 

Parece extraña 
Aparición que brota 

De la montaña. 

El faquir que rezando 

Camina adusto. 
Tiembla, la flor mirando, 

De amor y susto ; 

Con ser tan bella 
Hasta el cipayo triste 

Se aleja de ella. 

Creación de aquel clima 

De luz plateado, 
La noche la reanima 

Con su callada 

Dulce misterio: 
Cuando llorar debieran 

Su cautiverio. 

Tan solo un avecilla 

Con sus dolores, 
Junto á la flor que brilla 

Llena de olores, 

Se ve volando. 
En amante embeleso 

La flor mirando. 

Ella cierra su broche 

Tal vez culpable, 
Do se aduerme en la noche 

Silfo impalpable ; 

Y así en mal hora 
El bengalí del Asia 

Por ella llora. 
Ave que triste anhela 

Morir amando, 
Y solo se consuela 

Su amor cantando 

Hasta su nido, 
En la orilla del Canjes, 

Puso en olvido. 
Siva, de esa comarca 

La diosa impía, 
El vivir le demarca 

Por solo un día; 

En las praderas 
Después cogen sus plumas 

Las bayaderas. 



CUENTOS FANTÁSTICOS. 



169 



Nace con las auroras 

Y triste rñucrc 
Cuando suenan las horas 

Que el triste quiere : 

La noche oscura 
Del bengalí cobija 

La sepultura. 

Horrible es esa vida 

De un solo instante : 

Volar de amor rendida 
Cabe su amante 
Que le desdeña, 

Mientras su trino vaga 
De peña en peña. 

Xi á la canción festiva 
Con que le alaba. 

La flor sonríe esquiva 
Que luce en Java : 
Xi oye su rucg'o, 

Xi mira ele mis ojos 
El dulce fuego. 

••I'lor del triste suspiro, 

"Mor voluptuosa; 
'•¿Por qué siempre te miro 

"Tan desdeño.sa? 

"Dame siquiera 
"Uno de tus estambres, 

'•Mor hechicera.'" 

El ave así su cjueja 

Repite vana, 
Como el moro á la reja 

De una sultana: 

Al triste arrullo 
La flor así responde 

Llena de orgullo. 

"Bengalí de los mares 

"Y las estrellas, 
"Vete con tus pesares 

•'Y tus querellas; 

"'i riste te miro 
"Mas ni puedo encantada 

"Darte un suspiro. 



— "¿Ni una esperanza, hermosa? 

"Ni una esperanza, 
— "¿Tu amor flor orgullosa, 

"Con qué se alcanza?" 

La flor inerte 
Temblando le responde : 

•'Mi amor es muerte." 



Ave de las congojas 

Y duros males. 
Nutrida con las hojas 

De los rosales ; 
Dulce y sencilla 
Mucres poruña ingrata, 
Pobre avecilla. 

Tornarán las tinieblas 

Y vagos ruidos, 

La noche con sus nieblas 

Y sus rujidos ; 
El sol indiano 

Se apagará en las ondas 
Del mar lejano. 

Después, cabe la alfombra 
De algún canelo. 

Bajo la opaca sombra 
Que cubre al ciclo. 
Cual negro manto, 

Se apagará por sienif)rc 
Tu acorde canto. 

Niña, pura, y preciosa 

Como una fada, 
Más bella que la hermosa 

h'lor hechizada ; 

Lirio maracaibero, 
l'.sta es la pobre cantiga 

De un marinero. . 



LA SÍLFÍDE. 

FANTASÍA , 
dedicada á mi amigo José A. Gaicano. 



¡ CUAN rico es este suelo de bellas ilusiones, 
Bajo el azul marino del cielo tropical ! 
Aquí las frescas brisas murmuran mis canciones i 
Después que han encrespado las olas de lámar, j 

Aquí, cuando la noche se extiende en mi laguna, 
^Navegan las barquillas del pobre pescador ; 
Y en alas de los vientos, al rayo de la luna. 
Dan fondo en sus pesqueros de limo y caracol, V 



Mirad si son serpientes de escamas lumino.saí5 
Las huellas espumosas del índico batel. 
Mirad cc3mo retratan las límpidas orillas 
Menudas piedrecillas de roja esplendidez. 

Aquí muriendo el dia, la atmósfera serena 
Magnífica se llena de ruidos y de luz. 
Parece que las sombras recorren ignorados 
Mil genios encantados del firmamento azul. 



170 



CUENTOS FANTÁSTICOS. 



^ 



¡ Oh lago misterioso, poblado de palmeras, 
Q,«c tienes por riberas remansos de zafir ! 
¿Quién pinta tus movibles y vaporosas brumas, 
US Cándidas espumas de nácar y rubí ? 

¿ Por qué tus lindas flores levantan sus corolas ? 
¿Por qué tus tersas olas gimiendo tristes van ? 
¿ Por qué tanto concierto, tan célica alegría, ■ 
Cuando sepulta el dia sus luces en la mar? 

¡ Cuan rico es este suelo de bellas ilusiones ! 
¡ Cuan dulcemente embriaga mi pobre juventud! 
Por eso miro siempre fantásticas visiones 
En el tapiz espléndido de su cristal azul. 

11. 



Era una noche callada ; 
La brisa en lánguidos giros ' 
Tras armonía encantada, 
Daba besos y suspiros 
A toda flor perfumada. 

Y bajo el cielo de Eneto 
Bien se via en mi laguna 
En cada espuma un lucero, 

Y el resplandor de la luna 
En cada oculto pesquero. 

A lo lejos vaporosas, 
Como blancas nubéculas, 
En las ondas azulosas 
Las veleras navecillas 
Navegaban silenciosas. 

Yo, pescador, tristemente 
También buscaba anhelante 
En un hilo de corriente, 
De algún ^ardume abundante 
La huella fosforescente. 

Y por aliviar mejor 
Mi negra melancolía, 
Probé si cantar podia 
Una balada de amor, 
Mientras las redes tendía. 

Mas ¿ quién apaga mi acento 
Con otro acento tan suave, 
Como lejano lamento. 
Como los trinos del ave, 
Cual la quejumbre del viento? 

¿Quién de improviso levanta 

Y remeda de improviso 

La voz del que triste canta? 
Hay voz en el Paraíso 
Que tenga dulzura tanta? 

Yo, pescador, anhelante 
Vi con la luna tranquila 
Aerea visión flotante, 
De azul y suave pupila, 
De mirada suplicante. 

Sobre su cuello de nieve 
La crencha de oro brillaba. 
Sobre su cintura breve 
La suelta \'cste flotaba 
Como nubécula leve, 



Llevada en la brisa leda 
Iban mojando las olas 
Su fimbria de rosa y seda, 
Que allí con la brisa enreda ; 

Siemprevivas y amapolas. 

Y en el movible cristal 
Con tal don-aire iba en suma 
Aquel genio celestial. 
Como un cisne tropical 
En la fujiti\'a espuma. 

En las orillas amenas 
Lleva así por atavío 
ElZulialas azucenas, 
. Y así atraviesan el rio, < 

El Zulia de aguas serenas. 

Su voz llegaba á mi oido 
Cual el murmurio perdido 
Del apacible arroyuelo ; 
Era un eco i;epetido 
Entre la tierra y el cielo. 

Era el fantástico trino 
Que levanta el ruiseñor 
En el bosque campesino. 
Era el adiós del marino 
A la prenda de su amor. 

Pero no, fué la querella 
Que en mi encantada laguna 
Alzó una Sílfide bella, 
Al ocultarse una estrella 
Al resplandor de la luna. . . . 

Tras negra melancolía, 
Yo, cuitado pescador. 
Que mis redes extendía. 
Estar oyendo creía 
Una querella de amor. 

III. 

^ "Ya muere en el cielo azulado 
El tenue reflejo plateado 
^Que vierte en silencióla luna, 

Y el viento del sur abrasado 
Arruga esta mansa laguna. 

"La sombra que huyendo se apila 
En torno á su lumbre tranquila 
Sus alas aun cierne en el mimdo. . . . 
En vano la sombra vacila. ... 
Ya muere en silencio profundo. 

"Ya vienen las gélidas brisas, 
Del cielo las dulces sonrisas 
Refrescan las trémulas flores, 

Y al lejos se ven indecisas 
Las nubes de ga^'os colores, 

"En tanto la mar altanera 
Me lleva gentil por doquiera ; 
Mecida en su espuma brillante 
Yo voi de palmera en palmera. 
De un lago á otro lago distante. 

"Volad junto á mí, los divinos 
Faiitásticos genios marinos 



CUENTOS FANTÁSTICOS. 



171 



Que impókn las índicas naves, 
Por esos ocultos caminos 
Que solo atraviesan las aves. 

"Iremos al rayo postrero 
De algún oscilante lucero 
I,as dichas del hombre cantando, 
Orillas del lago hechicero 
Que corre á la mar murmurando. 

"Volad junto al genio que mora 
l'erdida en el agua sonora 
Que tiñe la luz de Occidente. . . . 
\'olad mientras duerme la aurora 
Tras esa cortina de Oriente. 

'"La noche se avanza. . . .volemos, 
Del austro la voz apaguemos 
Al eco de blandos cantares ; 
Aun brilla la luna. . . .crucemos 
El ancho tapiz de los mares. 

"La noche su sombra retira. . . . 
;No veis esa estrella que gira 
Envuelta en la lóbrega niebla? 
Ya triste se apaga. . . .ya espira. . . . 
El aire de luces se puebla. 

"La aurora colora la espuma. 
Se enciende la pálida brama, 

Y al ruido perdido del viento. 
El ave sacude su pluma 

En raudo y gentil movimiento. 

"La lumbre la cumbre rodea. 
Espléndidas flores orea, 

Y el velo del alba ondulando 
Con visos azules campea 

El cóncavo espacio alumbrando. 

"Ya pasa esa lluvia de fuego .... 
.\dios el profundo sosiego 
Que vierte la noche divina . . . . ; 
Volemos. . . .el sol saldrá iui,g(j 
Tras esa brillante cortina." 



IV. 

Y se apagó la voz como el encanto 
De fujitivos sueños, vino el dia 
Con sus luces, sus flores, su alegría, 

Su pompa celestial. 
En las alas del viento sonorosas 
Volaban por las límpidas esferas. 
Blanquísimas palomas pasajeras 

De la orilla natal. 

Y allá lejos, mui lejos, al poniente. 
Surco de luz, espléndido meteoro. 
Célica zona de esmeralda y oro 

Se viera relucir. 
En vano allí las nubes de la noche 
Sus postrimeras sombras recojieron. . . . 
Las nubes )• las sombras se encendieron 

De púrpura y zafir. 

Era del Genio que en su raudo vuelo 
Atrás el sol dejaba purpurino. 
La huella esplendorosa del camino 

Que en los aires siguió. 
En medio á los celajes indecisos 
Que vagan en los rayos de la aurora, 
Yo vi que la visión encantadora 

En el cielo se luindió ! 



Sueños, t|uimeras de dorado nombre, 

Que pasan luego con la estéril vida; 

He ac]uí tan solo cuanto puede el hombre 

Llamar felicidad. •. . 
No preguntéis si el mundo en su misterio 
yVborta alguna vez esas visiones. . . . 
¡ El mundo. . . . ! Es un pesado cautiverio 

De triste realidad. 

Maraciubo, Enero i ; de iS;j.. 



£L ÁNGEL D£ LOS ANTEOJOS. 



EMPIEZA EL CUENTO 

¿QUIF..N es a(.[uel que el paso lento mueve 
Sobre el collado, el monte y la colina. 
Que á sus espaldas gélidas de nieve 
Carga una alforja, como faja leve 
Con polvos de. la Madre Celestina? 

;Que los bribones por doquiera cuenta, 

Y en su mente, con tétricos renglones, 
Porque no se le olviden los asienta, 

Y los aoja y mima y los contenta 

Y les hace ohidar que son bribones? 
> 

¿Quién el que apercibido ala pelea 
Desciende y grita \- pavoroso zumba?. . . . 



^ Preñada en tempestades le rodea 
! Negra nube tonante, 

De sus secas mamilas 

Lentamente gotea, 

Como los fuegos patrios de la tumba, 

Un fuego Coruscante 

P21 brillo sin igual de sus pupilas 
' Es el vivo reflejo de una lanza : 

.Su voz es de un clarín en la pelea 

Y mientras más vocea, más voce.a. 

; Quién aquel c|ue en las cañas y los toros 
'Ufano, como nuncio de venganza, 
i En judíos y moros, 
■^ Agita de repente, 



172 



CUENTOS FANTÁSTICOS. 



Armados con colmillos de serpiente, 
Un número infinito de tramojos ? 
Quién, sino el querubín de los anteojos? 

ARENGA. 

Sonó su voz "Bribones, 

Mirad aquí los dones, 

Los duros instrumentos 

Que traigo de los cerros : 

Son tramojos de perros ; 

Pero sirven también á los jumentos. 

Con cien mil socaliñas, á mansalva, 

Sirviéndoos la ocasión, cjue es fea y calva, 

Sin conciencia ni susto 

Disteis por norma con baldón eterno 

La ley de vuestro gusto, 

Que es la ley espantosa del infierno. 

Dejasteis morir de hambre 

Al compás de las flautas y los pitos, 

Al soldado infeliz .... De pebre y fiambre 

En tanto andabais todos 

Satisfec4ios y ahitos 

Regoldando beodos .... 

Cada cual de vosotros fué un tirano, 

Que se acordó tan solo del hermano 

Los dias de esquileo. 

Para arrancarle alegres, según creo, 

Si no el vellón con artes y con mafias. 

El alma y las entrañas. 

Cada cual de vosotros fué una criba 

De las bolsas agenas 

A vuestras bolsas llenas, 

Sobre la carne \'iva 

Cada cual de vosotros fué un tarugo ; 

Y hasta en el seno fiel 'de la conciencia 
Cada cual de vosotros fué un verdugo 
De no vista insolencia. . . . 

En unión disoluta 
Presentasteis doquier el maridaje, 
Tras el social ultraje, 
De la injusticia }' de la fuerza bruta. 
Grandes fuisteis tan solo en atropellos. 
Llegando vuestras uñas a lo chino 
A romper, por buscar el macuquino, 
De las iras de dios los siete sellos. 
Llegó el instante de crujir de dientes. 
Bribones im'pudentes ; 
El danzar es la cosa más sencilla; 
- Mas todo danzarín se desternilla 
Cuando al son de la música se suelta 

Y deja en la jugada de ser mingo. 
Para hacer el respingo 

Y poder dar la vuelta. 

Si olvidasteis por fin, almas de roble, 
(Pomo decir de cántaro de destayo) 
Que ajusta Dios los crímenes por a'flo, 

Y hace el balance por partida doble ; 
He aquí que vengo ahora. 

Desde esos valladares revolando, 
A pediros al fin burla burlando 
La cuenta aterradora 



Dijo, y las cejas inclinó cerúleas 
El querubín de anteojos : 
Ajitó los tramojos, 

Y en las orejas de titán hercúleas. 
Como vedija hirzuta se erizaron 
Los cabellos divinos ; 

Después. . . .en su cabeza reventaron 
Excelsos remolinos 

Y retembló el inmenso 

Olimpo en nubes de oloroso incienso. 

MIRADA RETROSPECTIVA, 

Y bien lector amigo, si en mi vario 
Charlar, golpes no sacas ni rasguño, 

Y te gusta por ser estrafalario 

Mi extraño querubín de nuevo cuño ; 

Sigamos con la broma, 

Que si el S'eñorSan Pedro, 

Como dicen, se está muí bien en Roma, 

Yo siguiendo mi cuento no me arredro. 

Pero andemos despacio 

Y hagamos una rueda, 

Para tomar como decia Horacio 

Esta gran quisicosa. 

Desde el huevo de Leda 

Aquella que de Tíndaro fué esposa 

En tiempos ante-Iiistóricos 

Más allá de los tiempos de los dóricos, 

Más allá de Anfión, Lino' y Orfeo, 

Más allá, más allá de Prometeo ; 

En fin, aunque sin prueba 

Fijo el tiempo preciso, 

Cuando el bucüri tle^Adan gozó con Eva 

La dulcísima paz del paraíso. 
I Un este tiempo, pues tan sin dolores 
i Los gayos ¡pajaritos cantadores 
j La dieron á porfía 
j Por beberse á la luz del nuevo día 
■ Las lágrimas nocturnas de las flores. 
! No es fuera de propósito ni ajeno 
j Decir aquí lo qae tal vez no alabo, 

Y es que la creación de cabo á rabo 

i Entonce hablaba mucho y de lo bueno. 
Pues bien, las flores gualdas 
Empa])ando en fragancia pura y nue\'a 
Las espléndidas faldas 
Se quejaron á Eva ; 

Y como nuestra madre nuii sencilla 
Charlaba á maravilla. 

Se impuso de la ciueja de las flores 

Contra los pajaritos cantadores. 

"Vuestro ruego, esclamó, no será vano, 
i Yo fallaré en conciencia : 

Dejad caer en misinicstra mano. 
I Una gota de esencia ; 
j En la diestra otra gota ele rocío 

Echadme, bellas llores; 

Y ahora, dijo sonriendo, yo confío 
1 En que los pajaritos cantadores 

No se podran beber impunemente 
De vosotros la lágrima doliente. " 
¿Mu.sa, canta tu ahora en vos sonante 



CUANTOS FANTÁSTICOS. 



VFc 



Lo que pasó al instante ; 

Y fué que sacudiendo con donaire 

( Por si acaso, lector, no lo presumes ) 
Las palmas, se juntaron en el aire 
Lágrimas y perfumes. 
Surjió de aquel ambiente de improviso 
Un bello querubín batiendo el ala, 

Y en todo el paraíso 
Se dijo á boca llena, 

Que era señal para las aves mala, 
Que era señal para las flores buena. 
Goterin fué Jiamado en las praderas 
Por que formado fué de dos goteras : 
Desde entonces sin quejas y sin gritos 
La creación miraba con asombro 
Hasta de Adán posados en el hombro 
Muertos caer los lindos pajaritos. 
Al fin se vino en cuenta cierto dia 
Que Goterin en cada flor ponia 
Unos polvos diabólicos, 

Y así al beber las lágrimas que hurtaban 
Las aves rebentaban 

Con calambres y cólicos. 

Cuando es mui grande un chasco ' 

Las iras y el rencor se vuelven cero, 

Y el corazón atiende lo primero 
A pasar el chubasco. 
Viéndose, pues, perdido 

El bando cantador de tumbo en tumbo 
Arrió velas á plan, cambió de rumbo 

Y se llamó partido. 
Paz hubo y fué jurada 
Por parte de las flores 

Y efe los pajaritos cantadores ; 

La turba multa muerta fué enterrada. 



NUEVO EMPLEO DE : ; 

Ya por aqueste tiempo Adaii 

Con Eva en una gruta. 

Porque pasado entre los dos hab'i 

Aquello de la fruta. 

Quedó por tanto suelto y vagabundo 

El querubin de baja, 

Y se andaba á la breva por el auindu 
Impelido doquier como una p;ija. 
Tras el ocio y las juntas, 

Con nuestra Madre ál fin vino de piqu. 

Aprendió ciertas puntas 

Que en vez de ser de sándalo 

Eran de /'(r/<> d piaur 

Ribeteadas de escándalo. 

Ya del pecado reo 

El queritl)in se fue poniendo feo, 

Y calvo y legañoso 

Y perverso y maligno y mentiroso : 
En suma se salió fuera de quicio 

Y se cíió todo al vicio. 
Fué entonces c[ue buscando 

El arcángel Gabriel un contrapcs.i 
/, la perversidad que iba mirando, 
Como el ratón al queso 
Los varios corazones ; 



i Viendo que apeñuscados en el cócito 
Estaban las diabólicas legiones, 
Llenas de sangre y zipa, 
Con el flrnie propósito 
De seguir en el mundo con gran celo 
V.'ñ. jarana perdida de chiripa 

, A las puertas del ciclo : 
.Sabiendo que lo bueno en punto á malo 
Es la cuña infernal del miJmo palo ; 
A Goterin buscó ;-su diligencia 
Vana no tué, pues le encontró mollino, 
Como se alcanza á ver una Excelencia, 
O jumento ó pollino. 
Que perdido el albur se queda en babia 
Sin hallar que decir roja de rabia 
"Goterin, exclamó, mal criatura 
Tiempo ha qu9 te buscaba á las volandas. 
; Hasta cuando serás cabeza dura ? 
¿Nunca podrán .saciarse tus deseos? 

' De noche en las parrandas, 

: De dia en los bureos ; 
i^No te avergüenza ver tanto hijo dalgo? 
Siquiera con jas manos haciendo algo? 

, Esa existencia, en suma, 
; Xo te fastidia, al cabo, no te abruma? 



\ liii.L..-., j.'ii^.-, noy te traigo un buen oficio, 
1 Que necesita flema y mucho juicio. 

El negocio no es mió, ni es de broma, 

l\iesque tiene su origen donde canta, 

Aletea y escava y se lex-anta 

El crestifero gallo de Mahoma. 

No ignoras, (ioterin, que con agravio 

De la ciencia, se abusa * 

! Del saber, pues hay picaro tan sabio, 
I Que abre escuela doquier de ciencia infusa. 
¡ Estos grandes señores 

: Por que sus obras van dictando en Cascaras 
! Sin togas y sin máscaras 
; Se llaman dictadores. 
\ Pues bien, tal como, te hablo, 
I Se supone c[iie el dulce de rnaincvcs, 
\ .Según afirma el diablo. 
I Les da valor para evadir las leyes, 
I Les aclarar^el chirumen, 
; Y les aguza el numen 
i Hasta tener llorando al diablo mismo, 
i Que en fuerza del saber ó del cinismo, 
I O de las circunstancias volanderas, 

O del éxito bueno en, las diablcras, 
I En ésos miserables ,, 

! No .se cumplen' las leyes inmutables 
I De acción y reacción, de risa y llanto ; 
i. -Sí, !# leyes (¡ue en tanto 
'Los bribones jlDprímen 
j AT Aeblo que vencido en acechanzas 
I Brotan del mismo crimen 
: Castigos, reacciones y venganzas. 
I Hoy por eso, liijo mió, 
i Para que no se escapen, 
j Y los genios del Báratro sombrío 
y Con risas de demonio los atrapen, 



74 



CUENTOS F/VNTAS'nCOr: 



En una yran misión hoi se te nombra. 

Velado en humo y sombra, 
Como el buen chocolate en una jicaia. 
Te acercarás terrífico á los ncncx 
Que forman todos esa estirpe picara 
Cargada de tesoros y de bienes 
Ganados en uñate : 
■Y así como vapor de chocolate, 
Te subes el sus ojos: 

Y aunque estén por acaso en su üficina 
l'ones á cada cual estos anteojos 

Con polvos de la Madre Celestina. 
.líecho lo cual con lices y deslices 
Mientras supongan ellos ver más claro, 
Correrán á romperse las narices 

Y entrarán cantandito por el aro. 
Que nada les valdrá sus previsiones, 
Ni su charlatanismo, 

Ni su descaro vil, ni sus millones. 
Ni Su privilegiado periodismo ; 
Como ciegos al fin, traspieses dando 
En medio á sus apuros 
li-á con ellos Satanás cargando, 

Y ellos aún se juzgarán seguros ; 

Mas como allá estarán llenos de enjundia 

Y en los calvos y cojos 

Suple un tanto á la vista la^ iracundia, 
Aquí están, Goterin, estos tramojos, 
Que yo para ese caso 
He cortado en los montes del parnaso. 

Goterin lo escuchi) sin hablar jota. 

Como lebrel sumiso ; 

Pero creyó preciso 

Tomar de todo nota. 

Luego Gabriel para salir de apuros 

Le dio, como si fueran caramelos, 

Ensarta triple de tramojos duros. 

Púsole en la nariz con gestos trágici..- 

Un par de ti'asparentes espejuelos 

Misteriosos y mágicos. 

bastaba colocarlos un iiistante 

Para ver el carbón como diamante, 

Ellos solos tenían 

Un sortilejio tal, un tal ensalmo 

Que con ellos no mas se mii'arian 

A las luces febeas 

Las narices de á palmo, 

A pesar de tenerlas tan. pigmeas. 

En fin, Gabriel velado por las alas 

Le puso el mismo en la dorzal espina 

Un maletón sin pólvora ni balas, 

Pero lleno, llenísimo 

De ese polvo, rarísimo * 

Que llaman de la Madre Celestina. * 

Hecho lo cual los. dos se despidieron 

Gabriel haciendo rumbo á las mansiones 

Donde la paz se encierra, 

Goterin en demanda ele la tiena 

Buscando á los bribones. 



} EN LA ACTUALIDAD, 

j Míralo ahora, pues, lector querido. 

Que enseñártelo cjuiero ; 

Hoi que ejerce su oficio muí cumplido 

El querubín de anteojos parrandero. 

Con los años se ha puesto 
! Rollizo y mofletudo : 
! La boca es un repliegue con un jesto 

El repliegue es un nudo: 

Entre dos cuencas sus pupilas lucen, 

Y sus pestañas canas 

Dentro de las pupilas se introducen 
Hasta dejar caer como almendrones 
Por sus rojas mejillas cual manzanas 
Dos blancos lagrimones : 
Sus orejas son grandes ; 

Y así como la fiera de los Andes, 
Son sus fuerzas hercúleas, 

Ronca es su voz y cavernosa y hueca, 

Y por sus cejas tiesas y cerúleas 
I Se dibuja una mueca, 

i Que ya es la luz de un cirio que se apaga 

O el nervioso temblor de vieja llaga : 

No obstante su volumen, 

¿ Creéis, lector, que al querubín le abrumen 
' .Sus seismil primaveras ? 

Ni por esas lector — siempre á la pista 

Por cerros y laderas, 

Ya se lo lleva el viento como arista, 

O descendiendo de las nubes, ágil. 

Parece pluma frágil ; 

En fin tras mil antojos, 

Apesar del abdomen que es un piélago 

Sube y baja cargado de tramojos, 

Y se basta á sí mismo, 
Manejando sus alas de murciélago 
Más negras que el abismo. 

Yo conocí un muchacho cocinero 
Que cierto dia sazonando su olla. 
El fandanguillo oyó, perdió la cholla 

Y se metió sin más á maromero. 
El mozo era un martirio 

Para el viejo maestro. 
Pues la afición de aquel era un delirio 
Saltando siempre sin hallarse diestro. 
Luego que el mozo entraba en el establo 
De la tesada cuerda, su deseo 
Parece que avivaba el mismo diablo 

Y alcanzaba la cuerda de un boleo. ' 
Tal era su pujanza, 

Que sin más moriscjucta. 

Hubo vez que saltara sin balanza 

Hasta coger la opuesta tijereta. 

"Hijo infernal de Satanás con faldas, 

Tú harás al fin que la cabeza pierda. 

Vuélvete atrás, mas vuélvete de espaldas. . . 

Sin brincos has de andar toda la cuerda." 

Así con votos mil le reprendía 

El maestro funámbulo, 

Y paso á paso el galopín volvía 
f Al punto de su preámbulo. 



CUENXOS fantásticoí: 



75 



Pues bien ! Con diez mil truenos ! 

Hoy me ha pasado á mí ni más ni menos 

Que al brincador muchacho de cocina: 

A¡ empezar mi historia peregrina 

Di un brico como aquel. <> como un potro 

A silla no avezado. 

Y me encontré en un triz de un punto á 
Con mucho adelantado 
Mas, lector, ya lo has visto : 
He vuelto paso á pasoá la tijera 

Y esto me cuesta lo de Dios es Cristo. 
Ya me parece oir al de maroma 
Maestro general : "Si consintiera 



^El arteen brincos, gritará, muy muchos 

i Artistas íuuran según son de goma 

' IIombre.s, ''embras, mochuelos y avechuchos 

Como quiera quesea, 
' Empatemos el cuento sin enojos 
I Buscando al querubín de los anteojos, 
i oti-o I En el instp.nte aquel que centellea 
I Su terrible mirada .... 
¡Aun tiemblan del Olimpo los salones 
! Cuando como argentina clarinada, 
' Ala oreja de todos los bribones 

La filípica llega 
f Del querubín talega. 




}^SmB |1BI1 




SONETO. 

ESCRITO AL PIE DEL RETRATO DE BOLÍVAR, 

en la gran fiesta qne celebra á su raemoria el General Venancio Pulg,ar 
el 28 de Octubre de 1872. 



HELO allí ! como el sol que ardiente gira} 
Centro de luz, en la infinita esfera, 
La patria en su entusiasmo lo venera 
Con alto acento y resonante lira. 

Jamas su gloria con el tiempo espira, ' 

Ni hai que pensar que con el tiempo muera \ 
El pueblo que sostiene su bandera 
De lil)erta(l, ciue el \'icjo .Mumlo admir -, 



Salve líolívar! Tu inmortal ejemplo 
En más de un noble corazón, fecundo 
Será para la América. En el templo 

Déla fama, un zuliano sin segundo, 
El ínclito Pulgar, graba su histori.i 
De juventud, valor, martirio y gloria. 



CANGION PATRIÓTICA. 

Para el 19 de Abril de 1852, 



CORO. 

LA nación en magnífico di.i 
Cc)nqu¡stó su divina igualdad ; 
Ciloria, gloria, doquiera se oia, 
Libertad, libertad, liBertad. 



Como es grande ese grito profundo, 
Que estremece de espanto la tierra, 
Como es grande ese grito de guerra 
De esterminio horrorosa seflal. 



A su voz calla el aura apacible, 
Enmudece la Paz bicnheclior.-i ; 
Y en feriiz holocausto se inqilora 
i"- l.i muerte e! imperio fatal. 



176 



POESÍAS PATRIÓTICAS. 



El valiente no tiembla ; es entonces 

Que su frente altanera levanta 

Y sus triunfos magníficos canta 

Llena el alma de gloria de honor. 

Es entonces que en charcas de sangi'e 

Hunde el fiero titano su frente, 

Es entonces que el pueblo es potente, 

Es entonces que el pueblo es señor. 



Y esa fué la divisa tremenda 

Que del viento al horrísono embate 
Prolongaba el furor del combate, 
En horrible implacable tezon. 
Ni la noche al mortífero' espanto 
Daba tregua en sus sombras inerte ; 
Guerra, guerra, clamaba la muerte, 

Y mil vidas cegaba el cañón. 



Patria mía, tus hijos supieron 
El de Abril diez y nueve bendito, 
Levantar ese férvido grito 
Que auguraba un feliz porvenir. 
A la luz del espléndido cielo 
Tus antiguos caílones hollaron ; 
Y en presencia del mundo juraron 
Por la patria vencer ó morir. 



Salve, oh patria ! cpie altiva pudiste 
Conquistar los derechos sagrados ; 
Tus ultrajes han sido vengados. 
La victoria corona tu sien. 
Que la paz protectora del hombre 
Hora esparza sus frutos divinos, 

Y te aliente á tus grandes destinos 

Y á la unión de tus hijos tanibicn. 



HIMMO A BOLÍVAR. 



CORO. 

Genio de luz fecundo, 
De estirpe celestial. 
¡ Liberl;u!or de un mundo ! 
Tu nombre es in.mortal. 



Sólo el Genio columbra altanero 
Ese sol de feliz esperanza : 
Sólo el Genio á la gloria se lanza 
Y los pueblos le siguen en pos. 
Faz á faz con lo grande y sublime 
Sólo el Genio levanta su \'uelo ; 
Ángel fuerte caído de! cielo 
El pretende \"olar liasta Dios. 



Tú Bolívar, Titán de la tierra. 

Fuiste un Genio sediento de gloria. 

¿ Quién más grande que tú ? La ^ ici'oria 

Te ciñó su laurel inmortal. 

Fué tu voz como el trueno espantoso 

•Que inflamado en la nube revienta ; 

P'ué tu voz como voz de tormenta 

En los senos nrofundos del mar. 



Hacia tí gravitaron entonces _ - 
Los misterios de un grande destino, 
Y tu carro siguió su camino 
Por clmuncVo infeliz de Colon. 
Altos hechos, grandiosas azañas. 
Realizaste, Bolívar, doquiera. 
Vué Colombia. . . .y brilló tu bandera 
Más allá de la tierra del Sol. 



; ¿Quién más grande que tú? Los valientes 

] ímitarte'procuran en vano. 

j ¡ Salve, oh Genio, de luz soberano ! 

: I'ara tí celestial bendición. 

,Si en tu vida salvastcs un mundo, 
Y le distes un nombre, una historia, 

\ En tu muerte es tu sola memoria 

i De la patria inmortal paladión. . 

yMaracaibo, Octubre 28 de 1855. 



A LOS YENEZOLAMOS. 

Con motivo del Woqneo de nuestras costas por' las fuerzas inglesas y francesas. 



¿No veis bajoesas nubes plomizas, cenicientas,! No veis q'yase acercan? Qiieajitan sus banderas? 



Terríficas los vientos haciendo retumoar, 
Fantasmas que parecen evocan las tormentas 
La frente allá en el cielo, los pies allá en el mar? 



Que en realidad se cambia la tétrica ilusión ? 

. t 
No veis que son ¡oh rabia! las quillas extranjeras. 

i>Que vogai,í impelidas del rápido aquilón? 



CUENTOS FANTÁSTICOS. 



177 



Adonde van? Sabedlo, si lleno de corage, 
Su afrenta puede el hombre saberla sin morir. . . 
Será mi voz cual trueno! Después dt tanto ultraje 
; Oué vale el miserable deseo de vi\"ir ? 



i Sí, sí, que para libres el mundo viene estrech 
¡ Alerta ciudadanos ..-..! ¡ Arriba juventud . . . . • 
¡Marchemos! ¡A las armas! Con brios en el pecho 
Jamas sufrirse puede la infame esclavitud. 



Los mismos q' famélicos, distantes de sus Re\-es ¡ Resuenen las montaftas al grito que le arranca: 
Encuentran aquí amparo, riquezas y quietud, | Del pecho es\:remecido febril indignación. 
Lqs mismos protejidos por códigos y le\'cs, ; ¡Eh no tenemos naves..! Nos basta el arma blanca 
Los mismos que nos deben amor y gratitud ; ' Teniendo cual tenemos aliento y corazón. 

Pretenden, con escarnio de la conciencia pública, i Votémosnos altivos al grande sacrificio, 
Protervos, dividirnos; insultan ¡ por Satán! i Muramos como muere peleando el gladiador' 
Los fueros de la patria: deprimen la República... Y fallará la historia, tras su inmutable juicio, 



¡Y pisan nuestras plaj'as! y comen nuestro pan.. 

Nos tienen por imbéciles }■ quieren espantarnos: 
Por débiles nos tienen }• ostentan su poder; 
Sin alcanzar que un dia podemos irritarnos 
Hasta morir matando, matando por doquier. 

He aquí por qué de Europa fortísimos bajeles 
Ocupan nuestras aguas, dominan nuestra mar. . 
¡ La Francia y la Inglaterra! ¡Magníficos laureles 
Sin duda á Venezuela venis á conquistar ! 

Pues lo sabéis ahora, ¿Qué haréis, decid vosotros. 
En el común peligro? si amáis la libertad, 
¡ Unios ! abrazaos los unos á los otros. . . . ! 
Y ¡ al arma I en las llanuras coléricos tocad .... 



Y llenará de oprobio la faz del vencedor. 

Sí, sí, para los libres la muerte es un alarde 
De gloria, de heroísmo, de aliento y corazón. 
Contémosnos..! La patria no tiene ni un cobarde! 
¡ Las víctimas ! ¡ En masa es toda la nación . . . . ! 

Bolívar, á tu nombre, salud ! La sangre nuestra 
Empapará en ofrenda tu losa sepulcral ; ' 

Y acaso se levante de súbito, siniestra. 
Con pavoroso estruendo tu sombra colosal, 

i Entonces...! Bien seguros están los miserables. 
Que el Héroe de Colombiano se levanta en pos 
Del extrangero insulto! Marchemos! Inmutables 
Son siempre los destinos que nos reserva Dios. 

La Cruaira, Agosto 4 de 1858. 



A LA MEMORIA 

de mi noble amigo el Mariscal Juan C. Falcon 



MI corazón con tu funesta suerte 
Viviendo va infeliz; que es tu memoria 
A.stro en el cielo de la patria historia 
Entre las sombras de la eterna muerte. 

¿A qué sobre tu lápida ofrecerte 
Coronas y laureles de victoria. 
Si el numen n la cifra de tu gloria 
Fué la excelsa bondad de un alma fuerte? y Mayo i^ de 1874. 



Lágrimas ! Solo lágrimas el hombre 
Darte debe en silencio. Es una ofrenda 
Digna de Venezuela y de tu nombre. 

¡ Oh. noble amigo ! Que jamás descienda 
A esta tumba el olvido, donde ahora 
El alma mia á tu recuerdo llora. 



A LA MEMORIA DE ÜN HÉROE. 



DEL pacífico mar sobre el abismo. 
Como el dios que lo calma y lo enfurece. 
En la piopa del Huáscar aparece 
Un adalid radiante de heroísmo. 

Grau quiere cumplir consigo mismo 
Muriendo por la patria que enaltece, 
Y en sacrificio ¡mpá\ido se ofrece. . . . 
Sentimiento inmortal del patriotismo ! 



La escuadra del chileno le rodea 
A fuero de venganza, en pos de gloria; 
Que su enemigo es grande entre los grandes. 

Retruena el bronce, el fuego centellea ; 
Y un nuevo semidiós en nuestra historia 
La espada del Perú graba en los Andes. 

[ Maracaibo, Noviembre 19 de 1879. 



178 



CUENTOS FANTÁSTICOS. 



A LA GUERRA DEL ORIENTE. 



NO fué fábula oscura esa increíble 
Guerra de los titane^. — Loco anhelo 
Era el intento de escalar el cielo ; 
Pero escalado fué : no era imposible. 

Hoi es mayor la gloria, más temible 
La empresa poderosa. . . .tiembla el suelo 
Que el Euxino rodea y sani^re y duelo 
Contempla el mundo con afán terrible. 



Tal es la noble guerra del Oriente, 
Horizonte sin fin en cuya sombra 
Alta la voz del porvenir retumba. 

Allí lidia el britano omnipotente, 
Allí la Galla al universo asombra, 
El despotismo allí ca\'a su tumba. 



A LA SOCIEDAD AUXILIADORA DE CUBA LIBRE. 



NO de mi patria callarán las liras 
En honra á Cuba que inmortal pelea. 
Como el león soberbio de Numidia 
Rabioso muere en la sangrienta arena. 

¿Quién cerrará su corazón al grito 
De la orfandad que sobre Cuba pesa? 
No serán ¡vive Dios ! los nobles hijos 
Que el mar Caribe por sus ondas lle\'a. 

Mi patria que hoi feliz su nombre ilustra 

Y levanta á los cielos su bandera, 
Pasó también por el dolor de Cuba, 
y a! verla hoi triste su dolor recuerda ; 

Corramos al altar de la esperanza, 
Que es el mimen magnífico de América 

Y al resplandor de la piedad del alma 

En él pongamos nuestra himiilde ofrenda. 



¡Auxilio al desamparo ! De los tristes 
Enjuguemos las lágrimas. — Que sean 
Nuestros votos por Cuba, como el tinibre 
De una plegaria que hasta Dios se eleva ! 

; Qué homenaje, que gloria, qué holocausto? 
Más dignos de dolor verá la tierra 
Que gritarle á ese pueblo infortunado 
i Resiste hasta morir, bendito seas ! 

i Morir! jamás ! Derecho que se pide 
Con el valor de la justicia eterna 
■ En realidad con\'iertc lo imposible 
¡ Porque á su lado est;i la Providencia ! 

Por eso aquí no callarán las liras 
En honra á Cuba que inmortal pelea. 



Esperad }" veréis .... I 
Coronará la frente de esa 
Febrero 26 de 1877. 



a gloria misma 
Reina. 



RIMAS, A LOS CUBANOS. 



NO el alto ejemplo se hundirá mañana 

Al ruido de las olas. 
De esa nueva hecatombe colombiana 

En playas espaflolas. 

Estallará la nube de tormenta 

Terrífica y sombría 
Y pedirá al Sefior estrecha cuenta 

De tanta alevosía 

Dejad que el crimen en las alas suba 
De la fortuna instable', 

La libertad maldice sobre Cuba 
A tanto miserable 



¿ Que pueblo habrá culpable si se lanza. 
Desnudo el ancho .pecho, 



Con la rabia á morir de la venganza 
En pro de su derecho? 

Mi patria así lucho; lucha ho\- lo mismo 

La solitaria estrella : 
Si no la saca á salvo su heroísmo, 

j Ai de Cuba la bella] , . 

'Que el lábaro inmortal de su grandeza. 
En las tierras distantes, 

De monopolio sirve á la vileza 

De extraños comerciantes. 

¡ Rei)úblicas heroicas ! Cuba encierra 

El porvenir fecundo. 
La justicia, el derecho de la tierra, . 

La libertad del mundo. 



CUENTOS FAHTÁSTteOS; 



79 



Si en América el viejo despotismo 
Aun bate sus banderas, .. 

Arrojemos cual piedra al negro abismo 
A esa raza de fieras. 

¡ A Cuba, pues ! con nuestra bra\a gente 
No liav inmoble muralla: 



Vuestros hijos lanzad como un torrente 
A\ campo 'de Batalla. 

Colombia la primera os dio el ejemplo 
Para elfe etprna palma, 

Y estas rimas cantadas en el templo 
Solitario de mi alma. 




¿QÜEHAYDE NUEVO? 

Escrita para la tertulia de la botica de Diana, 



i I"'UE(jU de Dios ! y me abrase 
El veneno de una víbora, 
O medio á medio me envase 
Tor\'a alimaña carnívora, 
.Si yo á repetir me atrevo 
La vulgarísima frase : 

¿Que ha\- de nue\o ? 

Salgo al trote- de una Junta 
Oyendo la trompa bélica, 

Y una mamá que despunta 
Por setenta . . . . ( doña Angélica) 
Me hace parar como el huevo 
De Colon, y me pregunta: 

¿Quéhav de nuevo? 

Sin responder me desvío 
De aquella estantigua ascética; 
l'ero ¡ amp;'irame, Dios niio ! 
.Se me aboca la poética 
Juanita de Cumarebo 
I, a cual me dice : '\]ucrio. 

;Qué hay de nue^o?" 

Apuro, doblo la esquina. 
Como un muñeco mecánico, 

Y me cuelo. . . .en mi oficina ; 
Mas ¡ oh percance satánico ! 
ün comerciante de cebo 
Ke\ienta allí como mina 

; Qué hay de nuevo? 

— ; Qué sé \o ! Respondo en prosa. 
— Cómo I ¡ ün empleado! ¡ Magnífico., 
; No sabe usted que la cosa 
Lleva un aspecto tristísim'o? 
Ignora (y yo no lo apruebo] 



Esa noticia espantosa 

¿Qué hay de nuevo? 

— Nada sé, me ocupo, solo .... 
- Ilombre, usted vive en Gangárlda, 
Pues me lo ha dicho Manolo, 
Zamora está en CaiJatiirida. . . . 
— Jamás de bolas me llevo ; 
— Mas aquí llega Hartólo: 

¿Qué hay de nuevo? 

— Señores : yo-soy un hombre 
Muy ocupado y muy plácido ; 
Pero no habrá quien me asombre 
Hay un nnintii, nniruii ácido, 
Que ;i ustedes decirle debo 
Zamora. . . . 

— ¡ Chis ! no lo nombre . , . , 
¿ Si esto es nuevo ? 

— Mentiras. . . . 

— Uf! 

— Patarata ! 
■ — .Sin ese aspecto sardónico 
Uiga usted lo que relata : 
— Pues yo sin .<5er tan pirrónico 
.Soy cuarto que no me lluevo. . . . 
— Pero al cabo, ¿qué hay en plata? 
— Mucho )' nuevo. 

Dice el hijo de Atanacia, 
La que vende café mójido .... 
- -¿Que usted su manía sacia 
Hablando como'un estólido? 
--; Hombre, poi- Dios! 

■ — Lo relevo 
De la historia. 



180 



LETRILLAS. 



— La desgracia 
Que hay de nuevo, 

La sé, cual lo tengo diclio, 
Por el hijo 

— De don Cólico 
Hermano de cierto viclio 
Que se llama don Bartólico, 
¿ No es verdad ? 

— ¡ Juro por Febo! 



J a»-o « o- ja 



ja- 



Raro capricho ! 
— Cuento nuevo ! 

. ' — Caballero ! 

— Caballero ! 
Buflamaqui dice .... 

— Cascara . . . . ! 
No lo creí tan payaso, 
Señor don Bartolo máscara. 
—Me insulta usted .... si me muevo ! 
— Allons cufarits y habrá un caso 
Muy más nuevo. 

— ¡Auxilio! ¿No hay quien influya 
En hombres que están matándose? 
■ — Ganando un sueldo y .... ! 

— Concluya ! 
— Sí,-señor, y federándose. 

—Ja ja ja 

— ¡ Como no bebo 
De tal agua. ... I 

—¿Y la aleluya 
- De lo nuevo? 



Diera asunto la jarana 
Para escribir dos opúsculos, 
A no llenarse la Aduana 
De personajes mayúsculos; 
Y esta tropa de relevo 
Entró preguntando ufana: 
¿ Qué hay de nuevo ? 

Jesús mío, Dios sensible, 
¿ Cómo (sin ser un cernícalü) 
Podré sufrir impasible 
Ese eterno ¡ crucifícalo ! 
Porque cruz, y cruz de acebo 
Es para mí ese terrible, 

Qué hay de nuevo ? 



Pregunta monomaniaca, 
Vacía como una jicara, 
Pregunta, vulgo matraca, 
De puro estólida picara .... 
De todo anciano y mancebo 
El único loma y daca 
Siempre nuevo. 



Siglos ha que fué lanzada 
Esa pregunta quimérica. 
Y se respondió "no hay nada.. . . 
Mas con todo aquí en América 
El vándalo el godo el suevo 
Gruñen^cnson de asonada, 
¿Qué hay de nuevo ? 

Maracaibo, Febrero de 1 86o. 



Con la noticia de la Confederación Colombiana- 



JESUS! de contento lloro 
Ya viene el siglo de oro ; 
¿No lo sabéis? pues ya viene: 
Ya era tiempo y nos conviene, 
Puesto que somos hermanos. . . 
Vamos á ser Colombianos. 
¡ Cuánta alegría y poder ! 
Miedo nos van á tener 
Esos Estados de Europa. . . . 
i Que vengan ! haremos sopa 
Con agallas de tiranos 
\Allons cnfants, Colombianos ! 

Esto es si nos mueven guerra 
Pues por lo demás la tierra 
Será un risueño 'pensil ; 
No habrá un cañón, ni un fusil 
En los pueblos comarcanos. . . . 
Vamos á ser Colombianos ! 

Las zagalas, los pastores 
Saborearán sus amores 
Como palomas caseras ; 



Habrá verdura en las eras 
De los dichosos villanos 
Que quieren ser Colombianos. 

Habrá vertientes de leche 

Y del palo de campeche 
Extraerán cierto jugo 

Que ablande el pesado yugo 

A los bueyes dé los llanos. 

i Oh témpora ! oh Colombianos ! 

Ilabrá muchos hombres ricos, 

Y tres presidentes chicos ; 

O habrá un grande presidente ; 
Pues íoda\'ía la gente 
No sabe el plan de los planos 
De los nuevos Colombianos. 
Habrá papeles en blana), 

Y habrá papeles de banco, 
Cada papel con su nota 

De estar allá en bancarrota 
Cojeando en j^apeles \-anos. 
Los papeles Colombianos. 



LETRILLAS. 



181 



Esa especie de estrabismo 
Que llaman ''militarismo"', 
En los pueblos, de la América 
Será uaa cosa quimérica 
Los tres pueblos soberanos 
Son libres, son Colombianos. 

Realizada tal idea 

Jíagm'Jica -ánima inca 

\ Gloria á Dios en las alturas ! 

Y aunque corramos á oscuras, 
.} f cien DIOS /i/ícsí/-as umnos 
Yor no caer Colombianos. 

Tendrán su aurora boreal 
Las islas del litoral ; 

Y al eco de arpas cólicas 
Se quemar;ín las diabólicas 
Leyes contra los paisanos : 
Pues qué ¿ no son Colombianos ? 

La paciente Venezuela 
15rillará como candela : 
Los granadinos en masa 
Tendrán un rojo de brasa, 

Y hasta los ecuatorianos 

Se harán chispas, Colombianos. 



Al decir de cierta gente 
Será una fiesta imponente. 
Una farsa jesuítica, 
L'na comedia política. 
Un drama con tres enanos 

Y tres pueblos Colombianos. 
Colombia I sueño indeciso. 
Añagaza y paraíso 

De los hijos de Bolívar, 
Copa con bordes de almíbar - 

Y fondo de. . . .ciudadanos ! 
Vivan hoy los Colombianos ! 
Vivan sí, taíi solo basta 
Destapar una canasta 

De champaña, y luego, luego 

Canciones, toros y ; fueso ! 

iiasta monr. . . .como hermanos 
En los campos Colombianos. 
Esto y mas, mediante el cálculo 
•De tanto sabio animálculo 
Sacaremos .... En resumen 
Mientras á Colombia e.\húmen, 
rvlucrte, Juicio, Infierno y. . . .guano 
Será un todo Colombiano. 
14 de Mar'ío 1866 



TODO EL AÑO £S CARNAVAL. 



MAÑANICAS de Febrero, 
Dicen que tenéis chapines 
Para bailar el bolero 
De parranda. 
¡ Hien hecho !. Que al fin ile Hüc-. 
Según Mcseron y Aranda, 
Tras el nuevo /ÍjV/Vví/, 
"Todo el año es carnaval." 

¡ Viva Justo ¡—¿Por c^ué vive? ' 
— ¡Válgame Dios! Vive Justo 
Porque ¡¿[fcsttx'al escribe. 

¡ Bien pensado ! 
El se ha dé dar ese gusto 
Diciendo en papel picado 
Con su pluma comercial : 
"¡Todo el año es c.unaval !" 

Después de Juíiío, ¿quién diablo 
Vive, sujeto á e.stas .leyes 
De! carnavaW— Vi'.-'.- "^'-.M-^. 

Vive Alfred:'. 
Y viven todos los reyes 
(iritando, á modo de enredo, 
Con aire un tanto marcial : 
" ¡ Todo el año es carnaval 1 " 

Hijas risadKi-; del Guaiic, 
Vamos, es tiempo de pesca. 
; \o echareis siquiera al aire 
De una canil 



La tinta carnavalesca? 
.¡ Luz de broma y de jaiana ! 
Si el hombre es un animal, 
■"Todo el año es carnaval." 

— ¡ Tarascas de cascarilla ! 
¿Quién compra para la fiesta? 
Son de tono, á maravilla, 

Por las calles 
En Carabas la. . . .modesta, 
i Qué moños, Jesús ! Qué talles ! 
l^ara esa cepa inmortal, 
"Todo el año es carnaval." 

Hasta las nueve del Pindó 
Se harán cruces del bureo, 
Y llevará de lo lindo 

Esas cruces 
Acuest.ts el sexo feo. 
¡ Nada de sombra ! A las luces 
De ese gremio virginal, 
"Todo el año es carnaval." 

Mu-;a, si cantas confía 

'ki en las bromas de Febrero, 

W ver Cita hipermetría 

El Jurado, 
¡ Qué cara me pondrá! .... l'ero 
; Qué ¡m]")orta á un enmascarado ! 
Sigue, canta, bien ó maL 
" j Todo el uño es carnaval." 



182 



LETRILLAS, 



EL CROMOS D£ UNA lETRíLLA. 



HACER mal por hacer mal 
A un indio de la Goajira 
Es una cosa que inspira 
Más que horror ; 
Y si el indio es un cantor 
Tan topo que dice Piíidio, 
I No está bien que grite el indio, 
A quien sus pecados pierden, 
"¿Amigos, por qué me muerden?' 



Yo no soy más que una guija 

Zarandeada por peleles, 

Sin más bien que unos claveles ; 



Siete son ! 



Clavados del corazón 

Los llevo por donde quiera ; 

Mi fama es fama casera 

Sin cortejos ni testigos, 

i Y así me muerden, amigos I 



Saludando á todo el mundo 
Voi gastando mis sombreros ; 
Vongo peros, más son peros 

De amistad ; 
Con todo ¡ que iniquidad ! 
Apenas doi media vuelta 
Hai quien á mis peros suelta 
Todos los perros del Pindó 
Y me muerden de lo lindo. 



Un tiempo el niño bitongo 
Fin de la gente del bronce : 
Era de ver como entonce 

Mi majin 
Hacía el primer violin. 
Que chicos ! Que buenas almas ! 
Me llevaban en las palmas, 
Hasta que un día me vieron .... 
Diré cómo me mordieron. 



Allá por cuarenta y ocho 

Se armó aquella chamusquina : 

Y yo jugué á la bolina 

Mi caudal. 
La cosa. ... no salió mal ! 



Y un entmxhado por eso 
A poco me dio el congreso. 
¡ Aquí fué troya al instante 
De la crisis mordiscante ! 



Al punto los camaradas 
Me perdieron el cariño. 
¡ Adiós el bitongo niño ! 

Y yo en pos 
De la tierra, dije adiós 
A tantas almas de tierra. 
Porque el alma mia encierra 
Un algo de más arriba 
Que mordiscos con saliva. 



Fui á dar al nativo pueblo, 
i Ai ! á todos hallé ariscos ! , 



¿ Quién tus rabiosos mordiscos 

Aguantó 
Con paciencia? — Ese fui yo ! 
Mas ¿ á qué viejas historias, 
Y cegueras y memorias 
De la más grande iracundia 
Mordiéndome hasta la enjundia 



Hoi, en fin, de todo ajeno 
Si bien no del todo calvo, 
Queriendo poner á salvo 

Mi nidal. 
Me vengo á la capital ; 
Canto ; y qué ! No soi calandria 
Pero no falta algún mandria, 
Como una bellota, verde, 
Que al indio calandria muerde. 



Qué hacer ? ¿ Rechazar en brecha 

Del enemigo el asedio ? 

No, que yo tengo un remedio : 

•Sí, señor ! 
Rcir ! Tal es lo mejor ! 
Tomar la cosa con calma ; 
Qué diablos ! ¡ Siento en mi aln)a 
Un algo de más arriba 
Que mordiscos con saliva ! 
8 de Marzo de t8;5. 



», ■ 



CANTOS. 



183 




A LA NIÑA TRIGUEÑA. 

Serenata morisca. 



(f-EIíEXATA jrORISCA.) I 

1 

1\- ;inio como á sxis madre'» ' 
Aman los niños : 

'l'cnjio (ic hijo y de ainiinto ; 

Los dos cariiios : ' 

Me es de tal modo, i 

La vida, sin tí, nuda : | 

Contigo todo. ! 

ZfTríll,!. ! 

PRELUDIO, 
I. 
Vecino de los lagos, del boáque, del torrente. 
Que ostenta poderosa la zona cquinocial, 
Yo canto con los tonos bellísimos de Oriente, 
Por mas que extrafios .sean al sucio tropical : 
Yo imito esos cantares del bardo de Castilla, 
Porque el amor anima mi germen inmortal, 

Y cambia mis instintos, de tímida avecilla 
En el sublime aliento del águila caudal. 

XiiTa trigueña de aquestos climas. 
Para entonarte mis pobres rimas. 
Así postrado cabe tu altar, 
Dejé las palmas de mi laguna. 
Dejé la estrella de mi fortuna. 
Dejé mi nave sola en el mar ; 
Y en mi naciente anhelo 

Dejara, impío : 
La pocesion del cielo. 
Si fuera mió 
¿Qué quiero en tanto? 
Que escuches placentera 
Mi pobre canto. 

(1. 

Amor es el reflejo purísimo y fecundo 
Con que :ic tirtc el alba de vivido color. 
Amor es el aliento que vivifica al mundo 

Y apaga del creyente los gritos del dolor. 
Bajo los mil murmullos que brotan por doquiera 
Los lagos, las campiñas, el céfiro y la flor, 

Oid como repite la creación entera 

Aquellos ecos dulces c[ue van diciendo amor. . 

Aláh, por eso tras la neblina 
Colora, pinta, lanza ilumina 
Los rayos múltiples del puro sol : 
, Amando al hombre los cielos hizo, 
Por que en los cielos del paraíso 
Tu\iera el árabe vida m.ejor 



Si amor aquí en la tierra 
Doquier respira, 

Si el cielo amor encierra ; 
¿ Por qué mi lira 
Tiembla, entretanto 

Preludio yo de amores 
Mi pobre canto ? 

SERENATA, 

Mientras la luna aleja 
Su luz de plata, 

Yo murmuro á tu reja 
Mi serenata; 

Ya que te admiro 

Perdóname si en ella 
Va mi suspiro. 

Que si de amor la llama 

Mi pecho siente, 
Xo es mucho si le inflama 

Suspiro ardiente ; 

No es mucho, mora. 
Que suspire cantando 

Quien tanto adora. 

p'lor de aquesta campiña 

\'enczolana, 
No te asustes, por niña. 

Sé mi Sultana : 

l'or tus amores 
Yo te daré el desierto 

Lleno de flores. 

Será tuya mi nave 
De tíos entenas, 

Que cruza, como el ave, 
La mar de Atenas : 
Vendrá de Oriente 

Con estofas de plata 
Para tu frente. 

Sultana, la morena 

De labios rojos. 
Ninguna nazarení\ 

Tiene tus ojos ; 

Ni las huríes 
Con pupilas de fuego 

("omo rubíes, 



184 



CANTOS. 



Con la esencia del nardo, 

Que en tu retrete 
Arroje en humo pardo 

Rico pebete. 

Sal perfumada, 
Como el iris de! cielo 

Tras la alborada. 

Deja el lecho, Odalisca, 
Que traigo extraña 

Mucha gente morisca. 
Que me acompaña ; 
Viene conmigo 

Por ver si eres tan bella 

Como yo digo. 

Las auras indecisas, 

Que celos tienen 
De las nocturnas brisas 

Que van y vienen, 

En son de queja 
También, cual yo murmuran 

Cabe tu reja. 

La graciosa argelina, 

Que el turco anhela. 
No tiene tu divina 

Tez de canela, 

Por eso, ufana, 
Lleva á Persia tu nombré' 

La Caravana. 

Virgen casta de Cristo, 

Lirio del valle. 
Cuantas veces he \'isto 

Tu breve talle. 

Siento que estrecho 
El corazón se encuentra 

Dentro del pecho. 

Paloma rumorosa 

De los rosales, 
I^a luna es deliciosa 

¿ Por cjué Jio sales? 

A tus balcones 
Llegan en suaves ecos 

Las mis canciones. 

Ven, que la noche ruidos 
Tiene hechiceros. 

Cantos, tal vez, perdidos. 
De los luceros : 



Verás distante 
Raj'os de ópalo y rosa, 
Luces brillantes. 

Oye la voz del Jeque 

De los beduinos. 
Que mirar quiere, á trueque 

De sus destinos, 

La caraqueña 
De las sonrisas dulces 

Y faz trigueña. 
¿Quién aquí tanto teme 

Para que escondas 
En el blanco alfareme 

Tus trenzas blondas? 

Ven, luz bendita, 
Más pura que las luces ^ 

De la me.7quita. 

Mas no quiere el Profeta 

Que yo te mire. 
Aunque el alma sujeta 

Por tí suspire ; 

Así en tus ojos 
Puso el sueño que, triste. 

Me causa enojos. 

Me voy de amores ciego. 

Sultana mia, 
A la -mar do navego 

De Alejandría : 

Tú no me atiendes, 
Pues de tu lecho blando 

No te desprendes. 

Adiós, la mariposa 

De alas doradas, 
Adiós, Hurí preciosa. 

Como las liadas; 

Que Alah conceda 
A tu vida las glorias 

Que á mí me veda. 

Adiós, adiós, paloma. 

De los gandules, 
Ramillete que aroma 

Conchas azules: 

Si no volviere. 
Es cpae el alma en su angustí,' 

De amores muere. 

Caracas, Febrero de 185 1. 



LA DÁMZA BE LOS MARIMOS. 

A m sirajgo el capitán de fragata señor fí. Todd, 



VENID las vírgenes todas. 

Que suspiráis de contento, 

¡ Sois tan bellas ! — ¿ Queréis bodas? 

¡ Al momento ! 
Eso, \- mucho más se nldanza 



Con el dulce y voluptuoso 
Movimiento .... 
Delicioso 

Es un sueño de esperanza : 
; Danza, danza ! 



CÁíiToa 



i85 



¡ Qué preludio tan divino I 
¡Qué tono! ¡qué mansedumbre! 
¿ Será del viento marino 

La quejumbre? 
Mentira, hermosas ; preveo, 
Que esa armonía que brota 

Viva lumbre, 

Dulce nota, '. 

Es el compás de un jaleo ; 

¡ Ya lo creo ! 

Ea ! venid las parejas 
Revolando rumorosas, 
Como diluvio de abejas 

Olorosas. 
De manos la que no pueda 
Seguir el columpio en alas 

Amorosas 

Por las salas : 
— Cuidad las fimbrias de seda ! 

¡ Rueda, rueda I 

¡ Cuánto placer !-palpitando 
Están de amores, risueñas. 
En ese columpio blando, 

Las trigueiías, 

Perezosas, remecidas 
En las varias sensaciones 

Halagüeñas, 

Las pasiones 
Ya parecen distraídas, 

Ya dormidas. 

Cuando los ruidos desvelan 
Las dulces, ligeras aves, 
Así cruzan, así vuelan, 

Tras las naves 
De mi nativa laguna. . . . 
Volad, pues, divina tropa, 

Viento suave, 

Mar en popa. 
Mujeres, música y luna. 

Qué fortuna ! 

; Cuánto corazón esclavo 1 

Danza, baile, risa, juego 

Las ninas trémulas. . . . ¡ bra\'0 ! 

¡ Fuego, Luego ! 
Ya se que sus flechas lanza 
El rapaz de las canciones, 

Niño ciego: 

i Corazones ! 
Estáis rendidos. . . . ¡ qué chanza! 

¡ Danjza, danza 1 



¡ Qué brilla ! parece sordo 
El capitán. — Señorita, 
Dispense usted ; pero á bordo 

Todo íjrita ; 
Y, si un instrumento suena, 
Hasta el tope, allá en la nube, 

Canta y grita, 

Baja y sube ; 
Perdón, pues, linda sirena, 

¡ Ya ! — ¡ Cadena I 

Sí, cadena, como argollas 
Unid los brazos, y. . . . cuenta. 
Que estas danzas de las criollas 

Son pimienta; 
Y después . . . . ¡ Vaya ! ¡ estoi loco ! 
j Pobre cadena del alma. 

Se revienta. . . .! 

Lindas, calma ! 
Antes que sople el siroco, 

¡ Poco á poco! 

¿A quién no anima y provoca 
Esta nocturna algazara, 
Tr.n marina como loca ? 

¡Cuánto cara- 
Melo dulce...! ¡ Yo me rindo! 
Plermosa, prueba un merengue, 

¡ Cosa rara ! 

Me hace un dengue, 
Que me pone de lo lindo : 

\ Viva el Pindó 1 

Pero, .... ¡que Santelmo guarde 

Ese refuerzo postrero. 

Que sube á bordo ! Mui tarde, 

Niñas: pero 
¡ Son tan guapas ! que imagino 
Rueda de nuevo la bola ; 

¡ Buen agüero ! 

¡ Vaya, ola ! 
¿Una copa.' ¿Marrasquino, 

Cidra ó vino? 

¿Qué tiene esa blanca ni¡".a? 

¿ No baila? ¡ quizá el sereno . » . , ! 

¡Guai, que es ave de rj.piñi ! 

Lindo seno, 
Pupila azul, crencha de oro, 
¿Quién de sus garras me arranca? 

— Bueno, bueno. 

S4: 



N 



186 



CANTOS, 



A LA NIÑA BLANCA. 

La Serenata de los Genios. 



PRELUDIO FANTÁSTICO. 



LOS silfos, las hadas 
Volando en redor 
De pálida luna, 
Que á ratos chispea. 
Que Á veces gotea, 
En noches calladas, 
Mil flores pintadas 
' De extraño color. 
¡ Vision importuna ! 
¿Los silfos qué quieren 
Sobre esta laguna? 
¿Qué quieren las hadas 
De pálida luna • 
Volando en redor? 
■ — Los silfos se mueren. 
Las hadas prefieren, 
Como ellos volando, 
También suspirando 
Morirse de amor. 

If. 

La noche va triste. 
De extraño color ' 

La luna se inflama. 
En medio del mundo. 
Con duelo profundo 
La noche se viste, 
Su sombra derrama 
Sobre esta laguna 
De vago rumor. 
Los silfos suspiran. 
Las hadas que giran 
Con tétrico vuelo, 
Llorando se n>iran .... 
¡ Visiones de! cielo 
Oue causan pavor ! 
— ¿ Los silfos do paran? 
— T¿ Las liatlas qué tienen? 
— Los silfos se abrasan, 
Las hadas se vienen 
En pos suspirando 
Cual ellos llorando 
Muriendo de amor. 

SERENATA. 
LQS GENIOS. 

í_.,os silfos y las hadas 

Buscan de nocl;ie, 
Las flores perfumadas 

De blanco broche ; 

Por eso, niña, 
Dormimos en las flores 

De la campiña. 



Allá lejos, muy lejos 

Do duerme el dia 
Kn cielo de azulejos 

Y de ambrosía. 
Nos dijo un Mago 

Que eras tú, ca.sta niña. 

La flor del Lago. 

Y dejamos por eso 

Nuestros amores 

Y el dulcísimo beso 

De nuestras flores ; ■- 

Y así volando 
Venimos, dulce niña. 

Por tí cantando. 

Cuando los Genios vuelan - 

En romería, 
Las rosas se desvelan 

De Alejandría, 

Que son las rosas 
Amantes, como lindas. 

Pero celosas. 

Si supieren acaso 

Que aquí estuvimos, 
Dile que fué de paso 

Cuando te vimos ; 

Porque. hay dolores 
Que lle\-an á la tumba 

Divinas flores. 

Niña divina }' pura 

De gracia llena. 
La noche corre oscura, 

Pero serena. 

Bajo su sombra 
La bri.sa en tu ventana. 

Niña, te nombra. 

Bien haya el viejo Mago 
Muy hechicero, 

Cuando vio que en el lago 
Maracaibcro 
.Se columpiaba 

La flor de blanco broche 
Que nos faltaba. 

Pura. flor sin aromas 

Suelta y garrida, 
Como las dulces flores 

De la Florida ; 

Ven, niña leda, 
A lucir tus mejillas 

De rosa y seda. 



CANTOS. 



18? 



Ven á lucir tus gaias 

Bajo otro ciclo. 
En nuestras blondas alas 

Irás de un vuelo. 

jQ.uiéres ir sola? 
Aquí tienes el cáliz 

De una amapola. 

Por graciosa y sencilla, 

Modesta y franca, 

Te llaman la avecilla 

De pluma blanca 
Pero las ñores 

Te llaman por envidia 

Flor sin amores. 

Cuando venga la, aurora 
Te llevaremos 

Al jardin de Rasora 

Donde tenemos 
Perla y corales 

Y palomas aíCulc.s 

En sus cristales. 

Con ciclos de jacintos 

Y de topacios 
Allí tendnls ilistintos 

Helios palacios. 

¡ Ri co tesoro I 
En cofres de atangia 

Con llaxes de uro. 

Arroyuelus perdidos 

Entre violetas 

Y diamantes bruñiilos 

Con mil facetas 



Tan rutilantes, 

Que tú verás el precio 

De esos diamantes. 

Mas \-a el cielo se alumbra, 

La aurora Uegd 
Y al lejos se columbra 

La luz que riega. 

Sal, bella niüa, 
^\.ntes que asome el alba 

Por la campiña. 

; M.d haya el viejo Mago ! 

líien lo sabia ! 
Que la niña d^l lago 

Despreciaría 

Nuestros acentos, 
Que son los mil rumores 

Que dan los vientes. 

^Vdios la mariposa 

De alas de seda : 
Adiós, niña preciosa, 

Con Dios te tjiieda : 

Tal vez perdido 
Creerás mañana un sueño 

Lo que has oido. 

EL POETA. 

Paloma, si no tienes un nido de canela 
Oue pueda cubijarte si sopla el aquilón: 
^I i pobre serenata, paloma, te revela 
El nido que te ofrezco. . mi ardiente corazón. 

Junio. 1S55. 



CANCIÓN MARINA. 



ARRIBA, marineros, 

De mi Tartana. 

Que brillan los luceros 
De la mañana : 

A su luz ilusoria 

Iremos hasta Cuba ^ 
Buscando gloria. 

Veremos un instante 
De sus orillas, 

Esa perla brillante 

De las antillas : 

Cuba, la seductora, 

Que ha tres siglos esclava 
Suspira y llora. 

Malditos los que hallando 
Pobre su suelo 

Rumbo hicieron buscando 
M;is bello cielo : 



1 lumbres, que á Dios pluguiera 
I íundir en el océano 

Su raza entera. 

Llegaron sí, dañinos 

Más que las fieras, 

En barcos levantinos 

Con sus banderas. 

Ellos raza de bravos, 

A nuestra raza hicieron 

Raza de esclavos 

Por eso aquí lucia 

l3e gente extraña 
La bandera que un dia 

Dio gloria á España 
Por eso en mala hora 
Tú llorastes, ; oh patria ! 

Cual Cuba llora. 



185 



CANTOS. 



Mas ¿qué pueblo no lanza 
Si triste gime, 

El grito de venganza 

Que lo redime? 

¿Cuál esclavo, viviendo, 

No tiene de coraje 

Su sangre hirviendo ? 



La lucha fué sangrienta ; 

Lavada toda 
Quedó la vil afrenta 

Con sangre goda : 
El pueblo j ai ! iracundo 
Hizo temblar los ejes 

Del nuevo mundo. 



Así fué que potentes 

Nuestros cañones, 

Rompieron insolentes 

Viejos blasones; 

Así, con nuestras manos, 

Rompimos las coronas 
De los tiranos 



j Alza marinos ! i lev,a ! 
. ' Corta es la vida ; 

i Pronto ! que el viento lleva 

La vela henchida ; 
¡ Al mar ! que Cuba esclava 
Hoi, si quiere, su oprobio 

Con sangre lava. 

¡ Ea marinos ! solas 

Vuelan las aves. 

Tal cruzemos las olas 

En nuestras naves : 

Nuestro pendón de guerra 

Lo llevará el primero 

Que pise tierra. 

Arriba marineros 

De mi Tartana, 

Que brillan los luceros 
! De la m.añana : 

A su luz ilusoria 

Iremos hasta Cuba 
•• Buscando gloria, 

r Diciembre de 1868. , , 



CANTARES. 



ESA floreciiía 
Que brota en el suelo 
Es la maravilla 
Bajada del cielo. 

— Si baja, cantando 
Decid ¿ cómo brota ?.■ 
— Eso es un milagro 
Del Coquibacoa. 

Si brota naciendo 
¿Se formó en la altura? 
— Eso es un misterio 
Que no se pregunta. 

En la dulce tierra 
.?e iDa^mas marirsas, 
Los campos se alegran 
Por pascua florida. 

Y en verdad, las palmas 
Murxnu!'o-;i al-gres: 
"Ya vienen las pasct'.as 
Pongámonos verdes," 

A su vez las moñas 
De cincuenta y pico. 



t { 



Mirándose todas 
Levantan el grito. 

—Si á orillas del lago 
Las palmas verdean 
¿ Qué tiene de extraño 
Sé vistan las vieias? 



Las viejas ! Qué ganga ! 
Si no tiene un siglo, 
La falda más falda 
Es plato .... mui rico. 



¡ i' enees los homores 
Que gatos y liebres 
Muí serios se comen 
Indistintamente ! 



Pero aun m;:s felices 
Las liebres 7 gatas, 
Que vueltas confites 
Los hombres se tragan. 



No hai cielo más tinto 
Qae el lleno de flores 
Con aquel polvillo 
De aquellos filones. 



POESÍAS humorísticas. 



189 



O- 



& 




tSMB M 



lÁ (xAKGARmA. 

A raí amigo IlSsfonso Vázqnez. 



PUES, señor, no hai rey ni Roque ; 
Si es placer asaz insulso 
No beber de! vino aloque 
Por apurar vino mulso ; 
Peor es sin duda y con creces, 

Si, señor. 
Es peor al numen mudeces, 

Y diez mil veces es peor. 
Escribir una letrilla 
Cuyo final sea en aiiga. 

Sin concluir en angarilla. . . . 
¡ Qué maravilla y qué ganga ! 

Para cosas de manteles 
Las papas me vüelven'loco ; 
Pero en casos de papeles 
Pienso mucho y charlo poco ; 
Pues ha tiempo tengo visto. 

Si, señor. 
Que aquello de Dic^ ¿s Cristo 
Sale siempre á lo mejor; 

Y la más acorde orquesta 
Se nos vuelve una charanga 
Si no por ganga molesta. 

Si por ser fiesta de gar.ga. 

— ; Que ganga, dirá Ildefonso. 
Cómo el cofrade se agarra, 
Hoi escribiendo, del sonso- 
nete de pobre guitarra ! 
¡Cumplirás! un compromiso, 

Sí, señor, 
Tan ajustado y t m H^o 
Como el parche de un tamb,: . . . . ! 

-Bien está, cofrade, pero 
Ya que es tan corta tu manga, 
¡ Cuidado si eres santero 
Particionero en lagaiiga. . . .1 

Ganga ! Se me ocurre al trote 
Ir, de este nombre á la m.ano. 
Pues gai:ga es un-sacerdote 
Del congo, rio africano ; 
Ahora bien, si no eres hongo 

Por demás 
Cambia la.s oes de congo 
En dos acs, y tendrás. 



Cuando menos lo barruntes. 
Convertido el Congo en Canga, 
Y, aunque no me lo preguntes. 
Canga en pespuntes y en ganga. 

¿ Cuál frase en sí es más poética, 
Dime, cuál frase es más árida: 
Sacar de ganjes ganjVtiea, 
O bien de ganga j,'v?;/.;,'"í?>7'(;/c!: .'' 
Antes que el asunto sanjes 

Sin temor 
Digo, que entre Ganga y Ganjes 
Siemjjre VlWSí ganga es mejor; 

Y siendo uno mismo el rio 
Que á mas de un eipayo enfanga, 
Por Ganjes que es nombre frío 

Prefiero el mió que es ganga. 

• 
Ganga también es la Diana 
Diosa y virgen que, en conciencia, 
Para la gente indostana 
Es un tipo de inocencia. 
Ya ves que la musa lista 

Con furor 
8e ganga sigue la pista 
C'omo perro cazador; 
Ya ves que á fuer de niarino, 
Por si naufrago, mi janga- 
da compongo y e.v^amino 
Si hai un camino -XItil ganga. 

Si á ganga en tanto reputo 

Y tanto -k ganga repito, 
Gracias al curioso fruto 
De saber otro el sánscrito ; 
Te advierto, amigo, una cosa 

Sin mas ver; 

Y es que ganga siendo diosa 

Y siendo Ganga muger, 
No comió jamás merengues, 
Ni usó gorra ni fa-ndanga. 
Ni muecas hizo ni dengues 
Por perendengues de ganga. 

Aun que lo crea un agravio 
El cardenal Antoneili 
Recuerdo á un papa mui sabio 
Que se llamó Ganganelli; 
Y, hecho que á nadie se escapa» 



190 



poesías humorísticas. 



( Saivo error ) 
Ni era gangárida^, el papa 
Ni gangoso, no señor; 
Con todo, en la misma Roma, 
Cual si fuera en tierra loanga, 
Sin más dacá ni más toma 
Murió de broma y por gringa. 

11 

Ya que la historia mi pluma 
Te ha dado de ganga al vivo. 
Hablemos de ganga en suma 
En cuanto á lo positivo. 
¡ Ai, mi querido cofrade 

Cantador, 
Al a;ran salto de Leucade 
Llegamos ya, si, señor. . . . ! 
VuQS ganga en el mundo es todo, 
Y el tuno y la guacinanga 
Viven de moda y de modo 
Que su vida es yodo y ganga. 

Así como no hai Verónica 
Ouc no tenga un filisteo, 



Ni simpatía platónica 
Sin galano galanteo : 
Así, por regla precisa, 

Mal ó bien. 
Donde asoma una sonrisa 

Y con cierto ten con icn 
I^a nariz, carnoso muro. 

Se respinga ó se arremanga. 

Mal haya sino te juro 

Que allí de seguro hai ganga ! 

De ganga surjió Benito, 
Como roja luna llena, 

Y tocó de ganga el pito 
Más limpio cjue una patena. 
Si ves cubierta dos majas 

De crespón. 
Ya no hai pitos sino cajas 
Con cojas de algún mesón. 
No hai Julia Inés ó Dominga 
Que en fiesta de mojiganga. 
Se enoje con quien la pringa 
Si estedá guinga ^ox ganga: 



BROMA. , 

AL CASINO 

Unas de caí y otras de ar.ena. 



¡ Qué noche tan encantada ! 
Yo me alegré de tal modo 
Que estaba pensando en todo 
Y al fin no pensaba en nada. 

Yo el .zarandeado marino 
Iba paseando la lun,a. 
Cuando di por mi fortuna 
Con la puerta del Casino. 

No tiene Caracas hora 
Que no danze en son de fiesta, 
Así es que la tengo puesta 
Caracas la danzadora. 

Pues, como al cabo decia. 
Llegué á la puerta, y parado, 
Lo de broma y lo mii-ado 
Era igual á lo que oia. 

— "Vamos I dije, riendo á solas. 
En el: Casino campea 
El rumor de la marea 
Sobre e! ruido de las olas.'"' — • 

Y entrando halló de improviso 
Que en vez de un lago en bonanza, 
Era aquello la semblanza 
De un moderno paraíso. 

Fresco jardín venidero 
De Qsc Edén en miniatura, , 



Prestadle vuestra frescura 
A un marino cancionero. 

Pues 3^a que el Casino ahondo- 
Tiene tantas maravillas. 
Por él haré en redondillas 
De noche un viagc' redondo. 

Vaya I olvidemos amaños 
De aquel jorge sin segundo ; 
Ea ! ya estoi en mi mundo. 
Ya que estoi con los Cálcanos. 

Agradable es como almíbar 
La escojida concurrencia: 
¡ Flores de esquisita esencia 
De la píitria de Bolívar ! 

Allí brillaba entre encajes 
La luna, y, según es uso, 
José Antonio la supuso 
Entre marinos celajes. 

Aquel sitio descubierto 
Lleno de luces y damas, 
Ouc ni es bosque por las ramas 
Ni por las frutas es huerto ; 

Aquel sitio en una calle 
Con cuatro grandes paredes, 
Tan cerca de las Mercedes 
Como distante del Valle ; 



POESÍAS HUMORÍSTICAS. 



19 \ 



Era, esa noche que ajita 
Mi mente venezolana, 
Un tiesto de porcelana 
Con perlas de Margarita. 

Sentado al pié de una palma 
La blanda música oia, 

Y el aire repercutía 

I\Iás de un suspiro del alma. 

Y como .son trasparentes 
Los tiestos del mundo chino, 

Y he comparado el Casino 
Con un tiesto de esas gentes ; 

Atisbaba allí en mi puesto 
Unos ojos cuya fragua 
Consumiera toda el agua 
De los helados del tiesto. 

• Cuánta niña consolando 
A muchos caballeretes 
Vi que tomaba sorbetes 
Entro sonrisas soplando ! 

Y como el fuego sin tasa 
Consume hasta el mismo cielo, 
Evaporaban el hielo 
Aquellas bocas de brasa. 

A la luz de las miradas 

Y al fuego de tanta gente. 
Se puso el tiesto caliente 

Y lleno de llamaradas. 
Conque así, no es maravilla 

Que en mis ilusiones tales. 
Roja como los corales. 
Salga alguna redondilla. 

¿ f labeis tenido una noche 
Cierta soñación, por ende 
.Sabéis volar como duende, 
' ) subir al cielo en coche ? 

Pues así. bajo el follaje 
Del tiesto, en noche tan buena, 
Tenia la mente llena , 
De cosas de este linaje. 

En mi ser marino y tosco 
Admiraba donde quiera 
Las grutas de enredadera 

Y aquello que llaman kioski>. 
Ya contemplaba una niña 

Con su cintura de junco 

Y .saca"ba un verso trunco 
A dos sorbetes de pina; 



Ya oyendo una voz de maja 
En la gruta de la piedra, 
Pensaba que quien más medra 
Es el que menos trabaja ; 

Ya comparando un lucero 
Con los globos que allí habia, 
De plano me decidía 
Por los globos de Romero ; 

O bien admirando el alto 
Cielo, tras aquella pompa, 
Al sonido de una trompa 
Daba sin querer un salto. 

Lleno de impresiones iba 
Evitando algún encuentro, 
De húlina mar adentro 
Y ív/ /()/>« corriente arriba. 

Mas en esa litar en leche 
Ai! me c^Uib^. jeiiílod pique, 
Sin poder pedir á Henrique 
La avuda del Purureche. 



Dulce recuerdo que aplacas 
Mis sempiternos dolores, 
jardín de futuras flores 
En la festiva Caracas ; 

Casino, blando colegio 
De donaires entre sorbos. 
Plantel sembrado de estorbos 
Al quitarte el privilegio; 

Corfcha de ricos metales 
Recamada de abalorio, 
l'erenne laboratorio 
De las bebidas boreales ; 

Qué quieres? Ya que tú brindas 
Helados de ricas frutas, 
Y recibes en tu.S' grutas 
A las caraqueñas lindas; 

Ya que el term(5mctro marcas 
De un nuevo y dulce recreo, 
¿Qué mucho, si te deseo 
i. a vida de los patriarcas ? 

Perdona, pues, mis cantares 
Sí en sus marinescos sones, 
.Salen los de cal á nones 
Cuando los de arena á pares. 

Canicas, Ciotnbre 2 de- iS^í, 



BROMA. 

El uas. 



-SOPLA si tienes pulmones. 
-Yo ! 

—Si, tú. 

— Pues, ¿para qué ? 
-Hombre! sopla y te diré. 
-Esta es buena ! 



— Sopla tú. 
— ¿Es cosa de experimento? 
—Cabal ! 

— ¡Ai, maestro, no!- 
— No soplas ? 

— ¡ Que sople yo ! , 
Te lo manda Belcebú. 



192 



poesías HUKORiSTiCAa 



— Terrible ensayo, por cierto ! 
— Ea ! soplar es preciso. .. . 
¡ Angeles del paraíso ! 
— Te lo manda Lucifer. 
— Ai, maestro ! . . . . 

— Sopla el tubo . . , 
— ¿ Y si estallan los bombillos ? 
— Avienta los dos carrillos, 
Como falda de mujer. 

Sopló el aprendiz el fuego, 
Y, mientras los puños crispa. 
Saltó del fuego una chispa 
Y dio un grito Satanás, 

Caracas logró un prodigio . . . , 
El tuvo, el fuego y el viento, 
Cifras del experimento, 
Al fin le dieron el ras. 



¿ Ya lo ven ? Con prensar los carrillos, 
En un /í-//, en un /n's, en un iras 
Puede R.UÍZ expender por cuartillos 
Esas lumbres 

Y asumbres 
De gas. 

Gran invento, con todo, gran medra 
De que orondo se ve Satanás : 
Extraer del carbón ó la piedra 

Sin escoplos 

Los soplos 

De gas. 

Conducir entre tubos de hierro, 
Cual lo digo, sin menos ni más, 
A través de la pampa y el cerro 

La corriente 

Caliente 

De gas. 

¡ Oh, qué tierra ! La fruta se toma 
Al nacer y los graves papas 
Dejan, buenos, que siga la broma 

Medios ciegos 

Con fuegos 

De gas. 

¡Oh, qué tierra ! Yo he visto risucfto 
Lo que aquí no se viera jamas: 
Algo he visto de Adela RobreHo 
Calientito 

Y es'crito 
Con gas. 

Y no acaba, por cierto, la cosa 
En leer adelante ó atrás 
Una cifra de amor luminosa 

Con estrellas 

Muy bellas 

De gas. 

¡ Ni por esas. ... El diablo que extiende 
Tal invento, y sazona en agras . 
Cualquier uva, sin duda pretende 



Cual los curas, 
Diabluras 
De gas. 

De ese fluido, aseguran á bordo, 

Tiene á mares el pez de Jonás. 

Bah ' No hay nada por flaco ó por gordo 

Que respire 

ó se mire 

Sin gas. 

Gas nos dan. el vestiglo y la bruja 
j\íiéntras vuelan así, ras con ras, 

Y no hay gas como eí gas de burbuja, 

Quinta esencia 
Y potencia 
Del gas. 

Gas se encuentra en la poma, el acíbar, 
• La papaya y el dulce ananás, 

Y en la tierra feliz de Bolívar 

Hay en cintas - 
Mil pintas 
De gas. 

"Padre Cobos," tú alegre que empiézaos 

A vivir, el milagro no harás 

De extraer de las grandes cabezas 

Algún suco, 

El estuco 

Del gas? 

, íll. 

Bellezas caraqueñas, las del listo 

Y picarezco pié, cambio manojos 
De olorosos Jacintos ¡ vive Cristo ! 
Por el gas que tenéis en vuestros ojos ; 
No me digáis que no, porque }-o insisto, 

Y por tal cambio os rogaré de hinojos ; 
Cosa, por cierto^ que la ri.'^a encierra : 

j Ver un indio cual yo rodilla en tierra ! 

Vamos ! trigueñas, vamos ! no haya miedo 
De que yo desperdicie ni un azumbre, 
Cuando ese gas embotellarlo puedo 

Y venderlo volando para alumbre 
En las noches oscuras. Triste quedo 
Acosado de negra pesadumbre. 
Esperando se cambien mis jacintos 
Por esos gases que lleváis distintos. 

Qué !. . . .¿!\inguna responde? Pues repito 
Que en gas soy mercadante con empeño : 
Si queréis mis jacintos, de hito en hito ■^. 
rdiradme y tendréis gas .... mas, j ese seño*.. 
¡ .'\i. Dios ! es el negocio del Distrito, 
Que en el doiiado Olimpo caraqueño 
Es asunto de tontos y de tantos 
Tema de asombros y cuestión de espantos. 

,; Y q'-ié se os da á vosotras las esbeltas. 
Pues que todas If) sois en este valle, ' , 

Ver al infierno eh masa dando vueltas. 

Y andar la procesión por otra calle ? 



poesías HUaMORISTICAS. 



193 



Flojo el cendal y con las crenchas sueltas,' 
Dejad que al cabo el polvorín estalle, ' 

Y ya veréis si en ráfagas gaseosas, 
En el níismo lugar quedan las cosas. 

Miradme, pues, y dadme vuestro fluido 
Que con tan nueva industria vivir quiero: 
Salgan las avecitas de su nido, 

Y dejad que el Distrito de brasero 
Se lo lleven en paz : quede Cupido 
Con nosotros aqui : quede el dinero, 

Y con tal que nos dejen las toronjas 
Para el sabroso dulce de las monjas ! 

IV. 

l'cro á la fin, ¿es un sueño 
El gas no ha mucho adquirido 
Con tanto afán, tanto empeño? 
¿Adonde está vuestro fluido? 
¿ El gas, el gas caraqueño? 

Yo que necesito luz 
Por temor de un arcabuz 
Que me mande al ciclo en coche, 
Eo que encuentro es el capuz 
De la oscurísima noche. 

Y aunque en la sombra, en verdad. 
A veces el gas chispea, 
Chispas no son claridad, 

Y prosigo diiiuia mea 
En la misma oscuridad. 

¿Qué dice Ruiz de su tren? 
Al preguntaros no escuso 
Saber si lo tiene bien, 

Y por qué, ya que lo puso. 
Lo quita en un santiamén. 

Como Ar\-elo, loco, loco 
El mismo Santo Tomas 
Se volviera, viendo el foco 
De una máciuinade gas 
Servir tan mal y tan poco. 

Esto á pensar me provoca 
Que en su gas, Ruiz ly me alegro) 
Tuvo ganancia muy poca 



Por no ser gas de ojo negro. 
Ni gas de purpúrea boca. 

En lugar de preferir i 

El gas de ojos de zafir. 
Que es un gas de buena medra, 
Ruiz se imagino vivir 
Del gas de carbón de piedra. 

Mas no siendo Ruiz un san- 
To-do al revcz lesaliii. 
Y sin ver ho\' la ganan- 
cia y boga, y dudo yo 
Convierta la piedra en pan. 

Viendo, al fin, que á Ruiz le lleva 
Tal gas á su perdición. 
Queriendo vivir de bre\a. 
Prefiero de mogollón 
El gas de las ¡lijas de Uva. 

Llegaos, pues, caraqueñas ; 
Quiero gordas y cenceñas, 
Quiero hacer gases distintos 
Con las blancas y trigueñas .... 
¡ Ea, tomad mis Jacintos ! 

POST SCRIPTUM. 

Á ARlSTlDES RUJAS. 
Las luces se apagaron y Ruiz mismo, 
El que formó con gas aquel letrero, 
Sin miis p 11 i/t o, ni coma, ni iwks pero, 
Apagado también, cayó al abismo. 

Muerto en ciernes, de nema y de mutismo, 
Cobos el padre, joven misionero. 
Yacía cual se dice, en el tintero 
Mi pobre .^rt.f sin agua de bautismo. 

Un dia qne me hallaba vuelto un ascua 
Me encontré con Arístides, y — "cuento 
Para mis flores que serán de Pascua 

Con las del lago," murmuró-" Al momento 
Una broma tendrás," dije, pensando 
En esta que escribí burla burlando. 

Caracas. 



BROMA. 

AI General J. V. Guevara. 



NO es todo en la tierra niia 
Maldad, calor, sangre, guerra. 
Que hai mucho bueno en mi tierra 
De encantada poesía. 

Naturaleza aquí aduna 
En armonioso ensayo 
La electricidad del rayo 
Y el resplandor de la luna, 



Aquí transforma en suspiro 
La brisa al pasar riente. 
El silvo de la serpiente 
Y el yaraví del goagiro. 

Del prado aquí los olores 
Tanto gustan y arrebatan. 
Que nos parece que matan 
Con su fragancia las flores. 



1Ü4 



ÍOSSlAS HUMORÍSTICAS. 



Aquí se exajera todo 

Y en gran forma se destaca ; 
Hueie aquí mas !a albahaca 

Y es mas abundante e! godo. 

Y sí calía la razón 
Por un daca ó por un toma, 
i.a puñalada de broma 
Va derecha al corazón. 

¡ Que mas 1 La prueba acabada 
De cuanto aquí se exajera 
Es la mi musa parlera 
Para una triste nonada, 



Para mandar tras el eco 
De estas pobres redondillas 
Unas conchas amarillas 

Y bolas de palo seco. 

Sí, señor, y aunque en mi anhelo 
Siempre lo vulgar deseche, 
Los nísperos son de leche, 

Y las conchas de espejuelo. 

En suma de azúcar todo 

i El dulce, ! por vida mia ! 
Fraternizar podrá un dia 
Al liberal con el godo. 
Octubi-e 1879. 



CARTA IMPROYISABA. 



HOY que el abono se cierra 
Sepa e! ciudadano Bien 
Que hay mucha jente de guerra 
Y jentc de paz también. 
Que quiere la Castañerra. 

Y pues es hombre de entrañas 
Como artista verdadero, 
Si no puede dar castañas. 
Ponga a! punto , al " Caballero'' 
Particular " en .campaña. 

Ciudadano Saturnino, 
-Sepa que ayer un mastuerzo 
Dijo— "si Bien no es mezquino 
Dará — " E! amor y el almuerzo ' 
Por gala y sin macuquino. 
^ Pero un hijo de Israel 
Gritó también á su turno : 
— El debe hacer un papel!—" 



— ¿Quién es él? — Guá; Don Saturno !- 
Ya sabe, pues, que usté es él ... . 

Y pues ¿'7 y i/stcd, sin \'iso 
De mentira no son dos, 

¡ Anjeles del paraíso ! 
Don Saturnino ¡ por Dios ! 
Complacernos es preciso ! 

¿Qué cristiano no respeta 
Una tan grave demanda ? 
¿Qué artista, ni que poeta 
No se ablanda, no se ablanda 
Con súplicas de e;ícopcta? 

Y pues inclina la sien 
El abono y dice amen. 
Dar gusto al íín del abono 
Ls una gracia de Bien 

Y es una cosa de tono \ 
Coro, 21 de Marzo de 1S61, 



EN LA PRIMERA PAÜIMA DE ÜM ALBÜM. 



PEDRO Pablo Navarrete 
Y su esposa ó m.i cuñada 
Con su cuñada ó mi e:-ijosa. 
Que son por todos tres almas, 
A quienes uno la mia 
Para que sea la cuarta, 
Quieren (mejor e¿ queremos 
Ya que me metí en la danza) 
Queremos, conio bien sumo 
. Para este jardín sin matas, 
Pero que habrá de tenerlas 
Antes que lleguen bis pascuas; 
Querenrios para este libro 
De páginas hoy tan bl.mcns: 
Queremos ; ¡ válgame el cielo ! 
j Qué queremos cunio gracia, 
Para este libro qU'J empieza 



Su carrera literaria ? 
Queremos un imposible 
En tierras venezolanas. 
Un milagro de lo bueno 

Y una cosa de las raras : 
Queremos (y van por todo 
Del verbo luz de las thinias, 
Siete queremos y un quiero 
Sin haber querido nada) • 

¡ Ea! queremos en suma 
Que este libro sea un arca 
Donde, si se guard;ii! flores 
Sean flores delicadas, 

Y si se guardan perfumes 
Sean perfumes de Arabia, 

Y si se guardan confites 
Sean confites de plata, 



POESÍAS HUiíORÍSTlCAS. 



19: 



Y si se guardan suspiros ; 

— Qué I ¿ Los suspiros se guardan ? 
— Sí, señor ; precisamente 
Esos no salen de casa 

Y se niantieneu ocultos 
Por ser misterios del alma. 
Queremos, pues, que si llora 
Algún doncel su desgracia, 
Escribiendo en este libro 
Plegarias y serenatas, 

Sean verdades de á folio 
Serenatas y plegarias, 

Y concluvan en la itflesia 



Com.o verdades cristianas, 

Y no verdad.:" jeníilcs 
Que no concluyen en nada. 
— Esto quieren ; no, queremos, 
Ya que me metí en la danza, 
Pedro Pablo Navarrete 

Y su esposa ó mi cuñada. 
Con su cufiada ó mi esposa. 
Que son por todo cuatro almas 
Queriendo aqueste imposible 
En tierras venezolanas. 

1866. 



A LA SEÑORITA CARMEN SERRANO. 



HERMANA, tanta fatiga. 
Tantos cuidados por Ana, 
¿ Piensas tú que no lo diga? 

Pues te equivocas, hermana 

— Hermana, Dios te bendiga. 

En la copa del dolor 
De lágrimas toda llena, 
Cuando bebe ajeno amor 
Es porque el alma es tan buena 
Como un anjel del Señor. 

Fortuna de pequefiuela 

Ana, la dulce hija mia, 
Cuando el llanto la desvela. 
Tiene en la noche sombría 
Un ángel por centinela. 

Y no ha\' miedo al abandono 
Si queda luego dormida. 
Pues le hace en su pecho un trono 
¡Mientras le llama " mi vida " 
En un blandísimo tono. 



Según ese puro afecto 
Tú no permites arguya 
Siquiera de Ana un defecto. 
¡ Jkicna ceguedad la tuya I 
¡ Un ser humano perfecto! 



Ana con ser iiija mia 
Tendrá, llegado su turno 
Poca, mui poca alegría 
Un carácter taciturno 
Y mucha melancolía. 

Con .ser Ana tu sobrina 
Querrá tener una mina 
En sus risuefios afanes 



Y tendrá ¡ suerte dañina ! 
La flema de los Duranes. 

Carmela, ¿sabes que un punto 
Al meditarlo me mata 
Por ¡o grave de! asunto? 
— Ana se pondrá muy c/iaía 
Será mi propio trasunto 

¡ Vaya que será de ver 
A esa fspiga de 7naiz, 
Si á mi se ha de parecer, 
Con mi tacaña nariz 
Echándola de mujer. 

Tendrá su crítica hermana 
El mundo maracaibero 

Y dirá (la cosa es llana) 
"Qun Ana tu lindo lucero. 

No tiene nariz " ; Pobre Ana! 

Pero no te pongas triste, 
Cili-ni, hormma tu inquietud; 
Si Ana es cinta, tendrá cJikte 

Y á más, de que la virtud 
En la nariz no consiste. 

Tenga tu juicio y cordura 

Y lo demás nada importa. 

Que hombre de bien no se cura 

De la n.ir¡z larga ó corta 

Pero busca el alma pura, 

EnséíUle ásev cristiana, 
A ser virtuosa, y que diga 
La gente de mi pobre Ana : 

" Ch it.i, el cielo te b :n liga " 

¿Qué mas galardón hermana? 



196 



POESÍAS HUMORÍSTICAS, 



A LA VUELTA .... LO VENDEN TINTO. 



TENGO una linda barca 

Que vuela en popa 
A los vientos del alba 

Como paloma. 

¿ Qué caraqueña 
Quiere burla burlando 

Ser mi barquera? 
Quieres tú, rubia niña? 

— Guá ! tengo miedo ! 
■ — Y tú, trigueña mia ? 

— Chis ! yo no puedo ! 

Y haciendo mimos 
Gritábanme — "A la vuelta 

Lo venden tinto ! '" 



Al mar me fui lloroso 

Y hallé, por suerte, 
Un pesquero muy hondo 

Y eché mis redes. 
— Alza con ellas ! 

Guá ! Chis ! i Estaban todas 
Llenas de perlas ! 

¿Quieres venirte, rubia? 

— Sí, por tus trovas . . . . 
Trigueña quieres? Mucha 

Será mi gloria. . . . 

— ¡ Amores mios, 
Es lástima! A la vuelta 

Lo venden tinto ' 



MIS DUDAS. 

Escrita sobre la composición de rai amigo I. Vázqaez titulada "Lo qne es amor." 



CON que ¿á la sombra de las palmeras, 
Aquí en las tierras maracaiberas 
Que baña el lago murmurador, 
Aun hay palomas en las praderas 
Que ignoran tristes " lo que es amor? " 

;No serán cuentos, no serán bromas 
Que á los collados y verdes lomas . 
Llevan las flores de flor en fior ? 
¿ No serán burlas de las palomas 
Cuando celebran cortes de amor / 

En este clima do el niño ciego 
Como por trisca, como por juego 
Tiene ¡ el travieso ! tanto valor 
Que á quema i'opa nos hace fuego, 
¿ Hay quién ignore "lo que es amor? " 

Si alguna existe ; bendita sea. . . .! 



Pero á otro simple que se lo crea ; 
Yo, por mi parte, soy pecador ; 
Y como hay muchos de mi ralea 
Cuyo pecado solo es de amor ; 

Pienso, y conmigo piensa la gente, ■ 
Que si hay torcaza tan inocente, 
Las mismas tintes de su pudor 
Cabe la margen de alguna fuente 
Pueden decirle lo que es amor. 

Amo»' ! lio hay aura que no lo cante, 
Ni onda tranquila que no levante 
Al blando viento dulce rumor, 



Y hasta cu los ciclos brilla distante 
Trémula estrella, lumbre de amor. 
Si }'a muriendo la luz febea 

Por la colina frente á la aldea 
Se oye cantando triste un cantor, 
Esa colina que aun verdeguea 
Será en la noche templo de amor. 

A veces brota como un misterio, 
Otras domina con tal imperio, 
Que entre sonrisas, á lo mejor 
Llora y de pronto se pone serio. . . . 
i Distintas fases de un mismo amor ! 

Cuando se juntan dos avecillas. 
Cuando presentan sus campanillas 
Las pasionarias al ruiseñor, 
Aves y flores muestran sencillas. 
Aunque distintas un mismo amor. 

Yo sé que pueden la simpatía 
Romper dos seres y su alegría 
Cambiar en grito desgarrador, 
Pero. . . .es que al cabo gozan un dia 
Aunque los mismos, distinto amor. 

Y si esto pasa de esfera á esfera 

Si amor se asoma por donde quiera, 
Yo á fuer de bardo murmurador. 
De tu paloma maracaibera 
Dudo cjue ignore lo que es amor. 

1873- 



poesías humorísticas. 



197 



LOS PESCADORES SE VAN. 



YA se alegró la ribera. 
Pues Alicio hace sonar 
El caracol de la pesca 
Bajando del cabañal. 
Pastor que cambia el pellico, 

Como Alicio, 
Por las redes del pescar. 

¿Qué tendrá? 

Allá corre una pastora 
Que, según parece, va 
Siguiendo, como la alondra. 
Algún señuelo fugaz. 
La undosa y profusa crencha 

Libre lleva, 
Y desceñido el cendal .... 

Allá vá! 

Cabalgando en caballicbs 
De ramos de sasafrás, 
Un grupo de alegres niños 
Jugando y corriendo está. 
Me divertiré con ellos. . . . 

— " ¡ Un pandero 
Para quien diga verdad I 

Aquí está 1 " 

—Yo!.... 

—Yo!.... 

— Silencio y. . .en fil.i ' 
— Estamos formados ya, 
— Pues bien ¿no habrá quien me diga. 
Qué tiene Alicio el üagal ? 
— Está. . . .enfermo 1 

— No, ilesea 
Cojer perlas 
Para el dia de. . . . 

—Callad : 
--Ja! ja! ja ! 



— He ganado. . . 

— Mi pandero ! . 
Gritan mucho^. 



— Cómo ! 

— Nunca! 



-Tú ganar? 



—Pues ! 

— Sin duda!. 
— ¡ " Los pescadores se van ! " 
Una voz grita á lo lejos. 

— Mi pandero ! . . . . 
Grita á su vez el rapaz. 
—No! 

-Chis ! 

—Ai! 

— Pero, señor, si nosotros 

Sabemos, sabemos más, 

— ; Si Juan no lo ha dicho todu ! 



— ¿ No lo he dicho ? 

—Chito ! 

— J uan ! 
— ¿Pues qué tiene Juan oculto? 

— Tiene mucho. 
Tiene. . . .tiene. . . . 

— Si, á pesar 
Del d¡)i dan I 

— ¡ Buen din dan que todavía 
Este señor no dará ! 
— i Si estás diciendo mentira! 
— Envidioso ! 

—Y tú falaz, 
Porque callas los de Alicio, 

Pian pianito, 
Y el trato es decir verdad, 

Bien ó mal. 

— Dila tú, pues. . . . 

— l'iibre Alicio ! 
— Y el pandero me dará ? 
Te daré más, dulce niño. 
—Y qué? 

— Campanitas. 

-Ah ! 
Pandero con campanitas ! 

Viva ! viva ! 
— '•; En leche la mar esta ! 
l^uen terral 1" 

\ ocean los pescadores 
Atalaj-as del palmar ; 

Y mientras los caracoles 
.Suenan, corre cada cual 

Y abordando su barc[uilla 

También grita : 
— " ¡ Los pescadores se van 
A la mar ! " 

En medio estoi de los niños 

Que han roto, en tan largo afán, 

La fila de caballicos 

De ramos de sasafrás. 

— Y bien ¿qué me dices l'edro? 

Ya se fueron ? 
Déjeme ver si el zagal .... 

— Bah!bah!"bah! 

— No se impaciente en el trato 
—Pero, por Dios, acabad ! 
— Al buen callar llaman Sancho, 
Dice el cura. 

- ■ Chito, Juan ! 
— ¡ Mira, Pedro, que te pierdes ! 

¿Quién te mete 
En camisa. . . . 

— Nadie más 

Lo sabrá ! 



19§ 



POE.SIAS HUMORÍSTICAS. 



Ya lo ven ? él y nosotros : 
Nadie más, y quedará 
El pandero para todos. . . . 
— Si es así, di la verdad. 
— La digo? 

—Sí! 

Sí ! 
— Pues vuelva 
La cabeza 

Y mire aquella .... 

— Cabal 
Es Pilar; 

— Sí, la que canta unas coplas 
Las noches de Navidad, 
Como cantan las palomas 
Que no encuentran su nidal. 
Pues, señor, la zagaleja 

Travesea, 
Como para hacer rabiar 

Al zagal. 

— Si Alicio llora, ella rie. 
Si Alicio viene, ella va, 

Y cuando el cura le dice : 
Pilar, ¿qué es eso, Pilar? 
Ella le responde al cura, 

"Que las uvas 
Si se comen en agras 
Hacen m.al." 

— Pero, ¿qué importa esto á Alicio ? 
— Qué importa ! 

— Responde ¡ aja ! 
— Pues no ve que se ha metido 
A pescador ? 

— -Y qué más ? 
— Qué tiene. . qué tiene. . el pobre !. 

¡Mal de amores !. . . . 



Chis ! ¡ simplecillo, callad ! 
—Ja! ja! ja! 

— Pandero con campanitas 
He ganado, ¿ no es verdad ? 
— Sí, niño, y lleno de cintas. 
Míralo, Pedro, aquí está. 
Nuevos gritos :-"leva ! leva !" 

— "Brisa fresca !" 
— "Los pescadores se van 

—A pescar!" 

Y el grupo de rapazuclas 
Corre á la orilla del mar, 
Suena que suena el pandero. 
Grita que grita el zagal : 

— "Alicio ! ¡ Mira á esta boba 

Como llora 
Sin duda porque te vas ! 

i Vuevcacá!" 

Y era así, que pensativa 
Viendo las barcas allá, 
Pilar se dice así misma, 

— "Qué estás haciendo, Pilar ?*' 
Yo á mi vez, dije:-"las uvas 

Ya maduras 
Para el pobre Alicio están. 

Ja! ja! ja! 

No de otro modo mis penas 
Olvido á orillas del mar ; 
Que el amor y la inocencia 
Guardan la felicidad. 
La felicidad ! No es sombra ? 

No ! que es gloria. 
Alicio y los niños. . . .¡ ah ! 

Lo dirán ! 



BROMA. 

Escrita al vapor y dedicada á las volandas, con motivo del baile dado 
por el seSof JoséAniceto Serrano. 



¡ CUANTO afán y cuánto ruido ! 
¡Cuántas luces, cuántas flores ! 
i Cómo se reirá Cupido - 
Viendo fuera de su nido 
Palomas y ruiseñores ! 

Debe ser el caso estremo 
Para tanta b;iíahola. . . . 
¿Qué pasa? Mucho me temo 
Que se acerque á i'i'/a y remo 
Z..:¿. gran marina española. 



— No es eso, el caso es distinto, 
— Pues cuál es ? Saberlo quiero, 
Me pierdo en tal laberinto 
Y hay gente en este recinto 
Para olxo, seis de Febrero. 



— i Mentira ! ¡ Bachillería. . . . ! 
— Sí ? Pues de veras me alegro, 
Porque yo . , . . i Qué diabluría . . . . ! 
¡ Quién de decírmelo habia ! 
; Ni quién tampoco á mi suegro ! 



POESÍAS humorísticas. 



Í99 



Mas, fuera de digresiones 

Y volviendo al hecho en suma : 
¿Qué quieren esos garzones ? 

Y esas ho}!il>as y bombones 
Livianos como una pluma? 

¿Y esa música que atruena? 
Señores, cierto refrán 
Dice : cuando el rio suena 
Viene aleare la verbena, 
La verbena de San Juan. 

Si el caso es de romería 
Lo acepto sin ser romero, 
Ni aun gustarme la sangría. 
Sin tener botellería 
Ni viña, ni viñadero. 

Mas en un caso de apuro 
Me quito .... hasta la corbata 

Y alzo el codo. . . .de lo duro ; 
Pero aquí. .. .señores, ¡uro 
No sé de lo que se trata. 

— No .sabes? 

— ; Cómo lo digo ! 
Cargue una estrella conmigo, 
Si miento en apuro tan .... 
O, mejor, cargue un mcndioo. 
Si miento con Catalán. 

. — ; Protesto ! El caso es muy gordo. 
-No se admiten alu.siones. 
— No griten que no estoy sordo .... 
— Es que v.sc ageno sobordo 
Nos mete en complicaciones. 

¿A que hay aquí mercaderes? 
— Sí, señor y con mas ganga, 
Olvidando sus que liaccrcs 
Entre todas las mujeres 

Y entre toda la bullanga, 

— Pero, por Dios, al oido 
Saber, en suma, no puedo. 
Siquiera en faz de marido, 
¿A qué viene tanto ruido? 
r' -A qué viene tanto enredo? 



— No vienen que están aquí . . ■ 
— ¿Quiénes, seüores, por Dios? 
— Tu chicuelo baladí 

Y un cuñado; con que así 
Es la fiesta por los dos. 

— ¿ Es decir que dos en ido 

Y los m.ismcs dos en cn^ 
Mi chico el recien nacido 

Y mi cuñado el recién .... 
Al fin el recien venido ; 

Son la causa, el puro fomcs 
El motor, ó la palanca 
De estos dares y estos ióincs. 
Déla bulla de estos homes 

Y de tanta risa franca ? 

¡ A otro nene que lo crea . . . . ! 
Cuando más juzgo que sea 
Un pretesto .... cuando más . . . . 
Aquí Satanás campea, 

Y es un bribón Satanás. 

Tal vez lo dicho creería 
Si yo fuera de otro estado ; 
Mas ¡ Jesús ! | Ave María ! 
Me da miedo esta alegría. . . . 
¡ No lo saben I Soy casado. 

Y según la Iglesia ordena. . . . 
Dcrechito como un San .... 

Y me asusta }■ me dá pena 
Hasta la dulce verbena, 
La verbena de San Juan. 

Por eso cuanto ahora veo 
No lo creo, no lo creo. . . . 
Abandonemos la sala. . . . 
Dios me libre de un mareo, 
¡ Es una cosa tan mala. ..." 



A otro nene que lo aguante. . 
Mas ¿cuándo acabo y doy fin ? 
Listo ! ¡ A virar por avante ! 
Fondo ! La broma es bastante. . 
¡ Ya se llenó el folletin ! . 
Noviembre 3 de 1860. 



SONRISAS DE ÜN PADRE. ,- 



FUGi\CES resplandores 

Entre lo oscuro 
Son las luces que al hombre 

Llenan de orgullo. 

¡ Giiai con decirlo ! 
Que el siglo de las luces 

Es todo un siglo. 



Cuando sacaban h:!as 

Para los pobres, 
Rezando letanías 

A soltó vocc : 

Cuando mi abuela 
Le cogia los pumos 

A sus calcetas ; 



200 



poesías humorísticas, 



Aunque saltaban chispas 
De las liogueras 

Y gritaban las chicas 

Haciendo rueda ; 
Jamas ni nunca 
Las chispas fueron soles 
Ni fueron lunas. 

Hoy apenas de noche 

Brilla un cocuyo, 
Cuando esclaman ías voces 

De los palurdos : 

■'Siglo de gloria, 
Lunas y soles brillan 

Entre ia sombra." 

IT 

Yo tengo entre mis flores 

Tres pajarillos 
Con su metal de voces, 

De oro muy fino ; 

Miento! que es fama 
Las tres tañen sus lenguas 

Como campanas. 

Inés cuenta cuatro años, 

Ana unos siete, 
Ocho María entrados 

Creo que en nueve. 

Siempre están juntas 
Pero en cuanto á calladas 

No lo están nunca. 

Como andan siempre á guisa 
De mis periódicos 

Y engullen sus noticias 

Como bizcochos ; 
Y como en uno 
Se encontraron anoche 
Con este anuncio : 

"A Guadalupe el cólera 

Llegó del Ganges 
Matando á quema ropa 

Chicos y grandes ; 

Tal se difunde 
Que es un gran cimenterio 

La Guadalupe." 

■ — Vaya ! dando una vuelta. 

Gritó María, 
Libre está nuestra tierra 

Buena noticia ! 

— Mira lo que hablas ! 
Ana gritó á su turno 

Dando palmadas. 

Nos vamos ! sí ! nos vamos ! 
Gritaron todas, 

Y agarradas las manos, 

Como tres bombas 
Iban, venían 
Contoneando en sus cuerpos 
Las crinolinas, 



Llevaba aquello viso 

De no acabarse 
Según eran los gritos, 

Los ademanes 

Y, las piruetas 
De aquellos tres embriones 

Hijas de EA-a. 

Tal las pecjueñas nubes 

De fojas fimbrias 
En los cielos azAilcs 

De las antillas, 

Van con los vientos 
En grupos encantados 

Cruzando el cielo. 

Cuando más que de prisa 

Juntos llegamos 
La madre con su-niñas ! 

Yo con un-diablos ! 

Y en el momento 
Se soltaron las mano.s 

Mis azulejos. 

^; Es posible que ustedes 

(jritando vivan ? 
— Si es que estamos alegres 

Con la noticia ! 

— Mujer, escuchas ? 
— Castillos en el aire 

Como hijas tuyas. 

-r: Pero, mujer', no piensas 
Que al fin y al cabo 
Por ser faldas son cuentas 
De tu rosario ? 

— Niñas, les dijo 
La madre amostazada 

— I Por qué esos gritos ? 

— ,; No dijo ayer mii}- seria 

Doña Petrona 
Que allá por nuestra tierra 

Reinaba el Cólera "/ 

—Dijo eso ? — Cómo ! 
Esclamé con un gesto 

Lleno de asombro. 

— Sí, señor, sonriendo 

Mientras nos daba 
Aquellos caramelos. 

La co.sa es clara ! 

Si á Guadalupe 
Ha volado la peste 

Dios nos ayude. 

— Nos vamos ! sí, nos vamos. 

Padre ! y de nuevo 
A gritar empezaron 

¡ Maldito impreso 1 

Maldita chanza! 
¡ Malditos los caletres 

De tahís faldas ! 



POESÍAS HUMORÍSTICAS, 



AL SEÑOR JOSÉ ANICETO SERRANO, 

Remitiéndole algnnos versos de mis hijas el dia de mi carapleafios. 



201 



COMO una prueba divina 
De que aun lejos de la patria 
Nos da el cielo bellos dias 
En este valle de lágrimas. 
Remítase este expediente 
Formado por m.is calandrias 
A los que tanto las quieren 
A pesar de la distancia. 
Porque no puede haber dicha 
En esta mi pobre casa, 
Para mi esposa, mis hijos, 

Y para el que escribe tantas 
Tonterías, sin que asomen 
Allá en el fondo del alma 
Los afectos y los nombres 
De las personas que se aman. 
Sepa, pues, el buen abuelo 
De esta risueña nidada : 
Sepa, pues, el tio enfermo 
Centro de nuestras plegarias: 

Y sepa Aniceto y todos, 
Digo, la familia en masa 

Que hoy treinta y uno de 7\gosto 
Los cantos de mis calandrias 
A los ausentes recuerdan, 
En esta mi pobre casa. 
Con dulces reminiscencias 
Que son las flores del almas 
Recibido el expediente, 



Pues es todo una monada. 
No se archive como siempre 
Mas sí arrójese á las llamas. 
Otro sí : sepa el abuelo 
(ÍJue todo el cuento ó la gracia 
De los infernales versos 
De sus nietas deslenguadas 
Consiste en la pretenciosa. 
Simple y risible arrogancia 
- De hacer por su cuenta propia 
Su magnífica ensalada 
Ninguno quiere la ajuda 
Oficiosa de su hermana. 

Y así cada cual se encumbra 

Y á su gusto disparata. 
Inés pretende imposibles 

Y cuando á Apolo maltrata 
Cree ser la lijcra alondra 
Que trina, modula y canta. 
Sólo Rafo el simplecillo 
Pide á María prestada 
La mu.sa, y aprende á brincos 
Lo que María machaca. 
Ya veremos lo que arroja 
Con el tiempo esta nidada. . . , 

Y aquí paz y después gloria, 
Que para locuras basta ! 

■ Coro, Agosto 31 de 1868. 



BRINOÍS EN CASA DEL ORAL. GIL 



HACE un año en esta casa 
Que hubo en paz igual comida. 
¡ Cómo se pasa la vida ! 
¡Cuan pronto un año se pasa! 

Hoy se vuelve á reunir 
La amistad sin sombra alguna. 
¡ Viva la buena fortuna ! 
Venga en paz el porvenir! 

Y es que el ¿iiaí espanta al mal; 

Y el ¿ífii es aquí bandera, 
Como divisa sincera 

De un amigo General, 



? 1875. 



¡ l".a, flores del pensil! 
Si formáis tan bella tropa, 
Apuremos una copa 
En honra de Miguel Gil. 

Y después, como la aurora 
En prado brilla y Iloresta, 
Será reina de la fiesta 
Quién ? — Su estimable señora. 

¿ He concluido ? No ! Que imploro 
Un trato, un convenio franco : 
Brindemos por Guzman Blanco, 
Por Gil y . . . . por .... el do Coro. 

.26 



202 



POESÍAS humorísticas. 



LOS dPJLLOS. 



LAS flores en canastillos 
Van las niñas arrojando, 
Como nosotros sacando 
Esta canción de los grillos : 
¡ Hola! hola! Ved que os hablo, 
Salte el diablo con su cola. 
Salte el diablo ! 

Conozco aquí pecadores 
A quienes buscan sus damas 
Con aromas y retamas 
¥oi-_^n'//os de sus amores 
¡Carambola! riño habrá un Pablo 
Que de la peluda cola 

Tire al diablo ? 



El mundo maracaibero 
Por galeotes nos prepara 
Los colores en la cara 
Y la esperanza en el cielo 
¡ Qué mamola! En su retablo 
Dice el diablo con su cola. . . 
¡ Chito al diablo ! 

Si es que la conciencia mata 
Tranquila está mi conciencia 
Como riquísima esencia 
Ln pom.o de oro y de plata ; 
Pero sola, cuando le hablo 
i\Ie grita ; "; mira qué cola 

Tiene el diablo !!! 



SEÑOR ZEFERIMO 



FOSSI &, á, á. 

Piesente, 



¡ BILLETES yo, qué blasfemia ! 
¡ Comprarlos, cjué pretensiones 1 
¡A quien se muere de anemia 
Mablarlc de. . . .salchichones ! 



Jamas la soga se mienta ». 
En casa de. ... ; Por lo \'isto. 



Tuerto, no sacas la cuenta 
De quien vive sin un cristo! 

Quisiera tomarlo á insulto, 
Mas por la amistad te absuelvo . 
¡ Y tienes talento ! Estulto ! 
Tus billetes te devuelvo. 
Maracaibo, Diciembre i°. de 1880. 



DISCURSO CÁRH.e'ÁLESCO. 



MUY buena es la verdad ; mas ^ quién aspira ¡. Nada! Mentira! Broma! Eterno lujo 
A ser fehz con ella sin recelo, 
Cuando es fuerza cubrirla con un \'e!o 
Para hacerle lugar á la mentira ? 

¿ Creis que el bien el universo admira ? 
¿ Que la mujer es dulce caramelo ? 
Que el dolor es un mal, palacio el cielo 
Y el sol ardiente en el espacio gira ^ 



De una visible }' misteriosa danza 
En ciue cada mortal, á su capricho, 

Baila, miente y sonríe de tapujo. 
¡ La creación .... el mundo es una chanza ! . 
i El año todo es carnaval ! — He dicho. 

Y Enero 31 de 1877. 



SEfiOR Br. MANOEl DÁGMIMO. 

Presente. 



Maracaibo, Agosto 17 de 1880. 

Mi ciuerido Manuel : 

VA el romance y ¡ si supieras ! 
a'\jado va, buen amigo, 
Por estar siempre conmigo 
En toda.=íl:is faltriqueras. 



Vaya ! tu palabra escrita 
Vuelve, cual ave, á su nido, 
Después de haberla leido 
Mi la\ andera maldita. 

Manuel, fué bueno el percance. 
Un dia g'rité sin tino: 



poesías humorísticas. 



203 



; Adonde está do Dagnino 
El dulcísimo romance ? 



Busco, reyibtro habita el centro 
De los bolsillos más hondos. . . . 
■ Vacíos están sus fondos 
Y tu romance no encuentro ! 



; Pasa una luz por mi fncntc ! 
Corro ! — ¿ Y qué ? Tu poesía 
Mi lavandera leia 
Cuando llegué casualmente. 

Al dármela, bien ó mal, 
Me dijo la vieja loba: 



"Me gusta mucho esa trova ; 
Es niui buena. General." 

Pues bien, no hai signo ni norte 
Más seguro en esta siembra. . . . 
¡ Oh I la 0|3Ínion de uno. /c/i/órir 
Es el mejor pasaporte. 

L'ne, pues, íi mis respetos 

Y aplausos por tu cantiga, 
Esos de la vieja amiga; 

Y son i/i's l'tititisnios iicíos I 

Conque .... Manuel, Dios te guarde 

Y sabe que te amo mucho. 
Mientras brego, mientras lucho 
De la mañanad la tarde. 



AL ÁN.(V£RSAPJO 

de ía cojera diil General Rodulfo Calderón, con motivo da haberme pedido ' 

unos versos para este dia. 



¡ EA ! .trompetas marciales, 
Tocad. . . .! Resuene el canon. 
Que hoi para alivio de m.des, 
Cumple nueve años cabales 
La lisia de Calderón. 

En aquel aciago dia 
De memoria sempiterna, 
La marcial trompetería 
Estarna que re))etía: ' 
Oh ! ¡ qué desgracia de pieriu'. ! 

i\Ias \-o no tengo por mala 
Tu cojera. I)i.l oficio 
Son gajes, si no son gaia. 
r. Qué dijeras si la bala 
Te hubiera llevado el juicio? 

Koi en la pléyade inxálida 
Cruzará tu sombra escuálida, 
Temible, rujíente, inquieta, 

Y la república jiálida 

Te llamará, buen trompeta. 

No, no, creer se me antoja 
Que a tí te alegra y te place 
Cargar mejor con tu coja, 
Aunque á ratos esté floja. 
Que tener un " aquí yace." 

Aquel refrán tan sabido 
"No hai desgracia sin fortuna". 
En tí, cojo, se ha cumplido ; 
Hoi si te encuentras eojido 
Puedes andar á la tuna. 

Anda, trompeta, anda pues, 
Ya que tu fortuna es tanta, 

Y á los nueve aíios levanta 



Tu diestra }■ garbosa planta 
?dnstrando que coja es. 

V cuando á tu gusto ufanáis 
Las ninfas venezolanas 
A tus pies.le den botines, 
liarán las ninfas corianas 
Para tu pierna cojines. 

Jamás cuidarán las monjas 
Tan bien así un caballero: 
Doncellas te darán lonjas, 

Y hasta dulce de toronjas 
Le echanin á tu trotero. 

En tanto tú, Calderón, 
Reirás viendo serenos 
Con fe de federación. 
Trotadores sin trotón 
Muí gordos, sanos \' buenos. 

Mas eso no hace un gorgojo ; 
Dios ayude sus hechuras 

Y no te olvide á tí, cojo. 
Para vivir á tu antojo 
En tus corianas llanuras. 

Venid, pues, trompas guerreras, 
Tocad .... Resuene el cañón .... 
Con fogariles hogueras 
Celebren los calaveras 
La lisia de Calderón. 

i Hurra. . . . ! A los cojos marciales 
Las damiselas carnales 
Con cantos y gorgoritos. 
De Coro en los arenales 
Si no cajas, toquen pitos .... 



Ijulio i6 de 1863. 



204 



POESÍAS HUMORÍSTICAS, 



BRINDIS IMPROVISADO. 

, - 19 de Abril de 1850. 



COMO esos antiguos reyes 
Coronados en la cuna 
Tras de un héroe la fortuna 
Por la sanción de las leyes ; 

Así de laurel ceñida 
Saliste, Patria, en tu infancia. 
Era grande tu arrogancia, 
Grande el vigor de tu vida. 



Con tus victorias ufana. 
Con un porvenir propicio, 
Apagado el sacrificio 
De la guerra colombiana, 

¿ Quién como tú ? Tan fecundo 
Fué ese tiempo, que, en verdad. 
Nació en él la libertad 
A los aplausos del mundo. 



A J. M. RÍVAS. 



PARA contestar al vuelo 
Tu fraternal atención 
Me pongo á mirar al cielo 
Buscando ... .la inspiración. 

Pues es fama, entre románticos, 
Que si un bardo al cielo mira. 
Serán ramplones sus cánticos, 
Pero no serán mentiras. 

Eh ! La verdad sin reproche . . . . 
Mira, no fué por inedia 
Que el veintitrés en la noche 
Falté, falté á la comedia. 

Que si bien la inedia espanto 
Inspira entre daca y toma, 
No aprieta la cosa tanto 
Hasta no morir de broma .... 

¿No sabes que al olmo umbrío 
Vive enlazada la yedra? 
Pues por eso, amigo mió. 
No vi la "Primera piedra." 

Que al remontar de este Ponto, 
Sin vapor, á remo y vela. 
Se me enfermó de lo pronto 
Marica, la mayorzuela. 



Y como á sombra del olmo 
Crece aquí más de un arbusto. 
El susto llegó á su colmo .... 
¡Yo siempre vivo de susto ! 

Mcdiii iwclie era f>or Jilo, 
Dando las doce de lleno. 
Cuando buscaba intranquilo 
Al doctor Carlos Luis. .. .bueno. 

Bueno ! ¡ si también estaba 
Enfermo ! ¡ pobre ! ¡ Era un tronco! 
Es decir que cuando hablaba 
Carlos Luis hablaba ronco. 

En fin, mi hogar, que era un yermo. 
Tranquilo quedó en un fris ! 
¡ Guá I ¿ No se alegra un enfermo 
Viendo a! doctor Carlos Luis? 

lie aciuí sin arpa ni sistro. 
Agüella faifa cantada .... 
¿ Está usted, señor Ministro ? 
Mas, ¡ calle; ahí ! ¡ Pues no os nada ! 

¡ Qué tanto la musa yerre ! 
¡ Que no es el Ministro! ¿Cómo 
Puede sevjoia eme erre 
El mismo? ¡ Ni por asomo ! 



A Mí AMIGO £L SEÑOR A. ÜRDANETA. 

Con motivo de sn coraposicion titniada " LA H;\MilCA." 



METAMORFOSIS, 
¡ATRÁS! te digo ¡atrás por San Patricio 
El de la verde Erin ! ¡ Atrás 1 hermano, 
O cofrade en Apolo, si es que el juicio 
Por carambola te ha quedado sano. . . . 



¡ Qué anatema ! ¡Qué horror! ¡Qué sacrificio 
Al apolíneo coro . . . . ! ¡ Guai, profano ! 
Mereces el castigo de Faláris ! 
i ¡ Atrás, vate infeliz, huye cual Páris! 



POESÍAS HUMORlSTlGÁS. 



205 



i ^lejor es eso, sí,. que yo no quiero 
Fallar en contra tuya! Me horripila 
Hasta la negra tinta del tintero 
Creyendo que á la sangre se asimila : 
Te digo más: al ver un candelcro 
"SU corazón sensible se aniquila 

Y esclamo para mí : ¡ cuitada esperma ! 
Lágrimas viertes, porque vas en merma. 

Con que así, vate amigo, te conjuro 
l-'ongas los pies en parda polvorosa, 

Y huyendo 'como un gamo, del apuro 
Me saques por tu bien-; Terrible cosa 
Es á fuer de justicia zurrar duro. 

En tierra cual la nuestra calurosa. 
A un vate que en su tórrida pereza 
¡Metióselc el demonio en la cabeza. 

Pero ; de quó se trata? me pregunta 
La Patria abriendo su bocaza toda, 

Y se apresta á la lid de blanco en punta. 
Tal vez porque la.s°punías son de moda. 
Se trata, madre mia, la difunta, 

Se trata ¡ oh Venezuela. . . . ! aquí acomoda 
La Patria sobre un lado el gorro frigio 
Para mejor oir el gran litigio. 

Se trata de una ofensa ! — Yo prescindo 
Del modo y del lugar, pero la ofensa 
Tiene á las nueve del .sagrado Pindó 
Vueltas un basilisco. — Llama inmensa 
Ilumina los cielos, y hasta el lindo 
( Que cuida de la Olímpica despensa) 
Ganimede';, en fin, el mozaivete 
Está vueku de cólera un cohete. 

¿ Pero, cuál es la ofensa ? — Voto á bríos ! 
Se me olvidaba con la misma rabia ; 
Aftí los trampuleros echan fios 

Y se olvidan también. — Yo estoi en Babia ! 
Mas en niedio á mis locos desvarios 
Conservo aun la suficiente labia 

Para decir que en mengua á las butacas. 
Se trata ¡ cjué valor ! de las hamacas. 

Ven acá, descreído bardo pobre, 
¿Quién al magín le acomodó esa idea. 
Más infecunda y turbia, y tan salobre 
Como el mar de Sodoma en Galilea? 
Si yo tuviera un paladar de cobre 

Y una lengua durísima y pétrea, 
Hiciera oir mi voz para tu mengua 
Aun que perdiera al fin la dura lengua. 

Sí, por mi abuela, sí, que no se aplaca 
Tan fácilmente mi abr.isada biiis 
Al ver como le cantas á la hamaca 
Dando al olvido tu apegada filis. 
Qué dirá la ant'quísima butaca? 
¿ Y qué dirán los lechos de Amarilis? 

Y qué dirán las camas, que (no miento) 
Son llamadas aquí catres de viento? 

¿Qué dirán las naciones extrangeras 
Que ignoran hasta el nombre de chinchorro, 
3 )nde cada gandul duerme en esteras 
Abrigado muy bien con bata y gorro? 



i Escucha: por tus frases volanderas 
' Deduzco que no has visto ni aun el forro 
j De Homero, que murió, [ por Santa Mónica ! 
Sobre un cuero de vaca Macedónica. 

Desdeñarlos cogines ; buena idea ! 

Y luego porque el siglo brinca y trota 
Divinizar la hamaca que marea. 

La hamaca que nos hace una pelota, 
La hamaca que aun de noche se menea 

Y que vuelve en un tris al hombre idiota. 
Según en su vaivén saca de C|uicio 

La masa cerebral donde está el juicio. 

Si el siglo anda a! vapor, digo \' defiendo 
j Que maldecirse debe por lo mismo 



El movible ¿;hincliorro, — ¿Ni durmiendo 
Puede el hombre estar quieto en este abismo? 
Si los hijos de Adán viven gimiendo, 
Según lo reza el santo cristianismo, 
; Xo es justo que de noche quietos duerman 
Oque quietos estén cuando se enferman? 

Tan lógico y sin réplica es mi aserto, 
Que el único derecho democrático 
Sin mundial zancadilla, neto y cierto, 
Cual eterno problema matemático, 
Inviolable doquier, jamas in.jerto. 
De que disfruta c\ fiofiulis, maniático. 
Se funda en el derecho del quietismo 

derecho de muerte, que es lo mismo. 

Con efecto, por débil ó por fuerte 
No habrá ninguno, pillastron ó ganzo, 
Que al sentir el aliento de la muerte 
Quietitonose esté. — Feliz descanso 
Donde un día, cantor, habré de verte. 
Como la seca flor en un remanso, 
Sin que jjuedas decir con tus encías : 
¡Oi\ mundo! estas quijadas fueron mias. 

¡ Alma quietud ! milagro americano! 
¡ Espíritu inmortal de la pachorra! 
'Te quiere federar ese profano, 

15uscándole con mengua una camorra. 

Así tuve un amigo; no, un hermano, 
;Que á fuerza de oprimirle ¡ Cachiporra! 

Huyendo de Don Justo, ¡ Chis, se embarca! 

Y á poco se encontró A(/ír/.i- arca. 

Eso no harás, Pachorra damisela. 
Aunque el mundo se vuelva una mat'raca 

Y salte, como salta Venezuela, 

i O el mismo Ameiiodoro en una hamaca. 

1 Si nuestro siglo diez y nueve vuela, 

i Paciencia y barajar; que al fin se aplaca 
! No digo un siglo, á quien el tiempo aborda. . , 
Se aplaca el mar que es cosamui más gorda. 

Maguer cantes en tono gemebundo 

Y de la hamaca lo que se te asombre, 
Voi á decirte como vino al mundo, 

Y conocida como fué del hombre. 

De un pueblo por las selvas errabimdo 
Hube esta historia :-Si saber el nombre 
Quieres de mis salvajes; por pereza 
^Se mcha traspapelado en la cabeza. 



206 



POESÍAS HUIviORlSTICAS. 



Parajuro era un indio mofletudo. 
Que en dulce paz de mogollen vivia, 
Autor de la inmortal ley del embudo 
Con que sus pasos por doquier media; 
Hacerlo trabajar ninguno pudo 
En cabañal, floresta ó ranchería; 
Jamas con su sudor cosechó un grano, 
Ni una piedra jamas alzó su mano. 

Yarfá (toma razón de lo que te hablo") 
El genio malo que al goagiro doma, 

Y que acá para nos se llama Diablo 
Sin más rebetes, luz, punto ni coma. 
Yarfá, que via bien desde su establo 
El daca del goagiro y nunca el toma, 
Su flema y su cachaza siempre activa, 
Noche y dia acostado panza arriba; 

'''■Es curiosa, gritó, tal existencia. 
Ni siquiera este nene por política 
Mueve una paja, asiste á una pendencia : 
Ni le asustan los chismes, ni la crítica : 
Yo te haré trabajar, ¡ voto á mi ciencia ! 
Perezoso salvaje : tu granítica 
Sin par naturaleza, con mis modos. 
Verán cambiada los goagiros todos." 

Yarfá dio media vuelta, y por encanto 
Bajó ala tierra, se cambió en un viejo 

Y á Parajuro se arrimó, que en tanto 
Almorzaba batatas y conejo ; 

Y semejante al que sufoca el llanto 
Enmedio de una plática ó consejo. 
Así le habló Yarfá, fingiendo apuro 
Mientras comia el grave Parajuro : 

— "Hijo de Güere y la sin par Sarando, 
Un buen consejo que te dé permite. ..." 
Oyólo el indio, mas siguió almorzando 
Sin dársele del viejo ni un ardite. 
— ¿Criatura, estás sorda? 

— Estoi mascando .... 
. — Pero escucha : en el boscjue se repite 
Que eres un perezozo sin segundo .... 
• — ^Cada uno para sí vive del mundo. — 

— Hijo, siquiera al despuntar el dia 
Pon los huesos de punta. 

— Con mil truenos.... 
Que pides poca cosa ! \ Bobería ! 
— Eso tiene su más. 

— También su menos .... 
— Pero al cabo .... 

— La gran sabiduría 
Es no hacer nada. — 

— -j Qué dirán los buenos ? 
— Los bobos, viejo amigo, di los bobos 
Que al fin llegan á ser pasto de lobos. 

— Es decir que .... 

— Que nie enfadas. 

— Desbarata- 
— Mis pacíficos planes, . . . 

— Pues tú pones 
Con tanto hablar amargas mis batatas; ■ 
Déjame en paz seguir mis convicciones: 



— Con un millón de roncas cataratas 
Que si reviento aquí con mil legiones, 
Gritó Yarfá frenético te juro.... 
— El indio murmuró : "valiente apuro." 

— -"Si, te juro por todas las serpientes 
Inspirar tal espanto eíi mis enojos. 
Que de tu boca saltarán los dientes, 

Y movible te haré coma los ojos." 

— ^"Vaya unos cascos viejos bien calientes," 
Dijo el gandul, cojiendo unos mímojos 
De espigas, y sin más junto á unos brezos 
Los puso y se rodó dando bostezos. 

— / Sea para tu nial, indio maldito 1 
Articuló Yarfá, con un ceceo 
Que era como quien dice el gorgorito 
De la rabia infernal ; 3' de un boleo 
Fué Parajuro á dar en un caimito ; 
Pero aquí del prodigio ! Plorrible, feo, 
Del gran Yarfá con el terrible encono. 
Cambióse el indio en espantoso mono. 

" ¡Ciíadrñi/iano animal I de rabia flavo 
Yarfá siguió diciendo, jf>or castigo 
Te condeno d mecerte con el rabo 
En los verdes arbustos : fui tu amigo. 
Mas tu perciba, y tu pachorra al cabo. 
Convertido me kan en tu enemigo. 
El suco rebosó de mi dulrjura. . . . 
Hoy carga con tu cuerpo, creatura." 

Y luego incouti/ienti su corona 
Caló sobre la hirsuta cabellera, 
Requirió con donaire la tizona. 

Miró al soslayo ; y como al punto viera 
A Parajuro el mono ó tal vez mona , 
Meciéndose del rabo, "en otra era 
Se dijo para sí, vendrá la nioda 
En que se mesa nuestra tierra toda" . 

¿Ya lo ves, pobre bardo, donde saca, 
O tiene sus orígenes oscuros 
La Americana y tropical hamaca? . . . . 
"De un salvagetenarj de cascos duros." 
Andando el tiempo, otro indio (Carayaca 
Se llamaba por cierto) en dos seguros 
Troncos de palma remedando al mono, 
Quiso mecerse en índico abandono. 

Y amarrando á los troncos su refajo 
Metióse en él con fuerza tan altiva. 

Que el columpio empezó de arriba á abajo, 
Cuando debiera ser de abajo á arriba. 
La zaranda siguió con desparpajo 

Y cual salta un guijarro en una criba. 
Saltaba Carayaca, hasta que al suelo 
Vino con tantos brincos en un vuelo. 

Desputís. . . .la cosa es clara — la zaranda, 
No obstante el mal ensayo, se hizo moda ; 
I Tuvo la monería gran demanda, 
\ Y en hamacas durmió la gente toda ; 
Vino á América luego de parranda 
I Traida por Colon, la raza goda, 
I Y con el oro cjue llevó en petacas, 
\ Llevó también á Europa las hamacas. 



POESÍAS HUMORÍSTICAS. 



207 



De origen infernal como te lie dicho 

Es la hamaca ó zaranda, no la quiero, 

¡ Tuvo por inventor á un mono, á un bicho 

Y al pensarlo no mas me desespero ! 
Será una tema en mi, será un capricho. 
Como quieras al fin llamarla, pero 

Me columpié una vez, hize una basca 

Y por un tris me rompo la tarasca. . . . 



^ Sabe, pues, descreido bardo pobre, 
: Que debes del magin lanzar tu idea, 
' Tor maldita, .infecunda y tan .salobre 
Como el mar de Asfaltitcen Galilea. 
Si te dijera todo lo que sobre 
De tus hamacas pienso ¡ ánima mea ! 
I Un mamotreto hiciera con mi crítica 
I Grande como los chascos en política. 

Julio T,\ de t86t. 



? 



ENHORABUENA. 



PRIMERA PARTE. > 

DTALOGO ; El poeta y su Musa : Humos de aquel : 
Inspiraoiou de esla : Al pdttii no le eoulentau ios Iones 
que saca : Xe<;iiliva de la >hisa : ?us la/oiics : Lo que 
afonseja : Aceplacion : Vuela al cielo la .Musa ; Exclama- 
ción del Poeta. 

—CONMIGO no habla esc bando; 
Lo que tú dices no excusa 
Hacer cuanto yo te mando, 
¿ 0)'es tú, señora Musa ? 

— Qué tono I Cierre esos labio.s 
Que est;ín destilando liiel .... 
— Es que. . . . ! 

— ¿Aun le quedan resabios 
De capitán de bajel ? 

— Eso te importa mu}- poco. 
— Su estribillo sempiterno. 
Vaya! ¿Me harás \ol\er loco 
Señora del qitinto infierno? 

— Si en serio las cosas toma .... 
— No me queda otro recurso. 
— Diga: ¿qué vez ni aun de broma, 
Le he neg.idij mi concurso? 

—Hoy: 

— ¿ Cuándo ? 

—Ahora, tontuela ! 
— Bravo! Le inspiro á porfía 
Dos trovas y una espinela . 

Y quiere más todavía. . . . ! 

— No es la inspiración ni el soplo. . . . 
— Y bien ¿no escribe al momento? 
— Si, pero á golpes de escoplo 

Y no estol por lo violento. 

— La culpa es suya. 

— ¿De vi.ras? 
— ¿ Pues no quiere en tonos gra\ e.í 
Remontarse á las esferas? 
— ¿A quién le escribo no sabes? 

— ¡ Cabal ! por eso lo digo .... 1 
-Si su lenguaje es sincero 
Escribe á un antiguo amigo 
;A qué andar buscando, . . .? 

—Pero.... 



Ignoras. . . . 

— Señor, en plata 
No espere mi inspiración. 
Cuando do afectos se trata 
La musa es el corazón. 
Hable con gracia y decoro, 

Y por cumplir su deseo 
líatiré mis alas de oro 
Sir\iéndole de correo. 

— Acepto: serás mi paje, 
A tu consejo me rindo 
Pero antes cambia de traje. 
Ponte, musa, de lo lindo. 
Tras un saludo festivo 
Voló sobre nube gualda, 

Y yo quedé pensativo 
Diciendo: "¡vaya una falda!" 

SEGUNDA PARTE, 

La Musa vllelv(^ del cielo : .su' vpslirto : su corona de es- 
trellas : Por r|ué es tina de esmevalda '! Pe quien espora : 
.\nill() lio Salurud : l'oii|U<' no lienc ijiedra : Cinta, del 
íle Nililiiia : La Musa apremia para de- 
Lo iiuc xale esta i'alda, seü;uu el 



iris : Un recovli 
sempeiiar >u cmliajad.i 
Poda. 



— ¡ Ya me tiene u.sted de vuelta ! 
Gritó cayendo en un banco 
;\Iui garrida y mui esbelta 
La musa de punta cw blanco. 

— Tan jironto? 

— Nada me ari'edra. 
Vamos, no esté taciturno 
Mire este anillo sin piedra 
Que me regaló Saturno. 

No se admire : fué arrancada 
En medio de un traqueteo, 
Para dar una pedrada 
A no sé que filisteo. 

VA sol me dio por antojo 
Un mantón, y aun me lo puso; 
Mas no lo quiero que es rojo 
Y es tinte que no está en uso. 

Con la luna. . . .ya ! su brillo ^ 

Es tan suave .... ella tan leda 

Mire este velo amarillo 
Que me tejió de oro y seda. 



208 



poesías humorísticas. 



¡ Las pobres nubes ! Con ellas 
Hallé al fin en los espacios 
Esta corona de estrellas 
De jacintos y topacios. 

Hay una siempre brillando, 
-Más bien triste que ie3ti\'a ; 
Pues . . . . ! como vive esperando 
Es una esmeralda viva ; 

Vedla, no se hunde en sus giros . 
Como la náufraga nao .... 
■ Ella espera entre suspiros 
Del astro de Caujarao. 

Del iris hube esta cinta 
De gasa llena de flores. 
La paz en ella se pinta 
Con reflejos tricolores. 

Repare bien en mi porte ; 
Voy arrastrando la veste 
Formada con un recorte 
De neblina azul celeste. 

Ande, pues, sacuda el ceño, 
Hable, que de hablar es hora ; 
Ya verá si desempeño 
La plaza de embajadora. 

Tomé la pluma, y pensando 
Lo que es un genio fecundo, 
Dije á la Musa mirando 
"¡ Esta falda vale un mundo ! " 

TERCERA PARTE. 

El Poeta manda á la musa que el vfintc y sitlf de Kiie- 
ro visite al Mariscal : Lo que a(jue! vu on la gloria y acti- 
1ud<leesle : En vista de que se. cusaueha su pecho : Lo i 
alienta eii su política magnánima : Los Mi años del amigo : 
Utilidad de saberla partjda doble á la moda del Parnaso : 
Por qué es un problema la edad dol Poeta y Xna- i|uó \ ive 
plantado en los ei.j años : Consideración solire lo i)ien que 
lian sido empleados aquellos 46 ; el Poela ili<;e la Aiírdad, 
pésele á quien le pesare, y deeiara i!ue no e- un mero aca- 
so el encumbramiento del amigo : Clin i|ué, cuáiuioy adi3u- 
de perpetuará la memoria de sus -tC primaveras : C'n sus- 
piro por cierta reminiíceucia de Ires palabras de ja Salve ; 
H)l poeta se trauciuiliza estando en Coro : líensage íntimo 
que la Musa debs darle al amigo : Canto del nido de ruise- 
ñores : La 3Iusa se apercibe de iodo y ai rayar la aurora 
vuela á desempeñar su embajada. 

Óyeme, Musa ; yo cjuicro 
Que con mi expansión genial 
Hoi, veinte y siete de Enero 
Visites al Mariscal. 

Le dirás que en este dia 
A fuer de amigo, se alegra 
Hasta la fortuna mía 
Que ha sido fortuna negra. 

Pues en la gloria que alcanza 
Y en la quietud porque anhela. 
Veo un mundo de esperanza 
Para el bien de Venezuela : 

Díle que el pecho se ensancha 
Al ver que de varios modos. 
De sangre no tiene mancha, 
Cuando se mancharon todos; 



Que m.nrchc así, firme el ánimo, 
Para obligar á la historia 
A que escriba : " fué magnánimo " 
Sobre su tumba de gloria. 

Un mes antes del mes chicho 
A veinte y siete del mes. 
Cumplir los cuarenta y pico 
Siendo seis el pico. . . .ves? 

¡ Oh, Musa ! Cómo en la vida 
Es bueno, por un acaso, 
Saber la doble partida 
Ala moda del Parnaso? 

Aquí, Musa, sin que tema 
Esta vez tus objeciones, 
¿ Fuera mi edad un problema 
Dada á aquellas condiciones ? 

Si pues he de confundirme 
Con los mediocres .... no brinco . . . 
Y el tiempo me hallará firme 
Plantado en mis treinta y cineo. 

Pero hablando en puridad 
Ya que el tiempo tanto apura 
Musa, ¿ no es grande en verdad 
Ilalier subido á esa altura? 

i Que tiempo tan bien empleado ! 
Hacer brillar como lumbres 
La profesión de soldado 

Y las sencillas costumbres ; 

Llegar aun tan alto puesto 
Con la oliva y el laurel, 

Y ser en él tan modesto 
Que bastase oculta de él; 

Piíiéntras otros á balazos 
Apagaban los gemidos. 
El recibía en sus brazos 
A sus contrarios yencidos ; 

Y cuando entre odios insanos 
Muerte daban los aceros, 
Iban rompiendo sus manos 
Cadenas de prisioneros. 

¿Qué mucho, pues, si en ardiente 
Amor y filantropía, 
Hoi cobierna blandamente 
Sin un l'iieeeneitxrw Isía/ 

Cuanto más, Musa, que ese 
Amigo á quien ti't verás. 
Pese al fin á quien le pese, 
Es instruido, y además. 

Ya que es fuerza que lo diga. 
Sabe aunque alguno se apene. 
Donde ¡e apriete la liga 

Y es cofrade. . . .en liípocrene. . . 

Conque así no es inero acaso 
Subir á tan alto puesto. 
Quien trepar sabe' al Parnaso, 

Y en su triunfo es tan modesto. 



poesías humorísticas. 



209 



Pero \'o!viendo á sus francas 
Cuarenta y seis prima\'orris. 
Díle que con piedras blancas 
Las marcaré en mis palmeras : 

Mas también será eiv voh-iendo 
Al dulce lago encantado, 
Ya que hai.miicho á lo que entiendo 
De lo vivo á lo pintado. 

¡ Ai, Musa, no es lirio, nardos 
Todo lo que el rio lleva, 
Por aquello de "los bardos 
Desterrados hijos de Eva." 

Mas ¡ no importa ! estoy en Coro 
La de los cielos serenos, 
Y si en mi tierra hay un moro 
Aquí hay cristianos muy buenos. 

Ahora, en íntimo acento 
Le hablarás y en tono gra\ e 
Del justo agradecimiento 
Que en mi corazón no cabe. 

Si el hombre al amor responde 
Por más que el pesar le abrume 
Urna es mi alma que escoiíSe 
Amor de santo perfume. 



Y ya que el bardo es un niño 

Y como niño se apega 
A esas flores de cariño 
Que con sus lágrimas riega ; 

Musa, dile que en mis flores 
Tengo entre amor y pesares, 
Un nido de ruiseñores 
Que cantan estos cantares : 

"Alto, hermoso sentimiento 
Es lá amistad. Dulce nombre 
Que calma con noble aliento 
Las desventuras del hombre." 

"La gratitud que se escribe 

Con tinta se descolora; 

Ella es recuerdo que vive ; 

Mas no se escribe, se adora . . . . " 

— ¿ Estás Musa ? Porque veo 

Que te aprontas, que te vas. 

— Ya brilla el rayo febeo ; 

— Eso es verdad, pero ¿ estás . . . . ! 

— Vaya ! si estoi en franquía . . . . ! 

— Pues ha7.tc. Musa, á la vela. 

Adiós ! 

i — Adiós, Musa mía ! 

i Vuela, embajadora, vuela. . . . 

y Coro, 13 de Enero de 1 866. 



A MANUEL 



MANUEL! Jesús ¡qué horror! cuánta herejía!'^ Por Dios, Manuel, confiesa tu pecado; 

Tal vez no hay en el mundo quién lo crea \ Vuélvete atrás, compadre, no te metas 

l--namorarte asi ¡ bendito sea . 

De un nvinstruo. de un demonio, de una harpía ! Con logreros, pepitos ni mamones : 

Darle todo tu ame», tu poesía, j Si en algo estimas lo que te he ensefiado, 

Tus flores, tus esencias, tu grajea, 
A la Juana más tísica y más fea 
Que viste íalflas en la patria mia. 



Déjate de pollitos y coquetas 

Y entona como yo dulces canciones. 



LAS FLORES DE TRAPO. 

Canto macarrónico. 



De .iquí inicc la liirliii de iumovta-^ Y no COSa dc faldas ' 
:;í;rrercín.XT:;i"^Ír'y i Y sin embargo aqmVni por semejas 

sil li- 1 Partidario lamas de la mentira) 



■imigos, y que apenas pasan de mi lí- 
mite, se ven silbados y dcsconoeidos 
i'n la ealle inniediala. 

f'ir\TKMTi:iAXT>. 



NO es música de arpistas. 

Ni esta canción es cosa de floristas ; 

Más bien, por los botones 

Y ojales con lanceta en las espaldas. 

Esta canción es cosa de florones, 

Quiero decir, que es cosa de calzones 



Tañer dejaré oirde cuerdas viejas 

En la olvidada lira ; 

Preludiaré con ítalo dacapo 

La gloria, el triunfo de la flor ríe trapo. 

¡ La flor de trapo bella! 
Cuidado ! No es aquella 
Que la risueña parisiense un dia 
V Pintó de argentería 



27 



2iü 



POESÍAS HUMORÍSTICAS. 



Y en la divina perfección del arte 
Tan al vivo engañó de parte á parte, 
Que pajarillo no faltó canoro 
Picando alegre sus estambres de oro ; 
¡ Cuidado, vive el cielo ! 

Que estas flores de trapo que sublimo. 
Son flores, es verdad, mas de ciruelo, 
Mediocre fruto de la musa opimo. 

¡ Ai, rosas de Basora 

Y azucenas del valle de Judea! 
Persiano girasol, lirio de Eubea, 
Jazmines de la Arabia soñadora. 
Balsamina africana. 

Clavel de la campiña italiana, 

Y cuantas flores enjendró la flora, 
Fantástica y quimérica. 

En los valles ubérrimos de América; 

¿Quién con sangriento encono 

De vuestra gloría divinal el astro 

En el siglo eclipsó décimo nono? 

¿ Quién mísero olvidó vuestra belleza ? 

¿Quién, no sabéis? La mísera cabeza 

De tanto retumbante poetastro. 



Soñando sin soñar cada cual quiso 

Entre muecas y gritos hacer viso ; 

Formáronse pequeños, 

Grupos llenos de iarvas y de sueños; 

Cada sabionda larva, 

En recíproca y dulce rnaideria, 

A su tu.rno iba haciéndole la barba 

AI hermano más sabio en barbería. 

Rechinaron las prensas 

Con las múltiples, varias y estrambóticas 

Concepciones inmensas ; 

En las mares caóticas 

De esc abismo de estrofas inconcusas 

Donde todo calor se cambió en nieve, 

Naufragaron las nueve. . . . 

Digo que el diablo se llevó las m.usas,. 

Entre tanto cantor de rica savia 

Al por menor como se vende el vino, 

Antes que en español j guai ! se habló en chino. 

Escribir fué una rabia, 

Moda, prurito, orgullo, desatino. 

Escribir era todo. . . . \ 

Entre bravatas empina.ndo el codo, 

—"Si Baralt fué un purista 

Y hubo en Europa fama. 
Sigámosle la pista 
Aunque preciso sea. 
Cual cosa nunca vista, 

Volar por el desierto de Atacama 
Sobre el cuerno abundante de Amaltea." 
Dijo así'mas de un nene á quien la llama 
De inspiración consume; 

Y perdieron las flores su perfume; 
Más claro, sí, señor ; ¡ por vida mia ! 

l^o que con triste asombro hubo de cierto 
Fué que brotaron como oliendo á muerto 
Las floiTs (le la dulce poesiñ ; 



,1 Hubo más todavía ; 

j Oliendo á muerto, no : todas sin jugo 

I Brotaban de las flores de un sopapo 

Muertas I tiesas á modo de tamugo ! 

Flores, en fin ¡ qué horror ! Flores de trapo . 

El rábano tomando por las hojas. 

Desde entonce hubo nene 

Que escribió en su divisa : "lo que suene" ; 

Sin saber que las súplicas son cojas 

Como los versos mismos 

Que tronaban cayendo en los abismos. 

AI son de esos ruidosos cascabeles 

Fueron tal los dolores 

De las divinas verdaderas flores, 

Su desprecio falaz y duro estrago, 

Que si alguno quisiera ruina á ruina 

Comparar en los públicos papeles, 

Fuera nada el incendio de Chicago, 

Ni el petróleo, el aceite y la reciña 

Del comunista á quien el mundo acusa; 

Nada la bomba rusa, 

La dinamita nada ! 

Rosas, nardos, claveles y jacintos, 

Hermosos todos y en olor distintos, 

Cual ídolos monolitos, 

O cual estos esdrújulos insólitos 

Déla estólida musa deslengu?ida. 

Sin \in réquiem murieron. Tal olvido 

Se vio de la verdad cabe el augusto 

Altar del noble y literario templo. 

Que hasta el mismo Cupido 

Liciado del mal gusto 

En fuerza y á la lei del mal ejemplo. 

Ciñó más de una novia 

Con cadenas de rosas y jazmines. 

No ya de los jardines 

Y huertos tropicales ; 

El niño amor cayendo en la hidrofobia 

De los bardos camales. 

Optó por los rabiosos colorines 

!Dc las flores c[ue dicen ser estéticas, 

Y que á la fin de fines. 

Si flores son, serán de musas éticas. 
Cubierto el seno con algún guiñapo, 
Las flores, pues, poéticas 
Del encantado amor hoi son de trapo ! 

Y es que la nueva tanda 
.■\depta pertinaz del rubio Apolo, 
I'iensa que el escribir solo}' tan solo 
La voluntad demanda. 

Pv manera de máquina que pita 

Si ya el Jiumo asfixiante desahoga; 

O bien como el que grita 

AI cuello puesta la apretada soga, 

Así la tanda encomendar a/ Tiento, 

Venga ó no venga á cuento, 

Sus trobas necesita. 

¿Y qué serán en suma 

Esos cantos más huecos que la espuma 



POESÍAS HU:.IORISTÍCAS. 



211 



Sin fe, ni inspiración, ni verdadero 
Amor al arte, ni pasión de gloria. 
Escritos con el numen volandero 
De algo que se ha leido y que se exhuma 
A la encantada luz de la memoria ? 

Musa del galerón, ¡ oh, musa querida. 

Trapos son triunfos, y que siga el baile : 

Vuestras macetas conservad de Mérida ; 

Flores de monjas en altar de fraile. 

El sol del porvenir, el sol eterno. 

El sol de vuestra fama, aunque de invierno, 

Por feliz privilegio, que está escrito, 

Jamás se ha de ocultar como si fuera 

Un astro valadí de lo infinito. 

Del artificio resultando clara 

Su macilento brillo, 

¡ Oh, musa audaz de la carmínea cara ! 

Nohai miedo á cjue se entolde 

En fuerza del carmín del papelillo. 

Flores ! cuestan tan poco 



•¡Trabajando á destajo como loco : 
! Tenéis los admiaícalos : un molde. 
|-Retales de liistrillo, 
! Papel sobre dorado y de co!ore.-5, 
j Una libra de estambre, 
Plumas, las de turpial son ¡as mejores. 
: Pincel, añil, alambre, 
I Alguna pega pega como goma, 
\ O leche de auyama, ó bien engrudo ; 
\ jDe platina un embvido 
\ Que la lei represente no del toma 
I Sino del daca en ei oculto plajio : 
I Un pomo de mal gusto, que al contajio 
\ .A.lgun humillo tenga, algún aroma ; 
Y en fin para esas flores volanderas 
Que llevan siempre un saliumerio místico, 
: El mejor instrumento el más artístico 
: Son, sin duda ninguna, las tijeras., 



(Esto fué lo último cji.ie escribió.) 




^mmM 




CANTO. 

A la raeaiom del Graa Poeta araericaDo. 



¡ MUKl(')el ilustre anciano! j (Jnicii su nomoiv 

Sin respeto profundo. 

Osará pronunciar ':" asi es la nuicrte 

Con el genio del hombre. . . . 

En vano brilla y se revela al mundo 

Y lucha altivo y fuerte .... 

— Dejad que al cabo de dolor sucumba, 

Y en un altar convertirá su tumba. 

;. Qué á mi lauros y palmas de victoria 

Ni el entusiasmo ardiente 

Al ronco estruendo de la guerra impía .' 

Quién canta ya esa gloria 

Baldón tal vez del nuevo continente ; 

¡ Oh, dulce patria mía ! 

Lo que hoi piden tus nobles corazones 

Son voces de pesar, tristes canciones. 

Genios americanos que escondidos 
Déla luz importuna 
^n la silente oscuridad de un mpnte 
Lanzáis vuestnjs gemidos : 
Vosotros los que al rayo de la luna 



i. Partí-, e! liorizonte 

. Querellas lamentables dando al viento, 

: V'enid á mí, prestadme vuestro acento. 

Que si á la luz nació de esta infinita 
1 Atmósfera de faego 
j El anciano vidente, si tan grande 
I Su fama dejó escrita, 
! ; Cuál lira, cuál canción habrá que luego 
I Le llore al pié del Ande? 
j Para esos duelos de inmortal tristeza 
I Su voz tiene la gran naturaleza.'^ 

i Yo confiaba á las ondas el tesoro 
' Que embellece mi vida: 

Bajo de un cielo azul, el viento en calma 

Murmuraba sonoro 
! Llevando en el batel la vela henchida:, 
I Lejos, como una palma 
! Que se mece risueña en la llanura, 
! Cruzaba otro batel la noche oscura. 

¡Cércala noche, ya cuando el marino 
f Lev^antó su bandera. 



212 



MISCELyVNEA, 



Nuevas quise saber, y un eco grave, 

AI rumor vespertino, 

"Bello murió del Maipo en la ribera," 

Mustio escuché y la nave 

Hizo rumbo y flameó sus banderolas. . . . 

¡ Y así supe esa nueva entre las olas ! 

¡ Cuánto ingenio profundo ! ] qué primores 

De santa poesía 

No se lleva tras sí, con el quebranto 

De los graves dolores, 

Esa tumba entreabierta todavía ! 

i Cuánta riqueza y cuánto 

Purísimo entusiasmo ! ¡ Y cuanta ciencia 

Encerraba su noble inteligencia ! 

Hombre de alta razón, la madre España 

Acojió sus preceptos : 

Filósofo, en sus cantos maravilla 

Las verdades que entraña : 

Galano y sentencioso en los conceptos 

Depuró de Castilja 

La rica lengua. El es siempre poeta 

Que huye del vicio y la virtud respeta. 

El pensador y sabio abrió su pecho 

A los cantos divinos : 

Amó la libertad y dio á los hombres 

Universal derecho ; 

Y al señalar del mundo los destinos, 

Aunque diversos nombres 

Tuviesen las naciones soberanas. 

Con una ley social las hizo herm_anas. 

orno águila caudal que el aire hiende 
Tranquila y mesurada. 
La reflexión en Bello asi se encumbra ; 
Mas lo que en él sorprende 
No es su profundidad, ni la atildada 
Palabra que deslumhra ; 



i Lo que en Bello sorprende, lo que admira 
Es que cantando lo que siente inspira. 

Empero si aun se escucha retumbante 

Su voz entre la bruma. 

¿ Dónde está el gran poeta? ¿ El sabio adonde? 

Esa tumba distante 

Que un mar de inmobles ondas con su espuma 

Baña, mientras esconde 

Al virtuoso patriarca ¿ qué revda ? 

Qué le dice á su patria Venezuela? 

¡ Ai ! cuando el viento misterioso lleva 
Gemidos de laúdes, 

Y sufres, patria, y de dolor te vistes : , 
Cuando el alma se eleva 

A su Creador, ¿áqué vicisitudes ■ 

Y hondas níemorias tristes 
Intentar en la lira ? ¿ quién es fuerte 
Para acusarte al grito de la muerte? 

Adiós altos recuerdos, adiós fiestas 

Y danzas pastoriles. 

Adiós del valle las pintadas flores : 

Genios de las florestas, 

Adiós con vuestros ruidos infantiles 

Y mágicos amores ; 

Muda la lira está y el canto mudo 
Del gran poeta que cantaros pudo. 

Yo confiaba á las ondas, peregrino, 
Cuanto adoro en la tierra, 

Y supe así la nueva que ignoraba : 

Y lamenté el destino 

Del genio .... Mas no importa ; no se encierra. 
Ni en una tumba acaba 

Nuestra gloria ; antes bien muriendo el homtfi'e 
Hace inmortal la gloria de su nombre. 

Coro. Diciembre 22 de 1861;. 



CANTO. 



Eíte " Caato " fuá escrito al inaugurai'.se las íucntes públicas ou Ui ciudad ite Coro, cslaudo ausente por lüS 

acontecimicutos de Zamora el Gi.'.vs CIl"DADA^o. 



RASGA el diáfano velo 
Tachonado de estrellas rutilantes, 
Divina inspiración, baja del cielo 

Y en verso armonioso 
Cuenta á los pueblos de la mar distantes, . 
Quien tras de torva y fratricida guerra 
En el ageno bien su gloria encierra. 

He aquí la lira mia 
De tanto fácil y risueño canto, 
Pulsarla sonorosa en este dia : 

Que hospitalario el pueblo 
Donde encontré un asilo escuche entanto 
Tu voz, que toma parte en su fortuna 
Y con su voz de bendición se aduna. 



■ De lioi más, bajo el ardiente 
I Tórrido sol, que la llanura abrasa 

i De aquella dulce y fenecida gente 
i Llam.ada caeiquctía, 

! No llorará el anciano porque pasa 
! Nube seca }■• vibrante, donde fijos 
I Tienen los ojos sus sedientos hijos. 

I Ni habrá en el santo gozo 

i De la maternidad temor ni queja, 
; .Si en el nativo sequeral y e¡ pozo 

■ Do refresca sus labios 

j La familia infeliz, el tiempo deja, 
I En vez del agua que le da la ^ida, 
Y El verdín y la yerba corrompida. 



MISCELÁNEA. 



213 



No, que en hilos de plata, 
Ó en sierpes de cristal, ó en surtidores 

Y perlas corro el agua y se desata 

Y borbota y despide 
Encantados sonidos y rumores : 

Y cuando salta límpida y se clcv'a, 

A Dios quiere llevar la fausta nueva. 

Fausta sí, porque todo 
Progreso para el hombre purifica 
Su inteligencia y tiende de algún modo 

Al bien y orden fecundos ; 
I'austa sí, que el progreso siempre explica 
La vida del espíritu, y su nombre 
No es mas que la verdad que inquiere el hombre 

Tú. mi constante amigo, 
Que un puesto tienes en la patria historia, 

Y (jue hoi distante en el peligro sig<j 

Con mis votos sinceros ; 
Tú has comprendido que la pura gloria 
(^uc encierra el porvenir y la esperanza, 
Es la gloria que el bien del liombre alcanza ; 

Y ahogando pasiones, 

Y extendiendo tus brazos por doquiera, 
Y, pudiendo destruir, dando lecciones 

De amor y tolerancia ; 
Si muestras á los pueblos tu bandera, 
Es queá su sombra en la civil discordia, 
Levantas un altar á la concordia. 

Y es por eso que ausente 
Xo ves hoi ni saludas conmovido 

La obra inmortal que legas á tu gente. . . . 

¡ Oh ! cuanto te gozara» 
Al correr de estas aguas que lian subido, 
Comunal mágico acento de un conjuro, 
Del nuevo lago al resistente muro. 



' —Inspiración divina, 

: Mañana con su aliento venenoso 
; Negra calumnia te b.erirá mezquina 

Al oir tus canciones; 
■ »\ ti que no has alzado al poderoso 
Cantos jamas ; ¡ no importa I Vuela ufana, 
; ¡ Uh I inspiración, y espera ese mañana. 

! Y precioso testigo 

De la verdad, com.o sublime ejemplo 
Que á su patria nativa da el amigo. 

Señala á la calumnia, 
; No esa cruz ni ese altar ; señala el templo 
I Que él devuelve magnífico á los fieles 
Y donde 'nalló piafando los corceles. 

Y esa linfa que viene . 
Buscando con amor la tierra ingrata 

I Y que á esfuerzos del arte se contiene, 

' Y murmurando sube 

., El ancho malecón, y se desata 
En un raudal de vida }• de ventura, 
Porque al pueblo la vida le asegura ; 

Eso y más le señala 
.\ la mordaz calumnia ; y cuando aspire, 
Allá en el Zulia por aviesa y mala, 

.\ que de envidia llena, 
' O triste t;dulacion, tu voz so mire, 
¿Qué importa? El mismo Dios Rei de los royes, 
' No puede, en lo moral, cambiar sus leyes. 

He aquí la lira mia. 
Divina inspiración, rasga ese velo 
Magnifico de luz y argentería, 

Y preludia estas trovas 

Al magnánimo amigo ; cruza el ciclo; 
, Y aun que la guerra su pendón levanta 
La paz anuncia y su prostijio canta. 

[ Coro, Setiembre 27 de 1866. 



LAS HADAS MI Pií LACIO D£ SATANÁS. 



LAS doce! alia se ven, saltan, se agrujian, 
IJajo las sombras de las verdes palmas. 
Los muertos que sus lechos desocupan; 

Allá marcliando vienen 

Esas míseras almas 
(¿ue atado en su dolor al mundo lieiien. 
Del lazo que une á Dios nuestra alma j)ía, 
Un cabo mis'erablc todavía. 

Por cuantos poros la materia e:viste 
En la gigante gleba de la tierra 
L'n esqueleto se ha asomado triste ; 
Ha brotado un fantasma 
Que aun trémulo se aforra 
.¡Ni necio mundo, que á su vez se pasma, 
Sintiendo sobre sí tanta osamenta 
De que él no lleva en su tumulto cuenta. 



^¿Qlió quiere esa trailla cuyos dientes 
Chasquidos dan como el cerril tapiro ? 
,;Quc busca esa trailla en las silentes 
Altas horas nocturnas? 
Miradla en raudo jiro, 
Allí aventar sus funerarias urnas, 
' Recojiondo el andrajo de las fosas 
Para cubrir sus frentes polvorosas. 

,¿Qué c^uiere sí, c¡ué busca esa trailla? 
i;Qué ha de querer sino el placer inmundo? 
¿Qué ha do buscar mientras la luna brilla 
Al viento solitario, 
Sino el vicio del mundo, 
I Que ni le deja quieta en su sudario, - 
I Ni esperar humillada su sentencia, 
\ Ni llorar entre el polvo su demencia? 



■2U 



MISCELÁNEA. 



Ni el bien eterno, ni la luz vertida 
Con la sangre de Cristo, ni la tumba 
Purificar pudieron esa vida 

Material y blasfema ; 

y allí do se derrumba 
La insensata impiedad, se afana y rema 
El hijo del placer, y se levanta 
Del seno del abismo, y íie y canta. . . . 

El hijo del placer ante la muerte. 
Eterna lei de redención humana. 
Su mismo porvenir necio convierte 

En desconfianza impía. 

Ai ! cuando Dios le allana 
El áspero sendero, cambiaría 
El hijo del placer, en loca feria. 
Su gloria por lo vil de la materia. 

Indignado el Señor cede y lo abisma 
En el placer estúpido que adora, 

Y ¡ ai ! le permite que en la tumba misma 

Elvicio maldiciente 
Le visite á deshora ; 

Y á las veces también manda que aliente 
Sus huesos Satanás, y él á su lumbre 
Da sensación á tanta podredumbre. 

Es entonces que cruzan los malditos 
Fantasmas de la noche, y surjen luego, 
En deshilada inmensa dando gritos. 
Los muertos que se abrasan 



* Al impetuoso fuego 

i Del antiguo deleite ; y como pasan 
; Riendo en el carnaval los arlequines, 
i Así los muertos van á los festines. 

i i Helos allí por eso . . . . ! Cada horrible 
j Miserable escjueleto se presenta 
I Satisfecho de sí como el risible 
j Jimio de algún payaso. 

Esa turba sedienta 
' Por la campaña corre y se abre paso 
I En medio de la sombra: quiere asirse 
1 A la vida de nuevo y divertirse. 

i -Sí, sí, miradlos, cada cual estudia, 

¡ Siguiendo hacia el palacio con donaire, 

I El tono favorito. Este preludia 

i Un aria de contralio: 

■ Aquel al aire 
Da el limpio do de pecho y pega un salto,. 
Porque el ceceo de la nota indina 
Le ha requebrado la dorzal espina. 

; Bravo ! ; Bueno es el mundo para tanto 
, Gandul de buen humor ! Vale la pena 
i Que olvide yo tam.bien mi fútil llanto 
! Y como todos ria . . . . 

i ¡ Qué tropa tan serena 

i Es la que ahora de la tumba fría 
Sale formando como en son de ganga 
Y La más ruidosa y bélica charanga ! 



LAS ORILLAS DEL LAGO. 



DEL PALACIO DE LAS HADAS. 

PASANDO va el vientecillo 

Del boscaje 
Sobre el ramaje amarillo ; 

Y es de oir cómo en el seco 

Y ya marchito ramaje 
Murmurando el vientecillo 

Forma un eco. 

Aunque extiende el mes de Octubre 

Sus nublados 
y en esta noche se cubre 
De algunas sombras, con todo 
Aparecen alumbrados 
Los nubarrones de Octubre 

De algún modo. 

Y es que asoma por Oriente 

Triste ¡una, 
Y, en onda fosforecente, 
Prado de flores de abrojo 
Asemeja la laguna. 
Mientras el color á Oriente 

Cambia en rojo. 
Si, pues, el carmín campea 

No distante, 



Cerca y mucho amarillea 
El triste color de gualda 
Formando un velo temblante 
En las palmas do campea 
La esmeralda. 

A esa luz que brilla leda 

Se retrata. 
Bajo un cielo azul de seda, 
Un palacio en cuya altura 
Suena una lira de plata 
Con voz acordada y leda 

De dulzura. 

Si esa lira es el señuelo 
De algún mago, 
Su secreto guarda el cielo ; 
Aunque digan en las lomas 

Y en los remansos del lago. 
Que esa lira es un señuelo 

De palomas. 

A las puertas del palacio 

Llega un niño ; 
Toca y se puebla el espacio 
De sonidos- y canciones, 

Y de Genios como. armiño; 



AlISCELÁNEA. 



215 



Y salen de aquel palacio 

Mil visiones. 
Hadas y silfos son esos 

Que destapan 
Las urnas, en donde presos 
Allí están, á los conjuros 
De los magos, y se escapan 
\'olando alegres por esos 

Aires puros. 
Mirad cómo van y vienen 

Y se inclinan. 
Se deslizan, se detienen : 
Ya se ciernen suspirando. 
Ya á las nubes se avecinan 

Y de nuevo van y vienen 

Vueltas dando. 
Ved las sílfides esbeltas 

Qué donaire 
Tienen dando, dando vueltas, 
Celebrando su fortuna 
De ser libres, por el aire. 
Sobre un rayo, mui esbeltas, 

De la ¡una. 



Todas aplauden al niño:... 

Las noveles 
Besado le han con cariño ; 

Y otras echan á la larga 
Rosas, jacintos, claveles 
En un cestillo que el niño 

Siempre carga. 

Al pronto se ve un inmenso 

Vellón suave. 
Que como nube de incienso 
Envuelve al niño perdido 
Que entra al palacio y no sabe 
Si en aquel vellón inmenso 

Va metido. 

Mientra el niño se escondía. 

La voz tarda 
Del vientecillo gomia 
En la ribereña alíombra; 

Y era el ángel de la guarda 
Del niño que se escondía 

Por la sombra. 



* 



LA RGSA T£. 

Tradncccion del italiano. 



— "NIÑO, que secas la red marina. 
En los pimpollos del abedul, 
Dime ¿ no haz visto la flor divina 
Allá en la orilla del mar azul? 

— No, pero á corta cierta distancia, 
Allí do bate rugiendo el mar. 
La esbelta virgen de la elegancia 
Triste, muy trÍFte, la vi llorar. 



— ^Tú la escuchaste? Por las orillas 
Los niños solo buscan el pez .... 
Pero ¿qué sientes en las mejillas 
Que se han cubierto de palidez? 

— Niño inocente, Dios te bendiga, 
Puesto que haz visto la Rosa te." 



LOS HUOS D£ PARAYAÜTA. 

INTRODUCCIÓN, 



A LA CLARIDAD DE LA TARDE. 

EL sol á morir camina 
Del mundo al triste sosiego, 
Mientras la tarde divina 
Corre su blanca cortina 
Con sus esbozos de fuego. 

El viento pasando suena. 
Como el murmullo de un rio 
Que se deliza en la arena : 
La tarde cruza serena, 
El cielo luce sombrío. 

Hora en que el triste viagern 
Saluda el rubio arrebol 



Que le alumbra compañero, 
Y empalidece el postrero 
Brillante rayo del sol. 

En estas horas veladas 
De vaga melancolía, 
Voces encuentro encantadas 
Que pide al cielo prestadas 
La voz de mi fantasía. 

Pues ya (|ue la tierra piso, 
Canto, y se me hace preciso, 
A tal de vivir mejor. 
Levantar un paraíso 
En la tierra del dolor. 



216 



MISCELÁNEA. 



En él mi mente campea, 
Y el alma goza ó delira : 
y, no importa, no, que sea 
' Mentira cuanto yo vea, 
Si me encanta la mentira. 

Mentira ! prisma divino 
líe tan variado color, 
Como el celaje marino. 
Como el matiz camjicsino 
Con que se tiñe la ñor. 

Mentira! genio invisible 
Del jardín de los amores. 
Tan compasivo y sensible, 
Que por aliviar dolores 
Finge verdad io imposible. 

Tras esa ffccion, mi i;mpefio 
Habré de cumplir, cantando. 
Cerca del lago risueño, 
La historia de un dulce sueño 
■Que eslo\' aquí recordando. 

Niño }'o siempre forjaba 
■Alguna historia quimérica 
Que á más de un niño contaba; 
; Despierto el niño soñaba 
Las maravillas de Amerita ! 

x\sí en las horas veladas 
De vaga meditación, 
Viendo las tardes platead.is, 
, Voces escucho encantadas 
En mi ardiente cora/.ori. 

No espero, por tanto, ayuda 
De los hombres, que son tales 
Formados de arcilla ruda, 
. Y ño comprenden sin duda 
Los sonidos celestiales. 

Venid, pues, brillantes iioros. 
Del rumoroso pesquero, 
Que no faltarán amores 
En los indianos alcores 
Del lago rnaracaibcro. 

¡Que digo! Do el sentimiento 
Ajita del bien la calma, 
^; Podré contaros un cuento, 
Que no lleve el hondo acento 
De los amores del alni:i ? 

Aquí cuanto vejeta 
Crece, se nutre o respira' 
A su imperio se sujet;i. 
¿Amor faltará al poeta? 
¿ Amor faltará á la lira ? 

No, que si amor es tva\ieso 
En esta región indiana, 
Mi canto imita por eso 
El dulcísimo embeleso 
De la selva americana. 

\'enid pues, las h.'dagüefías 
Niñas, festivas y francas, 
Oid mis trovas risueñas. 



Suspirando las trigueñas 



Y pens 



itivas las blancas. 

k TRIBU Y NELIDA, 



A la riljera del dulce lago, 

Que de oro brilla como un tapiz, 

Y de los vientos al eco vago 
Rubias espigas brota el maiz ; 

y\l!á en oscuro tiempo lejano, 
Cuando el sencillo fiero gandul 
Con su piragua cruzaba ufano 
Sobre las olas del lago azul. 

Cuentan que envuelta de losAmaibos, 
Una guerrera tribu llegó ; 

Y publicando que eran caraibos 
Y>c una floresta se apoderó. 

Luego á las sombi''as de unos cocales 
Su ranchería puso gentil : 
. Tuvo al instante bellos maizales. 
Chinchorros ciento, piraguas mil. 

Después sus armas á la redonda 
Con sus vecinos quiso medir ; 

Y hasta en las islas de la mar onda 
Maüó enemigos que combatir. 

La voz seguía de \in indio í;!crte, 
AL'.RAel cacique, gandul audaz. 
De tan propicia constante suerte, 
Como en sus planes terco y tenaz. 

A la continua guerra buscando. 
Por alongarse rumbo á la mar. 
Tribus y pueblos atahiyando 
])esde los ceibos de su manglar ; 

Era el caribe tenido en tanto. 
Que, aun en las fiestas de x'ecindad. 
Su solo nombre causaba espanto, 
Como estallido de tempestad. 

Tribu temible de hambrientos canes, 
' Que en sus descansos, por diversión 
Cazaba horribles fieros caimanes 
Sin dura flecha, ni agudo arpón. 

Cuando un valiente cojer solía 
Vivo el inmundo verde animal, 
.So alborotaba la ranchería 
Tocal^a á fiesta bajo el cocal ; 

Y en algazara de extraños ruidos. 
Mientra en oriente se alzaba el sol. 
Danzaban todos á los sonidos 

Del ronco acento del caracol. 

Nunca hubo tribu de mejor timbre. 
Ni los pesqueros vieron jamas 
Mejores balsas de liana y mimbre, 
Mejores lanchas de sasafras. 

Si era temida por su caudillo, 
Jayán esbelto de hundida sien. 
Graciosas indias le daban brillo. 
Le daban gloria, fama también. 
Una entre todas se ve risueña, 
Bajo la sombra de aquel cocal. 



MISCELÁNEA, 



217 



De negros ojos y faz trigueña, 
Como la garza del agua-sal. 

Ave armoniosa de blanda pluma, 
Lirio que aroma todo el pensil. 
Perla llevada como la espuma 
A los remansos de agua de añil. 

Nelida, el astro de las orillas, 
Que al sol irradian como oropel. 
Canela y rosa son sus mejillas. 
Sus puros labios coral y miel. 

ludia tan bella, suelta y garrida, 
Que á no cruzarse la turbia mar. 
Los indios bravos de la Florida 
Guerreros fueran de este palmar. 

Sí, que por ella daban gentiles 
Fiestas y danzas con su tambor 
Los jiraharas, toas y alilcs 
Locos de celos, muertos de amor. 

Mucho en renombre ganado habia 
La pescadora del lago azul 
Con su refajo de gaitería 

Y sus ajorcas de guzbadul ; 

Mas ¡ai ! la dicha, nunca pareja 
Corre ; si es sueño dulce de paz, 
Ei encantado sueño se aiej.i, 
Tiembla, se oculta, pasa luga.-;; 

Y cuando el mundo con ella alfombra 
La estrecha senda de la virtud, 

Bien sabe i mundo que es vana sombra 
Con que fascina la juvtiilud. 

Llegóse un tiempo. ... i'cro entrtíanLo 
Mi asunto pide variar aquí 
El dulce metro de aqueste canto ; 
Cambio de tono, sigolo así. 

HISTORIA PASADA, 

Como dos perlas que la nar de Cui'gua 
Arroja unidas en su rubia concha 
Sobre los limos de su agreste playa 
Mientras sonríe la naciente aurora. 

Como de un nido que los vientos mecen 
Adentro allá de la montaña lóbrega, 
A los pálidos soles de diciembre 
Se levantan cantando dos palomas. 

Así Nelida y Zipazingo juntos 
Nacieron á la vida, en las alfombras 
Que baña el lago de plateados zureos, 

Y el alba riega de menudo aljófar. 

Su madre, la dulcísima Arasili, 
Siempre risueña y blanda y soñadora, 
Mientras los daba á luz vio el arco-iris 
En las perlas brillar de sus ajorcas. 

Y pensó que extendiendo Ciicliavira 
Su cinta de color á la redonda, 

Le anunciaba á sus hijos que tendrían 
Grata esperanza y porvenir de gloria. 
* Parayauta su padre, el solo aranra 
De carnes blaricas en las pieles rojas, 



j^ El que manda la tribu de las palmas 

Y espanta á los poraucas de Misoa, 

Cuando supo la nueva en los alidlcs 
Donde alcanzaba espléndidas victorias, 
Chagualas de oro repartió á las vírgenes 

Y azules clmmbcs á las madres todas. 

Dio por libre á una noble prisionera 
Traída de Bunaire, á la imperiosa 

Y terrible Apecuane, que embelesa 
Alguna vez sus fugitivas horas. 

Joven aun y viuda del soberbio 
Tiuna, el famoso en manejar la honda. 
De la tierra infeliz de sus recuerdos 
L^n hijo trajo que su suerte ignora. 

Mas Parayauta, que á Moporo quiso 
Con el amor de padre, al ver que goza 
De esa felicidad, junto á sus hijos 
Mandó llevarlo y como tal lo adopta. 

Rechazó la adopción la altiva viuda 
Diciendo que ella se bastaba sola 
Para criar al hijo de Tiuna 
Como un aranra que la muerte afronta. 

Calló el cacique y devoró el insulto 

De la altanera esclava, pero toda 

La gente lúvo desde entonce en mucho 

Al hijo de Apecuane la rabiosa. 

A poco Parayauta en una fiesta 
Al resonar de la bocina ronc: , 
Herido fué de un ri'.yo en la cabeza 
Sai tc;iipestad ni nubes en la atmósfera. 

Asustados los piache.i, y la tribu 
Sobrecogida de terror, imp'oran 
Amparo y protección del Grande Espíritu, 
Tras el pro'l''^io que !a rente asombra. 

No estaba muerto Parayauta en tanto, 
Mas al volver en sí de su congoja, 
Al hijo de Guanin, su primo hermano, 
Mandó traer del templo déla roca. 

Lo que dijo el caciq-j2 moribundo 

Al bello adolescente, entre las sombras 

De un extraño misterio quedó oculto 

Y en el verde palmar aun hoy se ignora, 
Parayauta murió, cuando se iba 
A hundir Madaguarayo allá en las lomas 
De la sierras lejanas, cual lo habia 
Anunciado una extraña encantadora. 
Esta supo también el fin cercano 
De la dulce Arasili, y cariñosa 
No se apartó de su yacija, cuando 
Llegó su turno á la infeliz alondra. 
A esta imprevista cuanto extraña serie 
De dolores horribles se eslabona 
La vida de los huérfanos, que á veces 
Miran los piaches y en silencio lloran. 
Mucho entonces se habló de su desgracia, 

Y tal para los pueblos fué la insólita, 
Que se conserva todavía intacta 
De aquel triste suceso la memoria. 

aa 



218 



SCELÁNEA, 



A veces como un ruido subterráneo, 
Sin nadie comprender de donde brota, 
Hai cuentos y sombríos comentarios 
Que repetidos van de boca en boca. 

Y estos vagos recuerdos fugitivos 
Adquieren vida tal y una tal forma. 

Que no hai fiesta ni areito en r¡ue los coritos 
De venganza frenéticos no se oigan. 

De venganza! En verdad, ¿quién insensato 
Del dios Ciipai acusará las obras? 
¿ Quién vengarse podrá del Genio malo 
Que en el ardiente Catatumlio mora? 

De venganza ! si, sí, m;is nadie acusa 

A la impía deidad, que sijilosas 

Se fijan las miradas en la viuda 

A quien señalan y temblando nombran. 

No hai indio quiriquire, en ese pueblo 
Tan dado á fantasías melancólicas, 
Que no atribuya la desgracia á zelos 
y á evocación nefanda y pavorosa. 

No hai Piache motilón, ni a'ile alegre 
Que el conjuro no crea, y h;s diabólicas 
Artes con que Apecuane dio la muerte 
A Parayauta y su infeliz esposa. 

Mas en tanto Apecuane ó nada sabe, 
<) la calumnia vil desprecia, ó pronta 
A la venganza está, finjiendo acliaqucs 
De extravagancias mil é ideas locas. 

Y mientras ella con los cuentos ínvidos 
. Vive su triste vida de zozobras. 

Cuenta un guerrero más y un adivino. 
En Moporo, el gentil Coquivacoa. 

Que es Moporo el primero en las guazábaras. 
y el primero en las vanas ceremonias 
Del negro adoratorio, y se la pasa 
Haciendo filtros de letal ponzoña. 

Y quiere mucho á Zipazingo, }' quiere 
Mucho á Nelida, sin que en ello ponga 
Más que la gratitud según refieren, 
Como un araiira que á ios muertos honra. 

Yo los honro también, que no mi Musa 
Lleva otro fin, cuando llorando evoca 
En la silente soledad las tumbas, 

Y de los pobres indios las memorias. 

EL CACIQUE MARÁ, 

A sombra de un palmar que en blandos giros 
Inclina sobre el lago su cimera. 
Como escuchando en él los mil suspiros 
Délos vientos que azotan la ribera. 
Fumando el calumcl de los goajiros 
Cien gandules están. Gente guerrera 
Perezosa doquier, y al tiempo mismo 
Temible, audaz, )- llena de heroísmo. 

En medio de tal grupo, que semeja 
Mosaico de extrañísimas pinturas, 
Corriendo sin cesar se ve una vieja 
Haciendo allí visajes y locuras. 



I Ya quema de su pelo la guedeja, 
Ya en la arena describe mil figuras, 
Esprime ahora de una planta el zumo. 
Sopla una hoguera y acrecienta el humo ; 

Y así que el viento con la luz se irrita, 

Y traga al parecer su onda de fuego, 
El grupo salvajino tiembla y grita 
Cual lleno de pavor. — La vieja luego 
Parda serpiente cascabel agita, 

Y elevando á Yai-fd propicio ruego, 
Coje un \\7,0Ví, la chumbe se despoja. 
Salta, y tizón y sierpe y chumbe arroja. 

Jamás en indio el pensamiento cupo 
Su cuerpo huir del maleficio infando ; 

Y son siempre arrojados sobre el grupo 
La chumbe ardiendo, el cascabel sonando. 
En esta vez cayí), según se supo, 

Sobre Cairama el fuego chispeando, 

Y en un seco varal terrible y hosca 
La sierpe se torció vuelta una rosca. 

¿Qué indica el Piache en su lenguaje incierto 
Con esta ceremonia? ¿Quién alcanza 
Si anuncia los placeres del desierto, 
O es la horrible señal de la venganza? 
Mirad como Cairama corre al puerto, 

Y en las ondas saltando se abalanza, 

Y otro gandul abraza la serpiente 

Con el mismo tizón que humea ardiente. 

i Ah no sabéis que ceremonia es esta ? 
No es de guerra por cierto. Los Mojanes 
Impasibles están, y en la floresta 
No se juntan los bravos capitanes. 
Aquí sólo se trata de una fiesta, 
De la batida audaz de los caimanes. 
Que de Diciembre, á la primera luna 
Todo gandul persigue en la laguna. 

Y como el indio en sü ignorancia atiende 
El futuro á saber, siempre ignorado, 
Todo en el indio á su pesar depende 
De un agüero feliz ó desgraciado. 

Mientras más rudo el hombre, más le enciende 
Aquel vago deseo ; y su pasado 
Así en la selva indiferente olvida. 
Como en sti anhelo del futuro cuida. 

Por eso con la luna dicembrina, 
Cuando al instante de salir se oculta. 
La tribu á la ribera se avecina, 

Y la batida del caimán consulta. 

Si el agüero es feliz como una fitina 
En el agua saltando se sepulta 
El quemado salvaje. — Si es aciago, 
Es la serpiente la que corre al lago. 

Luego aparece allí por que se iguale 
Tal vez el orden, ó el agüero explique 
Coronado con plumas de qitcisalc 
El de la tribu Reí, que es el cacique ; 
Entonce el indio de las ondas sale, 

Y la vieja que pasa por vchiquc 
De la mano á sü jefe lo presenta, 

■i' Y él toma de aquel indio nota y cuenta. 



MISCELÁNEA. 



:i9 



Hoi después del anuncio ó del agüero, 

Para cazar del lago los reptiles, 

Se incorpora en cí grupo tono y fiero 

El cacique, terror de los aliles. 

Es Mará un ajilísimo flechero. 

Que si no está en la flor de sus abriles, 

Tiene del tigre la sangrienta saña, 

Y es fuerte como el león de la montafia. 

Ancho de espaldas, de cabeza erguida. 

Desenvuelto y garboso continente. 

Su levantado corazón anida, 

La audacia escrita en su atezada frente. 

IManeja una macana conocida 

De nación en nación, de gente en gente. 

Pues con ella dio muerte en su retiro 

A un gigantezco y montaraz tapiro. 

Lleva rica tequiara, y por lo bajo 

Del brazo izquierdo, se recoje estrecho, 

Con un nudo de perlas, el refajo 

Oue sólo cubre la mitad del pecho. 

En el brazo desnudo tiene un tajo 

Que va á morir sobre el pulmón derecho, 

En cuyo lado apunta por la espalda 

Un carcax del color de la esmeralda, 

Síguenlc los Tmitcncs que en su.s c/iáras, 
En las fiestas y grandes alegrías, 
Reparten ramilletes y /ctpn'nnrs, 

Y puños de encendidas peonías: 
Estos llevan doquier sendas taparas, 
Con vari<.>s pulques y bebidas frías 
Oue sirven ellos al (Itaavt bizarro 

En frescas copas de amarillo barro. 

Ilai un contraste incumprcPisible, extraíio 
En sus facciones que fascina ó choca, 
Pues son sus ojos de mirar huraño, 
Como el buitre c]ue acecha en una roca ; 
Empero, libre de doblez y engaño 
Se ve tal expresión sobre su boca. 
Que en su dulzura se parece al niño 
Cuando sonríe al maternal carillo. 

Dicen que este contraste sin segundo 
Es la expresión común del indio esquivo, 

Y que el caribe audaz del Nuevo Mundo 
Demuestra este contraste más al vivo 
Odio y amor, ya débil, ya profundo. 
Aveces cruel, á veces compasivo: 

Ora como una fiera, sanguinario. 
Ya llorando en un boscjue solitario. 

He aquí el carácter, que, según presumo, 

Tiene tanto el alile, el jirahara 

Como el sabril c[uc vive envuelto en humo. 

El toa, el pocabuye y el zapara. 

Ya se ve que, salvaje en grado sumo. 

Este carácter tiene el indio Mará, 

Creyendo como creo, acá á mi modo. 

Que el goajiro es caribe más que todo. 

De pié los cien gandules se pusieron 
CuJndo Mará llegó ; y en su alegría 
En todas direcciones se movieron 
Con desacorde y ronca vocería: 



^Las flechas de los arcos desprendieron 
I Llenas de sin igual plumajería, 

Y lanzaron al aire sus corozas 

I Llenas también de plumas priinorosas. 

El Jefe contempló grave y contento 
En esta vez el singular tumulto, 

Y pronunció después con claro acento 

La voz de " maiquird" ; y un indio adulto 
Repitió iiiaiquirrí ; y en el momento 
La gente dando á su entusiasmo punto. 
Con el silencio que les fué prescrito 
Quedaron como estatuas de granito. 

Luego salió Cairama de las aguas ; 

Y así el cacique prosiguió diciendo : 

I '• Mañana al primer sol los dos Aniaguas 
Irán por las orillas recojiendo 
Cuantas miren canoas }• piraguas 
Listas para pescar; y pues entiendo 
Que Zipazingo conclu\'ó propicio 
(La serpiente abrazando) el maleficio 

El será quien vigile en la primera 
Noche ai caimán que sale con la luna. 
Vosotros estaréis en la pesquera 
Del cortado eneal ; y una por una 
Vigilará cada familia entera 
En las noches siguientes la laguna. 
T^o demás ya s.abeis cumple á Cairama 

Y el es indio de cuenta, lustre y fama." 

.■\si como en las selvas silenciosas. 
Cuando una seca ramazón se quiebra, 
El ruido miente voces caprichosas. 
Espantada so enrosca la culebra, 

Y vuelan «'n tropel las mariposas. 
Tal, con el mismo acento, ^llí celebra 
Del cacique la voz la turba, en tanto. 
Que se revuelve y gira y finge espanto. 

Costumbres estas son que en los terrenos 
De nación á nación siempre varían ; 
■Pero todas las tienen más ó menos 

Y las tribus en ellas se glorían. 
En cuanto á yerbas, zumos y venenos 
\ Cómo felices á la vez serian 
Las naciones salvages si ignoraran 
Los filtros y ponzoñas que preparan ! 

Pero ya cada cual coje su ruta 
Hablando con placer de la dispuesta 
Batida del caimán : y quien disputa 
Sobre el agüero y la futura fiesta : 
Quien dice que la india de la gruta 
Asegura será triste y funesta ; 
Aquel canta, este silva, el otro toca 
I^a salvaje marimba con la boca. 

Mará se encamine) por la vereda 

Que entre las palmas lleva á su bohío ; 

Y pasado un instante solo queda 
En las arenas del palmar sombrío. 
La vieja del augurio. No hay cjuien pueda 
Sacarla de su loco desvarío 
Que ha tiempo al raso, al descubierto vive 

i' Sin entrar en las chozas del caribe. 



220 



MISCELÁNEA. 



SI ESO FUERA VERDAD. 

— Madre he llegado, dijo frente á frente 
Poniéndose Moporo de Apecuane, 
Mientras le daba vueltas á una sierpe 
Que le salió á su paso en el boscaje. 

— Te esperaba, hijo mió, ya era tiempo, 

Le contestó la vic ji sin mirarie, 

La chumbe entre sus manos recogiendo 

Y en ademan en tierra de sentarse. 

Arrimósele aquel y de las diestras 
Cogidos silenciosos hijo y madre 
Se dejaron caer sobre l.i arena 
A un tiempo, de consuno, sin soltarse. 

— Habla, Apecuane, que Moporo escucha, 

Dijo luego el cacique en tono grave. 

— Espera que registre ia laguna. 

No te muevas de aquí, vuelvo al instante. 

Y sacudiendo el brazo de Moporo 
Saltando aquí y allá como el caraire 
Que persigue su presa, volvió á poco 

Y así al sentarse habló la v\&y¿. piache. 

— Cumplido está, Moporo, de mi vida 
El más ferviente anhelo ; por mis artes 
Eres no solo encantador de víboras, 
Sino astuto también como Apecuane. 

El hijo de una esclava tiene puesto 

Y se sienta á la par con los mojanes 
En el recinto, en el sombrío templo 
Del dios caribe, de Cupai el grande. 

De todos los poraucas el más joven 
Eres acaso tú, pero no obstante. 
Como tu nombre es eco de mi nombre 
La tribu entera sin cesar te aplaude. 

¿Y qué recibe al fin la pobre vieja 
En pago de ese afán y miserable 
Angustia en que ha corrido su existencia 
Tras el temor de malograr sus planes? 

¿Cómo es que cumple con la deuda el hijo 
Del fiero Tiuna honderodo de Bunaire ? 
¿ Qué linaje de amor tienes conmigo 
Tú la esperanza un dia de tu padre ? 

Moporo, tú eres malo, que á no serlo 
Sumida no viviera en el ultraje 
De presenciar en danzas y en areiios 
Con enemigos tu amistad cobarde. 

Del muerto Parayauta los mellizos 
No te dejan vivir, por que te trae 
Loco de amor Nelida, y Zipazingo .... 
— Cállate, madre, si me quieres cállate. 

— Ah ! tienes miedo de que alguno escuche, 
O es ya tu miedo de escuchar verdades ? 
Pues no es así el cacique, la voz dulce 
Oyendo de Nelida. 

■ — ¡ Cómo Madre ! 

Exclamó balbuciente el que impasible 
A la mojan oia 

— No te alarmesj 



Hijo mió, Moporo, que los tristes 
Deben al bien ageno acostumbrarse. 

La fiera estaba herida ; sí, Moporo 
Descompuesto de súbito el semblante 
Hacia su madre se inclinó, los ojos 
Casi inyectados de rojiza sangre. 
— Estás cierta? le dijo entre sus puños 
^Ahogando la sierpe en aquel trance 
Sin saber lo que hncia, y más convulso 
Que el indio envenenado con curare. 

— A iní, Moporo, me preguntas eso, 
Cuando en los lucos al caer la tarde 
Ya con !a sombra y al primer lucero 
He visto á Mará y á Nelida hablarse ? 
i Olí, simple encantador! todo lo ignora 

Y la tribu caribe entera sabe 
Que es de otro gavilán esa paloma. 

— Si eso fuera verdad ! gritó el salvage. 

— Si eso fuera verdad ! repite al punto 
Con una mueca á guisa de burlarse 
La vieja loca, y con desden profundo 
Contempla al hijo que no acierta á hablarle, 
— Vamos, ¿ qué barias tú, Moporo mió, 
Si esto fuera verdad? de pronto añade. 
Tras un silencio pavoroso el indio, 
■ — Si eso fuera verdad, dijo, vengarme. 

— Mira, Moporo, pues : del lado opuesto 
Tu rostro inclina bien, bájate, bájate. 
Allá en las sombra de los verdes ceibos. ..." 
El indio lanzó un grito de coraje. 
Allá en la sombra de los ceibos verdes, 
Moporo ha visto que sentados yacen 
Mará y Nelida, mientras él se muere 
De amor y zelos sin saberlo nadie. 

Si eso fuera verdad. . ..! con burla horrible 
Detras le repitió la vieja infame, 
Como el que azuza sobre un niño á un tigre, 
O la promesa al punto reclamase. 

— Vieja ! gritó colérico Moporo, 
Fuera de sí saltándole delante, 
Retrocediendo luego. El indio torvo 
Casi jimiendo dominó su arranque. 

—Pues bien, Madre, esta noche, cuando Tiuna, 
Cual suele acontecer, triste te llame 

Y te recuerde que su sombra inulta 
Llora y espera su festín de carne ; 

Díle que al mundo de las almas vuelva 
Que 3-0 de sangre le hartaré las fauces. 
Tiuna te ha oido ya, gritó la vieja. 
Intentando frenética abrazarle. 

— Apártala mojan, no te me acerques, 

Y aquel demonio rechazó á su madre, 
Que digna de tal hijo, se detiene 

Y murmura sombría : " así me place." 

Pero como sonando las agudas 

Saetas del carcax, Moporo parte, * 

Con sardónica risa le pregunta : 

— ¡ Eh ! no has dicho de quien vas á vengarme. 



MISCELÁNEA. 



221 



— De todos vieja víbora, de todos 
Los que tú con el dedo me señales. 
Con tal de que á Nelida, de los ojos 
Lágrimas sin cesar pueda arrancarle. 

— Tiuna te ha oído ya, de luego á luego 
La madre al hijo repitió y distante 
Este le contestó ; — ya nos veremos 
En el canei del caño de los mangles. 

NO QUIERO-NO PUEDO-NO DEBO. 
I 
Ya el corazón de Apecuane, 
De la venganza sediento. 
Respira, como las aves 
Si ensayan su primer vuelo. 

Ya logró con sus astucias 
Lo que en vano hacia tiempo. 
Alcanzar quiso con súplicas 
Y lágrimas y lamentos. 

Moporo, el que le afeaba 
Sus vengativos proyectos, 
El que á pesar de su audacia 
Contenido andaba en estos ; 

Ya se ha puesto en su camino 
Más impávido y resuelto 
Que un encerrado tapiro 
Acozado de los perros. 

¿Cómo pudo la adivina 
Hacer cambiar al guerrero 
Señalándole á Nelida 
Junto con Mará á lo lejos? 

¡ Ai ! corazón, como asustan 
Tus insondables misterios. 
Más temibles que la tumba, 
Más candentes que el infierno ! 

Joven, valiente y gallardo 
Habia tenido sueños 
Moporo, el enamorado 
De la garza de ojos negros. 

Pensó que un amor nacido 
Al dulcísimo embeleso 
De la infancia de los indios 
Por campiñas y pesqueros, 

Le daba al fin como timbre 
Ya en su línea de mancebo. 
La posesión de la virgen 
Por amor y por derecho. 

Engañado andaba y mucho 
E! hijo audaz del hondero. 
Que se deshacen cual luimo 
Las nubecitas del cielo. 

Pues si fuego es en la vida 
Los más fundados afectos. 
Lo que se pierde en espiras 
Es humo que brota el fuego. 

II 

Un dia que mariscando 
Llevaba por compañero 



A Zipazingo el hermano 
De la garza de ojos negros ; 

Le dijo: ¿quieres que bogue 
Adentro del lago, adentro 
Para contarte hasta dónde 
Encumbro mi pensamiento ? 

Sin mostrarse sorprendido, 
Pero sombrío poniéndose. 
Le contestó Zipazingo, 
Moporo, amigo, — no quiero. 

Este que remaba á popa 
Le dio de costado al remo, 
Cambió el rumbo y la canoa 
Llegó á tierra en el momento. 

Mientras saltaba á la orilla 
De espaldas su compañero 
Parado en proa finjía 
Estar mirando á lo lejos. 

III. 

A verse con el cacique 
Moporo corre en silencio. 
Mientras fermentan horribles 
Tempestades en su pecho. 

Cuando el indio dio con Mará 
Encontrólo retorciendo 
Las dos puntas de wrva, guaica 
Entre sus manos de hierro. 

—"He llegado," al improviso 
Murmuró con hondo acento ; 
— Siéntate, Mará le dijo. 
En ese topal de ceibo. 

— " He llegado," sin sentarse 
Repitió, 

— Pues ¿qué tenemos? 
Mará curioso pregunta 
Hacia Moporo volviéndose. 

— Dos arattras que se miran, 
Y el un araura queriendo 
Que el otro amura le diga 
Las verdades sin rodeos. 

— Tú vienes como las aguas 
Levantadas por los vientos. 
— Ya lo sabe, pues, araura. 
Que henchido de rabia vengo. 

La guaíca que retorcía 

Puso el cacique en el suelo. 

- — -Cuando yo encuentro una víbora, 

Dijo, la aplasto al momento. 

— ¿Y al indio que te pregunta? 
— Pregunta, pues, agorero. 
Que si es grande mi mesura 
No adivino tus secretos. 

— ¿Puedes decirme, cacique, 
Preguntó con tono lento 
Moporo, puedes decirme 
Las palabras de los muertos?' 



222 



MISCELÁNEA, 



— De los muertos las palabras 
Para mí sagradas fueron. 
— De los' mellizos te hablaban 
¿ Es verdad? Guardó silencio 

Mará, y Moporo impasible 
Volvió á prenguntar de nuevo : 
— I Puedes decirme cacique 
Las palabras de, los muertos? 

MoiTÜóse Mará los labios, 
La, frente irguió, frunció el ceño 
V los dientes rechinando 
Gritó : — Moporó, no puedo. 
IV. 

Quedó Mará solo al punto. 
Corriendo, allá va corriendo 
En dirección de los lucos 
Moporo de rabia trémulo. 

Llega á una gruta y le sale 
Una matrona al encuentro, 
Que en el "grito del salvaje" 
Tiene en soledad su asiento. 

— Tangarala encantadora, 

Mira que á buscarte vengo, 
Yo que adivino en las sombras 
Los más profundos secretos. 

■ — Pues si lo adivinas todo, 
Encantador y mancebo, 
¿Por qué busca aquí Moporo 
Las palabras de los muertos ? 

— Eso busco, pues, y acaba. . . . 

Y el torvo hijo del hondero 
Repetía, " Parayauta " 
Mezándose losxabellos. 

A ese nombre la matrona 
Guardó un profundo silencio. 
Fingiendo ver las alondras 
Volar con el rumbo al cielo. 

— Habla, le gritó el bcliiquc 
Entre un no quiero y no puedo 
Tu palabra será. . . . 

— Un triste, 
Moporo amigo, no debo. 

— Nada más! casi llorando 
Murmura, y vivo sufriendo. 
Nada más ! y me has llamado 
Tu amigo y sabes que muero. 
Tangarala conmovida 
Le dice : mira, mancebo, 
Te callo lo que adivinas 
Entre lágrimas y celos. 
Pero Aniariha es muy grande 

Y es el indio muy pequeño, 

Y solo Aviar iba sabe 

El porvenir del desierto. 
— Es verdad, dijo á los ojos 
Llevando su manta, y luego 
Alejando se fué, absorto 
Tal vez con aquel consuelo. 



EL ATALAYA, 

Silencio y soledad. La verde alfombra 

De la inmensa llanura 

Se mira envuelta en la confusa sombra 

De la noche tranquila ; 

Ni el céfiro murmura 

Ni alto lucero en la extensión vacila. 

Una atmósfera opaca y cenicienta, 
Agena de este clima. 
Con formas engañosas representa 
Los caneyes indianos, 

Y abulta y aproxima 

Los objetos confusos ó lejanos. 

Acaso los fantasmas solitarios 

De las selvas umbrías 

Extienden sus crespones funerarios 

Y apagan tristemente 
Las roncas armonías 

Con que resuena el tropical torrente. 

Eran las horas en que el indio inerme 
■ Reposa en su cabana : 
En que la corza sin recelo duerme, 

Y se arrastran sutiles 
En confusión extraña. 

Con silvos horrorosos los reptiles. 

La gente del feliz Coquibacoa 

No cruza por sus aguas ; 

Ni aun el gandul marino de Misoa, 

Que á veces acostumbra. 

Pasear en sus piragua.s 

Mientras el astro de la noche alumbra. 

Sólo un guerrero ^solitario muestra 
Que despierto vigila ; 

Y parece, en verdad, sombra siniestra 
Al pié de una barranca ; 

O genio que vacila 

Y pisa á tientas en la arena blanca. 

¡ Silencio y soledad ! Mas de improviso, 

¿Qué busca el atalaya 

Entre el vapor del lago? Ve, indeciso, 

Horribles recorriendo 

Al lago de la playa. 

Monstruos que de las ondas van saliendo. 

Pálido de terror .se echa en el suelo ; 
La sorpresa le pasma ; 

Y entonce observa, en zozobroso anhelo, 
De forma gigantea. 

Otro nuevo fantasma 

Que el lago azul terrífico pasea. 

Temblando el indio está!. . . .su cabe lera. 
Sobre el cuello robusto 1 

Parece la melena de una fiera . . . , 
Pero el indio se enoja 

Y se desliza adusto 

Con el mirar de la serpiente roja. 

Arrastrándose así, vio los tabucos 
De la gente cobriza.... 
Por el hondo palmar de los bejucos 
Nada observa ni advierte .... 



MISCELÁNEA. 



223 



La tierra fronteriza 

Descansa en el silencio de la muerte. 

Llega á un lugar donde el camino estrecha 
Fétido y negro charco 

Y se para resuelto. . . .Aguda flecha 
Se desprende del hombro. 
Templa el arco, 

Y aun poseído del salwije asombro, 

Como el corzo que oculto entre la rama 

Ventea á su enemigo : 

" La V02 del Mauitú que así me llama 

O me salva, ó me pierde" 

Dice, }' buscando abrigo 

En una palma de abanico verde, 

Lanza forzudo, al recrujido seco 

De la fibra tirante, 

El tosco dardo de plumoso flueco. . . . 

Su grito de alegría 

Se pierde en el instante 

Al- par con otro grito de agonía. 

¡ Silencio y soledad ! La selva viste 

Su follaje profundo. 

Ni canta un ave, ni murmura triste 

El oculto arroyuelo : 

No hai un ruido en el mundo 

Ni brisa errante en la extensión del cielo. 

UNA ESCENA DE PIRATAS. 

— ¡ Ah del barco! Airiba! Ea! 
— ¿Qué dirá? 

— Viejo tunante, 
Aprovecha la marea, 
Orza...-.!!! 

— ¡ A virar por avante ! 

— ¿ Capitán ? 

— Yo soi el mismo, 
Carroñas. . . . 

— Lista la tropa. . . . 
— ¡ Voto al ángel del abismo I 
Tira un cabo por la popa. . . . 

— Va con Dios. . . .! ! 

— Mejor seria 
Con el demonio que saca 
De apuros .... Vogando cía. . . . ! ! 
¡ Atraca el esquife, atraca ! ! ! 



—Ya estoi á bordo y por cierto 
Si el grumete no me nombra ....!! 
¿ Estabas, piloto, muerto ? 
— Capitán entre las sombra, 

Y con el agua á los codos 
Ni aun se distinguen las manos. . . . 
— ¡Cargue el demonio con todos 
Estos perros de cristianos! ! 

¿ Pero ignoráis que Cazóte 
Viene herido? Zorro viejo, 



Vaya ! sácalo del bote, 
Pronto, arriba un aparejo. 

— ¡ Un farol ! 

-¿Qué? . 

— ¡ Se revienta 

La driza. . . .! ! 

— ¡ ¡ Baja la luz! ! 
— ¡ Ai ! ai ! ai ! ! ' 

— ¡ Cuidado ! cuenta ! ! 

— ¡Por Jesucristo en la cruz 

Iza, nuestro amo ....!! 

— ¡ Ya viene 

Arriba ....!! 

— i Cobra en volanda ! ! ! 
— Diablos ! ! ! si pasada tiene 
La cabeza banda á banda. 

. .» 

Lanzando un gemido sordo. 
En medio á tal laberinto, - 
Pusieron por fin á bordo 
Un cuerpo en su sangre tinto. 

Era un joven timonel 
Cuya frente de africano 
Brillaba más que la piel 
Del bizontc americano. 

Como su líajcl habia 
Llegado, con tiempo oscuro 
A un puerto que no tenia 
Torres, lumbrera, ni muro; 

Queriendo .salir del paso. 
Ya que se encuentran perdidos. 
Haciendo rumbo al ocaso 
En mares dcscoiiocidos: 

Siguió por su mala estrella, 

Al capitán que bajaba 

A ver que tierra era aquella 

Y en qué altura .se encontraba. 

Rejistrando la maleza 
De una cíimpiña salvaje 
Herido fué en la cabeza 
Al darle vuelta á un boscaje. 

Seguir en la tierra adentro 
Entonces se hizo imposible; 
Que es mu i terrible el encuentro 
l3e un enemigo invisible; 

Y antes que el pueblo vecino 
Con el rumor se alborote 
Cargaron con el marino 

A quien llamaban Cazóte. 

Allí está como un balumbo 
Que en la cubierta se orea. 
Mientras el buque sin rumbo 
Dando bandazos capea. 

Mas el capitán que alerta 
Está reventando en ira, 

Y regado en la cubierta 
La gente confusa mira. 



224 



MISCELÁNEA. 



1 1 



— ¡ Ola ! la guardia á sus bancos, 
Dijo, que hai gente de sobra, 
A la bodega los francos. 
Los demás á la maniobra. 

¡ En rumbo que el lago es hondo ! 
— ¿Adonde vamos? 

— Veremos 
: Si en esa punta doi fondo. 
¡ Los soldados á los remos ! 

—Así ! ! 

— Demonio, la calma • 
. De Norte á Sur aquí reina. 
No se mueve ni una palma, 
Ni un soplo las aguíes peina. 

¡ Vamos ! ! 

— Capitán, la gente 
Se abrasa, el aire la ahoga .... 
— Por Satanás ! que reviente! ! 
¡ i Pecho al remo ! ! ¡ ¡Boga ! Boga ! ! 



Siguió el barco su camino. 
Tras aquel grito de rabia, 
Como un fantasma marino 
Bajo el cielo de Batavia. 

Y, cierto, tal parecía, 
Después de un atento examen, 
Aquella mole sombría 
Sin un soplo en su velamen. 

Perdido en ignoto mundo. . . . 
La calma .... La noche incierta .... 
Los gritos de un moribundo, 
Que se arrastra en la cubierta ; 

Todo ese cuadro, trasunto 
Del misterioso bajel, 
Era un horrible conjunto, 
Una escena de Luzbel. 

Dando al fin tumbos y saltos, 
En banda los aparejos, • 
Sus masteleros más altos 
Se ocultaron á lo lejos. 

EL DITIRAMBO DE LAS SELVAS. 

Quise admirar la vida independiente 
Del vecino village. 
La libertad del indio, y su valiente 
Energía salvage. 

Quise ver al goajiro á quien sin duda 
La sociedad denigra. 
Porque brilla su espalda al sol desnuda, 
Como piel de una tigra. 

Y una noche mi rumbo sobre el agua 
Marcando con mil giros, 
Enderezé, nauclero mi piragua 
A tierra de goajiros. 

Llegué cuando la lluvia con sus perlas 
Las cosehas espiga. 



Y las lindas guarichas por cojerlas 
Se llenan de fatiga. 

Cuando la luna triste se levanta, 
Como nave perdida, 

Y se escucha el gruñido de la danta 
En la selva tupida. 

Vi costumbres al mundo mui extrañas, 

Y despiadados ritos, 

Y x^eptiles y torvas alimañas, 

Y casos inauditos. 

Los caciques mandando en aguazales 
Extensas rancherías, 

Y el viviente "carmín de los nopales" 
Cual rojas peonías. 

Vi pájaros, en palmas giganteas 
De colores distintos. 
Mintiendo caprichosas taraceas 
De conchas y jacintos. 

Vi zajada la piel de los mojanes 
Curtida por los soles, 

Y amuletos de huesos de caimanes. 
Remedio de españoles. 

Todo lo vi, guardando en la memoria. 
Según lo que barrunto. 
Cuanto habré menester para mi historia 
Que sigo en este punto. 

Es un caño tan solo que parece 
Morada de una ninfa. 
Donde un manglar exuberante crece 
Al frío de su linfa ; 

Y como aquel recibe las tostadas 
Cortezas desprendidas. 

Sus aguas están siempre coloradas 
Por el mangle teñidas. 

Al pié de un mucurito que despliega 
Sus pimpollos escasos. 
Tras mil rodeos Apecuane llega 
Con cautelosos pasos. 

Sobre estacas redondas de mopora. 
En precaución extraña 
Se eleva á flor del agua tembladora 
Solitaria cabana. 

Y tan cubierta está de enredadera 
Buscada para hechizos. 
Verdosas lianas y sutil estera > 
De pleitas de carrizos ; 

Que parece en verdad cuando se piei'de 

Su figura distante, 

Un monstruoso reptil de escama verde 

O colina flotante. 

Ni escalera, ni puente se apercibe : 

Todo está solitario ; 

Ningún gandul en la cabana vive. 

Ni piache sanguinario. 

A fuerza de crecer, la palma enhiesta 
A la cabana pudo 
Extender su ramaje, que le presta 
Aspecto grato y rudo. 



MISCELÁNEA, 



225 



No bien llega Apecuane lan.ta un grito ; 
Como sierpe macagua 
Trepa allí por la palma nuicnriio 
Hasta el canei del agua. 

Su cuerpo descolgando con pi'esteza, 
De las manos asida. 
Sobre el bohío inclina la cabeza 
Con riesgo de su vida. 

Mecida al aire ni siquier vacila : 
En su atención absorta, 
La oreja atenta, fija la pupila 
Parece que le importa, 

Por un respiradero del bohío 
Abierto en la techumbre. 
Rejistrar su interior triste, vacío, 
Negro sol y sin lumbre. 

Insólita por cierto era la escena ; 
La vieja de Bunaire 
De cólera erizada la melena. 
Columpiada en el aire 

Con extraño vigor, si bien cansada 

Del esfuerzo violento, 

La chumbe azul en trizas desgarrada 

Y sacudida al viento ; 

Parecía algún genio de los montes 
A cuyos lentos jiros 
Asustánse panteras y bisontes, 
Jaguares y tapiros. 

Al fin como el lagarto que se espanta, 

Y vuelve la cabeza, 
Columpiándose siempre, aquella canta 
En tono de tristeza: 

"¿Por qué siempre tu nombre, Tiuna mió, 
Frenético se lanza 

En pos de mi, que vengo á este bohío 
Pensando en tu venganza ? 

Ardido está mi corazón, espera 

Y te dirá la fama. 

Que si dormida es mansa la pantera, 

Cuando despierta brama. 

Dicen los de la tribu que soi loca — 

Ellos serán testigos 

De mi festín de masa de tapioca 

Y carne de enemigos. 

Todos están allí, de varios modos 
La suerte los iguala, 

Y yo mujer me vengaré de todos 
Incluso Tangarala. 

No dejes tu careaba, sombra mía, 
A la luz de la luna 
No me persigas triste nocheydia. 
Sombra del bravo Tiuna. 

Sobre la piel caliente de un Adibe, 

Al grito de la guerra 

Vengar juré mi tribu, del caribe. 

Que arrasó nuestra tierra. 

Venid, genios maléficos blandiendo 

La ponderada^««/<rrt, 



Los que muertos aquí seguís viviendo 
En la feliz Jamaica 

Espíritu infernal por quien celebra 
El goajiro tus votos, 
Dadme el humor que arroja la culebra 
De la sierra de Itotos. 

Sanguinario Maboya, que sacudes 
La sangre de tus manos, 
Yo llenaré de sangre, no lo dudes. 
Los caneyes indianos. 

Ya diviso los tiempos, alentadme 
Yolokiamo nocturno. 
Genios de plumas negras, ayudadme 
Cuando llegue mi turno. 

Y llegará por más que gima y vague, 
Como loba sedienta ; 
Aunque la tierra con furor me trague 
En medio á la tormenta. 



Soi dueño de la tribu que blasona 
De foráneas inquietos ; 
Porque su vida entera se eslabona 
Con horribles secretos ; 

Y lo sé todo, sí ! Calíate ahora, 
A la luz de la luna, 

Oh sangrienta visión aterradora, 
Sombra del bravo Tiuna." 

Dijo y cual suele rauda golondrina 

Que de improviso cierra 

Sus negras alas, y veloz declina, 

Y desciende á la tierra ; 

O bien, como Perquisa, de un inculto 
Saman, caerse deja, 

Y forma por el aire estraño bulto 

Que doliente se queja ; ^ 

Así Apecuane, con la diestra mano 
La ch'.'mbe recojida, 

Y en la siniestra su cabello cano ; 
Del árbol desprendida 

Bajó, lanzando un grito, por el hueco 
Del canei olvidado. 
Que devolvió de su interior un eco. 
Como un ¡ ai ! prolongado. 

APECUANE LA MOJAN. 

Esa es el alba de los cielos índicos 
Que asoma al lejos su cortina azul, 
Como un arroyo de cristales nítidos 
Como una lluvia de esplendente luz. 

Entre la sombra que indecisa y trémula 
Huyendo triste en remolinos van. 
Cuando las nubes de la noche gélida 
Como perdidas en el cielo están ; 

Brilla en facetas de cambiantes cárdenos, 
Se estiende en visos de sin par color, 

2» 



226 



MISCELÁNEA, 



Randa de fuego con plumones pálidos 
Rojci reflejo de naciente sol. 

Entonces lanzan las rejiones tórridas 
Sus vagos ruidos, sus rumores mil, 
Vuelan cantando las torcaces tórtolas. 
El mar murmura con estruendo aquí. 

Sobre las palmas se desliza el céfiro, 
Ruje la fiera por doquier feroz, 

Y en los verdines del pantano fétido 
Abre su cáliz la embriagante flor. 

La dulce indiana .se despierta púdica, 
Musita el piache su oración fatal, 

Y el tibio cielo reteñido en púrpura 
El cráter asemeja de un volcan. 

De pié, la estera alzada en la cabaiTa, 
Viendo los horizontes de carmín. 
Admiraba Nelida la mañana 
De su silvestre tropical pais. 
Como espera á su hermano, y cree sentirlo 
De vuelta por la pica del peñón. 
Se oculta tras la estera como el niño 
Que de otro niño, alegre .se ocultó. 

El último suspiro de la noche. 

En que cayera herido el timonel, 

Se apagaba en la sombra de los bosques 

Del dia al encantado rosicler; 

Y por los bosquecillos de guayabos 
Del sol dorados á la tibia luz 
Camina pensativo y solitario 

Un alto y lijerísimo gandul. 

Ibase ya á meter en los bohios 
Donde habita el cacique principal, 
Cuando un acento bronco y conocido 
Áspero siente junto á sí gritar. 

" i Zipazingo el valiente !...." De Apecuane 
I Era sin duda la cascada voz 
La vieja del conjuro, y digna madre 
De Moporo el temible encantador. 

Suspenso el indio se quedó improviso, 
Como el montero que al fijar el pié. 
Siente en las yerbas el contacto frió 
De la sierpe fatal de cascabel. 

Aciago es el encuentro, pues la vieja 
Es temible en la tribu, su maldad 
. Le viene de la gente bunairesa 
Vengativa nación que mira al mar. 

Prisionera otro tiempo fué querida 
De Parayauta el blanco, que arrancó 
De las garras sangrientas de una tigra 
Al que cacique de la tribu es hoi. 
Muerto el salvaje de las carnes blancas 
Se hizo adivina ; pero dio en vivir 
AI viento, al sol, corriendo por las laudas 
Como fiera espantada del cubil. 

Siempre augurando males á la tribu 
En roncos alaridos se le vé. 
Semejante Apecuane al negro espíritu 
Que evoca el piache al humo del canei. 



Por eso con su encuentro tiembla el indio, 
También por eso Zipazingo está 
Cual si mirado hubiera un basilisco 
Y no aciferta de pronto á contestar. 

Repuesto al fin le dice : ; qué me quieres 
Matrona del dolor ? 

— Bravo, gandul. 
Diviso en las arrugas de tu frente 
Tu zozobra profunda ... 



— i Como . 



-Tú, 

Lo estol viendo, 'tú sufres, Zipazingo, 
Un secreto tal vez . . . . ¡ Ah, si es de amor . ., 
Mas si lo sabe el piache .... eres perdido . . 
La loca te lo dice. . . . 

— ¿Tengo yo 

Que hacer con él ? 

' — ¡ El atalaya 
Tiembla como las hojas del cují, 
Si en la alta noche tétricos fantasmas 
En los mangles del lago vé salir. . . . ! 



;0h 



a vieja mojan . 



-Pobre guerrero^ 

Escucha ! ! 

Y quedo, en apagada voz 
A la oreja le dijo algún secreto 
Espantoso tal vez, tal vez traidor ; 

Pues el guayupe, tras un brinco rápido. 
Se retiró diciendo " puede ser ;" 
Y trasudando, convulsivo y pálido 
Ocultarse en el bosque se le vé. 

"Anda," con risa horrible ella murmura, 
Los caraibos mui pronto llorarán 
Mi espantosa venganza. Hondero Tiuna, 
No me grites, espera, duerme en paz. 

" Apecuane proyecta un negro crimen " 
Dijo Nelida, Manitú del bien. 
Yo te ofrezco dos tórtolas y un cisne. 
Si guardas en mi ausencia mi canei. 

Saltó y echó á correr tras Zipazingo ; 
Mientras como una sierva va veloz. 
Sale bajo una lluvia de zafiros 
En el confín del cielo el almo sol. 

EL GENIO DE PARAYAUTA. 

En medio de una pampa, 

Que en lejanía insólita se pierde, ■ ■ 

Hai, á modo de trampa 

Para cazar las fieras, bosques verdes 

De terebintos, ceibos y tamaibos 

Conquista de los bélicos caraibos. 

Llaman á este boscaje. 

En su lengua sin par desconocida, 

" El grito del salvaje ;" 

Tal vez será porque la voz perdida 

Del viento blando que murmura leda 

Algún grito selvático remeda. 



MISCELÁNEA, 



227 



Allí los adivinos, 

Poniendo en arte su secreto infando, 

Consultan los destinos 

De la tribu guerrera, rtiutilando, 

Sobre esteras de jaguas y de junco 

Del vencido cacique el cuerpo trunco. 

O bien cuando sensible 

Por su suerte la indiana le pregunta, 

El agorero horrible 

Al negro buitre' con la flecha apunta, 

Y mientras baja agonizando el ave 

Dar su respuesta á la pregunta sabe. 

Es pues bajo el ramaje 

Que en la alta noche con el viento suena, 

Es por este boscaje, 

Qnc Nelida la indiana, la morena 

Corriendo va, con tan lijera planta, 

Que suelta lleva la vistosa manta. 

Esa amenaza extraña 

De la matrona, madre del behiquc, 

Ella oyó en su cabana ; i 

Y, sin que nadie aquella voz !c esplique, 

A Zipazingo busca porque piensa 

Amenaza al gandul desgracia inmensa. 

A su paso doquiera 

Hace crujir las retostadas hojas. 

Tronchando en su carrera, 

Flores de penda y clavellinas rojas. 

Que ruedan por el suelo, y los terrales 

Llevan en rernolino á los charcales. 

Ya se para indecisa. . . . 

Vuelve á correr. . . . á Zipazingo llama .... 

Ya tiembla porque pisa 

En su carrera, bajo seca rama, 

Venenosa serpiente. .. .Ya en un tronco 

Descansa y grita con acento ronco. 

Y mientras va perdida. 

En tan honda aflicción y triste hicha. 

Se despierta á la vida 

El bosque centenario. . . . Al pronto escucha 

Las mil voces fantásticas y e.vlrafias, 

Que tiene el nuevo mundo en sus montañas. 

A la voz de Nelida 

Espántanse las aves montafieras. 

Salta de su guarida 

El manchado jaguar, rujen las fieras, 

Se columpia la palma al viento leve. 

La yerba ondula, y el reptil se mueve. 

El bosque y sus murmullos. 

De tanta florecilla el suave aroma, 

Los chirridos y arrullos 

Del tordo, el cardenal y la paloma, 

El reflejo del sol, su tibio rayo, 

La algazara del verde papagayo ; 

La dulce cantinela 

Del babaquí doliente, el triste silvo 

Del paujil cuando vuela: 

Lps pajarillos de plumaje jilvo 

Cantando en los esteros y bejucos 

De aquellos solitarios arcabucos; 



Todo ese ■ laberinto 

Del bosque indiano, que el rumor concierta, 

Ya vago, ya distinto : 

Naturaleza toda que despierta 

Con la solemne voz de cuanto vive, 

Y del Criador animación recibe ; 

Ni conmueve, ni alhaga 

A la llorosa virgen ; tal un dia 

Iba un maipure en zaga 

De su perdido amor, sobre el guainía. 

Extraño al inundo, al bosque indiferente 

Su amor solo buscando en la corriente ; 

Y dejaba, por cierto, 

Sus palmas y floridos abedules. 
Su perfumado huerto, 
Su ciclo encantador, nubes azules. 
El Caronéi, que al lejos se derrumba, 
Una choza, una madre y una tumba. 

Pero se ha detenido 

La virgen de las sehas. Ruborosa 

Mira un jayán dormido 

En la hojarasca seca-¡ cuan hermosa 

Es su actitud ! Sobre la mano diestra 

Parece que su rostro altivo muestra. 

Así bajo el risueño 

Rayo de luz, la diosa sorprendía. 

En su profundo sueño, 

Al pastor Endimion, así solía 

Depuesto el sacro, virginal decoro 

Verla al través de su neblina de >)ro. 

India de dulce boca, 

Nelida la trigueña ¿quien te clava, 

Como la dura roca. 

Orillas de esa fuente que socava 

El pié de un bananero? Corre, corre, 

Y haz que del alma su visión se borre. 

El gracioso durmiente 

No es Zipazingo, no ; pues bien se alcanza, 

Al contemplar su frente. 

Que en la tribu no tiene semejanza : 

lú lo sabes, Nelida, bien lo miras, 

India, ¿ será por eso que suspiras ? 

¡ Ai de mí ! ¡cuan incauta 

He sido en este bosque. . . .! sombra inerme. 

Genio de Parayauta, 

Mi padre, no me asustes, duerme. 

Espíritu del ipdio, que Nelida 

Cantando el yarabí tu sueño cuida." 

Dice, y de hinojos puesta 

Junto del Genio, que por tal lo toma. 

Se inclina hacia él modesta, 

Y, con la blanda voz de la paloma. 

Murmura entre sollozos y suspiros 

El dulce yarabí de los guajiros. 

Inorcente y sencilla 

Era la indiana, cuando así de hinojos 

Se pone, simplecilla ; 

Y cambia la verdad que ven sus ojos, 

Por las ficciones qve con canto incierto 

Relata el piache al humo del desierto. 



228 



MISCELÁNEA, 



En tanto, poseído 

De un secreto terror, sobre la alfombra 

De aquel soto escondido. 

Saltando un indio va como la sombra 

Del Mojan victimario ; ó bien acaso, 

Como pantera á quien se obstruye el paso. 

Es Zipazingo el bravo 
Atalaya nocturno. A corto trecho 
Lo que persigue al cabo 
Tiene; y de rabia palpitando el pecho, 
, Salva de una vereda allí el recodo 
Consigo mismo hablando de este modo. — 

"Allí está. . . .! Genio, amigo, 
Manitú de esta selva impenetrable, 
Yo alegre te bendigo .... 
Ya veo lo que busco . . . . ¡ Tiíiserable 
Guerrero blanco. . . . ! si pudieres ora 
Librarte de mi flecha silvadora. . . . 

Pero ha visto á la indiana 

Y de pronto el salvaje palidece.... 

¿ Será posible r — ; Hermano ? 

¿ Eres tú, ■ Zipazingo ? 

— Aunque te pese 
El mismo soi. . . . 

—Silencio, calla, mira, 
No se despierte padre 

— ¿ Qué mentira 

Me estas allí diciendo ? 

— ¿ Pues no lo ves? — .Vccrcate que es mucha 

Fortuna . . . . j Esiá durmiendo ....!!! 

—¡¡India!!! 

— ¡ Más bajo. . ! ! .';i tu voz escucha. . 
— ¡ Oh rabia ! ¡ Oh confusión 1 ! 



— ¡ Infeliz ! 



j Cierra tu boca . 



Calla hermano 



-Tú estás loca ! ! 



- LA CULEBRA MACAGUA. 

Cala el salvaje su afilada flecha 
Sobre el arco de cerdas retorcido, 

Y con mirada vengativa acecha 

El primer movimiento del dormido. 

Pálida, como un rayo de la luna. 

En las aguas inmobles de un pesquero, 

Nelida, la visión de la laguna, 

De hinojos está allí junto al guerrero. 

Este al fin se despierta. Entre confuso 

Y asombrado tal vez á un tiempo mismo, 
Con altivo ademan de pié se puso 

Por un supremo esfuerzo dé heroísmo. 

El dardo del salvaje casi toca 
El pecho del doncel ; pero Nelida 
Se abalanza á su hermano como loca 
Con sumo riesgo de su propia vida. 

Sale el venablo al brusco movimiento ; 
Mas como se desvió la puntería 
Fué á clavarse, silvando con el viento, 
En un cabimo de la selva hambría. 



El bárbaro da un grito de sorpresa, 
De coraje tal vez. 

— Hermano amigo, 
¿Qué furia te ha turbado la cabeza? 
— Ese es un viracocha, un enemigo. — . 

Un viracocha ! sea ! pero atiende 
Hermano Zipazingo.^.. 

— Guarda, hermana, 
Que hasta !a misma súpüca me ofende. 
— Pues bien, aquí me tienes, tu macana, 

Haz que furioso con horror taladre 
Mi pecho virginal. ( ¡ A tanta mengua !) 
— Por el alma infeliz de nuestra madre 
Déjame ó tiembla .... 

— ¿Cortarás mi lengua? 

Muí bueno, Zipazingo ; tu memoria 
Enzalzaran las vírgenes gentiles. 
La tribu entera cantará tu gloria 
Con el ronco atambor de los aliles. 

Muí bueno, Zipazingo; si esa vieja. 
La nefanda Apecuane, tu camino 
Quiere regar con sangre, y te aconseja 
La muerte de este Genio peregrino ; 

Ella la esclava de Bunaire, viendo 
Que también m.e das muerte en tus hazañas. 
Con mi cadáver cargará rujiendo 
Buscando algún augurio en mis entrañas. 

Y volviendo al doncel, que en faz de amigo' 
Observa triste aquel esfuerzo vano. 

Mira, le dice, moriré contigo 

Al hacha de ese bárbaro, es mi hermano. 

¿Pero qué tienes? ¡ Ah cuánto padece! 
Seca la blanca piel, sin juz los ojos, 
¡Pobre estrangero ! sufre, palidece. 
Como la débil flor de los abrojos. . . . 

Y era verdad —sobre la frente mustia 
Una mancha rojiza se veía, 

Y su silencio en tanto era de angustia. 
Que ya de pié tenerse no podía. — 

Transido de dolor hablar desea; 
Mas áspera su lengua se contrae. 
Se crispa, se conmueve, tambalea, 

Y exhalando un gemido al suelo cae. 

i Muerto ! esclamó la virgen con un jesto 
De profundo pesar. 

— Hermano, amigo. 
Tras ese terebinto .... corre presto .... 
El bejuco rastrero. . . . 

— A mi enemigo. 

Pues que muriendo está le presto ayuda 
No te aflijas, Nelida, — Esta es la hoja 
Aplícala á su boca. ... 

— Ya se muda 
La color de su rostro. ..." Moja, moja 

Luego el pufio de guaco en la corriente 
De ese arroyuelo. . . . 

— Pero ¡ qué silvido ! 



MISCELÁNEA. 



229 



-¡ Ai Zipazingo ....!! •, 

— ¡ !\Iira esa serpiente ! j 

-¡ Una horrible Macagua. . . . ! ! j 

— ¡ Le ha mordido ! 1 

i 

TANGARALA. ^ '• 

" Sal, Tangarala, y apresta 
Tus yerbas, ven diligente : 

. Deja el lecho, pon la escala, 
Corre, corre, Tangarala, 
Que hai un Genio en la floresta, 
Mordido de unaserpiíJnte."' 
Así, camino á una gruta 
Que en medio del bosque habia, 
Corriendo desatentada 
Iba gritando Nelida; 

Y en el boscaje silvestre 
O en la hojarasca que pisa. 
El eco ó su acento en tanto 
Con pavor se repetía. 
Por fin al lugar do corre 
Llega la virgen solícita, 

Y de nuevo toda trémula 
Con creciente ansiedad grita : 
"Sal, acude, ven, apresta 
Tus yerbas, tira la escala. 
Corre, corre, Tangarala 

Dilijente, 
Que hai un Genio en la floresta 
Mordido de una serpiente." — 
Al punto de un hondo hueco, 
Labrado en la peña viva, 
Media oculta por la sombra 
De un grupo de clavellinas. 
Asomó penosamente 
La cabeza de una inclia 
Diciendo con' voz pausada 
¿Qué me quieres liija mia? 
— Matrona de los secretos 
De las naciones goajiras, 
Allá, junto al arroyuelo. 
Dejo muriendo una víctima. 
Ven conmigo, Tangarala, 
Ayúdame 

—Más, Nelida, 
Para preparar mis jerbas 
No me has dicho 

— Mira, mira. 

Es una sierpe Macagua 

i Creí que escuchado habías ! 

— Sociégate y \amos pronto 

Que es mui temible esa víbora. . . . 

Y así diciendo, sus pasos 

Al arroyuelo encaminan. 

La virgen llorando siempre, 

Pero sirviendo de guia 

¿ Quién es aquesta matrona, 

Que entre las selvas habita. 

Con un aspecto tan grave. 

Con una voz tan dulcísima? 

Nadie lo sabe — En la tribu 

La tienen por adivina, 



Y es un misterio su gruta. 
Como es misterio su vida. 
En la luna de las pescas 
Cuando los indios mariscan. 
Porque en hacecillos tienen 
Apretadas las espigas, 
Al lago coquibacoa 
Llegó Tangarala un día, 
De la vuelta de poniente. 
Camino de la goajíra. 
Huésped fué bajo las palmas 
De la brava ranchería, 
-Silenciosa cual la muerte, 
Como el duelo pensativa. 
El Tapoi de los caraibos 
Una farna repentina 
Adquirió, pues Tangarala 
Como viajero vivía 
En el Tapoi de la tribu. 
Prediciendo á la continua, 
Las cosechas y las calmas ^ 

Y las tormentas marítimas. 
Allí le llevaban flores. 

De fragancias esquisitas, 

Y adi\ínaba por ellas 
Los amores ele las indias. 
Enseñando á mensajeras 
Las palomas campesinas 
Les ataba al cuello sólo 
Un hilo de peonías. 
Tres cuentas significaban 
Alguna grande desdichas. 
Cuatro, matanzas y sangre. 
Cinco, fortuna propicia. 

Con tales artes, que en suma, 
Son industrias mui sencillas, 
Tangarala asombra á unos 

Y Á los otros embelifia. 
En el grito del salvaje, 
En la floresta vecina. 
Después vivió retirada 
En una gruta sombría ; 

y desde entonces los Piaches 
Con gran despecho la miran 

Y si en público la enzalzan 
A su/solas !a denigran 
Oiie siempre está la lisonja 
Mano á mano con la envidia 
Extraordinaria es sin duda 
y^a matrona peregrina. 

Por el silencio que guarda. 
Por su manera de vida. 
Por los venenos que cura, 
Por los bvevajes que filtra. 
Ninguno sabe como ella 
Hacer las pastas de cliicha 
De clavo y pimienta roja 
Con que la virgen se pinta. 
Dicen los indios bobures 
De la ribera vecina, 
Que de tierras de carare 
És Tongarala nativa ; 



230 



MISCELÁNEA. 



Y cuando las chuchumecas, 
Que es lo contrario porfían 
Diciendo: ¿cómo ha venido 
Del lado de lá Goajira ? 
Los bobures con misterio 
En faz de secreto guiñan 
Los ojos, y sus palabras 
Con mil razones afirman. • 
Lo cierto es que Tangarala 
Siempre aparece vestida 
Con la manta sin costura 
Que las cararesas hilan. 

Por lo demás, si fué bella 
Bien lo dicen todavía 
Los areitos y cantares 
Del tiempo de su venida. 
Aun le queda una cintura, 
Como el junco del Guainia, 
Labios de color de púrpura, 
Como la concha marina 
Unos ojos de tristeza 
Profunda, amorosa y tímida ; 

Y más que toda la gracia 
Del andar, un tanto arisca, 
Que en lo resuelta semeja 
A las corzas fugitivas. 
Tal es en fin la matrona 
Que ya en los cuarenta frisa, 

Y á quien llaman Tangarala 
La misteriosa adivina. 

LA GRUTA. 

Recuerdos infantiles, brillante y pura gala 
Del canto que preludia mi ardiente corazón, 
Mostradme ese recinto que habita Tangarala 
En medio de las selvas tostadas por el sol. 

Un tiempo las que evoco, dulcísimas memorias, 
Mi amor tan solo fueron, mi dicha, mi placer: 
Un tiempo esos recuerdos, las mágicas historias 
Mis sueños encantaron . . . . ¡ Bendita la niñez ! 

Hoi viendo que la vida tan solo es un sarcasmo, 
Temblando del presente, temiendo el porvenir, 
Evoco mis recuerdos, y el férvido entusiasmo 
De los pasados tiempos de la niñez feliz. 

Y al ritmo melodioso del corazón, extiende 
Sus alas el espíritu de la esperanza en pos; 

Y rápida las sombras del porvenir comprende. 
La cifra del pasado, la luz, la creación. 

Seguidme pues que quiero mostraros cuanto veo 
En medio de los bosques, distantes de la mar- 
Es una grata indiana que con el sol chispea, 
Labrada en las entrañas del rojo peñascal. 

Rodeando el duro lecho del pedregoso pico. 
Donde la grieta oscura terrífica se ve. 
La palma pirijao columpia su abanico, 
Como la crin al viento de indómito corcel. 

Las ceibas giganteas, los verdes cabimales 
No lejos de la entrada se agrupan, y de allí 
Se estienden por el bosque magueyes y piñales, 
Delicia de los trópicos, orgullo del país. 



f Entremos en la gruta por esa estrecha boca. 
Por esa escala frájil bajemos. . . . ¡ Dónde están 
Los cuentos de la tribu, las sombras de esta roca, 
Si brilla por doquiera tan suave claridad ? 

La entrada es como uu pórtico Ja gruta es un recinto 
De cuevas triangulares que irradian blanda luz ; 
Parece que quisieron formar un laberinto 
En ángulos cortando la roca Norte Sur. 

Caminos misteriosos serán tal vez por donde 
Penetra el ronco viento del bosque en el confín, 

Y el eco en las cavernas resuena y le responde 
Terrífico asustando las tribus del país. 

Sin duda esa quejumbre, los ruidos del boscaje, 
Que se oyen en confuso tristísimo rumor. 
Le dan el nombre al bosque de 'grito del salvaje,' 
Desde la sierra Itotos al rio Torondoi. 

Y cada cueva en medio, brillando lentamente, 
Un hondo pozo tiene de azufre y de betún, 

Y el líquido que hierve flamíjero, candente, 
Despide una neblina como vapor azul. 

Parece que algún monstruo sumido en el asfalto 
Palpita y se revuelve cual otro Satanás, 

Y desde el hondo pozo queriendo dar un salto 
Derrama en rojas chispas el líquido infernal. 

Tapado el hueco angosto con palmas de corozo, 
Que sirve á cada cueva de puerta ó de dintel. 
La gruta es una estancia sin triángulo ni pozo 
De forma milagrosa de rara esplendidez. 

Aüí como en un prisma de túrbida vislumbre 
El pórtico aparece .... palacio singular ! 
Columnas mil sostienen la esférica techumbre.... 
Oculta "maravilla, prodijio de un volcan. 

Y en confusión extraña se miran confundidos 
Los útiles salvajes, las redes y el harpon, 
Con tiestos de metales, sin duda derretidos 
Al fuego que la gruta magnífica formó ! 

Allí se ven sirapas de vividos colores. 
Tequiaras y garzotas, pintadas con añil. 
Revueltas con macetas rarísimas de flores, " 
Manojos de bejucos y espigas de maiz. 

Deshechos en pedazos las muescas y guaqueros, 
A chorros derramada la chicha de Manioc, 
Volcadas sus vasijas, y ardiendo en los braseros 
Corozas emplumadas y telas de algodón. 

Qué caos! Qué locura ! Discorde extravagancia! 
Maléficos espíritus volaron, y tal vez 
Al ruido de sus bámbulas tuvieron en la estancia 
Frenéticos areitos ó danzas de placer. 

Memorias infantiles, radiante y pura gala 
Del ritmo que preludia mi ardiente corazón, 
¿ Qué tiene este recinto do habita Tangarala ? 
Que Genio misterioso, fatal le visitó? 

/Serán esos espíritus de América que evoca 
El indio cuando imita la voz de un animal? , 
El lúgubre gañido que se oye en esa roca, 
f¿El Genio déla gruta maléfico será? 



MISCELÁNEA. 



231 



Quién sabe! Las florestas horribles monstruos tvenen f^ 
Que turban á deshoras su tétrica quietud ; 
Y entre las ramas saltan y corren, van y vienen, 
Como el Adibe huyendo la flecha del gandul. 

Quién sabe I cou el tiempo (que mucho el tiempo alcanza'^ 
Acaso este misterio podamos comprender, 
El tiempo! siempre ha sido la luz de mi esperanza 
Soñando ver la estrella de mi fortuna infiel. 

OLA !JACOBO RODRIGO. 

Todo en mi mal se conspira. 
No hai tradición ni memoria 
De lo que canta mi lira 
¿Cómo cimentar mi gloria 
Relatando una mentira ? 

Es decir, que á mi placer, 

Y bajo un prisma encantado 
Por un divino poder, 
Canto lo que no ha pasado, 
Pero que bien pudo ser. 

Y que otra cosa en verdad 
Es la dulce poesía? 
Amor, sensibilidad. 
Colorido, fantasía, 
Sombra, luz, idealidad. 



Si tal es cierto, al rujido 
De algún sangriento caraire 
Sigamos ; cuan divertido 
Es un castillo en el aire 
Entr^ las nubes perdido. 

Por ahora es en las olas 
Que se halla el castillo mió : 
Un buque con banderolas. 
Aquel pirata sombrío 
Con divisas españolas. 

Hace tiempo lo buscaba 
Por darle enlace á mi cuento, 
¿Adonde el pirata estaba? 
¡Vaya! Por falta de viento 
Cerca de tierra fondeaba. 

Tras de faena importuna, 

Como seguían las calmas, 

Al ocultarse la luna 

Dio fondo en "Punta de palmas" 

El barco de la laguna. 

Recostado en la obra muerta, 
Junto al espejo de popa. 
Un hombre con voz incierta 
Manda que salga la tropa 
Arriba de la cubierta. 

Un cabo partesanero 

De la bodega saltó 

Ajil y listo el primero ; 

Y el capitán murmuró : 

" Buen tigre para un cordero :" 

— i Eh, como vá, cabo Ponce ? 
— Encantado del paisaje. 
— ; Y la coliza de bronce ? 



— Encantada de coraje. 
—Sí? 

— Desde anoche á las once. 

Pues si con verdad me e.xplico 
Aquí estol ni más, ni más, 
Encantado como un chico .... 
•Por el mismo Satanás 
Del encanto prevarico ! 

— Paciencia, cabo. 

— Terrible 
Es mantenerse á la husma 

De un enemigo invisible 

— Vamos, que salga la chusma .... 
Eh, cabo, todo es posible. 

Del fondo de la bodega. 
Unos de otros en pos. 
Fué saliendo aquella ciega 
Turba maldita de Dios, 
Que obedeciendo reniega. 

— Jacobo ? ¿ No llamareis 
A Jacobo? Venga al punto 
¿Dónde está? 

— ¿ No lo sabéis ? 
— Pues por Jacobo pregunto. 
¿ Que lo llaino no lo veis ? 

— ¡ Capitán ! . . . . 

— Llamadlo, digo ; 
Mas, qué sucede, qué hai ? 
¡Ola! ¿Jacobo Rodrigo. .. .? 
Apuesto á que el terecai .... 
— ¡ Cargue el demonio conmigo . . . . ! 

— ¿ Nuestro amo? \ Ponce! ¿Qué es esto ? 

¡ Algo extraño pasa aquí. . . .-! 

Por Cristo explicaos presto— 

— Señor, anoche le vi 

Del esquife en el apresto. . . . 

— ¿ Y, bien ? 

— Que con vos se fué ; 
Pero con vos no volvió .... 
— ; Y es ahora que yo sé 
Que Jacobo se quedó 
En tierra. . . .? 

— Yo lo avisé 

A los escuchas que entraron 
De guardia al izar el bote; 
Si ellos la voz no pasaron .... 
— ¡ Con la herida de cazóte 
Los escuchas se olvidaron . . . . ! 

Muí bien parece que andáis. 
Muí bien se cumple el servicio. . . . 
¡ Ah, chusma, os equivocáis....! 
Yo haré volveros el juicio, 
Pues la consigna olvidáis. — 

Desde que el diablo se arrima 
De otro lado, convenceros 
He creído. — ¿Qué os anima? 
j Ah, que tan solo de veros 
Rabia me dá, me dá grima! 



232 



MISCELÁNEA. 



Porque la calma nos cierra 
El paso, hai aquí pirata, 
Que se anonada y se aterra .... 
Cobardes, ninguno trata 
De reconocer la tierra. — 

Yo lo haré por vida. . . . ¡ Vaya, 
Iréis conmigo también....! 
¡ Uno al tope de atalaya . . . . ! 
J Cuidado con el relcn ! 
¡ Ojo avisor á la playa ! 

¿Chinchui? 

— I Señor ? 

— Mi süvato, 

Y mi mejor arcabuz — 

(El lago está como un plato) 
Nuestro amo, la verga en cruz, 
Ponce tocad arrebato . . . . ! 

Al momento la tartana 

Se alista, no hai quien se muestre 

Remizo, Ponce se afana. 

La voz del contramaestre 

Todo lo salva y lo allana ; 

Y mientras vienen y van, 

Y mientras todos están 
En su marina tarca. 
Iracundo el capitán 

En el combes se pasca.— 

EL CAPITÁN CANDALLA, 

Está visto, esta canalla. 
Que hoi iría á Nue\';i Zembla 
Por sus crímenes, se calla, 
Se humilla, trabaja y tiembla 
Ante el Capitán Candalla. 

Miradlo bien, ya que el nombre 
Sabéis ; haced de manera. 
Que no os asuste ni asombre .... 
¿ Qué pensáis ? Es una ñera ? 
No, lector, Candalla es hombre. 

Un hombre sí, que revela 

Esa rasa malhadada 

Que en África se consuela, 

Y fué vencida en Granada 
Por la primera Isabela. 

No hai nada más varonil 
Que su hermoso continente. — 
¡ Si es un hijo del Jenil . . . . ! 
Tan renegado y valiente. 
Como amoroso y gentil. — 

Sin cuidarse del destino 
Se hizo pirata en Argel 
Ben Humeya el granadino, 

Y se le vio en un bajel 
Con pabellón tunecino. 

Luego sin darse razón. 
En medio á su vida inquieta, 
Pidió el bautismo en León, 
Renegó de su Profeta, 

Y cambió de pabellón. 



La causa no se sabia ; 
Pero la gente africana 
Una causa suponía, 

Y el amor de una cristiana 
Que era la causa decia. 

Ello es que Humeya juró 
Morir en la santa Fe ; 
Es decir se bautizó, 

Y que tuvo bien se ve 

Un nom.bré, " Juan Mataró." 

Luego sin saber el cuando. 
Ni el por qué, su mayordomo. 
Nombróle el Rei Don Fernando ; 

Y allí sin saber el como 
Candalla lo iban llamando. 

Mas ese cargo ú oficio 
Para un marino de leí 
Era un grande sacrificio : 
Dejó el servicio del Rei 
Por otro mejor servicio. 

Por este tiempo en España 
Sin que detenerse pueda. 
Ni asuste del mar la zana. 
Prepara Alonzo de Ojeda 
Una expedición extraña. 

Sigue la huella gloriosa 
De Colon, y con él van 
Vespucio y Juan de la Cosa : 
Candalla es el capitán 
De una nave primorosa. 

Después corriendo el pi-ofundo 
Mar con las gentes de Ibérica, 
Tras de valor sin segundo, 
La expedición vino á América, 
Candalla vio el Nuevo Mundo. 

Pero en esta tierra ignota 
La ambición se. le despierta. 
Su espíritu se alborota, 

Y levantarse concierta 
Frente al cabo de la Mota. 

Ojeda de rabia mudo 

A la altura de Caruao 

Lo hecho menos, mas no pudo 

Dar caza pronto á la nao 

Porque era el tiempo mui rudo. 

Candalla logra al momento, 
Con esa acción que le infama 
Su ruin y bastardo intento: 
Por pirata se proclama, 
Hace rumbo y pica al viento. 

Un dia con la alborada 
Siguió una piragua toa 
De ensenada en ensenada, 

Y al lago Coquibacoa 
Vino á dar en recalada. 

Sin experiencia ninguna 
Embistió por sobre un bajo 
Del delta de la laguna : 



MISCELÁNEA. 



233 



Pasó con mucho trabajo ; 
Pero al pasar fué fortuna. 

Hoi á su jente maltrata, 
Por más que se halle perdido 
Sobre un estanque de plata, 
Que el cristiano convertido 
Ha tomado á ser pirata. 

Por eso en confuso afán 
Los marineros están 
En su marina tarea, 

Y Candalla el Capitán 
Renegando se pasea. 

¿Qué quiere? Quiere venganza. 
Ahullando como lobo 
Alimenta la esperanza 
De rescatar á jacobo, 
El joven de su confianza. 

Mientras que paseando ruje, 

Y su venganza concentra, 
En calma la verga cruje, 
No sabe donde se encuentra 
Ni hai un viento que lo empuje. 

Si este raro personaje, 
Ya co.Tiprer demos quien es, 
Volvámonos al boscaje : 
Lo encontraremos después 
Por este mismo paisaje. 

EL ENFERMO. 

Sobre la piel curtida de un bisonte 
Viracocha infeliz dormido está 
En una estancia de la gruta donde 
Penetra un rayo de la luz solar. 

Con un plumón azul Nelida trémula, 
A su blanda y tranquila claridad. 
Espanta la luciente cicindela 
Los insectos del suelo tropical. 

Sijilosa se vuelve hacia el enfermo, 
Con tanto anhelo y compasivo afán. 
Que los latidos de su amante pecho 
Parece quiere oir, quiere contar. 

Cerca de allí también la pensativa 
Matrona de la gruta viene y vá 
Con yerbas y retamas esquisitas 

Y pimpoyos de verde sasafrás. 

De un manare de frutas deliciosas. 
Cubierto con retoños de taral. 
Que exhala una fragancia embriagadora 
Más dulce que la esencia de copa!; 

Escoje Tangarala un amarillo 
Sazonado y dulcísimo ananas, 

Y en la concha rosada de un marisco 
Esprime el néctar, su licor vital. 

Después vuelta á Nelida que le mira 
jCon silenciosa angustia — Si Cupái, 
Dice, no descompone esta bebida 
El pobre viracocha sanará. 



Quiéralo el Grande Espíritu responde 
Nelida sollozando.— 

— ¿Qné pensar, 
Añade, ¡Oh hija mia, del desorden 
Que encontramos aquí ? — La huta en paz. 

Dejé cuando salí contigo en busca 
De este infeliz. — 

— Matrona, ¿ no será 
El maléfico Genio de esta gruta ?- 
Nieta de Guairatin, fuerza es buscar 

La causa en otra parte. — Zipazingo 
Siguiendo un rastro serca del piñal. 
Vio marcada una Tisjita, y ha creído 
Reconocer. . . . 

— Matrona, ¿quién habrá 

Que á ofenderte se atreva en el desierto ? 
— No lo piensas, Nelida ? 

— ¿ Algún mojan 
Del triste adoratorio del consejo?. . . . 
— Lo dudas, hija mia, no es verdad? 

Sí, Madre.— 

— Bien comprendo simplecilla, 
Eres como el polluelo del doral; 
Lo mismo era tu abuela Manapica 
Inocente y confiada. — 

— Si no es yá : 

Que nuestra estirpe toda siempre lleva 
En pos de sí la maldición fatal 
De morir engañados cual murieran 
Guairatin, Aganipa y Parlaran. 

— Solo Amariba es grande y solo puede 
Nuestros pobres destinos descifrar; 
Más silencio, hija mia ; me parece 
Que el pobre enfermo á despertarse vá. 

Machaca en esa piedra y vuelve polvos 
Esa negra raíz de guayacan, 
Échalos luego en el tamis de coco.... 
—Así Madre? 

— Muí bien. 

— Pues pronto está. 

Ora vierte en el búcaro ese filtro, 
Que se enfria en la concha de la mar, 
Sopla hasta cinco veces, según rito, 

Y raspa en él tu hueso de caimán. 

¡ Agua, dijo en caribe el castellano, 
Agua! Muero de sed! Quién me la dál 

Y atónitas las indias se miraron 
Oyendo al triste en su dialecto hablar. 

Yo la virgen exclama, y se aproxima 
Con el estraño filtro — Sea en paz. 
Confia, poderoso es Amariba, / 
Bebe, bebe, infeliz, no morirás. 

Rodrigo, pues él era, sintió el hálito 
De la virgen gentil sobre su faz, 

Y aspiró su perfume al beber ávido 
En el bücarp el filtro de ananas. 

Hé aquí la escena, si por dicha mia 
A descubrirla alcanzo — Soledad 

30 



234 



MISCELÁNEA, 



De una gruta en los montes escondida, 
Como la momia oculta de un Titán. 

Luz que irradia en su centro blandamente 

Y penetra á travez del pedernal, 
Por grietas esteriores que parecen 
Respiraderos muertos de un volcan. 

Por fuera, tras un grupo de palmeras, 
Se extiende paso á paso un magueynl, 
Cabimos y corosos que rodean 
La gruta envuelta en triste oscuridad. 
No hai pica, ni vereda, n! camino 
Que á la mansión salvaje vaya, á dar: 
Con mayales y liana entretejido 
Todo aquel sitio vejetando está. 

Por dentro, en una estancia del palacio : 
Por que eso es, (y acaso sin igual ) 
El estora,que, el cedro, el niquibao 
Llenan el aire de un olor fugaz. 

La pared interior de dura piedra, 
Diáfana luce allí como el cristal. 
Tallada y recortada en mil facestas " 
De aspecto vario y vista singular. 

Penden estalactitas como lágrimas 
De la ojiva techumbre natural. 
Más estrañas, lijeras y fantásticas, 
Que las nubes movibles de la mar. 
Subterráneo rumor resuena á veces, 
Como el ronco estertor de Satanás, 

Y es el ruido terrífico y bul] ente 
De ios pozos ocultos de alquitrán. 

Por fin en el calcáreo pavimento, 
Como dicho en mi canto tengo yá. 
Se vé á Rodrigo sobre pobre lecho, 

Y dos indias tristísimas están. 

Y en el instante mismo en que aparece 
Lo que poeta fiel quiero narrar, 
Pronta Nelida el búcaro suspende 

A los labios de aquel, y por detras, 

Tangarala de hinojos lo levanta, 
De pechos apoyados en un topal. 
Por que las fuerzas á Jacobo faltan. 
Mordido por la sierpe montaraz. 

No mira muchas veces el desierto. 
Ni el primitivo tiempo de Abraham, 
Esa escena de amor, y de misterio, 
De compasión, de ardiente caridad. 

Es la escena feliz én que la esposa 
Presenta al fruto de su amor y afán 
La fuente de su seno donde brota 
El néctar de la vida maternal. 
Escena tierna, apasionada escena, 
Oue el corazón doquier repetirá ; 
Por que es la cifra del amor eterna, 
Pura como el espíritu inmortal. 

En ese cuadro el sentimiento humano 
Un testimonio tiene, es la verdad. 
La dicha de sentirse arrebatado 
A la fruición del bien y nada más, 



PRESENTIMIENTO. 

Pero ¿qué tienes tú, pobre matrona? 
Sensible Tangarala, ¿ qué fatal 
Pensamiento te absorve ? ; Por qué tornas 
De nuevo en un rincón triste á llorar? - 

Ya Nelida sonríe, ella confía 

Del filtro en el poder que tú le das : 

El enfermo se duerme y tranquiliza, 

Y á verla luz de cierto volverá. 

¿Qué, pues, te aflije? ¡Oh Genio de las hutas, 
Que el peregrino abandonó quizá 
Para siempre, dejando allí sus turnbas 
En un dia de sol primaveral. 

Ellos sañudos en aquel momento 
Vienen de la matrona á recordar 
Una historia, sombría como un sueño, 
Que se vuelve espantosa realidad. 

Oyendo hablar al mísero Jacobo 
La dulce lengua del pais níital. 
Tembló más que la flor del cocobolo 
Al viento de nocturna tempestad. 

Miró su juventud, quiso en su frente 
Los secretos del alma penetrar, 

Y bajo el denso velo de la muerte, 
La interrogó temblando de ansiedad. 

Era aquello un delirio, una locura, 
Cuanto más repentino, pertinaz. 
Una vaga esperanza como muchas 
De esas que siempre el corazón nos dá. 

Había sido madre casi niña, 
Cuando apenas contaba de su edad 
Trece lluvias del cielo en las orillas 
Que de Manaure con la tribu dan. 

Y al hijo de su llanto, á breve tieínpo 
Miró que le arrancaba un lenguaras, 
Más malo que las víboras del tentplo. 
Más duro que un ministro de Yarfá. 

Madre infeliz andaba desde entonces, 
Peregrina doquier, sin cpie jamas 
Del hijo y del raptor que ni aun conoce 
En las tribus razón pudieron dar. 

Por eso á los impulsos de un recuerdo 
Al hijo amado que buscando vá. 
Llora, la voz del viracocha oyendo 
Bajo el timbre del habla nacional. 

" Manitu de su padre, luz secreta 
Inspírame si sabes la verdad :" 
Dice, y del seno saca con su diestra 
Un pequeño idolillo de coral. 

Mirólo lentamente en honda angustia, 
Como aquel que suplica á Jehová 
Desde el fondo del alma, y tiembla y duda, 
En el cansancio eterno del pesar. 

Después haciendo un signo, con ternura 
Besó la roja efijie^ — Bien será 
Que al viracocha esconda en esta gruta, 
Por sí el chacón quisiere hacerle mal. 



MISCELÁNEA. 



235 



Esto musita, guarda el idolillo, 
Y resignada, ó más tranquila ya 
Mientras duerme pacífico Rodrigo, 
Se pone los inseptos á espantar. 

La hija de Guairatin el aire puro 
En tanto renovaba, sin cesar 
Quemando aromas, flores y bejucos 
En tres perfumadores de metal. 

EL ADORATORÍO DEL LAGO. 

¿ Veis esa negra cabana 
Del lago murmurador. 
Que se levanta sombría 
Cual siniestra aparición? 
— Es el nefando santuario 
De aquella tribu feroz 
Asentada en la eminencia 
De un solitario peñón. 
Adoratorio lo llama 
El viracodia español. 
Templo dicen los salvajes. 
Huta, seria mejor. 
Escondrijo de Xo"-, piaches. 
Choza, canei ¡qué se yo! 
Todo parece por cierto. 
Menos lugar de oración. 
En este inmenso cuadrado 
Se miran de dos en dos 
Acurrucados, cual monstruos 
Que el negro abismo abortó. 
Veinte piaches ó adivinos 
De aceitunado color 
Con sus tequiaras de ¡)lumns 
Del ave chocorocoi. 
Los indios de estas riberas 
Indios idólatras son 
Que adoran á Cackíinaiia 
Tras un grosero temor : 
Cachimana el mal principia, 
El espíritu feroz 
A quien el pueblo caribe 
Sangriento sacrificó 
Los bencidos enemigos 
En prueba de adoración. 
— Es alta noche : en el cielo 
Jira el cruzero veloz 
iluminando las sombras 
Del trópico abrazador. 
¿Sabéis que en las tierras indias, 
Del sur la constelación 
Consulta el americano 
Después que se pone el sol? 
Si pasa una nube errante 
Del cruzero al rededor 
Es buen agüero la nube 
Y alza el cacique su voz : 
Juzga el indio en su ignorancia 
Ser aí[uella una visión 
Nuncio de los sacrificios 
Que le deben á su dios ; 
' Ahora, pues, los salvajes 

En religioso estupor 



Se encuentran mui pensativos 
Unidos de dos en dos, 
Aguardando se, interponga 
El deseado nubarrón. 
Ert un gran tiesto amarillo, 
Obra de estraño primor 
Que un alfarero uiaipiirc 
Diz que otro tiempo cambió 
Por diez indias ch.uchumecas 

Y una chumba de algodón, 
Arde derramando chispas. 
El tronco de un ocozol 

Que alumbra la huta sombría 
Con siniestro resplandor. 
Allí sa ven á su lumbre. 
Bajo una piel de león, 
El viejo Cansarantare 

Y el sanguinario Poro. 
Siguen luego Causinapa 

Y Cairama el tirador 
Pintados de siqui/cte 

Y encendido bermellón. 
Enfrente están los hermanos 
Pariosas, un caracol 

Toca el triste Joj-ogüire 
Mano á mano con Guanor 
Cuyas hazañas recuerdan 
Losindios de Torondoi. 
De.spues, del rancho en lo oscuro 
Se alza un informe montón 
Uc piedras blancas y negras. 
Que á no ser por su espesor 

Y por su enorme tamaño, 
l>ien los comparara yo 

A la casilla i.|uc un niño 
l'"orma á modo de torreón 
Poniendo sobre una mesa 
]>as piezas de un dominó. 
lín cuna de aquellas piedras 
Se ve un ídolo, ¡ qué horror ! 
El Yarfá de los goajiros, 
I^l maldito Epouainon 
Del invencible araucano ; 
En fin, el mónstro mayor, 
El espíritu rebelde 
Adorado como dios 
Bajo la horrible semblanza 
De un mal formado dragón. 
Ya conocéis casi toda 
La cabana del peñón. 
Que se joroyecta en la orilla 
Del lago murmurador. 
Allí se encuentran \os piadas 
Sentados de dos en dos 
Aguardando se presente 
Del cruzero al rededor 
Alguna nube fantástica 
Como negro pabellón. 

EL AVISO NOCTURNO. 

Nada encierra un arcano más profundo, 
■ Ni un sueño tan fantástico y divino, 



236 



MISCELÁNEA. 



Como el Edén salvaje y sin segundo 
Bañado por el piélago marino, 
Llamado con asombro el Nuevo Mundo. 

El Nuevo Mundo ! Aparición brillante, 
Hijo del fuego y de la madre tierra ; 
Su vida es el estruendo de Atalante, 
Su sueño el del Pacífico que encierra 
Bajo la linfa azul su voz tonante. 

El Nuevo Mundo ! Cuando en sombra y du 
Su luz mostrar el invisible quiso, 
Al país de las palmas le dio un velo 
Teñido en el azul del paraíso, 
Pintado con la púrpura del cielo. 

Le dio esa inmensa y misteriosa gama 
De suspiros, murmullos y armonías, 
El estridor del ronco Tequendama, 
Del Niágara la voz, y las sombrías 
Sulfúreas criptas de betún y llama. 

El Nuevo Mundo ! Mientras más extraña 
Parece esta visión, mui más se nombra. 
¡ Una tierra que tiene por montaña 
Los titánicos Andes, cuya sombra 
Ofusca al mismo sol, su luz empaña. 
Aquí la voz del hombre se comprimé 
Con las obras de Dios, naturaleza 
Junta con lo pequeño lo sublime, 

Y parece que á fuerza de grandeza 
La mism.a pequenez mortal redime. 

Tierra de los jigantes, ancho escudo 
Que comprime la mar de polo á polo, 
Bajo la choza del salvaje rudo 
Decirte puedo en tu grandeza, solo : 
Maravilla de Dios yo te saludo. 

Dormida está la playa deliciosa 
Del palmar amarillo : su yacija 
Con retama silvestre y olorosa 
Prepara ya de Guairatin, la hija : 
La tribu del maizal también, reposa. 
Algún indio que atisba la marea 
Para cojer mariscos, ha movido 
La estera del canei ; ó acaso sea 
Guayupe que de noche anda perdido 

Y aguarda á su dintel la luz febea. 

Pero es lo cierto, que Nelida siente 
El paso mesurado y cauteloso 
Del que camina á oscuras. . . .De repente 
Oye su nombre en eco misterioso, 

Y el miedo cubre de sudor su frente. 
— Nelida, hermana mia, bajo el techo 
De aquel adoratorio solitario 

Que mira al mar, en su recinto estrecho 

Te espera ahora el piache victimario . 

Nelida, hermana- mia, deja el lecho. 

No aterra mas el hondo precipicio 
Al viajador perdido en el nublado, 
Ni tiembla tanto á vista del suplicio, 
En vértigo espantoso, el desdichado 
Que llevan al horrible sacrificio : 



¿Como la pobre virgen escuchando 
La voz de Zipazingo. Llora, mira, 
En duda aún consigo batallando, 
Donde sale la voz—" Eso es mentira " 
Al fin murmura, la esterilla alzando. 

— Pluguiera al Grande Espíritu que fueran 
Visiones ó mentiras ; mas te digo, 
Hermana, la verdad. Acaso quieran 
gjQ Reprenderte los Piaches. Ven conmigo. 
Sigúeme pronto al bosque, nos esperan. 

— Pero ¡ esto es espantoso ! ¡ Cuan estremo 

Y raro es lo que escucho ! Algún infame 
Me acusa ; más de qué ? Nunca blasfemo 
Mi labio fué jamás. ... ¡ Ai ! que se trame 
Crimen infando, Zipazingo, temo ! 

— Yo lo temo también y nada entiendo 
De cuanto pasa. El gran Churcacuraca, 
Mientras iba la playa recorriendo. 
Me sale presuroso y se destaca 
Como el caraire negro, así diciendo : 

Lleva á tu taciumí quiera ó no quiera, 

De grado ó fuerza, adonde está brillando 

Aquella candelada, si pudiera 

Contigo iría". ... Y se ausentó sonando 

Su lúgubre botuto en la ribera. 

Después, camino de la playa, un viejo 

Miré con su sicrito que cojia 

Telinas y coral, y no lo dejo 

Sin antes relatar cuanto sabia 

De los piaches unidos en concejo : 

Delata á un enemigo el inhumano 
Moporo, y mucho temo de algún modo 
Nos malponga á los dos 

— Vamos, hermano. 
Todo lo alcanzo, lo comprendo todo : 
Moporo es un cobarde, es un villano. 

— Silencio, hermana mia, que corremos 

Grave peligro, si tu voz se escucha. 

— ¿ Te parece menor el que tenemos? 

— Nunca, por cierto, la desgracia es mucha 

Si viene sola. 

— Hermano, no podremos 

Salvar al infeliz ? 

— Tal vez .... La guerra 
Deja ver de Moporo. 

Yo la afronto 
Contigo, hermano mío. 

— Esta és su tierra 
Pero no está en la choza. 

— Vamos pronto 
Para saber lo que su pecho encierra. 

Y dejando el camino más seguro 
Por una senda, que el espacio acorta. 
Iban los dos hermanos en lo oscuro. 
Como esas sombras que la noche aborta 
Al terrífico grito de un conjuro. 

Las noches son tan diáfanas y bellas » 

En las tierras del indio, que aunque triste 
Y Errante nube se destaque en ellas,. 



rdlSCELÁNEA. 



237 



Siempre en la esfera tropical se viste 
Su zona de magníficas estrellas. 

Dejemos, pues, que al resplandor escaso 
De los luceros índicos admiren 
Los dos salvajes el terrible caso ; 
Dejémoslos también que asi suspiren 
Mientras van caminando paso á paso. 

TERRORES DE LA TRIBU. 

Un sol tras otro ha pasado 
Hasta contar nueve soles ; 
Ni un caracol ha sonado, 
Pues Mará tiene mandado 
No se toquen caracoles. 

Desde la noche en que muestra 
Dio el gandul, por su fortuna, 
Del gran valor de su diestra, 
Pesa una sombra siniestra 
En la callada laguna. 

Nadie sabe, á la verdad, 
Lo que pasa ; más con todo 
Hai una horrible ansiedad, 

Y sabe la vecindad, 

Que algo pasa de algún modo. 

Meditabundo el cacique 
Despacha sus recaderos 
Para buscar quien le esplique 
Lo que no sabe el behique, 
Ni los viejos agoreros. 

Y como viniendo van 
Uno tras otro mojan. 
Les habla quedo al oido 

Y asi que impuestos están 
Lanzan un hondo alarido. 

¿Qué muerte, qué sangre inulta 
Clama á su tremendo juicio ? 
¿ Acaso el terror abulta 
Alguna venganza oculta 
Por medio de un sacrificio? 
En zozobra está el caribe 

Y en silencio la floresta. 
Mará las danzas prohibe 

Y la tribu se desvive 
Siempre á la guerra dispuesta. 

Como en señal de desdicha , 
Oculta está en su canei 
La chuchumeca guaricha ; ^ 
Ni venden los tambos chicha 
Ni la cidra de iiiaguci. 

Ni cambian los jequipiles 
De rico y rojo cacao 
Por estraños cscaitpilcs, 
Ni copetes á& paujilcs 
Por cogollos de visao. 

Ni el indio sacando el agua 
Que filtra de las casimbas 
j Coje la horrible macagua ; 

Ni se escucha en su piragua 
El ruido de las marimbas ; 



Cuando preguntan á Mará 
Con subterfujios responde; 
Mas la espresion de su cara 
Zozobra revela rara 
Que en sus sonrisas esconde. 
Así en misterio y acecho 
Vienen y van los mojanes: 
Mará oculta su despecho 

Y al pueblo se le ha desecho 
La caza de los caiinanes. 
—" Señor le dice llegando 
Un poranca, la campiña 

He seguido atalayan,do, 
Las veredas rejistrando 
Como el ave do rapiña. 

— Y bien, guerrero ? 

— Cacique, 
Solo he visto en conclusión, 
Un flechero siquisiqjie 
Que me tomó por vchiquc 
De la tierra niotilon. 

—Mojan, me dijo, la pista 
De una fiera voi siguiendo, 

Y ¡por Yarfá! que anda lista: 
— Contesté, Yarfá te asista, 
Como yo, gandul, te entiendo. 

También persigo á esa fiera, 
Sigámosla pues, en pos" 

Y la seguimos doquiera 
Por el monte y la pradera 
Sin encontrarla los dos. 

— ¿ Me habrán mentido ? 

— Quién sabe ! 
Gritó llegando improviso 
Moporo con aire grave ; 
Mas antes que el dia acabe 
Saber lo cierto es preciso. 

Ya verás si yo te entrego 
Al viracocha y te engaña 
Apccuane. En vivo fuego, 
Por obedecerte luego 
He abrazado la montaña. 

Tengo en asecho mi gente, 

Y en los tupidos mayales 
Ya se escucha, ya se siente, 
El ruido confusamente 
De los fieros animales. 
Cuando encendidas las ramas 
Deje la danta su abrigo 

Por huir también de las llamas 
Al limpio de las retamas 
Saldrá el estrafto enemigo. 

Y entonces, por mas que duro 
Sea el trance, vivo ó muerto 
Ese viracocha impuro 

Te traeré ; yo lo juro 

Por las tumbas del desierto. 

Dice Moporo y se tira 

Hacia atrás pegando un salto \ 



238 



MISCELÁNEA, 



Vuelve luego, á Mará mira, 
Y en reto ó señal de ira 
Arroja una flecha en alto. 

Los poratLcas que allí estaban 
Con estupor le miraban ; 
y aquel silencio decia 
Que los guerreros dudaban 
Lo que Moporo creia. 

Pero Mará de sí dueño, 
Tras una mirada cauta 
Desarrugando su seño, 
Mucho agradeció el empeño 
Del hijo de Parayauta. 

EN LA TRIBU HAI TRAIDORES, 

Si del cacique en la huta 
Esto pasaba por fuera 
El pueblo grita y se inmuta 
Al ruido de una disputa 
Que ya parece quimera. 

■ — Déjame pasar ! 

— Primero 
Adivina. 

— Sabe el caso. 
— Que lo diga ! 

— Es mal agüero. 



-¿Quien lo quiere 



— Paipa, tú ? 

—Sí 
Muchas voces 



-Yo lo quiero! 



— Paso ! paso ! 

No, no, que declare ahora 
El secreto. 

— Cara, á cara 
— Toda la tribu lo ignora. 
— Soítadme ! 

— Embelinadora ! 
— Apecuane ? 

—Mará, Mará! 

Como tras una colina 
Asoma el sol de verano 
Y si tierra y mar domina 
También risueño ilumina 
La tierra y el océano; 

Asi Mará levantando 
De su covacha la estera 
Salió, su rostro mostrando^ 
Porque adentro está escuchando 
Los alaridos de afuera. 

Quién grita, dijo, saliendo 
33e áiez poraiicas seguido. 
Parece que estáis corriendo 
Güarires. Más¿quéestoi viendo? 
La mojan? ¿qué ha sucedido? 

— ^Desde el sitio de las landas 
Que linda con los conucos 
Me traen aquí en volandas, 
Cuando tú, chacón, me mandas 
Rejístre los arcabucos. 



Ni hablarme deja contigo. 
Ni seguir en paz me deja 
Paipa 

—A matarte me obligo. 
Mará merece un castigfo 
— Paipa, soltad á esa vieja. 

— Como ! ¿ Mi madre traída 
Y arrastrada de ese modo? 

—Hijo ! 

La ti'ibu es perdida ! 

Ai ! si peligra su vida ! 

— Ella es la culpa de todo. 

— Traidores hai por doquiera 

— Nombradlos 

— Traidores, nó . . . . ! 
— Si algún traidor conociera, 
¿ Pensáis que vivo estuviera 
Mandando la tribu yo ? 

Como vosotros inquieto 
Estol también, pues indago 
Que se me piercle el respeto 

Y hai un horrible secreto 
En las orillas del lago. 

Los poraucas adivinos 

A quienes voi preguntando 

Responden mil desatinos,' 

Y se andan por los caminos 
Como perqiiizas llorando. 

Valientes de nombradla 
Encubren su torpe asombro 
Alzando en la ranchería 
Desacorde vocería .... 
¡ Y tienen flechas al hombro ! 

Mejores son para el caso 
Las mugeres ; mas con todo 
Anda el valor tan escaso. 
Que un pueblo insulta á su paso 
A una vieja de ese modo. 

¿Ignoráis que esta muger 
Es la sola que me ayuda, 
En lo que quiero saber, 

Y tiene acaso el poder 
Para sacarme de duda ? 

Sabedlo, sí : solo de ella 
He recibido el delato 
De una traición cuya huella 
Al alma al discurso sella 
En iracundo arrebato. 

Así con mi recaderos 
La encomendé registrar 
Arcabucos y senderos, 
Hasta los indios fronteros 
De las orillas del mar. 

Vuelve ahora de cumplir 
Lo que el cacique ordenó. 
Vuelve sin duda á decir 
Lo que pudo colejir 
O lo que cauta observó. 



MISCELÁNEA. 



239 



En tanto, pueblo, ¿que hacéis 
Con la que tanto me ayuda? 
¡ Por Yarfá que lo sabéis ! 
La insultáis por mas que veis 
Que con mi nombre se escuda. 

; Eh, soltadla, que si ahora 
Que en daros razón consiento, 
De una asechanza traidora 
Mi venganza aterradora 
Pueda que estalle al momento ! 

LOS PESCADORES DE MISOA. 

Es una fresca mañana 
En que la aurora descubre 
Bajo un nublado de Octubre 
Su cielo de porcelana. 

El mar las ondas dilata, 

Y empieza el sol su camino 
Sobre un velo purpurino 

Y nubes color de plata. 

Parece el lago en sosiego. 
Desde la duna salobre, 
Brillante plancha de cobre. 
O bien un lago de fuego. 

¡ Espléndido es el celaje 
Que asoma en pálidas plumas, 

Y se pinta en las espumas, 

Y penetra en el boscaje ! 

La luz que se irradia en torno 
Lo tifie todo y lo abarca, 
Semejando la comarca 
La boca roja de un horno. 

Y luego el azul del dia 
Allá en los aires remeda 
Movible gaza de seda, 
Con franjas de arjentería. 

Algún lucero que inerme 
Se oculta en los lampos rojos 
Parece los dulces ojos 
De un niño cuando se duerme. 

Y la aurora que indecisa 
Vaga, brilla y luce incierta, ' 
Es, cuando el niño despierta, 
De una fnadre la sonrisa. 

Sin ver los cielos azules 
Ni pescar en su piragua 
Lijeros surcan el agua 
Tres pescadores gandules. 



Foráneas son de Misoa, 
La tribu que se avecina, 
Como la garza marina, 
A flor del Coqvibacoa. 

Cual si perseguidos fueran, 
Ansiando el trecho se acorte, 
Vienen la vuelta del norte 
Bogando que desesperan. 

Vuela su nao derecha 
A los golpes del pagayo. 
Sino como ardiente rayo 
Como una lijera flecha. 

Y según vuelven la cara 

A la diestra, sobre el hombro, 
Dejan atrás con asombro 
Alguna cosa mu i rara. 

Al fin tras dura faena, 
Llega la frájit barquilla 
A la comba de una orilla 
De agua verde y blanca arena. 

Y cual concha que se aferra 
Al fondo del mar en calma, 
A la sombra de una palma 
La barquilla toma tierra. 

Aquel lugar es el mismo 

' Donde al más lijero amago 

Mucha gente sale al lago. 

Gente llena de heroísmo. 

"No bien pisaron la playa 
Cuando á tierra cayó un mozo 
De un corpulento corozo. 
Donde estaba de atalaj'a. 

— ¿Traéis nuevas? solo dijo 
Hacia los tres caminando, 
— Si, respondieron gritando, 
Nuevas traemos de fijo. 

Los cuatro, á la deshilada, 
Marcha á la trüm emprendieron, 
Llegando; como salieron. 
Del cacique á la morada. 

Rodeado de mucha gente, 
Que alzaba horrible algazara, 
Hallaron los cuatro á Mará 
Llena de nubes la frente. 

Y como el concurso todo 

Se agolpase ; alzó una mano, 

Y en silencio el más anciano 
Habló triste de este modo : 



la muerte. 



Nota. — Hasta aquí había escrito de la anterior composición, cuando le sorprendió 



EL Sr. jóse ramón YEPES. 

( De El Diario de El Comercio, de La Guaira. ) 



i 



LA oda que este poeta, verdaderamente ins-| 
pirado por los dioses, ha escrito "A laliber-' 
tad del Viejo Mundo," publicada en núes- 1 
tro número de ayer, ha venido á excitar de 
un modo no común las fibras de nuestro en- 
tusiasmo. Conocíam.os al poeta de las medias 
luces y de las medias sombras, al cantor de 
los ruidos y de los misterios nocturnos, al in- 
térprete de las aguas y de las flores, al afor- 
tunado cisne de la naturaleza americana ; 
pero mucho no^ faltaba que admirar toda- 
vía. El señor Yépes se nos presenta ahora 
sublimado en las alturas del más soberbio 
lirismo : y ?'.jbrecojiendo á un auditorio que 
estático saborea las bellezas mil de su vigo- 
rosa inspiración, viene á revelarnos que es 
también el poeta del siglo y del progreso, el 
poeta de las grandes ideas y de las grandes 
esperanzas. ¡ Poder maravilloso del genio, que 
tan fácilmente baja y se entretiene á la 
sombra de su palmar nativo, como toca á las nu- 
bes y dilata su vista de águila por los espacios 
incommensurablesdcl porvenir y de la libertad! 

Tras esta manifestación de regocijo, per- 
mítasenos otra de sorpresa ; de asombro : la 
Junta encargada por la Academia para la cali- 
ficación de las odas presentadas al certamen 
habido en Caracas el 28 de Octubre viltimo, 
no ha hecho referencia alguna á la admira- 
ble oda del señor José Ramón Yépes I 

l-'iierzas nos faltan para entrar en un es- 
tudio detallado y comparativo de las diversas 
composiciones presentadas en el certamen : 
acaso plumas competentes se encarguen de ese 
estudio tan ameno, útil para las letras, é impe- 
riosamente reclamado por la cspectacion del 
criterio público. Hemos de limitarnos, pues, 
á consignar con brevedad algunas ideas, tocan- 
te á lá obra del señor Yépes: hablaremos con 
nuestro particular sentimiento, aunque no sin 
la íntima convicción de que muchos están hoi 
bajo la misma fuerza del sentimiento que nos 
siibj-uga á nosotros. 

Antes que otra cosa, nos ocurre hacer notar 
i y será el único parangón que establezcamos 1 
el mayor alcance dado por el señor Yépes á 
las miras de su obra ; en lo cual manifiiesta 
haber comprendido mejor que sus rivales afor- 
tunados el asunto propuesto por la Academia: 
esta pidió, con efecto, un canto á la libertad 
del Viejo Mmido ; y el señor Yépes ha abar-t 



cado en su obra la inmensidad del Viejo Mun- 
do ; los otros poetas contendores no pensaron 
en salvar los estrechos límites de la Europa ; 
y agreguemos en seguida, que tal circunstan- 
cia, valiosa en mucho, puesto que se rozaba 
con el fondo del argumento, debió haber pe- 
sado en el dictamen de los jueces. ¡Con cuan- 
ta belleza apostrofa nuestro cantor á esa an- 
tigua Asia, cuna del hoii/brc, tierra de ¡os pro- 
dijios ! ; á esa ardiente África silenciosa, que 
tiene tanto sabor de Herrera ! Y más luego, 
¡ como de asombro en asombro nos hace ver á 
la Libertad, que hasta el cano Hiuiaús silente 
cni.':a, despertando al chino que hoi rechaza 
el contacto del mundo; al beduino, que entu- 
siasmado ve pasar la cimera de humo del tren ; 
y fundando, finalmente, en toda la tierra, por 
término de su larga peregrinación, la diviiia 
República, la igualdad del hombre, tal como do- 
mina en el mundo americano ! Síntesis vasta, 
como la humanidad que en ella se compren- 
de ; profunda, como los arcanos del porvenir 
que descubre. 

Pasemos á entretenerngs, aunque mui por 
encima, con la ejecución de la obra. — Invoca- 
el poeta á su genial inspiración, para que cante. 

La libertad, el porvenir fecundo 

Que América predice al Viejo Mundo. 

Pero tímido la mu.sa, acaso. 

Avergonzada de su voz canora, 

(Adorable vergüenza de una virgen ) tiem 
bla, suspira, y parece que pierde. 

Su dulcísimo contento 
Aspirando al laurel, sin fe ni aliento. 
El poeta no obstante, apostrofa al mundo 

antiguo, y le infunde la esperanza. 

Aquí el poeta introduce una máquina con 

resortes de grandísimo vigor: no hallando él 
en sí la fuerza de autoridad suficiente para 
anunciar á todo un mundo los triunfos de la 
Libertad, evoca la ilustre sombra del Padre de 
la Patria : y es el Redentor de un 

hemisferio 
Donde !a Libertad fundó su imperio, 

quien vaticina al Viejo Mundo su futura 
regeneración al paso de la Libertad. 

Vagaba meditabundo el poeta por el Avila 



242 



JUICIO CPáTICO, 



magestuoso: era un gran dia, el dia de los.i 
grandes recuerdos : la ciudad engalanada bulle 
de entusiasmo ; y traspiraba la tierra vida y 
y luz ; y el alma del poeta 

A Dios en el pasado bendecía. 

¡ En el pasado ! porqtie el presente es me- 
lancólico sin duda 

De pronto queda triste 
La risueña eminencia solitaria; 
Y se oscurece y de pavor se viste 

El domo dianiantino : 
.Zumba el trueno doquier, y á la incendiaria 
Pálida luz que al campesino asusta, 
De Bolívar se ve la sombra augusta. 

Toda la descripción que sigue es bella ; pe" 
ro cuando nos detuvimos ante aquellas palabras" 

Y sonar parecía 
Del Inmortal bajo la diestra e:i tanto 
El fulminante acero 

quedamos absortos : ese Inmortal parece fun" 
dido junto con los dioses de Homero ! 

Entra luego la profética alocusion del Hé- 
roe, y es aquí donde nuestro vate se exibe con 
verdad inspirado al caloroso aliento de la mu- 
sa lírica. Profunda mirada, pensamientos gran- 
diosos y de la más sorprendente orijinaüdad : 
versos llenos de magnificencia, fluidos, nume- 
rosos, enérgicos ; cortes rítmicos de clásico sa- 
bor; estro; epítetos singularmente apropiados 
á la idea ; pinceladas que retratan á un pueblo, 
auna época; y en medio de esapompa y de 
esa armonía, y atravesando como un eje dia- 
mantino el orbe de todo ese rñundo poético y 
filosófico, la libertad, la grande idea, el gran 
principio, llamándolo todo á su centro, anun- 
ciándolo todo, prometiéndolo todo en nombre 
de la palabra divina. Tal es, en conjunto, la 
admirable oáa. áéi Señor José Ramón Yépes: 
la oda que no obtuvo, sin embargo, los hono- 
res de una mención académica. 

Deleitémonos recordando algunas c:,trofas. 

La libertad sublime 
Que ni soñara el Asia, ni la ruda 
África ignota : la que un dia gime 

Ante Alejandro y César : 
La que no hallando pueblo que le acuda 
En la Europa feudal, intentó en vano 
Ampararse del numen italiano. 

He aquí de nuevo y coii sorprendente 
jía, calificada el África : ruda. ¿ ignota. 



encr. 



En la Europa que labra 
El duro hierro, abriendo ancho camino 
A naciones ilustres, su palabra 

La democracia anuncia ; 
Y en la Europa sin duda está el destino 
Del Viejo Continente, en cuyo polo 
}^a libertad cristiana falta sólo, 



¿Qué importa el cesarismo 

8ue lioi pesa sobre el galo, ni el alarde 
e esa estúpida fuerza, que un abismo 
Socaba ante los reyes? 
Al sol de libertad veréis como arde 
La sangre de la Europa ; y Francia y Prusia 
Se alzarán, )• Turquía, y Austria, y R Lisia. 

Las naciones que activas 
Aparejan en paz su débil nave, 

Y á la espansion del hombre, previsivas 
Buscan el rumbo cierto : 

Helvcsia, Holanda, Bélgica y la grave 
Opulenta Albíon : España, Italia, 
Do libertad ha impreso su sandalia ; 

Benditas las primeras 
. -Serán al himno universal y en hombre 
Del Dios que en las magníficas esferas 
Su resplandor dilata : 

Y desde el Tibre al Indo podrá el hombre 
Unir su fe con su razón, de modo 
Que ser libre y cristiano será todo. 

; Oh pueblos ! , ¡ Oh naciones 
Que el cielo me señala, y que diviso 
Al travez de los tiempos ! Gratos dones 

La sabia l'rovidencia, 
Para hacer de la tierra un paraíso, 
Guarda en secretas urnas. La moderna 
Libertad que os anuncio será eterna. 

Sí lo será, que lleva 
La humanidad su porvenir escrito 
Sóbrela impura ensangrentada gleba 

Que amasaba el esclavo. 
¡ La eterna libertad no será un mito ! 
¡'No lo será, por Dios ; que en ancha copa 
Ha bebido sus lágrimas la Europa ! 

¿ No es cierto que tales estrofas son de una 
hermosura y perfección admirables f La sanda- 
lia de la Libertad, la ensangrentada gleba que 
amasaba el esclavo: esas lagrimas de la Liber- 
tad, bebidas fiar la. Europa: tal vez nos ofusque 
el entusiasmo, pero nos parecen pinceladas de 
maestro. 

Y Dios su senda trilla ; 
¡ Que mucho en su dolor ella ha clamado ! 
¡Oh nunca vista y rara maravilla! 

Las artes y la ciencias. 
La industria yel comercio; el genio honrado, 
La modesta virtud, la gloi-ia el hecho ; 
Todo e! mundo al servicio de un derecho. 

i Cuánto encierra ahí esa palabra el hecho. I : 
Es decir: la verdad, moral ó material; lo útil 
lo bueno, el producto efectivo ; la justicia, la 
razón, la humanidad entera : Dios ! Pero he 
aquí uno de ios más extraños pensamientos 
que ocurrirse pueden á un cantor del siglo : 
es una ida mercantil, y con todo es poética, es 
fantástica en grado sumo. 

Y con su industria ufana 
Montes descuajará, pondrá rieles ; 



JUICIO CRITICÓ;, 



243 



Y'en su vagón, iiíodcnia caravana, 

Bajo la extraña zona 
De una aurora boreal, pedirá pieles 
Al hijo de Siberia; pobre esclavo. 
Víctima allí del despotismo eslavo . 

El vavon corriendo i^írjo ¡a exti-^iña 



una aurora boreal ! 
tria, aparente enigma 



^,ona de 
Eso es poetizar la indus- 
de la inuv^inacion. Y si- 
"■uc k feliz' amalgama de cíos tan contrapues- 
tos elementos : 

Y apretados de espigas 
Sus montes y desiertos, las distantes 
Naciono. siempre con la pa;; amigas. 

Bendecirán á Europa: 
Y la mirra, y el oro, y los diamantes. 
Cuanto deslumbrador el Asia encierra, 
■Llevando irá el comercio por la tierra. 

Pero no es lícito que en silencio pase la es- 
trofa siguiente: 

I, os hijos de la Nubia 
De negra piel, entonces enlazados 
A los del Rhin de cabellera rubia 

l'or el sensible alambre 
Que realiza los sueños encantados. 
Avisaran desde su hogar tranquilo. 
Cuando es que sube y cuando baja el Xilo. 

Aparte lo delicioso de esa consonancia que 
forman los hijos tic la Anbia, con los del Khin 
de cabellera "rubia, ( ¡ y halaga eso al oido con 
tanto placer ! i aparte V<\ feliz calificación de 
.sr;«/¿'/r dada al telegráfico alambre, queda to 



I Mas el poeta que había principiado evocan- 
I do .su musa, debia terminar despidiéndola, y 
!<¿n esto, cómo' en lo demás, ha siilo feliz el Se- 
IfiorYcpes. Recordando, sin duda, la manera 
i de aquel bardo sublime cuando dijo ; 

¿Mas cuál :uidacia te elevo á los cielos, 
Humilde niusamia? Oh ! no reveles 



En 



A los seres mortales 
débil canto arcanos celestiales ; 



desciende también él de su pindárico transpor- 
te, modulando en el tono apacible de sus anti- 
guos cantares : 

Mas calla, y tu armonía 
,: Grave suspende ¡ oh lira ! Cuando tanto 
Silencioso dolor la gente mia 

Sufre en la triste patria. 
Aun masque ella infeliz, .¿quién tendrá un 

(canto 
En que la inspiración brille y la idea, 
Y heraldo de fortuna y gloria sea ? 

Vuelve, pues á tu oscura 
Apacible existencia. Que mi audacia 
Ninguno ¡oh lira! cuente. En la amargura 

De mi afanosa vida 
Fuera á mi corazón mayor desgracia, . 
Si allá mi gente en cl palmar nativo 
Pensase c^iic en la ausencia alegre vivo. 

Tal se no.-, c.\-bibe. analizada á grandes rasgos, 
la composición del Sefior Yépes. Nuestra opi- 
nión, simple opinión fundada más en cl senti- 
miento que en otra cosa, le es completamente 



vía, coino sorprendente espectáculo de los ' favorable. Hemos gozado y gozamos mucho 
tiempos fui uros, el í/Zovr y ¿«■r/'í? del Nilo, padre 
}■ divinidad de los egipcios, anunc'inda.s como 
pulsaciones mercantiles de una Icftija europea. , 

T)e tal modo ha sabitlo nuestro poeta abar- 
car la inmensidad de su argumento, que apro- 
vecha hasta el -A última hora y digamos así 
de los adelantos modernos- Acaba de anun- 
ciar apenas el señor Le.sseps la posibilidad de 
llevarse las aguas del' océano al desierto de 
Sahara, y V(-;ise aquí como sabe aprovechar 
nuestro poeta la estupenda indicaci-m : 

V el hijo del .Sahara ' 
( >ue ¡loi ve la empresa rcilizar del istmo, 
Que allí también Scsóstrí.s realizara. 

Dará cita á la tierra ; 
Y á la voz retronante del abismo 
En el desierto surjirá de pronto 
Otro abismo, otro océano, otra Ponto. 



Nos atrevemos á creer que es nuestro ad- 
mirable cantor quien primero ha sabido utili 
zar la idea del renombrado ingeniero francés. 

Terminada la ]:)rofesía del Héroe, cierra el 
poeta su cuadro con una estrofa de luz y mo- 
vimiento : así como terminó el grande Olmedo 
su episodio de la aparición del Inca, en su can- 
to á la batalla de Junijt. 



leyéndola y releyéndola, y por eso nos parece 
una gran cosa. Hallamos el estilo correcto y 
muí apropiado al asunto, y se nos antoja por 
e.so bien escrita. La cadencia de sus períodos 
es rotunda, sonora, elegante, y agregamos por 
eso que está majistralmente versificada. 

El señor Yépes ha conquistado nuevas co- 
ronas, ha subido á la cumbre del Olimpo y se 
ha cubierto de «loria. ^; Nos cegará el entusias- 
mo ? La gran valia deesa Junta que no ha 
pensado como nosotros, es decir, que no ha 
sentido como nosotros, pone en tortura nues- 
tro corazón y nuestro criterio. Podemos estar 
„-rrados : ¡ feliz error que tanto nos ha hecho 
gozar! Pero si lo contrario fuere, sólo nos que- 
da hacer votos porque esos también amigos de 
la poesía, lleguen más tarde á soborear, como 
nosotros, la composición del señor Yépes. 

EL Diario del C<:imercio presenta al 
ilustre vate maraca bero con motivo de esta 
obra, que tan gusto ¡a mente ha recorrido, laex- 
pre-iiou ingenua de su cntLisiasmo y simpatía. 

IC. RIVODÚ. 
(Tuijn.j 
Noviembre 24 de 1869. 



w 



índice. 



Píiginas. 

muerte de ¿u liija 27 

Al oscui-L-eer 28 

Certeza do la fida 28 

La Golondrina 28 

TERCERA PARTE. 

POESÍAS FILOSÓFICAS, 

Imperio del mal 30 



El 

A la Américíi Latina 32 



Páginas. ; 

Dedieatoriíi ^^' 

Don José Kamou Yépes Vil 

Prólogo IX 

PKIMERA PARTE. | 

POESÍAS RELIGIOSAS. j 

Dios y el hombre ■ ■ • • 1 

Cántico á la Virgen 3 : 

El Fescin de Bal tazar 3 I La uiuerie es la aurora de un eterno dia 34 

Himno al "Mutuo Auxilio'" C ; Oda. A la Libertad . . , , M 

A Xuestra Señora G i A la Libertad del viejo mundo 35 

A la Purísijua Concepción de Mai'ía ''i\ Oda 38 

A Xuestra Señora 'm A la Paz 40 

Al Augusto Pontífice Pió IX "í i ¿ Cuál sera el Porvenir de la América ? 40 

A la Providencia de María 8 ¡ Andrés Bello 42 

A Xuestra Señora de Chiquinquirá Si Silva 44 

Soneto á Xuestra Señora 8 Silva. A ' 'El Poder de la Idea" 45 

A l;t Purísima Concepción 8 i El Euyo de luz 50 

Himno '■' I VersüB. A la memoria del señor E. S. P 51 



El Xacimicnto. . . . '. 

A San Francisco de Asi;-:. 
A la Virgen del Carmen . . 
Himno 



10 

10 

III 

A la Virgen li 

A la Virgen del Carmen 11 

Himno á Xuestra Señora 11 

líimas J-.' 

Anunciando una feria 1 '- 

A la S-antisinia Trinidad 13 

En la bendición del templu de San Franeisc". 13 

Himno á la Virgen J I 

SEGUM.>A PAKIE 

^=IEBLAS. 

Gloria del eielu 1 •'' 

A la memoria de un ángel l-< 

El Golfo de las Sirenas.' I O 

A la memoria tlel venerable l'ry. José yi. 

Alvarado 1 i 

A la memoria de A. Lozano ] ¡ 



y ¡ ¡ Quién pudiera lior; 



Meditación, AJelancolia y Gloria 53 

Pensemos 53 

A mi hija María 54 

El Progreso 55 

El Sueño 56 

La iiltima Luna 57 

Canción 58 

L;i, caución de los suspiros 58 

Juana la liúda 59 

¿Quién és Juana':'' • ' " 59 

i La Gota do agua (iO 

A una nave 61 

' La voz de nii alma (52 

Son risas 62 

El Eayo Azul 64 

Sombra y Luz 65 

' Mi Fe de niño 66 

; Qué verá? 67 

' Verá 68 

Versos 68 

A la meuKjria i.lc Octaviauo Urdaneta j 69 

A la memoria del \>¡: Maleo Trocónis 69 

A mi distinguido amigo Ermeliudo Rivodó. . 70 

I'In la muerte de Manuel Fréitaí i'O 

(iuzman Blanco • 71 

I Luz V sombra 71 

I Salón 75 

Los ruidos nocturnos 76 

Hfné importa, 1 77 

, Despedida á mis amigos. .' 77 

La Media noclie á la claridad de la luna 77 

I Las dos Ciencias i 9 

á3 i A la memoria de mi noble amigo el Mariscal 

Márquez 24 í ... C. F 81 

251 Americana 81 

2(1 1 Alaida y Cortés , 81 

■'■ 83 

83 

84 

85 



(le (i. en ]iruelja 
a muelle de su 



18 

111 

20 
•.') 
21 



A .J ulio Calcaño 

Escrita jiara la señora E. V 

df respeto 

A mi amigo M. Ilenríquiz en 

liija 

Dios os guarde, Señora 

Al señor Marco A. Saluzzo 

Miseria de la vida 

A mí distinguido amigo el Ni-. ,J. .M. 3Iaririquc 

La niña María Luica Alvarez 

A mi amigo el Dr. Trmidad Célis Avila 

Para Arvelo 

A la memoria de María 

Los dos ángeles 

A E. S. de V. (inédita) 

A mi esposa ;26 i Sueños y 

'J'ardas 37 ■ Cansancio . .". 

'L'raduccion ^7 Guaieaipuro 

A mi querido amigo Eduardo Calcaño en la j A María en su primera Comunión 



ÍNDICE, 



Páginas. ^ 

A Ciummá 8G 

La Leyenda de una ñor 87 

El Darwinisnio (inédita) 88 

A la Estrella de la tardo . . . •. 90 

Vision Ecionblicana VJl 

A mis buenos amigos los jóvenes iifioionados & 93 

Así es la vicia » . 93 

Percance 95 

Ala luna 97 

Marinesca 98 

Dolova LOO 



A Caracas 

La liorá do la Melancolía 

A líua sensitiva 

En el campleaños de la señorita A. 11. 
Mi Fe Republicana, 



Plegaria en. el nacimiento de mi hijo Manuel 

Oda Elegiaca 

Ángel y demonio. 

Las bantieras de mi hijo 

En la muerte lamentable del joven A. Maucó 

A Clemencia 

Fábula, maracaibera ' 

Los dos Genios 

A la memoi'ia de nuestro aiuj querido lier- 

]nano J. Eívas •■,........ 

A los jóvenes i-iedactorcs de "'El Eco'' 

Eomance 

Maracaibo á la claridad de la luu:i 

Eomauces de color de broma 

MañHna maracaibera. 

La G-allina ciega 



Lejos de tí 

ElLaurel y la Perla „, . . 

A mi hermana María do Jesús al saber que se 

habia casado 

Pastoril 



101 
103 
103 
101 
104 
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107 
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109 

109 
110 
111 
113 
113 
116 
117 
118 
119 



Alá señora Virginia de Pulgar. 
Lo que pasó' en 
amarilla 



119 
120 
121 



'La Florida" con una rosa 



A una niña 

Canto 

Las Nubes 

Los dos Paraísos 

A la Dama de noche 

Alegrías fujitivas 

Himno Epitalámico 

Mandando de regalo un dijo do coral 

A la señora Ana Tollo do Gutiérrez Coll 

A la misma señora — 

Tus ojos 

En la tumba de mi hijo Manuel. , 

La Eamilletcra 

Con motivo de la, inauguración del Templo 

Masónico \ 

La flor del suspirn 

Metamorfosis 

Ala señorita Bárbara Fernández. 

, A Ja señorita A. E ^ 

Los cuadi'os del señor Kellor 

Para el álbum de Elena Hahn 

A mi distinguido amigo Jacinto (¡atierro; 

Coll 

En el álbun de la señora Estbor P. Suárez. . . . 
' A la niña . , , . ; 



122 
Wó 
U3 
131 
125 
120 
126 
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1,28 
139 
129 
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130 

131 

131 
132 
133 
134 
134 
134 



135 
135 
136 f 



Páginas. 

El ave y la flor. 137 

]5ríndis improvisado ; 138 

A la niña de J. de J. V 138 

En un álbum 139 

El lirio nocturno y la palma 139 

El Silfo "...... 141 

Al joven poeta Abigail Lozano 141 

A mi amigo José A. Pcrc;i Bonalde 142 

Endechas 143 

La rosa Te 143 

Mi sueño 144 

Una Madre y un ruiseñor. . . .• 145 

La ilnsiou perdida 145 

A Juan Vicente Silva 146 

A mi hermana Concha ..:.:.. 146 

.La Luna so va 147 

A Ildefonso Vázquez 147 

A Nicanor Bolet Peraza 148 

A I. V. contestación á su jiocsía iíiLitulada 

''Ven" .. 119 

A la niña de ojos serenos .' ., 150 

.Josefina Mallory 150 

En un álbum 151 

A Hixen 152 

A un amigo 152 

A Juana 153 

Una flor 153 

Después de haber leido unas páginas do Me- 
dardo Eívas 153 

La niña errante 154 

CUARTA rARTK., 

BALADAS, 

Amor de madre , • 154 

Araucana :...... loo 

Pastor, Montero y Fantasma 156 

El Virginius 156 

A mi amigo Diego ..I. Eamírcz -157 

Los o-ielos de hi tarde 157 

Balada Ma,rina , 158 

La i'dtima Rosa de Verano 159 

QUINTA TARTí:. 

AMERICANAS, 

Eu un álbum 160 

La Virgen y cl niño 161 

En el álbum de la hija de mi amigo el Dr Ge- 
rónimo E. Blanco 162 

En el álbum de la señorita Amazili Burgos. . 162 
Eu cl álbum de la distinguida artista .A.dcla 

Robreño 163 

A la flor de adormidera 164 

Lidiana • • 165 

sSKXTA PARTE. 

CUENTOS FANTÁSTICOS, 

íuírratitad v amor 16 7 

La^Silfide..'. , 169 

El ángel de ios anteojos 171 

SÉPTIMA PAR'IT-;. 

POESÍAS PATRIÓTICAS. 

Soneto escrito al pió del retrato de Bolívar. . 175 

Caución Patriótica 17a 



ÍNDICE. 



f 



Páginas. ^ 

Himuo á Bolívar l'ÍO 

A loe vciiczolauos It6 

A la ine.moriii de mi noble amigo el Mariscal 

.T. C. F 177 

A la memoria de un héroe 1/7 

A la Guerra del Oriente 178 

A la Sociedad auxiliadora de Cuba libre 178 | 



I*ágiuas. 

Broma. Al General J. V. Guevara 193 

Carta imin-ovisada 194 

A la scílcrita Carmen Serrano ,. . 195 

A la vuelta lo vcndea tinto 190 

ilis dudas 106 

Los pescadores se van , 197 

Bítíina 198 

TJima?. A los cul)anos 178 í Soiiriías de un i)adre 199 

j Al señor José Anicoio Serrano 20l 

OCTAVA PARTE. I Brindis en easíi del General Gil 201 

TVTPnTA<; Los Grillos ' ■. . 203' 

LLJ KiLLAi. j^g-Qj, 2ei'ei-iuo Fossi &. &. & 303 

,;Qaé hai do nuevo? 179 I Discurso carnavalesco 202 

Con noticia de la Confederación Colombiana. 180 ; Señor Dr. Manuel Daouino 203 

Todo el año es carnaval 181 1 Ál Aniversario de la' cojera del Gr'al. B.' Ó.' & 203 

' ; Brindis ini|n'ovis!ido ■ ■. ; 

A J. M. líívas ■ 



YA Cromos de una letrilla 182 j 

NOVENA l'ARTí:. 



204 
204 

A mi amigo el señor A. Frdanela. .' 204 

enhorabuena 207 

A Manuel , 209 

Las ílorosdo '.rapd 209 

iNDj'rrMA PARIIC. 

MISCELÁNEA. 

Cunto ala menioriii del gi'au jioeía, aiuerieauo 211 

i Canto 212 

jMLo? Resnciiados de Satanás ■. . 313 ' 

^l'Ijas orillas del Lago *. . .; 314 

La Ganpárida .^ i.?0 j La rosa Te. (Traducción del Italiano) 215 

Broma 1 90 | Los Hijos de Paravauia . . , 315 

Broma. Kl <^'a«. ... . • 191 vEl Sr. ',Jo;é íí.imou Vépeq. [Juicio crítico.] . . 243 



CANTOS. 

A la niña Trigueña 183 

La danza de los marinos 1S4. 

A la niña Blanca 180 

Canción marina 187 

Canüires ' I .^8 

DÍXIMA l'AkTt:. 
POESÍ.\S HUKORISTIC/.S 




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